Historia y Rutas de Escalada del K2


El K2 es una montaña del continente asiático, situada en la cordillera del Karakorum. Es la segunda más alta del mundo con sus 8.611 m de altura máxima sobre el nivel del mar, sólo superada por el monte Everest. Está ubicada en Pakistán, cerca de la frontera con China, es también conocida como Dapsang (‘Pico Escondido’), y antiguamente como monte Godwin-Austen, nombre que recuerda al coronel H. H. Godwin Austen, primer topógrafo del monte. La actual denominación de K2 se explica porque fue el segundo monte de la cordillera del Karakorum del que se tomaron sus dimensiones aproximadas. La montaña fue originariamente descubierta a mediados del siglo XIX por el coronel T.G. Montgomery, del Instituto de planimetría de la India.

Una expedición italiana finalmente consiguió su objetivo el 31 de julio de 1954.

 

Aparece salpicado por diversos glaciares, algunos de ellos tributarios del Baltoro. Su cima fue alcanzada por primera vez en 1954 por una expedición italiana dirigida por el geólogo, paleontólogo, geógrafo y escritor Ardito Desio (1897-2001). Está considerada en el mundo del alpinismo como la montaña más peligrosa y difícil de escalar, de hecho en el intento de conquistar su cima han perdido la vida varios montañeros. En agosto de 1995 se produjo una de las mayores tragedias ocurridas en sus faldas: una tormenta de viento se llevó consigo a seis miembros de varias expediciones cuando iniciaban el descenso después de haber alcanzado la cumbre.

Historia

La montaña fue registrada en 1856 por un equipo topográfico europeo dirigido por el británico Henry Haversham Godwin-Austen. Thomas George Montgomerie, un miembro del equipo la llamó “K2” por ser el segundo pico del Karakórum. Las otras montañas importantes fueron llamadas originalmente K1, K3, K4, y K5, pero fueron posteriormente renombradas a, respectivamente, Masherbrum, Broad Peak, Gasherbrum II y Gasherbrum I.

El primer intento serio de ascensión fue organizado en 1902 por Oscar Eckstein y Aleister Crowley pero, después de varios intentos, ningún miembro de la expedición consiguió alcanzar la cima, posiblemente, por una combinación de falta de entrenamiento físico, conflictos personales y condiciones meteorológicas desfavorables. De los 68 días pasados en el K2 (en aquel momento un récord de permanencia en altitud) sólo 8 fueron de tiempo claro. Consiguieron llegar hasta los 6.500 metros por la arista NE.

Además, hubo varios intentos posteriores sin éxito. La expedición de 1909 dirigida por Luis Amadeo de Saboya, Duque de los Abruzos, alcanzó una altitud de 6666 metros en lo que hoy se conoce como el espolón de los Abruzos, que el propio Luis Amadeo reconoció como la ruta más accesible, por el espolón sudoeste, y que es la vía más habitual actualmente. Poco después, el mismo equipo intenta escalar el cercano Chogolisa, de 7654 m, llegando hasta los 7500 m cuando el mal tiempo los obligó a regresar. Durante más de 10 años esa será la máxima altura alcanzada por un ser humano.

Tras una expedición fallida en 1934, Charles Houston (que ya habría liderado junto con Tilman la expedición al Nanda Devi en 1936 y liderará la expedición de 1950 al Everest por la vía sur) lidera en 1938 una expedición estadounidense que llega a los 7900 m. Bill House, superando la complicada chimenea que lleva su nombre.

En la expedición estadounidense de 1939, liderada por Fritz Wissner, mueren Dudley Wolfe y los sherpas Pasang Kikuli, Pasang Kitar y Pintso en el espolón de Abruzzos; son las cuatro primeras víctimas del K2. Ésta fue la primera expedición que estuvo cerca de coronar la cima, ya que Wiessner, junto a un nativo rebasó los 8300 m, superando así las mayores dificultades técnicas de la ruta del espolón de los Abruzzos.

La expedición de 1953 está de nuevo dirigida por Charles Houston. Cuando el equipo se encuentra a 7800 m, el tiempo empeora, y la tormenta les obliga a permanecer 10 días a esa altura, durante los cuales Art Gilkey enferma. Durante el desesperado descenso, todo el equipo estuvo a punto de despeñarse, siendo salvados por Pete Schoening. Gilkey no volvió a aparecer: bien desapareció en una avalancha, bien de forma voluntaria para evitar ser una carga para los demás miembros del equipo.

Una expedición italiana finalmente consiguió su objetivo el 31 de julio de 1954. La expedición fue dirigida por Ardito Desio, aunque los dos escaladores que alcanzaron la cima fueron Lino Lacedelli y Achille Compagnoni.

El equipo incluía un miembro pakistaní, el Coronel Muhammad Ata-ullah que había participado en la expedición estadounidense anterior, que no consiguió alcanzar la cima, y en la que murió Art Gilkey. También participaron en la expedición el famoso escalador italiano Walter Bonatti y el porteador pakistaní Hunza Mahdi, cuya labor en el traslado de botellas de oxígeno resultó vital para el éxito de la expedición, en la que debieron efectuar un vivac a 8100 metros debido a un malentendido con Lacedelli y Compagnoni. Esta acampada al aire libre y a esa altura escribiría otro capítulo en la historia del alpinismo en el Himalaya.

El 9 de agosto de 1977, 23 años después de la expedición italiana, Ichiro Yoshizawa dirigió la segunda ascensión a la cima que culminó con éxito, con Ashraf Amman como el primer escalador pakistaní. La expedición ascendió por el Espolón de los Abruzzos, abierto por los italianos, y utilizó hasta 1.500 porteadores para conseguir su objetivo.

1978 fue el año de la tercera ascensión, esta vez por una nueva ruta, la larga arista este (al final de la vía se atraviesa hacia la izquierda sobre la cara este para evitar un precipicio y se une con la parte alta de la vía de los Abruzos). Esta ascensión fue realizada por un equipo estadounidense, dirigido por el renombrado James Whittaker (primer estadounidense que escaló el Everest). El resto del equipo estaba compuesto por Louis Reichardt, James Wickwire, John Roskelley y Rick Ridgeway. Wickwire soportó una noche en vivac, 150 metros por debajo de la cima, a una altura en la que nadie antes había permanecido una noche. La ascensión tuvo una gran importancia para el equipo estadounidense, ya que significó completar la tarea iniciada en 1938, 40 años antes.

La cuarta ascensión absoluta a la cima tiene lugar en 1979 por la expedición dirigida por Reinhold Messner. Tras rechazar por su enorme dificultad la ruta conocida como “Magic Line”, usan la ruta habitual del espolón de los Abruzzos.

En 1981 una expedición japonesa alcanza la cima por la arista suroeste abriendo una nueva vía (anteriormente en esta ruta habían fracasado dos expediciones británicas dirigidas por Chris Bonington). En esta expedición se alcanza por primera vez la punta oeste del K2 (8230 m), que no es considerada una cumbre secundaria.

Otra notable ascensión fue la realizada por una nueva expedición japonesa que llegó a la cima por la difícil arista norte (ver descripción de rutas más adelante), desde la parte china de la montaña, en 1982. El equipo de la “Asociación de Montañismo de Japón” dirigido por Iso Shinkai y Masatsugo Konishi puso tres miembros en la cima, Naoe Sakashita, Hiroshi Yoshino, y Yukihiro Yanagisawa, el 14 de agosto. Sin embargo, Yanagisawa murió al caerse durante el descenso. Otros cuatro miembros alcanzaron la cima al día siguiente.

En 1983 tienen lugar las dos primeras expediciones españolas (ambas sin éxito): una expedición Navarra por el espolón de los Abruzzos, y otra de Al filo de lo imposible que alcanza los 8.250 m. por la vía japonesa de la cara oeste.

En el año 1986 el ascenso a la montaña se populariza: además de varias ascensiones por el espolón de los Abruzzos (una de ellas lleva a la cumbre a los 2 primeros españoles en conseguirlo, Mari Abrego y José María Casimiro), Jerzy Kukuczka y Tadeusz Piotrowski abren la cara sur por el espolón central (aunque Piotrowski fallecerá durante el descenso), una expedición checo-polaca consigue llegar a la cima por la “Magic Line” del espolón SSO y Tomo Cesen abre inaugurando en solitario el pilar derecho de la cara sur, ruta que aún lleva su nombre. Además, Wanda Rutkiewicz y Liliane Barrard se convierten en las primeras mujeres en llegar a la cima. A pesar de los éxitos, resulta un año muy trágico (ver La Tragedia del K2), ya que fallecen 13 alpinistas: los estadounidenses Alan Pennington y John Smolich, los franceses Liliane y Maurice Barrard, el italiano Renato Casarotto, los polacos Dobroslawa Wolf, Tadeusz Piotrowski y Woiciech Wröz, el pakistaní Mohammed Ali, los austriacos Alfred Imitzer y Hannes Wieser y los ingleses Alan Rouse y Julie Tullis. Kurt Diemberger lo relata en su libro “K2, nudo y destino”.

En 1995, tras hacer cima, el brusco cambio de las condiciones atmosféricas sorprende a la cordada aragonesa formada por Javier Escartín, Javier Olivar y Lorenzo Ortiz. Fallecieron los tres. También mueren la británica Alison Heargraves, el neozelandés Bruce Grant y el canadiense Jeff Lakes.

La escalada del K2 más importante realizada por alpinistas españoles fue en el año 2004, cuando una cordada catalana integrada por Oscar Cadiach, Manel de la Matta y Jordi Corominas ascendieron por la “Magic Line”, la segunda ruta más difícil y peligrosa de la montaña (calificada por Reinhold Messner como “ruta suicida”) y que solamente había sido subida una vez anterior. La cima fue alcanzada por Jordi Corominas, que realizó el descenso por la más habitual vía de los Abruzzos, mientras que Manel de la Matta falleció de agotamiento (posiblemente complicada por peritonitis) bajando la “Magic Line” conjuntamente con Cadiach.

