Sarcófagos de Karajía


Ubicados en Amazonas, los sarcófagos de Karajía fueron encontrados en el filo de un farallón de roca calcácea, encarando al abismo. Son creación de los antiguos chachapoyas, los cuales dejaron las huellas de su pasado en los lugares más insospechados.

Accesibilidad

El recorrido se inicia en la estancia El Chillo, en la ciudad de Chachapoyas, desde donde se parte rumbo a Caclic (1 hora y media por vía afirmada). Luego se toma el camino a Luya (45 minutos en vía afirmada), y de ahí hacia el oeste hasta Cohechán(50 minutos); posteriormente se sigue al norte hasta San Miguel de Cruzpata (50 minutos) y finalmente se realiza una caminata de 50 minutos hasta los Sarcófagos.

Geografía

Selva alta. Los sarcófagos se encuentran a 2600 m.s.n.m. Flora exótica.

Historia y arqueología

Los “purunmachos”, como les dicen los lugarteños de Amazonas, o los mejor conocidos “Sarcófagos de Karajía” fueron expuestos al mundo en 1984 gracias a las investigaciones del arqueólogo Federico Kauffmann, causando de inmediato gran expectativa en el mundo arqueológico. Estas singulares muestras de los rituales mortuorios de la cultura Chachapoyas fueron elaboradas alrededor de los años 1000 a 1300 d.C.

Su ubicación es estratégica: están colocados en los filos de un farallón de roca calcácea, como si los hubieran dejado ahí para que vigilaran el desarrollo de la vida (porque encaran el abismo) desde las cumbres de la muerte. En realidad, parece que los Chachapoyas dejaron ahí a sus grandes señores (es comprobado que estos sarcófagos pertenecían a grandes señores) para evitar que en años posteriores pudieran saquear sus sarcófagos. Sin embargo, este intento resultó fallido porque, cuando Kauffmann los encontró, ya algunos habían sido profanados.

Los sarcófagos son elaboradas esculturas que miden más de dos metros de alto y constan de cabeza y busto, formando una compacta cápsula funeraria de barro enlutado. Las cabezas están decoradas con un cráneo trofeo, los rostros son planos y anchos, y el resto del cuerpo está diseñando con motivos geométricos. Hasta ahora se están buscando explicaciones de por qué los antiguos Chachapoyas colocaban los sarcófagos en grupos de 4 a 8 ejemplares.

En la actualidad, la presidencia de la Región Amazonas está implementando mejoras para el desarrollo turístico de este invaluable recurso, por lo que se espera que en el 2008 la difusión y la implementación de mejoras en la infraestructura turística reditúen en un beneficio directo a las comunidades ubicadas a los contornos del importante atractivo.

La cultura Chachapoyas

Esta cultura amazónica inició el camino a su florecimiento durante el siglo I de nuestra era, y sus mejores construcciones las realizó entre los siglos IX y XV d.C.

Su sometimiento a los incas fue un verdadero reto para las cusqueños, quienes, luego de interminables y sangrientos enfrentamientos, los vencen en 1475, bajo el imperio de Túpac Yupanqui. Sin embargo, los Chachapoyas no se rindieron. Constantemente se sublevaron, e incluso se negaron a participar de la rebelión de Manco Inca en 1536.

Sobre las dotes de sus hombres, tuvieron artistas, orfebres y tejedores muy diestros, pero sobre todo tuvieron grandes arquitectos que construyeron grandes edificaciones, como Kuélap, en la boca de la entrada al Marañón, o como otras obras hechas en lugares de difícil acceso. Por lo general los hacían en lugares altos, desde donde podían dominar el panorama; en la actualidad, los restos de sus construcciones se encuentran distribuidas en el valle del río Utcubamba.

Turismo

Convencional. Se visita la zona con un guía especializado. Los servicios turísticos básicos se encuentran en la ciudad de Chachapoyas. Cabe resaltar que los tours que parten para Karajía también parten para Kuélap, puesto que ambos se encuentran en la provincia de Luya.

Atractivos

Ciudad de Lamud

Esta ciudad se caracteriza por su plaza de Armas, una obra maestra de arte. Entre otros atractivos se encunetran el río Jucusbamba, la Cruz de Lámud y los molinos de piedra.

Ciudad de Luya

Pintoresca como pocas, esta ciudad fue asiento de la monumental fortaleza de Kuélap.

