El Atlas de Ptolomeo de 1525 que llama avaros a los catalanes y ladrones a los cántabros


El Mundo

  • Presenta a los mercaderes catalanes como usureros avaros
  • De los cántabros, “los más infames de todos… Casi todos son ladrones…”
  • De Carlos V: “El emperador austriaco de quien se espera será superior a todos sus antepasados en todo tipo de cualidades”.
Uno de los dos mapas de España impresos en 1525. Ahora reunifcados en un ejemplar BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE PRINCETONDIVISIÓN DE LIBROS RAROS Y COLECCIONES ESPECIALES

Uno de los dos mapas de España impresos en 1525. Ahora reunifcados en un ejemplar BIBLIOTECA DE LA UNIVERSIDAD DE PRINCETONDIVISIÓN DE LIBROS RAROS Y COLECCIONES ESPECIALES

La lectura de libros tiene propiedades mágicas para el ser humano, según algunos bibliófilos. La lectura de la Geografía de Claudio Ptolomeo impresa por el alemán Johann Grüninger en 1525 encierra además numerosos misterios y demuestra que algunos tópicos como que los catalanes eran avaros estaban bien implantados en los albores del Renacimiento.

Este peculiar atlas -que ha tenido una vida azarosa desde su impresión en Estrasburgo (Francia)- contiene centenares de anotaciones manuscritas en latín que completan la información que los mapas y el tratado de cartografía de Ptolomeo, cuyo original es del siglo II d.C, no aportan. En los de España, se reconocen los Pirineos, las Islas Baleares (sólo cuatro) y algunas ciudades. Pero es el comentarista anónimo, que sigue siendo un enigma para los investigadores como Chet Van Duzer que lleva trabajando en el libro desde 2013, quien se encarga de dar más detalles de las gentes y los gobernantes de la época. Son textos manuscritos que llenan los márgenes del valiosísimo ejemplar, hoy en la universidad estadounidense de Princeton.

“Lo mejor para sus asuntos financieros es no recibir un préstamo de un comerciante catalán”, escribió el amanuense en uno de los comentarios a pie de página traducidos por Van Duzer. Los tópicos sobre la tacañería de los catalanes se remontan a la Edad Media, fruto de la rivalidad con los italianos, que encontraron en esos adjetivos el mejor insulto contra los mercaderes catalanes -entre quienes incluía a mallorquines y valencianos-, que utilizaban su liquidez para conceder préstamos.

El escribano de las notas era, casualmente, del norte de Italia. Este es uno de los detalles que ha podido descifrar el investigador, que también ha podido establecer la fecha de las anotaciones, 1527, dos años después de la impresión del libro. “Se nota que es una persona muy habladora. Se refiere a la gente que se encuentra; le gustan los ingleses y los alemanes, pero no los suizos y los italianos. Y parece tener una actitud positiva hacia los españoles y su reyes“, añade el experto en mapas de la Edad Media y el Renacimiento. Con una excepción, los cántabros.

En una de las anotaciones, en la que se refiere al filósofo romano Cicerón y de como difama a los españoles como naciones bárbaras y salvajes, el comentarista apunta que “los más infames de todos son los cántabros, que casi todos son ladrones. Las madres matan a sus propios hijos para que no sean capturados por los enemigos”. En otra de las citas sobre la familia real española, el escribano se refiere al rey que Carlos V, “el emperador austriaco de quien se espera será superior a todos sus antepasados en todo tipo de cualidades”. También se declara admirador de la hermana del rey de Portugal, Isabel, que “fue dada en matrimonio al César [Carlos V]. La mujer más bella que ha vivido nunca”.

Cuando el griego Claudio Ptlomeo escribió en el siglo II Geografía -un tratado sobre cartografía que ha pasado a la historia como el Atlas del Mundo- quedaban muchas longitudes y latitudes por afinar. Esa obra fue la que permitió empezar a trazar mapas con precisión.

Las anotaciones de esta edición de 1525 están reescribiendo algunos detalles históricos al aportar información inédita. Por ejemplo, se ha descubierto una descripción más detallada del Santuario del mártir Santo Tomas Becket en la Catedral de Canterbury, que fue destruido en 1538.

En el siglo XV, después de que la obra se tradujera al latín, los escribanos comenzaron a añadir nuevos mapas con los datos actualizados. Por eso las copias de la Geografía al comienzo del Renacimiento cuenta con unos mapas calificados de “modernos” y que no están en el original de Ptolomeo; especialmente a partir de la edición 1513, que luego fueron copiadas en siguientes ejemplares.

Esta particular Geografía -que cuenta con dos mapas de España– ha estado demediada hasta hace unas semanas. Los 50 mapas con las notas manuscritas anónimas estaban en la Universidad de Princeton, que compró la copia del coleccionista Grenville Kane a finales de los años 40. Y la primera parte del libro -correspondiente a lo textos del tratado y el índice-, la tenía un coleccionista privado de Bruselas que la adquirió hace tres años en una subasta en Roma.

Experto en mapas de la Edad Media y el Renacimiento, Van Duzer sostiene que las notas no eran simples reflexiones sino que tenía un fin educativo. “Estaban hechas para un estudiante de un programa de geografía”. Esto explicaría, probablemente, el porqué de la división del libro. “Creo que lo dividió el comentarista para poder tenerlo abierto al mismo tiempo por los mapas y los textos”, señala desde la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos donde trabaja para descifrar las anotaciones e investiga las fuentes que utilizó el autor de las notas.

La reciente “unión” de las dos partes de esta joya de la cartografía -después de más de cuatro siglos- ha provocado altas dosis de emoción entre los intervinientes en la operación. “Es definitivamente el sueño de un bibliófilo”, reconoce el coleccionista belga, Jan de Graeve, que vendió su mitad a la universidad de Princeton.

“Me hubiera gustado encontrar la otra parte y haberlas unido”, dice entre risas De Graeve, que pasa los días revisando catálogos en busca de libros que no son fáciles de encontrar en el mercado.

