El Fin de la Guerra Fría [Mapa Conceptual]


Tras la Segunda Guerra Mundial, apareció un nuevo orden internacional en el que destacaba una Europa en declive y unos enfrentamientos y alianzas que sobrepasaban nacionalidades y soberanías. Los tratados de paz y los avances técnicos, por otra parte, se configuraron como factores fundamentales de la nueva situación, por su enorme proyección en la sociedad. Si la Revolución Industrial había dividido el mundo entre países industrializados y los que no introdujeron estas innovaciones, tras la contienda unos países decidieron confiar en la propiedad privada, mientras otros apoyaron el papel primordial del estado en las relaciones económicas.

Los países pretendieron encontrar el equilibrio basado en la coexistencia de dos bloques: el occidental, liderado por los Estados Unidos de América, y el comunista, dirigido por la Unión Soviética. Pero este equilibrio fue siempre difícil, más aún cuando los imparables procesos de descolonización de los Imperios crearon tensiones: cada bloque presionaba sobre los nuevos países para que formaran parte de sus respectivas alianzas políticas y económicas.

 

Las tensiones entre los bloques no fueron una novedad, evidentemente, ya que existieron durante la guerra contra el III Reich (de hecho, se puede afirmar que la cordialidad sólo existió en la Conferencia de Teherán de 1943, puesto que en Yalta y en Potsdam los problemas entre Gran Bretaña, la Unión Soviética y los Estados Unidos, por sus diferentes criterios, ya se apuntaban), pero éstas se hicieron definitivamente patentes a partir de 1947, con la definición de la Doctrina Truman y con la Conferencia de París, donde se aprobó el plan de ayuda americana a Europa que hoy conocemos como Plan Marshall. A partir de entonces se inició una carrera abierta hacia la consecución de enclaves estratégicos, de establecimiento de alianzas, por el control de materias primas y, también, por lograr prestigio. A partir de entonces todos los rincones del planeta adquirían importancia para las grandes potencias, por lo que surgieron en muchos nuevos y viejos países la disyuntiva entre aceptar la ayuda de los grandes colosos (la Unión Soviética y los Estados Unidos), o considerar ésta como un peligro para su independencia.

La nueva guerra, la que a partir de entonces se denominó como Guerra Fría, utilizó como armas nuevas la disuasión, la persuasión y la subversión.

1809 – Batalla de Ocaña


La batalla de Ocaña fue un enfrentamiento militar de la Guerra de la Independencia Española. Tuvo lugar el 19 de noviembre de 1809 junto al municipio toledano de Ocaña. Enfrentó a un ejército francés de unos 40.000 infantes, 6.000 caballos y numerosa artillería al mando del Mariscal Soult con otro español de unos 51.869 hombres, de los cuales 5.766 eran de caballería, con 55 piezas de artillería al mando del general Aréizaga.

Plano de la Batalla de Ocaña

Preparación

Después de la batalla de Talavera, Francisco de Eguía sucedió al general Cuesta en el mando del Ejército de Extremadura. Cumpliendo las órdenes de la Junta Central, Eguía pasó a reunirse con el Ejército de La Mancha, que derrotado en la batalla de Almonacid se había instalado en Sierra Morena, sentando a finales de septiembre su Cuartel General en el municipio ciudarrealeño de Daimiel, donde tomó el mando. Situado el ejército inglés de lord Wellington en Portugal, Eguía sólo había dejado en Extremadura unos 12.000 hombres al mando del duque de Alburquerque.

El ejército formado por la Junta Central era el mejor y más fuerte que España había conseguido reunir tras el desastre de Tudela, gracias a los uniformes, las armas y el equipamiento enviados por los aliados británicos. Los efectivos con los que contaba el 3 de octubre eran 51.896 infantes, 5.766 caballos, 35 piezas de artillería y algunas compañías de zapadores.

