Alcatraz


Es una isla del estado de California, situada en la bahía de San Francisco, cerca de la ciudad de San Francisco (Estados Unidos). Se eleva 40 m por encima de la superficie del mar y tiene unos 535 m de longitud. El español Juan Manuel de Ayala exploró la isla en 1755; la llamó isla de los alcatraces, debido a la abundancia de estas aves en la misma. El Departamento de Justicia de Estados Unidos utilizó la isla como prisión militar entre 1868 y 1933, año en que se convirtió en prisión federal para reclusos peligrosos. La prisión fue cerrada en 1963. En 1969 un grupo de siux ocupó la isla para intentar que fueran reconocidas sus reivindicaciones sobre la isla. En 1971 fueron expulsados de Alcatraz.

El cierre de la prisión tuvo lugar sobre todo por las condiciones inhumanas que recibían los presos. Celdas diminutas, castigos en cámaras especiales sin luz, y un trato pésimo por parte de las autoridades. La idea central fue hacer una cárcel de máxima seguridad para los hombres más peligrosos del país, con lo que el trato hacia esas personas no se supo controlar, provocando estos excesos o abusos de poder que concluirían con el cierre definitivo.

Doce veces al día se hacía el recuento de los presos y la disciplina era rigurosa. Cualquier infracción al reglamento podía ser castigada con una estadía en el “agujero”, en el que el preso era encerrado desnudo, en la más completa oscuridad. Los reclusos no podían ducharse con agua fría y se los obligaba a ducharse con agua muy caliente. La razón de esta peculiar medida era que no pudieran acostumbrarse al frío e intentar huir nadando. Además, los guardia cárceles habían hecho correr el rumor de que las aguas estaban infestadas de tiburones, aunque no existen noticias de ataques en la región.


Presos famosos

Alphonse “Scarface” Capone (Al Capone) , (1899-1947), gángster estadounidense de origen italiano de la época de la prohibición de la venta de alcohol, también llamado ‘Caracortada’ (Scarface) por una cicatriz que tenía en su mejilla. Nació, con el nombre de Alfonso Capone, en Nápoles (Italia) y creció en Brooklyn (Nueva York). Dejó pronto la escuela y pasó cerca de diez años con las bandas de Brooklyn. En la década de 1920 se hizo cargo de la organización que tenía en Chicago el gángster Johnny Torrio, dedicada al tráfico de bebidas alcohólicas, al juego ilegal y a la prostitución. Eliminó a sus competidores en una serie de guerras mafiosas que culminaron con la matanza del día de San Valentín de 1929, en la que sus hombres asesinaron a siete miembros de la banda de ‘Bugs’ Moran, con lo que se hizo con el control del hampa en la ciudad de Chicago. Tras ser acusado de evasión de impuestos en 1931 y condenado a 11 años de cárcel, fue puesto en libertad condicional en 1939. Pasó el resto de su vida, enfermo, en su mansión de Miami Beach (Florida). leer mas


  • Robert Franklin Stroud (Birdman of Alcatraz) , no tenemos muchos datos de este preso, aunque hay una pelicula como referencia (El pajaro de Alcatraz) interpretada magistralmente por Burt Lancaster
  • Henri Young, enterrado en vida en los oscuros calabozos de la prisión más famosa y temida del mundo. Su crimen: el robo de 5 dólares de una oficina de correos. Su castigo… peor que la muerte. Confinado a las celdas de seguridad ….

  • George “Machine Gun” Kelly , “la ametralladora” (del 18 de julio de 1895 al 18 de julio de 1954) era gángster americano mas notorio durante la era de la prohibición (años 20 ).

