Los rusos ya descubrieron agua en la Luna en 1976


ABC.es

  • La última misión soviética a nuestro satélite natural regresó a la Tierra con minerales ricos en agua, pero el hallazgo fue completamente ignorado en Occidente, según un nuevo estudio

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Hasta hace no tanto, la idea que teníamos de la Luna era la de un lugar árido y seco. En 2009, sin embargo, la NASA abrió un nuevo capítulo en el conocimiento sobre nuestro satélite natural al hacer estallar una sonda, la LCROSS, en el polo sur lunar, en un cráter llamado Cabeus. La nube de materiales provocada por el impacto del artefacto permitió a los científicos comprobar no solo que, en efecto, había agua ahí arriba, sino que ésta existía en grandes cantidades. Este hallazgo quizás podría haberse realizado antes si el mundo hubiera tenido en cuenta un hallazgo de la misión Lunar-24, la última que la Unión Soviética envió a la Luna, pero su trabajo fue completamente ignorado en Occidente, según afirma Arlin Crotts, de la Universidad de Columbia, en Nueva York, que ha publicado sus conclusiones en arXiv, el archivo para borradores electrónicos de artículos científicos.

La posibilidad de la existencia de agua en la Luna ha entusiasmado a los científicos y aficionados a la ciencia ficción desde hace décadas. Su presencia sería un factor importante si alguna vez el ser humano decide instalarse allí una larga temporada. Las misiones Apolo trajeron unos 300 kilos de rocas de la Luna, pero los científicos pensaron que se habían contaminado en la Tierra. Incluso se creía que los canales vistos sobre la superficie lunar fueron hechos por la lava, no por agua. Para los americanos, la Luna estaba seca.

Sin embargo, los soviéticos consiguieron sacar sus propias conclusiones. Al parecer, según describe Crotts, los rusos encontraron evidencias de agua en rocas lunares en 1976, cuando la sonda Luna-24 aterrizó en la superficie lunar. La nave perforó a unos 2 metros de la superficie, extrajo 300 gramos de roca y regresó a la Tierra. Un equipo de científicos soviéticos analizó la muestra y encontró rastros inequívocos de agua. El resultado fue publicado en 1978 en una revista científica especializada rusa, «Geokhimiia», incluso en inglés, pero fue completamente ignorado en occidente. Y hoy en día ha sido olvidado. «Ningún otro autor ha citado jamás este trabajo», dice Crott (The Physics arXiv Blog).

Resulta curioso, ya que varios científicos, incluido el premio Nobel de química Harold Urey, ya habían predicho desde 1950 que el agua helada podía ser encontrada en los cráteres de los polos lunares, que están permanentemente en la sombra. Si el hallazgo ruso hubiera sido tomado en serio, la existencia de agua en la Luna quizás habría sido confirmada antes.

Los glaciares del planeta pierden 148.000 millones de toneladas de hielo al año


El Pais

El nivel de los océanos está subiendo 1,5 milímetros al año, desde 2003, según un estudio global realizado con datos de satélites

Los glaciares y cubiertas heladas del planeta están perdiendo cada año unos 148.000 millones de toneladas de hielo (162 kilómetros cúbicos), sin contar los bordes de la Antártida y de Groenlandia, que pierden otras 80.000 millones de toneladas. En total este hielo perdido está provocando un aumento del nivel oceánico de 1,5 milímetros anuales. Se trata de datos de la evolución de los glaciares a escala global, desde 2003 hasta 2010, obtenidos con los satélites Grace. “La Tierra está perdiendo una cantidad increíble de hielo cada año que va a parar al mar y este nuevo estudio nos ayudará a responder a importantes interrogantes acerca de la subida del nivel y de como las regiones más frías del planeta están respondiendo al cambio global”, afirma John Wahr, uno de los autores del estudio. La cantidad de total de hielo fundido en el planeta entre 2003 y 2010 cubriría todo el territorio de Estados Unidos con casi medio metro de agua, añade el investigador.

Pero la cantidad de hielo perdido es aproximadamente un 30% inferior a las estimaciones que se venían haciendo. Y en las elevadas cordilleras asiáticas los nuevos datos desvelan una pérdida mucho menor (hasta 10 veces) de lo que se había calculado a partir de registros parciales.