Hoy en día, la montaña ha sido escalada por todas sus aristas. Aunque la montaña es de menor altura que el Everest se considera que es más difícil de ascender por su terrible climatología y su mayor altura comparativa respecto al terreno circundante. Se dice que la montaña representa la escalada más difícil de mundo, de ahí su sobrenombre de “La Montaña Salvaje”. Hasta agosto de 2004, sólo 246 personas han conseguido ascenderla,​ sin comparación con las 2238 que han logrado subir al Everest. Al menos 56 personas han muerto en el intento. 13 montañeros de distintas expediciones murieron en 1986 en la que ha sido la peor temporada hasta la fecha, denominada “La Tragedia del K2”.

La leyenda dice que el K2 tiene una maldición para las mujeres. La primera mujer en alcanzar la cumbre fue Wanda Rutkiewicz de Polonia en 1986. Las siguientes cinco mujeres en alcanzar la cumbre han muerto (tres de ellas en el descenso y las otras dos ascendiendo otros ochomiles). Rutkiewicz también murió en el Kangchenjunga en 1992. Sin embargo, la maldición parece haberse roto en 2004 cuando la española Edurne Pasabándescendió con éxito, aunque a costa de perder por congelación dos falanges de los dedos del pie, que debieron ser amputados. De nuevo en 2006, Nives Meroi de Italia y Yuka Komatsu de Japón consiguieron ser, respectivamente, la séptima y octava mujeres en alcanzar y descender el K2.

Gran parte de los ascensos al K2 se han realizado sin utilizar oxígeno, normalmente por expediciones ligeras en estilo alpino,​ sin embargo, en la temporada 2004 hubo un gran incremento en el uso de oxígeno: 28 de los 47 ascensos se realizaron con oxígeno ese año.​ Sólo ha habido tres montañeros en la historia que han sido capaces de subir esta montaña mítica en dos ocasiones, entre ellos el español Juanito Oiarzabal.

Accidentes notables

Al margen de la terrible Tragedia del K2, ocurrida en 1986 y ya mencionada con anterioridad, el 2 de agosto de 2008, once expedicionarios perdieron la vida cuando bajaban al campo base, cuando se les vino encima un alud de nieve que terminó por arrastrarlos y sepultarlos.

 

El Tío Sam te necesita


El Tío Sam es un apodo y a la vez una caricatura con las que se personifica al gobierno de los Estados Unidos de América y que, fuera de sus fronteras, se utiliza para referirse al país en su conjunto.

El origen del Tío Sam parece estar asociado a la biografía de Sam Wilson, un empaquetador de carne que vivía y trabajaba en Troy (Nueva York) en los años en los que tuvo lugar la Guerra anglo-estadounidense. La carne se empaquetaba en barriles que llevaban estampadas las siglas US, correspondientes al apodo de Wilson, uncle Sam (‘tío Sam’). Gracias a esta ración adicional de carne, los soldados del frente reponían las fuerzas que el rancho reglamentario no les proporcionaba. La historia cobró pronto dimensiones épicas en la imaginación de la soldadesca, hasta el punto de crear un personaje de larga barba blanca y chaqueta azul y blanca que reconfortaba sus penurias en la batalla.

A esta historia le acompaña otra paralela, según la cual el apodo deriva del rótulo que llevaban los contenedores de munición de dicha contienda, en los que aparecían las siglas de la denominación del Estado, United States of America (‘Estados Unidos de América’), es decir, U.S.A., y de ahí U.S.Am o Uncle Sam (‘Tío Sam’).

Cartel de J.M. Flagg, 1917, basado en el poster original británico de Lord Kitchener, tres años anterior. Esta propaganda ha sido masivamente utilizada para reclutar soldados, tanto durante la Primera Guerra Mundial como para la Segunda.

Sea como fuere, Sam Wilson murió el 31 de julio de 1854 y fue enterrado en el cementerio de su localidad natal de Troy. Sin embargo, la figura que de él se creó sobrevivió a su memoria hasta el punto de convertirse en un símbolo tan estadounidense como la bandera de las barras y estrellas o el pigargo cabeciblanco. Su primera aparición en la prensa data de 1832, cuando fue utilizada su imagen en tiras que fueron incluidas en varias publicaciones durante este año; en ellas, se representaba a un personaje con rostro astuto vestido con un atuendo de barras y estrellas, probablemente inspirado en el personaje del hermano Jonathan de la obra The Constrast (‘El contraste’, 1787) de Royall Tyler.

El Tío Sam fue un icono muy utilizado durante los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX por los caricaturistas políticos y humoristas. El personaje se enfrentaba durante este período de chauvinismo y fanatismo patriótico (que, por otra parte, no disminuyó en intensidad pasado el tiempo) contra otros que representaban a minorías raciales o culturales contra las que se dirigían los ataques racistas de los caricaturistas. Así, el Tío Sam, gordo y opulento, tiene como contrapartida a John Bull (el spanish toreador, un español caricaturizado como un torero enjuto, tosco de modales y de expresión dura y facciones afiladas), Black Mammy (una obesa matrona negra, la cual influyó con toda seguridad en el estereotipo de criada negra del cine de la era dorada de Hollywood, como, por ejemplo, en Lo que el viento se llevó), el “irish paddy” (caricatura de los irlandeses venidos desde Europa), el organillero italiano o, más adelante en el tiempo, el oso ruso, el chino mandarín, el bandido mexicano, el mafioso italiano o el prestamista judío. Los dibujantes que utilizaron con más profusión al Tío Sam en esta época fueron Joseph Keppler, C. J. Taylor, C. Kirby y Rodney Thompson, todos ellos dibujantes de la revista Puck.

El icono fue conformándose durante el siglo XX en un personaje de pequeña barba, sombrero de copa con una banda en la que destaca una estrella y una larga americana, el cual dirige su mirada firme al espectador, como inquiriéndole para que cumpla con su deber, incluso señalando con su dedo índice. De hecho, fue utilizado con asiduidad como propaganda en posters de reclutamiento, para recordar a los jóvenes de distintas épocas su deber de defender a la patria y de alistarse en el ejército en algunas de las guerras que los Estados Unidos protagonizaran durante la pasada centuria.

El 87º Congreso de los Estados Unidos, celebrado el 15 de septiembre de 1961, adoptó la siguiente resolución: “Resuelto por el Senado y la Cámara de Representantes que el Congreso reconoce a Tío Sam Wilson, Nueva York, como el progenitor del símbolo nacional americano del Tío Sam”, lo que suponía su adopción como símbolo nacional.

1938 – Batalla del Ebro


A las 00:15 del 25 de julio, en una noche sin luna, las unidades republicanas empezaron a cruzar el Ebro. Las unidades que mandaba Tagüeñaatravesaron el río entre las poblaciones de Mequinenza y Ascó, mientras que Líster y su V Cuerpo de Ejército empezaron a cruzar el río por dieciséis puntos distintos comprendidos entre Benisanet y Amposta, situada ésta 50 kilómetros al sur de la zona principal del ataque.5 Para la operación se habían reunido unas 90 barcas (cada una de ellas transportaba 10 hombres), tres puentes de pontones y doce más de otro tipo. A esta fuerza inicial de asalto le seguían 22 tanques T-26 y cuatro compañías de carros blindados, para el apoyo de la infantería republicana. La primera unidad del cuerpo de ejército de Líster que alcanzó la orilla enemiga fue el BatallónHans Beimler de la XI Brigada Internacional, formada ésta por alemanes,escandinavos y catalanes.5 La 46.ª División también cruzó el río menos su jefe, Valentín González. Aunque argumentó que estaba enfermo, su superior,Líster, le visitó en su puesto de mando y después diría que solo le había entrado un ataque de pánico ante la idea de cruzar el río; Fue relevado del mando y Domiciano Leal le sustituyó en el mando de la división.6 Así pues, los primeros movimientos republicanos se desarrollaban según lo previsto, sin grandes dificultades.

La otra orilla del Ebro, desde Mequinenza hasta el mar, estaba custodiada por Cuerpo de Ejército Marroquí al mando de Yagüe. La 50.ª División estaba custodiando gran parte del curso del Ebro que estaba siendo atacado por los republicanos; Los oficiales de la división, al mando del Coronel Campo, habían informado durante largo tiempo de que a lo largo de la orilla opuesta se hallaban concentradas tropas enemigas selectas, pero el alto mando había hecho caso omiso de estas advertencias.7 nota 4 Cuando los republicanos atacaron se hizo en medio de la completa sorpresa de los defensores, que se retiraron entre algunos casos de pánico y, en general, en completa desorganización. En el caso de las tropas moras, la situación era todavía menos halagüeña, porque la fama de sanguinarios que venían labrándose desde el comienzo de la guerra les garantizaba el pelotón de fusilamiento en caso de ser capturados.8 Entre las soldados españoles del ejército franquista que habían sido capturados se comprueba que los soldados rojos no son la bestia negra que había hecho creer la propaganda en la zona sublevada (pues estaba muy extendida la idea del fusilamiento inmediato en caso de caer prisionero de los republicanos). A las dos y media de la madrugada el Coronel Peñarredonda, a cargo del sector de Mora de Ebro, informó a su superior, el general Yagüe, que los republicanos habían cruzado el Ebro a gran escala. Algunos hombres bajo su mando estaban oyendo tiroteos procedentes de la retaguardia, mientras él y el cuartel General de la División ya habían perdido contacto con los flancos.