“Como Princeton es más rica que yo y tiene propósitos científicos, me pareció una buena idea que la universidad reuniera la edición completa para que esté al alcance de los estudiantes“, añade el veterano coleccionista que preside la sociedad bibliófila belga. El conservador de la división de libros raros de Princeton, Eric White, afirma que están “encantados de haber encontrado y adquirido las partes perdidas de este libro, propiedad una vez del mismo comentarista”.

En estos primeros días del reencuentro, algunos estudiantes de la universidad ya han podido ver las dos partes originales en clase. De cara al futuro, Princeton tiene previsto digitalizar los textos comprados “para que puedan ser combinados y reunificados” digitalmente, añade White.

La masiva expulsión de españoles de América: la infame historia que escondió la independencia


ABC.es – Cesar Cervera

  • Los Estados surgidos tras las Guerras de independencia hispanoamericanas del siglo XIX asumieron entre sus primeras decisiones la depuración de la administración y de aquellos individuos que habían ocupado cargos de responsabilidad
 Fragmento de la Batalla de Carabobo. Oleo sobre tela - Palacio Federal Legislativo

Fragmento de la Batalla de Carabobo. Oleo sobre tela – Palacio Federal Legislativo

La historiografía casi no quiso acordarse de ellos. Tal vez estaba demasiado entretenida con las mentiras de la leyenda negra como para prestar atención al éxodo que protagonizaron miles de españoles expulsados de América conforme se emancipaban territorios españoles en el continente. Fueron los perdedores de una guerra iniciada por los criollos (entre el 10 y el 15% de la población), los acomodados descendientes de españoles –como Simón Bolívar o José de San Martín– que se revolvieron contra la madre patria y se cobraron lo que ellos pensaban la revancha. Los últimos españoles de América sufrieron toda clase de abusos y desprecios.

La población mestiza e indígena luchó en ambos bandos

Lejos de ser una revolución popular y espontánea, los procesos de independencia de principios del siglo XIX corrieron a cargo de criollos dueños de grandes plantaciones e intelectuales enriquecidos, que recibieron el apoyo indirecto de EE.UU e Inglaterra, empezando con el comercio de armas y barcos de guerra a los insurgentes. En tanto, la población mestiza e indígena, la mayoritaria, luchó en ambos bandos. Siendo que al final el dominio económico ejercido por España fue, simplemente, sustituido por el de otras potencias mundiales como Gran Bretaña. Cambio de patrones, pero no de estructura.

Los españoles fuera de la vida civil

Los Estados surgidos tras las Guerras de independencia hispanoamericanas del siglo XIX asumieron entre sus primeras decisiones la depuración de la administración y de aquellos individuos peninsulares que habían ocupado cargos de responsabilidad. Si bien fueron miles los españoles que huyeron debido al propio conflicto, el verdadero acoso comenzó con leyes dirigidas a expulsarlos o evitar que pudieran entorpecer la creación de los nuevos estados.

Como suele ser habitual en estos casos de expulsiones masivas –véase la de los judíos en 1492 o la de los moriscos en el siglo XVI– los que se llevaron la peor parte fueron los ciudadanos con pocos recursos que lo perdieron todo.

Los miembros de la aristocracia lograron congraciarse con el nuevo régimen o, simplemente, huyeron sobre puentes de plata. Los españoles que cambiaron su nacionalidad lo hicieron por conservar sus vastas propiedades y a cambio de renunciar a sus títulos nobiliarios. El verdadero drama afectó a miles de familias humildes, que abandonaron a contrarreloj los países donde vivían y sus propiedades. En muchos casos la expulsión se realizó a través de precarias embarcaciones, hacinados y obligados por la fuerza. Una vez en puertos de la Península Ibérica tampoco les esperaban vítores precisamente. España vivía uno de sus peores momentos.

En México, el antihispanismo que acompañó a los acontecimiento revolucionarios afectó gravemente a los 15.000 españoles que allí residían. En previsión de un conflicto de puertas para dentro, se le retiraron las armas a todo individuo español y se les expulsó del estado militar. Asimismo, en febrero de 1824, se relegó a los españoles de cualquier cargo público que ocupasen. Se les negaba la posibilidad de retirar capitales, y se les obligaba a abandonar sus lugares de residencia. En este sentido, los líderes más radicales culparon a los españoles de los males del continente y justificaron por ello que ahora se les quitara todo y se les expulsara, por muy ilegal e injusto que fuera esta medida.

Al declararse la independencia, los españoles que quisieran marcharse libremente, incluso con sus caudales, lo pudieron hacer en virtud del artículo 15 de los Tratados de Córdoba. Aquella fue la mejor opción, a tenor de la radicalización que se vivió más adelante y las insistentes vulneraciones del tratado. México promulgó el 10 de mayo de 1827 una ley de empleo por la que ningún español de nacimiento podría ocupar cargo alguno en la administración pública, civil o militar. Los españoles quedaron marginados a nivel social, hasta el punto de que tenían prohibido reunirse o asociarse. Una serie de leyes a nivel local y nacional orquestaron en varias oleadas la salida de los españoles de México, con un plazo de 30 días, y la condición de poder sacar del país únicamente la tercera parte de sus bienes.

Calcula el investigador Harold Sims (autor de «La Descolonización de México») que, entre los años 1827 y 1829, fueron expulsados de México en razón de su origen español 7.148 personas. En 1830 quedaban ya menos de 2.000 españoles en esa región. Los principales receptores de este éxodo fueron Estados Unidos, Filipinas, Cuba, Puerto Rico y Europa. No así las islas británicas. Los peninsulares, a pesar de la supuesta amistad con Inglaterra, eran recibidos por las autoridades británicas en el Caribe con desconfianza y controles exhaustivos.

La situación vivida en la Gran Colombia de Simón Bolívar fue todavía más violenta que en México. Lo prueba el hecho de que ya el 11 de julio de 1812, mientras en España se combatía a los franceses, fueron linchados y ejecutados 60 canarios por protestar contra la proclamación de la independencia de la primera república de Venezuela. Sus cabezas posteriormente cortadas fueron exhibidas en Caracas. Sin tiempo que perder, la guerra de Bolívar desembocó en una ley de expulsión de los españoles el 18 de septiembre de 1821. Todos los españoles de origen peninsular que no demostrasen haber formado parte del movimiento independiente serían sacados a la fuerza del país.

