Descubren el fósil de uno de los seres vivos más antiguos de la Tierra


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  • Es el resto más primitivo de una bacteria oxidadora del azufre, un grupo que vivió antes de que hubiera oxígeno en la atmósfera
  • Son los organismos conocidos más antiguos que vivieron en aguas oscuras y profundas. Existieron hace 2.500 millones de años, mucho antes de que aparecieran las plantas y los árboles
 Estas bacterias eran grandes, esféricas y con un aspecto diferente al de las bacterias actuales - Andrew Czaja

Estas bacterias eran grandes, esféricas y con un aspecto diferente al de las bacterias actuales – Andrew Czaja

Hace unos 2.500 millones en la Tierra ocurrió un evento que cambió para siempre la vida en el planeta. Con la llamada «Crisis del Oxígeno», el que era un gas residual generado por microorganismos fotosintéticos acabó provocando una extinción masiva de especies al acumularse en la atmósfera, puesto que era un elemento tóxico para muchos seres vivos. Esto fue el fin para la mayoría, pero también fue la oportunidad para que otros seres capaces de aprovechar el oxígeno dominaran la Tierra.

De aquella tragedia quedan testigos mudos en forma de rocas. Son sobre todo los llamados estromatolitos, unas formaciones fosilizadas creadas por el crecimiento en capas de microorganismos que vivieron hace más de 3.500 millones de años. Pues bien, desde este martes, un estudio publicado en la revista «Geology» asegura haber encontrado los restos de unas bacterias que vivieron en la Tierra justo antes de que ocurriera la «Crisis del Oxígeno», tal como ha informado Phys.org.

«Estos son los fósiles más antiguos de bacterias del azufre (usan este elemento como fuente de energía)», ha dicho Andrew Czaja, profesor de geología en la Universidad de Cincinnati y primer autor del estudio. «Y este descubrimiento nos ayuda a entender la diversidad de formas de vida y de ecosistemas que existieron justo antes del “Gran Evento de Oxidación”».

Según Czaja, estas bacterias eran grandes, esféricas y con un aspecto diferente al de las bacterias actuales, pero similar al de organismos unicelulares que viven hoy en día en aguas profundas, ricas en azufre y pobres en oxígeno. Al parecer, fueron abundantes en las aguas profundas de los océanos hace entre 2.500 o 2.8oo millones de años.

Según creen los investigadores, se dedicaban a alimentarse de sulfuro de hidrógeno, una molécula que huele a huevo podrido. Eran capaces de robarles los electrones a esta molécula (a través de una oxidación) para obtener su energía, y en el proceso transformaban esos compuestos en sulfato (un gas que no huele a nada). Tal como ha dicho este investigador, además había otras bacterias que eran capaces de respirar este sulfato (se trata de las bacterias sulfatorreductoras). «El residuo de una era la comida para otra».

Hoy en día hay bacterias capaces de hacer reacciones químicas similares a aquellas en un «puñado» de lugares en los que no hay presencia de oxígeno, como pueden por ejemplo ser los sedimentos de algunas masas de agua o lugares donde se ha consumido temporalmente el oxígeno del agua.

Aprovechar la «comida» de los volcanes

«Aunque no puedo decir que estas bacterias primitivas fueran las mismas que las que hay hoy en día, tengo la conjetura de que hacían lo mismo que las bacterias actuales», ha opinado. «Estas bacterias tempranas probablemente consumían las moléculas que procedían de la disolución de minerales ricos en azufre que había en los océanos y que procedían de rocas erosionadas y lavadas de Tierra, o de restos volcánicos en los fondos».

Este tipo de procesos, entre otros, son los que hoy se consideran como un factor clave para poder encontrar vida en otros lugares del Sistema Solar en los que hay grandes masas de agua bajo la superficie, como es el caso de Europa, la luna de Júpiter, o Encélado, el satélite de Saturno.

Fósiles extremadamente antiguos

Estas bacterias del azufre primitivas fueron encontradas en las láminas de rocas de silicatos situadas en una región muy especial: el Cratón de Kaapvaal, una zona donde la corteza terrestre tiene 3.500 millones de años de antigüedad.

Según este estudio, estos fósiles se formaron en el lecho marino profundo que había en el supercontinente de Vaalbara, una antigua placa de la que hoy pueden encontrarse restos en el Sur de África y en Australia Occidental. Gracias la datación por radiometría y a análisis de isótopos, Czaja y su equipo concluyeron que estas bacterias del azufre vivieron al mismo tiempo que en la superficie otros microbios comenzaban a producir cantidades cada vez más exageradas de oxígeno a través de la fotosíntesis.

«Esos fósiles representan los organismos conocidos más antiguos que vivieron en aguas muy oscuras y profundas», ha añadido. «Existieron 2.000 millones de años antes que las plantas y los árboles, que evolucionaron hace 450 millones de años». Los científicos aún no se han puesto de acuerdo en relación con el momento en que aparecieron por primera vez las bacterias oxidadores del azufre, pero Czaja cree que definitivamente estos microbios estaban aquí hace 2.500 millones de años y que estaban haciendo algo importante.

Pointe du Hoc: La misión suicida en la que 200 Rangers escalaron un acantilado lleno de nazis durante el Día D


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  • El director de cine Laureano Clavero (director de MIRASUD PRO) ha recreado una de las mayores contiendas del Desembarco de Normandía en Barcelona
 Recreación histórica de los Rangers - ABC

Recreación histórica de los Rangers – ABC

Con 40 kilos de equipo encima -entre armas y pertrechos- y la pesada carga a sus espaldas de saber que, si no cumplían con la misión que les había sido asignada, sus compañeros serían masacrados por el fuego de la potente artillería alemana. De esta guisa (y a manos descubiertas) escalaron dos centenares de Rangers (una unidad de élite específicamente entrenada para llevar a cabo operaciones rápidas) los acantilados de Pointe du Hoc -en la costa francesa- durante el Desembarco de Normandía el seis de junio de 1944.

Su objetivo no era otro que llegar hasta la cima de los riscos e inutilizar media docena de cañones germanos de 155 milímetros listos para disparar contra todo aquel que arribara a las playas de Omaha y Utah. El ascenso no pudo ser más sanguinario ya que los hombres del 2º de Rangers (los encargados de acometer esta dura tarea) recibieron balas y granadas a decenas por parte de los defensores (ubicados en la parte superior). La misión dejó en estos valientes comandos un sabor agridulce ya que, cuando lograron conquistar la posición, se encontraron con que el enemigo se había llevado los cañones a otra zona.

Este heroico episodio de la Segunda Guerra Mundial, olvidado como tantos otros por los españoles, ha sido alumbrado ahora por el foco de la actualidad gracias a Laureano Clavero -director de la productora MIRASUD PRO– y a su proyecto «Carentan-Omaha-Bastogne». Una iniciativa que busca recrear, mediante tres sesiones fotográficas, las contiendas más destacadas del ejército norteamericano tras el Desembarco de Normandía. La primera de ellas se sucedió el pasado mayo en Tarragona y rememoró la mítica batalla de Carentan entre la 101ª División Aerotransportada y los paracaidistas alemanes en un pueblo abandonado.

Ahora, por el contrario, el escenario ha sido la playa de Arenys de Mar (en Barcelona), donde este popular cineasta y varias asociaciones de recreación histórica (la «First Allied Airborne Catalunya», la «Airborne Lleida 101 División Easy Company» y la «Asociación Normandía 101 de Benicarló») dieron vida el pasado domingo al Día D y a la toma de los acantilados de Pointe du Hoc por parte de los americanos. «La actuación de los Rangers era determinante. Aquellas piezas podían hacer mucho daño a las lanchas de desembarco que se acercaban y a los mismos barcos. Su misión era vital», explica a ABC el divulgador histórico (y asesor histórico del proyecto) Pere Cardona, autor del blog «HistoriasSegundaGuerraMundial».