La subida del nivel se debe a dos factores fundamentalmente: la llamada expansión térmica del agua al aumentar la temperatura con el cambio climático (como un cuerpo que se dilata con el calor) y el aumento de la cantidad del agua procedente de los glaciares y cubiertas heladas. El milímetro y medio de subida anual ahora calculado corresponde sólo al segundo factor, al hielo fundido de los glaciares.

Existen en la Tierra unos 160.000 glaciares y cubiertas heladas y, hasta ahora, se tiene datos directos de su balance de hielo (la suma anual de fusión y formación) de menos de 120. De solo 37 de ellos hay registros de más de 30 años. Las estimaciones globales se venían haciendo extrapolando los datos de esas mediciones directas al resto, con un alto grado de incertidumbre porque influyen mucho factores en la dinámica de cada glaciar, desde su tamaño hasta la topografía local, la altitud o el microclima, explica el experto Jonathan Bamber (Universidad de Bristol, Reino Unido), en la revista Nature, donde se presenta el nuevo estudio global de hielos. Añade que los glaciales son un icono, un símbolo, del cambio climático y que se ha venido asumiendo su retroceso notable en el planeta en las últimas décadas, siempre basándose en esos datos parciales. De ahí la importancia de la investigación de Wahr (Universidad de Colorado en Boulder, EE UU) y sus colegas, liderados por Thomas Jacob, que ofrece datos globales.

La misión Grace, una colaboración de EE UU y Alemania, esta formada por dos satélites que miden las minúsculas variaciones del campo gravitatorio terrestre debidas a los cambios de masa (capas heladas, océanos, acuíferos y agua acumulada en el suelo) que se producen en las regiones que van sobrevolando. Con estos satélites se habían medido ya los glaciares periféricos de Groenlandia y la Antártida, pero no se había hecho un estudio global.

Las grandes cordilleras asiáticas (Himalaya, Pamir, Tibet, Karakorum y Tianshan, merecen mención aparte en este estudio, porque los resultados del equipo de Jacob muestran que la pérdida de hielo allí es muy inferior de lo que se había calculado. Esto puede ser debido, según explican, a que las estimaciones se hacían con datos tomados en las partes bajas y accesibles de los glaciares de esas cordilleras y extrapolando los registros a todas las alturas. Así el cálculo previo de casi 50.000 millones de hielo perdido al año se reduce, con los nuevos datos de Grace, a unos 4.000 millones de toneladas. “A diferencia de los glaciares bajos, muchos de los de gran altura estarían todavía demasiado fríos para perder masa incluso a pesar del calentamiento de la atmósfera”, apunta Wahr en un comunicado de la Universidad de Colorado en Boulder. La respuesta de los hielos de las cordilleras asiáticas al calentamiento global es de la máxima importancia a escala regional porque, como recuerda Bamber, aproximadamente 1.400 millones de personas dependen de lo ríos que fluyen desde el Himalaya y el Tibet.

Los resultados del nuevo estudio tendrán implicaciones importantes en las proyecciones climáticas futuras, pero los científicos todavía no pueden anticipar cuáles serán las tasas de pérdida de hielo de los glaciares en los años venideros, es decir cómo de rápido se van a ir reduciendo.

En la Tierra y en la Luna

La estrategia de la misión Grace para medir las variaciones en el campo gravitatorio terrestre que ha permitido a Jacob y sus colegas estimar la pérdida de hielo de los glaciares de la Tierra es la misma que utiliza ahora otra pareja de satélites para hacer lo mismo, pero en la Luna. Es la misión Grail, cuyos satélites se pusieron en órbita lunar a principios de enero y que empezarán a tomar datos dentro de poco.

En ambos casos son dos satélites volando en tándem uno detrás de otro en órbita relativamente baja. Los Grace, lanzados en 2002, dan 16 vueltas a la Tierra cada día a unos 500 kilómetros de altura a una distancia entre ellos de 200 kilómetros. Unos dispositivos miden esa distancia de uno a otro con una precisión de una micra (la centésima parte del grosor de un cabello humano). Al sobrevolar, por ejemplo, una zona donde aumenta el campo magnético el satélite que va delante se acelera ligerísimamente, aumentando la distancia con el que va detrás. A partir de este dato los científicos pueden calcular las variaciones de masa que sobrevuelan los artefactos.

