La conspiración del duque de Medina-Sidonia: el intento de separar Andalucía de España


ABC.es

  • Con el apoyo de los rebeldes portugueses y de las flotas de Francia y Holanda, el sobrino del todopoderoso valido del Rey organizó una conjura para crear un reino andaluz separado de Castilla en 1641

    Museo del prado Retrato del Conde-Duque de Olivares, por Diego de Velázque, cuyo sobrino estuvo detrás de la conspiración de 1641

    Museo del prado
    Retrato del Conde-Duque de Olivares, por Diego de Velázque, cuyo sobrino estuvo detrás de la conspiración de 1641

En el año 1640, prendió la mayor crisis del Imperio español en su historia cuando Cataluña, Portugal, Nápoles y Sicilia emprendieron, con suerte desigual, sendas rebeliones contra Felipe IV. A raíz de esta oleada de sublevaciones, Portugal conseguiría la independencia plena varias décadas después y Cataluña pasó un lustro enfrascado en un complejo conflicto. Entre estas acometidas contra el gigante herido que era la Monarquía hispánica, pasó inadvertido una peligrosa conspiración a cargo de un grupo de nobles andaluces que pretendían separar la región de Andalucía, en ese momento integrada en la Corona de Castilla, del resto de España. El IX Duque de Medina Sidonia –emparentado precisamente con el encargado de apagar la rebelión, el Conde-Duque de Olivares– fue quien estuvo detrás de un episodio olvidado que pudo cambiar la historia de España.

La conspiración secesionista de Andalucía fue un episodio a la sombra de la Sublevación de Portugal. Así, cuando dio comienzo la primera sublevación de Portugal en agosto de 1637, las operaciones para pacificar el Algarve le fueron encomendadas al IX duque de Medina Sidonia, en el ejercicio de sus funciones como Capitán General del Ejército de Andalucía. Y aunque esta primera rebelión fracasó, la pasividad de Medina-Sidonia volvió a repetirse en 1640. Frente a la rebelión general y la proclamación del Duque de Braganza como Rey de Portugal, Felipe IV y el Conde-Duque empezaron a preparar la reconquista de Portugal el 1 de diciembre de 1640. Para ello encomendaron al duque de Medina-Sidonia la capitanía general de un ejército que debía atacar a los rebeldes y derrocar Juan II de Braganza. No obstante, la lentitud y falta de iniciativa del noble andaluz dejaron entrever sus planes ocultos. Tampoco ayudó el hecho de que la nueva Reina de Portugal, Luisa de Guzmán, fuera hermana del duque de Medina-Sidonia y, de hecho, quien había convencido a su marido Juan II de Braganza para que aceptara la Corona diciendo, según la tradición: «Más vale ser Reina por un día que duquesa toda la vida!».

Las razones detrás del intento de secesión andaluz serían meramente particulares –como de hecho ocurría en Cataluña y Portugal–, sin que hubiera ningún trasfondo nacionalista, dado que Andalucía había sido repoblada durante la Reconquista por colonos castellanos y no albergaba ambiciones de separarse de una estructura política, la Monarquía hispánica, donde Castilla jugaba un papel protagonista. Fue, en esencia, los caprichos de un arruinado duque de Medina-Sidonia que se oponía a contribuir a que su hermana perdiera la corona lusa y buscaban recuperar la gloria de su casa. Pese a la inmensa fortuna familiar de los Medina-Sidonia, las finanzas de la casa pasaban por dificultades y la mayoría de su patrimonio estaba hipotecado.

Al parecer, la primera idea del levantamiento andaluz partió del marqués de Ayamonte, Francisco Manuel Silvestre de Guzmán y Zúñiga –titular de una de las ramas menores de la casa de Medina-Sidonia–, quien convenció a su primo para coordinarse con Portugal y las flotas de Francia y Holanda, las cuales debían tomar el puerto clave de Cádiz, y sublevar Andalucía. Un espía de La Haya fue el primero en alertar a Felipe IV de lo que se gestaba en el sur de España. Las sospechas desde Madrid quedaron confirmadas cuando en el verano de 1641 uno de los hombres de confianza de Felipe IV, Antonio de Isasi, interceptó en la frontera con Portugal una carta remitida por Ayamonte a Medina Sidonia en la que quedaba al descubierto la trama de la conspiración. Los «guzmanes» (llamados así por el apellido) fueron llamados a la Corte, pero el duque se excusó alegando razones de salud mientras conseguía tiempo para que acudiera la flota franco-holandesa a las costas portuguesas.