Asimismo, y con el objeto de distraer la atención del enemigo, se realizaron otros dos pasos menores. Uno de estos fue lanzado al norte de la zona de cruce principal del XV Cuerpo de Ejército, a cargo de la 42.ª División. Con sus 9.500 hombres, la división cruza el río entre Mequinenza y Fayón, logra establecer una cabeza de puente y en un rápido avance sus tropas llegan hasta las elevaciones de los Auts, capturando a un regimiento de infantería que se rinde prácticamente sin luchar. No obstante, aunque han logrado cortar la carretera que une Fayón con Mequinenza, debido a la fuerte reacción de los “nacionales” en esta zona y a la total carencia de apoyo artillero, los republicanos no consiguen la toma de ninguno de estos dos pueblos y quedan frenados en su avance. Al final terminará formándose una estrecha bolsa de 15 km. de profundidad, con el río a sus espaldas y prácticamente aislados del resto del XV Cuerpo de “jército.

Por el sur se lanzó otro, concretamente en el sector de Amposta (50 km. al sur de la acción principal) a cargo de la XIV Brigada Internacional, perteneciente a la 45.ª División. Los interbrigadistas que cruzaron el río se encontraron con las fuerzas de la aguerrida 105.ª División franquista mandada por el coronel López Bravo. No obstante, aunque este ataque resultó fallido, se consideraba un avance de importancia secundaria.7 Al ser prematuramente descubierto por los nacionales, tuvieron un gran número de bajas. A pesar de todo, allí los combates se prolongaron durante 18 horas más, pasadas las cuales los brigadistas que seguían resistiendo se retiraron desordenadamente cruzando el río con los medios a su alcance y dejando tras de sí 600 muertos y gran cantidad de material. El Comisario político de la Brigada Henri Rol-Tanguy (posterior líder de la resistencia francesa en París durante la II Guerra Mundial) fue herido pero logró volver nadando a la orilla republicana.

Río arriba, las primeras fases del ataque dieron resultado positivo. Todos los pueblos ribereños del Ebro, situados en el sector central del frente, fueron ocupados al amanecer y se formaron dos cabezas de puente de grandes proporciones. Los que cruzaron el río, entre ellos la XV Brigada Internacional, siguieron avanzando tierra adentro, a fin de rodear por los flancos y cercar a las desmoralizadas tropas de Peñarredonda. Al amanecer del 25 de julio, éste fue autorizado a retroceder con todos los hombres que pudiera llevar consigo. En el norte, la 42.ª División había avanzado unos 15 kilómetros desde el Ebro, asegurando su cabeza de puente. En la zona delXV Cuerpo de Ejército, Tagüeña y sus hombres habían logrado crear una profunda cabeza de puente. Más al sur, Líster avanzó 50 kilómetros, llegando hasta la pequeña localidad de Gandesa (en1937 tenía 3396 habitantes). Fueron capturados todos los puntos de observación importantes situados en las montañas, entre Gandesa y el Ebro. Por otro lado, se produjeron numerosas deserciones entre las tropas sublevadas y 5000 soldados franquistas cayeron prisioneros.10 Las fuerzas republicanas siguieron avanzando hasta llegar a las poblaciones de Gandesa y Villalba de los Arcos, núcleos donde se había atrincherado la defensa principal franquista; La batalla principal tuvo lugar en Gandesa.

Ante la dificultad por contener la avalancha republicana, Franco ordenó que acudieran divisiones de otros sectores, especialmente del Frente de Levante (donde se estaba desarrollando una encarnizada batalla para conquistar Valencia) pero incluso desde Andalucía.9 Así pues, las tropas nacionales debieron paralizar sus operaciones en el frente del Levante; con ello, los republicanos logran su primer objetivo. La operación constituyó, sin duda un hecho audaz y sorprendente, ya que en los tratados de táctica militar los ríos caudalosos como el Ebro eran considerados poco menos que barreras infranqueables.

Batalla del Ebro

Parte de: Guerra Civil Española

Fecha

25 de Julio 16 de Noviembre de1938

Lugar

Rio Ebro, España

Resultado

Decisiva victoria del bando franquista

Beligerantes

II Republica Española

Bando Nacional

Comandantes

Juan Modesto

Enrique Lister

Manuel Tagüeña

Etelvino Vega

Juan Yagüe

Rafael Garcia Valiño

Fuerzas en combate

100.000

98.000

Bajas

10.000 muertos
34.000 heridos
19.563 prisioneros
200 aviones derribados

6.500 muertos
30.000 heridos
5.000 prisioneros

711 – Batalla de Guadalete


La batalla de Guadalete es el nombre con el que se conoce una batalla que, según la historiografía tradicionalmente admitida, basada en crónicas árabes de los siglos X y XI, tuvo lugar en la península ibérica entre el 19 y el 26 de julio de 711 cerca del río Guadalete (Bética) y cuyas consecuencias fueron decisivas para el futuro de la península. En ella el rey godo Rodrigo fué derrotado y probablemente perdió la vida a manos de las fuerzas musulmanas comandadas por Táriq ibn Ziyad. La derrota fue tan completa que supuso el final del estado visigodo en la península ibérica.

Algunos estudiosos contemporáneos negaron la ubicación tradicional de la batalla y sostuvieron que tuvo lugar entre Medina-Sidonia y la laguna de La Janda, lo que hizo que en tiempos más recientes se haya conocido también como Batalla de la laguna de La Janda o del río Barbate. Sin embargo, Sánchez Albornoz, que reconstruyó los hechos a partir de los archivos cristianos y las crónicas árabes, aportó nuevos datos y testimonios que respaldaban que Wadilakka era efectivamente el río Guadalete, cerca de la despoblada ciudad de Lacea, precisamente donde los antiguos habían situado el encuentro bélico.

La batalla

De acuerdo con las fuentes disponibles, el caudillo Táriq estaba bajo las órdenes de Musa ibn Nusair , gobernador del norte de África , el cual en connivencia con el conde de Ceuta Don Julián , gobernador y vasallo de Don Rodrigo pero con lazos de fidelidad con el anterior rey Witiza (tras la muerte de Witiza comenzó una guerra de sucesión y los musulmanes llegaron a la península en apoyo a los hijos de Witiza), habría planeado la invasión de península ibérica , facilitándole el cruce del estrecho de Gibraltar en la noche del 27 al 28 de abril de 711. Aunque esto puede no ser más que una adaptación a la realidad de un poema medieval posterior que esgrimía la violación de la hija de Don Julián por parte de Rodrigo, lo cual habría incitado la traición de éste. En todo caso, está claro que los musulmanes invadieron la península ibérica, llamados por los hijos de Witiza.

Las antiguas crónicas sobrevaloran el número de efectivos de ambos bandos que participaron en la batalla, llegando a contar 100.000 soldados en el lado visigodo . Es muy probable que el líder musulmán Táriq desembarcase en Tarifa unos 7.000 soldados de a pie bereberes, tomando Carteia y posteriormente Algeciras , donde rechazó el ataque de Bancho o Sancho, sobrino de Rodrigo que había salido a su encuentro. Mientras todo esto acontecía, el rey visigodo se encontraba en el norte de la península ibérica combatiendo a los vascones en Pamplona . La noticia le tarda en llegar dos o tres semanas. La crisis que padecía el reino visigodo en aquellos fatídicos momentos, con continuas confabulaciones y guerras fratricidas entre la nobleza para hacerse con el trono, limitaron considerablemente el margen de maniobra de Rodrigo a la hora de reclutar un ejército con que hacer frente a la invasión, viéndose obligado a aceptar la interesada ayuda de los witizanos, cuya traición desconocía. Tal como fuere pudo organizar precipitadamente en Córdoba un ejército de 40.000 hombres y partir al encuentro de Táriq.

De acuerdo a las crónicas, el choque tuvo lugar en Wadi Lakkah , sitio que según algunos historiadores podría situarse en Barbate o en la propia Medina-Sidonia o, según otros, que coinciden con la historiografía clásica, en el río Guadalete. Durante dos días ambos bandos se tantean en sangrientas escaramuzas. Una vez empezada la batalla, los hijos de Witiza, que comandaban los flancos, se separaron del ejército visigodo, dejando a Rodrigo en inferioridad numérica y técnica contra los musulmanes. Al parecer, los bereberes, con su caballería ligera y sus ataques rápidos y letales, diezmaron a las rodeadas fuerzas leales al monarca godo tras un duro combate. El caballo de Rodrigo fue encontrado asaetado a orillas del río, con lo que se especuló con que el monarca pudo haber escapado, aunque también que su cadáver fue arrastrado por la corriente. Nunca se volvió a saber de él. La destrucción de la fuerza visigoda ante el engaño de los witizianos, el desconocimiento total del modo de combatir árabe y la probable muerte de Rodrigo dejó la puerta abierta a Táriq para apoderarse de Toledo en el año 714 . Desprotegida al llevarse consigo Rodrigo su comitatus y a los spatarios de su guardia real, la ciudad no opuso resistencia.

Consecuencias

El fulminante avance del ejército musulmán vino motivado por el posterior desconcierto en las filas godas tras la aplastante derrota del ejército real y la muerte del monarca, aumentado por la rápida caída de la capital que evitó la elección de un nuevo rey y el establecimiento de una línea de resistencia. Lejos podían suponer los conjurados que su petición de ayuda para recuperar el trono a cambio de tributos les iba a costar tan caro y cuáles eran las verdaderas intenciones de conquista de los árabes.