El Día D

El origen del Día D hay que buscarlo en los años 40, época en la que los aliados tomaron la determinación de invadir Francia atravesando el Canal de la Mancha para abrir un segundo frente a los nazis. «El Desembarco de Normandía fue una operación que Stalin llevaba mucho tiempo pidiéndole a los ejércitos occidentales. Pero tanto Churchill como Eisenhower eran contrarios a un plan de este tipo. Stalin lo quería porque así descongestionaría todo el este. Al fin se dieron cuenta de que era muy buena idea dividir al ejército alemán y comenzaron a planearlo», explica Cardona a ABC. Con este objetivo Estados Unidos, Gran Bretaña y Canadá reunieron una gigantesca flota de unos 160.000 soldados y 7.000 buques.

Para organizar la ofensiva, el mando combinado dividió las regiones de desembarco del norte de Francia en cinco zonas que deberían ser tomadas: Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword (ubicadas de izquierda a derecha de la costa gala). Conquistar las dos primeras sería tarea de los norteamericanos. Los ingleses se encargarían de la tercera y la quinta y, finalmente, los canadienses tendrían la responsabilidad de acabar con la resistencia en la última.

Todos y cada uno de estos hombres se enfrentarían a unas defensas nazis mermadas, pero bien posicionadas. «Los alemanes habían desplegado cinco divisiones de infantería, una división aerotransportada y una división de tanques y tenían la ventaja en el posicionamiento de batalla», explica el «UU.EE. Holocaust memorial museum».

No obstante, muchas de las unidades alemanas contaban con una experiencia mínima en combate o sufrían de algunos problemas físicos. «Al “Muro Atlántico” los alemanes enviaron muchas unidades que, realmente, no eran aptas para el combate en otros frentes. Rommel consideraba que, al tener solo que defender una posición, podían solventar la situación. Así pues, había unidades con soldados mayores de 45 años o enfermos con problemas gastrointestinales» explica, en declaraciones a ABC, Joan Parés, miembro del grupo de recreación histórica «First Allied Airborne Catalunya». En verano todo estaba planeado. Pero había una serie de problemas. Los principales eran gigantescos y tenían forma de cañones y estaban ubiados en Pointe du Hoc.

La misión

Se podría decir que una buena parte del desembarco estadounidense dependía de la conquista de este risco. «La orden era inutilizar las seis piezas de artillería de 155 milímetros que había en Pointe du Hoc, la cima de un acantilado de 30 metros ubicado entre las playas de Omaha y Utah» explica, en declaraciones a ABC, Jaime Mendoza -recreador histórico desde los años 90, experto en la historia del ejército americano, colaborador de «Mundo Militaria» y uno de los participantes en la sesión fotográfica-. En palabras de este divulgador, los cañones podían causar verdaderos estragos debido a su alcance efectivo de 14 kilómetros y a su situación estratégica.

La única forma forma de tomar esta posición era desembarcando en la playa y ascender mediante cuerdas y escalas por los acantilados. Algo sumamente arriesgado, pues implicaba que -aquellos que fueran seleccionados para la misión- recibirían una infinidad de disparos y granadas desde lo alto del risco. Y no solo eso, sino que estarían indefensos mientras ascendían por la pared de roca al tener las manos ocupadas sujetando la cuerda.

Al alto mando se le planteó una dura decisión: ¿A quién encargar esta cruenta tarea? Al final, se seleccionó a los Rangers, la élite de la infantería estadounidense. Unos soldados destinados a desplegarse de forma veloz y llevar a cabo misiones de riesgo en la primera línea de batalla.

«No éramos unos chicos simpáticos, ni muy afables, pero sí especiales. Teníamos algo que ardía dentro. Estábamos listos para la acción y confiábamos mucho en nosotros mismos. Además, amábamos el riesgo y la aventura» afirmaba en un documental para el Canal Historia James Eikner (uno de los Rangers presentes en Pointe du Hoc). Lo cierto es que no tampoco eran demasiado veteranos (pues se habían graduado en 1943) pero sí contaban con un entrenamiento específico para expulsar de la cima a los alemanes.

En palabras de este militar retirado, la recomendación de que estos soldados fueran los seleccionados para escalar los acantilados de Pointe du Hoc fue del mismísimo general Omar Nelson Bradley, al mando de las tropas del desembarco en Omaha y Utah. «Vio a los Rangers en el norte de África y dijo “estos cabrones pueden hacer lo que sea. Se que destruirán esos cañones, pero puede que no queden muchos después». Con todo, también se estableció que la zona sería bombardeada previamente (y hasta la saciedad) para facilitar el trabajo a los asaltantes.

«En Pointe du Hoc debían desembarcar tres compañías, la D, la E y la F (de 68 hombres cada una). Todas ellas, del 2º Batallón de Rangers», añade Mendoza a ABC. A nivel de organización, el recreador recuerda que, habitualmente, los batallones americanas contaban con más hombres y compañías, pero en los Rangers el número había sido reducido por ser una unidad especial. «Una compañía de Rangers contaba con dos secciones, cada una de 31 hombres mandada por un oficial. A este número se sumaba el Estado Mayor, formado por cuatro hombres (un soldado, un cabo, un sargento y un capitán)», añade. El total, en definitiva, sería de unos 225 soldados.

Las horas previas

A las cuatro y media de la mañana, todavía dentro de los buques ubicados en el Canal de la Mancha, los soldados destinados en el «Prince Baudoin» se cuadraron al escuchar las palabras que, a la vez, tanto esperaban y temían: «¡Rangers, a sus lanchas!». Junto a ellos, otros tantos hombres se prepararon para el día más importante de sus vidas: la jornada en la que empezarían a liberar a Europa del nazismo. Sin embargo, antes de vencer a los alemanes muchos tuvieron que enfrentarse a su otro gran enemigo: la bravura del agua.

Y es que el líquido elemento andaba revuelto debido al tiempo, y muchos de ellos no sabían nadar. El resultado fueron multitud de tobillos torcidos al acceder a las embarcaciones. «Resultaba una actividad peligrosa, con la pequeña lancha subiendo y bajando y dando brincos contra el costado del buque. Varios hombres se rompieron los tobillos o las piernas al no calcular debidamente el momento en que debían saltar o al verse atrapados entre la borda y el costado de los barcos», explica Antony Beevor en su obra «El Día D».

En este punto las fuentes son contradictorias. Mientras algunos autores afirman que estos soldados portaban en su mayoría el equipo básico de la infantería norteamericana (el cual incluía el fusil M1 Garand), Antony Beevor es partidario de que los Rangers iban menos cargados (con poco peso) y portaban, en su mayoría, subfusiles. Así lo explica en su obra: «La mayoría de ellos iban armados con poco más que una subametralleta Thompson, una automática del 45 y unos 100 gramos de dinamita atados al casco».

Los recreadores presentes en el evento son partidarios de la versión de que los Rangers portaban el equipo básico de infantería. «Llevaban el fusil de dotación Garand M1, que disparaba 8 cartuchos en semiautomático. Las Thompson eran un armamento muy específico. En cada compañía solía haber un número reducido de Thompsons (4 o 5) que llevaban normalmente los oficiales y los suboficiales. En principio estaban más extendidas, pero fueron retiradas», determina a ABC Mendoza.

En todo caso, e independientemente de las armas que portasen, cuando estuvieron dentro de las lanchas, el capitán del navío les despidió de la siguiente forma: «Buena caza Rangers». Mientras se alejaban de los navíos, los hombres que iban en las lanchas escucharon como los bajeles aliados empezaban a descargar varias andanadas de cañonazos sobre los diferentes puntos estratégicos. «Los grandes cañones te producen en el pecho la sensación de que alguién te ha abrazado y te ha dado un buen achuchón», afirma Ludovic Kennedy, uno de los combatientes presentes en el Día D.

El gran error

Poco después ya todo dependía de los Rangers que iban en las lanchas de desembarco. Poco podía hacer ya la artillería. Sin embargo, la misión de estos soldados pudo acabar en desastre incluso antes de empezar. ¿La razón? Que, por error, el timonel de la Marina Real británica que manejaba la primera barca se equivocó y la dirigió demasiado al este. A un punto erróneo de la costa. Por suerte, el teniente coronel James E. Ruddler (el oficial al mando del 2º de Rangers) se percató y corrigió rápidamente el fallo. El objetivo principal se salvó, pero a costa de luchar media hora durante la corriente.