La Fortaleza de Kuélap , construida en el siglo XVIII a.C. Está ubicada a 74 kilómetros de Chachapoyas. Es considerada uno de los mayores monumentos arqueológicos peruanos. Desde sus murallas de más de 20 metros de altura y a una altitud de 3.000 m.s.n.m., hasta sus callejones amurallados con la forma de embudos, hacen de esta fortaleza un lugar misterioso y curioso.

Otros atractivos

Restos arqueológicos de Revach, Chípuric, San Antonio, Pueblo de los muertos y gran Vilaya.

Problemática

  • Saqueos: antes que Federico Kauffman llegara a Karajía, los sarcófagos ya habían sido profanados. Es increíble comprobar que la desesperación por la obtención de dinero rápido pueda poner en riesgo la vida de un ser humano, ya que acceder a estos sarcófagos es asceder una cuesta empinada de riesgo mortal.
  • Escaso presupuesto por parte del Instituto Nacional de Cultura(INC): el INC no presupuesta ningún servicio de control y protección en la zona ni tampoco educa para que los mismos pobladores sean los que velen por su patrimonio.

El enigma de las formas geométricas del Amazonas


El Mundo

  • La deforestación revela un secreto que sólo se puede ver desde el aire: zanjas y fosas excavadas con formas circulares o redondas
  • Geoglifos realizados hace miles de años por una civilización perdida
Una de las formas geométricas, en este caso cuadrada, descubiertas en la selva amazónica de Brasil. J. DE LA CAL

Una de las formas geométricas, en este caso cuadrada, descubiertas en la selva amazónica de Brasil. J. DE LA CAL

La floresta guardaba un secreto oculto por los árboles desde hace 3.000 años. Quizá más. Círculos ofrecidos por el hombre a los dioses, dicen algunos. Cuadrados creados para albergar pueblos, aseguran otros. Hexágonos para hacer rituales, comentan los más antiguos. En cualquier caso, quien los hizo parece que quería transmitirnos un mensaje del pasado. Un mensaje que, cual paradoja ecológica, ha salido a la luz por la destrucción incontenible de la selva amazónica.

Hay más de 300 repartidos por el estado brasileño de Acre, el más occidental de Brasil, junto a la frontera con Perú y Bolivia. Se trata de detalladas zanjas o fosos de uno a cuatro metros de profundidad y unos 12 metros de ancho, reforzados en sus lados por la propia tierra de la excavación. Forman diferentes bajo relieves sobre un suelo arcilloso con diferentes diseños, desde los mas simples -rectas paralelas, cuadrados o rectángulos- hasta otros un poco más complejos como círculos, pentágonos o en forma de U. Pueden medir hasta 300 metros cuadrados de superficie.

Su descubrimiento, como suele pasar en muchos de los grandes hallazgos arqueológicos de la Historia, tuvo también su parte azarística. En 1977 el profesor Ondemar Dias, del Instituto Brasileño de Arqueología de Río de Janeiro, los incluyó como parte del inventario que estaba realizando para el Programa Nacional de Investigaciones Arqueológicas en la cuenca del Amazonas. En aquel momento su trascendencia apenas salió de los círculos académicos. La vegetación todavía cubría la mayor parte de unas formaciones que, por otra parte, abundaban ya en las vecinas selvas bolivianas.

El impacto mediático llegó unos años más tarde. A mediados de los ochenta, el geólogo y paleontólogo de la Universidad Federal de Acre (UFAC) Alceu Ranzi, discípulo de Ondemar, viajaba en un vuelo comercial entre Porto Velho y Río Branco, en un vuelo que solía hacer con cierta frecuencia. Y cada vez que miraba por la ventanilla del avión sentía la misma preocupación al ver como avanzaba la colonización del hombre sobre la selva. De un mes a otro aparecían nuevas y enormes superficies desarboladas donde ya pastaban innumerables cabezas de ganado. Las carreteras, primero de tierra y luego de asfalto, iban abriendo brecha en esa selva otrora intacta. Y, precisamente junto a una de ellas, la BR 317, que comunica los estados de Rondonia y Acre, Ranzi se dio cuenta de una estructura circular de doble borde que aparecía en una zona antes tapada por la floresta.