En el devenir que tomaron los hechos hubo factores importantes que lo propiciaron, como los numerosos descontentos que se unieron a las fuerzas invasoras, encontrando la colaboración de la población iberorromana, que no tenía derecho a participar en el gobierno (salvo en el de la Iglesia) y que veía en el nuevo invasor un posible aliado contra los germanos. También se habla de la ayuda de la población judía , la cual venía siendo perseguida por la monarquía católica visigoda, y de gran parte del resto de la población que no opuso resistencia, exasperada por las continuas hambrunas y epidemias y deseosa de una estabilidad política.

Con posterioridad Musa desembarcaría él mismo en Algeciras al mando de 18.000 árabes que reforzarían al contingente de Táriq, prosiguiendo la ocupación de las tierras peninsulares hasta el valle del Ebro , y algunas regiones de Gallaecia y su intento de invadir el resto de Europa a través del reino franco merovingio .

Se ha discutido por parte de algunos historiadores tanto la veracidad como la trascendencia de esta batalla , que bien podría no haber sido más que un enfrentamiento de pocos centenares de hombres. Es considerado, sin embargo, como desencadenante de la Invasión musulmana de la Península Ibérica , que supondría la desaparición del reino visigodo peninsular .

Tradicionalmente se ha considerado que entre las huestes derrotadas que huían hacia el norte del campo de batalla y de la caída de Toledo se encontraría muy probablemente Don Pelayo , legendario precursor de la Reconquista tras la batalla de Covadonga .

Sin embargo no son desdeñables nuevas visiones acerca de estos sucesos, que le dan un vuelco importante a la clásica interpretacion, considerando mítica y poco verosímil la invasión militar árabe y planteándose si no fué aquello más bien una guerra civil entre facciones godas, una romanacatólica y otra arriana, intercalada con las disputas entre romanoscatólicos y unitaristas (cristianos no romanoscatolicos y judíos), en general, unido a un proceso de orientalizacion del sur y este peninsular a la par de degradación de la cultura latina, en retroceso. El más importante y mejor argumentador de esta interpretación es Ignacio Olagüe , aunque hoy por hoy la versión invasionista sigue siendo, obviamente, la más aceptada, aun pese a que prestigiosos historiadores (como Dozy, Saavedra…), reconocieron la escasísima prueba documental -y menos la fiable-, en la que está basada la historia de esta invasión. Al final, fueron los musulmanes los que ganaron la batalla de Guadalete y poco a poco, conquistaron toda la península ibérica excepto la parte noroeste.


Batalla de Guadalete

Parte de Invasión musulmana de la Península Ibérica

Fecha

19 de julio de 711

Lugar

Discutido

Resultado

Decisiva victia musulmana

Beligerantes

Reino Visigodo

Califato Omeya

Comandantes

Rodrigo

Tariq ibn Ziyad

Fuerzas en combate

Estimación moderna: máximo 40.000

Estimación moderna: 10.000-15.000
Posiblemente 12.000

Bajas

Desconocidas

Desconocidas

Guerra Civil Española (del 17 de julio de 1936 al 1 de abril de 1939)


fue el conflicto bélico mas recordado y triste del siglo XX , dio comienzo en julio de 1936, a raíz de la sublevación de un sector del Ejército contra el gobierno de la II República española, y que concluyó el 1 de abril de 1939 con la victoria de los rebeldes. El triunfo de éstos permitió la instauración de un régimen dictatorial encabezado por el general Francisco Franco, principal dirigente militar y político de los sublevados, que sustituyó al sistema parlamentario republicano.

CUESTIONES TERMINOLÓGICAS

Aunque para definir el conflicto se prefiere, sobre todo desde la década de 1960, la denominación “guerra civil”, ésta no fue la única utilizada por la reciente historiografía española o por los propios combatientes. También recibió otros nombres: movimiento cívico militar, Cruzada, guerra de tres años, guerra nacional y revolucionaria del pueblo español, entre otros. Son nombres todos ellos que ocultan el “enfrentamiento de dos entusiasmos” al que se refirió el historiador británico Raymond Carr. Esos nombres esconden dos concepciones en cierto modo ya presentes en los resultados de las elecciones celebradas en febrero de 1936 —que supusieron el triunfo, por un corto número de votos, de la coalición de izquierdas agrupada en el Frente Popular— y que se venían gestando desde la proclamación de la II República en abril de 1931

Ningún acontecimiento como éste repercutió tanto en la opinión internacional hasta entonces, convirtiéndose en uno de los episodios históricos que ha dado lugar a un mayor número de publicaciones. La “guerra de tinta”, en expresión del historiador y diplomático español Salvador de Madariaga, fue desde el principio una guerra de propaganda con dos tipos de valoraciones propiciadas desde los dos bandos participantes en la contienda. La muy distinta versión informativa que expresaba un mismo periódico editado en ambas zonas —la cabecera del diario ABC, que aparecía al tiempo en el Madrid republicano y en la Sevilla dominada por los sublevados— puede servir como ejemplo de la ruptura o enfrentamiento nacional existente. Otro tanto cabe decir de las revistas culturales —antifascistas y azules, respectivamente— publicadas durante el trienio, sin olvidar las manifestaciones del teatro, del cine y del cartelismo, así como los símbolos, consignas y mensajes difundidos durante el conflicto y después de su conclusión.

DE LOS TRES DÍAS DE JULIO A LA GUERRA LARGA

Desde el primer momento, el territorio nacional quedó dividido en dos zonas en función del éxito que obtuvieron los militares sublevados. Prácticamente se reproducía el mapa resultante de las elecciones de febrero de 1936; salvo casos aislados, los militares triunfaron en aquellas provincias donde fueron más votadas las candidaturas de derechas, mientras que fracasaron en aquellas donde la victoria electoral correspondió al Frente Popular. El “Alzamiento” (nombre dado por los rebeldes a su levantamiento contra el gobierno constitucional republicano) comenzó el 17 de julio en la ciudad norteafricana de Melilla. Las unidades militares destacadas en Marruecos que no controlaba el gobierno republicano se hicieron pocas horas después con Tetuán y Ceuta. El general Francisco Franco partió el día 18 desde las islas Canarias hacia Tetuán, en una avioneta privada (Dragon Rapide). Ese mismo día se sublevaron los mandos militares de otras divisiones peninsulares; sin embargo, el levantamiento fracasó en las principales ciudades del país. Por otro lado, el 20 de julio de ese mismo año, recién comenzada la sublevación, falleció en un accidente de aviación el que había sido designado por los conspiradores jefe de la rebelión, el general José Sanjurjo.

Desde el día 18, ni el gobierno ni los rebeldes controlaban la totalidad del país. En un principio, la sublevación dejó en manos de los rebeldes Galicia, Navarra, Álava, el oeste de Aragón, las islas Baleares (excepto Menorca) y las Canarias, así como la zona del protectorado español sobre Marruecos, buena parte del territorio de lo que hoy es la comunidad autónoma de Castilla y León, casi toda la provincia de Cáceres y algunas poblaciones de Andalucía. El gobierno republicano conservaba casi toda Andalucía, el País Vasco (salvo Álava), Asturias (excepto la ciudad de Oviedo) y Cataluña, así como la isla balear de Menorca y los territorios de las actuales comunidades autónomas de Cantabria, Castilla-La Mancha, Región de Murcia y la Comunidad Valenciana. Conforme avanzó la contienda, el poder republicano perdió zonas que, desde finales de marzo de 1939, pasaron íntegras a disposición del Ejército franquista.

De cualquier forma, el comienzo de la guerra estuvo vinculado al plan establecido previamente por los conspiradores en la primavera de 1936 y en el que participaron mandos militares —la antirrepublicana Unión Militar Española (UME) y la Junta de generales (de la que Emilio Mola era el coordinador)— monárquicos, tradicionalistas (carlistas) y otros sectores de extrema derecha. El asesinato de José Calvo Sotelo, líder del derechista Bloque Nacional y participante activo en la conspiración contra el gobierno, que tuvo lugar la noche del 12 al 13 de julio, fue el episodio previo al pronunciamiento militar.

Pronto pudo comprobarse que el plan conspirador había fracasado y que el pretendido pronunciamiento decimonónico se convertiría en una guerra larga y cruel de tres años. Durante este trienio las operaciones militares permitieron establecer un desarrollo cronológico, a partir del paso del estrecho de Gibraltar por las tropas del Ejército de África mandadas por el general Franco (julio-agosto de 1936), con tres fases principales. La primera muestra la importancia que ambos bandos otorgaron a la ocupación de Madrid, ciudad que, en consecuencia, pronto fue motivo de asedio por las tropas insurrectas (dando lugar a la conocida como batalla de Madrid). La estrategia de los sublevados, que pretendía acceder a la capital desde el norte y desde el sur, fracasó. Una acción importante en esta primera fase, que en seguida quedaría en el elenco de “mitos” de la contienda, fue la liberación de los rebeldes asediados en el Alcázar de Toledo (28 de septiembre de 1936), defendido desde el 22 de julio por el coronel José Moscardó ante el acoso de las tropas republicanas. Contando con las fuerzas de África, así como con la ayuda alemana e italiana, Franco había avanzado previamente sobre Andalucía y conseguido ocupar en agosto las plazas extremeñas de Mérida y Badajoz, enlazando de esta manera con los sublevados del norte a lo largo de la frontera portuguesa. Mola, a su vez, había logrado cortar la frontera francesa al ocupar la ciudad guipuzcoana de Irún a principios de septiembre.

