El amor enfermizo que provocó el cuádruple asesinato de Jarabo en Madrid


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  • Un «enfermizo» amor le condujo a acabar con la vida de tres de sus cuatro víctimas en menos de media hora. ¿Su obsesión? Dar con dos objetos de gran valor: una joya junto a una carta
abc En las primeras sesiones, el procesado erguido, seguro de si mismo, casi desafiante (año 1958)

abc | En las primeras sesiones, el procesado erguido, seguro de si mismo, casi desafiante (año 1958)

España se levantó desconcertada la mañana del 21 de julio de 1958. Aquel día se conocieron los terribles asesinatos de cuatro personas en El Retiro. Tres de las víctimas habían perdido la vida en sus propios domicilios, pero la cuarta en una tienda de empeños.

Los hechos se remontan a dos días antes. El 19 de julio, José María Jarabo Pérez­ Morris llegó a la vivienda de Emilio Fernández Díaz, su primera víctima, ubicada en la calle de Lope de Rueda. Su esposa, María Alonso Bravo, estaba en la portería del inmueble. Jarabo llegó sobre las 10 de la noche y Paulina Ramos, la sirvienta, le abrió las puertas. A continuación, una acalorada discusión llevó a Emilio a echarle de mala manera. Creyéndose a salvo, se dirigió al cuarto de baño ignorando que un tiro en la nuca le recibiría.

El asesinato, paso a paso

Infografía del asesinato Paulina, la criada, acudió despavorida al lugar tras aquel ensordecedor disparo. José María se abalanzó sobre ella, le tapó la boca para evitar que pidiera auxilio, cogió un cuchillo y le asestó un puñalada mortal. Su tercera víctima, Amparo Alonso, accedió hasta su dormitorio, sin ver los cadáveres, pero Jarabo le disparó en la nuca. Tres crímenes en menos de 30 minutos.

Infografía del asesinato | Paulina, la criada, acudió despavorida al lugar tras aquel ensordecedor disparo. José María se abalanzó sobre ella, le tapó la boca para evitar que pidiera auxilio, cogió un cuchillo y le asestó un puñalada mortal. Su tercera víctima, Amparo Alonso, accedió hasta su dormitorio, sin ver los cadáveres, pero Jarabo le disparó en la nuca. Tres crímenes en menos de 30 minutos.

Tras deshacerse de sus víctimas, José María regristró la vivienda en busca de una carta y un brillante valorado en más de 200 mil pesetas. Era para él de suma importancia encontrar la joya, que pertenecía a su amante –una joven inglesa que se la cedió en un momento de apuro–. Sin embargo, cuando esta volvió a su país tuvo que reclamársela y enviarle una autorización para poder recuperarla en una conocida tienda de empeños.

Una comercio cuya legalidad siempre estuvo en tela de juicio. A él acudían aquellos madrileños en apuros y que no podían obtener el dinero por la vía legal; es decir, en el Monte de Piedad. Según la investigación, los prestamistas le exigieron más dinero.

Jarabo, sin embargo, no halló absolutamente nada pero tuvo la sangre fría de preparar pistas falsas para despistar, posteriormente, las premisas de la Policía. El asesino fue muy meticuloso para no dejar huellas en el domicilio de las tres víctimas.

Cuarto crimen

José María Jarabo disfrutó a la mañana siguiente de un día relajado, sin olvidar tenía que saldar una última cuenta pendiente. Así, aprovechó las sombras de la madrugada para cometer el asesinato. A las seis de la madrugada, se presentó en el establecimiento de compraventa y tras reclamar ­sin éxito­ sus preciados objetos a Félix López Robledo, antes de encañonarle y realizar, a bocajarro, dos letales disparos.

Registró el comercio en busca de aquellos objetos convertidos en una obsesión, con su cuarta víctima fuera de juego. Jarabo, no obstante, había pasado por alto un detalle que acabaría suponiendo su detención. Se había manchado la camisa de sangre, tras la lucha cuerpo a cuerpo.