Así recuerda Eikner aquel suceso: «La mañana del Día D, al amanecer, todos estábamos forzando la vista queriendo ver algo en el horizonte. Según su fueron haciendo más nítidas las figuras, nos dimos cuenta de que algo no iba bien. El coronel Ruddler fue el primero en actuar. Dijo “demonios, esto no es Pointe du Hoc”. El coronel se enderezó -era un hombre enorme- y dijo “timón a la derecha”. El timonel estaba tan asustado que simplemente le hizo caso. Toda la columna de botes giró. Llegamos 38 minutos tarde, a las siete y ocho. Y los alemanes ya estaban listos en la parte de arriba, disparándonos según nos acercábamos».

Desembarcando

Después del que el frio metal de las barcazas tocara la playa de Normandía frente a los acantilados, desde las mismas se dispararon unos curiosos artilugios «made in» las fuerzas armadas británicas: unos garfios impulsados por cohetes que arrastraban las cuerdas por las que deberían subir los Rangers. Para desgracia de los aliados, muchos se quedaron cortos debido al peso extra del agua con la que se habían mojado. Además, también se usaron extensas escaleras de la brigada contra incendios de Londres.

Como explica Beevor, los alemanes no podían creer que les dispararan aquellos garfios. Su sorpresa fue mayúscula. «El cuartel general de la 352ª División de Infantería fue informado de que “desde los buques de guerra en alta mar el enemigo dispara contra los acantilados bombas especiales de las que salen escalas de cuerda”». Con todo, la sorpresa les duró poco y, más temprano que tarde, empezaron a disparar con todo lo que tenían a los Rangers. El fuego provenía de armas tan variopintas como los míticos fusiles Kar 98 o las no menos llamativas ametralladoras pesadas MG42.

Por su parte, los Rangers empezaron a desembarcar y a disparar hacia las alturas. Apoyados, eso sí, por el fuego de los destructores «Satterlee» (de los Estados Unidos) y «Talybont» (de la Royal Navy inglesa). Ambos, con su acierto, lograron darles algunos minutos para tomar posiciones en la playa y empezar a escalar. «Los disparos obligaron a los defensor a permanecer agazapados durante los primeros momentos del asalto», añade el anglosajón en su obra.

Así describió Leonard Lommell (uno de los Rangers que desembarcó) aquella traumática situación: «Yo fui el primer herido de mi lancha de desembarco. Una bala de ametralladora pasó a través de mi costado derecho y me atravesó un músculo, pero no me dio en ningún hueso». Por suerte para este soldado, ninguno de sus órganos vitales reultó herido y pudo continuar luchando.

La sangrienta escalada

A partir de ese momento comenzó una sangrienta lucha en la que los Rangers ubicados a los pies del acantilado trataban de cubrir a aquellos que ascendían. «Los alemanes estaban arriba, tirando granadas. Te quitabas la sangre de las botas y seguías adelante», añade, en este caso, Eikner. Solo había una cosa en sus cabezas: conseguir llegar a la cima y detener aquella marea de granadas. «Grité “muchachos, están tirando granadas, meted la cabeza y sacad los culos”: Ya se sabe, el culo se puede encargar de la metralla mucho mejor que la cara», completa el militar.

Pero los alemanes no eran los únicos enemigos a los que los Rangers se enfrentaban. Y es que, además de todo ello, tenían que subir por una pared casi vertical cargando 40 kilos de equipo. A pesar de su entrenamiento, muchos acabaron extenuados a medio camino. «Cuando Bob y yo estábamos subiendo por la cuerda, Bob me dijo: “no puedo conseguirlo, ¿me puedes echar una mano?”. Yo le contesté “Bob, no te puedo ayudar porque yo mismo me estoy preguntando si tengo suficiente fuerza para llegar a la cima. Luego otro compañero se lo echó a la espalda y siguió avanzando», añade Lommell.

La suerte de los norteamericanos fue dispar ya que, mientras algunos lograron ascender hasta el punto y empezar a dar guerra a base de tiros a los alemanes, otros como Eikner recibieron un impacto y cayeron de nuevo a la playa. «Lo último que recuerdo es una explosión y un montón de rocas rodando por la colina. Estuve desmayado no se cuanto tiempo. Cuando me levanté sentí el dolor en mis piernas, descubrí que estaban llenas de ampollas de sangre», explica el soldado. A pesar de ello, logró sobrevivir y comenzó la escalada de nuevo.

Sin cañones

Al cabo de unas horas los Rangers lograron llegar a la cima y establecer un perímetro defensivo. Aunque 16 de ellos no pudieron conseguirlo y fallecieron durante el trayecto. La misión se había cumplido. O eso creían ya que, cuando llegaron arriba, vieron perplejos como los cañones habían sido trasladados. Los emplazamientos de hormigón estaban totalmente vacíos.

«Fue una horrible experiencia. Tanto sacrificio para ver que no había ningún cañón», explica Lommell. Por suerte, cuando la zona estuvo dominada y los defensores fueron expulsados, los americanos enviaron una pequeña patrulla a investigar unas marcas de raíles ubicadas en el suelo. «Siguieron las marcas y encontraron los cañones dos kilómetros más adentro, en una granja. Allí los desactivaron», completa Mendoza a ABC.

Eiknet explicaba así el cumplimiento final de su misión: «Habíamos cumplido nuestro objetivo. La patrulla había encontrado los cañones y los había dejado fuera de servicio. Habíamos cortado la carretera y habíamos impedido su uso al enemigo. No podían mandar refuerzos a Omaha porque habíamos cortado las comunicaciones». Para su desgracia, todavía tuvieron que esperar dos días hasta la llegada de sus refuerzos. Dos jornadas en las que sufrieron multitud de bajas. «Cuando llegaron sus refuerzos, solo quedaban 90», completa el recreador.

La historia oculta del padre de Fidel: un terrateniente gallego que había combatido la Independencia de Cuba


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  • En palabras del dictador fallecido: «Mi padre era uno de aquellos jóvenes pobres de Galicia a los cuales algún rico le daba una cantidad de dinero para que lo sustituyera en el servicio militar»
 Fotografía de Ángel Castro

Fotografía de Ángel Castro

José Martí, héroe nacional de Cuba, era hijo de un valenciano y una canaria; mientras que Simón Bolívar, fundador de las repúblicas de la Gran Colombia y Bolivia, tenía profundos orígenes vascos y gallegos… y así un largo etcétera de emancipadores y revolucionarios. También Fidel Castro, pese a pertenecer a otra generación política y a otros tiempos, conservaba vínculos con la madre patria. Su padre era un gallego que emigró a Cuba a final del siglo XIX.

«En esta casa en 1875 nació Ángel Castro Argiz, gallego que emigró a Cuba, donde plantó árboles que aún florecen», reza una placa en la casa natal del padre de Fidel Castro en Láncara (en la provincia de Lugo). El 28 de julio de 1992, el dictador cubano visitó la localidad gallega acompañado de Manuel Fraga, cuyo padre había también emigrado a Cuba. Allí fue nombrado Hijo Adoptivo e incluso brotaron lágrimas en sus ojos al ver la casa natal de su padre: «Bien pequeñita es; por eso mi padre tuvo que emigrar».

El padre de Fidel nació en 1875 en tierras gallegas. De orígenes campesinos muy humildes, Ángel Castro fue el segundo de los seis hijos que tuvieron Manuel Castro Núñez y Antonia Argiz Fernández, quien murió cuando el patriarca de los Castro era todavía un niño. Su padre, que se volvió a casar, los envió a él y a sus hermanos a la casa de un tío, en la aldea cercana de San Pedro de Armea.

La Guerra de Cuba y el retorno

 A los 17 años se alistó en el Ejército para evitar la independencia de Cuba, proceso iniciado en 1895. Había buscado trabajo en Madrid sin mucho éxito hasta que se lanzó a «hacer las Américas». En palabras del propio Fidel Castro: «Mi padre era uno de aquellos jóvenes pobres de Galicia a los cuales algún rico le daba una cantidad de dinero para que lo sustituyera en el servicio militar». Según explica Carlos Márquez Sterling en su «Historia de Cuba», Castro padre formó parte de la columna española, dirigida por el comandante Cirujeda, que atacó e hirió en combate al «Titán de Bronce», Antonio Maceo, uno de los líderes independentistas más destacados. La falta de documentación sobre los detalles del desastroso conflicto hacen imposible confirmar o no esta historia.