Pero son cálculos muy complicados porque la resolución de las observaciones es demasiado grande (unos pocos centenares de metros) para apreciar la diferencia de la señal entre un glaciar pequeño y otro. Gracias a los datos de grandes concentraciones de masas predefinidas, en combinación con información regional de humedad atmosférica, hidrología y datos de modelos, Jacob y sus colegas han podido desvelar la evolución de los glaciares de la Tierra desde 2003 y 2010.

El agua, la ciencia y la vida


El Mundo

Aguas con residuos de fosfoyesos de una fábrica de fertilizantes químicos. | Fotos: H. Garrido.

Aguas con residuos de fosfoyesos de una fábrica de fertilizantes químicos. | Fotos: H. Garrido.

Su fórmula es simple y perfecta: dos átomos de hidrógeno y un átomo de oxígeno unidos mediante un enlace covalente. Ya tenemos “la combinación perfecta para que surja la revolución de la vida”. El agua está presente en todas las formas de vida que conocemos aunque de maneras muy diferentes. En su última exposición, el fotógrafo y divulgador científico Héctor Garrido la retrata en sus diferentes estados y desde múltiples perspectivas para mostrar su estrecha relación con la vida y la ciencia.

La muestra, que se ha inaugurado esta semana en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madridcoincidiendo con la celebración del Día Mundial del Agua, podrá visitarse hasta el 15 de julio. ‘AGUA’ reúne 20 fotografías de gran formato impresas en lienzo procedentes de la Casa de la Ciencia de Sevilla, del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

La acción del hombre queda reflejada en las fotografías, que muestran hasta qué punto la contaminación de acuiferos transforma el paisaje y destruye a los seres vivos. El agua pura y cristalina de los ríos de alta montaña contrasta con los paisajes teñidos de naranja y verde fruto de la filtración de residuos procedentes de minas y fábricas. Por ejemplo, una de las imágenes muestra aguas con residuos de fosfoyesos procedentes de la fabricación de fertilizantes químicos. Éstos contienen isotopos radiactivos, como uranio 238 y otros residuos con elevadas concentraciones en arsénico, cadmio, plomo y zinc. Los ríos se convierten en manchas verdes y azules en los que es imposible la vida.

Otra de las fotografías refleja la acción de las aguas ácidas procedentes de la oxidación de los yacimientos de sulfuros metálicos (sobre todo, pirita) en tres flores de adelfa (‘Nerium oleander’), que muestran varias fases del proceso de oxidación que provoca que se descompongan hasta que se mimetizan con el lecho del río.

Año Internacional de la Química

‘Agua’ es también una de las actividades organizadas en el marco del Año Internacional de la Química así que la muestra explica su relación con esta disciplina. Hasta finales del siglo XVIII los científicos pensaban que el agua era sólo un elemento. Fue un químico inglés, Henry Cavendish, el que averiguó que en realidad, estaba compuesta por hidrógeno y oxígeno. Logró sintetizar agua haciendo detonar una mezcla de oxígeno e hidrógeno en una vasija cerrada.

Es también el disolvente universal ya que todos los gases, así como muchos sólidos y líquidos, se disuelven en ella.

El ser humano la utiliza incluso para producir energía eléctrica y es una parte vital de su organismo. En el cuerpo humano, formado en gran parte por agua, regula la temperatura corporal y está presente en la saliva y en los jugos gástricos que disuelven los alimentos. Conforma el líquido amniótico, que protege el embrión hasta que el bebé nace.

La vida en la Tierra se originó en el agua y está ligada a ella hasta tal punto de que todas las formas de vida que se conocen tienen una estrecha relación con ella. “Nuestro planeta quizás debió llamarse AGUA ya que visto desde el espacio es una enorme gota con algunas tierras emergentes”, señala Héctor Garrido al inicio de la muestra. Precisamente para reforzar el carácter universal del agua, en ninguna de las imágenes se indica el lugar en el que han sido tomadas.

“Agua sobre la superficie del planeta. Agua flotando sobre nosotros en forma de nubes pasajeras. Nubes de presagios. Nubes de recuerdos. Nubes de algodón que forman dragones, rostros, corazones, sueños al fin. Y sueños que a veces son húmedos porque brotan de la humedad que conforma nuestro cuerpo. Que la caren no es otra cosa que mucha agua con un 30% de otras materias. Simplemente agua.

Héctor Garrido.
La exposición ‘Agua’ podrá visitarse hasta el 15 de julio en la sala de Biología del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC).

