Descubren la colorida tumba de un escriba real en Luxor


El Mundo

Tumba del escribano real de la época ramésida descubierta en el sur de Egipto MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES EGIPCIO

Tumba del escribano real de la época ramésida descubierta en el sur de Egipto MINISTERIO DE ANTIGÜEDADES EGIPCIO

Un hueco, descubierto fortuitamente durante unas tareas de limpieza, ha abierto la puerta a un nuevo y colorido hallazgo bajo las arenas de Luxor, la antigua Tebas de los faraones. Una misión japonesa ha localizado una tumba que pertenecería a un escriba real que vivió en época ramésida (de los siglos XIII a XI a.C.) en el sur de Egipto.

“Encontramos un gran agujero en el muro norte durante la limpieza de la zona oriental del patio delantero de la tumba de Userhat [alto funcionario del faraón Amenhotep III, abuelo de Tutankamón]”, relata el nipón Jiro Kondo, profesor de Arqueología de la universidad Waseda de Tokio y director de la misión que ausculta la sepultura TT47 en la orilla occidental de Luxor, a unos 600 kilómetros al sur de El Cairo.

“Tras deslizarnos por la abertura, nos percatamos de que conducía hacia la pared sur de una de las estancias de la recién descubierta tumba de Jonsu”, detalla el experto. El primer examen de la sepultura –ubicada en la necrópolis de El Joja– ha arrojado algunos datos de su dueño: Jonsu, un escriba real “de renombre” -como le retratan los jeroglíficos hallados en el interior- que debió desarrollar su labor en época ramésida (1292-1069 a.C.), un período en el que gobernaron once faraones bajo el nombre de Ramsés.

A pesar de los achaques del tiempo, la tumba en forma de T -con el acceso principal sepultado por los escombros y en dirección hacia el este- guarda entre sus muros una colección de escenas talladas en la piedra que aún conservan retazos de los vivos colores de antaño. Así, la pared norte junto a la puerta muestra el barco solar del dios naciente Ra Atón mientras es adorado por cuatro babuinos. En otras áreas de la oquedad, como el muro oriental, Jonsu y su esposa rinden culto a Osiris, la deidad de la resurrección, y su cónyuge Isis, la gran diosa madre en la mitología egipcia. Ambas figuras, despedazadas, aparecen también en la zona norte.

“Por desgracia la mayoría de las pinturas murales de la sala transversal han desaparecido”, apunta Kondo, cuyo equipo confía en desentrañar nuevos secretos cuando se retiren los grandes bloques de piedra que se acumulan en la cámara interior de la tumba, que desde el acceso hasta la última estancia mide unos 4,6 metros. De momento, el egiptólogo japonés reconoce que las decoraciones que permanecen en el techo se hallan en mejor estado que las que lucen los muros.

La misión de Kondo firmó un sonado hallazgo a principios de 2014 al desvelar la tumba de un jefe de la fábrica de cerveza de época ramésida en la necrópolis tebana, también durante la limpieza de la cercana sepultura de Userhat. El difunto, Jonsu Im Heb, era el máximo responsable de la factoría y los almacenes de cerveza dedicados a la gran diosa madre Mut. Su enterramiento fue un descubrimiento formidable por la conservación de su interior. Las coloridas estampas que adornan muros y techos aportaron detalles de la vida cotidiana, las relaciones familiares y las ceremonias religiosas.

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El Marte primitivo se parecía al Ártico


El Mundo

Vista del cráter Gale NASA

Vista del cráter Gale NASA

Marte es en la actualidad un planeta extremadamente seco y frío, con un ambiente extraordinariamente inhóspito para la vida como la conocemos en la Tierra. Los científicos saben, sin embargo, que en el pasado tuvo agua y un clima diferente al actual. Continuando con el trabajo que iniciaron otros vehículo robóticos, el rover de la NASA Curiosity está buscando desde agosto de 2012 pruebas que ayuden a reconstruir cómo era el planeta rojo en el pasado.