El asesino dejaba el segundo escenario rumbo a una tintorería, ubicada en la calle de Orense, donde dejaba su traje bañado de sangre. Se justificó diciendo que era producto de una pelea, pero todas las alarmas saltaron en aquel preciso momento. Así, cuando volvió Jarabo la Policía esperaba apresarle. Ese mismo día se descubrieron los tres cuerpos sin vida en el domicilio de Fernández Díaz.

Condenado a morir

abc Decenas de personas acuden a las sesiones del juicio oral de Jarabo

abc | Decenas de personas acuden a las sesiones del juicio oral de Jarabo

El 29 de enero de 1959 inició un juicio, que duró cinco días y que tuvo como invitados a grandes personalidades de la época. Cientos de personas aguardaban en la entrada de la sección quinta del Palacio de Justicia de Madrid para asistir a uno de los acontecimientos del siglo. España entera se había sobrecogido con el cuádruple asesinato que paralizó las vidas de los ciudadanos.

Pese a todo, José María le restó hierro al suceso ante el negro devenir que le esperaba y asistió cada día con un traje diferente. «Una ocasión como ésta bien merece estrenar un traje», señaló el reo.

Finalmente, le condenaron a cuatro penas de muerte.

¿Es Jack el Destripador una de las grandes mentiras de la historia?


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  • El 31 de agosto de 1888 apareció el cadaver de la primera de las cinco víctimas que se le atribuyen al criminal más famoso de la historia. Que nunca se le atrapase y la aparición de otros cadáveres con un «modus operandi» similar, ponen en tela de juicio la existencia del asesino en serie más famoso de la historia
archivo Jack el Destripador es considerado como el primer asesino en serie de la historia

archivo | Jack el Destripador es considerado como el primer asesino en serie de la historia

Jack el Destripador probablemente sea el asesino en serie más famoso de la historia. La brutalidad con la que mutiló a sus víctimas y el hecho de que nunca se le capturara han impregnado al personaje de un misterio y una admiración a lo largo de la historia que se prolonga hasta nuestros días.

Tal día como hoy de 1888 apareció en el londinense barrio de Whitechapel la primera de las cinco víctimas atribuídas a Jack el Destripador. Es necesario señalar que durante el periodo de actividad de Jack, se produjeron en Whitechapel hasta un total de 11 asesinatos que compartían ciertos patrones: las víctimas eran prostitutas, los cadáveres aparecían mutilados y el ensañamiento era tal, que los investigadores de la época se plantearon que todos hubieran sido cometidos por la misma persona.

¿Quién fue Jack el Destripador?

A Jack el Destripador se le considera responsable de la muerte de cinco mujeres en 1888 conocidas cómo las «víctimas canónicas»: Mary Ann Nichols (31 de agosto), Annie Chapman (8 de septiembre), Elizabeth Stride y Catherine Eddowes (30 de septiembre), y Mary Jane Kelly (9 de noviembre). Los cadáveres de todas ellas, excepto el de Stride, aparecieron con la garganta rajada de izquierda a derecha, el abdomen abierto en canal, los órganos sexuales mutilados y les habían sido extraídos el útero, el estómago o los intestinos. Todas ellas sufrieron también la desfiguración del rostro.

Existe la creencia de que en el caso de Stride, alguien interrumpió a Jack el Destripador, que se vio obligado a dejar incompleta su obra, motivo por el cual, apenas una hora después, asesinaría a unas manzanas de distancia a Catherine Eddowes. El doble asesinato del 30 de septiembre fue el que realmente elevó al estrellato a Jack el Destripador.

El 16 de octubre de 1888 George Alkin Lusk, presidente del llamado «Comité de Vigilancia de Whitechapel», recibió en su domicilio un peculiar paquete. En su interior encontró medio riñón humano conservado en formol, y una misiva titulada «From Hell» (Desde el infierno), en la que Jack el Destripador espetaba: «Le envío la mitad del riñón que saqué de una mujer. La otra mitad la freí y me la comí, estaba muy buena. Puedo mandarle el cuchillo ensangrentado con que lo saqué sólo si espera un poco. Firmado. Atrápame si puedes».