Tras la guerra regresó a la Península, pero en poco tiempo emigró de nuevo a Cuba buscando el trabajo y la fortuna que la tierra gallega le negaba con insistencia. A modo de anécdota, se cuenta que la decisión última de trasladarse a América la tomó al descubrir que su antigua novia se había casado durante su ausencia en Láncara. (Esta historia aparece registrada en el libro «Fidel el desleal», del periodista francés Serge Raffy).

Cuba resultó un negocio rentable para Ángel Castro, que al convertirse en terrateniente contrató a una legión de españoles inmigrantes o de origen hispánico

Ángel Castro desembarcó en La Habana, procedente de La Coruña, el 4 de diciembre de 1899, tras viajar en el vapor francés Mavane. Contratista con la United Fruit Company, el padre del dictador levantó su fortuna a partir de 1905 cortando madera en los bosques, para luego plantar caña de azúcar. Su habilidad jugando a la cartas también le ayudó a amasar una pequeña fortuna.

En 1911 se casó con María Luisa Argota, a quien conoció en la ciudad de Santiago de Cuba y con la que tuvo cinco hijos (aunque solo tres llegaron a edad adulta). Juntos adquirieron y administraron una importante extensión agrícola en Birán. Cuba resultó un negocio muy rentable para Ángel Castro, que al convertirse en terrateniente contrató a una legión de españoles inmigrantes y lugareños de origen hispánico, véase la joven Lina Ruz González, hija de una sirviente y a la postre madre de los Castro. Cubana con ancestros asturianos y canarios, Lina era prácticamente analfabeta y junto con Ángel aprendió a leer y a escribir. El amor llegó a la vez.

Un romance prohibido

Durante un tiempo mantuvieron el romance en secreto, pero al enterarse María Luisa Argota se trasladó a Santiago y amenazó con divorciarse y reclamar la mitad de sus tierras. Es por ello que Ángel simuló estar arruinado y traspasó las propiedades a su socio Fidel Pino Santos. La familia que de aquí surgió tuvo que existir de forma clandestina hasta que las aguas se calmaron. El terrateniente y su joven empleada tuvieron siete hijos, entre los que se encontraban tanto Fidel Castro (en honor al socio mencionado) como su hermano Raúl Castro.

Para esconder la existencia de los hijos ilegítimos, el gallego decidió enviar a los niños a vivir con sus amigos próximos, el cónsul haitiano en Santiago, Hippólite Hibbert, y su esposa Emercianne. Fidel tenía entonces 4 años. Cuando fue enviado como interno al Colegio de La Salle, sus compañeros lo humillaron repetidamente por su origen bastardo, por tener como madre a una criada analfabeta y por no estar bautizado, llamándolo «judío». Hasta 1940 Ángel y Lina no pudieron legalizar su unión y, tres años después, el 11 de Diciembre de 1943, al fin Fidel fue reconocido como hijo legítimo.

Ángel Castro Argiz murió en Birán poco antes del desembarco de sus hijos Fidel y Raúl junto a otros 80 expedicionarios en la Playa Las Coloradas el 2 de diciembre de 1956. En vísperas de la Revolución que encumbraría a su hijo, falleció a causa de una hemorragia intestinal, a la edad de 80 años. Años después, Fidel diría que su padre siempre quiso regresar a Galicia al menos una vez.

El aura esotérica del Temple


El Mundo JESÚS LÓPEZ-PELÁEZ CASELLAS

  • Esta orden de monjes guerreros, defensores de Cristo, está rodeada de misterios y leyendas
  • La Orden del Temple y su eco en la península 

    Cuadro de François Marius Granet representando el último día del Gran Maestre templario Jacques de Molay.

    Cuadro de François Marius Granet representando el último día del Gran Maestre templario Jacques de Molay.

Probablemente no exista organización en la historia que haya provocado mayor cantidad de especulaciones y leyendas que los templarios. En su célebre ‘Chevaliers du Christ’, Alan Demurger sostenía que existe, por un lado, la historia del Temple y, por otro, la de su leyenda; y de forma irónica Umberto Eco, en ‘El péndulo de Foucault’, ponía en boca de uno de sus personajes que “los templarios siempre tienen algo que ver con todo”.

Ciertamente, multitud de libros pseudo-históricos han sostenido, sin prueba real alguna, una supuesta vinculación directa del Temple con asuntos esotéricos como la Mesa esmeralda del rey Salomón, el Santo Grial (del que nada se dice en la Biblia), el Arca de la Alianza, el ‘Lignum Crucis’, la Piedra Filosofal de los alquimistas, innumerables tesoros y hasta el descubrimiento de América. Todas estas son entretenidas leyendas sin fiabilidad, pues no hay evidencia histórica seria que las apoye porque el archivo templario se perdió, probablemente, tras la toma de Chipre por los turcos en 1571.

Pero no se puede decir que estas creencias surjan de la nada, ni que los caballeros de la cruz roja no estén rodeados de misterio y magia que los hace irresistibles. Un asunto significativo es el de sus ritos de iniciación. Estos, si bien similares a los de cualquier otra orden religiosa o militar, adquirieron un aura de secretismo y esoterismo con un cierto perfume oriental. Los juicios a los templarios recogieron testimonios inquietantes acerca del proceso de iniciación en la Orden, durante el que se realizaban actos que la Iglesia y los jueces del rey vieron inaceptables. Y si bien estos testimonios estuvieron inducidos por la tortura, no se descarta que no fueran parcialmente ciertos.

Acusados de satanismo

Así, el beso del maestre al novato en la boca parece que simbolizaba la transmisión del espíritu y el valor templario al neófito, pero al añadir que también se besaba al maestre en el falo o en el ano (las versiones variaban) se pasó a acusarlos de sodomía/homosexualidad. Esta acusación -un crimen monstruoso en la época- estaba motivada por la renuncia que hacían los caballeros a relacionarse con mujeres, excepto madre y hermana. La práctica de ritos satánicos o la confraternización con sectas musulmanas, confesadas bajo tortura, aumentaron su leyenda.

También es cierto que los causantes de la desaparición de los templarios (Felipe IV, su principal consejero Guillaume Nogaret y el Papa Clemente V) murieron a los pocos meses de que Jacques de Molay fuera quemado en la hoguera (y supuestamente les lanzara una maldición mientras perecía entre las llamas). Además, entre 1315 y 1317 se produjeron inundaciones en casi toda Francia como consecuencia de las cuales se perdieron cosechas y se extendió la hambruna, a lo que -como es bien sabido- siguieron epidemias de peste y la muerte de cientos de miles de personas; estos acontecimientos (que dieron lugar a la conocida como crisis del siglo XIV) también se atribuyeron a un castigo divino motivado por la injusta eliminación de la Orden.

No cabe duda de que debían resultar misteriosas para sus contemporáneos las vestimentas de estos defensores de la cristiandad (la imponente capa blanca con la cruz patada roja) y sus símbolos, especialmente el ‘Sello de los Soldados de Cristo’ con los dos hombres compartiendo caballo. Este sello, que muchos historiadores explican como símbolo de la comunidad de bienes, de austeridad y de humildad, también se ha relacionado con una alusión al amor carnal entre caballeros, a prácticas satánicas, a creencias en los aspectos duales de la existencia, o a todo a la vez.

En relación con una posible inclinación de estos monjes militares hacia una concepción dualista de la existencia (creencia de procedencia oriental) conviene recordar que otro de los aspectos más enigmáticos de sus declaraciones tiene que ver con el significado de una misteriosa figura llamada ‘bafomet’. Está atestiguado que en muchas capitanías templarias se guardaba una enigmática cabeza barbada, el ‘bafomet’, que en los interrogatorios y bajo tortura algunos caballeros confesaron adorar. Aunque probablemente se trataba de alguna imagen de origen islámico, se ha apuntado de nuevo a otra referencia al dualismo de algunas creencias orientales, al estilo del ying y el yang o del dios de las dos caras Jano. Los historiadores apuntan que debieron adoptar esta imagen como amuleto de la buena suerte, si bien admiten que es imposible determinar hasta qué punto no era objeto de culto.