El principal lugar al que partieron estos expulsados fueron las islas del Caribe españolas, sobre todo Puerto Rico, donde arribaron 3.555 refugiados.

Los últimos de Callao

En Argentina y Perú también se aplicaron leyes para apartar inmediatamente a los españoles de la administración. Durante el conflicto fueron habituales las penas de confinamiento, «contribuciones especiales» y expropiaciones contra los españoles peninsulares con el fin de recaudar fondos militares. Los abusos fueron frecuentes. En torno a 1.000 personas de la población de españoles peninsulares sufrieron penas de prisión en Argentina debido a la actividad militar en curso.

En torno a 1.000 personas de la población de españoles peninsulares sufrieron penas de prisión en Argentina

En Perú la población española se concentraba principalmente en Lima y, dada la antiguedad de este virreinato, se sentía más protegida que en otros rincones. Su seguridad jurídica, sin embargo, se vino abajo con la llegada de la expedición militar al mando de José de San Martín, quien amparó 4.000 actos de confinamiento en prisiones contra civiles españoles. El acoso contra los españoles se tradujo en un exilio de unos 12.000 españoles en este virreinato.

El epílogo de la guerra tuvo tintes de masacre. Tras la batalla de Ayacucho en 1824, en Lima, cerca de 6.000 civiles españoles se refugiaron en la fortaleza del Callao cuya guarnición resistió hasta el año 1826 al más puro estilo de los Últimos de Filipinas. Aquel lugar fue el último refugio de un territorio que había sido hispánico desde tiempos de Pizarro. La capitulación de la fortaleza terminó con solo 400 soldados supervivientes, de un total de 700 personas vivas.

La huella de España: los sucesos de Fort Caroline


ABC.es

  • El marino Pedro Menéndez de Avilés evitó que la penínsulade La Florida fuera ocupada y colonizada por Francia
 Monumento a Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín - Manuel Trillo

Monumento a Pedro Menéndez de Avilés en San Agustín – Manuel Trillo

El marino Pedro Menéndez de Avilés se halla en Canarias aprestando una expedición para colonizar La Florida, cuando recibe un despacho apremiante de Felipe II. Debe partir cuanto antes, ya que ha recibido información secreta amenazadora: Francia pretende adelantarse a España en la ocupación de La Florida, enviando cientos de hugonotes, la rama francesa del protestantismo. Algo doblemente intolerable para Felipe II: por la instalación de una potencia enemiga en la península de Florida, a poca distancia del paso de los galeones cuajados de plata con rumbo a Sevilla; y por la penetración de la herejía en el Nuevo Mundo, cuyo dominio ha repartido el Papa entre España y Portugal, y que el Rey francés Francisco I ha cuestionado, pidiendo «que le enseñen el testamento de Adán».

Menéndez, con el título de Adelantado de La Florida, abrevia la partida. En el intento de ocupar Florida le han precedido otros como Narváez, Vázquez de Ayllón o Tristán de Luna, pero huracanes y naufragios han abortado una tras otra las expediciones, y La Florida es todavía una tierra de nadie, a merced de cualquier potencia europea.

Mas por mucho que navega a toda vela, las noticias al llegar a las costas floridanas son preocupantes: los franceses, al mando del capitán Jean Ribault, han llegado antes, e incluso han instalado un bastión, Fort Caroline, que pretende ser la base expansionista de Francia en Florida. ¿Qué hacer? Porque las instrucciones reales que lleva Menéndez son terminantes: expulsar a Francia y acabar con este brote de herejía en América.

Pero Menéndez de Avilés no es un marino cualquiera. Es un verdadero genio del mar. Costea en busca de los barcos franceses y, tras fundar el embrión de lo que será la primera ciudad de los Estados Unidos, San Agustín, descubre a los galeones franceses, muy superiores en número y armamento a los propios, fondeados en los contornos de Fort Caroline. Entonces diseña un plan. Colando sus pequeños bajeles entre los galeones franceses los dispersa, y luego se hace perseguir hasta las aguas más propicias de San Agustín.

Ya en ellas, una formidable tormenta obliga a los franceses a demorar su ataque. Y en un arranque de inspiración genial comprende Menéndez que es su oportunidad porque, sin la protección del capitán y sus galeones, Fort Caroline se hallará mermado de efectivos.

Y decide pasar a la acción. Ordena la marcha inmediata por tierra hacia el fuerte francés. Y, durante cuatro jornadas indescriptibles, los españoles, inasequibles al sufrimiento, avanzan bajo lluvias torrenciales, sin dormir, sin siquiera sentarse para comer sobre un suelo convertido en charcal.

Pero al amanecer del cuarto día arriban a Fort Caroline, cuyos vigilantes no sospechan poder ser atacados por la retaguardia boscosa, por donde precisamente los españoles acometen. En cuestión de minutos la plaza es suya, y tiene lugar un juicio sumarísimo en el que los niños y las mujeres son indultados, y los hombres ajusticiados.

Menéndez deja el fuerte, al que rebautiza como San Mateo, bajo guarnición española, y regresa a San Agustín. Las formidables tormentas han menoscabado a la flota francesa, y las tropas, al mando de Ribault, divagan por la región, errabundas y desorientadas.

De nuevo el Adelantado encuentra la ocasión para consumar su plan. Guiado por nativos localiza a la tropa francesa, la ataca y la reduce en otra breve refriega. La pieza más codiciada, el capitán Jean Ribault, se apresura a ofrecer cien mil ducados por su liberación, contestando Menéndez «que a él le corresponde la conquista y población de estas tierras en nombre de su Rey, y plantar en ellas el Santo Evangelio. Y que a ellos no les queda otra opción sino entregarse incondicionalmente». Al siguiente día se juzga y ejecuta sumariamente a los soldados, a excepción de 16 que se declaran católicos. En el lugar del patíbulo se colocó un cartel con la siguiente leyenda: «No por franceses, sino por luteranos». El saldo final fue que, de los 12 barcos y mil franceses llegados a estas costas, solo pudieron volver a Francia 50 personas y dos navíos.