La segunda fase no abandonó la marcha sobre Madrid. Pero la batalla de Guadalajara (finales de marzo de 1937) se saldó con el éxito republicano, que tuvo presente el plan de ofensiva previsto por el general José Miaja contra las tropas enviadas por Italia. Los alzados decidieron entonces centrar sus principales operaciones en el norte. Con el apoyo decisivo de la aviación integrada en la Legión Cóndor alemana, que realizó una salvaje agresión a la localidad vizcaína de Guernica (26 de abril de 1937), las tropas rebeldes rompieron las defensas de Bilbao (el llamado “cinturón de hierro”) el 19 de junio de 1937, pocos días más tarde del fallecimiento del general Mola en accidente de aviación. En agosto (un mes después de obtener la victoria en la batalla de Brunete), esas mismas tropas entraron en Santander y, en octubre, tomaron las ciudades asturianas de Gijón y Avilés, con lo que los rebeldes completaban la última etapa de la ocupación de la zona norte.

A partir de finales de 1937 comenzó la tercera fase. Los republicanos, siguiendo los planes del general Vicente Rojo, conquistaron en enero de 1938 Teruel, ciudad que no obstante perdieron al mes siguiente. En julio de ese año comenzó la dura y decisiva batalla del Ebro, en la que la derrota del Ejército republicano (noviembre de 1938) dejó despejada la ruta para el avance de los sublevados hacia Cataluña. En los últimos días de enero de 1939, las tropas franquistas se instalaron en Barcelona, para avanzar en fechas sucesivas hacia la frontera francesa y ocupar los pasos desde Puigcerdá hasta Portbou (Girona). La ofensiva final (febrero-marzo de 1939) tuvo por objeto quebrantar las posiciones republicanas todavía pendientes, situadas en la zona centro y en el sur peninsular. A principios de marzo de ese año fracasó el criterio de mantener la resistencia defendido por el presidente del gobierno republicano, Juan Negrín, debido a la creación en Madrid del Consejo Nacional de Defensa. Este organismo, que encabezó el jefe del Ejército del Centro, el coronel Segismundo Casado, destituyó a Negrín y procuró alcanzar una paz honrosa con el gobierno franquista de Burgos después de hacerse con el control de Madrid mediante un cruento enfrentamiento entre las propias tropas republicanas. Sin embargo, no prosperaron sus gestiones encaminadas a lograr una paz acordada. Las tropas franquistas entraron en Madrid el 28 de marzo. Tres días más tarde, el gobierno republicano perdió las últimas plazas todavía fieles. El 1 de abril la guerra había terminado, no así las represalias.

DESARROLLO POLÍTICO DE LA CONTIENDA

Si toda guerra reclama prestar atención a los “hechos de armas”, necesariamente conviene asimismo atender al entramado político que determinó las actuaciones de cada bando. Mucho más si, situados en el final del conflicto, tenemos en cuenta la agonía de la experiencia republicana y el proceso que se inició de forma inmediata tras el estallido de la guerra y que permitió la implantación de un nuevo Estado dirigido por el general Franco.

Cartel frentepopulista Una de las figuras más destacadas del cartelismo republicano, que se desarrolló durante la Guerra Civil española, fue el valenciano Josep Renau. Desde su cargo de director general de Bellas Artes ejerció una importante labor de propaganda política con carteles como el de la imagen.Archivo Fotografico Oronoz

Por parte del gobierno republicano, la jefatura pasó sucesivamente de manos del azañista y dirigente de Izquierda Republicana, José Giral (19 de julio de 1936), a Francisco Largo Caballero (5 de septiembre de 1936) y de éste a Juan Negrín (desde el 18 de mayo de 1937 hasta el final de la guerra) —los dos últimos pertenecientes al Partido Socialista Obrero Español (PSOE)—, en lo que bien puede definirse como una pugna entre dos prioridades: desarrollar un proceso revolucionario o apostar por ganar la guerra primero.

Manuel Azaña, presidente de la República, sustituyó el 19 de julio de 1936 al dimitido presidente del gobierno Santiago Casares Quiroga por Diego Martínez Barrio, quien no llegó a jurar el cargo. No obstante, Azaña nombró ese mismo día a José Giral jefe del gabinete. Tan pronto como este último asumió las responsabilidades de gobierno, la autoridad del poder central se descompuso y se crearon numerosos poderes locales de carácter popular y espontáneo que generaron divisiones intensas y supusieron la pérdida de la unidad política e incluso militar en el ámbito republicano.

El debilitamiento de autoridad, al que aludiría el propio Azaña en su obra teatral La velada de Benicarló (1937), y los avances de las fuerzas rebeldes, explican el cambio de Giral por Francisco Largo Caballero (septiembre de 1936), que ejercía su prestigio y autoridad sobre los obreros principalmente desde la dirección de la Unión General de Trabajadores (UGT), el sindicato afín al PSOE. Largo Caballero hizo cuanto pudo por controlar la situación revolucionaria y formó un gobierno de concentración con presencia de socialistas, comunistas, una minoría de republicanos y nacionalistas vascos y catalanes. Dos meses después incorporó a militantes de la central obrera anarcosindicalista Confederación Nacional del Trabajo (CNT), cuya fuerza era destacada en Aragón, Cataluña y Valencia. Con todo, el enfrentamiento entre las dos tendencias ya aludidas (revolución o guerra) —y ello pese a que durante el gobierno de Largo Caballero mejoró la coordinación en el Ejército republicano— dio al traste con esta experiencia porque fue incapaz de hacer amainar las disputas entre las principales corrientes políticas de la coalición gubernamental.

En mayo de 1937, Azaña puso las riendas del gobierno en manos de Negrín, que pronto sería acusado de estar dominado por los comunistas. Negrín prescindió de inmediato de los anarcosindicalistas y orientó su gestión hacia la victoria militar; la revolución debía esperar. Pero los avatares bélicos desencadenaron una nueva crisis gubernamental en abril de 1938. Desde entonces, Negrín pasó a desempeñar también el cargo de ministro de la Defensa Nacional (anterior Ministerio de la Guerra), que venía ejerciendo el socialista Indalecio Prieto. Los denominados trece puntos de Negrín (nombre por el cual fue conocido el acuerdo propuesto por el presidente del gobierno republicano a las fuerzas franquistas, como base de una posible negociación), promulgados el 1 de mayo de ese año, en un afán por restablecer una democracia consensuada sobre principios alejados del conflicto bélico, no consiguieron recomponer la unidad del Ejército republicano ni sostener el escaso apoyo internacional, debilitado a medida que se retiraban los voluntarios extranjeros que habían formado parte de las Brigadas Internacionales.

El éxito definitivo de la ofensiva franquista sobre Cataluña, a principios de febrero de 1939, impidió que dieran fruto las garantías que el gobierno republicano pedía de cara a la paz: independencia de España y rechazo de cualquier injerencia exterior, que el pueblo pudiera decidir libremente acerca del futuro del régimen, así como garantía de evitar persecuciones y represalias después de la guerra. Estas condiciones propuestas por Negrín en las Cortes reunidas el 1 de febrero de 1939 en Figueras (Girona) no fueron aceptadas por el gobierno de Burgos, que presumía concluir la guerra en breves días. En efecto, la reunión de las Cortes republicanas en Figueras fue la última que tuvo lugar en suelo español. Antes de esa fecha se celebraron reuniones de las Cortes en distintas sedes, dependiendo de las propias circunstancias militares de la contienda. Las primeras tuvieron lugar en Valencia (diciembre de 1936 y febrero y octubre de 1937), en tanto que las postreras se produjeron en distintas zonas del territorio catalán, tales como Montserrat (febrero de 1938), San Cugat del Vallés (septiembre de 1938) y Sabadell (octubre de 1938).

En lo que respecta a la zona sublevada (denominada “nacional” tanto por las propias fuerzas rebeldes como por la historiografía favorable a las mismas), se dictaron paulatinamente medidas políticas al compás de las acciones bélicas, que fueron aplicadas en los territorios ocupados desde el principio y en todos aquellos que se incorporaban tras los éxitos militares rebeldes. La primera y pronta medida adoptada por los insurrectos fue la creación en Burgos de la Junta de Defensa Nacional, el 24 de julio de 1936, que presidió el general Miguel Cabanellas por ser el militar más antiguo e integraron en calidad de vocales los generales Emilio Mola, Fidel Dávila, Andrés Saliquet, Miguel Ponte y los coroneles Fernando Moreno y Federico Montaner.

A finales de septiembre de ese año, la Junta de Defensa Nacional designó a Franco generalísimo de las fuerzas sublevadas (principal jefe militar de las mismas) y jefe del gobierno. Así, el 1 de octubre de 1936 se hizo oficial el acceso de Franco a la jefatura militar y política de quienes se autodenominaban “nacionales”, cargos a los que él mismo unió el de jefe del Estado. Esta medida tuvo su complemento en el llamado Decreto de Unificación (19 de abril de 1937), por medio del cual se creó Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (FET y de las JONS), única formación política legal del nuevo régimen —llamado “Movimiento Nacional” por sus partidarios— que fundía los núcleos falangistas y tradicionalistas (carlistas). Esa operación política agudizó las tensiones latentes entre los falangistas desde que, en noviembre de 1936, fuera ajusticiado por los republicanos José Antonio Primo de Rivera, fundador y jefe nacional de Falange Española. El nuevo jefe nacional falangista, Manuel Hedilla, se opuso al decreto unificador, por lo que fue arrestado junto con sus seguidores.

En enero de 1938 se formó el primer gobierno “nacional” presidido por Franco, tras la disolución de la Junta Técnica de Estado, que había sido creada en octubre de 1936 inicialmente como una entidad de apoyo gubernamental a la primigenia Junta de Defensa Nacional. El primer gobierno franquista estuvo compuesto tanto por militares como por figuras civiles falangistas, tradicionalistas y monárquicas. Entre sus miembros cabe destacar a los generales Francisco Gómez Jordana (vicepresidente del gobierno y ministro de Asuntos Exteriores), Severiano Martínez Anido (responsable del Ministerio de Orden Público) y Fidel Dávila (ministro de la Defensa Nacional), al ingeniero naval Juan Antonio Suances (encargado del Ministerio de Industria y Comercio), así como al abogado y cuñado de Franco Ramón Serrano Súñer (ministro de Interior y secretario del Consejo de Ministros), al notario y falangista Raimundo Fernández Cuesta (responsable del Ministerio de Agricultura) y al escritor y político monárquico Pedro Sainz Rodríguez. Asimismo, el 9 de marzo de 1938 se promulgó el Fuero del Trabajo, que acabada la guerra alcanzaría el rango de ley fundamental y, por tanto, entraría a formar parte del peculiar constitucionalismo propio del franquismo.