El agua hallada en la Luna amenaza futuras misiones


El Mundo

  • La Academia China de las Ciencias hace público un estudio en el congreso
  • El agua podría distorsionar los resultados de telescopios instalados en la Luna
  • Las moléculas vaporizadas por la luz solar podrían afectar a las observaciones
  • La sonda lunar china ‘Chang’e-3’, que se lanzará en 2013, podría verse afectada

El descubrimiento reciente de agua en la Luna podría tener un grave impacto sobre los futuros planes de expediciones al satélite, según un estudio de la Academia China de las Ciencias que se ha hecho público durante el Congreso de Ciencia Planetaria de Europa que estos días se celebra en Roma (Italia).

Los científicos han calculado que la dispersión causada por las moléculas vaporizadas por la luz solar podría distorsionar las observaciones de telescopios situados sobre la Luna.

Según explica Zhao Hua, responsable del estudio, “el pasado año los científicos descubrieron un fino rocío de agua que cubría la Luna. Este agua se vaporiza en la luz solar y se descompone por la radiación ultravioleta, formando moléculas de hidrógeno e hidroxilo. Recalculamos la cantidad de moléculas de hidroxilo que podrían estar presentes en la atmósfera lunar y descubrimos que podrían ser dos o tres veces superior a lo pensado”.

Sonda china ‘Chang’e-3’

La investigación tiene implicaciones para la sonda lunar china ‘Chang’e-3’, cuyo lanzamiento está previsto para el 2013. En la sonda se instalará un telescopio astronómico ultravioleta que operará sobre la superficie lunar iluminada por el Sol y que recibirá la energía de paneles solares.

“En ciertas longitudes de onda ultravioletas, las moléculas de hidroxilo producen una clase particular de dispersión en el que los fotones son absorbidos y reemitidos rápidamente. Nuestros cálculos sugieren que esta dispersión contaminará las observaciones de los telescopios por luz solar”, señala Zhao.

El potencial de la Luna como localización para observatorios astronómicos se ha discutido desde la era de la carrera espacial. Los telescopios basados en la Luna podrían tener varias ventajas sobre los localizados en la Tierra, incluyendo el cielo sin nubes y la baja actividad sísmica.

La cara oscura de la Luna podría ser una localización ideal para la radioastronomía ya que está permanentemente libre de interferencias de la Tierra. Las observaciones de radio no se verían afectadas por los niveles de hidroxilo más elevados.

Descubierta una estrella vieja con abundante agua


El Pais

El hallazgo supone un reto para la teoría vigente sobre la química estelar

Una estrella vieja que está a una distancia de unos 500 años luz de la Tierra ha dado una buena sorpresa a los astrónomos que la han estudiado con un telescopio avanzado: el astro, pese a ser rico en carbono, tiene en su atmósfera mucho vapor de agua (a unos 700 grados centígrados de temperatura) en su atmósfera y no debería ser así, según las teorías actuales sobre la química estelar. Lo chocante en este caso es que cuando hay más carbono que oxígeno en un astro, este último tiende a formar monóxido de carbono y apenas se asocia con el hidrógeno para formar agua. La estrella de la sorpresa se llama IRC+10216 y está en la constelación de Leo; su radio es igual a 500 soles y es el objeto extrasolar más brillante del cielo en el infrarrojo; actualmente, una vez consumido su hidrógeno, el astro está consumiendo el helio y convirtiéndolo en carbono también por fusión nuclear. Emite 10.000 veces más energía que el Sol, pero está en una fase del final de su evolución y dentro de miles de años se convertirá en una enana blanca.

La estrella IRC+10216 ha intrigado a los investigadores desde que, en 2001, se detectó por primera vez la presencia de vapor de agua en su envoltura, explica la revista Nature, donde se publica ahora el nuevo hallazgo. Dado que el agua suponía un reto para el conocimiento de la química estelar, se buscaron explicaciones, entre ellas su origen en una nube de cometas helados alrededor de la estrella. Pero en noviembre del año pasado, un equipo internacional liderado por Leen Decin (Universidad Católica de Leuven, Bélgica), utilizó el telescopio Herschel, de la Agencia Europea del Espacio (ESA), para observar el astro en cuestión y los astrónomos descubrieron docenas de firmas del vapor de agua en los análisis de la luz emitida por la estrella, con lo que han podido descartar varias hipótesis sobre su origen, incluida la de los cuerpos helados.