  • Morton Sobell, era un ingeniero americano que trabajó para General Electric con contrato de los militares y del gobierno. Nacido en New York City, Sobell era el tercer demandado junto con Ethel y Julio Rosenberg, en su ensayo 1951 del espionaje. Él y su familia habían huido anteriormente a México en junio de 1950, pero habían sido repatriados fuertemente por una cuadrilla armada dos meses más adelante. Lo condenaron culpable junto con los Rosenbergs, y fueron condenado a 30 años. Le enviaron directamente a Alcatraz. Un protector le informó de la ejecución de sus amigos, los Rosenbergs. Lo ejecutaron en 1969.
  • Roy Gardner , (del 5 de enero de 1884 al 10 de enero de 1940) era un maestro del escape, durante su carrera, robó sobre un cuarto de millón de dólares en efectivo. Había una recompensa $5.000 por su captura. Fué el interno más peligroso de la historia de la prisión de Atlanta, y los periódicos a través de la costa del oeste lo dobló como el “bandido sonriente”, “el bandido del tren del correo”, y el “rey de los artistas del escape”. Él era uno de los delincuentes más notorios de la oficina federal de prisiones, uno de los internos más notorios en Alcatraz, y uno de los criminales más despiadados de toda la historia.

Los misterios de Alcatraz, al descubierto

La temida ex prisión de la bahía de San Francisco, morada de Al Capone en los años 30 e inmortalizada en el séptimo arte con películas como ‘Fuga de Alcatraz’, con Clint Eastwood, o ‘La Roca’, celebra este 2009 su 75 cumpleaños con una exposición que recorre su intensa historia.

«Lo primero que hay que hacer al llegar es cerrar bien la boca y caminar siempre pegado a la pared». Es la advertencia número uno que recibían los presos nada más poner un pie en Broadway, como llamaban sarcásticamente al pasillo principal de la prisión de Alcatraz , esa temida e inexpugnable Roca ubicada en medio de la bahía de San Francisco. Times Square se encontraba a tan sólo unos pasos, en el cruce del fondo. Al aviso le acompañaba una muda, un libro de instrucciones sobre cómo sobrevivir allí dentro y un paquete de cigarrillos Winds que se repartía cada lunes, miércoles y viernes.

La munición básica se distribuyó religiosamente durante las tres décadas que la cárcel se mantuvo abierta, de 1934 a 1963. Por eso, este año se cumple el 75 aniversario de su apertura como centro penitenciario de máxima seguridad , ya que antes fue ciudadela defensiva e incluso prisión, pero militar, nada que ver con la que el cine se encargó de mitificar con películas como La Roca , comandada por Sean Connery, o Fuga de Alcatraz , con Clint Eastwood a la cabeza de la huida protagonizada, en la realidad, por Frank Morris y los hermanos Anglin, de los que nunca se supo si sobrevivieron a las frías aguas de la bahía, atestada de tiburones para más inri.

La ocupación de los indios sioux

Con motivo del cumpleaños, los carteles de éstos y otros filmes lideran la exposición sobre la historia de Alcatraz montada en sus instalaciones. En ella también se pasa revista al descubrimiento de la isla, ahora Parque Nacional, por el español Juan Manuel de Ayala, que fue quien le puso el nombre por la cantidad de pájaros con los que se topó al avistar la bahía en 1775. Mucho más tarde, en 1969, 90 indios exigían la venta de la isla por ropajes y abalarios valorados en 24 dólares , precio que habían pagado los conquistadores a los suyos por un terreno parecido hacía 300 años. La reivindicación terminó con una niña muerta por accidente y la expulsión de los sioux tras 19 meses.

Al Capone, el recluso más famoso de los 1.576 que pasaron por Alcatraz, es otro de las protagonistas de la exhibición, que incluye una portada suya en la revista Time (en el número 12 para más datos) y las típicas imágenes (bien sonrientes) del gánster en su ficha policial. El mafioso ingresó en 1934 por evadir impuestos y recibió el mismo trato que el resto , que incluía trabajos domésticos (incluso ganchillo), partidas de bridge de vez en cuando, paseos por el ventoso patio con vistas a la ciudad y una celda de 1,5 metros de ancho y 2,5 de largo en la que no se permitía decoración alguna.