Imagen de la carta «From Hell» (WIKIMEDIA)

Imagen de la carta «From Hell» (WIKIMEDIA)

Durante el periodo en que se cometieron los terribles crímenes, tanto Scotland Yard como los rotativos londinenses recibieron multitud de cartas anónimas atribuyéndose la autoría de los asesinatos y diciendo ser Jack el Destripador. En una de ellas, entregada el 27 de septiembre de 1888 a la Agencia Central de Noticias de Londres y dirigida al jefe de la policía londinense, el supuesto homicida acuñó el pseudónimo con el que entraría a formar parte de los anales de la historia más sórdida de la capital inglesa: «Mi cuchillo es tan bonito y afilado que quisiera ponerme a trabajar ahora mismo si tengo la ocasión. Buena suerte. Sinceramente suyo. Jack el Destripador».

Dado el carácter excesivamente morboso que los medios de la época dieron a los crímenes, la cantidad de cartas recibidas asegurando ser Jack el Destripador, y que nunca se tuvieron las pruebas suficientes para demostrar y atribuir la autoría de los asesinatos a una sola persona; a continuación se ofrecen algunas de las teorías mas llamativas sobre la figura de Jack el Destripador: el asesino en serie más famoso de la historia.

El verdadero Jack sería Gull el Destripador

Esta primera teoría sería una conspiración de la realeza británica para ocultar los coqueteos del príncipe Alberto Víctor con la plebe del East End londinense. Así el nieto de la Reina Victoría se habría casado en secreto y engendrado una heredera al trono con una dependienta de Whitechapel: Annie Elizabeth Crook. Una vez que la Corona conoció la cuestión no tuvo más remedio que encerrar en un psiquiátrico a Annie Elizabeth, y entregar la niña a una amiga de la joven. Esta amiga no sería otra que la quinta víctima de Jack el Destripador, Mary Jane Kelly, que se marcharía a Irlanda a cuidar de la pequeña.

Años después Mary Jane regresaría a Londres, donde empezaría a ejercer la prostitución en las calles de Whitechapel. Según esta teoría, la falta de dinero y la desesperada situación que vivía, habrían llevado a Mary Jane a tratar de chantajear a la Corona. Así, la monarquía habría enviado a su médico, el Dr. William Gull, a silenciar a todas las personas que conocieran la historia de la heredera plebeya, motivo por el cual Mary Jane y sus cuatro amigas más cercanas, las otras prostitutas víctimas de Jack el Destripador, habrían sido cruelmente asesinadas.

El curandero misógino

Esta otra teoría atribuye la autoría de los crímenes de Whitechapel a un falso médico procedente de EE.UU. y de ascendencia irlandesa: Francis Tumblety. Según los datos de la época a Tumblety se le sitúa en Londres a partir de junio de 1888. Se tiene constancia de que se hospedaba en el hostal del número 22 de Batty Street, situado en el East End londinense.

Las pruebas contra Tumblety se sustentan en su denostada misoginia, una patología que dado el ensañamiento contra las mujeres asesinadas por Jack el Destripador debía tener el autor de los mismos; en los conocimientos médicos necesarios para realizar la extirpación de los órganos; en su repentina desaparición de Londres después del asesinato de la última víctima; y en una carta fechada en 1913, y firmada por él, que apareció en los archivos de la División Especial de Scotland Yard.

Dicha carta fue estudiada por una grafóloga y comparada con la misiva «From Hell», y se encontraron bastantes pruebas para atribuir la autoría de ambas a la misma persona. La longitud especialmente prolongada de las «Y» que llegaban hasta dos líneas por debajo de la escritura, y el empleo de términos del dialecto irlandés en ambas cartas son evidentes. De todas maneras nunca se pudo demostrar con pruebas fehacientes que Jack el Destripador fuera Tumblety.

Un invento de la prensa

La última de las teorías sobre quién fue Jack el Destripador es que nunca existió y fue una invención de la prensa de la época, y una «oportunidad» de intentar conseguir notoriedad de varios asesinos, que vieron en la imitación del «modus operandi» del primer crimen de Whitechapel la coyuntura perfecta para alcanzar la fama.