En cuanto al ejército francés, ya concentrado de nuevo después de su victoria de Almonacid de Toledo, efectuó un movimiento ofensivo en dirección a Daimiel, por Villarrubia de los Ojos con el I Cuerpo al mando del mariscal Víctor, y por Villaharta a Manzanares con el IV Cuerpo del mariscal Sebastiani, lo que obligó de nuevo al Ejército de La Mancha a volver a su refugio de Sierra Morena. Este hecho disgustó en extremo a la Junta Central, que acariciaba la idea de arrojar al enemigo de Madrid, y el general Eguía fue destituido debido a su irresolución y conducta en extremo prudente, sucediéndole en el cargo el general Juan Carlos de Aréizaga, quien se había dado a conocer recientemente en la batalla de Alcañiz y se encontraba en Lérida, comisionado por el general Blake para preparar la resistencia de la ciudad a los ataques de los franceses de Aragón. Fue nombrado Jefe del ejército del Centro el 22 de octubre de 1809, tomando posesión al día siguiente.

Movimientos previos

El 3 de noviembre, Aréizaga se traslada con sus tropas pasando del Cuartel general a Santa Cruz de Mudela y el 7 de noviembre a Herencia. Las tropas de Aréizaga estaban organizadas en una vanguardia, siete divisiones de infantería y otra de caballería, mandadas respectivamente por los brigadieres Zayas, Luis Lacy, Gaspar de Vigodet, Pedro Agustín Girón, Francisco González Castejón; mariscales de campo Tomás de Zeraín y Pelegrin Jácome; brigadieres Francisco Cópons y mariscal de campo Manuel Freire, muy experto el último en el manejo de la caballería.

La caballería precedía al ejército para explorar el terreno, que se apresuraban a abandonar los jinetes imperiales franceses de Milhaud y París al ver la rapidez con que avanzaban los españoles. A pesar de ello, tuvieron lugar algunos combates, como sucedió en la Cuesta del Madero y a las mismas puertas de Ocaña, junto a cuya villa se encontraba ya reunido el 11 de noviembre todo el ejército español, habiéndola abandonado la noche anterior la brigada Milhaud y la división polaca del IV Cuerpo, que se replegaron hacia Aranjuez.

Aréizaga se dispuso el 14 de noviembre a efectuar el paso del Tajo, la División Lacy por Colmenar de Oreja y el resto del ejército por Villamanrique de Tajo, donde a uno y otro vado desplegaron los ingenieros españoles dos puentes de carros. Dicha operación se vio entorpecida por un temporal que duró tres días. Este inesperado contratiempo desconcertó a Aréizaga y desistió de ella, perdiendo un tiempo precioso, pues mientras él permanecía en Santa Cruz de la Zarza en la mayor indecisión, los franceses reunían en Aranjuez todas sus fuerzas al mando del rey José Bonaparte en persona, con el mariscal Soult: 40.000 infantes, 6.000 caballos y numerosa artillería que mandaba el general Sénarmont. Sin embargo, recelosos todavía los franceses y sin resolverse a tomar la ofensiva, dejaron que Aréizaga avanzase de nuevo a Ocaña el 18 de noviembre, donde hubo un choque de caballería en Ontígola, pudiendo el general español establecer allí tranquilamente sus tropas en la mañana del 19 de noviembre, al saber que los franceses habían al fin determinado atacarle.

Primeros ataques

El Ejército español formó en dos líneas a derecha e izquierda de Ocaña con la caballería en los flancos: el grupo mayor, mandado por el general Freire, a la derecha, un poco a retaguardia y el otro grupo al mando del coronel Ossorio. A las diez de la mañana rompieron el fuego las guerrillas de uno y otro ejército, dirigiéndose el mariscal Mortier con las divisiones polaca y alemana del IV Cuerpo, apoyadas por otra del V Cuerpo, contra la derecha y centro del ejército español, mientras la de Dessolles se presentaba al frente de Ocaña por la derecha de aquéllas y el general Sénarmont establecía casi toda la artillería de ambos cuerpos en una prominencia que dominaba perfectamente el campo de acción, quedando en reserva con la Guardia Real y las tropas restantes.

La caballería imperial francesa, puesta a las órdenes del general Sebastiani, dio un gran rodeo para practicar un movimiento envolvente sobre la derecha española, objetivo principal del ataque.