A partir de este momento la noticia se fue expandiendo en la medida que los expertos cayeron en la cuenta de que sólo una civilización avanzada podía haber tallado formas geométricas tan perfectas. Desde 2007, con el apoyo del satélite taiwanés Formosat-2, los descubrimientos en una zona de 25.000 kilómetros cuadrados se han multiplicado por 10 y se calcula que apenas se ha localizado el 20% del total. Actualmente, los geoglifos de Acre están a punto de ser incluidos por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

La Amazonía fue hogar de grandes pueblos

Hasta ahora los investigadores estaban convencidos de que en la época precolombina, la Amazonía Occidental presentaba muy pocas señales de población y civilización. Sin embargo, lo que ha venido a demostrar la existencia de los geoglifos y sus estudios asociados, es que esta zona olvidada del planeta pudo ser el hogar de varios pueblos estructurados y de gran tamaño.

Las figuras están conectadas entre sí por lo que parecen ser caminos: dos líneas paralelas, más elevadas, como si estuvieran protegidos. Hasta hace pocos años la hipótesis inicial era que las construcciones, cuyos contornos están formados por zanjas continuas abiertas en el terreno, tenían funciones defensivas similares a las de un fuerte.

«Las crónicas de los primeros conquistadores -de Orellana a Schnidel, por ejemplo- describían aldeas defendidas por altas empalizadas de madera. Si había aldeas fortificadas significa que los pueblos que allí vivían tenían que defenderse de invasores. La expansión de los pueblos de lengua tupi-guaraní y pano en tierras habitadas por indígenas que hablaban arawak podría esclarecer parcialmente esta tesis», asegura el arqueólogo Marcos Vinicius das Neves, uno de los investigadores pioneros que acompañó las investigaciones del profesor Ondemar.

No obstante, esta teoría no explica los geoglifos dobles, o bien, los que están constituidos por un círculo al interior de un cuadrado. Los últimos estudios realizados por los finlandeses parecen apuntar otra cosa: como una especie de plaza tribal, el área interna de los geoglifos habría sido utilizada para la realización de ceremonias. «La evidencia arqueológica sugiere que en estos sitios se realizaban encuentros especiales, cultos religiosos por ejemplo, y sólo ocasionalmente hacían las veces de aldea», afirma la profesora Denise Schaan, de la Universidad Federal de Pará (UFPA).

La última de las teorías, también relacionada con la espiritualidad indígena, es la que afirma que estos geoglifos fueron construidos para rendir tributo a la divinidad como en el caso de los de Nazca, descubiertas en 1927, con el advenimiento de la aviación comercial. «Los geoglifos de la Amazonía son tan importantes como los de Nazca. Pero a pesar de haber sido descubiertos hace más de veinte años, nadie ha sabido nunca nada de ellos», afirma su propio «redescubridor», Alceu Ranzi. «Era evidente que, como los de Nazca, se trataba de geoglifos: grandes diseños labrados en el suelo -geométricos, zoomorfos o antropomorfos-, que pueden ser mejor observados desde lo alto, y a veces sólo así. El dominio de la geometría y las dimensiones de los geoglifos -hay círculos de hasta 300 metros de diámetro- revelan algo más fascinante, y que revoluciona la historia del Amazonas», añade.

Uno de los misterios que envuelven a estos geoglifos es que, a pesar de su gran número, no hay indicios de que hubiese habido grandes poblaciones en la zona. «Antes se creía que en esta parte de la Amazonía sólo había cazadores y recolectores, nómadas. Pero por el número y el tamaño de las estructuras, los pobladores de entonces tenían que ser sedentarios y organizados haciendo trabajos en cooperación», deduce Ranzi. Calcula que, al menos en los sitios descubiertos, la población rondaba las 70.000 personas.

Sin embargo, y a pesar de las afirmaciones del profesor, no se ha encontrado ninguna evidencia de ocupación humana a gran escala y durante un período prolongado en sus zonas aledañas. «Los constructores de los geoglifos no tenían piedras en aquella región, pero hicieron enormes trabajos en la tierra, que demandaban un poderío y habilidades de organización comparables con las de otras civilizaciones antiguas», añade Ranzi. Tampoco se han encontrado restos óseos ni manchas de la llamada «tierra negra», un tipo de suelo negro muy común en otras partes de la Amazonia, que se forma a partir de restos orgánicos producidos por la ocupación humana prolongada en una zona. En todo caso, la construcción de geoglifos en una selva tan densa es difícil. Por ello los estudiosos consideran la posibilidad de que la selva que actualmente cubre el área fuera, no hace tanto tiempo, mucho menos espesa que hoy día. A no ser que la talaran, como hicieron los mayas en el Yucatán

Los escasos artefactos asociados a una cultura material, en general algunos trozos de cerámica, fueron rescatados en la cima o en el fondo de las zanjas que forman las líneas geométricas. La datación de estos restos, con el método del Carbono 14, es del 1294 d.C. Aunque hay dataciones de movimientos terrenos como campos elevados, canales de riego y balsas redondas, que pueden tener más de 4000 años de antigüedad. Tampoco se han localizado los lugares de residencia y los cementerios de los constructores. Esta puede ser la fecha del fin de esta civilización, que habría permanecido en la zona desde un milenio antes. Fecha que sugiere que los desconocidos autores de los geoglifos pueden haber desaparecido antes de la llegada a América de los europeos.