Además, el gran número de cartas recibidas se piensa que pudo ser una artimañana de los periodistas para alentar el morbo entre la población de Whitechapel y vender más ejemplares. De hecho, hasta que se determinó que sólo habían sido obra de Jack el Destripador las cinco «víctimas canónicas», cada asesinato de una prostituta en Londres era vendido en los medios como una nueva aparición en escena de éste.

Hasta la fecha, y a pesar de las muchas investigaciones y expertos que han tratado de aportar una solución a los crímenes de Whitechapel, no se ha podido demostrar si realmente existió Jack el Destripador.

Es verdad que las coincidencias en las vejaciones que sufrieron las víctimas sugieren que pudieron ser obra de la misma persona, pero también es verdad que en la época aparecieron hasta seis cadáveres más con mutilaciones similares que no se atribuyen a la figura de Jack el Destripador; y sobre todo, que de cinco víctimas seguras, una de ellas no presentará todos los rasgos de la «obra de Jack el Destripador», hace pensar que en lugar de estar ante el caso del asesino en serie más famoso, esta sea una de las mentiras más grandes de la historia.

El mayor enigma de los Borgia: ¿Quién mató al hijo mayor de la familia?


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  • Juan Borgia apareció flotando en el río Tíber con el cuerpo lleno de cortes y su bolsa de dinero intacta. La leyenda negra achacó el crimen al hermano, César Borgia, porque estaba celoso del amor que Lucrecia le profesaba, pero lo más probable es que fuera una venganza política
  • TODO SOBRE LOS BORGIA (pincha en este enlace)
ABC | «La familia Borgia» por Dante Rossetti (1863).

ABC | «La familia Borgia» por Dante Rossetti (1863).

La familia valenciana que dio dos papas al mundo es recordada por su leyenda negra como ejemplo típico de nepotismo, corrupción e intrigasen el corazón de Roma. El malvado Rodrigo Borgia, nombrado Papa como Alejandro VI, la lasciva Lucrecia Borgia, el ambiciosoCésar Borgia… son algunas de las etiquetas, en su mayor parte injustas, que la historiografía y la literatura asignaron a una familia vista como extranjera y hostil entre los italianos. Entre los crímenes y misterios que rodearon a los Borgia llama especialmente la atención la extraña muerte del hijo mayor y capitán de las tropas papales, Juan Borgia, el cual fue asesinado en un callejón de Roma sin que se conocieran nunca los culpables.

Juan de Borgia y Cattanei era hijo de Rodrigo Borgia y de su amante favorita, Vannozza Cattanei. Se dice que era el hijo mayor y preferido de los que Rodrigo tuvo con esta amante, pero los historiadores ni siquiera tienen del todo claro cuál es su fecha de nacimiento, probablemente 1474. A diferencia de su hermano César Borgia, frio y calculador cuando era necesario, Juan era de carácter inestable y dado a ataques de ira, aunque también un inteligente conversador y un buen camarada en tiempos de guerra. Heredero del ducado familiar de Gandía, Juan fue nombrado por Alejandro VI capitán general de los ejércitos papales. Participó en la campaña contra los Orsini, con modestos resultados, y fue derrotado en Soriano en 1497. También luchó en la conquista de Ostia junto aGonzalo Fernández de Córdoba, «El Gran Capitán».

Entre el mito y la realidad, un episodio ya como capitán general de los ejércitos papales pone en evidencia el conflictivo carácter que se le achacaba a Juan. Una noche en el palacio del vicecanciller Sforza, al que Alejandro VI le debía en buena parte el sillón de San Pedro, el hijo de Papa comenzó a burlarse de los convidados, «holgazanes a la mesa», a lo que uno de los aludidos contestó recordando su bastardía. Juan se levantó bruscamente y abandonó la residencia de Ascanio en dirección al palacio papal. En los siguientes días, Alejandro VI hizo arrestar al hombre que proclamó la injuria contra su hijo, el cual fue condenado a la horca. El vicecanciller Sforza vio aquella escena como una ofensa hacia él y, según los rumores de la época, prometió vengarse.