Comienza la batalla

La primera acometida de los soldados polacos fue rechazada por los españoles, que salieron a su encuentro y sólo pudieron ser contenidos en su avance por la artillería francesa, bajo cuya protección se rehizo de nuevo el frente polaco. El frente español reiteró el ataque con más energía y pese a los esfuerzos de su artillería fue empujada la línea española a retaguardia, teniendo al fin que efectuar un cambio de frente, ante la amenaza de la caballería de Sebastiani que se divisaba ya hacia su flanco. Dicho movimiento, difícil en circunstancias tan críticas, incluso para tropas veteranas, lo efectuaron las tropas españolas, unas en desorden, otras con el mayor aplomo y serenidad, sobre todo las de la 1.ª División, cuyo jefe, el brigadier Lacy, empuñando la bandera del regimiento de Burgos para alentar a los suyos, escarmentó a los que de cerca le acosaban, siendo herido el general francés Lewal, que perdió además uno de sus ayudantes. También fue gravemente herido, por la parte española, el marqués de Villacampo, ayudante de Lacy.

Viendo el mariscal Mortier que flaqueaba su primera línea, mandó a Girard que con su división (la 1.ª del V Cuerpo) marchase por los intervalos de aquélla contra los españoles, los cuales, observando que por su izquierda las tropas de Desolles estaban próximas a penetrar en Ocaña y que por su derecha la caballería española huía ante la gran masa de jinetes franceses dispuestos a la carga, cedieron al fin buscando el apoyo de la vanguardia.

Final de la batalla

Poco más tarde del mediodía, la caballería imperial francesa, dejando cortados en su rápido movimiento envolvente regimientos enteros, obligó al ejército español a rendir las armas. En las filas españolas, todo fue confusión y pánico, siendo impotentes los jefes y oficiales para contener la dispersión.

Zayas, recibiendo a cada instantes órdenes contradictorias, se mantuvo algún tiempo en su puesto, pero ocupada la villa de Ocaña por los soldados de Girard y de Desolles, tuvo también que retirarse, aunque lo hizo en buen orden, retrocediendo paso a paso hasta llegar a Dosbarrios, donde fue al fin envuelto en la derrota general. Tan sólo la división Vigodet pudo mantenerse unida y en formación ordenada gracias al ejemplo del regimiento de la Corona, cuyo Cuerpo, rodeado de franceses, juró ante su coronel José Luis de Lioni no separarse de sus oficiales, y salvar cinco piezas de artillería con sus carros de municiones, sirviendo aquella División de núcleo para que se le reuniesen algunos Cuerpos de las restantes y unos 200 caballos. Esta columna se dirigió a Yepes, más tarde a La Guardia, y hallando este pueblo ocupado por el enemigo a Turleque, en cuyo punto volvió a ponerse a las órdenes de su general en jefe, sin haber dejado en tan largo y tortuoso camino ni un hombre ni una pieza.

Aréizaga permaneció durante toda la batalla encaramado en una de las torres de Ocaña, atalayando el campo, pero sin dar disposición alguna ni dirigir la marcha del combate y después tomó el camino de Dosbarrios, La Guardia y Daimiel, donde el 20 de noviembre informó a la Junta Central de la catástrofe. Ésta fue espantosa, pues 4.000 hombres resultaron muertos o heridos, de 15.000 a 20.000 prisioneros y se perdieron 40 cañones, equipajes, víveres, etc., casi todo el material del ejército español. El regimiento de España perdió sus dos primeros jefes, 35 oficiales y 800 soldados entre muertos, heridos y prisioneros; el de Málaga las dos terceras partes de su fuerza, y así la mayor parte de los Cuerpos. A pesar del desastre y la derrota sufrida, Aréizaga recibió el agradecimiento de la Junta Central y compensaciones por los servicios prestados.

