El centro médico de Chueca que se convirtió en el primer gimnasio de España en el siglo XIX


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  • El local, con un método revolucionario, se ubicaba en la calle de la Reina, donde hoy se suceden los bares y restaurantes
 Manual de ejercicios del siglo XIX - WELCOME LIBRARY

Manual de ejercicios del siglo XIX – WELCOME LIBRARY

La moda por los gimnasios y el culto al cuerpo ha inundado cada rincón del planeta con numerosos locales de entrenamiento. El caso de Madrid, aunque tenga unas cifras similares a otros lugares, esconde una historia muy particular: el primer centro deportivo de España se levantó en la capital. Fue en el barrio de Chueca donde una consulta médica de ejercicios físicos se convirtió en el germen de lo que hoy conocemos.

El gimnasta francés Alfonso Vignolles constituyó esta suerte de gimnasio en Madrid en el año 1859. Lo cierto es que el centro que ideó se encontraba a caballo entre un gimnasio convencional y una consulta. El servicio que prestaba, según figura en recortes de prensa de la época, eran «Gimnasia Médica, Higiénica y Ortopédica». El método, revolucionario en la fecha, estaba inspirado en los implantados por la Academia de medicina de París, y su objetivo era prestar auxilio específico a todas las personas, con independencia de su condición. «Hay gabinete especial para señoras y para enfermos, y clase gratuita de doce a una para los enfermos pobres», detallaba un anuncio. Los novedosos métodos se complementaban con rudimentarias y pesadas másquinas, algo inédito en aquellos años.

El centro se ubicaba en el número 14 de la actual calle de la Reina, en el barrio de Chueca. Paralelo a la Gran Vía (aún no existía), se asentaba en una zona donde hoy abundan locales de copas, restaurantes y cotetos clubes de «gin-tonics» y cócteles. Aunque nació con ese espíritu sanitario, y así se mantuvo durante un largo periodo, su aceptación y evolución estuvo marcado por la influencia de la alta sociedad británica, que contagió a su homóloga española con el cultivo al cuerpo.

Imaginar el gimnasio de Chueca, el primero de España, es bastante difícil si tomamos como referencia los actuales. Como es evidente, ni contaba con las máquinas actuales ni practicaba los mismos ejercicios; ni siquiera buscaba el mismo propósito. No obstante, sí se pueden destacar algunos artilugios que facilitaban la puesta a tono física de quienes acudían. Según el fisioterapeuta Sebastian Busqué Torró, en este centro se empleaban algunos objetos, como unas picas, que manipuladas entre dos sujetos fortalecían los hombros y el pecho. Pero la mejor y más revolucionada herramienta era la conocida como Máquina Vignolles, un artilugio con poleas, escaleras y resortes para trabajar diferentes partes del cuerpo.

El salvaje asesinato de Francisco Pizarro y el misterio de su tumba


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  • Como recuerda la historiadora Carmen Martín Rubio, el Cabildo de Lima identificó en 1881 de forma errónea los restos del conquistador. Tuvo que pasar un siglo y una controversia a nivel científico hasta que se recuperó su auténtica tumba
 Retrato moderno de Francisco Pizarro basado en las descripciones físicas de los textos - Wikimedia

Retrato moderno de Francisco Pizarro basado en las descripciones físicas de los textos – Wikimedia

En su último año de vida, Francisco Pizarro parecía que iba a gozar al fin de los dulces frutos de sus conquistas. A pesar de los fantasmas que le perseguían a sus 63 años, el extremeño vivía feliz en su recién construido palacio de Los Reyes junto a la bella Angélica Yupanqui. Había sido un solterón empedernido, pero, empeñado en que los españoles entroncaran con la población local, se casó al final de su vida con mujeres indígenas a modo de ejemplo. Disfrutaba de cierta calma, aplastada la rebelión de su viejo aliado, Diego de Almagro, hasta que una brutal muerte le sorprendió en su palacio.

El conquistador casi sobrevivió a todo. A la ingrata tierra extremeña, al duro viaje a través del Atlántico y a una lucha contra millares de guerreros incas, pero no pudo hacer nada contra la ira de sus propios compatriotas. Cuando Pizarro pensaba que moriría de viejo rodeado de sus hijos, su esposa y sus fieles hermanos, junto a los cuales había dado muerte al traicionero de Almagro, irrumpieron los almagristas el 26 de junio de 1541, hace 475 años, en el palacio del extremeño para darle «tantas lanzadas, puñaladas y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la garganta», según la descripción de un cronista.

Terminaba con puñaladas una vida marcada por las armas y las aventura. Nacido en la localidad de Trujillo (Extremadura), Francisco Pizarro era un hijo bastardo de un hidalgo emparentado con Hernán Cortés, que combatió en su juventud junto a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. En 1502, se trasladó a América en busca de fortuna y fama, donde oyó historias sobre un rico territorio al sur del continente que los nativos llamaban «Birú» (transformado en «Pirú» por los europeos). Francisco Pizarro, de 50 años de edad, decidió unir sus fuerzas con las de Diego de Almagro, de orígenes todavía más oscuros que el extremeño, y con las del clérigo Hernando de Luque para internarse en el sur del continente.

Los almagristas vengan a su líder

Una vez finalizada la conquista de esa tierra mítica, las riñas internas entre los partidarios de Almagro y los de Pizarro, que luchaban por delimitar los territorios que pertenecían a cada uno de los bandos, entraron en conflicto armado en 1535. Tras un choque entre facciones, conocido como la batalla de Las Salinas, Pizarro cogió prisionero a Almagro y lo condenó a muerte. El conquistador suplicó por su vida, a lo cual respondió uno de los hermanos de Pizarro, Hernando, diciendo: «Sois caballero y tenéis un nombre ilustre; no mostréis flaqueza; me maravillo de que un hombre de vuestro ánimo tema tanto a la muerte. Confesaos, porque vuestra muerte no tiene remedio». Finalmente, fue ejecutado el 8 de julio de 1538 en la cárcel por estrangulamiento de torniquete y su cadáver decapitado en la Plaza Mayor de Cuzco.

En medio de la relativa calma que siguió a la muerte de Almagro, Francisco Pizarro seguía conservando su vitalidad, jugaba a los bolos y a la pelota a diario, así como sus hábitos y vestimentas austeras. «Usaba un sayo de paño negro con los faldamentos hasta el tobillo y el talle a los medios pechos y unos zapatos de venado blancos y un sombrero blanco y su espada y su puñal a la antigua», describe Agustín de Zárate sobre la despreocupada ropa de Pizarro, que vestía a la antigua, esto es, como en otro tiempo. A sus 63 años, el extremeño ya era un anciano, un hombre de otro tiempo que disfrutaba mezclándose con el pueblo y observando cómo la ciudad de Lima crecía un poco más cada día.

Lo cual no significa que Pizarro esperara ocioso el final de sus días. Como explica la historiadora Carmen Martín Rubio –autora de «Francisco Pizarro: el hombre desconocido» (Ediciones Nobel)–: «El decreto dado al teniente de Arequipa el 7 de mayo de 1541, sobre mes y medio antes de su muerte, atestigua fehacientemente la fuerza física y mental que Pizarro poseía en esos momentos. (…) tenía determinado comenzar en el próximo verano otra guerra contra el Inca (Manco Inca); es decir, unos seis o siete meses más tarde…».