Lejos de espantar la fanfarronería en Juan Borgia, el incidente en casa de Sforza fue seguido por más problemas callejeros y aventuras furtivas con las esposas de nobles de la ciudad. Juan Borgia mantuvo relaciones secretas con Sancha de Aragón y Gazela, la esposa de su hermano más pequeño, Jofré. Asimismo, otro miembro de la familia Sforza,Giovanni Sforza, que estaba casado con Lucrecia Borgia, acusó a Rodrigo Borgia y a Juan Borgia de mantener relaciones incestuosas con la que era su esposa. Se trataba probablemente de un rumor sin base, producto de la complicidad que siempre mantuvieron ambos hermanos y de la falta de sintonía entre Lucrecia y Giovanni. De hecho, el Papa anuló el matrimonio en 1497. Pero cuando el hijo mayor de los Borgia apareció ese mismo año muerto flotando en el Tíber, tanto Jofré como Giovanni Sforza entraron en la lista de sospechosos del crimen.

En vísperas de que el Papa concediera a su hijo nuevos títulos con la pretensión de hacerle candidato a la corona de Nápoles aconteció la muerte del segundo duque de Gandía, que se encontraba preparando un viaje a Valencia en compañía de su hermana. Tras una cena familiar en un viñedo del Esquilino, el 14 de junio de 1497, el duque se separó de su guardia y acompañantes, entre los que estaba su hermano César Borgia, con la presunta intención de acometer una correría amorosa a la altura precisamente del palacio del cardenal Ascanio Sforza. Acompañado de un hombre de su guardia y de un individuo misterioso del que nunca se desveló su identidad, Juan se dirigió a la plaza de los Judíos. Allí dio órdenes a su guardia de que le esperase hasta medianoche y que, si no había retornado a esa hora, regresara al palacio familiar. Pero Juan Borgia no solo no apareció esa medianoche, tampoco lo hizo a la mañana siguiente.

Poco después de iniciarse su búsqueda, el cuerpo de Juan, de 22 años, apareció flotando en las aguas del Tíber con cuchilladas en la cabeza y el torso y con la garganta cortada. No hubo testigos y el cadáver llevaba encima 30 ducados de oro, por lo que se descartó el robo como uno de los motivos del asesinato. «Mientras que el sombrío cortejo recorría las orillas del Tíber, en la margen vaticana la noche se poblaba de los gemidos desgarradores del padre, haciéndose eco al murmullo encolerizado del compacto bloque de los españoles de Roma, quienes, con la espada desenvainada, y el corazón transido por el duelo y la rabia, juraban que su señor sería vengado», describe el historiadorJacques Robichon sobre lo que las fuentes del periodo relatan del cortejo fúnebre.

¿Quién asesinó a Juan Borgia?

Los malintencionados rumores apuntaron como autores del asesinato al propio Alejandro VI y al hermano de Juan, César Borgia, celosos padre e hijo del amor que Lucrecia profesaba a Juan. El canciller papal, el alemán Johann Burchard, afirmó que el pontífice «tras secarse las lágrima, se consoló entre los brazos de madame Lucrecia, la causa del asesinato». Una apreciación sin fundamento que recogió la leyenda negra, surgida a mediados del siglo XVI: el asesino estaba dentro de la familia y la causa estaba vinculada con Lucrecia. Pero los argumentos de esta teoría eran meramente literarios (el mito de Caín y Abel con una mujer de por medio), puesto que la relación entre los dos hermanos era excelente y la relación incestuosa es una falacia vertida por los enemigos del Papa. Además, César Borgia no se benefició a ningún nivel de la muerte de su hermano, ya que sus títulos nobiliarios, como el Ducado de Gandía, pasaron directamente al hijo del fallecido.

En opinión de los autores del libro «Un inédito Alejandro VI liberado al fin de la leyenda negra», «no hay razón alguna para imaginar un fratricidio. Sí hay razones, sin embargo, y muchas, para pensar en lo más lógico: una venganza de los enemigos de los Borgia, una trampa, una emboscada». Además de los Orsini y el resto de enemigos declarados de Juan Borgia, entre los que estaba incluso Fernando «El Católico», el principal sospechoso durante mucho tiempo fue el vicecanciller Sforza, investigado a fondo a cuenta de sus encontronazos recientes con el hermano mayor de los Borgia. No se pudo demostrar su implicación, como tampoco se pudo encontrar nada contra los maridos y familiares de las muchas amantes de Juan.

