El Mundo Romano tras la Conquista de la Galia


El territorio de la Galia se encontraba habitado por los galos, antiguos celtas, y estaba dividida en dos regiones: la Galia Trasalpina o Ulterior, que se extendía por Francia, Bélgica, parte de los Países Bajos, Alemania y Suiza, y la Galia Cisalpina o Citerior que comprendía el norte de Italia.

El territorio fue ocupado por los celtas, que se instalaron en esta región hacia el año 500 a.C y, entre el 250 y el 150, poblaron la zona los belgas; aunque fueron los romanos quienes unificaron políticamente el territorio al crear la provincia de la Galia.

Dicho territorio comprendía unas noventa ciudades, gobernadas por grandes propietarios rurales; esta división facilitó la conquista de estas tierras por César (58-51 a.C.), que sometió la primera de las dos regiones antes mencionadas, la Galia propiamente dicha. Ésta fue dividida por Augusto en cuatro provincias: Aquitania, Narbonense, Bélgica y Lugdunense. El territorio galo sufrió un proceso de romanización progresiva; se impuso a los pobladores el uso del latín, se fundaron nuevas ciudades, entre las que destacaron por su importancia comercial y administrativa se encontraban Burdigala, Lutetia y Lugdunum (las actuales Burdeos, París y Lyon, respectivamente). La crisis económica del siglo III provocó el éxodo de la población rural hacia las ciudades, lo que fue causa de que los emperadores facilitaran la instalación de colonos germánicos (llamados bárbaros por los romanos). En el 406 fue invadida por los suevos, vándalos y alanos, a los que más tarde se unieron burgundios, alemanes y francos. El rey franco Clodoveo unificó la Galia a fines del siglo V, y sus habitantes paseron a denominarse francos.