Y entonces le llegó la muerte. Ante las amenazas de muerte que le llegaban de los partidarios de Diego de Almagro el Joven, hijo de su antiguo compañero de armas, Pizarro aumentó la seguridad en su palacio y, tal vez por estos temores, el día de su muerte pidió que se oficiara misa en su residencia. No se equivocaba el extremeño, puesto que los almagristas le esperaban junto a la iglesia para coserle a cuchilladas. No obstante, al ver que permanecía en su palacio, el grupo armado se dirigió allí al grito de «Viva el rey, muera el traidor», provocando una enorme espantada entre los acompañantes del conquistador del Perú.

Relata Pedro Pizarro que «todos los que se hallaban en la sala salieron corriendo, incluso el teniente gobernador Juan Velázquez con su vara de mando en la boca, y que se tiraron por las ventanas que daban al río Rimac… dejando solos al gobernador, a su hermano y a dos pajes».

Un error con la tumba durante un homenaje

Francisco Pizarro y su hermano Martín murieron a manos del grupo de almagristas. El extremeño se defendió «bravamente» y fueron necesarias al menos 20 heridas de espada para acabar con su vida. Tras uno de lo mayores magnicidios de la historia de la Edad Moderna, los agresores obligaron a las autoridades de Lima a nombrar gobernador al joven Diego Almagro y forzaron que Francisco Pizarro fuera enterrado de forma casi clandestina, según señala Henry Kamen, en un patio de la catedral de la ciudad. Y precisamente aquí empieza la otra parte del desgraciado ocaso de Pizarro. Las tumbas y diretes.

Los investigadores, sin embargo, hallaron en el lugar una momia que creyeron la de Pizarro y la colocaron en un mausoleo, situado en la parte derecha de la catedral

Como narra la historiadora Carmen Martín Rubio en su obra, Pizarro había dejado escrita su voluntad de ser enterrado «en la iglesia mayor de esta Ciudad de los Reyes, en la capilla mayor de la dicha iglesia». Con el paso de las décadas los restos de Pizarro sufrieron distintos traslados hasta que, en 1623, se decidió su definitivo emplazamiento: en la bóveda sepulcral debajo de la capilla mayor de la Catedral de Lima. Allí permanecieron hasta que, en 1881, el cabildo de la ciudad estableció una comisión para exhumar e investigar sus restos como conmemoración del 340 aniversario de su muerte.

Sin excesivo rigor, los investigadores hallaron en el lugar una momia que creyeron la de Pizarro y la colocaron en un mausoleo para la ocasión, situado en la parte derecha de la catedral. La comisión defendió que se trataba del extremeño porque, según su informe, el cadáver mostraba marcas de derrames sanguíneos producidos por heridas en la cabeza, cuello y extremidades.

Durante más de un siglo esa momia representó al conquistador del Perú y fue el objeto de sus actos de homenaje, sin que nadie sospechara que no se trataba de los restos de Pizarro. El 18 de julio de 1977, unos operarios encontraron durante unos trabajos de remodelación en la catedral una caja de plomo y otra de madera. En la de madera se hallaron huesos. Por su parte, en el interior de la de plomo había un cráneo y una inscripción inequívoca: «Aquí está la cabeza del señor marqués Don Francisco Pizarro que descubrió y ganó los reinos de Perú y puso en la real Corona de Castilla». Se abría el misterio: ¿cuáles eran los auténticos restos de Pizarro?

El final al misterio y a la polémica

Los sucesivos análisis arqueológicos no terminar de despejar el misterio sobre los restos de Pizarro. En un principio se dijo que los huesos de la caja pertenecían a un adulto, una mujer y dos niños, pero, incluso cuando el arqueólogo Hugo Ludeña aseguró que se trataba de Pizarro, la polémica siguió abierta. Al no alcanzarse un acuerdo en la comunidad científica, los investigadores decidieron abrir también la urna donde reposaba la momia del supuesto Pizarro. Dos antropólogos forenses procedentes de EE.UU. confirmaron las sospechas: aquella momia pertenecía a cualquier persona menos a un soldado del siglo XVI; en tanto, se procedió a trasladar los restos de las cajas a una capilla ubicada en la parte derecha de la catedral.

Se confirmó que se trataba de Pizarro en base a las 16 heridas punzo cortantes y de la huella de otras cicatrices en los hueso

El solemne traslado no significó el final de la polémica. Distintos historiadores continuaron desconfiando de los procedimientos empleados y exigieron nuevos estudios. Tras una investigación radiológico sobre el esqueleto, a cargo de la doctora Ladis Delpino (Universidad Cayetano Heredia), se confirmó que se trataba de Pizarro en base a las 16 heridas punzo cortantes y de la huella de otras cicatrices en los huesos, que correspondría con la forma en la que murió el extremeño y con heridas documentadas a lo largo de su vida.

Y por si aún cabía alguna duda, entre el año 2006 y el 2008 el arqueólogo forense Edwin Raúl Grenwich, de la Universidad de San Marcos, realizó análisis bio-arquiométricos que parecen haber dado al fin carpetazo al misterio. No en vano, Grenwich identificó los restos como los de un hombre diestro, robusto, de 1,74 centímetros, y que al fallecer tenía entre 50 y 68 años en el momento de su muerte.

El asesinato a «bayonetazos» de Caballo Loco, el jefe indio que humilló al 7º de Caballería


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  • El 5 de septiembre de 1877, el jefe indio que venció a los norteamericanos en Little Big Horn fue traicionado y murió a manos del Ejército de los Estados Unidos

Un genio militar que logró vencer a Custer en Little Big Horn (una batalla acaecida el 25 de junio); un líder carismático que dirigió a sus hombres contra los «wasichus» (hombres blancos) que querían conquistar las tierras de los pieles rojas y, además, un bravo guerrero que se lanzaba contra sus contrarios al grito de «¡Hoka Hey!» («¡Hoy es un buen día para morir!»).

Caballo Loco fue un jefe indio que cambió la historia de los Estados Unidos al infligir al país una de las mayores derrotas del Siglo XIX. Sin embargo, no murió como un bravo guerrero debe y como él hubiera querido: combatiendo hasta desfallecer contra sus enemigos. Por el contrario, dejó este mundo un 5 de septiembre de 1877 después de que un soldado del ejército norteamericano le clavara una bayoneta a traición, y por la espalda.

El potro se hace caballo

Caballo Loco vino al mundo en los territorios que hoy ocupa Dakota del Sur (al norte de los Estados Unidos) en 1842. Su infancia fue controvertida pues, como explica el divulgador histórico Gregorio Doval en su obra «Breve historia de los indios norteamericanos», su madre falleció cuando él no era más que un niño. Fue entonces cuando su padre (un «hombre medicina» llamado también Caballo Loco) decidió tomar en matrimonio a su hermana para que el pequeño no creciese solo. Con todo, a nuestro protagonista no le afectó el destino de su progenitora y creció sano y fuerte. «Antes de cumplir los doce años ya había matado su primer búfalo y montaba su primer caballo», explica Doval.

Durante aquellos años fue testigo de algunas de las matanzas más cruentas que el ejército norteamericano perpetró contra los indios con el objetivo de que abandonaran los territorios en los que habían vivido desde siempre y se encerraran en reservas. «Con dieciséis años adoptó el nombre de su padre y participó por primera vez como guerrero en una incursión exitosa, pero en la que fue herido en una pierna», completa el experto. A partir de ese punto Caballo Loco se fue ganado la lealtad de su tribu a base de arco y hacha, pues demostró su valor y su valía como guerrero primero, y general después, en todo tipo de combates contra los norteamericanos.