Medina-Sidonia se salva de la ejecución

La flota nunca hizo acto de presencia y todos los nobles castellanos sondeados se negaron a participar en una temeraria empresa que ni siquiera contaba con el apoyo de las clases populares. Sin que hubiera prendido todavía el levantamiento, Luis de Haro y Guzmán –el gran protegido del Conde-Duque– se presentó con presteza en Andalucía a conocer el alcance de la conjura y detener a Medina-Sidonia. El duque andaluz escapó a tiempo hacia Madrid para dar explicaciones en persona a su pariente el Conde-Duque. El hecho de que los principales cabecillas estuvieran emparentados con el valido amenazaba con complicar todavía más el asunto y con generar un conflicto de intereses, pero nada más lejos de la realidad. El Conde-­Duque persuadió a su sobrino para que confesara la conspiración a cambio de inmunidad, cuando en realidad no tenía la menor intención de usar su poder para proteger al responsable de una acción tan grave.

Pese a ello, la debilidad de la Monarquía hispánica quedó retratada cuando en un primer momento pareció que el único castigo lo iba a sufrir el marqués de Ayamonte. El marqués fue interrogado en Illescas y confinado en el Alcázar de Segovia. En los interrogatorios se declaró culpable cargando, no en vano, la mayor parte de la responsabilidad en el duque, a quien dijo haber advertido de que no le permitiría proclamarse Rey de Andalucía y que solo le apoyaría en la formación de una república andaluza. Tras un prolongado juicio, el marqués de Ayamonte fue condenado a la confiscación de sus bienes y a la pena de muerte. Si bien durante un tiempo se sopesó computar la pena de muerte por la cadena perpetua, la conspiración aragonesa del duque de Híjar en 1648 hizo necesario un castigo ejemplar para que no siguieran reproduciéndose actos de rebelión entre la nobleza. Ayamonte fue ejecutado en el Alcázar de Segovia, siendo degollado como correspondía a los traidores a la Corona.

El Rey perdonó la vida al Duque de Medina por su alto rango, aunque tuvo que pagar una multa de doscientos mil ducados como donativo a la Corona y sufrió el destierro de sus dominios andaluces. Solo cuando violó estas prohibiciones en 1642, coincidiendo con la presencia de una flota franco-holandesa en las proximidades de Cádiz, fue arrestado y encarcelado en el castillo de Coca. En 1645 se le privó del Señorío de Sanlúcar, que revirtió a la Corona, y de la Capitanía General del Mar Océano y Costas de Andalucía, que pasó a su rival el duque de Medinaceli. En un desesperado intento por lavar su imagen, Medina-Sidonia tuvo la estrafalaria idea de retar a duelo al Rey de Portugal. Le convocó a comparecer en Badajoz, cerca de Valencia de Alcántara, donde se desplazó el duque y su séquito, que esperó inútilmente ochenta días a la comparecencia del soberano.

Una niña permite descubrir vestigios de los primeros moradores de Doñana


El Pais

  • La pequeña encontró piedras que permiten descubrir herramientas y utensilios neolíticos
Imágenes de herramientas y restos de cerámicas que constatan que Doñana fue un espacio habitado hace unos 5.500 años. / JULIÁN PÉREZ (EFE)

Imágenes de herramientas y restos de cerámicas que constatan que Doñana fue un espacio habitado hace unos 5.500 años. / JULIÁN PÉREZ (EFE)

Doñana contaba con pobladores en el periodo Neolítico. La existencia de estos primeros moradores conocidos del ahora espacio natural protegido ha sido posible gracias al hallazgo casual de unas piedras por parte de una niña. Los restos encontrados han resultado ser utensilios de unos 5.500 años: restos de cerámica con elementos decorativos, núcleos y trozos de herramientas de sílex, como un hacha pulimentada encontrada en buen estado de conservación a pesar de llevar milenios expuesta en el manto arenoso del parque.

“Doñana no tiene piedras y descubrirlas nos llevó a pensar que debieron ser transportadas por el hombre. Lo que hay en el espacio natural es un manto de arena que lo cubre todo”, explicó Juan José Negro, director de la Estación Biológica de Doñana. “La niña, una de las pocas que reside en el espacio, halló la piedra y se la mostró a su padre, este me la enseñó a mí y yo, a su vez, a un arqueólogo que precisó que se trataba de un núcleo de sílex. A partir de ahí, rastreamos en la zona y encontramos mucho más, pero ha sido puramente casual”, afirmó el director de EBD.