Todavía hoy se trata de un crimen sin resolver,en parte por la profesionalidad furtiva de los asesinos, cuyos únicos rastros fueron el testimonio de un pescador que dijo haber visto al grupo arrojar un cadáver al agua y el trágico final del enmascarado que acompañaba a Juan. El enmascarado fue gravemente herido a manos del supuesto grupo que atacó a Juan, pero murió sin poder explicar el suceso y cuál era el mensaje que despertó el interés de Juan hasta el punto de acudir sin guardia a una cita. Se sospecha que su identidad era la de Miquelet de Prats, alcahuete de Juan de Gandía, pero tampoco se ha podido resolver este punto.

Tras la muerte de su hijo, Alejandro VI se encerró en sus habitaciones sin comer durante tres días. Aprovechando aquel golpe en su vida, el Papa quedó envuelto de un espíritu reformador que le llevó a crear una comisión en uno de los intentos de reforma más ambiciosos en la historia del Cristianismo. El resultado de aquella fueron dos gruesos volúmenes usados posteriormente en el concilio de Trento.

Solo un mes después del asesinato, el Papa dio orden de interrumpir las investigaciones policiales porque es mejor callar para preservar la paz, según declaró él mismo. Su rápida reconciliación con los Sforza, a los que eximió públicamente del crimen, advierte en qué dirección iba la conciliadora frase del patriarca de los Borgia.

Así fueron los cinco asesinatos de Jack el Destripador


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  • Las víctimas, todas prostitutas, fueron encontradas abiertas en canal después de fallecer
Así fueron los cinco asesinatos de Jack el Destripador

ARCHIVO | Jack el destripador nunca fue atrapado a pesar de los esfuerzos de la policía

Han pasado ya 126 años desde que Jack el Destripador sorprendió al mundo con sus atrocidades, pero sus crímenes siguen estando hoy de actualidad. Tanto es así, que hace unos meses el investigador Russell Edwards realizó unos estudios de ADN a la prenda que llevaba durante el crimen una de sus víctimas y, para asombro de muchos, aseguró haber identificado al famoso asesino en serie. De hecho, tanto han calado sus crueles homicidas en la sociedad que los alumnos de criminología dedican una buena parte del curso a estudiar la forma en que éste criminal acabó con la vida de las cinco prostitutas y logró eludir después a las autoridades.

A la luz de esto, ABC ha hablado con Vitorio Martín Humbría, graduado en criminología por la Universidad Europea de Madrid, para que trate de aportar luz sobre la pregunta que es imposible pasar por alto: ¿Qué sucede en la mente de un asesino como Jack el Destripador para que cometa atrocidades tales como extirpar el útero a una de sus víctimas?

1 – ¿Cómo se crea un asesino?

Hay varios factores que pueden favorecer la desviación de una persona hacia el crimen. Uno de ellos es la infancia. Esta etapa es muy perturbadora para los niños, y si la juntamos con ciertos factores psicológicos propios de la persona, pueden generarse algunas actitudes que derivan en violencia.

Otro problema es que hay conductas que están muy normalizadas y a las que no se les presta atención durante la infancia. Algunos factores claros para indicar una posible psicopatía es, por ejemplo, torturar pequeños animales o ser un pirómano. Esto no significa que si te dedicas a molestar a un insecto vayas a ser un asesino en serie, pero, si esa actitud degenera en otras peores, hay que tener cuidado.

A su vez, y solo a título de ejemplo, hay que tener en cuenta el factor de la incontinencia. Nuevamente, esto no quiere decir que todos los niños que padezcan incontinencia vayan a ser criminales, pero sí hay datos que demuestran que un considerable número de asesinos no controlaron sus necesidades durante la infancia.

2 – ¿El asesino nace o se hace?