Sin embargo, su gran victoria se sucedió en Little Big Horn (batalla cuyo aniversario se celebrará mañana). Aquel día, un Caballo Loco convertido ya en jefe de los siouxs oglala acabó, junto a Toro Sentado, con el Séptimo de Caballería del mal llamado general Custer (pues era teniente coronel). Un hombre enviado por los EE.UU. para obligar al jefe indio a pasar el resto de su vida lejos de territorios que, desde siempre, habían sido de su tribu. Con todo, lo cierto es que Cabellos Largos (como le conocían los nativos) no solo no consiguió vencer a aquellos pieles rojas, sino que murió con sus hombres tras lanzarse como un verdadero cafre con poco más de 200 jinetes contra 1.200 nativos.

La derrota tras la victoria

Sangre y balas para los indios que asesinaron a Custer. Tras la derrota de Little Big Horn Estados Unidos comenzó una campaña de venganza contra los nativos que habían acabado con la vida de Cabellos Largos. Una tormenta de muerte apoyada por la población, ávida de sangre, y realizada con la excusa de confinar a los nativos en reservas. Como ya había sucedido meses atrás, las persecuciones y matanzas de pieles rojas se generalizaron.

El frío, el hambre y las balas estadounidenses acosaban a los indios

No importó demasiado a la ciudadanía -poco ducha en táctica militar- que el oficial se hubiese lanzado de bruces y sin ninguna posibilidad contra un poblado que superaba ampliamente a su Séptimo de Caballería. Los norteamericanos, el ejército. y el gobierno de las barras y estrellas querían derramar sangre para desquitarse. Por eso fue por lo que el gobierno ordenó a oficiales como el general George R. Crook o el Coronel Miles (más conocido como Chaqueta de Oso Miles) que se dedicasen a hostigar durante meses a todo aquel con penacho de plumas que se cruzara frente a sus fusiles.

Perseguidas y apaleadas, a muchas tribus indias no les quedó más remedio que marcharse de sus casas y convertirse en nómadas. Casi se podría decir que el remedio fue peor que la enfermedad pues, con la llegada del frío, se hizo imposible para jefes como Caballo Loco dar de comer a sus hombres, mujeres y niños. Gregorio Doval señala en su obra lo difícil que fue durante ese tiempo para los indios conseguir alimentos. El historiador estadounidense Dee Brown es de la misma opinión, la cual hace patente en «Enterrad mi corazón en Wounded Knee» al señalar que el «frío y el hambre se habían hecho insoportables».

La primera traición

Al final, la falta de un trozo de carne que llevarse a la boca, el insoportable viento gélido que en aquellas fechas les helaba los huesos, la escasez de municiones con las que enfrentarse a los contrarios, y las promesas de sus enemigos de que solo querían parlamentar, hicieron que Caballo Loco se dejase convencer por sus consejeros y aceptase reunirse con los casacones para pactar una solución a aquella persecución malsana que iba a acabar con su tribu. Para entonces, de hecho, no le parecía tan mala la idea de que les cediesen una reserva.

Lo cierto es que Caballo Loco no estaba del todo conforme con la decisión de parlamentar la posible retirada de su pueblo, pero no le quedó más remedio que hacerlo, por lo que se preparó para llamar a la puerta -bandera blanca en mano- del mismísimo campamento del coronel Miles. «Ocho fueron, entre jefes y guerreros, los que se prestaron voluntarios para acudir al fuerte con bandera de parlamento», explica Brown.

Expuesto y sabiendo que podía ser aniquilado, Caballo Loco se personó junto a sus hombres frente a las puertas de la plaza. Y todo parecía ir bien… hasta que unos mercenarios (indios como ellos, por cierto, pero a las órdenes de los «hombres blancos») les vieron llegar y les tirotearon como si se trataran de conejos. Cinco de los hombres del séquito se fueron con el Gran Espíritu (murieron baleados, vaya), pero nuestro protagonista tuvo suerte y logró salir ileso. A partir de ese momento, la poca fe que le quedaba a este jefe indio se esfumó. Aquellos bigotones no eran gente de fiar, por lo que decidió que lo que le tocaba era volver al campamento, hacer el petate, y poner pies en polvorosa.

Su última batalla

Pero Miles no estaba dispuesto a dejar escapar a Caballo Loco, un líder cuya importancia era crucial para la moral de los nativos, así que llamó a sus hombres para perseguir a los indios y acabar con ellos de una vez.

«El militar les dio alcance el 8 de enero de 1877 en Battle Butte. Caballo Loco apenas tenía munición para defenderse, pero contaba con algunos jefes guerreros extraordinarios que, recurriendo a sus argucias y audaces tácticas, lograron extraviar primero, y castigar después, a los soldados mientras el grueso de la fuerza india ponía tierra de por medio atravesando las Wolf Mountains», explica Brown.

Durante esa batalla, la última de este jefe indio, sus hombres lograron que el pomposo ejército de los Estados Unidos se retirase a base de arco, flechas e ingenio (pues la munición era algo escasa). Con todo, el frío también ayudó a que Miles saliese por piernas y se dirigiese hacia su campamento. Había sido traicionado por el hombre blanco pero, al final, Caballo Loco había salido victorioso.

La rendición de un héroe

Pie sobre pie, y todavía con 900 siouxs oglala junto a él, Caballo Loco logró llegar hasta el noroeste de los Estados Unidos, a las tierras del río Powder. Una zona que podría haber sido idílica para él de no ser porque el Ejército de los Estados Unidos andaba pisándole los talones descalzos. Las semanas siguientes continuaron entre el hambre, el frío y la desesperación para los nativos. Y todo ello, aderezado con los tejemanejes que se traía el general Cook quien, al ver lo que le estaba costando acabar con aquellos siouxs, ofreció grandes ventajas políticas a otros jefes indios a cambio de que convenciesen a Caballo Loco, de una santa vez, de que lo mejor era rendir las armas y retirarse a una reserva.

«La promesa de una reserva era todo cuanto hacía falta para que Caballo Loco ofreciera su capitulación»

La efectividad de su llamada fue innegable, pues algunos líderes tribales como Cola Moteada o Nube Roja trataron de hallarle para convencerle de que, a pesar de todo, el hombre blanco no era tan malvado como parecía. Nube Roja fue el que encontró a Caballo Loco y le transmitió que, a pesar de que el general Crook estaba hasta el sombrero de él, le ofrecía una retirada honrosa en una reserva cerca del río Powder.

«Los 900 oglalas supervivientes se estaban muriendo de hambre […] los guerreros carecían de munición y los caballos parecían sacos de huesos. La promesa de una reserva en el territorio del Powder era todo cuanto hacía falta para que, por fin, Caballo Loco ofreciera su capitulación», explica Brown. La oferta fue demasiado tentadora para el líder indio, que terminó pasando por el aro y rindió el hacha el 5 de mayo de 1877 en Fort Robinson. «El último de los jefes guerreros de los sioux acababa de convertirse en un indio más de las reservas; desarmado, sin caballo, sin autoridad sobre los suyos y prisionero de un ejército que jamás había logrado vencerle en el campo de batalla», completa el experto. Lo cierto es poco más podía hacer.

Rendición de Caballo Loco- Wikimedia

Rendición de Caballo Loco- Wikimedia

La reserva debida

Capitular ante el hombre blanco no terminó con las penurias de Caballo Loco. Y es que, el paso de las semanas demostró al jefe indio que Crook no tenía demasiadas intenciones de darle, ni a él ni a su tribu, una reserva en la que asentarse en el territorio prometido. De hecho, el general terminó obligando a los siouxs oglala a asentarse en un campamento cercano a su fuerte para tenerles controlados.