Anécdotas

  • Algunos Cuerpos, como el Batallón de Vélez-Málaga, se abrieron paso a la bayoneta por las calles de Ocaña; los batallones de Burgos y Chinchilla dieron también brillantes cargas.
  • La Compañía de granaderos de Bailén, de la que era capitán Francisco Zavala, consiguió, auxiliada por el ayudante Valentín de Torres y los subtenientes Manuel Sánchez y Pedro López, desembarrancar una batería y salvar a brazo las piezas.
  • El cabo Antonio Martín, de la Compañía de Voluntarios de Sevilla, viendo al subteniente abanderado herido y postrado en tierra, recogió de sus manos la bandera y, rodeándola a la cintura debajo del uniforme, la mantuvo oculta todo el tiempo que estuvo prisionero, hasta que, habiendo logrado fugarse, pudo presentarla el 31 de diciembre a su general en jefe en La Carolina. Fue recompensado con la subtenencia de la misma bandera (según Gaceta del 3 de abril de 1810).
  • El sargento de Córdoba, Andrés Quercó, al ver que el enemigo arrebataba una de las banderas del regimiento, pasó por entre las filas contrarias y llegando al punto donde estaba la bandera, se apoderó de ella dando muerte al que la empuñaba y se reunió después con su Cuerpo en Puertollano, ostentando su glorioso trofeo.
  • La tradición popular atribuyó escenas de gran valor y alta moral, si bien muy poco probables, como la del soldado de Málaga que al ser conducido al hospital a hombros de sus compañeros, pues había perdido ambas piernas por el impacto de un cañonazo, tiró al aire su chacó al ver a su regimiento y exclamando: ¡Esto no es nada, compañeros: viva Fernando VII!
  • En esta batalla participó el general chileno José Miguel Carrera Verdugo, uno de los próceres de la Independencia de Chile y actor importante del las Batallas entre unitarios y federales argentinos. Tras una serie de batallas en España donde demostró su valor, en Ocaña fue herido de una pierna, acción que le valió el ser condecorado con la “Cruz de Talavera” y el ser ascendido a Sargento Mayor del regimiento “Húsares de Galicia”.
Batalla de Ocaña
Guerra de la Independencia Española, dentro de las Guerras Napoleónicas
Fecha 19 de noviembre de 1809
Lugar Ocaña, España
Coordenadas 39°57′N 3°30′O (mapa)
Resultado Victoria francesa
Beligerantes
Primer Imperio francés Reino de España
Comandantes
Jean de Dieu Soult Juan Carlos de Aréizaga
Fuerzas en combate
50.000 hombres 40.000 infantes, 5.700 jinetes y 50 cañones
Bajas
2.000 muertos y heridos 1.800 muertos, 2.700 heridos, 17.000 prisioneros y 40 cañones capturados

Guerra de Troya


En la mitología griega,  fue un conflicto bélico en el que se enfrentaron una coalición de ejércitos aqueos contra la ciudad de Troya y sus aliados. Según Homero, se trataría de una expedición de castigo por parte de los aqueos, cuyo casus belli habría sido el rapto o fuga de Helena de Esparta por el príncipe Paris de Troya.

Esta guerra fue narrada en un ciclo de poemas épicos de los que solo dos han llegado intactos a la actualidad, la Ilíada y la Odisea, ambas obras de Homero. La Ilíada describe un episodio de esta guerra, y la Odisea narra el viaje de vuelta a casa de Odiseo, uno de los líderes griegos.

Los antiguos griegos creían que los hechos que Homero relató eran ciertos. Creían que esta guerra había tenido lugar en los siglos XIII a. C. o XII a. C., y que Troya estaba situada cerca del estrecho de los Dardanelos en el noroeste de la península de Anatolia (actual Turquía).  En tiempos modernos, en cambio, tanto la guerra como la ciudad eran consideradas mitológicas.

Pero en 1870 el arqueólogo alemán Heinrich Schliemann excavó la colina de Hisarlik, donde creía que estaba la ciudad de Troya, y halló los restos de la antigua ciudad de Nueva Ilión, bajo la cual halló otras ruinas, y debajo de estas, otras más. Cada una de estas ruinas daba lugar a los restos de distintas ciudades que parecían haber sido habitadas en épocas distintas. Schliemann pretendía hallar la Troya homérica pero, en el curso de los años, él y sus colaboradores hallaron siete ciudades sepultadas y más tarde otras tres. Sin embargo, quedaba por decidir cuál de estas diez ciudades era la Troya de Homero.