Una gran civilización perdida

Todo esto indica que en esta zona no hubo una gran civilización perdida, como tampoco existen evidencias concretas acerca de quiénes fueron los constructores de los geoglifos, ni cuánto tiempo emplearon en esa tarea. «No podemos hablar de un enorme imperio perdido que adoraba a sus dioses geométricos en ese rincón de la Amazonía. De momento todo parece apuntar a dos o tres pueblos semi nómadas y dispersos por pequeñas aldeas que compartían algunos rasgos culturales comunes, tales como la construcción de los geoglifos, asegura la arqueóloga Sanna Saunaluoma, de la Universidad de Helsinki.

Saunaluoma pertenece al Instituto Iberoamericano de Finlandia, con sede en Madrid. Esta institución colabora desde hace casi 15 años con las universidades brasileñas en el estudio de los misteriosos geoglifos de Acre a raíz de la tesis doctoral por la que su director, Martti Pärssinen, demostró que los incas habían llegado a áreas relativamente próximas a la selva acreana. En 1997, Pärssinen y un equipo de la Universidad de Helsinki, descubrió una fortaleza incaica conocida por el nombre de Las Piedras, próxima al pueblo de Riberalta, en el extremo norte de la región de Bení y bastante cerca de los geoglifos. La conclusión de esta cadena de descubrimientos parece probar que la zona de Acre fue un punto de encuentro cosmopolita entre la Amazonía oriental y las Cordilleras de los Andes.

«Nuestra hipótesis ayuda a entender la razón por la cual los primeros españoles que exploraron la selva amazónica hablaban de grandes ciudades densamente pobladas, pero en los escritos posteriores sólo mencionan pequeños pueblos», aclara Pärssinen. Algunas de estas tribus, como los tucanos, son apuntados como los posibles descendientes de los pueblos que hicieron los geoglifos. Una pista, si bien tenue, surge de un texto de finales del siglo XIX. Ese escrito relata el encuentro entre un coronel brasileño y 200 indios que vivían en una aldea sumamente organizada y que adoraban a dioses geométricos tallados en madera, en la frontera con Bolivia.

Quizá la solución a este misterio venga algún día de la mano de los propios herederos de los constructores de estos geoglifos: los indios. «De forma indirecta hemos sugerido a los arqueólogos que porqué no juntan en uno de esos círculos a los pajes (chamanes) más viejos de nuestras tribus y hacen un ritual con nuestras plantas visionarias», asegura Xia Kaxinawá, cacique de la tribu de los Huni Kuin. «Quizá venga del otro lado alguna inspiración para dar claridad al origen de todo esto después de 20 años de no saber nada…»

En busca de la tumba del Inca Atahualpa


ABC.es

En busca de la tumba del Inca Atahualpa

ABC | Enterrada en la selva estaba esta pared inclinada de sillares enormes, con un 60% de desnivel

Aquel 25 de julio de 1533, cuando el Inca Atahualpa fue ejecutado en Cajamarca, dicen que Pizarro lloró su muerte. Lo cierto es que elcadáver del último emperador Inca desapareció pocos días después de ser enterrado en la iglesia de dicha localidad. Es uno de losepisodios más misteriosos y crueles de la historia de Hispanoamérica. Por un lado, el rastro del cadáver de Atahualpa se desvanece en la selva cuando sus súbditos se lo llevaron paramomificarlo y enterrarlo junto a un inmenso tesoro, según la leyenda. Por otro lado, esa tumba ha sido uno de los lugares más buscados durante cinco siglos por los cazatesoros.