Aún así, a partir de entonces el feroz guerrero se mantuvo fiel al acuerdo al que había llegado con aquel sujeto ataviado con tres estrellas y procuró que sus hombres no participaran en escaramuzas contra el ejército de los Estados Unidos. Con todo, de tonto no tenía una pluma del penacho y, en palabras de Doval, sus esperanzas de que el militar cumpliera con los dicho no tardaron en desvanecerse en el aire. «Caballo Loco hacía caso omiso de todo cuanto le rodeaba; él y sus hombres vivían solo pensando en el día en que Tres Estrellas Crook cumpliera su promesa», determina Brown.

La situación llegó a ser tan tensa que Crook (desconocemos si para ganar tiempo o no) ofreció a Caballo Loco viajar hasta Washington para entrevistarse con el presidente Rutherford B. Hayes. El tema a tratar: la cesión de la reserva. El jefe indio se negó.

«Él bien sabía cuanto ocurría a los jefes que acudían a la gran capital: volvían gordos y relucientes a causa de la buena mesa y del confort del gran padre blanco, y toda traza de bravura y temple había desaparecido de sus personas. Observaba los cambios experimentados por los mismos Nube Roja y Cola Moteada que, conscientes de aquello, sentían animosidad hacia el jefe más joven», destaca el experto. Esta falta de respeto al hombre blanco no hizo más que tensar unas relaciones que, ya de por sí, andaban más tirantes que la cuerda de un arco similar a los que habían utilizado en sus buenos tiempos los nativos.

Si los ánimos ya estaban candentes, terminaron por ponerse al rojo vivo en agosto. Fue entonces cuando llegaron noticias hasta Caballo Loco y sus hombres de que la tribu de los nez percés («narices agujereadas») había entrado en guerra con el ejército de los Estados Unidos. Aquello no era algo excesivamente raro, pero lo que sí lo fue es que los norteamericanos solicitaran a los oglalas que se alistaran en sus filas para servir como exploradores. El jefe indio, al que solo le quedaba el respeto de los miembros de su tribu, instó a que nadie participara en aquella absurda contienda generada por el hombre blanco. Sin embargo, el 31 de agosto su ánimo fue destruido cuando multitud de jóvenes guerreros pieles rojas decidieron vestir el uniforme azul de la caballería para servir a las órdenes del presidente.

Las incógnitas de su captura

A partir de este punto la historia de Caballo Loco es algo confusa y varía atendiendo a las fuentes a las que se acuda. Brown, por ejemplo, afirma que se sintió tan «asqueado» al ver como sus hombres le desobedecían y se unían al ejército norteamericano, que decidió abandonar sin permiso el campamento en el que vivía para regresar a sus tierras ubicadas en el río Powder.

«Cuando Tres Estrellas Crook se enteró de la nueva, por medio de sus espías, ordenó que ocho compañías se desplazaran inmediatamente al campamento de Caballo Loco, situado a pocos kilómetros de Fort Robinson, para hacerlo prisionero. Sin embargo, el jefe indio fue advertido por unos amigos, y los oglalas se dispersaron en todas direcciones», explica el experto. Según su versión, el jefe indio huyó hacia la reserva de un viejo amigo, Toca las Nubes. Un lugar en el que fue encontrado y capturado posteriormente.

Caballo Loco, antes de morir- Wikimedia

Caballo Loco, antes de morir- Wikimedia

No obstante, esta no es la única teoría sobre su captura. Doval afirma en su obra que Crook detuvo a Caballo Loco basándose en la idea de que estaba organizando una rebelión contra los Estados Unidos. «El general ordenó su arresto aprovechando que [Caballo Loco] había abandonado el fuerte para llevar a su esposa enferma junto a sus padres», determina el español.

Por su parte, la página web del gobierno de los EE.UU. dedicada a la memoria de este jefe indio aporta una versión totalmente diferente: «En 1877, Caballo Loco fue bajo bandera blanca a Fort Robinson. Las negociaciones con los líderes militares de los EE.UU. estacionados en el fuerte se rompieron. Los testigos culparon de ello a los traductores, que no transmitieron bien lo que quería decir Caballo Loco. El jefe fue detenido y llevado a la cárcel».

Una muerte a traición

La llegada al fuerte de Caballo Loco no es la única parte de la vida de este jefe indio que ha generado más controversia. Ese honor corresponde a su muerte, la cual se sucedió poco después de que fuera capturado por los estadounidenses. La versión más extendida sobre su fallecimiento es que corrió a cargo del ejército norteamericano y que sucedió a traición.

«Los soldados lo hicieron prisionero y le comunicaron que sería llevado a Fort Robinson para entrevistarse con Tres Estrellas. Una vez en el fuerte, le dijeron que era demasiado tarde para ver a Crook aquel día, de modo que se le puso bajo la vigilancia del capitán James Kennington y de uno de los policías de la reserva. Este no era otro que Pequeño Gran Hombre [su antiguo amigo]», explica el experto.

Siempre en palabras de este historiador, estos dos sujetos llevaron al jefe indio sin que este lo supiera hasta la puerta de una celda en la que nuestro protagonista inició un forcejeo. «El lance duró unos pocos segundos; alguien gritó una voz de mando y el soldado de guardia, William Gentles, hundió su bayoneta en el abdomen de Caballo Loco», completa. Al final, Caballo Loco falleció esa misma noche, el 5 de septiembre de 1877.

De esta teoría es partidaria también Victoria Oliver (autora de «Pieles rojas» -Edaf-), según explicó a ABC hace algunos meses: «Sospechaban de él y, a pesar de que estaba confinado y no tenía capacidad de actuación, decidieron eliminarlo. Para ello, le convocaron a una reunión en Fort Robinson (en Nebraska) con la intención de asesinarle. Él se presentó, en principio, sin recelo, pero pronto descubrió que le habían preparado una encerrona. Entonces se rebeló contra sus captores mientras le sujetaban y gritó “Otra trampa de los blancos, dejadme morir luchando”. Al final, un soldado le clavó su bayoneta por la espalda».

Otras teorías

Nuevamente, la web dedicada al memorial de Caballo Loco aporta una versión totalmente diferente. Los autores de esta página gubernamental son partidarios de que murió combatiendo arma en mano.

«Cuando se dio cuenta de que los comandantes estaban planeando encarcelarlo, luchó y sacó su cuchillo. Pequeño Gran Hombre, amigo y compañero guerrero de Caballo Loco, trató de detenerlo. Entonces, un guardia de infantería le dio una estocada exitosa con una bayoneta. Hirió de muerte el gran guerrero. Caballo Loco murió poco después de la herida. Hay diferentes teorías sobre la fecha de su muerte, algunos afirman que fue el 5 de septiembre de 1877, y otros, que el 6 de septiembre».

Lo que sí está claro es que el mayor jefe indio que conoció Estados Unidos falleció, como bien señala el historiador Thomas Powers en su obra «The killing of Crazy Horse» triste por ver en lo que se habían convertido las tribus indias.

Campanas que suenan en el lago de Sanabria y otras leyendas de la noche de San Juan


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  • Cuentan que la Encantada lleva todo el año esperando a esta noche para aparecerse en diversas localidades españolas
 El lago de Sanabria - WIKIPEDIA

El lago de Sanabria – WIKIPEDIA

Cuentan que la Encantada (ya sea mora o cristiana, según el lugar) lleva todo el año esperando a esta noche de San Juan para aparecerse en numerosas localidades españolas, peinándose su larga cabellera junto a alguna fuente, arroyo o castillo y que en las profundidades del lago de Sanabria voltea una campana de la mítica Valverde de Lucerna aunque solo quienes están «en gracia de Dios» la escuchan. Hoy es noche de hogueras y de leyendas que han pervivido durante siglos.