Herschel ha detectado sin lugar a dudas la presencia de agua a muchas longitudes de onda y ahora es posible establecer que la temperatura del vapor de agua es de entre 700 y mil grados centígrados, lo que implica que el vapor de agua se forma en las capas más internas de la atmósfera [del astro] y se distribuye a través del ciento estelar”, explica José Cernicharo (Centro de Astrobiología), uno de los autores del descubrimiento, en un comunicado del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC).

A la vista de estos resultados los expertos formulan nuevas hipótesis para explicar el fenómeno y la idea más plausible es que el vapor de agua se produce por procesos químicos desencadenados por la radiación ultravioleta: los fotones rompen las moléculas de monóxido de carbono y se liberan átomos de oxígeno que pueden asociarse con hidrógeno formando moléculas de agua.

IRC+10216 es un objeto celeste de la Vía Láctea a menudo observado por los astrónomos. La estrella está envuelta por una capa polvorienta con abundantes moléculas complejas (más de 70 diferentes se han identificado), lo que es característico de una rica química del carbono, explica el experto Bengt Gustafsson (Universidad de Upsala, Suecia) en un comentario en Nature acerca del hallazgo de Decin y sus colegas. “Aproximadamente el 50% de las moléculas observadas en astronomía se han detectado en este objeto”, añade.

El telescopio infrarrojo Herschel fue lanzado al espacio en mayo de 2009 y está situado a 1,5 millones de kilómetros de la Tierra, en órbita del punto de equilibro gravitatorio L2.

El corazón acuático de la Luna


EFE – El Mundo

  • El agua estuvo presente desde las primeras etapas de la formación del satélite
  • La cantidad podría ser superior a la que contienen los Grandes Lagos en EEUU

La Luna no sólo no es un satélite seco, como pensamos durante décadas, sino que además el volumen de las moléculas de agua contenidas en los minerales lunares es mucho mayor de lo que se creía hasta ahora y estuvieron presentes desde su formación. Así lo asegura un estudio que publica la revista ‘Proceedings of the National Academy of Sciences’.

Los científicos del Laboratorio Geofísico de la Institución Carnegie calculan que el volumen de las moléculas de agua contenidas en los minerales lunares podría ser superior al agua que contienen los Grandes Lagos, en la frontera entre Estados Unidos y Canadá.

Agregan que sus estudios determinaron que el líquido que es crucial para el desarrollo de vida como la conocemos en la Tierra, estuvo presente en las primeras etapas de la formación del satélite natural y no desapareció totalmente cuando el magma candente comenzó a enfriarse y a cristalizarse.

“Durante más de 40 años pensamos que la Luna era absolutamente seca”, señaló Francis McCubbin, principal autor de la investigación. “En nuestro estudio hemos centrado nuestra atención en el hidroxilo, una molécula compuesta por un átomo de oxígeno y uno de hidrógeno, y en la apatita, un mineral que contiene agua.

Los astronautas de las misiones Apolo de la NASA trajeron muestras de ese mineral encontradas en la superficie del satélite natural. También ha sido detectado en un meteorito de procedencia lunar.

El origen del agua en la Luna

Según la mayoría de los científicos, la Luna se formó como resultado del impacto de un cuerpo del tamaño de Marte sobre la superficie de la Tierra hace unos 4.500 millones de años. El impacto lanzó hacia la órbita terrestre un cuerpo de magma candente que en última instancia se convirtió en lo que es ahora la Luna.

En ese proceso, el agua contenida en el magma desapareció en el vacío cósmico o quedó preservada en la forma de moléculas de hidroxilo de los minerales cristalizados.

Estudios anteriores habían determinado la existencia de agua en otros minerales lunares, pero según la última investigación, la proporción de agua en la forma de hidroxilo fue el doble de lo que se creía hasta ahora.

La identificación de agua en diversos tipos de rocas lunares indica que el líquido puede existir, aunque en bajas concentraciones, en muchos lugares del interior de la Luna, señaló el comunicado de la NASA. Esto permite considerar las implicaciones y el origen del agua en el interior de la Luna.