Hace apenas una semana un equipo multidisciplinar puede haber encontrado esa tumba. O lo que queda de ella. Si su intuición es cierta, los restos de Atahualpa no están en Cajamarca, ni Cuzco, ni Machu Pichu; ni siquiera en Perú. Se encuentran en Ecuador, en el lugar en donde la selva del Amazonas escala la vertiente oriental de los Andes. Allí, a pocos kilómetros de Baños de Agua Santa, en mitad de la nada, han encontrado una enorme pared inclinada de piedras talladas y ajustadas, de 80 por 80 metros, algo así como un lateral de una pirámide, con un desnivel del 60%. Se ha especulado con la misión que podría tener un entorno como este, incluso si tuviera relación con antiguos sacrificios incas.

El entorno es de una gran belleza, según relata a ABC Benoit Duverneuil, uno de los miembros destacados de este equipo que ha logrado documentar el hallazgo gracias a la ayuda de drones, desde el aire, y después de una difícil caminata entre los miles de torrentes que alimentan el nacimiento de la mayor selva del mundo. «Las forma de los sillares es problemática. Son enormes, algunos parecen sellados perfectamente, y otros erosionados. Es difícil determinar si todo el sitio ha sido construido por el hombre o en partes es natural. El sellado es impermeable, por lo que uno puede suponer que podría haberse enterrado algo debajo».

La leyenda de Atahualpa arraigada en Ecuador, está conectada con esta zona de la selva, llamada Llanganates. Sin embargo, hasta ahora casi todos los exploradores en busca de la tumba del Inca siguieron el llamado «Derrotero de Valverde», un texto que indicaba el camino seguido por las hordas de Atahualpa en su último viaje, supuestamente escrito por un español y descubierto por un botánico británico, Richard Spruce. Además la prestigiosa investigadora Tamara Estupinan afirmaque la tumba podría estar en otra provincia ecuatoriana.

«Hay también fuentes históricas que hemos descubierto y que validan nuestra nueva teoría, porque relatan el paso del cuerpo momificado de Atahualpa por la zona de Riobamba [la ciudad más importante y cercana a Baños]», según relata Duverneuil. Sin embargo prefiere ser prudente porque «no podemos decir que el lugar tenga alguna de las típicas características de una construcción incaica», asevera. Pero «las hipótesis están para ser verificadas y merece la pena que esta lo sea. La ciencia avanza así. De hecho, por eso no hemos tocado el sitio, hemos hecho una exploración no invasiva con el fin de contactar con el Instituto Nacional de Patrimonio Cultural de Ecuador y aportar nuestros datos a esta y a otras instituciones». Ahora, según ellos, es necesario que geólogos y arqueólogos puedan estudiar la zona con todo detenimiento para desvelar su misterio.

En el inicio de esta investigacón, nada más conocerse el hallazgo, las posibilidades son todavía muchas. La tumba de Atahualpa es solo una hipótesis plausible. Pero lo cierto es que el yacimiento está en peligro. «Hemos visto restos de una explosión en uno de los laterales del muro y hay ‘Huáqueros’ y expoliadores locales profesionales rondando la zona. Algunos aparecen en los medios de comunicación con restos antiguos, casi todos preicolombinos, que dicen haber extraído de las proximidades de este yacimiento -afirma Duverneuil-. Es una carrera contrarreloj».

Afortunadamente, la denuncia de este equipo de historiadores, exploradores y especialistas en tecnología ha hecho reaccionar a lasautoridades quiteñas, que van a enviar una misión arqueológica en pocas semanas para un estudio completo que amplíe los datos recabados por ellos. Los datos que pusieron en marcha al equipo parte de las informaciones sobre un sitio misterioso en el interior de la selva cercana a Baños que les hizo llegar un veterano guía de la zona, Oswaldo Garcés. Su avisó les pilló construyendo un nuevo drone equipado con tecnología láser, con el que querían explorar zonas remotas y buscar restos (prestan servicios a arqueólogos de varios países) y pensaron que era perfecto para probar el nuevo equipo.

Duverneuil, emprendedor francés, trabaja codo con codo con un compatriota, el exmilitar Laurent Caravel, y con investigadores ecuatorianos como Manuel Barriga, y la familia formada por Germán, David y Danilo Molina, así como británicos (Bruce Fenton).

El viaje desde Baños fue difícil, atravesando tres montañas y la infinidad de ríos y torrenteras que alimentan la selva en la montaña, bajo lluvia casi permanente que, al final, dificultó también el trabajo de los drones. Parte de la estructura está cubierta por la maleza y hay una cascada en uno de sus lados. El difícil acceso de toda la zona hizo imposible una exploración completa de otras construcciones detectadas desde el aire. El equipo colaborará con la misión oficial ecuatoriana y para ello está diseñando otro drone que resista las condiciones de humedad cercana al 100% en la zona.