La Encantada

Dulciades se llama la joven y bellísima princesa que despierta cada Noche de San Juan en Villarrobledo (Albacete). Hija del señor de un castillo, fue raptada por el depravado Drakolín y al morir éste por la maldición del aya, su padre Hastrano ordenó que la encerraran en una mazmorra y la mataran con un veneno. Cuando se lo suministran, se aparece el aya, que empareda a la bruja Nasanta y consigue que la princesa no muera, sino que duerma en un estado letárgico del que solo despierta por San Juan. «Esa noche aparece La Encantada, una delicada y bellísima joven de tez clara, peinando su larga y hermosa cabellera con un peine de oro, para regar y cuidar unas flores extrañas que sólo crecen allí. Otras versiones de leyenda añaden que, si la ves y te mira fijamente a los ojos, ocuparás su lugar», recogen Elvira Menéndez Pidal y José María Álvarez en sus «Leyendas de España» (SM).

En la Cueva de la Camareta, en la zona del embalse de Camarillas (Hellín, Albacete) cuentan que la dama se peina con un peine de oro y pregunta a quien pasa por allí qué le gusta más si el peine o ella. En cierta ocasión cuentan que un pastor le respondió que el peine y ella le respondió airada: «¡Maldito seas, que por tu culpa seguiré encantada!».

Otras leyendas similares son las de La Encantada de Benamor (Moratalla), la de las Tosquillas (Caravaca), la de la Rambla de Nogalte (Puerto Lumbreras), la Dama de la Terrera de los Argálvez (Baza, Granada) o la Bruja de Aketegui (Guipúzcoa).

En Coy o Manzanares el Real la encantada es una princesa mora que se enamoró de un joven cristiano y fue encerrada por su familia en una cueva. Allí murió esperando ser rescatada por el caballero cristiano, que no regresó jamás. Cuentan que se aparece en la noche de San Juan, vestida de blanco junto a un manantial o una fuente.

También en Rojales (Alicante), la Encantá (Zulaida o Zoraida) busca en la noche de San Juan a algún valiente que la lleve en brazos hasta el río Segura para bañar sus pies en el agua y romper así el maleficio de su padre por haberse enamorado de un príncipe cristiano. Pero quien se presta a llevarla acaba cayendo desfallecido por el peso cada vez mayor de la joven, que queda encerrada en el monte. Sobre el pobre hombre cae entonces la maldición de la Encantá de morir con la lengua fuera.

En la noche de San Juan se dice que se escucha un canto irresistible de mujer desde la fuente de La Velasca, en Badajoz, aunque nadie ha vivido para contarlo. Atraídos por los espectros de tres princesas moras, los hombres se lanzaban al agua y morían ahogados. José María Merino recoge el relato en sus «Leyendas españolas de todos los tiempos» y la fórmula mágica con la que en una noche de San Juan fueron desencantadas las tres jóvenes.

En la noche de San Juan quedaban anulados los poderes de la temida Juáncana, que raptaba a los niños y los devoraba en su cueva en Cantabria. Era el momento que aprovechaba la gente para buscarla y acabar con su vida, aunque según Merino parece que nunca pudieron conseguirlo.

Fantasmas en el castillo

Entre los muros del Castillo de Loarre se cuenta que falleció el conde Don Julián y que enterraron al mayor traidor de la historia de España a la entrada de la iglesia, para que todos pisotearan sus restos por haber abierto las puertas de la Península a los musulmanes por el comportamiento de Don Rodrigo con su hija Florinda, más conocida como La Cava. Hay quien dice que su alma atormentada merodea por las torres del castillo lamentando el trágico fin de Florinda, que se habría suicidado arrojándose desde una torre. Otros creen ver (cómo no, en la misma noche de San Juan) a la abadesa doña Violante, sobrina del Papa Luna, cuya tumba tampoco ha sido aún hallada.

Campanadas bajo el agua

Hay quien asegura que en la noche de San Juan aún voltea una campana de la iglesia de Valverde de Lucerna desde las profundidades del Lago de Sanabria. No está claro si la que repica en esta noche mágica es la campana de Redondo o Bragado, los dos bueyes que corrieron asustados al lago y engancharon sin querer las campanas de la iglesia. Los animales arrastraron una de ellas al salir del agua, pero la otra quedó bajo el lago donde, según la leyenda, yace el mítico pueblo de Valverde, Villaverde o Villa Verde de Lucerna.

Cuenta la leyenda que hasta esta localidad zamorana llegó un día un pobre andrajoso pidiendo limosna, pero todos cerraban las puertas cuando se les acercaba. Solo en una casa apartada, el panadero le animó a pasar y sentarse junto al fuego mientras metía en el horno la última masa de pan que le quedaba. Cuando el buen hombre fue a sacar el bollo de pan, la masa había aumentado tanto de tamaño que casi no cabía por la boca del horno. El pobre le dijo entonces al panadero que guardara el pan «porque de él tendrán que comer usted y su familia hasta que alguna barca pueda venir a rescatarles», según relata Luis Díaz Viana en «Leyendas populares de España».

Otras versiones, como la que recoge la web de Turismo de Sanabria, sitúan el relato en una desapacible noche previa a la fiesta de San Juan. Son unas mujeres quienes acogieron al mendigo y se salvan de su castigo. Antes de abandonar el pueblo, el viejo, que era el mismísimo Jesucristo según la leyenda, cogió el cayado y dijo: «Donde clavo este bastón, que salga un borbollón». El agua inundó el lugar, sumergiendo por completo el pueblo. Hay quien cuenta que en noches oscuras se ven luces que parecen andas sobre las aguas, las almas de los desaparecidos que intentan huir del profundo lago, y que por eso se le llama Villa Verde de Lucerna.

También en la laguna de Antela decían que los muertos de la legendaria ciudad de Antioquía pedían perdón volteando las campanas la noche de San Juan «pero ni les llega ni les llegará nunca porque están condenados por toda la eternidad», según escribía Camilo José Cela en «Mazurca para dos muertos».

De las legendarias ciudades sumergidas en Galicia, quizá la de Antioquía era más conocida. Decían que su idolatría al gallo y sus pecados llegaron hasta tal extremo que Dios decidió castigar a la ciudad. Jesucristo quiso salvar a los justos y bajo el aspecto de un mendigo, recorrió las calles pidiendo limosna sin dar con nadie que se conmoviese de sus súplicas. Solo una pobre vieja le acogió en su casa, le dio algo de comer y le dejó su propia cama para que descansara. Al amanecer, un lago había cubierto por completo la ciudad. Solo la anciana se había salvado.

Para decepción de los más crédulos, en la década de los 50 se desecó la laguna de Antela sin que apareciera rastro alguno de Antioquía.

A la caza de los agujeros negros invisibles que vagan por el Universo


ABC.es

  • Un agujero negro supermasivo desgarró y engulló a una estrella hace 3.800 millones de años, lo que hoy permite estudiar el proceso por el que los agujeros dormidos despiertan y comienzan a engullir materia
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Representaciónagujero negro estudiado, Swift J1644+57. Una estrella pasó por las cercanías y fue arrastrada a su interior – NASA/Swift/Aurore Simonnet, Sonoma State U.

