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  • El primer día de otoño de este 2016 trae consigo un fenómeno astronómico solo visible en dos ocasiones al año

 El primer día de otoño es el descenso de Kukulkán a través del templo - CC

El primer día de otoño es el descenso de Kukulkán a través del templo – CC

El primer día de otoño de este 2016 supondrá para nosotros la victoria de la noche sobre el día o empezar a ver cómo se tornan nuestras calles y bosques de preciosas tonalidades ocres. Pero para la cultura maya el día de hoy tenía un interés especial. Era, nada más y menos que el descenso de una de sus mayores divinidades. Y si queremos, esta jornada de equinoccio puede ser una gran oportunidad para vislumbrarlo.

Kukulkán, algo así como «Serpiente de plumas» en maya yucateco, era una deidad con forma del reptil que le da nombre, que en la cultura maya representaba el agua y el viento. Tanta era la adoración que los prehispánicos mostraban por ella, que erigieron templos en su honor en múltiples ciudades de su reino. Era considerada como una divinidad creadora, y aquello, le daba una magia especial.

Este primer día de otoño de 2016 surgirá, como siempre, la bajada a la tierra de Kukulkán. Para ello, habría que desplazarse a una de las construcciones que se erigieron en su honor, Chichén Itzá, que como cada primer día de otoño, mostrará un fenómeno astrológico impactante. Si nos detenemos a observar la escalinata, de repente seremos conscientes de la presencia de varios triángulos de luz y sombra que aparentan el descenso de la serpiente por la escalera en un primer día de otoño que terminará por convertirse en mágico -ocurre algo similar el primer día de primavera.

Que ocurra esto no es casualidad. Atendiendo a los movimientos de la Tierra, y a la dirección de la luz, que avanza según vamos cambiando de estación, los mayas llegaron a la conclusión de que, para que en los equinoccios -como el que vamos a vivir el primer día de otoño este jueves- pudiese surgir este fenómeno, se hacía imprescindible colocar la construcción con una inclinación aproximada de 20° con respecto al norte geográfico. Aunque no hay evidencias de que la civilización maya erigiera todo el templo orientado a la consecución de este fenómeno, sí que impresiona.

El resultado, toda una imagen para no olvidar. Quien se siente a observar la escalinata del templo durante el primer día de otoño de este 2016 -o el primer día de primavera de 2017, si el lector se anima por entonces a organizar un viaje para contemplarlo-, podrá visualizar, a medida que avanza la tarde, la proyección de la sombra de la serpiente descendiendo ávida, impasible ante la mirada de turistas y curiosos, como un vestigio intacto de aquella cultura maya tan avanzada a su época que lucha por mantenerse viva. El fenómeno comienza, como hemos dicho, el primer día de otoño, pero continúa. Los siguientes cinco días permanece, dando magia a un fenómeno totalmente religioso. Una serpiente que solo despierta dos veces al año, y que después se diluye entre la luz y la sombra, hasta que vuelva a despertar seis meses después