Los núcleos son una serie de cantos rodados de sílex que los antiguos pobladores golpeaban para obtener pequeñas láminas que usaban como cuchillas y una mano de mortero para molienda de grano. La investigación ha sido efectuada por la Estación Biológica de Doñana (EBD), el Consejo Superior de Investigación Científica (CSIC) y el Museo de Gibraltar, donde también se han analizado las piezas. La Estación Biológica de Doñana participa en el Gibraltar Cave Project, una iniciativa internacional que compara las similitudes del actual ecosistema de Doñana con el que se presentaba en Gibraltar en la época en las que los neandertales habitaron el Peñón.

El hallazgo revela que hace 5.500 años ya hubo actividad agrícola en el espacio protegido. “Se trata de un periodo interesante porque viene a confirmar que esos habitantes de Doñana ya podían tener algún animal doméstico y material para la caza y recolección”, sostiene Negro.Hasta la fecha las investigaciones arqueológicas se habían centrado en los restos romanos, sobre todo, en la localidad del Cerro de Trigo.

Los vestigios fueron hallados en la proximidad de la Vera de Doñana, espacio situado dentro de la Reserva Biológica que custodia el CSIC en el parque. Todas las piezas fueron encontradas en superficie, sin necesidad de realizar excavación alguna.

Los investigadores también barajan la posibilidad de que los materiales hallados procedan de poblaciones del entorno de la Bahía de Cádiz que se desplazaban a la zona para cazar, pescar y mariscar. “Hace miles de años, Doñana no se parecía nada a como la conocemos hoy. Las dunas litorales no se habían formado y la marisma no era tal. Era un lago. Los restos descubiertos quedarán custodiados en Doñana hasta que Cultura decida si los expone al público.

El Centro Guerrero renace volcado en la ciudad de Granada


El Pais

  • El museo consolida su proyección internacional con una exposición dedicada a Manuel Rivera
Exterior del Centro de Arte José Guerrero. / JULIO GROSSO

Exterior del Centro de Arte José Guerrero. / JULIO GROSSO

Situado justo enfrente de la catedral y de la cripta que custodia los restos de los Reyes Católicos, el Centro de Arte José Guerrero de Granada se ha convertido en uno de los museos de arte contemporáneo más potentes de la región. Lejos queda la crisis vivida en 2010 durante la que los desbarres políticos estuvieron a punto de hundir un prestigiosos centro nacido en 2000 gracias a la donación de sesenta obras por parte de los herederos del pintor granadino fallecido en 1991 en Barcelona. Turistas, estudiantes y vecinos recorren a diario las salas de un edificio que es una clara metáfora de la forma de entender el arte de José Guerrero. La proyección internacional y cosmopolita de su obra convive con los creadores que de alguna manera participan de su legado. La exposición que hasta finales de junio se le dedica a Manuel Rivera (Granada, 1928-Madrid, 1995) es una buena prueba de esas miras internacionales.

A la vista del papel que el museo desempeña en la ciudad (las visitas han crecido un 43% respecto al pasado año), puede decirse que lejos de minar su enraizamiento, la crisis política (encabezada por los entonces responsables culturales de la Junta, Ayuntamiento y Diputación) ha fortalecido el museo. La inagotable paciencia de los familiares de Guerrero y de Yolanda Romero, la directora, junto a la plataforma ciudadana creada en defensa del centro (www.porelcentroguerrero.com), ha hecho fructífera la resistencia. Por resumir brevemente el conflicto, en 2010, el frente político local condicionó la cesión del edificio a que el museo se abriera a exposiciones de artistas locales en detrimento de los planteamientos universales de José Guerrero. A la muerte del artista, sus hijos cumplieron sus instrucciones y legaron 60 importantes óleos junto a su archivo y biblioteca. El paleto planteamiento institucional provocó una respuesta ciudadana de tal calibre (incluidos los artistas locales) que los políticos recondujeron sus planteamientos y el museo pudo rehacer su actividad con sus principios iniciales.

