636 – Batalla de al-Qadisiyya


La batalla de al-Qādisiyyah (en árabe معارك القادسيّة; transliteración, Ma`ārak al-Qādisiyyah; en persa نبرد قادسيه; también conocida como: Qadisiyya, Qadisiyyah, Kadisiya) fue el combate decisivo entre el ejército árabe musulmán y el ejército sasánida persa durante el primer período de expansión musulmana que terminó en la Conquista musulmana de Persia.

Los eruditos sugieren que su leyenda ha crecido por muchas veces y que toda una literatura mitológica (llena de topoi) se ha desarrollado en torno a ella. En particular, la incertidumbre respecto a la fecha en que ocurrió la batalla (se cree que ocurrió entre el 634 y el 640 d. C., siendo muy probable que haya ocurrido alrededor del año 636 d. C.) y el tamaño de las fuerzas combatientes, además de la poca mención que recibe en los anales no musulmanes, sugiere que la percepción actual de la Batalla de al-Qādisiyyah difiere considerablemente del evento original. Sin embargo, no por eso deja de ser un evento significativo en la historia y memoria del Oriente Medio moderno; la evocación que hizo Saddam Hussein de esta batalla durante la guerra Irán-Irak es un ejemplo del poder emotivo de este antiguo enfrentamiento.

 

El relato tradicional musulmán

Antecedentes

Durante los últimos años de la vida de Mahoma, los árabes ya habían empezado a realizar varias incursiones organizadas a las fronteras de los imperios sasánida y bizantino (como respuesta a su constante amenaza de atacar a los árabes en Medina). A pesar de que estas expediciones fueron menos frecuentes durante la consolidación de Arabia bajo el primer califa Abu Bakr, su sucesor `Umar se interesó en el norte, dando inicio a las Conquistas Árabe-Musulmanas. Tras unas cuantos pequeños éxitos y fracasos, `Umar decidió reemplazar al general Khalid ibn al-Walid por un miembro importante de la tribu Quraysh, y envió un gran contingente árabe hacia Irak (en ese entonces parte del Imperio sasánida) bajo el liderazgo del famoso Sahaba Sa`d ibn Abi Waqqas.

Entonces el joven monarca sasánida Yazdgerd III ordenó a su asesor y comandante general Rostam Farrokhzād detener esa amenaza, y los dos ejércitos se encontraron en el lado occidental del río Éufrates, en el pueblo de al-Qadisiyyah (al suroeste de las ciudades de Al-Hillah y Al-Kūfa en el actual Iraq). Ambas partes comenzaron negociaciones y las delegaciones árabes que visitaron el campo persa les demandaron que aceptaran el islam o en su defecto aceptaran pagar el tributo (yizia). Rostam, quien tenía premoniciones pesimistas, trató de retrasar la batalla, pero cuando ninguno de los bandos llegó a un acuerdo, se desató la pelea. Sa`d no participó en la batalla, pues padecía de una enfermedad del nervio ciático, pero de todos modos supervisó y dirigió los procedimientos de su ejército desde lo alto de un castillo cercano en `Udhayb a través de su delegado Khālid ibn `Urfutah.

La batalla

El primer día de la batalla terminó con la ventaja para los persas, mientras parecía que el ejército árabe iba a sucumbir ante la notable ventaja numérica del ejército sasánida. En particular, los elefantes de guerra que usaron estos últimos aterrorizaban a la caballería árabe, y con éxito crearon confusión entre sus guerreros.

Sin embargo, cuando llegó el tercer día de batalla, los veteranos árabes de la Campaña siria (que se conducía casi de manera simultánea) llegaron al campo de batalla y reforzaron al ejército árabe, y adicionalmente por medio de un ingenioso truco – disfrazar a sus caballos – los árabes consiguieron asustar a los elefantes persas. Cuando un guerrero árabe consiguió matar al primero de los elefantes, los demás huyeron por la retaguardia, atropellando a su paso a numerosos soldados persas. Así, los árabes musulmanes continuaron con su ataque durante la noche.

Al amanecer del cuarto día, se desató una tormenta de arena, arrojó arena a los rostros de los persas. Rápidamente, los árabes consiguieron la ventaja, y el centro de la línea persa cedió, en particular gracias a la ayuda de los arqueros árabes. Rostam, quien había estado dirigiendo a su ejército desde ese lugar, quiso escapar nadando a través del canal (al-`Atīq), pero fue capturado por un guerrero árabe y luego decapitado. Éste último (a veces conocido como Hilāl ibn `Ullafah) anunció su hazaña, mostrando la cabeza de Rostam ante los soldados, gritando: “¡Por el Señor de la Kaaba! ¡He matado a Rustam! ¡Soy Hilal ibn ‘Ullafah!” Al ver la cabeza de su líder ante ellos, los soldados persas perdieron la moral y empezaron a huir, dando lugar a una devastadora retirada.

Desenlace

La mayoría de los soldados sasánidas perdieron su vida en el enfrentamiento, y unos cuantos de ellos sobrevivieron y anunciaron su conversión al islam. Por otro lado, los árabes musulmanes obtuvieron un enorme botín, incluyendo el famoso estandarte real con joyas incrustadas llamado Drafsh-e-Kāveyān (en persa: درفش کاویان, la «bandera de Kāveh»). Los guerreros árabes fueron desde entonces conocidos como ahl al-Qādisiyyah y mantuvieron un gran prestigio entre los futuros pobladores árabes de Iraq y la importante ciudad de al-Kūfah.