El asesino, usualmente, se hace. El ejemplo claro para demostrarlo está en la televisión. Por ella vemos día sí y día también cosas horribles que hace la gente, pero nos llaman la atención porque las entendemos como algo raro, algo que no es natural en el ser humano. Si esas actitudes fueran propias del hombre no nos llamarían la atención. Sin embargo, no hay que olvidar que, en algunos casos, hay una enfermedad mental detrás de los llamados asesinos psicóticos.

3 – ¿Qué influencia tienen los factores externos al ser humano a la hora de «crear» un asesino?

Pueden ser importantes. Un factor a la hora de que una persona se convierta en un asesino en serie o un psicópata es la frustración. Esta se puede generar por no haber logrado unos objetivos determinados o por haber pasado por una situación traumática.

Los asesinos son personas perfectamente normales a los que un día les deja su mujer, sus hijos les retiran la palabra o les echan del trabajo. Son gente que trata de vivir con su dolor hasta que entran en su oficina y matan a siete personas para luego suicidarse porque no pueden vivir consigo mismos.

Un conocido asesino llamado Ted Pandy se desmoronó cuando una mujer a la que pretendía seducir le rechazó y descubrió que su hermana era en realidad su madre. Para él, que ya era un poco desequilibrado, fue un shock tan grande que terminó odiando a las mujeres y perdió todo contacto con la realidad.

4 – ¿Odiaba Jack el Destripador a las mujeres?

Jack el destripador era un asesino en serie con un claro elemento de misoginia. Esta pudo ser producida por múltiples causas, desde que su madre le pegó de niño, hasta que tenía una hermana que sentía desprecio por él. Todo ello, además, estaba favorecido por el tipo de sociedad en la que vivía (que era absolutamente machista).

5 – ¿Por qué cree que atacaba a prostitutas?

Que eligiera asesinar a mujeres puede asociarse a la misoginia, pero que fueran prostitutas puede estar relacionado meramente con la facilidad para cometer los crímenes. Jack quería buscar presas fáciles, mujeres que se acercaran a él bajo la promesa de dinero y a las que se pudiera llevar hasta calles oscuras sin que sospecharan. Una persona normal no va a acompañar a un hombre encapuchado hasta un callejón apartado, pero una prostituta sí.

Las teorías de la conspiración del asesinato de Kennedy


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  • «¡Yo no he matado al presidente Kennedy!», gritaba Lee Harvey Oswald cuando fue detenido una hora después de la muerte del presidente de EE.UU., dando comienzo a uno de los mayores misterios de la historia contemporánea de Estado Unidos

ARCHIVO ABC
Ficha policial de Lee Harvey Oswald tras el asesinato de Kennedy

«¡Yo no he matado al presidente Kennedy! ¡Yo no he matado a nadie! No sé nada acerca de eso», gritaba el joven Lee Harvey Oswald una hora después del asesinato del presidente de Estados Unidos, tal día como hoy de 1963, en las inmediaciones de la tristemente famosa Plaza Dealey, donde fue detenido.

En ese mismo instante nacía uno de los mayores misterios de la historia contemporánea, alimentado año tras año con la publicación de nuevos libros e investigaciones que tratan de aportar nueva luz sobre un magnicidio que, además de marcar la memoria colectiva de varias generaciones, ha originado, desde el mismo día que se produjo, las mayores teorías de la conspiración de los últimos dos siglos.

«¿Cabe el supuesto de una conspiración castrista-comunista, de carácter internacional, que haya utilizado a Oswald para eliminar a Kennedy y crear una crisis mundial de tensión y recelo? ¿Cabe buscar al crimen un ángulo chino? ¿Cabe conectarlo con el extremismo racista, tan violento en algunas minorías tejanas?», se preguntaba ABC dos días después, en el mismo artículo en el que se informaba de que Lee Harvey Oswald había sido «acusado oficialmente del asesinato de Kennedy».

Y siete años después, un especial «siete años marcados por la maldición de Dallas» contaba como una veintena de personas relacionadas con el asesinato de Kennedy habían muerto de enfermedades, accidentes de carretera o misteriosos suicidios, incluidos el jefe de la Policía de Texas y Abraham Zapruder, el hombre que grabó las imágenes del asesinato.