La acción implacable solo puede enjuiciarse en el contexto del siglo XVI, cuando luchaban ferozmente por la hegemonía los nuevos Estados europeos, y en lo espiritual las religiones protestante y católica, de la cual España se erigió en adalid y brazo armado. Tan candentes ingredientes se vertieron sobre La Florida, y Felipe II agradeció que Menéndez, de un solo golpe, extirpara la herejía y la amenaza política, antes de que pudieran propagarse. Si fuera cierto que en política resultados justifican medios, en este caso la consecuencia fue que Francia se alejó de la Florida española, y tardó cien años en volver a asomarse por sus costas.

León X, el Papa hedonista que pagó con veneno su lealtad al Imperio español


ABC.es

  • La venta de indulgencias realizada en tiempos de este papa florentino fue el principal detonante para que Martín Lutero iniciara, en 1517, una reforma eclesiástica que habría de escindir la comunidad cristiana

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El siglo XVI cuenta con algunos de los pontífices más excesivos de la historia de la Iglesia. Papas hedonistas, corruptos y de cuestionable moralidad, donde los Borgia, los della Rovere, los Médici y otras familias eclesiásticas ambicionaron convertir Roma y sus riquezas en parte de su patrimonio. ¡Es el oro, estúpido!, hubieran advertido en otro tiempo. Cuando Giovanni de Medici se sentó en la silla de San Pedro con el nombre de León X se hizo acompañar de poetas, artistas, banquetes y juegos. Por supuesto, las arcas de la Santa Sede no aguantaron el dispendio de aquel perfecto hedonista que, en última instancia, encargó pintar las estancias vaticanas a Rafael, trazar la monumental obra de Miguel Ángel en la capilla sixtina y continuar la construcción de la Basílica de San Pedro.

No cabía esperar menos del hijo de Lorenzo el Magnífico, uno de los mayores mecenas del Renacimiento. El Papa natural de Florencia, nacido en 1475, fue nombrado cardenal siendo un adolescente, pero no recibió las órdenes sagradas hasta cuatro años después. La invasión de Carlos VIII de Francia a Italia tuvo como consecuencia la expulsión de los Médici de Florencia, incluido el para entonces cardenal Giovanni. Su rencor hacia los franceses se forjó en esos años de refugiado en Roma e incluso pasó un tiempo bajo su cautiverio en Rávena.

Una vez fue Papa, la creciente necesidad de obtener nuevos ingresos para sostener su tren de vida derivó en la venta de indulgencias: oro por el perdón de los pecados. Algo que, a decir verdad, era un negocio ya amplicado por su predecesor para pagar la nueva Basílica, Julio II, pero que León X llevó al siguiente nivel. Esta escandalosa cuestión fue el principal detonante para que Martín Lutero iniciara en 1517 una reforma eclesiástica que habría de escindir la comunidad cristiana.

León X se decanta por Carlos

Los problemas alemanes, franceses y españoles eran los italianos, y viceversa. Aunque el Papa prefiriera una vida como mecenas de las artes, la guerra no iba a esfumarse de Italia porque él dejara de mirar. Del belicoso Julio II heredó sus guerras contra los «bárbaros» que venían a invadir Italia, esto es, los franceses y los españoles. Para Roma era tan amenazante la presencia de España en Nápoles como la de Francia en Milán. Como buen Médici se mostró ambiguo con ambos e incluso al principio apoyó a Francisco I de Francia en su pretensión de heredar la Corona imperial.

El peligro que suponía Lutero convenció a Carlos V y a León X de que se necesitaban mutuamente

En ese tiempo de buena sintonía con Francia, uno de sus mayores éxitos fue el que la Iglesia de este país terminara con su situación de independencia a raíz de la Pragmática Sanción promulgada por Carlos VII. Sin embargo, se posicionó finalmente con Carlos V en sus guerras frente al impetuoso Francisco de Francia a cuenta de lo que Roma se jugaba en Alemania. El peligro que suponía Lutero convenció a ambos de que se necesitaban mutuamente, incluso cuando las relaciones entre el Pontífice y el Rey francés iban in crescendo.

El monje agustino Lutero escribió las 95 tesis, un texto clavado en las puertas de la Iglesia del Palacio de Wittenberg en 1517, denunciando la doctrina papal sobre la venta de indulgencias para financiar la renovación de la Basílica de San Pedro en Roma. La respuesta de León X tardó en llegar, pese a lo cual no escatimó en dureza. Condenó las tesis luteranas en 1520 mediante la bula Exsurge Domine, que Lutero quemó públicamente. Al no arrepentirse, el Papa pronunció su excomunión y la de sus partidarios en 1521.

Además, León X instó a Carlos V a tomar medidas contra aquel súbdito suyo. En Worms, el popular monje y el imberbe Emperador tuvieron su primera confrontación teológica. Lutero se salvó por poco de ir a prisión, pero Carlos se mantuvo firme en su lugar. No en vano, la incapacidad de apagar una herejía que tenía mucho que ver con un emergente nacionalismo (los cristianos del norte se consideraban ajenos a esa forma de entender la religión tan latina representada por el Papa) les ha condenado a ambos a ojos de la Historia como los hombres que no supieron reaccionar con inteligencia ante aquella encrucijada. Los tiempos estaban cambiando… Eso era todo.

Olor a veneno en Roma

La alianza entre el Papa y Carlos V fue en detrimento de los franceses, expulsados por tercera vez de Milán en 1521. León X murió en medio de los festejos por la victoria sobre Francia el 1 de diciembre de ese año a la edad de 47 años. Una fiebre súbita consumió su vida en cuestión de tres días. La sospecha de que fue envenenado corrió por Italia sin que se haya podido nunca confirmar. Y no ayudó a desmentirlo que su cuerpo se hinchara y ennegreciera como era habitual en casos de muerte por veneno. El principal sospechoso de orquestar el asesinato fue su sumiller, Bernabé Malaspina, al que se le consideraba afín a Francisco I y proclive a que ese pontífice tan incómodo desapareciera de una vez.