LA INTERNACIONALIZACIÓN DEL CONFLICTO

Si bien es cierto que la guerra comenzó como un conflicto interno “nacido en suelo español y a la manera española” (en palabras de Salvador de Madariaga), no pudo mantenerse ajena al entorno internacional debido a sus propias raíces ideológicas. Ambos bandos reclamaron inmediatamente apoyos de otras potencias extranjeras, según el panorama existente en la alineación del mundo en la década de 1930, hasta el extremo de que algunos vieron en el conflicto un prólogo de un nuevo enfrentamiento mundial. Si no lo fue, al menos consiguió implicar a la mayoría de partidos políticos y potencias europeas. Hoy nadie pone en duda que la intervención extranjera contribuyó tanto a prolongar la contienda como al futuro del “Movimiento Nacional”. La primera fase de urgencia (julio-agosto de 1936) llevó, por un lado, al gabinete presidido por Giral a solicitar el auxilio del gobierno del Frente Popular francés (presidio por el socialista Léon Blum) y, por el otro, a los rebeldes a concretar el inicial apoyo prestado por Italia (gobernada por el fascista Benito Mussolini) y Alemania (con el nacionalsocialista Adolf Hitler en el poder).

El Frente Popular español contó con el apoyo primigenio de Francia y de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Sin embargo, el temor del gobierno francés a crear una situación conflictiva en todo el continente frenó su ayuda y se acogió a la política de no intervención que, propugnada por el gobierno británico, asimismo acabaría aplicando la Sociedad de Naciones. Francia cerró su frontera a la entrada de material bélico destinado a cualquiera de los contendientes, con lo que en realidad perjudicó notablemente al gobierno republicano. Por su parte la URSS, gobernada por Iósiv Stalin, tras comprobar la participación activa y directa de italianos y alemanes, rechazó la política de no intervención. Su apoyo resultó fundamental en blindados, aviones y equipos de asesores militares. En tanto que los rebeldes recibieron aviones, armamento y combatientes de Italia y Alemania (valga como ejemplo la Legión Cóndor), así como la ayuda de los voluntarios portugueses, enviados por el gobierno encabezado por António de Oliveira Salazar, además de otras colaboraciones.

Entre los auxilios recibidos por el gobierno republicano merecen recordarse las Brigadas Internacionales: la III Internacional (también conocida como Komintern) creó un comité internacional para organizar a sus miembros, que contó con la participación de los dirigentes comunistas Palmiro Togliatti y Josip Broz (Tito). Participaron en ellas voluntarios de distintos países movidos por sentimientos antifascistas, cuyo número es difícil de precisar (tal vez, unos 40.000) a causa de los relevos producidos en sus filas durante el transcurso de la guerra. El centro de reclutamiento estuvo en París y entre sus gestores cobró especial relieve el dirigente comunista francés André Marty. Los primeros brigadistas llegaron al puerto español de Alicante en octubre de 1936 para continuar hasta Albacete, en donde se formó la XI Brigada, que pronto participó en la batalla de Madrid. Su intervención al lado de la causa republicana duró hasta octubre de 1938.

En medio de todo este proceso destacó de manera especial lo que se conoció como la política de no intervención asumida por la Sociedad de Naciones, que, en principio, suponía la prohibición de exportar cualquier material de guerra, sin más compromisos por parte de los gobiernos. En septiembre de 1936 nació en Londres el Comité de No Intervención, integrado por los embajadores residentes en la capital británica con el objeto de reducir el conflicto al ámbito nacional. Sin embargo, a la vista de las numerosas violaciones del compromiso, las medidas adoptadas por el Comité de No Intervención no resultaron efectivas y, desde luego, no impidieron que las potencias extranjeras apostaran por uno u otro contendiente, si bien la mayor beneficiada de la actitud de las democracias occidentales acabó siendo la causa franquista, auxiliada de forma reiterada por las potencias del Eje.

Por lo que se refiere al apoyo soviético, la financiación de los suministros bélicos entregados al gobierno republicano se relacionó con las reservas del Banco de España. Dos terceras partes del oro guardado en el banco nacional salieron hacia Moscú, en concepto de depósito primero, y como pago por aquellos suministros posteriormente. El famoso “oro de Moscú” sería un asunto controvertido y utilizado como propaganda por el gobierno franquista. Mientras éste recibió a crédito suministros alemanes e italianos, que fueron abonados en parte después de finalizar la guerra, el gobierno republicano agotó las reservas para pagar la ayuda soviética.

CONSECUENCIAS BÉLICAS

La principal consecuencia de la Guerra Civil española fue la gran cantidad de pérdidas humanas (tal vez más de medio millón), no todas ellas atribuibles a las acciones propiamente bélicas y sí muchas de ellas relacionadas con la violenta represión ejercida o consentida por ambos bandos, entre las que se pueden incluir también las muertes producidas por los bombardeos sobre poblaciones civiles.

En un nivel inmediatamente inferior se puede considerar como consecuencia destacada el elevado número de exiliados producido por el conflicto. Algunas de las principales figuras políticas constituyeron durante muchos años el gobierno republicano en el exilio, de entre cuyos más destacados miembros cabe mencionar al nacionalista gallego y escritor Alfonso Rodríguez Castelao, al socialista Fernando de los Ríos, al comunista Joan Comorera, o a los propios José Giral y Juan Negrín, quienes, al igual que los socialistas Luis Jiménez de Asúa y Rodolfo Llopis, presidieron dicho gabinete, por no olvidar a Diego Martínez Barrio, que entre 1945 y 1962 ejerció el cargo de presidente de la República en el exilio.

En lo que respecta al aspecto económico, las consecuencias principales fueron la pérdida de reservas, la disminución de la población activa, la destrucción de infraestructuras viarias y fabriles, así como de viviendas —todo lo cual provocó una disminución de la producción—, y, en fin, el hundimiento parcial del nivel de renta. La mayoría de la población española hubo de padecer durante la contienda y, tras terminar ésta, a lo largo de las décadas de 1940 y 1950, los efectos del racionamiento y la privación de bienes de consumo.

España y la Guerra Civil (1898-1975): cronología

FECHA
ACONTECIMIENTO
1898

Derrota española en la Guerra Hispano-estadounidense: España pierde Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas.

1910 Se funda en Barcelona la organización anarcosindicalista CNT.
1917 Gran crisis social y política del reinado de Alfonso XIII.
1921 Fundación del Partido Comunista de España (PCE), tras la ruptura interna del Partido Socialista Obrero Español (PSOE).
1923 Golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera, con la anuencia del rey Alfonso XIII.
1929 Crac de la Bolsa de Nueva York, origen de la Gran Depresión que afectará pronto a España.
1930 Final de la dictadura de Primo de Rivera.
1931 Proclamación de la II República: Alfonso XIII abandona España.
1932 Cataluña obtiene su propio Estatuto de Autonomía. La reforma agraria se convierte en uno de los principales objetivos del gobierno. Las conspiraciones antirrepublicanas han dado comienzo.
Octubre de 1933 José Antonio Primo de Rivera, hijo del ex dictador, funda el partido fascista Falange Española.
Noviembre de 1933 La victoria de los conservadores en las elecciones pone fin a las reformas de los gobiernos de Manuel Azaña.
1934 La llamada Revolución de Octubre, aunque fracasada, abre una profunda crisis entre los sectores sociales y políticos más enfrentados .
1935 Creación de la coalición de organizaciones izquierdistas llamada Frente Popular.
Febrero de 1936 Victoria electoral del Frente Popular. Las conspiraciones antirrepublicanas se incrementan.
Mayo de 1936 Azaña se convierte en presidente de la República.
Julio de 1936 Comienza la rebelión militar que da lugar a la Guerra Civil. Los sublevados obtienen un tercio del territorio español e institucionalizan la represión contra quienes se les resisten. Los defensores de la legalidad republicana y los revolucionarios inician la defensa del territorio no sublevado.
Julio de 1936 La revolución social se extiende por la zona republicana. Al mismo tiempo comienza la represión a cargo de grupos descontrolados contra el clero y los acusados de apoyar a los sublevados.
Agosto de 1936 Brutal represión tras la conquista de Badajoz por parte de los militares rebeldes.
Septiembre de 1936 27 países crean el llamado Comité de No Intervención con el objeto de mantenerse al margen del conflicto español.
Septiembre de 1936 El socialista Francisco Largo Caballero se convierte en presidente del gobierno republicano.
Septiembre de 1936 El general Francisco Franco decide destinar una importante parte de sus fuerzas para liberar a los rebeldes asediados en el Alcázar de Toledo. Franco es designado por los sublevados generalísimo y jefe del gobierno.
Octubre de 1936 Franco une a su jefatura política y militar la jefatura del Estado, el día 1.
Octubre de 1936 El dirigente alemán Adolf Hitler crea la Legión Cóndor para ayudar a los franquistas.
Octubre de 1936 La Unión de Repúblicas Socialista Soviéticas (URSS) envía sus primeros equipos de ayuda a los republicanos. Llegan asimismo los primeros miembros de las Brigadas Internacionales.
Noviembre de 1936 El gobierno de Largo Caballero se dirige a Valencia ante el decidido ataque franquista contra Madrid, repelido por la Junta de Defensa encabezada por el general José Miaja.
Diciembre de 1936 Los primeros soldados italianos, enviados por Benito Mussolini, llegan a España para ayudar a las fuerzas franquistas.
Febrero de 1937 Málaga cae en poder de los franquistas, auxiliados por tropas italianas, el día 3. La inmediata represión se cobra miles de muertos.
Febrero de 1937 La batalla del Jarama finaliza con el relativo fracaso de las tropas franquistas, que no cubren sus objetivos.
Marzo de 1937 Las fuerzas republicanas derrotan a las tropas italianas en la batalla de Guadalajara.
Abril de 1937 Franco promulga el día 19 el llamado Decreto de Unificación, por medio del cual crea una única formación política legal bajo su mando: FET y de las JONS.
La histórica ciudad vasca de Guernica sufre un brutal bombardeo el día 26 a cargo de la Legión Cóndor.
Mayo de 1937 Luchan entre sí en Barcelona distintas fuerzas republicanas enfrentadas a causa de la primacía de la revolución o la organización militar. El socialista Juan Negrín sustituye a Largo Caballero al frente del gobierno republicano.
Junio de 1937 Los franquistas conquistan Bilbao y el resto de los territorios vascos que no se hallaban bajo su control.
Julio de 1937 Derrota republicana en la batalla de Brunete.
Agosto-octubre de 1937 Los franquistas completan la conquista del norte de España.
Enero de 1938 Conquista republicana de Teruel.
Febrero-abril de 1938 Los franquistas recuperan Teruel a finales de febrero y continúan su avance hacia el Mediterráneo a través del territorio republicano, con lo que dividen éste en dos.
Julio de 1938 Comienza la batalla del Ebro con el avance republicano.
Noviembre de 1938 Decisiva derrota de las fuerzas republicanas en la batalla del Ebro.
Diciembre de 1938 Las tropas franquistas lanzan una ofensiva contra Cataluña.
Enero de 1939 El gobierno de Negrín abandona Barcelona y se dirige a Figueras (Girona) poco antes de que la capital catalana cayera en manos franquistas.
Febrero de 1939 Miles de refugiados y el propio gobierno republicano cruzan la frontera francesa; los franquistas conquistan el resto de Cataluña.
Marzo de 1939 El coronel Segismundo Casado encabeza el organismo republicano que sustituye a Negrín con el objeto de alcanzar una paz honrosa. El día 28 entran las tropas franquistas en Madrid.
Abril de 1939 El general Franco hace público el último parte bélico el día 1: la guerra ha terminado con la victoria de quienes se habían sublevado tres años antes.
1939-1975 El triunfo militar permite a Franco gobernar España por medio de una dictadura hasta su fallecimiento, el 20 de noviembre de 1975.