Algunos historiadores creen que Troya VI o Troya VII deben identificarse con la ciudad homérica, porque las anteriores son pequeñas y las posteriores son asentamientos griegos y romanos. Otros historiadores opinan que los relatos de Homero son una fusión de historias de asedios y expediciones de los griegos de la Edad del Bronce o del periodo micénico, y no describen hechos reales. Los que piensan que los poemas épicos de la guerra de Troya derivan de algún conflicto real lo fechan entre 1300 a. C.-1100 a. C.

Por tanto hay un desacuerdo absoluto por el lugar del acontecimiento pero lo contaremos según el mito.

Hubo una boda entre Peleo, rey de los mirmidones y Tetis, ninfa de los mares. Acudieron a tal cita todos los dioses del Olimpo, menos Éride, diosa de la discordia, que arrojó una manzana a la más bella. Hera, Atenea y Afrodita discuten.

Nació el hijo de Príamo, rey de Troya, y Hécuba, al que abandonan en el bosque. Cuando se hace mayor, se encuentra con las 3 diosas, y Paris elige a Afrodita como la más bella. Esta hace que Paris se encuentre con sus padres…

Menelao, rey de Esparta, se casa con Helena “la de las hermosas mejillas”, la mujer más bella. (Penélope, prima de Helena se casa con Ulises)…

Cuando Paris oyó hablar de la belleza de Helena, fue a comprobarlo. Menelao los acogió en su palacio. Un día, mientras Menelao cazaba, Paris y Helena se fueron a la nave y se marcharon a Troya.

Cuando Menelao se entera, con la ayuda de su hermano Agamenón, reunieron a muchos hombres que les guardaban fidelidad. Ellos necesitaban la ayuda de Aquiles…

Tetis, la madre de Aquiles, lo esconde en la isla de Esciros, junto al rey Licomedes. Ella lo sumergió en las aguas del Éstige, para que fuera inmortal, pero el talón no lo bañó y temía que muriera. Al final Ulises lo encontró (disfrazado de mujer) y su madre le dejó marchar, con él y con 50 naves que le ofreció su padre.

Los griegos, tras el viaje, llegan a orillas de Troya, donde forman un pueblo. Mientras esperaban la lucha contra Troya, saqueaban pequeños pueblos de alrededor, para abastecerse. En uno de estos, apresaron a Criseida que fue entregada Agamenón y Briseida, que fue entregada a Aquiles. De pronto el padre de Criseida, sacerdote de Apolo, fue a por ella sin éxito. En el campamento de los griegos aparecieron las fiebres, que mataban a muchos hombres. Era a causa de Apolo, y hasta que Agamenón no soltara a Criseida, no pararía. La soltó, y se quedó con Briseida. Aquiles se enfadó y se negó a luchar con él, y le pidió a su madre que hablara con Zeus para que ayudara a los Troyanos a ganar.

Tetis habló con Zeus, y este aceptó… le envió un falso sueño a Agamenón, y lo animó a luchar…

Después de 2 años, se encontraron los 2 ejércitos, y Paris y Menelao llegaron a un acuerdo: una lucha cara a cara, y quién ganase se quedaría con Helena. Hicieron unos sacrificios, y Paris comenzó con la lucha. Afrodita ayudaba a Paris, y Menelao le pedía ayuda a Zeus…

Al final Afrodita se llevó a Paris a su casa de Príamo. Los griegos pensaron que Helena se quedaría con ellos, pero Afrodita se la llevó junto a Paris.

Para que no acabara la guerra, Atenea hizo que un troyano disparara a Menelao, pero este no murió, y volvieron a luchar. Diomedes mata a Pándaro, atravesándole la cara con una lanza. Héctor, hermano de Paris volvió a Troya para ver a su madre (para que le vistiera con ropas elegantes y le pidiera a Atenea que le dejara de ayudar a los griegos, y fuera piadosa con los troyanos), a su mujer y a su hijo, y a reprocharle a Paris que fuera al campo de batalla.

Paris se reunió con su hermano y volvieron a la batalla. Los griegos retrocedían. Atenea hizo que la guerra acabara por aquel día, y que Héctor desafiara a Áyax, (un griego), como le hizo su hermano a Menelao. Ambos se retiraron (Héctor herido) hasta el día siguiente, que siguieron la batalla.