Sus planes pasaban porque el médico entrara al servicio de León X y le envenenara aprovechando una operación de fístula

No hubiera sido la primera vez que alguien intentaba envenenar a León X. En 1517, el cardenal Petrucci conspiró para asesinar al Papa y contrató con este fin al médico florentino Bautista de Vercelli. Sus planes pasaban porque el médico entrara al servicio de León X y le envenenara aprovechando una operación de fístula.

Al conocerse la conspiración por una carta interceptada, se implicó a cuatro cardenales más y al secretario de Petrucci. Los principales sospechosos pasaron todos por el potro de tortura, tras lo cual Vercelli y el secretario fueron ahorcados y descuartizados. Petrucci fue despojado de sus beneficios y dignidades y posteriormente ajusticiado. El veneno se quedó en su fraco por esa vez.

Dónde ver las mareas más grandes de Europa


ABC.es

  • La diferencia de altura entre marea baja y marea alta en Saint-Malo (Francia) es excepcional
Saint-Malo, en la Bretaña francesa

Saint-Malo, en la Bretaña francesa

Las mareas son cambios periódicos del nivel del mar producidos principalmente por la fuerza de atracción gravitatoria que ejercen el Sol y la Luna sobre la Tierra. Es un fenómeno meteorológico que, en sus situaciones más extremas, puede convertirse también en un atractivo turístico.

La situación geográfica de la bahía de Saint-Malo, en la región francesa de Bretaña, es el teatro de las mayores mareas de Europa. Durante la época de las grandes mareas, cuando el Atlántico entra en el embudo que es el canal de la Mancha, las olas llegan muy rápido y muy fuerte. La diferencia de altura entre marea baja y marea alta es excepcional en esta esquina atlántica llegando a los 13 metros.

El espectáculo más impresionante se contempla a lo largo del dique du Sillon y en Rochebone, sobre todo si sopla un viento fuerte de noroeste, ya que el impacto de las olas es extraordinario recubriendo muchas plazas de la ciudad corsaria.

Con marea baja, el mar desvela sus tesoros tanto en la arena como en las rocas. Cangrejos, gambas, almejas… las familias y los aficionados al marisqueo disponen de una horas para llenar sus cubos antes de que suba de nuevo la marea.

Chateaubriand, que nació en esta costa en 1768, escribió: «Durante las horas de reflujo, el puerto queda seco y, en las orillas este y norte del mar, se descubre una playa de la más hermosa arena. Es posible dar la vuelta entonces a mi nido paterno. Al lado y a lo lejos, hay diseminados peñascos, fuertes, islotes deshabitados: el Fort-Royal, la Conchée, Cézembre y el Grand-Bé, donde estará mi tumba», escribió.

Precisamente, a la roca donde reposa el vizconde de Chateaubriand sólo se puede llegar en las horas de bajamar.

Además de Saint-Malo, existen otros lugares para disfrutar de este fenómeno de la naturaleza. Las grandes mareas permiten acceder a zonas del litoral que no suelen ser accesibles a pie como la bahía de Saint-Brieuc y su reserva natural, Roscoff y el amplio campo de algas que cosechan manualmente para la cosmética, la agricultura o la alimentación.

A lo largo de la costa bretona, múltiples islas salpican el mar y muchas solo se pueden alcanzar gracias a rutas sumergidas que se desvelan únicamente con marea baja. La isla Callot en la bahía de Morlaix, la isla Berder en el Golfo del Morbihan o la isla de la Comtesse en Saint-Quay-Portrieux, forman parte de estas pequeñas islas que se pueden visitar cuando se retira el mar.

50 años de la muerte de Walt Disney: la máscara y el genio


El Mundo

  • Visionario y profundamente conservador, tímido y excesivo, tirano y benefactor, a los 50 años de su muerte, el legado contradictorio del aún enigmático Walt Disney se confunde, para bien o para mal, con todo aquello de lo que es capaz la imaginación.
Walt Disney posa en la playa de Copacabana en Río de Janeiro (Brasil). HART PRESTON / GETTY IMAGES

Walt Disney posa en la playa de Copacabana en Río de Janeiro (Brasil). HART PRESTON / GETTY IMAGES

Mickey Mouse, como todos, tuvo padre y éste sorprendió en una ocasión a su interlocutor con una declaración extraña. «Yo no soy Walt Disney. Hago infinidad de cosas que él jamás se permitiría. Walt Disney no fuma. Yo fumo. Walt Disney no bebe. Yo bebo», dijo en una peculiar y existencial reinterpretación del Ceci n’est pas une pipe, de Magritte. Lo que se ve no es más que máscara, trampantojo, engaño. Y genio. Pero, y esto es lo importante, sólo lo que se aprecia es lo real. Los que le conocieron personalmente le describían como una persona extremadamente tímida. Nada que ver con el seductor de bigote fino, visionario de universos de plexiglás, encantador de banqueros y megalómano voraz que hacía de cada comparecencia pública, una apología y éxtasis del entusiasmo. «Interpreta el papel de persona retraída para no intimidar a su interlocutor», escribió de él uno de sus biógrafos. Fue Nietzsche, campeón en lo de sospechar de lo evidente, el que definió a la mediocridad «como la más feliz de las máscaras que puede usar un espíritu superior». Y añadió que ningún disfraz se antoja más efectivo «para no irritar [a precisamente los mediocres], y, en casos no raros, por compasión y bondad». Pues eso.