Los agujeros negros supermasivos son terribles entidades físicas que devoran la materia y que retuercen la realidad hasta los límites de lo infinito. Sin embargo, la mayor parte de ellos en realidad no está devorando materia ni engullendo estrellas. Los cálculos de los astrofísicos estiman que casi el 90 por ciento de los agujeros negros están dormidos, puesto que no están rodeados por cinturones de gas ni materia que puedan engullir. El problema de estos «inofensivos» agujeros es que resulta casi imposible verlos, porque no emiten luz ni radiación alguna. Por eso, el conocimiento sobre los límites del espacio-tiempo en realidad está muy constreñido a aquellos agujeros que sí están activos: una minoría dentro de la población total.

Pero cuando una estrella pasa demasiado cerca de un agujero negro supermasivo dormido, esa oscuridad y ese silencio llegan a su fin. Esto ocurrió al menos una vez hace unos 3.800 millones de años, cuando el agujero negro supermasivo Swift J1644+57 desgarró a una estrella y le robó su gas. Tal como han concluido astrónomos de la Universidad de Maryland y de Michigan en un artículo publicado este miércoles en Nature, durante este evento, registrado en 2011, se produjo un potente efecto de disrupción de marea. A lo largo de ese fenómeno, el agujero tiró de la estrella y trató de tragársela, convirtiéndola en un disco de acreción (como si fuera un remolino en el fondo de una bañera) que comenzó a girar a su alrededor a una velocidad increíble. Esto es interesante porque ha permitido entender las primeras etapas de la formación de un disco de acreción y también aprender más sobre el comportamiento de los agujeros negros dormidos, que son la fracción mayoritaria entre los agujeros negros supermasivos.

«Antes de este resultado, no había evidencias claras de qué estábamos viendo en las regiones internas de los discos de acreción», ha dicho Erin Kara, investigadora en la Universidad de Maryland y directora de la investigación. Pero en esta ocasión, aquel cuerpo misterioso se ha comportado de forma peculiar. «La mayoría de los eventos de disrupción de marea (en los cuales un agujero desgarra una estrella, incluso generando un efecto de espaguetización) no emiten mucha energía en forma de rayos X. Pero ha habido al menos tres eventos que lo han hecho, y en este caso es la primera vez en que algo así se ha registrado con tanto nivel de detalle».

Normalmente, el disco de acreción de un agujero negro se comporta como la pantalla cónica de las linternas en la que se coloca la bombilla: la superficie reflectante y la forma de cono pueden dirigir la luz (radiación) hacia un lugar concreto. Pero en este trabajo, todo indica que los rayos X detectados en el agujero negro supermasivo Swift J1644+57 se originaron en el interior del disco y no en la superficie, lo que no concuerda con esta concepción.

La explicación para este fenómeno está en los eventos de disrupción de marea, unos fenómenos en los cuales el agujero emite entormes haces de partículas aceleradas hasta casi la velocidad de la luz. La casualidad quiso que este agujero, detectado en 2011, emitiera haces justo en la dirección de la Tierra. De lo contrario, no habría sido detectado.

Aparte de eso, las observaciones mostraron que Swift J1644+57 fue tan voraz al consumir su estrella, que incluso superó el límite teórico de Eddington: esta magnitud, marca la velocidad máxima a la que un agujero negro puede consumir materia.

Por eso, este hallazgo puede ayudar a entender cómo los agujeros negros supermaivos son capaces de crecer, hasta acumular masas que son millones de veces superiores a las del Sol.

La «sociología» de los agujeros negros

«Entender la población de agujeros negros en general es imporante. Han jugado un importante en la evolución de las galaxias. Y, aunque hoy en día estén dormidos, en el pasado no lo estuvieron», ha dicho Chris Reynolds, investigador en la Universidad de Maryland y coautor del estudio. «Si solo nos fijamos en agujeros negros activos, podemos estar analizando una muestra de la población muy sesgada. Podría ser que esos agujeros negros tuvieran algunas peculiaresdades. de ahí la imporatncia de estudiar a toda la población para evitar confusiones».

Por eso, en conclusión, esta investigación permite entender mejor el proceso por el cual un agujero negro supermasivo devora a una estrella, el llamado evento de disrupción de marea. Y además, facilita entender cómo estos cuepros crecen y evolucionan junto a las galaxias.

Para observar esto, los astrónomos usaron los rayox X para hacer un mapa del disco de acreción de este agujero negro, usando una técnica llamada «mapeado por reverberación de rayos X». Al igual que el eco en una habitación puede dar pistas sobre el tamaño de la estancia, el tiempo que emplearon los rayos X en ser reflejados desde ciertos átomos del disco sirvió para estimar la velocidad y la dirección de giro del disco de acreción.

En el futuro esto podría servir para hacer mapas para tratar de entender en qué dirección giran los agujeros negros, y en general para entender la evolución de los agujeros y averiguar cómo despiertan y cómo se duermen estos gigantes tan importantes en la evolución del Universo.

Viaje a las entrañas de una tumba del Antiguo Egipto


El Mundo

Fue el alto funcionario encargado del cuerno, la pezuña, la balanza y la pluma. Guardián de toda ave que nadara, volara o anduviera. Supervisor de lo que era y no era. El visir Ipi, «amigo único» del rey al que sirvió, acumuló tantos títulos antes de fallecer hace cuatro milenios como negligente fue la Historia con su memoria. Su recuerdo quedó extraviado en la árida ladera del valle que guarda el elegante templo de Hatshepsut, la monarca que fue faraón. La tumba de Ipi, encaramada en la colina rojiza de Deir el Bahari que se extiende más allá de los campos verdes en la orilla occidental de la actual Luxor, es el último legado de su nobleza.

«En Tebas se sabe muy poco de Ipi a pesar de sus títulos llenos de epítetos que pueden resultar rocambolescos y grandilocuentes», relata el egiptólogo sevillano Antonio Morales, profesor de la Universidad Libre de Berlín y director del Middle Kingdom Theban Project que desempolva la memoria del visir.

Son las nueve de la mañana y una cuadrilla de obreros, a las órdenes del rais Ali Faruk, excava el amplio patio que comienza frente al acceso a la sepultura y se desliza montaña abajo. Una hilera de puertas salpica el paisaje cercano. «Todas estas tumbas datan del Reino Medio (alrededor del 2055-1650 a.C.). Suelen tener un patio inmenso de 100 metros que en la parte inferior cerraba con una capilla de adobe», explica Morales mientras deambula por el talud. «Los sacerdotes eran muy listos y evitaron subir todos los días a la cámara funeraria para realizar los rituales de culto al difunto construyendo una capilla a los pies de la colina», bromea.

Entre cazatesoros y arqueólogos

Los enterramientos, horadados en la roca, fueron excavados por el estadounidense Herbert Winlock en los años 20 del siglo pasado al abrigo de una expedición sufragada por el Metropolitan Museum of Art de Nueva York. El objetivo de su tarea fue, más bien, desvalijar las entrañas de las oquedades con la voracidad de un vulgar cazatesoros. «Los museos querían objetos para sus colecciones y Winlock dedicaba tan solo un mes a cada una de las tumbas. Hasta que en 1923 se descubre el inicio de la rampa del templo de Hatshepsut y el Metropolitan le ordena que baje y comience a limpiar la explanada. Lo que halla allí es un queso gruyere, un caos de sarcófagos, ataúdes y rampas al que se entrega durante años. Las tumbas quedan sin publicar o se divulga información muy pobre e inexacta», replica el egiptólogo, doctorado en la universidad estadounidense de Pennsylvania. Nueve décadas después, el propósito del equipo que lidera es precisamente elaborar el inventario que dejó pendiente Winlock. Un documento que arroje luz sobre la arquitectura del Reino Medio. «Todo el mundo habla de estas tumbas para explicar la arquitectura posterior pero nadie hizo jamás un estudio científico sobre ellas», puntualiza el mudir (director, en árabe).