Agamenón (griego) veía muy mal el fin de la guerra, y propuso olvidar a Helena, y a Troya. Pero la mayoría prefería seguir luchando.

Néstor pensó que sería necesaria la vuelta de Aquiles para derrotar a los troyanos. Mandó a Áyax, Ulises y a Fénix para que hablaran con él, pero Aquiles no quiso, ni siquiera devolviéndole a Briseida.

Agamenón y Menelao decidieron formar un consejo para que alguien fuera a espiar a los troyanos. Diomedes se ofreció y eligió a Ulises como compañero. En Troya, Héctor dejó que Dolón fuera a espiar a Agamenón. Diomedes y Ulises atraparon a Dolón y este les contó que los caballos del rey Reso rey de los tracios eran los mejores, y después lo mataron.

Cuando llegaron, Diomedes mató a Reso, y Ulises soltó los caballos. Ulises le hizo una ofrenda a Atenea con el casco y las armas de Dolón.

Zeus hizo que lloviera lluvia roja como la sangre. A pesar de esto, troyanos y griegos se volvieron a encontrar. Los troyanos retrocedían. Hirieron a Agamenón en el brazo con una flecha. Héctor intentó hacer retroceder a los griegos, a no ser porque Ulises y Diomedes se quedaron firmes. Paris le clavó una flecha a Diomedes y se tuvo que retirar. Hirieron a Ulises. Áyax y Menelao fueron a por él. Paris hirió a Macaón (tenia el don de curar a los hombres), al que llevaron al pabellón de Néstor. Néstor le dijo a Patroclo que podía hacerse pasar por él para que a los troyanos le entrara el miedo.

La compañía de Héctor cruzaba los fosos y atacaban. Sarpedón y Glauco arremetían contra la muralla. Zeus es seducido por helena y abandona la batalla, entonces Poseidón, hermano de Zeus daba ánimos a los guerreros. Áyax hirió a Héctor y lo retiraron al río Janto porque vomitaba sangre. Zeus al darse cuenta de lo que pasaba, le pidió ayuda a Apolo, dios del sol que le diera nuevas fuerzas a Héctor y este volvió a la batalla. Los griegos volvían a las naves. Héctor gritaba que prendieran fuego a las naves, y Áyax que mataran a Héctor. Patroclo vio que media flota estaba en llamas.

Aquiles le dejó su armadura y su carro de caballos a Patroclo para guiar a los mirmidones y q. así los troyanos se acobarden. Automedónte, el auria del príncipe, enganchó a Janto y Balio (dos caballos inmortales) y a Pédaso (uno mortal) al carro.

Cuando los troyanos le vieron, se acobardaron. Aquiles le pedía a Zeus que Patroclo volviera sano y salvo. Patroclo mató a Sarpedón, hijo de Zeus, q. mandó a los gemelos Sueño y Muerte para que lo enterraran y envenena a Patroclo con la fiebre del combate. Este llegó hasta las murallas de Troya. Cuando trepaba las piedras, Apolo le dio un empujón, y se le cayó el casco. Se dieron cuenta de que no era Aquiles, y Héctor lo mató, y se puso la armadura. Este, antes de morir, le dijo que Aquiles lo mataría. Los mirmidones se llevaron el cuerpo de Patroclo desnudo y sangriento.

Antíloco, hijo de Néstor, fue a darle la noticia a Aquiles. Este se echó las culpas…

Tetis, madre de Aquiles, apareció y lo abrazó, y le dijo que le pediría a Hefesto (señor de los armeros) que le hiciera una armadura para combatir con Héctor.

Los mirmidones le llevaron a Patroclo junto a Aquiles. Héctor le hizo frente a Aquiles en la llanura. Tetis le dio la armadura a Aquiles, y antes de luchar le pidió disculpas a Agamenón.

Aquiles mató a muchos troyanos, y cuando llegó a Héctor, este echó a correr… Héctor sacó la espada, y Aquiles le lanzó una lanza al cuello. Héctor le dijo q. su hermano Paris lo mataría. Aquiles ató a Héctor por los tobillos y lo llevó arrastrando hasta las naves.