Sea como sea, 50 años después de su muerte el 15 de diciembre de 1966, Walt Disney continúa siendo, pese a misterios, cábalas y elucubraciones, una de las personas que mejor define el siglo en el que vivió. Recorrer su biografía produce, antes que cualquier otra sensación, vértigo. Y, en su transparencia obsesiva, hasta miedo. Nacido en el barrio Hermosa de Chicago en una familia que sus biógrafos dan en llamar de forma insistente humilde pasó de repartir periódicos mañana y tarde en la empresa familiar a la persona más célebre del planeta. Y ello en apenas cuatro décadas de fiebre. Para cuando murió con 65 años recién cumplidos a causa de un cáncer de pulmón -privilegio de fumador compulsivo- podía presumir de haber producido 81 películas que revolucionaron la historia del cine con las que consiguió un total de 22 premios Oscar de 59 nominaciones. Eso y de haber sido el creador de un universo entre mágico y extraño, Disneyland, entregado a la ilusión de un mundo feliz en la arcadia capitalista de la que se erigió en defensor. «Prototipo Experimental de la Comunidad del Mañana» (EPCOT en las siglas en inglés) fue su idea de sociedad perfecta que quedó apenas esbozada en un proyecto pretendidamente imposible y que, quién sabe, la sociedad del entretenimiento, consumo y espectáculo que pisamos se ha encargado de hacer realidad.

La leyenda, transmutada en historia (o al revés), dice que todo empezó en 1928 cuando el mundo asistió al milagro de un ratón a los mandos de un barco. Tras la fallida creación de Oswald, el conejo afortunado, cuyos derechos acabaron en manos de Universal, Mickey Mouse y su Steamboat Willie se convirtieron en el primer corto animado con sonido. Y no sólo eso. La creación de Ub Iwerks (él fue el dibujante del ratón) pronto adquiría el carácter de icono de los tiempos. De todos. A ello le siguió las Silly Symphonie, antecedente directo de Fantasía, y la particular adaptación de Los tres cerditos, el corto animado con más éxito de la historia, justo antes de que en 1937 Blancanieves y los siete enanitos inventara la infancia. Literalmente. Hasta la llegada a los cines de la princesa destronada, los niños no habían sido nunca un público deseable. No solían tener dinero. O no tanto como sus padres. Hasta que Disney cayó en la cuenta que detrás de cada infante hay una familia y un brillante negocio de happy meals. La película que, entre otras innovaciones incorporaba la cámara multiplanos para producir sensación de profundidad, costó cerca de 1,5 millones de dólares. El presupuesto había sido más que superado. Para mayo del 39, la recaudación de 6,5 millones convertían a Blancanieves y sus amigos diminutos en la película sonora de más éxito de la historia.

Empezaba la leyenda y, de su mano, una pregunta insistentemente repetida: ¿pero quién es en realidad Walt Disney? El americano perfecto, la novela de Peter Stephan Jungk sobre la que Philip Glass compuso la ópera homónima es, probablemente, quien más lejos ha llegado en el dibujo de la otra cara del genio. En el libro, entre la realidad y la ficción, el lector descubre a un hombre maniáticamente egoísta, antisindicalista, colaborador en la caza de brujas (denunció a Chaplin), racista, inmaduro, misógino y, ya puestos, impotente. «Usted, que no deja trabajar ni a un solo negro en su estudio… Usted, que nunca ha permitido ni a una mujer tomar parte de un proceso creativo…», acusa el protagonista sin que medie réplica ni refutación. Lo que sigue es, en consecuencia, la puntillosa descripción de un tipo acomplejado y tirano que presumía de firmarlo todo. Y eso pese a que ni el primer boceto de Mickey fue suyo. Y eso pese a que la propia firma convertida en logotipo no era más que una creación de márketing.

Y si todo esto es verdad, más preguntas, ¿por qué el gigantesco tamaño del hombre? Y aquí, tanta sombra deja espacio a, quizá, el sentido común. Dalí, gran amigo, decía de él que «era un mago, la inocencia en persona y en acto. Poseía la naturalidad y la despreocupación de un niño. Contemplaba el mundo con la mirada auténtica y límpida de alguien que cree en los milagros…». Y al afirmarlo nadie le rebate. Ni el propio Jungk que no puede por menos que reconocer el carisma de un sujeto entusiasmado con la simple posibilidad de una idea: «Nadie tenía la capacidad de motivar hasta tal extremo a otras personas. Walt poseía un olfato verdaderamente agudo para el potencial creativo y en cierto modo obligaba a que brotara. Fabuloso. Incomparable», afirma de él uno de los creadores de ese prodigio que fue Fantasía. Y de ese talento, recuérdese, nacieron una productora con aspecto de signo de los tiempos, «la ciudad más feliz del mundo» (como llamaba al primer parque de Anaheim), la posibilidad misma de la primera urbe experimental, la utopía social de EPCOT… Todo eso fue Disney camuflado detrás del icono Disney.

En cualquier caso, y a pesar de accidentes, mitos, leyendas y máscaras, lo que queda es el cine. Su cine como un empeño de ir más allá, de abrir las fronteras, de ser sencillamente el primero. Hasta llegar a El libro de la selva, la última producción en la que se implicó a pesar de que no vio su estreno, por su vida pasaron la primera película animada en ganar un Oscar competitivo (Pinocho se hizo con las menciones a mejor música y canción), la primera con sonido estéreo (Fantasía), la primera en sufrir una huelga de sus empleados (Dumbo), la primera cinta de dibujos en ser rodada antes con actores (Cenicienta), la primera animación en Cinemascope (La dama y el vagabundo), la primera entre la animación y la realidad en merecer una nominación a mejor película (Mary Poppins)… Según el American Film Insitute, cinco de las 10 mejores películas de animación de todos los tiempos se produjeron en Disney con Walt Disney con vida. Siempre el primero.

«Soy un líder, un pionero, soy el más grande de los hombres de nuestro tiempo. Más gente conoce mi nombre que el de Jesucristo. He creado un universo. Mi fama sobrevivirá a los siglos», decía de sí mismo. Lo decía Walt Disney, el que era capaz de cosas que ni el propio Walt Disney habría imaginado. Ceci n’est pas une pipe. Ceci n’est pas Walt Disney. Máscara y genio medio siglo después.