Un radar de la NASA halla depósitos de agua en el polo norte de la Luna


EFE – El Mundo

  • Se trata de más de 40 cráteres de entre 2 y 15 kilómetros de diámetro
  • Hay al menos 600 millones de toneladas métricas de agua congelada

Un radar de la NASA instalado en el satélite Chandrayaan-1 de la India detectó depósitos de hielo cerca del polo norte de la Luna, según ha informado la agencia espacial estadounidense

Se trata de más de 40 cráteres de entre dos y 15 kilómetros de diámetro, en los que se ha comprobado la existencia de agua congelada.

Aunque la cantidad total del hielo depende de su grosor, se calcula que hay al menos 600 millones de toneladas métricas de agua congelada, añadió.

“El cuadro que surge de las múltiples mediciones y datos de los instrumentos de las misiones lunares indica que en la Luna se está dando la creación de agua, su desplazamiento, depósito y retención”, explicó Paul Spudis, encargado del radar Mini-Sar de la NASA instalado en el satélite indio.

“Estos nuevos descubrimientos demuestran que la Luna es un lugar más interesante…que lo que se había creído hasta ahora”, manifestó.

Durante el año pasado, el radar observó cráteres del lado oculto de la Luna y después de analizarse sus datosm “nuestro equipo científico determinó sólidos indicios sobre la existencia de agua”, indicó Jason Crusan, del directorio de misiones espaciales de la NASA.

Una ’supertierra’ con agua helada y atmósfera


El Mundo

  • Descubren un nuevo planeta extrasolar con hielo en su interior
  • El nuevo mundo fue detectado por ocho pequeños telescopios
  • Tiene la superficie rocosa y una atmósfera muy gruesa

Los astrónomos acaban el Año Internacional de la Astronomía con un gran hallazgo: un planeta fuera del Sistema Solar de un tamaño similar a la Tierra que tiene atmósfera, superficie rocosa y un corazón de hielo. Es el GJ1214b y ha sido localizado gracias a ocho pequeños telescopios como los que utilizan los aficionados y al instrumento ARPS, del Observatorio Meridional Europeo (ESO).

El astro, cuyo hallazgo se publica en ‘Nature’, se encuentra a 40 años luz del Sol (muy cerca en términos cósmicos) y está orbitando en torno a una estrella enana roja cinco veces más pequeña que la nuestra.

El planeta, que orbita a su estrella cada 38 horas, se estima que tiene una temperatura en su superficie de unos 200º C, demasido caliente para albergar vida, aunque se encuentra en una órbita que sí podría ser habitable.

Su masa es 6,5 mayor que la Tierra y su radio supera el de nuestro planeta en 2,7 veces, por lo que el GJ1214b es el segundo mundo más pequeño que los astrónomos han descubierto. El anterior fue el CoRoT7b, un planeta también rocoso, pero mucho más caliente que éste, que se localizó este año desde un satélite espacial.

Zachory Berta, un estudiante del Centro de Astrofísica Smithsonian de Harvard, fue el primero en detectar la ‘supertierra’. “A pesar de su elevada temperatura parece ser un mundo de agua y el más parecido a la Tierra de los exoplanetas que se conocen“, asegura.

Altas temperaturas

Se sabe que su atmósfera es demasiado densa, de unos 200 kilómetros. David Charbonneau, que dirigió la investigación, apunta que se puede deber a que el agua será gasesosa por las altas temperaturas. Al ser tan gruesa, habrá una gran presión y falta de luz en la superficie, lo que hace imposible la vida como la conocemos en la Tierra aunque, precisa, “son condiciones que podrían permitir cierta química compleja”.

Los astrónomos creen que el nuevo planeta extrasolar está compuesto en sus tres cuartas partes de agua helada en su interior, y que el resto es silicio y hierro. Su siguiente paso es tratar de caracterizar su atmósfera, para lo cual esperan contar con el telescopio Hubble de la NASA, que ya realiza observaciones a esa distancia.

El GJ1214b fue localizado dentro del llamado Proyecto MEarth, formado por ocho telescopios de sólo 40 centímetros de diámetro. El método consiste en buscar cambios en el brillo en las estrellas que indiquen que un planeta está pasando frente a ella, es decir, un tránsito. Es lo mismo que, desde el espacio, hace el telescopio Kepler, aunque con una precisión mucho mayor que la que se consigue en Tierra.