Otros símbolos de naturaleza poco clara y que han pasado a formar parte de su leyenda son el bastón de mando (el ‘abacus’) del Gran Maestre, la barba templaria (que se afeitaban al abandonar la Orden) o la enseña (el ‘baussant’) en combate, la bandera blanca y negra. Esta representaba, de nuevo, un cierto dualismo oriental: el día y la noche, la vida y la muerte, o la luz y la oscuridad. El blanco además simbolizaba la pureza, y el negro el valor: ambas características, era bien conocido, debían acompañar al caballero templario a lo largo de su vida.

¿Llegaron a América?

Todas estas circunstancias, que para la mayoría de historiadores son perfectamente explicables sin apelación a misterio alguno, sumadas a una hipotética llegada a América, con la que habrían mantenido contacto desde el puerto francés de La Rochelle (que sería la vía de entrada a Europa de plata del Nuevo Mundo siglos antes de la llegada de Colón) y la propia naturaleza de una orden de monjes guerreros reservada, austera y radicada en sus orígenes en Palestina contribuyeron a cimentar su misterio y su atractivo.

Pero es su espiritualidad la que más atención suscita. Porque a su profundo sentido del deber (al menos 20.000 efectivos murieron en el campo de batalla o tras sufrir tortura y negarse a dejar su fe) y su ausencia de vanagloria y de estrictas diferencias jerárquicas (inspirados en la Orden cisterciense creían en la igualdad esencial del ser) hay que sumar un cristianismo que podríamos llamar de frontera.

Efectivamente, esta forma de comprensión de lo religioso de los templarios, que algunos denominan ‘mística’, bien puede ser considerada uno de los primeros intentos de comprensión -si no de fusión- de la espiritualidad sufí musulmana desde la perspectiva de una Orden cristiana (nada que ver con la intransigencia almorávide que combatieron en la Península, o con la de la Inquisición). Y es que de su espiritualidad y desprecio por lo terrenal da fe su lema, tomado de un salmo:’ Non nobis, Domine, non nobis, sed nomini tuo da gloriam’ (Concédenos la gloria no a nosotros, Señor, no a nosotros, sino a tu nombre).

Carabinas M1A1: las armas con la que la 101ª Aerotransportada aniquiló a los nazis en Normandía


ABC.es

  • Ideada como una evolución del modelo M1, esta arma era sumamente ligera y se diseñó especificamente para poder ser transportada por los paracaidistas norteamericanos
 La 101, tras capturar una bandera alemana - ABC

La 101, tras capturar una bandera alemana – ABC

Desde el subfusil Thompson (mal llamado «ametralladora»), hasta la pistola Colt 1911 (una de las más conocidas del ejército americano por su potencia). Las películas bélicas nos han hecho creer que estas eran las dos armas más extendidas entre los paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada. Esos combatientes que, horas antes del Desembarco de Normandía, se dejaron caer tras las líneas de defensa alemanas para atrapar a los germanos en un terrible fuego cruzado y para proteger los vitales puentes que llevarían a los aliados al interior de Francia.

Sin embargo, la realidad es que -a pesar de lo que nos dice Hollywood– las armas más extendidas entre los «paracas» de la 101 eran la carabina M1A1 (una evolución del modelo M1 modificada especificamente para tropas aerotransportadas) y el fusil M1 Garand (el de dotación de la infantería estadounidense). Hoy, estas dos son también las más utilizadas por los grupos de recreación histórica españoles que dan vida a las unidades paracaidistas de la Segunda Guerra Mundial. Y todo, bajo un precio sumamente asequible gracias a la marca hispana «Denix».

La carabina M1

Una de las dos armas principales que portaron los paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada en Normandía fue la variante M1A1 de la carabina M1. Esta última era uno de los pertrechos principales en el arsenal de las tropas de segunda línea de los Estados Unidos de América. Es decir, de aquellos soldados que (por estar asignados a una batería de artillería, cargar con una ametralladora pesada, o encontrarse destinados en una unidad dedicada a labores de intendencia) necesitaban un fusil más ligero que el M1 Garand (de unos 4 kilos) o las pesadas Thompson (de 5).

Esta carabina, concretamente, se ideó en 1942 con el objetivo de que las tropas auxiliares tuvieran la capacidad de defenderse de las agresivas tácticas de ataque germanas. Y es que, mediante la «Blitzkrieg» o «Guerra relámpago», los alemanes rompían la primera línea de defensa enemiga y se lanzaban con sus unidades mecanizadas contra la retaguardia contraria. Un lugar en el que podían causar estragos destruyendo polvorines o convoys de suministros defendidos, únicamente, por soldados equipados con poco más que armas cortas tales como pistolas.

Así pues, la necesidad de contar con un arsenal más potente para rechazar estos posibles golpes de mano provocó que EEUU se planteara la creación de un arma ligera y de fuego rápido. De esta forma nació la carabina M1.

«Tras numerosas pruebas, se adoptó el diseño de la firma Winchester […] el 22 de octubre de 1942», explica la revista especializada «Les Cosaques» en su dossier «Carabina M-1». El resultado fue un arma relativamente corta (90 centímetros aproximadamente) pero con cierta cadencia de fuego al contar con un cargador de 15 cartuchos que disparaba en modo semiautomático. Con ella, además de las unidades anteriormente seleccionadas, se dotó a algunos oficiales.

El arma (elaborada en madera y metal con una culata fija) usaba un cartucho más propio de pistola, que de fusil. «La carabina usaba un calibre de 30. Seria una especie de 9 mm largo. El arma no era muy potente ni un alcance muy extenso, pero tenía una cadencia de fuego alta» explica, en declaraciones a ABC, Joan Parés (miembro del grupo de recreación histórica «First Allied Airborne Catalunya» -especialistas en la 101ª División Aerotransportada-). El arma debió ser útil, pues se fabricaron 6.200.000 unidades hasta el final de la Segunda Guerra Mundial y fue modifica dando como resultado hasta 15 modelos diferentes.

Con todo, y aunque fue bien recibida entre las tropas a las que iba destinadas, la carabina M1 también tenía algún pequeño problema además de su escaso alcance. «En la Segunda Guerra Mundial esta carabina no llevaba bayoneta. Es lógico porque habitualmente se entiende que la bayoneta es una extensión del arma que permite al soldado usarla como una lanza. Con un arma tan corta es un poco absurdo, ya que no tiene la suficiente extensión como para causar un daño severo. Pero es algo normal en este tipo de armas cortas y ligeras», completa el experto.

El modelo «paraca

Como arma ligera que era, la carabina M1 atrajo sobremanera a las recién creadas divisiones de paracaidistas estadounidenses. Entre ellas, la 101ª División Aerotransportada (activada el 16 de agosto de 1942). La razón era sencilla: estos combatientes necesitaban contar con un arsenal lo más ligero posible para saltar desde los cielos. Y es que, a menos peso tuviera su arma, más cosas podrían llevar consigo para sobrevivir una vez que se encontraran solos, y tras las líneas enemigas, en las playas de Normandía.

Así pues, y con el fin de hacer la M1 (de poco más de 3 kilos) más adaptable si cabe a los paracaidistas, se rediseñó la carabina para sustituir su culata fija de madera por una plegable (y mucho más ligera) de metal. Dicho modelo (de apenas 2.800 graamos) fue desarrollado por una subdivisión (Inland) de la actual «General Motors» (que llegó a fabricar un total de 2.650.000). El resultado fue un arma sumamente compacta, pero resistente y que podía abrirse con facilidad. La variante fue denominada «Carabina Cal .30 M1A1» y fue entregada, a partir de octubre de 1942, a la 82ª y a la 101ª divisiones aerotransportadas.

«La 101ª División usó esta carabina, que era muy ligera. Sin embargo, muchos soldados preferían el fusil Garand por tener un calibre y una potencia de fuego más alta. Además de contar con una cadencia de fuego decente al disparar 8 cartuchos en semiautomático. Eso sí, los que llevaban la carabina ahorraban en peso y podían llevarla en una bolsa desechable que se ataban y que tiraban una vez que llegaban al suelo», añade Parés en declaraciones a ABC.