Argel (Argelia). Mapas militares. 1775


La expedición contra Argel fue una gran operación de desembarco ejecutada por los españoles para intentar tomar la ciudad de Argel en julio de 1775. El rey Carlos III había encomendado su conquista a Alejandro O’Reilly, que se puso al frente de una expedición combinada de tropas navales y terrestres de cerca de cincuenta navíos y más de veinte mil soldados. El asalto concluyó como un fracaso espectacular y la campaña resultó un golpe humillante al resurgimiento militar español.

Plan de Batalla, y Cuerpo de Reserva del Exercito Español en la Expedicion de la Ciudad de Argel, en la Costa de Africa en el año de 1775 segun orden del General

Indica la situación de las tropas frente a la ciudad de Argel, aunque ésta no aparece.

Representada la organización del campamento con la situación de las tiendas de campaña donde se encuentran: el Cuartel General, trabajadores, víveres, hospital, etc. y la situación de cada una de las diferentes brigadas. En el plano aparecen los nombres de los altos mandos militares

La Historia en los mapa manuscritos de la Biblioteca Nacional, 1984, p. 322, nº 423
Manuscrito sobre papel a plumilla en tinta negra, iluminado a la aguada en azul, amarillo, carmín, marrón y verde

argel

1937 – Batalla de Brunete


Batalla de Brunete, tras capturar las provincias vascas el ejército nacional tomaba un respiro antes de entrar en Santander. Esta situación convenció al ejército republicano, en especial al ala comunista, de que había que distraer la atención del enemigo. Brunete fue el lugar elegido para hacerlo y resulta harto curioso, aunque desgraciado, puesto que el pueblo no disfrutaba de gran importancia estratégica.

Allí se habían reunido dos cuerpos de ejército republicano, con un total de 85.000 soldados, apoyados por 40 carros blindados, 300 aviones, 130 tanques y más de 220 piezas de artillería de campaña. Por entonces Brunete estaba en el lado de los sublevados, contaba con una población de 1.556 habitantes y una discreta importancia respecto a las comunicaciones y al cerco que los nacionales mantenían alrededor de Madrid. La idea era romper ese asedio y quitar presión a la capital. Para ello se ideó un plan que el general Matallana se encargaría de poner en marcha. Por entonces, en junio del 37, el frente estaba establecido en una línea que unía Navalagamella, Villanueva del Pardillo, las Rozas y Madrid, siendo la parte norte territorio republicano y la sur, zona nacional.

El avance del ejército republicano cogió por sorpresa a los nacionales que defendían el lugar con muy pocos efectivos. Los restos de la División 71, formada en su mayoría por falangistas y 1.000 marroquíes, se encargarían de esa inútil defensa. El 6 de julio se coordinó el ataque de la aviación y la artillería y a las pocas horas Brunete estaba rodeado. La alarma corrió entre las filas de los nacionales, aquella era una zona que no se podía perder. El interés de Brunete, más que estratégico, era político y, según decían los mandos, el ejército Nacional no podía permitirse una derrota justo allí. Por eso, no tardaron en disponer la marcha de varias divisiones desde el norte, artillería pesada y la Legión Cóndor, formada por pilotos alemanes, y tristemente célebre por el bombardeo de Guernika 3 meses antes. Mientras, en Quijorna, Villanueva de la Cañada, Villanueva del Pardillo y Villafranca pequeñas guarniciones nacionales resistían el asedio de los republicanos.

En la zona se concentraron enormes efectivos de uno y otro bando. La contienda continuó sin descanso y de forma sangrienta, luchando a campo abierto, con ofensivas constantes de tanques e infantería. Los campos y las casas del pueblo no tardaron en llenarse de fuego, con grandes columnas de humo que podían verse desde la sierra. Además los soldados sufrían grandes penurias en el abastecimiento de agua pese a estar a pocos kilómetros del Guadarrama. En los cielos el combate era igualmente encarnizado. Los aparatos de la Legión Cóndor (los Messerschmitt y Heinkel 111) al mando del Wolfram von Richtofen, se enfrentaban en inferioridad numérica a los chatos rusos, aunque la pericia de sus pilotos y la capacidad técnica de la industria alemana pronto los situó como señores del aire en toda España. Sus Messerschmitt, con una velocidad de casi 600 kilómetros por hora y capaces de cargar 500 kilos de bombas, fueron determinantes.

El 13 de julio y tras 7 días de cruel batalla concluía la ofensiva del ejército republicano, que se aprestaba a defender las posiciones conquistadas, unos 12 kilómetros al sur de Brunete, por la carretera de Navalcarnero. Pese a los refuerzos, el ejército nacional que defendía Brunete había sufrido una gran derrota y el cerco a Madrid se había distendido ligeramente. Se cavaron trincheras, se curaron heridas y se enterró a los caídos. Aquellos días surgieron buena parte de los fortines que podemos ver en el pueblo. Un total de 14 bunkers nacionales.

Los especialistas, aun hoy en día, no se explican como el ejército Republicano detuvo el avance, cuando tenía los medios para haber conquistado mucho más terreno.

Mientras, el ejército nacional reunía efectivos para la conquista del pueblo y su comarca. El 18 de julio divisiones al mando de los generales Sáenz de Buruaga, Asensio y Barrón atacaban Brunete desde el sur. En los cielos la Legión Cóndor se mostraba invencible, habiendo derribado cerca de 21 aparatos republicanos, en su mayoría pilotados por aviadores soviéticos. La batalla se prolongó hasta el 22 de julio, con temperaturas asfixiantes y los conocidos problemas de abastecimiento de agua. Barrón, que atacaba por el centro entró en el pueblo tras romper las líneas republicanas. Los campos que rodean el pueblo ardían y se ocultaban tras el humo. Por todos lados había muertos, trincheras, tanques calcinandos o movimientos de pequeñas tropas que atacaban y se replegaban.

La contienda se trasladó a las calles o a lo que quedaba de ellas, haciendo que el avance fuese aún más lento. Con el pueblo ya perdido la división de Líster se atrincheró en el cementerio y resistió tres días más. Pero la lucha era desesperada y poco había que hacer. Brunete había sido reconquistado, no así las localidades vecinas de Quijorna, Villanueva de la Cañada y Villanueva del Pardillo, que permanecerían en manos republicanas algún tiempo o en tierra de nadie.

La batalla se zanjó con un balance espeluznante. Del lado republicano se contaban 20.000 bajas y cerca de 100 aviones derribados. Del lado nacional 17.000 bajas y 23 aviones. Los primeros, además de llevarse la peor parte, perdieron gran cantidad de material que más tarde echarían de menos en la defensa de Madrid. Las Brigadas Internacionales que habían participado estaban exhaustas y el golpe en el ánimo de los republicanos sería mortal. El batallón Lincoln (formado por norteamericanos de raza negra) casi desapareció en el corazón de Brunete, el batallón británico quedó reducido a 80 hombres, que en palabras de sus mandos “se mostraban indecisos a la hora de ir al frente”. Una brigada polaca se amotinó, negándose en plena batalla a volver al frente. Por el otro bando un batallón de marroquíes fue hecho prisionero y fusilado al completo. Hubo algunas deserciones importantes y se reconoció el enorme papel que habían jugado los tanques en la conquista de Brunete y en los campos que rodean el municipio.