Como las enanas rojas tienen un brillo muy débil es más fácil detectar sus planetas desde la superficie terrestre. En este caso, la GJ1214 es cinco veces más pequeña que y 300 veces menos brillante que el Sol, por lo cual se encuenrra en este caso.

Para confirmar el tamaño y la masa del nuevo planeta, los astrónomos necesitaron la precisión del espectógrafo ARPS, de 3,6 metros de diámetro, que la ESO tiene instalado en el observatorio de La Silla (en Chile).

Una sonda de la NASA descubre ‘grandes cantidades’ de agua en la Luna


El Mundo

Una sonda de la NASA descubre ‘grandes cantidades’ de agua en la Luna

La NASA ha anunciado que los impactos provocados por su sonda LCROSS han permitido detectar grandes cantidades de agua en la Luna.

“Sí, hemos encontrado agua”, ha declarado Anthony Colaprete, el investigador principal de la misión.

El anuncio de la NASA se produce meses después de que un instrumento de la agencia espacial estadounidense a bordo de la sonda india Chandrayaan-1 detectara indicios de agua en la superficie lunar.

El mes pasado, la nave LCROSS chocó contra un cráter en la superficie de la Luna cerca de su polo sur. El impacto provocó un inmenso agujero de entre 20 y 30 metros de ancho, y sacó a la superficie más de 100 litros de agua.

“Hemos conseguido mucho más que oler el rastro del agua”, asegura Peter H. Schulz, un profesor de ciencias geológicas que ha participado en la misión. “Prácticamente hemos logrado saborearla gracias al impacto”.

El impacto de la misión sobre el crater Cabeus, situado cerca del polo Sur lunar, levantó dos porciones de materiales. Una primera formada por minerales y polvo del fondo del cráter y otra posterior formada por materiales que no habían visto la luz del Sol durante cientos de miles de años.

“Estamos desenmascarando misterios de nuestro vecino más cercano y, por extensión, del Sistema Solar”, asegura Michael Wargo, científico jefe de la división lunar de la NASA.

Las regiones sombreadas de la Luna podrían albergar la clave de la historia y de la evolución del Sistema Solar, de la misma forma que los testigos de hielo tomados en la Tierra pueden revelar datos importantes de hace millones de años, según asegura la NASA en un comunicado.

Los científicos planetarios llevan más de una década viendo pruebas indirectas de la presencia de agua en el fondo de los cráteres lunares a los que nunca llega la luz solar. La misión LCROSS estaba formada por dos naves, una de ellas era el cohete que penetró en la superficie lunar y la otra es una pequeña estación que recibe y anota datos sobre los resultados del impacto.

El descubrimiento de agua en la Luna proviene de ligeros cambios en el espectro de color detectados por las equipaciones científicas de esta nave de recepción de datos. Gracias a la gran sensibilidad de estos sensores se ha podido demostrar la presencia de agua en el satélite.

La NASA concluye con éxito sus impactos en la Luna para buscar agua


El Pais

La confirmación de hielo en los penachos de polvo y sedimentos levantados por los impactos es el objetivo de la misión

Un satélite de observación lunar se dividió en dos partes este viernes, que se estrellaron sucesivamente en la superficie de la Luna. El objetivo de esta maniobra es buscar la existencia de agua de hielo en los penachos de polvo causados por los impactos. El lugar elegido para éstos fue el cráter Cabeus, cerca del polo Sur lunar y en sombra permanente.

A pesar de que ya tienen todos los datos en bruto de los instrumentos del satélite, los científicos del equipo han señalado que no van a decir nada sobre si se confirma o no la existencia de agua en la Luna mientras no reciban los datos de otros observatorios terrestres y espaciales, como el telescopio Hubble. Estudiarán todos ellos en detalle y en conjunto hasta alcanzar una conclusión firme, lo cual puede demorarse varias semanas.

La nave LCROSS fue lanzada el pasado 18 de junio en compañía de otro satélite, el Lunar Reconnaissance Orbiter, que se encuentra ahora en órbita de la Luna. “Los instrumentos de LCROSS funcionaron perfectamente y han proporcionado gran cantidad de datos”, ha señalado Anthony Colaprete, director científico del proyecto.

LCROSS y la última etapa (ya vacía) del cohete que lo lanzó se separaron horas antes del primer impacto, el de la etapa del cohete, que se produjo a las 13.31 (hora peninsular). Cinco minutos más tarde, la parte con los instrumentos se suicidó igualmente.