Así define el popular historiador Antony Beevor estas armas en su obra «El Día D. La batalla de Normandía»: «El arma personal del soldado normalmente era una carabina con afuste, desmontado en parte, metido en una bolsa llamada “estuche del violín”, que se llevaba atada con unas correas cruzando el pecho».

Se fabricaron aproximadamente 150.000 de estas carabinas modificadas para los paracaidistas, y fueron muy bien acogidas. Tanto, que este modelo (y el mismo M1) se fue actualizando para participar en varias guerras posteriores. «Después se usó en la guerra de Corea y continuó hasta los primeros años de Vietnam», completa el recreador histórico.

Otras armas de los «paracas»

La otra arma principal de los paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada en el Día D fue el M1 Garand, el fusil dedotación usado por la infantería del ejército americano. Su característica principal era que podía disparar hasta ocho cartuchos de forma semiautomática sin necesidad de ser amartillado. Eso le otorgaba una ventaja sobre los fusiles mono-tiro de rusos, británicos y alemanes. Aunque también le hacía perder un poco de precisión. «El Garand tenía un alcance de aproximadamente 1.000 metros, lo que le daba una gran ventaja sobre el resto de armas», explica Parés en declaraciones a ABC.

Además de estas armas, los paracaidistas de la 101ª también contaban con pistolas Colt 1911. Un tipo de arma corta que no todos llevaban por no ser reglamentaria. «Al principio de la guerra se dotó a las unidades con Colt 1911, pero el ejército las terminó retirando. Algunos paracaidistas la llevaban, pero solo los que se la pudieron guardar, pues no era de dotación en el 44. Oficialmente solo la portaban algunos mandos o servidores de ametralladoras. Tenerla era casi un premio. Además, era muy querida. En el Pacífico, por ejemplo, se contaba que un disparo de esta pistola podía arrancar la mano a un japonés por su gran calibre», completa el experto.

Por otro lado, el recreador histórico afirma que los paracaidistas de la 101ª no solían portar (salvo casos raros) subfusiles como la Thompson. «Solo se dotaba a elementos muy especializados del ejército. El problema es que en las películas suele aparecer mucho porque los subfusiles son muy espectaculares por disparar fuego automático. Pero hay que tener en cuenta que su alcance era de entre 400 y 500 metros, y el Garand lo doblaba, por lo que era preferido. Además carecía de precisión por contar con un cañón muy corto», añade el recreador. Con todo, tan cierto como esto es que se pudo ver a algún «paraca» con ella.

Según Parés, otro tanto sucedía con los alemanes, a los cuales solemos ver en las películas con el característico subfusil MP40. «Es cierto que los alemanes tenían más armas automáticas que los aliados, pero también es verdad que lo que más utilizaban era el fusil Kar 98. Si ves las películas, parece que al final de la guerra todos llevaban MP40 o MP44, pero no. Tuvieron armas de todo tipo y de toda procedencia», añade el experto.

SI QUIERES CONOCER EL EQUIPO COMPLETO DE UN PARACAIDISTA DE LA 101 AEROTRANSPORTADA, SIGUE ESTE ENLACE: Así iban equipados los paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada en el Desembarco de Normandía.

Recreando la M1A1

En palabras de Parés, a día de hoy bastante sencillo adquirir una réplica de la carabina M1A1 gracias a marcas como «Denix». Una empresa española que fabrica «objetos de recreación» (que no armas, como ellos mismos señalan).

«”Denix” te permite adquirir una copia en madera y metal por unos 150 euros. Es algo que, cuando empecé con la recreación hace 12 años, parecía imposible. Además, ofrecen los dos modelos, tanto el de culata fija, como el de la culata plegable para paracaidistas», explica el experto.

Tal y como determina, esta empresa ha logrado posicionarse como una de las mejores del mercado. «Cuando vas a recreaciones en otros países, puedes ver sus réplicas. Se exportan a todo el mundo», determina.

«”Denix” ha permitido generalizar la compra de réplicas de armas de la Segunda Guerra Mundial por un precio razonable. Te dan la oportunidad de tener réplicas de armamento original como el Garand cuando, anteriormente, era algo imposible por menos de 500 euros. Elaboran réplicas muy fidedignas. Sus ventajas son el precio y que las puedes encontrar en bastantes tiendas del país. En el caso de la M1A1, con todo, y por ponernos puristas, tiene un tornillo donde no toca. Encima del cañón. Además, a veces el color de la madera (el teñido) esta un poco pasado de tono. Pero es algo para recreadores sumamente puristas», añade Parés.

¿La ley permite portar réplicas de armas?

El problema es que la replica está hecha para tenerla en un domicilio. En ese caso no hay ningún problema porque, según la ley, es un ornamento. Cuando la sacas fuera empiezan los problemas. Estas sacando un trozo de madera y metal que simula un arma, y puede dar lugar a equívocos.

Hay cierto vacío legal. Nosotros, cuando organizamos eventos, pedimos permiso a la Guardia Civil para que nos deje utilizarlas. Los agentes vienen, revisan las réplicas y te dan la autorización. En cierto modo es lógico. Si vas por la calle con un rifle colgado de la espalda (aunque sea una réplica) puedes causar el pánico. Pero, si es un evento autorizado, no hay problema.

El chico de la chaqueta a rayas 84679


ABC.es

  • Jillian Eisman compró por 2 dólares la prenda y la donó al Centro Kupferberg para el Holocausto de Nueva York. Allí han desenterrado la historia de este prisionero del campo de concentración de Dachau
 La chaqueta del prisionero 84679 del campo de concentración de Dachau - KHC

La chaqueta del prisionero 84679 del campo de concentración de Dachau – KHC

En el interior de un armario expuesto entre otros objetos en una venta en 2015 en Long Island, entre camisas viejas y vestidos de época, Jillian Eisman vio una chaqueta que inmediatamente captó su atención. Aquellas inconfundibles rayas azules y grises desvanecidas sintetizaban el horror de los campos de concentración nazis. «Supe exactamente lo que era, aun antes de ver los números (84679 en el pecho)», señaló esta compradora de ropa de época al periodista Frank Eltman, de Associated Press.

Eisman adquirió la chaqueta por solo 2 dólares y la donó al Centro Kupferberg del Holocausto (KHC) en Nueva York. Un año después, expertos del centro han descubierto la historia de su propietario, un adolescente judío de Lituania llamado Benzion Peresecki, que llevó la chaqueta durante diez meses en el campo de concentración de Dachau y la conservó durante 33 años. El KHC cuenta ahora en una exposición la historia de este superviviente del Holocausto con fotos históricas, mapas, múltiples testimonios y cortometrajes. «Es una historia de supervivencia del Holocausto que demuestra el poder de un solo objeto para conectar las narrativas de justicia, identidad y búsqueda de un hogar», resaltan en el KHC.

Hijo del propietario de una tienda de delicatessen de Radviliškis (Lituania), Peresecki sobrevivió con 15 años al Holocausto, aunque con un coste inmenso. En diez años, su padre murió de una úlcera de estómago, su hermano fue asesinado por los nazis, fue recluido en un gueto y después encarcelado, golpeado y sometido a trabajos forzados en el campo de concentración de Dachau. Benzion se vio obligado a fabricar municiones para los alemanes.

Cuando acabó la guerra, Benzion pasó cinco años en un campo de desplazados con su madre, Chiena, que sobrevivió al campo de concentración de Stutthof. Emigró a Estados Unidos, donde cambió su nombre por Ben Peres, y luchó por encontrar justicia por el sufrimiento vivido exigiendo reparaciones al gobierno alemán y por crear un nuevo hogar, según destacan los curadores del KHC.

En Nueva York, tanto Ben como su madre vivieron y trabajaron en Brooklyn, el Bronx, y Manhattan. Ambos recibieron tratamiento de varios médicos por las lesiones físicas y psicológicas que arrastraron del Holocausto. En 1968, con el pago de unas reparaciones por parte del gobierno alemán más de 20 años después de la liberación, Ben y su madre Chiena, junto con la esposa de éste Chaya y sus dos hijos Lorrie y Michael pudieron comprarse una casa en Bellmore, Long Island. Allí vivió Ben hasta su muerte, diez años después.