Tras la batalla, los ejércitos árabes avanzaron hacia la capital persa, Ctesifonte (también llamada Madā’in en árabe), que fue rápidamente evacuada por Yazdgerd tras un breve asedio. Cuando terminaron de tomar y saquear la ciudad, continuaron con su avance hacia el Oriente, derrotando dos contraataques sasánidas (en Jalūlā’ y en Nihāwand), destruyendo finalmente el imperio persa.

Batalla de al-Qādisiyyah
Conquista musulmana de Persia
Fecha 16-19 de noviembre de 636 (fecha tradicional)
Lugar al-Qādisiyyah, Irak
Coordenadas 31°35′00″N 44°30′00″E (mapa)
Resultado Victoria musulmana decisiva
Beligerantes
Califato Rasidún Imperio sasánida
Comandantes
Sa’d ibn Abi Waqqas
Khālid ibn `Urfutah
Rostam Farrokhzād
Hormuzan
Jalinus †
Beerzan †
Mihran-i Bahram-i Razi
Fuerzas en combate
Estimación medieval:
4.000-88.000 tropas
Estimación moderna:
c. 30.000 tropas
Estimación medieval:
60.000-210.000 tropas
Estimación moderna:
30.000-35.000 tropas
33 elefantes
Bajas
8.500 muertos y heridos Desconocidas, muy altas

La Última Teoría sobre la Evolución de los Mamíferos


La historia de la vida en la Tierra está intrínsecamente ligada a la historia de su clima y sus vaivenes han marcado, en buena medida, la diversidad de los seres que la habitan. Desde hace 65 millones de años, momento en el que desaparecieron los dinosaurios, los mamíferos han evolucionado también al ritmo que han marcado las temperaturas al menos en cuatro grandes cambios climáticos. Las otras dos oleadas de biodiversidad se debieron a la llegada de especies ‘inmigrantes’ que acabaron afectando a las indígenas.

Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores dirigidos por el biólogo Borja Figueirido, actualmente en la Universidad de Málaga, que ha logrado encontrar correlaciones entre la aparición y extinción de más de 500 géneros de mamíferos desde que se hicieron fuertes en la Tierra en el Cenoico, aprovechando el fin de los ‘grandes lagartos’.

En la investigación, publicada en la revista ‘Proceedings of National Academy of Science’ (PNAS) esta semana, se asegura que en los últimos 65 millones de años ha habido seis grandes oleadas de biodiversidad en la evolución de la fauna. Cuatro de ellas, señalan los autores, se debieron a cambios climáticos, algo que no se había podido demostrar cuantitativamente hasta ahora.

Estudios anteriores que se centraron en la conexión entre los cambios en el clima y la evolución en las especies de mamíferos habían detectado la misma diversidad en el registro fósil a lo largo de periodos de tiempo similares.

En este caso, Figueirido decidió seguir el modelo estadístico de Jack Sepkoski, un paleontólogo de la Universidad de Chicago fallecido en 1999, que ha pasado a la historia de la ciencia porque realizó una base de datos con más de 35.000 géneros marinos del Paleozoico, recogiendo datos sobre su aparición y extinción. Sepkoski concluyó que cada 26 millones de años se producían fenómenos cósmicos que provocaban grandes extinciones.

El método Sepkoski

Figueirido se fue a la Universidad de Brown (EEUU), donde trabaja la viuda de -Sepkoski, Christine M. Janis, y comenzó a trabajar con el mismo método estadístico que Sepkoski, pero aplicándolo a mamíferos que vivieron en Norteamérica, en busca de patrones evolutivos que fueran significativos.

“Consiste en buscar morfologías asociadas con una similar dinámica evolutiva, que es lo que se denomina análisis factorial en modo Q”, explica el paleontólogo Paul Palmqvist, de la Universidad de Málaga. Siguiendo esta metodología, lograron identificar seis agrupaciones diferentes de especies de mamíferos, que habían tenido al mismo tiempo un gran aumento, un pico y una bajada en sus poblaciones.

Así, la fauna del Paleoceno dio paso a la fauna del Eoceno temprano y medio hace unos 50 millones de años y justo entonces, según los autores del trabajo, se produjo un cambio en las temperaturas. Ese altibajo quedó reflejado en los niveles de oxígeno atmosférico que se estudian en los isótopos de los fósiles de microorganismos del fondo del océano. “Son un registro muy fiable porque no ha sufrido variaciones en muchos millones de años”, explica Palmqvist.

El trabajo no sólo encontró una correlación entre la cantidad de diversidad de las especies y los cambios de temperatura, sino también una explicación a la adaptación de los rasgos de las especies a las transformaciones de la vegetación que tenían lugar. Así, tras un periodo de calentamiento hace unos 20 millones de años (Mioceno), la vegetación dominante pasó de los árboles a la sabana de prados, y las especies que más éxito tuvieron son los herbívoros.

Janis reconoce, en una nota de prensa, que es difícil hacer predicciones concretas de cómo el actual cambio climático va a afectar a los mamíferos que ahora habitamos el planeta, pero no oculta que en “este trabajo pone en evidencia que en pasado si tuvo un papel importante”. “Ahora, las perturbaciones, relacionadas a un calentamiento provocado por el ser humano, están desafiando la fauna del mundo actual, lo que acentúa el interés por comprender lo que pasó hace millones de años”, señalan los autores en su artículo.

Palmqvist reconoce que no saben aún las razones por las que tuvieron lugar los cambios en el pasado, pero asegura que seguirán investigando.

Fuente: ABC