La madre de Héctor gritaba y se lamentaba, y al oírla, Andrómaca, fue hacia ella, y vio al cuerpo de su marido arrastrado por el carro de Aquiles. Esa noche Patroclo se le apareció a Aquiles y le preguntó por que no le habían incinerado y sepultado. Aquiles lo hizo de inmediato. Los compañeros de Patroclo se cortaron un mechón de pelo, en señal de duelo, y después de degollar a 12 troyanos, quemaron el cuerpo de Patroclo y construyeron una cimera de piedra. Después hicieron los juegos fúnebres:

Carrera de carros, Diomedes quedó 1ª, Antíloco 2ª, Menelao 3º, Meríones 4º, Eumeleo 5º.

Después había lucha de púgiles, o boxeo. Epeo y Euríano lucharon, y ganó Epeo. Luego Aquiles mandó poner la armadura de Sarpedón en una lanza, y quién la quisiera, tendría que luchar contra el otro. Lucharon Diomedes y Áyax, y por miedo a que se matasen, la compartieron.

Cuando todos dormían, Aquiles fue al lugar donde estaba el cuerpo de Héctor lo enganchó por los tobillos y le dio 3 vueltas al tumulto funerario de Patroclo, durante 12 noches y 12 días. Apolo protegía el cuerpo de Héctor para que no sufriera daños.

Tetis le dijo a su hijo que los dioses del Olimpo estaban enfadados y que debía devolverle el cuerpo de Héctor a su padre. Iris fue a decirle a Príamo que fuera a hablar con Aquiles, por su hijo, y este le escucharía. Cargó los tesoros en un carro, y Príamo se dirigió a las naves. En su “viaje” lo acompañó Hermes, dios de los viajeros. Al llegar, Príamo le suplicó por su hijo muerto. Luego lloraron juntos. Comieron y Príamo volvió con Héctor. Andrómaca, Hécuba y Helena se lamentaban junto a él. A los 10 días de los 11 de tregua, lo incineraron y construyeron un túmulo funerario.

Los troyanos esperaban a los guerreros al mando del rey Memnón, hijo de Aurora y a un poderoso ejército de amazonas. La calma de Aquiles dio unos días de paz…

En medio de la ciudad de Troya se encontraba el Paladio, o suerte de Troya, donde se encontraba una piedra negra en forma del escudo de Atenea, y a Ulises le pareció buena idea robarlo. Hizo un plan y se dirigió en busca de las hijas del rey Delos. Esa noche un mendigo se acomodó en la puerta de Diomedes, y este le dio de comer y de beber. Este iba de aquí para allá sacando trapos sucios de los griegos, y estos se hartaron de él. Lo llevaron ante las murallas de Troya, le pegaron y lo amenazaron. Cuando se fueron, Helena fue a hablar con él, este le dijo que su padre y sus hermanos habían muerto. Helena lo llevó al palacio y lo lavó, entonces se dio cuenta de que era Ulises. Estuvieron hablando, y Helena le hizo regalos. Ulises se quedó por allí unos días durmiendo en los templos. La última noche durmió en el templo de Atenea, he hizo que la última sacerdotisa se tomara la ampolla del sueño que Helena le había regalado. Después cambió la piedra y esperó a que amaneciera para irse. Al llegar a Grecia, les enseñó el paladio y sacrificaron 10 bueyes a Zeus. Los troyanos perdían la esperanza.

Las mujeres guerreras decidieron unirse a los troyanos porque la princesa Pentesilea había dado muerte a su hermana Hipólita y deseaba morir en combate. Al llegar a Troya les hicieron regalos, entre ellos una espada, y Pentesilea juró matar a Aquiles con ella. Andrómaca se lamentó por ella. Griegos y amazonas lucharon. Aquiles mató a Pentesilea, y al verla, en el suelo muerta, echó a llorar. Se las devolvieron a Príamo para q. les diera sepultura.