Pese a haber residido en varios lugares y en distintas casas, siempre llevó consigo su chaqueta de Dachau aunque nunca se lo contó a sus familiares. De hecho, nunca les dijo a sus dos hijos que existía. Lorrie se quedó «atónita» cuando se enteró de que la chaqueta había sido encontrada en la casa donde había crecido. «Ni siquiera lo revisé antes de que se vendiera», señaló a la agencia AP.

«Sabíamos que mi padre y abuela habían estado en el Holocausto» y que «tuvo un hermano que fue asesinado, pero él no hablaba mucho de eso», añade Lorrie, que tenía solo 13 años cuando su padre murió de una embolia en 1978.

La chaqueta permaneció en su armario durante 65 años (37 de ellos después de su muerte) hasta que el 4 de julio de 2015 fue descubierta por Jilliam Eisman durante la venta de bienes de su casa en Bellmore. Eisman «reconoció inmediatamente la chaqueta como un símbolo de dolor» que debía ser objeto de reflexión para el público, señala el centro Kupferberg antes de apuntar que el abuelo de la joven sirvió en el ejército soviético durante la Segunda Guerra Mundial y su hermano (Joshua Birnbaum, de 24 años), murió en los atentados del 11-S. La joven compró la chaqueta y la donó al KHC para que fuera expuesta.

Es una prenda muy rara, ya que la mayoría de las prendas de los prisioneros de los campos de concentración fueron quemadas para evitar la propagación de piojos y posibles enfermedades, según señalan historiadores a la AP. Además, la mayoría no quería guardar recuerdos del horror vivido.

Pero el centro no solo expone esta prenda difícil de encontrar ya que las ropas de los prisioneros de los campos de concentración fueron quemadas para evitar la propagación de piojos y posibles enfermedades y la mayoría no quería guardar recuerdos del horror vivido. Junto a la chaqueta, el KHC muestra los más de 1.500 documentos, películas y fotografías, entre ellas las que su familia encontró tras su muerte y que han sido prestadas para la exposición. Con ellas el KHC contextualiza la búsqueda de la justicia, la identidad y el hogar de este joven judío que fue arrancado de su casa de Lituania.

Para Eisman «hay una razón por la que tenía que estar en esa casa» así como «hay una razón por la que yo era amiga de alguien que trabajaba en un museo del Holocausto», según señala a la agencia AP. «¿Cuáles son las probabilidades de eso? Es difícil decir que todo sea coincidencia», subraya.

Una ciudad y un cementerio de hace 5.316 años descubiertos bajo las arenas en Egipto


El Mundo

Templo del monarca Seti I en Abydos. NÉFERMAÂT

Templo del monarca Seti I en Abydos. NÉFERMAÂT

Un cementerio, un poblado y los restos de la vida diaria que hace 5.316 años transitó su callejero. Es el fascinante hallazgo firmado por un equipo de arqueólogos egipcios en las proximidades de un templo de Abydos, uno de los principales centros políticos del Alto Egipto situado a unos 500 kilómetros al sur de El Cairo.

“Es probable que la necrópolis y el poblado pertenecieran a altos funcionarios y supervisores de las tumbas reales y las estructuras mortuorias de los reyes de la primera dinastía de Abydos”, ha explicado Mahmud Afifi, el jefe del departamento de antigüedades del ministerio de Antigüedades egipcio en un comunicado difundido este miércoles.

El descubrimiento, que data de principios de la primera dinastía faraónica (3300-2850 a.C.), ha sido localizado a unos 400 metros del templo del monarca Seti I en Abydos, en la provincia sureña egipcia de Sohag, durante la excavación de una misión arqueológica egipcia.

En el entramado urbano, el equipo también ha rescatado algunas piezas de la vida de sus moradores como chozas, vasijas de cerámica, piedras o herramientas de hierro que -según la expedición- podrían pertenecer a los trabajadores a cargo de construir las tumbas reales. Su presencia demuestra la existencia de una ciudad habitada por los empleados. “El equipo ha logrado desenterrar 15 grandes tumbas de adobe que miden en algunos casos hasta 14 por 5 metros. Tienen diseños y estilos arquitectónicos diferentes”, ha indicado el jefe del departamento de Antigüedades del Alto Egipto Hani Abu al Azm.

“Algunos enterramientos -ha agregado- tienen mayores proporciones que las tumbas reales de la primera dinastía que se hallan en Abydos, lo que demuestra la importancia de sus propietarios y de los cargos y la posición social que disfrutaban en este periodo temprano de la historia de Egipto”. Precisamente el hallazgo puede arrojar luz sobre la renombrada Abydos, que en pleno y árido desierto albergó un cementerio para nobles en el período predinástico y se convirtió más tarde en la necrópolis de los primeros monarcas de Egipto.

A juicio del director de la misión, Yaser Mahmud Husein, “algunas de las tumbas son únicas pues están formadas por más de una mastaba [edificación funeraria con forma troncopiramidal y de base rectangular]”. “Llegan -añade- a tener hasta cuatro. Fueron empleadas en las tumbas de la primera dinastía en Saqqara [cerca de la actual ciudad de El Cairo] y luego en la tercera por lo que es la primera vez que se halla en la primera dinastía en Abydos”.

Abydos y su extenso complejo guardan aún secretos bajo sus arenas. En 2014 una misión de arqueólogos de la universidad estadounidense de Pensilvania, que ha horadado este terruño durante tres décadas, halló la tumba y el esqueleto del faraón Senebkay, un rey desconocido hasta ahora que gobernó hace 3.700 años, durante el decrépito y agitado segundo periodo intermedio (1800 a. C. a 1550 a. C.). Un año antes habían localizado la tumba del también rey Sobekhotep, formada por un enorme sarcófago de cuarcita y más de 60 toneladas.

Todos los gobernantes de la primera dinastía fueron enterrados en Abydos. En la dinastía II, sin embargo, el cementerio real se trasladó por algún tiempo a Saqqara, donde los monarcas eran enterrados en sofisticados laberintos subterráneos con gran cantidad de cámaras y corredores. Los últimos reyes de aquella dinastía se reconciliaron con Abydos y la eligieron para iniciar su vida de ultratumba.

 

Hallan bajo el suelo de Marte hielo como para llenar el Lago Superior, el mayor del mundo de agua dulce


ABC.es

  • El depósito, situado en el hemisferio norte del Planeta rojo, podría servir para la supervivencia de futuras colonias humanas
 Las formas distintivas de la superficie de Utopia Planitia llevaron a los investigadores a comprobar si había hielo subterráneo - NASA / JPL-Caltech / Univ. de Arizona

Las formas distintivas de la superficie de Utopia Planitia llevaron a los investigadores a comprobar si había hielo subterráneo – NASA / JPL-Caltech / Univ. de Arizona

El Orbitador de Reconocimiento de Marte de la NASA ha localizado bajo el terreno del Planeta rojo hielo de agua como para llenar el Lago Superior, el mayor de los Grandes Lagos de Norteamérica, situado entre EE.UU. y Canadá, y el mayor del mundo de agua dulce -por superficie, aunque el lago Baikal de Siberia tiene mayor volumen de agua-. En concreto, el Superior tiene 82.000 km², mayor que la República Checa.

Los científicos examinaron parte de la región de Utopia Planitia, en las latitudes medias del hemisferio norte de Marte, con un instrumento de radar a bordo del orbitador. Los análisis de datos de más de 600 sobrevuelos revelaron un depósito helado con un área más extensa que el estado de Nuevo México. El depósito varía en espesor de aproximadamente 80 a 170 metros, con una composición que es del 50% al 85% de hielo de agua, mezclada con polvo o partículas rocosas más grandes.

En la latitud en la que se encuentra este tesoro congelado -a mitad de camino entre el ecuador y el polo- el hielo de agua no puede persistir en la superficie de Marte. Se sublima en vapor de agua en la atmósfera delgada y seca del planeta. Sin embargo, el depósito de Utopia está protegido de la atmósfera bajo un terreno de entre uno y diez metros de espesor. Por eso resiste.

«Este depósito probablemente se formó a medida que la nieve se fue acumulando en una capa de hielo mezclada con polvo durante un período de la historia de Marte en la que el eje del planeta estaba más inclinado de lo que está hoy», dice Cassie Stuurman, del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas, Austin.