Hallan una antigua ciudad griega desconocida


ABC.es

  • Un equipo internacional descubre restos de torres, paredes y puertas de una población que floreció entre el s.IV y el siglo III antes de Cristo
 Paredes de la fortaleza, torres y puertas de la ciudad, visibles desde el aire. - SIA / Efak / YPPOA

Paredes de la fortaleza, torres y puertas de la ciudad, visibles desde el aire. – SIA / Efak / YPPOA

Investigadores de la Universidad de Gotemburgo (Suecia) y de la Universidad de Bournemouth (Reino Unido) han descubierto los restos de una ciudad antigua en el centro de Grecia hasta ahora desconocida. Sus exploraciones en el pueblo de Vlochos, al norte de Atenas, podrían proporcionar respuestas a algunos de los misterios que aún rodean a la antigua civilización griega. Los restos arqueológicos se encuentran dispersos en la colina Strongilovoúni y sus alrededores, en esta zona de grandes llanuras de Tesalia y se pueden fechar a varios períodos históricos, según señala la Universidad de Gotemburgo en un comunicado.

Algunas de las ruinas ahora investigadas ya eran conocidas con anterioridad, pero se creía que eran restos de un pequeño poblado, irrelevante, según afirma Robin Rönnlund, arqueólogo de la Universidad de Gotemburgo y líder del trabajo de campo. Recientes exploraciones han revelado que el sitio fue mucho más grande y significativo de lo que se pensaba.

 «El hecho de que no se haya explorado antes la colina es un misterio», dice este investigador, que descubrió el lugar junto a otro colega al estar relacionado con otro proyecto y ambos se dieron cuenta de su potencial.
 En colaboración con el Instituto Sueco en Atenas y el Servicio de Antigüedades de Karditsa, se puso en marcha el Proyecto Arqueológico Vlochos (VLAP) con el objetivo de explorar los restos. Durante dos semanas en septiembre de 2016 el equipo de investigación del proyecto completó la primera exploración de campo.

Rönnlund asegura que la colina esconde muchos secretos. En la cumbre y las laderas se han encontrado restos de torres, paredes y puertas de una ciudad que se extendía por unas 40 hectáreas. Sin embargo, casi nada de la planta inferior es visible.

En lugar de excavar el sitio, los investigadores han utilizado otros métodos como el radar de penetración terrestre que permitirá el estudio del lugar sin alterar su estado actual. Los resultados de los primeros trabajos han sido un éxito, según señalan los investigadores. «Hemos encontrado una plaza de la ciudad y una red de calles que indican que estamos ante toda un gran ciudad», detalla Rönnlund.

También se ha encontrado cerámica antigua y monedas que pueden ayudar a la fecha la ciudad. «Nuestros hallazgos más antiguos son de alrededor de 500 a.C., pero la ciudad parece haber florecido principalmente desde el s.IV hasta el siglo III antes de Cristo antes de ser abandonada por alguna razón, tal vez por la conquista romana de la zona», explica el investigador sueco.

Rönnlund cree que el proyecto sueco-griega puede proporcionar pistas importantes en cuanto a lo que sucedió durante este período violento de la historia griega. «Se sabe muy poco acerca de las antiguas ciudades de la región, y muchos investigadores han creído previamente que el oeste de Tesalia era algo así como un remanso en la antigüedad. Por lo tanto, nuestro proyecto llena un vacío importante en el conocimiento de la zona y muestra que aún queda mucho por descubrir en suelo griego», subraya.

De dónde viene la tradición del árbol de Navidad y qué debemos hacer con él después de las fiestas


ABC.es

  • La costumbre de adornar un abeto habría que situarla en la primera mitad del siglo VIII
  • Los expertos los tienen claro sobre qué hacer con el árbol después de la Navidad: no transplantarlo
 Sofía Troubetzkoy, duquesa de Sesto y marquesa de Alcañices

Sofía Troubetzkoy, duquesa de Sesto y marquesa de Alcañices

El nacimiento del árbol de Navidad habría que situarlo en Alemania y en la primera mitad del siglo VIII. Cuenta la leyenda que un evangelizador inglés, San Bonifacio, estaba discutiendo con unos druidas sobre el valor sagrado del roble. San Bonifacio defendía que no, y hasta aquí es donde coinciden todas las versiones conocidas. Luego hay variaciones.

Una primera versión dice que San Bonifacio cortó un fresno perenne (el Yggdrasil o árbol de la vida) y plantó en su lugar un pino. Otra versión, algo más brusca, dice que San Bonifacio cortó un roble e hizo desaparecer todos los de su alrededor a excepción de un abeto. Ese árbol superviviente comenzó a ser venerado como el abeto del niño Jesús. Y así comenzó una tradición que no llegó a España hasta bien entrado el siglo XIX.

Otra leyenda, esta más contemporánea, calcula que el primer árbol de Navidad tal y como lo conocemos nació en Tallín (Estonia) en torno al año 1441. La leyenda en cuestión, una de las muchas que adornan la historia de la ciudad, cuenta que había un árbol en la plaza principal de la localidad. Al parecer, un comerciante soltero comenzó a bailar alrededor del árbol en compañía de varias mujeres y acabaron quemando el árbol. El suceso, lejos de provocar consternación, desató la costumbre de iluminar abetos coincidiendo con la Navidad.

El primer árbol de España

La tradición ha evolucionado y ahora el debate se centra en los adornos que deben cubrir el árbol. En la actualidad, las bombillas se entienden como sinónimo de la luz del mundo (antes se utilizaban velas), la herradura como sinónimo de suerte y la piña como signo de inmortalidad y unidad familiar. La costumbre, muy arraigada en nuestras casas, no llego a España hasta finales del XIX.

La primera persona que puso un árbol de Navidad en España era de origen ruso, nada menos. Se llamaba Sofía Troubetzkoy y era viuda de un hermanastro de Napoleón. Esta princesa rusa se casó en segundas nupcias con José Osorio, un aristócrata, político y militar español en 1869. La primera Navidad que pasaron juntos fue en el Palacio de Alcañices (donde hoy está el Banco de España), y Sofía Troubetzkoy pidió instalar un abeto decorado.