La segunda campaña, que concluyó el pasado abril, ha comenzado a rescribir la historia de la tumba TT315. «Hemos descubierto que el complejo de Ipi no consistía en un patio rectangular sin estructuras que se alzaba pendiente arriba hasta el acceso de la tumba, con su muro de recinto. Hemos podido rechazar esta hipótesis al encontrar restos de una plataforma que los egipcios excavaron para hundir ambos lados y dejar una especie de rampa central desde los pies de la colina hasta la puerta de la tumba», comenta el egiptólogo. «Hemos hallado -agrega- indicios de una estructura de adobe y piedra que se construyó a la entrada del complejo, a los pies de la montaña. Probablemente se trate de una capilla de culto al difunto». La aventura de exhumar el nombre de Ipi se desarrolla bajo un sol de justicia, en un patio abarrotado de peones en galabiya (túnica tradicional). El egiptólogo local Mohamed Osman es el encargado de auscultar su perímetro. «Estamos limpiando todo el patio para comprobar lo que no se publicó y lo que Winlock desechó, tanto elementos arquitectónicos como objetos de la tumba», narra el egipcio, fascinado aún por la técnica que emplearon sus antepasados para abrirse paso a través de la montaña. «Cuesta imaginar que cortaran tanta superficie de la roca y luego comenzaran a perforarla para lograr el pasillo y el interior», murmura.

De la arena que el tiempo había ido amontonando en el patio ha emergido un primer tesoro: los materiales usados en el embalsamamiento del cadáver de Ipi. «Durante la momificación hay una serie de objetos que entran en contacto con el difunto y que tienen restos de sangre o bitumen. No se pueden tirar porque han sido usados con alguien que va a ser trasladado al más allá, pero tampoco se pueden colocar en la tumba porque es un material impuro que ha servido para extraerle los intestinos o el hígado. Se suelen guardar en otra sala que Winlock localiza y de la que se lleva parte del material. En cambio, lo que no le interesa lo arroja en la puerta de la tumba», indica Morales, entusiasmado con un hallazgo que está siendo examinado con celo. «Se trata de una colección sin igual, con tapones de jarras con sus vendas para sellar líquidos como ungüentos, perfumes y grasas animales; bolsas de tela con natrón [sal empleada para desecar el cadáver o rellenarlo al vaciarle y quitarle los órganos principales durante el embalsamamiento]; cientos de metros de todo tipo de vendas; e incluso el sudario principal del difunto, al estilo de la sábana santa de Jesús, con manchas de sangre, ungüentos, grasas y perfumes usados durante la momificación».

El contenido almacenado durante milenios en 67 vasijas y descartado por Winlock -que será sometido a análisis químico de las manchas, del ADN o la composición del textil- es tan solo una fracción de los vestigios rescatados del olvido. «Hemos recuperado unos 1.500 objetos, entre shabtis [estatuillas funerarias], trozos de ataúdes de época baja o Reino Medio y fragmentos de momia», detalla Morales, el primer arqueólogo español que dirige una misión extranjera en Egipto. De recibir las piezas del puzzle y documentarlas se ocupa Raúl Sánchez, de 27 años, que prepara su tesis en la universidad de Sevilla. «Trabajar aquí es cumplir un sueño y hacerlo en un ambiente internacional resulta aún más interesante», confiesa mientras estudia y cataloga los últimos hallazgos en la carpa plantada en el patio junto a la cadena de obreros que transporta los escombros. A su lado, el egipcio Hazem Sharid dibuja algunos de las piezas recobradas. «Esta es mi pasión. Empecé en las excavaciones con nueve años acompañando a mi padre. Pertenezco a una generación de arqueólogos locales que puede hacer mucho», esboza.

Pequeñas joyas de la historia

A la mesa de Sánchez y Sharid llega hasta el más pequeño de los objetos recuperados del naufragio. Como las cerdas de un cepillo faraónico. «Proceden de la escoba que empleaba el sacerdote para borrar los pasos de la tumba y conseguir que, cuando se cerrara la sala, fuera una cavidad pura donde no quedara rastro humano», arguye el director de la expedición antes de cruzar el dintel e internarse en la sepultura. En su laberinto poco permanece de su geografía primitiva. Las paredes y el suelo del pasillo han sido completamente arrasadas. «Todo estaba forrado en piedra y los muros tenían textos jeroglíficos. Lo destrozaron todo porque posteriormente fue utilizada como cantera», reconoce. Quienes la profanaron tampoco respetaron la sala de culto que se halla al final del corredor ni las losas que recubrían la estancia y ocultaban la rampa hacia la cámara funeraria. «En la sala de culto se colocaría una estatua del difunto recibiendo a los visitantes. El acceso a la cámara quedaría clausurado el último día del funeral», expone. Hoy, en cambio, toda la estudiada estructura queda a la vista, como si hubieran despojado al visir de todos sus secretos. Al final del pasillo descendente, descuella el sarcófago, una mole de tres metros tallada a partir de un solo bloque de caliza y depositada en la estancia. «Sobre el sarcófago -apostilla- se construyó el suelo de la cámara. De hecho, su tapa sería la última lasca de piedra que se colocaría, completando una superficie que evitaría que los saqueadores pudieran acceder a los restos del visir».

El ataúd de piedra fue la única joya que sobrevivió al expolio, con las preciadas huellas de su decoración interior. «Estamos recogiendo los fragmentos para reconstruirlo. Algunos se encuentran en muy mal estado. De momento, hemos descubierto que es el único sarcófago conocido que tiene textos también en la base», avanza Morales, un enamorado de los textos y prácticas religiosas del Reino Antiguo y Medio. «Este ataúd tiene Textos de las Pirámides y de los Sarcófagos. Los Textos de las Pirámides se usan originalmente durante el Reino Antiguo en, por ejemplo, las grandes pirámides de Saqqara. Los Textos de los Sarcófagos aparecen en los sarcófagos del Reino Medio pero, en realidad, son los mismos que usaban quienes no pertenecían a la élite en el Reino Antiguo». En los coloridos jeroglíficos que van surgiendo de su restauración se guarda una de las claves para desentrañar la biografía olvidada de Ipi. «Se ha hablado de que el visir sirvió a finales del reinado de Mentuhotep II (2055-2004 a.C.), el monarca que reunificó el país y desde Tebas fue creando un Estado sólido. Pero también hay quien dice que actuó al principio de Amenemhat I (1985-1956 a.C.), el primer rey de la dinastía XII. La paleografía nos ayudará a desvelar su época».

El castillo de España que triunfa gracias a Juego de Tronos


ABC.es

  • Aumentan las visitas al castillo de Zafra, situado en una comarca de Guadalajara poco poblada y con un atractivo salvaje
 Castillo de Zafra, cerca de Campillo de Dueñas - Borjaanimal

Castillo de Zafra, cerca de Campillo de Dueñas – Borjaanimal

La llegada de turistas a Almería y Sevilla han aumentado un 16 y un 13 por ciento, respectivamente, tras el rodaje de la serie Juego de Tronos, según TripAdvisor, que ha apuntado que el turismo de televisión está en auge, ya que uno de cada cinco viajeros elige destino en base a lo que ve en el cine o la televisión.

Con motivo de finalización de la sexta temporada de Juego de Tronos el próximo 26 de junio y el éxito de esta popular serie de televisión, TripAdvisor ha realizado una comparativa de cifras de tráfico para analizar la popularidad de los lugares de rodaje en todo el mundo entre los viajeros de la web.

El resultado: siete localidades españolas han experimentado un aumento considerable de tráfico desde el año pasado, con una media del 125 por ciento.