Los troyanos esperaron la llegada de Memnón y cuando llegó, se fue al llano a luchar. Memnón mató a Antíloco, atravesándole una lanza en el corazón en presencia de su padre Néstor. Luego fue a por Aquiles y lo hirió en el brazo. Aquiles le clavó la espada en el esternón y Memnón murió. Cuando los griegos se acercaban a Troya, Paris le lanzó una flecha (seguida por Apolo) al talón de Aquiles. Ulises fue a por él… Tetis y todas sus doncellas hacían cantos tristes y melodiosos, y los griegos se asustaron, pero Néstor les dijo que era su madre. Hicieron lo mismo que con Patroclo y unieron sus cenizas. Tetis ofreció la armadura al que le llevó el cuerpo de su hijo. Ulises y Áyax la querían, y Néstor les dijo a los cautivos troyanos que decidieran. Cada uno explicó su razón, el dios Dionisio hizo que Áyax pareciera tener borrachera, y eligieron a Ulises. Esa noche, preso de su locura, Áyax cogió la espada y fue en busca de Ulises, pero se encontró con un rebaño de ovejas y las mató. A la mañana siguiente se atravesó el corazón con la espada clavada en el suelo.

Quemaron y sepultaron el cuerpo de Áyax. Calcante, el adivino, les dijo que necesitaban la ayuda de Filoctetes, el arquero de la isla de Lemnos para ganar a Troya, (los griegos lo abandonaron allí porque hacía 10 años que había luchado contra un reptil venenoso que le mordió un pie y de la herida supuraba un veneno nauseabundo.) Diomedes y Ulises fueron a por él, y Filoctetes se fue con ellos. Allí lo arreglaron, y le curaron la herida. Poco después envenenaba a Paris con una flecha. Este fue al monte Ida a buscar a la ninfa Enone, y le dice que se valla con Helena. Paris muere en el bosque. Ahora estaría con Enone siempre.

Helena no fue devuelta a Menelao y se quedó en casa de Deífodo, hermano de Paris. La guerra seguía.

Calcante dijo que debían ganar a los troyanos con la astucia. Hicieron un caballo de madera como ofrenda a Atenea por el robo del paladio. Epeo, el carpintero y sus hombres, trabajaban mucho, y lo terminaron en 3 días. Sinón sería el encargado de decirles a los troyanos que los griegos se volvían.

Al caballo subieron: Menelao, Ulises, Diomedes, Epeo, y muchos más. Laocoonte, sacerdote de Apolo, intentó avisarles tirando una lanza al caballo, pero en ese momento aparecieron los soldados con Sinón. Este les contó la historia falsa.

Atenea se enfadó con Laocoonte por arrojar una laza sobre su regalo he hizo que 2 serpientes mataran a sus 2 hijos y a él. Casandra, hija del rey, advirtió sobre el caballo…

Al caer la noche, los griegos esperaron la señal para salir del caballo, y abrir las puertas.

Incendiaron las casas, mataron al rey Príamo y se llevaron a las mujeres. Menelao fue a casa de Deífobo en busca de Helena y encontró a Ulises… a causa de una promesa a Ulises no mató a Helena. Troya quedó reducida a cenizas, y los griegos volvieron a su ciudad…


¿Cuánta gente iba dentro del caballo de Troya?

Según La Odisea y otras fuentes históricas y literarias posteriores, los griegos micénicos vencieron a los troyanos en la guerra que mantenían por hacerse con el control de la estratégica Troya gracias a un ingenioso truco ideado por Ulises.

Construyeron un caballo de madera de 11 metros de altura, introdujeron en su interior un selecto grupo de guerreros y lo dejaron a las puertas de la ciudad.

Los troyanos, curiosos, se llevaron el caballo dentro y cuando menos lo esperaban vieron saltar de su interior a los griegos, que arrasaron la ciudad y mataron a sus habitantes.

El número y la identidad de los ocupantes del caballo varía de unas fuentes a otras. La Odisea dice que albergó a Aquiles y sus 99 hombres. Apolodoro cifra en 50 el número de combatientes, mientras que Tzetzes escribió que fueron 23, y los nombra.

Por último, Quinto de Esmirna cita 29 nombres. Entre ellos: Ulises, Neoptólemo, Menelao, Esténelo, Diomedes, Filoctetes, Ánticlo, Menesteo, Toante, Polipetes, Ayax y Eurípilo.

¿cuál sería el número real? es incierto pero lo que si sabemos que la estrategia funcionó a la perfección.