Es una lástima que esta tierra, pasados 65 años, sea recordada en toda España por los 40.000 bajas en esa cruel batalla. Casi todo el pueblo fue destruido por la artillería y la aviación de uno u otro bando. Hoy en día quedan varios testigos vivos de aquellos tristes días y varios fortines que advierten de un terrible pasado, para que nunca vuelva a ocurrir.

La Reconstrucción Tras numerosos bombardeos, incendios y pillajes el pueblo queda destrozado. Su restauración correrá a cargo de Regiones Devastadas, una institución del régimen que dará un aire similar a todos los lugares reconstruidos. Sus señas de identidad, que son las del estado, vienen a rememorar el conocido estilo herreriano, tan acreditado en Madrid y que podemos disfrutar en el Escorial o en el Palacio Real de Aranjuez. Se caracteriza por la pureza de las líneas, con una cierta elegancia matemática y con pocos ornamentos. Vemos capiteles de pizarra y decoración geométrica formada por pirámides y esferas o bolas. Es, sin duda, un estilo clásico, poco espectacular pero limpio y elegante.

La mayoría del pueblo había quedado arrasada con lo que las obras tomaron todas las calles y solares del pueblo. Aún así, fueron la Plaza Mayor y la Iglesia los lugares de mayor trabajo. La primera se había perdido casi en su totalidad en los bombardeos, quedando un gran solar compartido entre la nueva plaza y la línea de la carretera que rodea el pueblo en dirección a Villanueva de la Cañada.

Batalla de Brunete

Parte de la Guerra Civil Española

Fecha

del 6 al 25 de Julio de 1937

Lugar

Brunete, Madrid

Resultado

Neutro, pérdidas en ambos bandos

Beligerantes

II Republica Española

Bando Nacional

Comandantes

José Miaja

Jose Enrique Varela

Fuerzas en combate

80.000 soldados

105 aviones

65.000 soldados

105 aviones

Bajas

entre 20 y 25.000 soldados
entre 60 y 100 aviones

entre 13 y 17.000 soldados
entre 23 y 25 aviones


La batalla de Brunete fue un conjunto de operaciones que afectó a varios municipios del oeste de Madrid, pero que tuvo sus acciones bélicas más destacadas en el pueblo de Brunete. La ofensiva lanzada por el Ejército repúblicanoi, pretendía reducir la presión que las tropas nacionales estaban ejerciendo sobre la capital de España y que amenazaban con tomar la ciudad. Al mismo tiempo pretendían restar efectivos a los sublevados, que habían empezado en marzo de ese año una campaña para ocupar toda la cornisa cantábrica. De haber derrotado a los nacionales en el enfrentamiento de Quijorna, el general republicano Miaja pretendía un avance rápido hacia Extremadura.

La ofensiva inicial republicana que pretendía aliviar la presión sobre Madrid fue un éxito y se conquistó el pueblo. Pero la resistencia de los nacionales desmontó el plan enemigo en tres semanas.

El general José Miaja lo tenía muy claro en el verano de 1937. Si la presión sobre Madrid continuaba, las tropas de Franco entrarían en la capital y obtendrían la victoria un año después del comienzo de la Guerra Civil. Además, el molesto frente que el ejército sublevado había abierto en el Cantábrico le estaba haciendo perder la zona con mayor desarrollo industrial de España. Para aliviar esa doble presión ordenó que se atacase Brunete, para pasar a Navalcarnero y realizar una ofensiva hacia Extremadura. La sorpresa acompañó a los republicanos y tomaron el primero de los pueblos en la madrugada del 6 de julio. La férrea resistencia de los nacionales acabó, 20 días después, con los avances ordenados por Miaja.

El mando republicano sacó dos conclusiones claras. Que las maniobras de distracción solamente tenían un éxito moderado a juzgar por el gran número de bajas sufridas y los escasos frutos logrados, ya que se perdió la cornisa cantábrica. Y que, como figura en el informe de su derrota realizado por el coronel Méndez López, “de los jefes de milicias, el único que sabe leer un plano es el llamado Modesto. Los otros [Líster, Mera o el Campesinos], además de no saber, creen no necesitarlo”.

La batalla de Brunete es otro de esos episodios de la Guerra Civil en los que, teniendo la victoria en sus manos, los republicanos tiraron por la borda una oportunidad de dar la vuelta al curso de la Historia.

El planteamiento era impecable por parte de José Miaja: concentrar muchas fuerzas en el punto más débil del enemigo, romper sus líneas y avanzar recuperando la mayor cantidad de territorio posible. Pero nuevamente los líderes políticos de los milicianos impidieron una victoria que habría significado mucho para la República a la que decían defender. Y todo ello pese a que el inicio de la ofensiva se mostraba como algo prometedor. La madrugada del día 6 de julio se había cumplido el primer objetivo: tomar el municipio de Brunete.

Los 85.000 soldados que Miaja puso a las órdenes del general Vicente Rojo rompieron la defensa inicial de las cuatro divisiones, algo menos de 40.000 hombres en esos momentos, que defendían las líneas nacionales. El siguiente paso era tomar Navalcarnero y Quijorna, lo que suponía romper el frente y obtener el paso franco hacia Extremadura. Pero los generales Miaja y Rojo no contaban con tener al enemigo en casa. Los cuatro líderes milicianos (Cipriano Mera, Valentín González El Campesino, Enrique Líster y Juan Modesto) sin formación militar alguna, que supuestamente estaban a sus órdenes, decidieron que se había cumplido el objetivo prioritario de aliviar la presión sobre Madrid y no estaban dispuestos a pedir mayores sacrificios a sus hombres. Una petición que sí realizó Francisco Franco a sus oficiales, a los que ordenó resistir a cualquier precio con las cuatro divisiones, que se encontraban muy castigadas y diezmadas, mientras se recibían los refuerzos que permitiesen retomar la iniciativa.

Así, mientras que los nacionales Yagüe, Iruretagoyena, Barrón y Cabanillas, militares de probada eficacia, obedecieron las órdenes sin discutir y preparaban sus defensas, los comunistas Modesto y Líster y los anarquistas Mera y El Campesino, sin otra formación que la política, decidían dar descanso a sus tropas.

De esa manera, el 25 de julio, cuando Franco cumplió su promesa y envió una división y dos brigadas de refuerzo, sumando unas tropas totales de 65.000 hombres, derrotaron a los 85.000 republicanos y recuperaron con creces el terreno perdido. Las bajas, 30.000 republicanos y 17.000 nacionales, entre muertos, heridos y prisioneros, dejaban bien clara la diferencia en la eficacia de las dos concepciones en el modelo de guerra. Disciplina militar frente a desidia revolucionaria.

Fuente: Intereconomía

Declaración de Independencia estadounidense


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En la historia de Estados Unidos, documento que proclamó la independencia de las trece colonias británicas de América del Norte y que fue adoptado por el Congreso Continental el 4 de julio de 1776.

La declaración expresaba las penalidades sufridas por las colonias bajo el gobierno de la Corona británica y las declaraba estados libres e independientes. La proclamación de la independencia supuso la culminación de un proceso político que había comenzado como protesta contra las restricciones impuestas por la metrópoli al comercio colonial, las manufacturas y la autonomía política, y que evolucionó hasta convertirse en una lucha revolucionaria que acabó en la creación de una nueva nación.

La filosofía política enunciada en la Declaración tuvo una influencia constante durante muchos años en los procesos políticos de Europa y América. Sirvió como fuente de autoridad para la Ley de Derechos de la Constitución de Estados Unidos. Su influencia se manifiesta en la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano, adoptada por la Asamblea Nacional de Francia en 1789 durante la Revolución Francesa. En el siglo XIX, diversas personalidades y grupos políticos de Europa y Latinoamérica que luchaban por la libertad de sus pueblos incorporaron en sus manifiestos los principios formulados en la Declaración de Independencia.

El proceso que acabó dando existencia a la Declaración fue el siguiente: el 7 de junio de 1776 Richard Henry Lee, en nombre de los delegados de Virginia en el Congreso Continental, propuso la disolución de los vínculos que unían a las colonias con Gran Bretaña. Esta propuesta fue secundada por John Adams de Massachusetts, pero la acción se postergó hasta el 1 de julio y la resolución se aprobó al día siguiente. Mientras tanto, un comité (designado el 11 de junio) formado por los delegados Thomas Jefferson, Benjamin Franklin, John Adams, Roger Sherman y Robert R. Livingston, estaba preparando una declaración acorde a la resolución de Lee. El 4 de julio fue presentado al Congreso, que añadió algunas correcciones, suprimió apartados (como el que condenaba la esclavitud), incorporó la resolución de Lee y emitió todo ello como Declaración de Independencia.

Fue aprobada por el voto unánime de los delegados de doce colonias; los representantes de Nueva York no votaron porque no estaban autorizados. No obstante, el 9 de julio el Congreso Provincial de Nueva York concedió su apoyo.


El 2 de agosto fue firmado por los 53 miembros presentes en el acto; los tres ausentes firmaron después. El documento defiende el derecho a la insurrección de los pueblos sometidos a gobiernos tiránicos en defensa de sus inherentes derechos a la vida, la libertad, la búsqueda de la felicidad y la igualdad política.

Actualmente el pergamino se conserva, junto con otros documentos históricos, en la Sala de Exposiciones del Archivo Nacional de Washington, sellado en una urna de cristal y bronce para su protección.

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