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  • Surge una nueva teoría que señala a China como el artífice de la primera globalización
Óleo que representa el ataque inglés a la ruta del galeón de Manila, nombre que recibieron durante más de dos siglos los barcos y el tramo que conectaba Oriente y Occidente. J. CLEVELEY EL JOVEN

Óleo que representa el ataque inglés a la ruta del galeón de Manila, nombre que recibieron durante más de dos siglos los barcos y el tramo que conectaba Oriente y Occidente. J. CLEVELEY EL JOVEN

Cuando hace unos días el presidente chino, Xi Jinping, tomó la tribuna del Foro Económico Mundial en Davos, más de uno se sorprendió al oírle pronunciar un encendido alegato a favor de la globalización y del libre comercio. Pero aunque a muchos sus palabras les sonaron contradictorias, China lleva siglos siendo uno de los protagonistas principales del comercio internacional, y hay expertos que consideran al país asiático -junto a la España e Hispanoamérica del siglo XVI- el artífice de la primera globalización de la Historia.

Es el caso del estadounidense Peter Gordon y el español Juan José Morales, autores del reciente libro La Ruta de la Plata (Ed. Penguin). En sus páginas, los autores rebaten la narrativa histórica dominante que desde la Revolución Industrial encumbra a las naciones anglosajonas como artífices de la globalización, y retrotraen la aparición de este fenómeno más de dos siglos, a una época en la que España y Portugal dominaban los mares y China era la mayor economía del planeta.

Para ellos, hay una fecha clave: 1565, año que en que el fraile y marino Andrés de Urdaneta descubrió y documentó la ruta de vuelta desde Manila (Filipinas) a Acapulco (Nueva España), un tornaviaje que “por primera vez permitía a las embarcaciones europeas navegar el Pacífico de manera fiable en ambas direcciones”, apunta Morales a Mercados.

En una década, esta ruta y los barcos que la surcaban pasó a conocerse como el galeón de Manila, una vía que durante los siguientes 250 años sirvió para conectar Oriente y Occidente e intercambiar conocimientos y mercancías -seda y porcelanas chinas y especias, algodón o marfil del Sudeste Asiático- por plata americana, hasta un tercio de la extraída en las colonias españolas.

Una vez al año, un galeón iba de Manila a Acapulco con esas mercancías, que luego eran trasladadas al puerto de Veracruz, en el mar Caribe, para ser embarcadas en la Flota de Indias rumbo a Sevilla o Cádiz. En contrapartida, otra nao hacía el camino inverso repleto de plata y productos como vino o aceite. En total, 15.000 millas que conectaban Asia con Europa a través de las Américas, la ruta comercial más larga de la historia hasta entonces.

Aunque Gordon y Morales no son los primeros en defender esta teoría, sí que son pioneros en acuñar el término Ruta de la Plata para referirse a este fenómeno, un vocablo “muy definitorio, análogo a la Ruta de la Seda, pero diferente en su significado, y que cambió la economía global para siempre”, especifica el autor español, que también fue presidente de la Cámara de Comercio de España en Hong Kong durante años.

Elementos clave

Según narran, esta Ruta de la Plata ya contaba con los elementos clave de lo que hoy llamamos globalización: rutas comerciales bidireccionales de alcance mundial; la integración de los mercados financieros a través de la plata; intercambios culturales y de personas, y la existencia de la primera urbe global de la historia, una Ciudad de México precursora del Londres o Nueva York actuales. “Además, fue fundamental la aparición de la primera divisa global”, apostilla Morales. Se trataba del real de a ocho, que se empezó a acuñar en el siglo XVI y del que más tarde derivarían el dólar estadounidense, el yuan chino y el yen japonés, entre otros.

Para los autores, son muchas las lecciones que se pueden extraer de aquellos días. La primera, que una China en ascenso no necesita ni converger con Occidente ni convertirse en su enemiga, en una suerte de globalización en la que ambos bandos se integran pero permanecen apartados, tal y como sucedió en los siglos XVI y XVII. “La globalización de entonces integró a China en lo económico, pero no en lo institucional”, subraya Morales. “Lo mismo ocurre hoy. El país comercia con sus propios términos porque tiene la fuerza necesaria para ello. Hay que ser más realistas y convencernos de que, a mayor intercambio económico, China no va a ser más liberal. El modelo anglosajón, que cree que el capitalismo sirve para que arraiguen instituciones democráticas y liberales, no funciona en este caso”, agrega.

China está llamada a jugar un papel fundamental en el mundo de hoy. Más aún observando cambios recientes como el de la retirada estadounidense del TPP, iniciativas como la nueva Ruta de la Seda o la creación del Banco Asiático de Inversión e Infraestructura liderado por Pekín.

Como concluyen Gordon y Morales, lo que está por venir podría parecerse a la primera globalización vivida en el siglo XVII. Un mundo en el que China aspira a ser el jugador dominante, a través de las rutas comerciales y los mercados, más que por la fuerza, y con una relación entre un Oriente y un Occidente “que no mantienen una enemistad insalvable, sino más bien un precario equilibrio en el que cooperar y buscar ventajas”.

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