El Pais

  • Holanda, que localizó en 2002 tres buques de guerra que se habían hundido en 1942, investiga ahora su paradero
El buque de guerra 'Kortenaer' en los años 30 del siglo pasado. WIKIMEDIA COMMONS

El buque de guerra ‘Kortenaer’ en los años 30 del siglo pasado. WIKIMEDIA COMMONS

En la batalla del Mar de Java, librada en febrero de 1942 entre los Aliados y Japón, la flota de buques británicos, australianos, estadounidenses y holandeses no consiguió defender las Indias Orientales Neerlandesas, actual Indonesia. En menos de un día, el almirante holandés Karel Doorman perdió gran parte de los navíos en su pugna contra el vicealmirante Takeo Takahi. Doorman se hundió al final con su barco, De Ruyter, y lo mismo ocurrió con otras dos naves de su país, Java y Kortenaer. Perecieron casi un millar de soldados holandeses y cerca de 300 tripulantes de origen indonesio. En casos de guerra, el mar se considera una tumba que no se puede profanar, pero Theo Doorman, el hijo del militar fallecido, se ha llevado una triste sorpresa al preparar la conmemoración del 75 aniversario de lo ocurrido: los barcos han desaparecido.

Hasta el año 2002, el fondo marino de esa zona no se había tocado y un grupo de buzos aficionados dieron con los restos de las naves a unos 70 metros de profundidad, entre las islas de Java y Borneo. A principios de noviembre, Doorman hijo, que tiene ya 81 años, se trasladó a Bali para seguir la filmación submarina de la sepultura paterna. Pero cuando llegaron al punto exacto del hundimiento, las señales de localización acústica del sonar solo devolvieron la grieta que había dejado De Ruyter al precipitarse al fondo. La tragedia del Mar de Java forma parte de la memoria colectiva holandesa, y el Gobierno holandés quiere investigar lo ocurrido. Puede haber, sin embargo, una explicación de índole mercantil. Es posible que los barcos hayan sido devueltos a la superficie para venderlos como hierro viejo.

En 1942, los buques de guerra no llevaban armamento nuclear (la primera bomba atómica estalla en Hirosima en 1945) y con 160 metros de eslora, el beneficio es enorme porque no están contaminados. Jaap Anten, historiador del mar, ha declarado a la televisión holandesa que “hay empresas asiáticas especializadas en recuperar barcos viejos, aunque saben que se trata de monumentos de guerra”. La suerte de los navíos holandeses —en la batalla también se hundieron los británicos HMS Exeter y HMS Encounter— ha puesto de relieve un tipo de comercio ilegal que utiliza grúas y explosivos para romperlos y extraer mejor las piezas. Según el submarinista noruego Vidar Skoglie, “en estos momentos están sacando del mar los barcos británicos HMS Repulse y HMS Prince of Wales, en la costa de Malasia”. Skoglie ha descubierto varios de los cementerios marinos de la II Guerra Mundial, y ha señalado a la prensa holandesa que “todo el proceso es ilegal y lleva años efectuándose porque es muy difícil de evitar desde el punto de vista jurídico”. En su opinión, también hay firmas involucradas en este negocio en Camboya, China y Vietnam.

La próxima semana, el primer ministro holandés, Mark Rutte, viaja a Indonesia en visita comercial. Según su servicio de prensa, la suerte de los buques hundidos figura entre las preguntas que piensa formular a su homólogo, el presidente Joko Widodo. Para el hijo el almirante Doorman llega demasiado tarde.