El preso nazi 4.474


El Mundo

  • Un despacho de abogados dirige una demanda contra Alemania para que indemnicen a la familia de José Martí, un paternero ejecutado en la cámara de gas de Gusen
  • ‘Mi tío, fuera rojo o colorado, era español. Y tiene que reconocerse su sufrimiento’
    Sabemos del dolor de José por los supervivientes. Nadie nos notificó su muerte

Sabemos del dolor de José por los supervivientes. Nadie nos notificó su muerte

La mesa de un céntrico despacho de abogados de Valencia reúne a siete sobrinos de José Martí Oliva, un valenciano que dejó atrás su casa huyendo del bando nacional, buscando la libertad. Nunca volvió. Fue el prisionero 4.474 de los nazis, primero lo enviaron al campo de concentración de Mauthausen y más tarde a Gusen, donde murió dentro de una cámara de gas porque ya no valía para trabajar. Estaba herido y no era útil para los nazis, molestaba.

Hasta 2008 sus sobrinos no tuvieron ninguna comunicación oficial de su muerte, Francia fue el país que les informó, 67 años después, de que a José Martí lo asesinaron los nazis el día de Navidad del año 1941. Conocían lo que allí ocurrió pero por boca de los valencianos que sí consiguieron escapar. Ahora han emprendido una batalla legal, coordinados por el despacho de abogados de José Domingo Monforte, para que Alemania les indemnice alegando que no se acogieron al plan puesto en marcha en los años 60 para compensar a las víctimas del Holocausto porque desconocían el trágico desenlace de José. No quieren el dinero, si les conceden la ayuda la donarán, sólo buscan que la vida de José no quede en el olvido: «Mi tío, fuera rojo o colorado, era español. Y tiene que reconocerse su sufrimiento». De momento ya han conseguido algo: el recuerdo de José ha unido a la familia más que nunca.

‘Nuestro ordenamiento jurídico no regula de forma directa estas indemnizaciones’

La historia de José empieza a escribirse el 5 de febrero de 1910 cuando nace en Paterna, un municipio próximo a Valencia. España entra en guerra y se alista en el bando republicano, en la compañía de Lister. Durante la Batalla del Ebro, una de las más largas y sangrientas, cae herido. Es trasladado al hospital de Mislata y allí, mientras cicatrizan sus heridas, conoce el final de la guerra y la derrota de los suyos. La victoria de las tropas de Franco le sitúan en la diana de la persecución política. Escapó a Alicante en busca de un barco que le sacaría del país pero ese barco nunca llegó, y de ahí emprendió un viaje a pie, herido, hacia Francia a través de los Pirineos. Se fue con las tropas de Lister para combatir en territorio francés contra el ejército alemán y volver al campo de batalla. Continúa la lucha pero esta vez en el escenario de la Segunda Guerra Mundial.

En Francia cae prisionero de las tropas de Hitler y emprende un camino hacia Austria, al campo de concentración de Mauthausen, y más tarde a Gusen. «Sabemos de los sufrimientos que padeció allí José gracias al testimonio de otros dos paterneros, Miquel Liern y Manuel Peris, que compartieron con él la angustia del encierro, la tortura, el hambre y los trabajos forzosos», cuenta la familia. A diferencia de José sí consiguieron salir vivos de aquel infierno.

Ellos contaron que José fue obligado a trabajar en una cantera, portaba mochilas cargadas con piedras. Su salud era débil, muy débil, la cojera de la pierna le hacía muy difícil el trabajo. La escasez de comida, de descanso, de medicinas, le fue debilitando. Ya no era útil para los nazis. Siete meses después de su ingreso en el campo de concentración fue ejecutado en la cámara de gas. Tenía 30 años. Todo lo demás es ausencia para la familia.

Su muerte quedó registrada porque el prisionero que se encargaba de hacer un listado de altas y bajas en el campo de concentración hizo una copia de esa lista negra y la escondió. Allí estaba el nombre de José. «Nunca pudimos recuperar su cuerpo, no tenemos siquiera una tumba donde llorarle». Es Amparo Soler, la sobrina mayor de José. «Mi abuela esperaba su regreso. Nadie le notificó oficialmente su muerte. Si no llega a ser por los dos supervivientes del pueblo, no habría conocido el final de su hijo. Mi tío les pidió que contarán su historia y ellos cumplieron su palabra».

La madre de José llamó a algunas puertas, pidió en su día que se le compensará por tanto sufrimiento, pero no se dirigió a las administraciones adecuadas, eran otros tiempos. Hoy sus nietos continúan con su lucha.

José Domingo Monforte es su abogado, dirige uno de los despachos de abogados más prestigiosos de Valencia. Este jurista ha iniciado una investigación jurídico-legal para conocer y, en su caso, solicitar todas las compensaciones que puedan corresponder a las víctimas y perjudicados por los crímenes de la Segunda Guerra Mundial. De momento cuenta con la ayuda de la embajada española en Berlín.

«Es una tarea complicada porque en nuestro ordenamiento jurídico estas indemnizaciones no se regulan de forma directa como ocurre en otras legislaciones extranjeras. Y los demandantes son sobrinos, José nunca tuvo hijos y sus padres ya han fallecido». Pero no se rinde: «Intentaremos dar visibilidad a la historia de José, a su sufrimiento y al de su familia y agotaremos todas las vías posibles para que su encarcelamiento, tortura y muerte no queden impunes».