Drones que ayudan al arqueólogo

La arqueología aérea con drones está revolucionando la investigación del pasado. Al igual que las fotos de satélites, los drones ofrecen una herramienta perfecta para la exploración y geoposicionamiento de los yacimientos. Con los datos recabados por las cámaras que portan, termales y por láser (LIDAR) los arqueólogos realizan fotogrametrías posicionadas con GPS que luego convierten en imágenes 3D. Es una arqueología no invasiva, previa a la excavación y permite acceder a zonas difíciles (como esta selva) y preparar la intervención sobre el terreno.

Sequía en el Amazonas


El Pais

  • Dos equipos espaciales de la NASA observan la reducción de las áreas verdes en la selva
1301349614_850215_0000000001_sumario_normal

Imágenes tomadas por los satélites de la NASA muestran los patrones medios de frondosidad de la vegetación en Sudamérica: las zonas en rojo y rosa son las más frondosas; las verdes, las que tienen una menor vegetación, y las amarillas, los desiertos costeros. / NASA

El verano pasado hubo una sequía sin precedentes en el Amazonas y dos equipos espaciales de la NASA observaron sus efectos. La selva no recuperó su estado normal hasta bastante después de terminar el período seco, a finales de octubre de 2010. “El verdor de la vegetación, que es una medida de su salud, disminuyó en un área superior a tres veces y media el Estado de Texas”, explica Liang Xu (Universidad de Boston), que lidera la investigación.

La sensibilidad a la sequía de la selva amazónica se está estudiando intensamente. Los modelos de proyección climática indican que en el futuro el aumento de las temperaturas y la alteración de los patrones de precipitaciones pueden disminuir la humedad en la región, provocando una sustitución de la selva húmeda por vegetación tipo sabana leñosa o praderas, explican los expertos de la NASA. Esto supondría la emisión a la atmósfera del carbono almacenado en la madera putrefacta, lo que aceleraría el calentamiento global. El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), de Naciones Unidas, ya alertó acerca del riesgo de que la Amazonía sufra en el futuro fuertes sequías más frecuentemente que ahora.

El equipo científico ha analizados los datos correspondientes a más de una década tomados por los instrumentos de la NASA MODIS (un espectroradiómetro) y TRMM(en colaboración con la agencia japonesa Jaxa) obteniendo así mapas detallados del verdor decreciente de la vegetación desde la sequía de 2010 en la Amazonía. Los resultados de la investigación se publicarán en la revista Geophysical Research Letters.

En los mapas se observa la reducción del verdor en un área de unos dos millones y medio de kilómetros cuadrados, lo que significa más de cuatro veces el área afectada en la región por la sequía de 2005. “Los datos de vegetación del Modis sugieren un impacto mayor, más extenso y más prolongado en la vegetación amazónica de lo que se puede inferir sólo a partir de los datos de precipitaciones”, apunta Aridam Samanta (Atmospheric and Environmental Research Inc.).

Pero la gravedad de la sequía de 2010 se apreció también en los registros de los niveles del agua de los ríos de la cuenca del Amazonas, incluyendo el rio Negro. Esos niveles empezaron a descender en agosto del año pasado, alcanzaron un récord a finales de octubre y sólo empezaron a recuperarse con la llegada de las lluvias. “El año pasado fue el más seco en la región desde que se tienen registros del nivel de agua del Río Negro, hace 109 años, en el puerto de Manao, afirma el científico brasileño Marco Costa (Universidad Federal de Viçosa).

Se cumplen 500 años de la ‘conquista’ amazónica


El Mundo

Aún hay rincones en la Amazonía, esa inmensa mancha verde del planeta que se va encogiendo año a año, en los que se siente su inmensa riqueza y la belleza de lo inmutable, pero ¿es un espejismo? Han pasado casi 500 años desde que Francisco de Orellana, nacido en 1511 en Trujillo (Cáceres), diera nombre al gran río, tras navegarlo cuando exploraba el terreno por encargo de Pizarro. Hoy, sus seis millones de kilómetros cuadrados de selva continúan siendo expoliados mientras aquellos indios que se encontró el explorador extremeño son culturas en extinción, pueblos primitivos que serán devorados por el progreso, lo quieran o no.