Un estudio publicado en la revista PNAS ofrece algunas pistas que permiten trazar un retrato de cómo pudo haber sido ese Marte primitivo basándose en la escasísima cantidad de dióxido de carbono (C02) que el rover halló al analizar sedimentos de aquella época en el cráter Gale, una de las zonas que está explorando. Según propone este equipo de investigadores, en el que participa el español Alberto G. Fairén, del Centro de Astrobiología (CAB/CSIC-INTA), hace 3.500 millones de años esa zona de Marte habría albergado un lago glaciar rodeado por enormes masas de hielo. Un entorno que recordaría al del Ártico terrestre.

Los sedimentos que ha analizado el rover contienen minerales, como arcillas o sulfatos, que sugieren que, en el pasado, esa superficie estuvo en contacto con agua líquida. Un dato, en principio, incompatible con la escasa cantidad de CO2 detectado. Y es que los científicos creían que para que hubiera agua líquida, habría sido necesaria una determinada temperatura, que es propiciada a su vez por un mínimo de CO2 en la atmósfera, ya que este gas genera un efecto invernadero y calienta el planeta.

Según relata Fairén a EL MUNDO, los modelos climáticos que simulan la atmósfera primitiva de Marte mostraban que hace falta cerca de un bar de CO2 para poder tener agua líquida en Marte hace 3500 millones de años. “Sin embargo, las investigaciones de Curiosity confirman que, en realidad, había tan sólo entre 10 y 100 veces menos de esa cantidad mínima. Es decir, entonces había unas decenas o tal vez unos pocos cientos de milibares de CO2. Esto es mucho más que ahora, que sólo hay 6 milibares, pero insuficiente para calentar el planeta. Los modelos nos dicen que harían falta al menos alrededor de mil milibares para generar un efecto invernadero suficiente”, detalla.

“Con el poco CO2 que ha encontrado en los sedimentos de Gale, los modelos atmosféricos predicen temperaturas medias por debajo de -50C. Pero algo se nos escapa, porque Curiosity ha descubierto en esos mismos sedimentos evidencias geomorfológicas de lagos duraderos, deltas y torrenteras bajo un clima no muy frío hace 3.500 millones de años. Esta es la contradicción que plantea el artículo, y que en este momento no sabemos resolver. Una alternativa es que fuera un lago glaciar, en un ambiente muy frío, como los polos de la Tierra hoy. Esta posibilidad está siendo considerada seriamente, pero no tenemos una respuesta final todavía”, admite Fairén, que espera poder responder a esa cuestión con más investigación en el futuro. “Por eso precisamente es un gran avance. La ciencia es una serie de preguntas, no un catálogo de respuestas”, argumenta.

Curiosity es un laboratorio andante así que las muestras que recoge, las procesa in situ, antes de enviar los resultados a la NASA. Para hacer esta investigación, tomó rocas de la superficie y de hasta cinco centímetros de profundidad, que es el máximo que puede perforar. “A partir de ahí, los investigadores analizamos los datos, y los utilizamos para generar modelos que puedan que puedan responder preguntas”, dice Fairén, que investigó durante seis años en la NASA.

Cómo y por qué cambió tanto el planeta rojo sigue siendo una incógnita: “Es posible que Marte tuviera más CO2 en su atmósfera hace entre 3.500 y 4.200 millones de años. En aquel tiempo, habría sido más sencillo que el planeta tuviera agua líquida en la superficie. Hoy está absolutamente seco y es muy frío. Es muy interesante que Curiosity esté estudiando los sedimentos de un lago que existió en Gale justamente en la época de transición entre el Marte húmedo y el Marte seco”, añade. Según recuerda, el robot descubrió hace dos años que Marte ya había perdido la mitad de su agua y gran parte de su atmósfera hace 3.500 millones de años, cuando se formó el lago de Gale, por lo que considera que sus investigaciones pueden “proporcionar muchísima información acerca de la evolución climática de Marte y de cómo, cuándo y porqué perdió su agua y su atmósfera”.

¿Pudo haber formas de vida extremas en ese escenario de hielo? “La vida en la Tierra ocupa casi todos los rincones del planeta, incluyendo las zonas polares. Por lo tanto, si en Gale había un lago glaciar, el entorno no habría sido un impedimento para la vida. De hecho, si en algún momento hubo vida en Marte y apareció, como en la Tierra, muy al principio de la historia geológica del planeta, solamente habría tenido que adaptarse al entorno glaciar”.