La Polvorosa de la que huyeron los moros


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  • Alfonso III derrotó a las tropas musulmanas en el año 878 en la batalla de la Polvoraria
La Polvorosa de la que huyeron los moros

Wikipedia | Tropas cristianas y musulmanas durante la Reconquista

Aunque lo más probable es que «Poner pies en polvorosa» surja del habla de germanía con la que rufianes y delincuentes designaban al camino, la calle o la senda llena de polvo, hay una versión sobre el origen de esta expresión que se apoya en un hecho histórico que se remonta a la Reconquista, a la época de Alfonso III de Asturias, llamado El Magno (838-912).

«Viendo Alfonso III, el Magno, gallego de naturaleza, los progresos que en las fronteras de sus reinos hacían los moros, acudió con sus tropas a contener los adelantos del sarraceno. Presentó a los enemigos la batalla cerca del río Orbigo, provincia de Palencia, en los campos de Polvorosa (Pulvararia o Pulveraria, según otras crónicas), y allí el valor de nuestros soldados, unido al temor que infundió a los moros un eclipse de luna, hizo que Alfonso III consiguiese una completa victoria, dispersando en precipitada derrota a los hijos del Corán que pudieron sobrevivir a la derrota. Desde entonces hízose proverbial Polvorosa, encerrando primitivamente dicha frase una amarga ironía por todo ejército fugitivo y aplicándose después a la persona que se ausenta apresuradamente de algún lugar», señalaba José María Sbarbi en El Averiguador Universal.

Sbarbi debía referirse a la batalla de la Polvoraria que libraron los cristianos contra los musulmanes comandados por Al Mundir en el año 878. Fue cerca del río Órbigo, pero en Zamora, a unos tres kilómetros de Benavente junto a la actual Santa Cristina de la Polvorosa que precisamente recuerda en su denominación a la batalla y no junto a Polvorosa de Valdavia, en Palencia.

Según el relato del historiador Claudio Sánchez Albornoz, «caminaban los sarracenos descuidados por los campos yermos y polvorientos que llamaban Polvoraria los cronistas, cuando del encinar vecino de Socastro saldrían de repente, impestuosas, las vanguardias de astures y gallegos».

«El casual encuentro junto al sitio nominado Polvoraria, sobre el río Orbigo, causa el quebranto de la morisma, que pierde más de quince mil soldados», señalaba Ricardo Velasco Ayllón en «El romancero de los once Alfonsos» (1863).