1258141895_0

Quema de terrenos para acondicionarlos para el cultivo desoja cerca de Santarem, en Brasil | Foto: Asociación Trijillo 2011

Hacer un repaso de lo que está pasando en el pulmón de la Tierra ha sido el objetivo de unas jornadas organizadas por la asociación cultural Trujillo 2011, la primera de las actividades encuadradas dentro del proyecto V Centenario del nacimiento de Orellana puesto en marcha en Extremadura.

Durante este encuentro fueron muchos los que destacaron que Orellana, que embarcó con apenas 16 años hacia las Indias, no fue un conquistador de “perfil negro”, es decir, un saqueador ni un asesino. En 1541, tardó ocho meses en recorrer 4.800 de los 6.800 kilómetros del mayor río del mundo a través de nueve países. La presión colonizadora comenzó a finales del siglo XIX, con la explotación de los árboles del caucho, que continuó en paralelo a la expansión de la industria del automóvil.

Extracción de madera ilegal

Pronto siguió la necesidad de deforestar para aumentar los terrenos destinados a la explotación agrícola y, a la vez, aprovecharse del negocio de vender maderas preciosas muy demandadas en el mercado internacional.

Hoy, de la frontera entre Ecuador y Perú, cada año se sacan 30.000 metros cúbicos de madera, el 95% de extracción ilegal. Se calcula que cada dos horas desaparece una hectárea de bosque tropical primario, un estadio de fútbol. Los encargados de la tarea son empleados en régimen de semiesclavitud que cobran tres euros al día y viven en condiciones lamentables.

“Brasil es el cuarto emisor de CO2 y lo es por los incendios para deforestar. Con los satélites se pueden ver los inmensos fuegos que se prenden para ganar tierras para la soja (utilizada en piensos) y el ganado. En Brasil ya hay 200 millones de vacas que se comen los bosques”, denunciaba en Trujillo Miguel Ángel Soto, de Greenpeace.

Gustavo Duch, fundador de Veterinarios Sin Fronteras, añadía la destrucción social, que se suma a la ambiental. “La agricultura industrial supone el desplazamiento de los indígenas, la desaparición de sus huertos y, por tanto, genera inseguridad alimentaria, mientras la agroindustria es cada vez más poderosa”.

Vertidos de petróleo

A este tesoro amazónico -la exuberancia de la tierra, los ríos, los árboles- que vió Orellana mientras navegaba con sólo 56 hombres, se ha sumado otro, entonces oculto a su vista, que tiñe su futuro de negro: el petróleo. En un documental presentado en Trujillo, se muestran los muchos vertidos descontrolados que contaminan los ríos que el explorador del siglo XVI conoció impolutos; y también la lucha de los indios y los colonos contra las petroleras, una batalla en la que los primeros suelen salir perdiendo, a veces hasta la vida.

Así lo ha verificado la ONG Médicos Mundi en la cuenca del río Napo (Ecuador), donde comprobó que existe un elevado porcentaje de incidencia del cáncer entre las personas expuestas a esta contaminación. Además, abudan las enfermedades de la piel y las respiratorias y hay muchos abortos espontáneos. Se calcula que 30.000 personas resultaron afectadas, de una u otra forma, por vertidos de una petrolera americana. “Echaron 18.000 galones de agua tóxica a los ríos, 30 veces más que el Exxon Valdez en Alaska. Los afectados pusieron una demanda contra ella por 27.000 millones de dólares de indemnización y aún están esperando”, afirma Raúl Aguado, de Médicos Mundi.

Pero, además de dañar su salud, el petróleo les expulsa de la selva, como los agroindustriales y los madereros. “Muchos países reconocen los derechos de los indígenas y no los respetan. Ellos se están organizando, pero lo importante es cuestionarse este modelo de desarrollo que acaba con todo”, aseguró Miguel Ángel del Ser, de Survival. El espíritu explorador de Orellana se ha reencarnado en Terminator.

Unos científicos alemanes hallan una extraña hormiga en la selva amazónica


EFE – ADN

  • Blanca, depredadora, ciega y de unos tres milímetros, es la más primitiva de las conocidas

  • Su descubrimiento abre una nueva subfamilia: ‘Martialinae’, “las que proceden de Marte”

hormiga300Un equipo de científicos alemanes ha descubierto en la selva amazónica una nueva especie de hormiga, tan extraña y distinta de sus parientes, que puede considerarse como “marciana” o procedente de otro planeta, según ha anunciado hoy un portavoz del Museo de Ciencias Naturales de Karlsruhe.