Se ocupaban de la custodia 90 vigilantes en turnos de ocho horas, aunque con el tiempo (y la falta de presupuesto) la plantilla de corbatas rojas , como los llamaban los reos, se fue reduciendo. No estaban solos: sus familiares vivían en edificios adyacentes, incluida la Casa del Alcaide , una impresionante mansión colonial de 17 habitaciones y vistas al Golden Gate. La necesidad hizo que en la isla hubiera un pequeño supermercado, una oficina de correos, un centro lúdico con bolera y otro de estudios, aunque la mayoría de los niños (hubo hasta 80) iba en barco cada día al cole en San Francisco.

Ostras rellenas para Navidad

Aun así, para las familias, Alcatraz nunca fue la Isla del Diablo , sino una morada apacible en la que «ni se cerraban con seguros las puertas». Y es que, aunque la leyenda diga lo contrario, las condiciones eran mucho mejores que en otras cárceles . Suficiente tenían los reos con el martirio psicológico que suponía estar al lado de uno de los puertos más animados de Estados Unidos y, sin embargo, tan lejos. Sus privilegios se notaban, por ejemplo, en que nunca hubo overbooking (de las 390 plazas raro fue se ocuparan más de 260) y en los menús, que no sólo debían ser aceptables sino tener buena presencia.

De hecho, en la cocina todavía sigue intacta la propuesta culinaria de la Navidad de 1954, con pavo asado, pastel de calabaza y hasta ostras rellenas . O el desayuno de los últimos presos el 21 de marzo de 1963: huevos escalfados, cereales, café, tostadas, fruta… Para entonces, Robert Kennedy se encargó de dar carpetazo a la prisión más inquietante (y cinematográfica) de todos los tiempos. La falta de presupuesto tenía la culpa .

| Más información : En www.nps.gov/alcatraz No es posible llegar por cuenta propia a Alcatraz, sino que hay que tomar un transbordador en el muelle 33 de San Francisco. Viaje más entrada: 26 dólares.

Al Capone


RESUMEN DE LA VIDA

Al Capone fue un gangster americano nacido en Italia y criado en Nueva York. Su apodo era ” Caracortada ” por una cicatriz que tenía en la cara.

La época en la que nació era la época en la que se prohibió la venta y consumo de alcohol.

En la década de los años 20 se hizo cargo de la organización de gángsteres de Johnny Torrio, dedicándose al tráfico de bebidas alcohólicas, al juego ilegal y a la prostitución.

El día que comenzó la prohibición de alcohol en Estados Unidos fue el 16 de enero de 1920, en el que quedaba oficialmente prohibido beber cerveza, vino, etc…

Esto supone un problema para la policía ya que la gente que ha almacenado alcohol para uso personal debe trasladarlo a sus residencias particulares.

El 13 de junio de 1920 se veía que había una gran ventaja; las resacas se reducían pero, aún así, era una verdadera pesadilla para las fuerzas del orden.

Al Capone eliminó a toda la gente que intentó cruzarse en su camino de gloria pero éste hizo colmar el vaso de los agentes federales con la ” Matanza de San Valentín ” en 1929, en la que siete gángsteres de Chicago han sido asesinados por la banda de Al Capone; la policía cree que las victimas eran de la banda de George Bugsy Moran.

Es una guerra sin tregua más de la mitad del cuerpo de policía estaba siendo investigado por una supuesta sospecha.

En 1931 fue acusado de evasión de impuestos y fue condenado a 11 años de cárcel.

Por último en 1939 salió de la cárcel en libertad condicional y pasó el resto de su vida enfermo en su mansión de Florida.

LA LEY SECA

A causa de esta ley, Chicago se hizo famosa por el contrabando de licores y por enfrentamientos entre gángsteres. Entre estos destacó Al Capone.