El asesino, asesinado

La Comisión Warren examinó 3.154 pruebas y estudió las declaraciones de 552 testigos seleccionados entre 26.550 entrevistados por el FBI, dejando claro que Oswald había actuado solo. Sin embargo, en 1979, el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos estimó que podría existir una conspiración en torno a su asesinato. El tema, un debate ininterrumpido en el último medio siglo, ha generado muchas teorías diferentes, algunas de las cuales de lo más increíble.

Algunas defienden que el chófer sabía que Kennedy sería abatido por un francotirador y que fue este mismo el que lo remató. Otras aseguran que Oswald no era más que un señuelo político, según el testimonio del entonces director general del FBI, John Edgar Hoover, que en un memorándum escrito antes del asesinato advertía que un impostor estaba usando los datos personales de Oswald. Hay investigaciones que creen que hubo más de un asesino, como defiende, por ejemplo, la viuda del también herido gobernador de Texas, John Connally, quien declaró que su marido había recibido el impacto de una bala diferente a la que mató a Kennedy. Otros incluso que, dada su parecido físico con Kennedy, el policía J.D. Tippit fue asesinado para hacerse pasar por el presidente de los Estados Unidos a la hora de hacer la autopsia.

De Jackie Kennedy a Oliver Stone

La viuda del presidente de Estados Unidos, Jackie Kennedy, llegó a insinuar que el asesinato de su marido fue encargado por el sucesor y entonces vicepresidente, Lyndon B. Johnson, para evitar las cuatro investigaciones criminales a las que estaba sometido: violación de contratos gubernamentales, prevaricación, lavado de dinero y soborno. Investigaciones que fueron cerradas precisamente cuando ascendió a la Presidencia.Las especulaciones sobre un gran complot crecieron cuando Oswald fue también abatido a tiros, dos días después, y con la televisión en directo, por Jack Ruby, otro oscuro personaje de Dallas, dueño de un cabaret, que a su vez murió en extrañas circunstancias cuatro años más tarde. Es probable que la respuesta se la llevaran para siempre Oswald y Ruby, porque los misterios de la muerte de Kennedy han sobrevivido a varias comisiones de investigación, hasta el punto de que el museo creado en su honor en Dallas destina, aún hoy, una sala diferente para explicar cada una de las teorías del asesinato.

La Comisión Warren examinó 3.154 pruebas y estudió las declaraciones de 552 testigos seleccionados entre 26.550 entrevistados por el FBI, dejando claro que Oswald había actuado solo. Sin embargo, en 1979, el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos estimó que podría existir una conspiración en torno a su asesinato. El tema, un debate ininterrumpido en el último medio siglo, ha generado muchas teorías diferentes, algunas de las cuales de lo más increíble.

Algunas defienden que el chófer sabía que Kennedy sería abatido por un francotirador y que fue este mismo el que lo remató. Otras aseguran que Oswald no era más que un señuelo político, según el testimonio del entonces director general del FBI, John Edgar Hoover, que en un memorándum escrito antes del asesinato advertía que un impostor estaba usando los datos personales de Oswald. Hay investigaciones que creen que hubo más de un asesino, como defiende, por ejemplo, la viuda del también herido gobernador de Texas, John Connally, quien declaró que su marido había recibido el impacto de una bala diferente a la que mató a Kennedy. Otros incluso que, dada su parecido físico con Kennedy, el policía J.D. Tippit fue asesinado para hacerse pasar por el presidente de los Estados Unidos a la hora de hacer la autopsia.

De Jackie Kennedy a Oliver Stone

La viuda del presidente de Estados Unidos, Jackie Kennedy, llegó a insinuar que el asesinato de su marido fue encargado por el sucesor y entonces vicepresidente, Lyndon B. Johnson, para evitar las cuatro investigaciones criminales a las que estaba sometido: violación de contratos gubernamentales, prevaricación, lavado de dinero y soborno. Investigaciones que fueron cerradas precisamente cuando ascendió a la Presidencia.