El Ártico y la Antártida baten récords mínimos de hielo marino en noviembre


ABC.es

  • Las temperaturas inusualmente altas, los vientos persistentes del sur y un océano más cálido de lo normal se citan entre las causas
Los científicos están más preocupados por cómo se ha comportando la región antártica en noviembre - J. Beitler/National Snow and Ice Data Center

Los científicos están más preocupados por cómo se ha comportando la región antártica en noviembre – J. Beitler/National Snow and Ice Data Center

La extensión del hielo marino del Ártico y el que rodea la Antártida registró récords mínimos históricos en noviembre desde que en 1979 comenzaran los registros por satélite, según los últimos datos del Centro Nacional de Datos de Nieve y de Hielo (NSIDC, en sus siglas en inglés), que pertenece al Instituto Cooperativo para la Investigación en Ciencias Ambientales (Cires) de la Universidad de Colorado en Boulder (Estados Unidos).

La superficie helada del Ártico promedió en noviembre 9,08 millones de kilómetros cuadrados (km2), lo que supone 1,95 millones de km2 por debajo de la media de ese mes entre 1981 y 2010.

La disminución fue de unos 50.000 km2 y se produjo principalmente en el mar de Barents, una zona del océano Ártico al norte de Noruega, Finlandia y el oeste de Rusia.

La extensión del mes pasado fue de 3,2 desviaciones estándar por debajo del promedio, que supera la de 2012, cuando la superficie del verano alcanzó entonces un récord mínimo.

La superficie helada del Ártico promedió en noviembre 9,08 millones de km2, casi dos millones por debajo de la media de ese mes entre 1981-2010

Los científicos del NSIDC indicaron que esta reducción no tiene precedentes en el registro satelital de noviembre y que las temperaturas inusualmente altas, los vientos persistentes del sur y un océano más cálido de lo normal provocaron ese mínimo histórico.«Parece un triple contratiempo», recalcó Mark Serreze, director del Centro Nacional de Datos de Nieve y de Hielo.

Desde el noreste de Groenlandia hacia los archipiélagos de Svalbard (Noruega) y Tierra del Norte (noreste de Rusia), las temperaturas del aire a 925 hectopascales de presión (unos 720 metros sobre el nivel del mar) fueron de hasta 10ºC sobre el promedio de noviembre entre 1981 y 2010.

Las temperaturas de la superficie oceánica en los mares de Barents y Kara se mantuvieron inusualmente altas: hasta 4ºC por encima del promedio alrededor del archipiélago de Nueva Zembla (Rusia) y Svalbard. Ello reflejó un patrón de vientos del sur que ayudó a empujar el hielo hacia el norte y reducir la extensión helada.

«Normalmente, el hielo marino comienza a formarse en los fiordos a principios de noviembre, pero este año no se encontró hielo», apuntó Juliana Stroeve, científica del NSIDC que estuvo en Svalbard el mes pasado.

El hielo marino del Ártico se encuentra ahora en las primeras etapas de congelación del invierno y se espera que continúe expandiéndose hasta alcanzar su máximo alrededor de marzo del próximo año.

Hemisferio sur
En cuanto al hemisferio sur, la extensión de hielo marino que rodea la Antártida disminuyó muy rápidamente a principios de noviembre y estableció un mínimo récord de este mes debido a las temperaturas moderadamente cálidas y a un cambio rápido en los vientos circumpolares.

La extensión media del hielo antártico en noviembre fue de 14,54 millones de kilómetros cuadrados, lo que significa 1,81 millones de km2 menos que la media entre 1981 y 2010. Se trata de más del doble del mínimo histórico anterior de noviembre, establecido en 1986, y 5,7 desviaciones estándar por debajo del promedio de ese periodo de 30 años de referencia.

La extensión media del hielo antártico en noviembre fue de 14,54 millones de km2; 1,81 millones menos que la media entre 1981 y 2010
Las temperaturas del aire en el Antártico fueron de dos a cuatro grados más altas de lo normal y un patrón de vientos fuertes del oeste contribuyeron a crear una capa de hielo marino más dispersa en esa zona del planeta. Un cambio rápido a una estructura de viento más variada, con tres áreas principales de vientos del norte, comprimió rápidamente el hielo marino alrededor de Tierra de Wilkes, Tierra de la Reina Maud y la Península Antártica. Además, al este del mar de Weddell y a lo largo de las costas de los mares de Admunsen y de Ross se abrieron varias polinias muy grandes (espacios abiertos de agua rodeados de hielo marino).

«El Ártico ha sido normalmente donde más interés encontramos, pero este mes la Antártida ha cambiado el guión y es el hielo meridional el que nos sorprende», señaló Walt Meier, científico de la NASA e investigador afiliado al NSIDC.

Ole Rømer, el astrónomo que ‘trajo’ la velocidad de la luz desde Júpiter


El Mundo

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Una noche de 1676, mientras observaba las lunas de Júpiter, el astrónomo danés Ole Christensen Rømer (Århus, 1644 – Copenhague, 1710) cayó en la cuenta de que el lapso de tiempo que transcurre entre los eclipses de Júpiter con sus lunas era más corto cuando la Tierra se movía hacia Júpiter, y más largo cuando ésta se alejaba.

Usando los dibujos que Rømer utilizó en sus investigaciones como base, Google conmemora el 340 aniversario de la determinación de la velocidad de la luz con un simpático ‘doodle’ en el que aparecen representados el Sol, la Tierra, Júpiter y su satélite Ío. Tras observar con un telescopio el movimiento de este último, estimó que la luz tardaba 22 minutos en cruzar el diámetro de la órbita de la Tierra, aunque las estimaciones modernas se aproximan más a los 17 minutos.

Al pulsar sobre el icono de ‘play’ tras el que se oculta el planeta, aparece una secuencia en la que el astrónomo camina de un lado a otro en actitud pensativa, meditando sobre el enigma que en su día ya le quitaba el sueño al mismísimo Galileo y cuya resolución le proporcionó la fama mundial.

Además de convertirse en la primera persona en estimar la verdadera velocidad de la luz, con un valor de 214.000 km/s, a Rømer también se le deben diversos inventos: desde un micrómetro para observar eclipses hasta el telescopio meridiano. Del mismo modo, también inventó el grado Rømer, ideado en 1701, una escala de medida de temperatura que hoy ya ha caído en desuso.