Esta ley es el tema más discutido entre los años 20 y 32, donde la prohibición de la fabricación y venta de bebidas alcohólicas fue origen de un periodo de violencia.

En 1929 la Comisión Presidencial declaró que la Ley Seca había sido un fracaso.

Ahora explicaré un hecho que sucedió el 20 de septiembre de 1926:

Al Capone salió malherido este mediodía cuando una banda rival abrió fuego contra su cuartel general.

Uno de los hombres de Al Capone salió ileso y una mujer también.

Pero, claro, como todos sabían, Al Capone no se iba a quedar con los brazos cruzados. El ataque, encima, fue realizado por la banda rival de Al Capone con Dion O’Banion como cabecilla.

Cicero, que era el lugar donde se encontraba este cuartel general, demostró una vez más que era el barrio más duro de EE.UU., ya que era conocido hasta entonces por sus burdeles y salas de juego”.


El verdadero intocable


El Mundo Deportivo

La estrella del fútbol americano Bill Gardner fue uno de los elegidos por Eliot Ness para enfrentarse a Al Capone

Las películas, aunque sean excelentes, suelen distorsionar la realidad. ‘Los intocables’, el ejercicio de estilo con el que el director Brian de Palma relató la lucha de Eliot Ness contra la mafia de Chicago conducida por Al Capone en 1930, durante la llamada Ley Seca, poco tiene que ver con la realidad. Los auténticos Intocables no eran cuatro, como en el celuloide, sino un grupo de 11 hombres llamados así por ser incorruptibles e insobornables, dirigidos por Ness, entre los que había militares, investigadores privados o un guardia del corredor de la muerte en Sing Sing.

El más viejo de todos ellos, rondando los 50 años, y el más imponente, con su 1,83 m. y 80 kg. de puro músculo, era una estrella del fútbol americano llamado Bill Gardner.

A Gardner se le considera uno de los deportistas más grandes de su época, a la altura del legendario Jim Thorpe. Como éste era de origen indio, hijo de un padre blanco y de una madre Chippewa. Nacido en 1884 en una reserva de Dakota del Norte, cursó estudios en la Carlisle Indian Industrial School de Pennsylvania, donde se forjó el equipo de fútbol americano que dominó América a principios del siglo XX, en una época donde todavía no existía una Liga profesional. Bill jugó en el equipo escolar desde 1904 hasta 1907 y de su mano Carlisle derrotó una tras otra a las grandes potencias de aquel tiempo, las universidades de Harvard, Yale, Princeton y Pennsylvania, las llamadas ‘big four’. También brilló en atletismo, basket y béisbol, pero fue el fútbol americano el que le convirtió en una leyenda. Desde 1908 hasta 1911 Bill Gardner ejerció de entrenador y reclutó a Jim Thorpe para la Carlisle Indian School tras verle en acción en Indiana. Un año más tarde, en los Juegos Olímpicos de Estocolmo, Thorpe se convertiría en el atleta más grande de todos los tiempos tras imponerse en decatlón y pentatlón.

Gardner era una fuera de la naturaleza. Un estudio llevado a cabo por la Universidad de Harvard demostró, mediante una serie de tests físicos y mediciones biomédicas, que era una de las personas más fuertes de los Estados Unidos, superando a boxeadores profesionales como Jack Johnson, John Sullivan o Jim Jeffries.

Sirvió como soldado en la I Guerra Mundial, luchando en las trincheras de Francia, y tras el conflicto bélico se trasladó a Texas, se casó y fue padre de un hijo y dos hijas. A finales de los años 20 se enteró que Eliot Ness estaba reclutando un grupo de hombres para enfrentarse al crimen organizado de Chicago: exigía personas duras, buenos tiradores y que no estuvieran casados. Bill cumplía todos los requisitos salvo el último, así que se divorció y pasó a formar parte de los Intocables.