El Marte actual, con una inclinación del eje de 25º, acumula grandes cantidades de agua congelada en los polos. En ciclos que duran alrededor de 120.000 años, la inclinación varía a casi el doble, calentando los polos y conduciendo el hielo a latitudes medias.

Recurso para los astronautas

El nombre de Utopia Planitia se traduce en términos generales como «llanuras del paraíso». El depósito de hielo recién descubierto se extiende por latitudes de 39º a 49º en las llanuras. Representa menos del uno por ciento de todo el hielo de Marte, pero más que duplica el volumen de las gruesas capas de hielo enterradas en las llanuras del norte. Estos depósitos de hielo cerca de la superficie podrían ser un recurso para los astronautas.

«Este depósito está probablemente más accesible que la mayor parte del hielo de agua en Marte, porque está en una latitud relativamente baja y se encuentra en una zona plana, lisa, donde el aterrizaje de una nave espacial sería más fácil que en algunas de las otras zonas con hielo enterrado», explica Jack Holt, de la Universidad de Texas, coautor del artículo que se publica en la revista Geophysical Research Letters.

El agua de esta planicie está congelada en todo momento. Si hubiera una capa fundida -lo que sería importante para la posibilidad de vida en Marte- habría sido evidente en los escaneos de radar. Sin embargo, es posible que ocurriera con diferentes condiciones climáticas, cuando el eje del planeta estaba más inclinado. «Pero no sabemos si podría haber habido suficiente agua líquida en algún momento como para sostener la vida microbiana», dice Holt.

El gran volumen de hielo detectado aumenta la comprensión de la historia de Marte e identifica un posible recurso para su uso futuro. «Sabemos que en sus inicios, Marte tenía suficiente agua líquida en la superficie de los ríos y lagos. ¿Dónde se fue? Gran parte acabó en la parte superior de la atmósfera. Pero también hay una gran cantidad que es ahora hielo subterráneo, y queremos seguir aprendiendo más acerca de eso», dice Leslie Tamppari, del Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA, en Pasadena, California (EE.UU.).

«El uso de este hielo por una misión futura podría ayudar a mantener vivos a los astronautas, mientras que también ayuda a desbloquear los secretos de las edades de hielo de Marte», subraya Joe Levy, de la Universidad de Texas, coautor del nuevo estudio.

La primera batalla de la Historia entre musulmanes y judíos


ABC.es

  • Una tribu hebrea ayudó en el 627 a los politeístas de La Meca a combatir a Mahoma, y tras ser vencida por el profeta 700 judíos fueron decapitados
 Mahoma predica después de la Batalla de la Trinchera, según un autor anónimo - ABC

Mahoma predica después de la Batalla de la Trinchera, según un autor anónimo – ABC

La enemistad entre judíos y musulmanes dirimida en el campo de batalla no comenzó en 1947 con la creación del Estado de Israel. La primera gran contienda de la que se tiene constancia histórica data del 627. Los historiadores la denominan La Batalla de la Trinchera, por el ingenioso método utilizado por Mahoma para vencer a un enemigo mucho mayor en número y medios de combate. Pero el aspecto más polémico tiene que ver con la conclusión de aquella campaña, la última y más decisiva para la creación del islam, y para entender su rápida difusión por todo el mundo conocido a golpe de espada. Por orden del profeta, casi 700 miembros varones de una tribu judía, la de los Qurayza, fueron decapitados, y sus mujeres y niños repartidos como esclavos.

Los historiadores coinciden en que la Batalla de la Trinchera en la ciudad de Medina fue el acto fundacional de la comunidad musulmana en la península Arábiga. La campaña previa pretendía ser el golpe definitivo a Mahoma y sus seguidores, que habían huido de La Meca y encontrado refugio en Medina. Una coalición de tribus politeístas mecanas, junto a unas pocas tribus nómadas judías, establecieron en La Kaaba un pacto militar para combatir a Mahoma. En vísperas de marzo de 627 se dirigieron a esa ciudad unos 10.000 hombres, con 600 caballos y camellos. Alertados, los mahometanos, que solo contaban con 3.000 soldados, decidieron recurrir a la construcción de un foso en torno a Medina para frenar a la caballería. El ingenio militar era conocido entre los persas, pero pilló por sorpresa a la coalición árabe .

El sitio de Medina duró varias semanas, pero pudo haberse decantado rápidamente en favor del bando agresor debido a una circunstancia: el pacto secreto de la coalición con una tribu judía que habitaba cerca de Medina, la de Banu Qurayza, que debía actuar como “quinta columna” en Medina para permitir la entrada del ejército invasor. Mahoma fue advertido y la conspiración se frustró. Finalmente -y como consecuencia de una “intervención divina” en forma de terribles tormentas, según la tradición musulmana- la coalición se desmoralizó y levantó el sitio.

Sin dar pausa al júbilo, Mahoma decidió marchar contra los Qurayza para hacerles pagar la traición, por la ruptura de una alianza anterior entre la tribu judía y la nueva comunidad musulmana. El sitio duró poco tiempo, y Banu Qurayza se rindió. Las historiadores musulmanes disputan en este punto, pero el más aceptado es que el profeta pidió consejo a uno de sus consejeros, Saad ibn Maad, quien concluyó que todos los judíos de la tribu debían ser pasados a espada. Mahoma asintió, y unos 700 hebreos fueron decapitados. El Corán recoge en varios de sus versículos tanto la conspiración de los Qurayza como la venganza contra ellos por orden de Alá.

Identificado el «coloso espacial» que está atrayendo a nuestra galaxia


ABC.es

  • Astrónomos creen saber qué puede tener la fuerza suficiente para mover 50 galaxias a la vez
 La Vía Láctea - Archivo

La Vía Láctea – Archivo

La Vía Láctea, junto con el resto de los miembros que forman el grupo local de galaxias en que vivimos, está en continuo movimiento. De hecho, todo el grupo (unas 50 galaxias diferentes) parece estar siendo atraído hacia una misma dirección, arrastrado probablemente por la enorme gravedad de algún objeto enorme y desconocido. ¿Pero qué puede tener la fuerza suficiente para mover 50 galaxias a la vez? La respuesta ha sido, durante décadas, un misterio para los científicos.

Ahora, un equipo internacional de astrónomos cree haber descubierto, por fin, al culpable: un “supercúmulo” de galaxias, formado por varios cientos de miembros, que resulta estar bastante cerca de nosotros pero que había permanecido oculto a la vista por culpa de las nubes de gas, polvo y estrellas de nuestra propia galaxia. Si comparamos la Vía Láctea con un edificio, sería como intentar ver desde dentro y a través de las paredes los edificios vecinos.

Anteriores estudios sobre el movimiento del grupo local de galaxias ya predecían que debía de haber “algo” oculto detrás de la Vía Láctea. Otras investigaciones galácticas en la constelación de la Vela, a través del cual cruza el plano de nuestra galaxia, también sugerían que en esa zona había una densidad de galaxias superior a lo normal.

 Ahora, y gracias a la combinación del gran Telescopio Surafricano, con su espejo de 10 metros, y el Telescopio Anglo Australiano, de 3,9 metros, los astrónomos han conseguido medir el corrimiento hacia el rojo de 4.500 galaxias en Vela, a ambos lados de la banda oscura de la Vía Láctea, y han confirmado que, efectivamente, existe una “superpoblación galactica” en esa zona, a unos 800 millones de años luz de distancia. Los resultados de la investigación se acaban de publicar en Montly Notices of the Royal Astronomical Society.

Lo cual significa que en nuestro vecindario cósmico existe una segunda estructura gigante, algo más lejos del super cúmulo de Shapley, que ya se conocía, y del que se pensaba que era el único “coloso” que había en los alrededores. Recién bautizado como el supercúmulo de Vega, ese conjunto de galaxias está atrayendo hacia sí a todo nuestro grupo local, que se dirige hacia él a la nada desdeñable velocidad de 50 km. por segundo. Muy rápido a escala humana, pero muy lento en términos galácticos. Si la velocidad no varía, en efecto, llegaremos allí dentro de unos cinco billones de años.