El Mundo

  • Presenta a los mercaderes catalanes como usureros avaros
  • De los cántabros, “los más infames de todos… Casi todos son ladrones…”
  • De Carlos V: “El emperador austriaco de quien se espera será superior a todos sus antepasados en todo tipo de cualidades”.
Uno de los dos mapas de España impresos en 1525. Ahora reunifcados en un ejemplar BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE PRINCETONDIVISIÓN DE LIBROS RAROS Y COLECCIONES ESPECIALES

Uno de los dos mapas de España impresos en 1525. Ahora reunifcados en un ejemplar BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE PRINCETONDIVISIÓN DE LIBROS RAROS Y COLECCIONES ESPECIALES

La lectura de libros tiene propiedades mágicas para el ser humano, según algunos bibliófilos. La lectura de la Geografía de Claudio Ptolomeo impresa por el alemán Johann Grüninger en 1525 encierra además numerosos misterios y demuestra que algunos tópicos como que los catalanes eran avaros estaban bien implantados en los albores del Renacimiento.

Este peculiar atlas -que ha tenido una vida azarosa desde su impresión en Estrasburgo (Francia)- contiene centenares de anotaciones manuscritas en latín que completan la información que los mapas y el tratado de cartografía de Ptolomeo, cuyo original es del siglo II d.C, no aportan. En los de España, se reconocen los Pirineos, las Islas Baleares (sólo cuatro) y algunas ciudades. Pero es el comentarista anónimo, que sigue siendo un enigma para los investigadores como Chet Van Duzer que lleva trabajando en el libro desde 2013, quien se encarga de dar más detalles de las gentes y los gobernantes de la época. Son textos manuscritos que llenan los márgenes del valiosísimo ejemplar, hoy en la universidad estadounidense de Princeton.

“Lo mejor para sus asuntos financieros es no recibir un préstamo de un comerciante catalán”, escribió el amanuense en uno de los comentarios a pie de página traducidos por Van Duzer. Los tópicos sobre la tacañería de los catalanes se remontan a la Edad Media, fruto de la rivalidad con los italianos, que encontraron en esos adjetivos el mejor insulto contra los mercaderes catalanes -entre quienes incluía a mallorquines y valencianos-, que utilizaban su liquidez para conceder préstamos.

El escribano de las notas era, casualmente, del norte de Italia. Este es uno de los detalles que ha podido descifrar el investigador, que también ha podido establecer la fecha de las anotaciones, 1527, dos años después de la impresión del libro. “Se nota que es una persona muy habladora. Se refiere a la gente que se encuentra; le gustan los ingleses y los alemanes, pero no los suizos y los italianos. Y parece tener una actitud positiva hacia los españoles y su reyes“, añade el experto en mapas de la Edad Media y el Renacimiento. Con una excepción, los cántabros.

En una de las anotaciones, en la que se refiere al filósofo romano Cicerón y de como difama a los españoles como naciones bárbaras y salvajes, el comentarista apunta que “los más infames de todos son los cántabros, que casi todos son ladrones. Las madres matan a sus propios hijos para que no sean capturados por los enemigos”. En otra de las citas sobre la familia real española, el escribano se refiere al rey que Carlos V, “el emperador austriaco de quien se espera será superior a todos sus antepasados en todo tipo de cualidades”. También se declara admirador de la hermana del rey de Portugal, Isabel, que “fue dada en matrimonio al César [Carlos V]. La mujer más bella que ha vivido nunca”.

Cuando el griego Claudio Ptlomeo escribió en el siglo II Geografía -un tratado sobre cartografía que ha pasado a la historia como el Atlas del Mundo- quedaban muchas longitudes y latitudes por afinar. Esa obra fue la que permitió empezar a trazar mapas con precisión.

Las anotaciones de esta edición de 1525 están reescribiendo algunos detalles históricos al aportar información inédita. Por ejemplo, se ha descubierto una descripción más detallada del Santuario del mártir Santo Tomas Becket en la Catedral de Canterbury, que fue destruido en 1538.

En el siglo XV, después de que la obra se tradujera al latín, los escribanos comenzaron a añadir nuevos mapas con los datos actualizados. Por eso las copias de la Geografía al comienzo del Renacimiento cuenta con unos mapas calificados de “modernos” y que no están en el original de Ptolomeo; especialmente a partir de la edición 1513, que luego fueron copiadas en siguientes ejemplares.

Esta particular Geografía -que cuenta con dos mapas de España– ha estado demediada hasta hace unas semanas. Los 50 mapas con las notas manuscritas anónimas estaban en la Universidad de Princeton, que compró la copia del coleccionista Grenville Kane a finales de los años 40. Y la primera parte del libro -correspondiente a lo textos del tratado y el índice-, la tenía un coleccionista privado de Bruselas que la adquirió hace tres años en una subasta en Roma.

Experto en mapas de la Edad Media y el Renacimiento, Van Duzer sostiene que las notas no eran simples reflexiones sino que tenía un fin educativo. “Estaban hechas para un estudiante de un programa de geografía”. Esto explicaría, probablemente, el porqué de la división del libro. “Creo que lo dividió el comentarista para poder tenerlo abierto al mismo tiempo por los mapas y los textos”, señala desde la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos donde trabaja para descifrar las anotaciones e investiga las fuentes que utilizó el autor de las notas.

La reciente “unión” de las dos partes de esta joya de la cartografía -después de más de cuatro siglos- ha provocado altas dosis de emoción entre los intervinientes en la operación. “Es definitivamente el sueño de un bibliófilo”, reconoce el coleccionista belga, Jan de Graeve, que vendió su mitad a la universidad de Princeton.

“Me hubiera gustado encontrar la otra parte y haberlas unido”, dice entre risas De Graeve, que pasa los días revisando catálogos en busca de libros que no son fáciles de encontrar en el mercado.

“Como Princeton es más rica que yo y tiene propósitos científicos, me pareció una buena idea que la universidad reuniera la edición completa para que esté al alcance de los estudiantes“, añade el veterano coleccionista que preside la sociedad bibliófila belga. El conservador de la división de libros raros de Princeton, Eric White, afirma que están “encantados de haber encontrado y adquirido las partes perdidas de este libro, propiedad una vez del mismo comentarista”.

En estos primeros días del reencuentro, algunos estudiantes de la universidad ya han podido ver las dos partes originales en clase. De cara al futuro, Princeton tiene previsto digitalizar los textos comprados “para que puedan ser combinados y reunificados” digitalmente, añade White.

Anuncios