De la rareza de la nueva hormiga, considerada la más primitiva de las existentes, da testimonio el nombre científico que se le ha dado: Martialis Heureka, que, traducido libremente, podría significar algo así como: “Hurra, he encontrado a aquélla que procede de Marte”.

Blanca, depredadora, ciega y de unos tres milímetros, se trata de una hormiga hembra, trabajadora y esteril, encontrada casualmente por el entomólogo alemán Christian Rabeling.

Cinco años antes, su colega Manfred Verhaagh, igualmente entomólogo de Karlsruhe, había hallado otros dos ejemplares, pero estos fueron destruidos accidentalmente antes de su análisis, para desesperación de los científicos.

Las hormigas que proceden de Marte

“El haber podido encontrar un tercer ejemplar es como acertar un pleno en la lotería primitiva”, ha señalado Verhaagh al presentar el descubrimiento. Esta hormiga “marciana” se diferencia de sus congéneres mas modernas en que, entre otras cosas, tiene unas pequeñas pinzas junto a los maxilares con las que captura a sus presas.

Rabeling y Verhaagh han destacado que el nuevo insecto es tan extraño que, por primera vez en 85 años, se ha abierto una nueva subfamilia de las hormigas, bautizada como Martialinae, “las que proceden de Marte”.

Los entomólogos aseguran que estas hormigas marcianas existen desde hace más de 120 millones de años y no descartan que puedan encontrarse nuevas especies de la misma familia desconocida hasta ahora en los suelos húmedos de la selva amazónica, ocultas bajo la hojarasca y la madera en estado de putrefacción.

Descubren una ciudad milenaria en la selva amazónica


EFE – ADN

Los asentamientos, cubiertos ahora por la selva, fueron lo bastante grandes y complejos como las comunidades griegas o de la Europa medieval

Los asentamientos descubiertos en la cuenca del Amazonas eran grandes centros urbanos que sobrevivieron hasta la llegada de los colonizadores europeos, revela un estudio que divulga hoy la revista Science.

Esos asentamientos, cubiertos ahora por la espesura de la selva, fueron lo bastante grandes y complejos como para que se les considere “urbanos” en el sentido en que el término se aplica a comunidades griegas o de la Europa medieval, según antropólogos brasileños y estadounidenses.

En la investigación también participó un miembro del pueblo Kuikuro, un grupo indígena al que se considera descendiente directo de los pobladores originales de esos asentamientos.

“Si miramos nuestro pueblo medieval o las polis griegas, la mayoría son de las escala que encontramos en esta parte del Amazonas”, según Mike Heckenberg, profesor de antropología de la Universidad de la Florida y autor principal del estudio.

La diferencia reside, según añade, “en que las que hallamos aquí son mucho más complicadas en lo que se refiere a su planificación”.

El estudio también afirma que el tamaño y la escala de los asentamientos en el sur del Amazonas, correspondiente a la región nor-central de Brasil, ponen en entredicho la afirmación de que sus selvas fueron siempre vírgenes.

Ciudades amuralladas

Lejos de eso, dicen los científicos, esas zonas “prístinas” fueron en realidad centro de una intensa actividad humana donde existía planificación. No solo eso, los asentamientos con poblaciones amuralladas y pequeñas aldeas estaban organizadas en torno a una plaza central.

Heckenberg y sus colegas anunciaron en 2003 que habían descubierto los asentamientos. En su informe señalaron que el mayor de ellos existió entre 1250 y 1650 cuando llegaron los colonizadores europeos con enfermedades que causaron la extinción de la mayoría de sus habitantes.

Según los antropólogos, esas comunidades están ahora casi totalmente cubiertas por las frondosas selvas del Amazonas.

Sin embargo, Heckenberg señala que algunos Kuikuro pueden identificar características del terreno que revelan indicios de que en ellos se desarrolló algún tipo de actividad humana.

Entre ellos se incluyen vertederos de basura, concentraciones de restos de alfarería, muchos de los cuales fueron descubiertos mediante la tecnología de GPS  e imágenes proporcionadas por satélites.

Según el informe de Science, los asentamientos consistían en conjuntos de aldeas de unas 60 hectáreas que no eran tan grandes como los pueblos medievales o griegos. Sin embargo, como aquellos, los asentamientos del Amazonas también estaban rodeados por grandes murallas que todavía existen pese al avance de la selva.

Otra característica común de esos conjuntos “urbanos” eran un camino idéntico, siempre orientado de noreste a suroeste de acuerdo con el solsticio de verano, conectado a la plaza central.