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  • La misiva, en la que se puede leer «Tengo una sensación extraña con este barco», fue subastada el fin de semana en el Reino Unido
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El nombramiento del oficial pudo provocar que se perdieran los binoculares de los vigías – ABC

«Este barco sigue sin gustarme. Me da una impresión rara» (o «Tengo una sensación extraña con este barco», atendiendo a las diferentes traducciones de los expertos). Estas fueron las palabras que dirigió a su hermana el jefe de oficiales del transatlántico «Titanic» pocos días antes de que este buque chocase contra un iceberg llevándose consigo al fondo del mar la vida de más de un millar de almas.

La misiva, cuyo contenido era ya conocido (pero cuyo original no había salido a la luz) forma parte de un lote de panfletos relacionados con la tragedia que será subastado en el Reino Unido.

Además de los diferentes documentos (entre los que se encuentran carteles de propaganda sobre el «Titanic») también destaca que fue subastada por 85.000 libras la llave de uno de los armarios en los que se encontraban los chalecos salvavidas destinados a los pasajeros.

Según ha desvelado el «Daily Telegraph» el objeto perteneció a Sidney Sedunary, uno de los miembros de la tripulación destinado en tercera clase que dejó este mundo mientras ayudaba a evacuar el buque. «Sin lugar a dudas, fue un hombre que sacrificó su vida para salvar la de otros», ha determinado Andrew Aldridge, uno de los subastadores.

El «RMS Titanic» se hundió el 14 de abril de 1912 mientras realizaba un viaje desde Southampton hasta Nueva York. Según la teoría más extendida, la gran velocidad a la que viajaba (sumado a otros factores) provocó que no pudiese virar cuando un iceberg se cruzó en su camino.

El «buque de los sueños» chocó entonces contra el témpano y se hundió tres horas después, a aproximadamente a las 2:20 del 15 de abril. Más de 1.500 personas murieron debido a la falta de botes salvavidas, y poco más de siete centenares sobrevivieron (aunque las cifras varían atendiendo a las fuentes).

Un nombramiento controvertido

La carta que ha causado tanto revuelo en la Red fue escrita por el jefe de oficiales del «Titanic», Henry Wilde (de 39 años) el 31 de marzo de 1912. La misiva, con todo, forma parte de una colección que redactó desde que comenzó su carrera como policía de buques, hasta que fue ascendido a segundo del capitán Smith en el «Buque de los sueños».

Este hombre envió el texto a su hermana desde el navío en una postal de la «Withe Star Line», y en él se puede leer lo siguiente: «Este barco sigue sin gustarme, me da una impresión rara» (o «Tengo una sensación extraña con este barco»). Toda una premonición de lo que sucedería posteriormente.

La historia de Wilde no tiene desperdicio, pues fue el jefe de oficiales del «Olympic» (el hermano del «Titanic») hasta que se decidió que debía ser enviado al «Buque de los sueños» en su viaje inicial. ¿El objetivo? Aportar su experiencia a la tripulación.

Este cambio no habría sido un problema de no ser por dos causas. La primera, que su nombramiento provocó que fueran degradados el jefe de oficiales William Murdoch (que pasó a ser primer oficial) y el primer oficial Charles Lightoller (que pasó a ser segundo oficial).

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¿Culpable de la catástrofe?

En palabras del divulgador histórico Hugh Brewster, esto provocó una gran tensión que quedó patente en una carta que, a su vez, envió Lightoller y que, posteriormente, salió a la luz: «Las lumbreras de la “White Star” pensaron que sería una buena idea trasladar al jefe de oficiales del “Olympic” al “Titanic” solo para ese primer viaje, a fin de que su experiencia fuera de ayuda en el barco hermano. Esa dudosa política nos desplazó a mi y a Murdoch y, amén de la decepción provocada porque nos bajaran de puesto, la decisión provocó cierta confusión».

Lightoller, incluso, dejó caer que el caos provocado por este nombramiento hizo que no pudieran usarse los binoculares con los que el vigía podría haber visto el iceberg. Una de las causas que motivó el impacto. ¿La razón? Qu el desconcierto del nombramiento hizo que las llaves del cajetín fueran olvidadas.

«A las 11 y media, cuando sólo faltaban 30 minutos para que finalizase su turno [los vigías] Fleet y Lee […] atisbaron una neblina ligera que se expandió un par de millas. […] Por desgracia, no disponían de binoculares, el armario estaba cerrado y nadie había podido encontrar las llaves», se explica en el libro «Los diez del Titanic».

El segundo problema fue que el nombramiento tampoco gustó ni un pelo a Wilde, quien esperaba ansioso que s ele cediera el mando del buque «Cymric» y que, por el contrario, tuvo que conformarse con seguir con su puesto en el «Titanic».

Esto lo dejó patente en la carta que fue subastada: «Estoy terriblemente decepcionado con que hayan cambiado los planes sobre mi mando en el “Cymric”. Ahora voy a unirme al “Titanic” hasta que aparezca algún otro buque en el que pueda ser destinado», se puede leer en la misiva. Su incorporación oficial se realizó el 9 de abril.

El 14 de abril, tras la colisión, Wilde subió al puente a informar de lo sucedido. Posteriormente s eunió al capitán Smith y a Thomas Andrew para inspeccionar los daños del bajel. Cuando todos se percataron de que le navío iba a hundirse, se encargó de organizar los botes salvavidas numerados de forma par para tratar de salvar la vida de los pasajeros. Como otros tantos, murió en la catástrofe.