Yolanda Romero (Granada 1962), ahora directora en funciones y responsable del centro desde sus orígenes, en 2000, extrae varias lecciones de lo ocurrido. “Sin duda, ha servido para reforzar el Centro Guerrero a nivel local y nacional. Tanto la administración pública, como la sociedad civil, han tomado nota de lo importante que es conservar una colección tan significativa como la de José Guerrero. Si de algo hemos pecado en nuestro país en los últimos años es de la creación de museos sin colecciones y sin medios posteriores para desarrollarlas. Por eso, el disponer de una colección coherente y singular, como la de José Guerrero, que nos permite contar muchas cosas de la historia artística mas reciente, tanto nacional como internacional, le da a estas obras un valor patrimonial y cultural de primer orden en nuestro país”.

Hijo de una familia modesta granadina, Guerrero es, sin duda uno de los grandes artistas del siglo XX. Trotamundos y aventurero logró varias becas para estudiar en una Europa activa y culta. En París se relacionó con otros grandes maestros españoles del siglo: Pablo Picasso, Joan Miró y Juan Gris. Casado con Roxanne Pollock en 1950, se instaló en Nueva York y, ya con nacionalidad estadounidense a partir de 1953 entró a exponer con grandes transformadores del concepto de pintura Franz Kline, Mark Rothko, Clyfford Still, Barnett Newman, Robert Motherwell…. Siempre mantuvo relación con España (participó activamente en el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, por ejemplo) y fue un referente para los artistas españoles de los 70. Todo ese mundo artístico está contenido en el museo. “En un país que no tiene en realidad grandes museos de arte moderno” añade Yolanda Romero, “ los centro monográficos como el José Guerrero sirven de puente entre la historia (el expresionismo abstracto, una cierta abstracción…) y la experimentación, esto es, entre el pasado y el futuro. Nuestro papel como museo y al tiempo como centro de arte con capacidad de producción y de intervención nos hace singulares”.

También la crisis del Centro ha servido, si cabe, para reforzar aún más la relación con los herederos de José Guerrero. “Cuando se planteó la posibilidad del cierre del museo”, recuerda la directora”, y tanto la sociedad civil como el sector profesional reclamaron su permanencia y apoyo de forma contundente, la familia Guerrero detectó, y supo valorar, este enorme apoyo y fue eso lo que les animó a mantener su deseo de que la colección, pese a las dificultades, permaneciese en Granada. Lisa Guerrero, que lamentablemente falleció durante todo este convulso proceso, declaró que sentía que el legado artístico de su padre ya no les pertenecía y que era simbólicamente de todos aquellos que lo reclamaban. Por eso, si cabe, la familia Guerrero han reafirmado su apoyo al proyecto y su deseo es que la colección se quede en el Centro de forma definitiva. Tanto Tony Guerrero, como Pep Aubert y sus hijos Allegra y Lucas, mantienen ahora una relación fluida y de confianza con el nuevo diputado de cultura, Jose Antonio González Alcalá, lo que sin duda facilitará y hará posible encontrar una formula jurídica estable para el proyecto”.

La renovación del contrato de Comodato, que garantiza la continuidad del centro, ha reforzado su anclaje en la calle. Falta lograr una forma jurídica que garantice que se cumplen los deseos del artista y , finalmente, convocar un concurso para la dirección que respete las buenas prácticas. Será entonces cuando Romero se plantee concursar o dar por liquidada la etapa.

Mientras, el museo sigue el ritmo previsto en sus orígenes. Cuando concluya la exposición de Rivera, y durante los meses de verano , la obra de Guerrero ocupará las tres plantas del edificio (habitualmente se expone una selección en la tercera que se renueva periódicamente). En octubre llegará Música y Acción, donde a través de un recorrido que comienza con Satie y las vanguardias históricas, se llegará a los años setenta, estableciendo un ámbito de reflexión en torno al acto creativo surgido de la incorporación de la acción sonora como nuevo medio de expresión. No son exposiciones programadas con el objetivo de atraer grandes masas. El José Guerrero juega en otra liga y sus responsables tienen muy claro su papel. “No tenemos grandes recursos, ni nunca vamos a ser centros de atracción de masas”, concluye Yolanda Romero. “Pero si que podemos ayudar a generar redes, a promover procesos, a incardinarnos en lo local de forma mucho mas profunda y rica. La agilidad y movilidad de un centro pequeño nos sitúa en un lugar privilegiado para tener un papel destacado en este aspecto que es esencial para toda sociedad que esté interesada en promover una cultura viva”.