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  • La costumbre de adornar un abeto habría que situarla en la primera mitad del siglo VIII
  • Los expertos los tienen claro sobre qué hacer con el árbol después de la Navidad: no transplantarlo
 Sofía Troubetzkoy, duquesa de Sesto y marquesa de Alcañices

Sofía Troubetzkoy, duquesa de Sesto y marquesa de Alcañices

El nacimiento del árbol de Navidad habría que situarlo en Alemania y en la primera mitad del siglo VIII. Cuenta la leyenda que un evangelizador inglés, San Bonifacio, estaba discutiendo con unos druidas sobre el valor sagrado del roble. San Bonifacio defendía que no, y hasta aquí es donde coinciden todas las versiones conocidas. Luego hay variaciones.

Una primera versión dice que San Bonifacio cortó un fresno perenne (el Yggdrasil o árbol de la vida) y plantó en su lugar un pino. Otra versión, algo más brusca, dice que San Bonifacio cortó un roble e hizo desaparecer todos los de su alrededor a excepción de un abeto. Ese árbol superviviente comenzó a ser venerado como el abeto del niño Jesús. Y así comenzó una tradición que no llegó a España hasta bien entrado el siglo XIX.

Otra leyenda, esta más contemporánea, calcula que el primer árbol de Navidad tal y como lo conocemos nació en Tallín (Estonia) en torno al año 1441. La leyenda en cuestión, una de las muchas que adornan la historia de la ciudad, cuenta que había un árbol en la plaza principal de la localidad. Al parecer, un comerciante soltero comenzó a bailar alrededor del árbol en compañía de varias mujeres y acabaron quemando el árbol. El suceso, lejos de provocar consternación, desató la costumbre de iluminar abetos coincidiendo con la Navidad.

El primer árbol de España

La tradición ha evolucionado y ahora el debate se centra en los adornos que deben cubrir el árbol. En la actualidad, las bombillas se entienden como sinónimo de la luz del mundo (antes se utilizaban velas), la herradura como sinónimo de suerte y la piña como signo de inmortalidad y unidad familiar. La costumbre, muy arraigada en nuestras casas, no llego a España hasta finales del XIX.

La primera persona que puso un árbol de Navidad en España era de origen ruso, nada menos. Se llamaba Sofía Troubetzkoy y era viuda de un hermanastro de Napoleón. Esta princesa rusa se casó en segundas nupcias con José Osorio, un aristócrata, político y militar español en 1869. La primera Navidad que pasaron juntos fue en el Palacio de Alcañices (donde hoy está el Banco de España), y Sofía Troubetzkoy pidió instalar un abeto decorado.

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