Participó en diversas ‘razzias’ contra el hampa e incluso recibió un disparo a quemarropa que dejó estupefacto a Ness, puesto que Gardner continuó peleando sin ni siquiera pestañear.

Cuando Capone fue encarcelado y la misión de los Intocables quedó completada, la vida de Bill Gardner se desmoronó. Sin rumbo en la vida, fue dando tumbos de un lugar a otro atrapado en una espiral de juego, mujeres y alcohol, una vez levantada la Ley Seca que él juró hacer cumplir. Falleció en 1965, con más de 80 años de edad, en el hospital de veteranos de Prescott. Aunque Brian de Palma lo obvió en su película, su papel en los Intocables sí tuvo tributo en la serie de televisión del mismo nombre protagonizada por Robert Stack desde 1959 hasta 1963. Su personaje en la ficción se llamaba Bill Youngfellow y era un agente de sangre Cherokee.

El Al Capone de Nueva York


La Razón

  • John Gotti, el último Don
  • Durante la lucha por el poder de la Mafia tras la muerte de Carlo Gambino, se adelantó a todos 

actualidad080813go.jpgJohn Gotti, «John El Elegante», nacido en 1940, en Brooklyn, fue el último gran jefe de la Mafia estadounidense. Murió el 10 de junio de 2002 en la cárcel de Springfield (Missouri), donde cumplía cadena perpetua por catorce delitos entre los que destacan asesinato, extorsión y evasión fiscal. Tenía 61 años y padecía cáncer de garganta. Llevaba diez años encarcelado. Era conocido por sus cortes de pelo, sus trajes caros, los enormes cochazos en los que se desplazaba y su afición a los diamantes. Dicen que Gotti fue a Nueva York lo que Al Capone a Chicago.
Destacó por su violencia y dirigía la familia de los Gambino, una de las cinco que se repartían la gran ciudad junto a los Genovese, los Bonanno, los Colombo y los Lucchese. Nacido en una familia de trece hermanos, hijos de John y Fanni, comenzó como integrante de bandas juveniles en el Bronx, por lo que frecuentaba las comisarías hasta que entró a formar parte de la Mafia bajo la protección de Carlo Gambino.
Acusado de vulgar
Forjado en los duros callejones de lo más bajo de la ciudad no tuvo empacho en saquear los materiales de construcción del aeropuerto JFK, asumir una condena por robo y participar en la desaparición de un irlandés al que el clan consideraba asesino de un sobrino de Don Carlo. Eso le llevó a prisión por dos años, pero le hizo escalar rápidamente puestos en la organización.
La muerte de Carlo Gambino fue su gran oportunidad. Durante la lucha por el poder, Gotti se adelantó a todos. Los refinados capos de otras familias le acusan de vulgaridad: para ellos es la insufrible escalada de un matón. Sin embargo, Gotti actuaba sin complejos. Sabía que su gran obstáculo era la existencia de Big Paul Castellano, lugarteniente que además impedía el desarrollo de la familia con su «anticuada oposición» a la venta de droga.
El 16 de diciembre de 1985, a Big Paul, en los alrededores de uno de sus restaurantes preferidos, el Sparks Steak House, en la calle 46 de Manhattan, le esperaban dos hombres armados que le frieron a tiros. Según recogen los diarios, Gotti observaba la escena envuelto en un rico abrigo de cashemire que le protegía tanto del intenso frío como de la copiosa nieve. Al ver caer el cuerpo se acercó despaciosamente para asumir la sucesión, autorizando el tráfico de cocaína.
«El Príncipe», de Maquiavelo
Los que le tachaban de patán no tenían razón. El viejo capo, Don Carlo, le había enseñado que jamás debía permitir que los escrúpulos le estropearan aquel negocio y también una dimensión aristocrática para la que era imprescindible leer «El Príncipe» de Maquiavelo. Gotti aprendió la lección con tanto empeño que era capaz de recitar los capítulos de memoria.