Campillo de Dueñas (Guadalajara) ha sido la población española que mayor incremento de interés ha experimentado, con un 291 por ciento más de visitas en TripAdvisor con respecto al año pasado. De hecho, el próximo Castillo de Zafra ha sido el lugar de interés turístico que mayor expectación ha generado esta temporada, con un incremento del 488 por ciento en las visitas en TripAdvisor. Otras localizaciones que han destacado en las búsquedas son las Bárdenas Reales de Navarra, Gerona, Almería, Sevilla y Tudela.

El castillo de Zafra se encuentra en la sierra de Caldereros, en la comarca de Molina de Aragón. Su propietario es Daniel Sanz, quien ha asegurado estos días que hay mucha afluencia de turistas a esta zona salvaje y muy poco poblada. Se trata de un castillo roquero del siglo XII, que tuvo mucha importancia cuando el señorío de Molina se incorporó al Reino de Castilla.

Dado que aparece citado en el primer Fuero de Molina, dado por Don Manrique de Lara, se le supone un origen de fortaleza árabe. Durante los tiempos del rey Fernando III el Santo, el tercer señor de Molina, Gonzálo Pérez de Lara, rebelado contra el monarca, se refugió en él. Dada la inexpugnabilidad del castillo, hubieron de pactar la «Concordia de Zafra», por el que el la actual Molina de Aragón pasaría a formar parte de la corona de Castilla a la muerte de Don Gonzalo, perdiendo su condición de independiente.

Sólo puede visitarse su exterior.

En 2015

Osuna experimentó en 2015 un incremento del 44 por ciento en las visitas durante la emisión de la temporada 5, cuando se emitieron los capítulos rodados en su plaza de toros. Córdoba también incrementó sus visitas durante la emisión de la temporada anterior en un 17 por ciento.

Destinos internacinales

En el ámbito internacional, los destinos que han experimentado mayores subidas son Klis (Croacia) en un 579%, seguido de Vik (Islandia), con un 78%, Dimmuborir (Islandia), en un 64%, Vatnajokull National Park (Islandia), en un 58%, Krka National Park (Croacia), en un 46%, Myvatn (Islandia), en un 42% y Trsteno (Croacia), en un 18%.

Descubren un nuevo compañero de la Tierra


ABC.es

  • Un pequeño asteroide gira alrededor de nuestro planeta y permanecerá así durante siglos. Lo astrónomos hablan de un «cuasi-satélite»
 El asteroide 2016 HO3 tiene una órbita alrededor del Sol que lo mantiene como un compañero constante de la Tierra - NASA/JPL-Caltech

El asteroide 2016 HO3 tiene una órbita alrededor del Sol que lo mantiene como un compañero constante de la Tierra – NASA/JPL-Caltech

Astrónomos han descubierto un pequeño asteroide en una órbita alrededor del Sol que se ha convertido en un compañero constante de la Tierra, y lo seguirá siendo en los próximos siglos.

La roca, denominada 2016 HO3, fue vista por primera vez el 27 de abril de 2016, por el telescopio PanSTARRS 1 de rastreo de asteroides en Haleakala, Hawái. Su tamaño todavía no se ha establecido firmemente, pero es probable que sea mayor de 40 metros y menor de 100. Al hacer su órbita alrededor del Sol, este nuevo asteroide también parece dar la vuelta alrededor de nuestro planeta. Está demasiado lejos para ser considerado un verdadero satélite, como nuestra Luna, pero es el mejor y más estable ejemplo hasta la fecha de un compañero cercano a la Tierra o «cuasi-satélite».

«2016 HO3 gira alrededor de nuestro planeta y nunca se aventura muy lejos, ya que ambos cuerpos giran alrededor del Sol, por lo que nos referimos a él como un cuasi-satélite de la Tierra», dice Paul Chodas, del Centro de Objetos Cercanos a la Tierra (NEO) en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA en Pasadena, California. «Otro asteroide –2003 YN107– siguió un patrón orbital similar durante un tiempo hace más de 10 años, pero ya se ha desviado de nuestra vecindad. Este nuevo asteroide está mucho más estancado. Nuestros cálculos indican que HO3 2016 ha sido un cuasi-satélite estable de la Tierra durante casi un siglo, y continuará siguiendo este patrón como compañero de la Tierra en los siglos venideros.

En su viaje anual alrededor del Sol, el asteroide 2016 HO3 pasa la mitad del tiempo más cerca de nuestra estrella que de la Tierra. Su órbita está un poco inclinada, haciendo que vaya hacia arriba y luego hacia abajo una vez al año a través del plano orbital de la Tierra. En efecto, este pequeño asteroide se ve atrapado en un juego de «salto de la rana» con la Tierra que va a durar cientos de años.

La órbita del asteroide también experimenta un giro lento hacia atrás y hacia adelante a través de múltiples décadas. «El asteroide gira alrededor de la Tierra un poco por delante o por detrás de año en año, pero cuando va demasiado hacia delante o hacia atrás, la gravedad de la Tierra es lo suficientemente fuerte como para revertir la tendencia y atrapa al asteroide, de modo que nunca se pasea más lejos de unas cien veces la distancia de la Luna», explica Chodas. «El mismo efecto también evita que el asteroide se acerque mucho más de aproximadamente 38 veces la distancia de la Luna. En efecto, este pequeño asteroide se ve atrapado en un pequeño baile con la Tierra».

 

Descubren el arma definitiva de los legionarios romanos para aterrorizar a sus enemigos


ABC.es

  • Un grupo de arqueólogos ha encontrado en Escocia una munición de honda que silbaba al ser lanzada. Algo que generaba pavor en aquellos que se enfrentaban a los enemigos de Roma
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Hondero balear – Wikimedia

Al parecer, no todo en la Antigua Roma era destrozar a los enemigos a espadazos de «gladius», sino que los legionarios también usaban la psicología para enfrentarse a sus enemigos. Al menos, así lo atestigua un tipo de munición con 1.800 años encontrada en un yacimientos de Escocia que, además de poder ser lanzada con una honda contra los enemigos, contaba con un pequeño agujero que hacía que silbase fuertemente al surcar el aire. ¿Su finalidad? Aterrorizar a aquellos contrarios a los romanos para que se agachasen y no combatieran.

Según ha desvelado la web especializada «Live Science», estos restos han sido hallados por un grupo de arqueólogos dirigidos por Jhon Reid (de la Trimontium Trust -la sociedad histórica escocesa que dirige las excavaciones en el yacimiento-) en Burnswark Hill (Escocia). «Son un arma odeada para causar terror. Con ellas, en batalla no solo tendrían balas silenciosas que causaban muertos, sino que lograrían que los defensores se agachasen cuando las oyeran. Una gran ventaja, y muy ingeniosa», ha explicado Reid a «Live Science».

La municón del terror

En palabras de Reid, esta curiosa munición elaborada en plomo cuenta con la misma forma y diseño que la que tradicionalmente se usaba en las hondas. Sin embargo, cuentan con un agujero en el centro de unos cinco milímetros, lo que hace que pesen apenas 30 gramos y provoca que, al ser lanzadas, silben de una forma característica. A su vez, los investigadores creen que estas «balas» podrían haberse lanzado en grupos de dos o tres a la vez para generar mayor pavor en sus contrarios. Aunque en este caso debían ser arrojadas cerca del enemigo para que pudieran impactar de forma segura sobre él.

Este hallazgo supone una auténtica revolución para los arqueólogos, quienes ya habían encontrado en el yacimiento (en el que se sucedió una antigua batalla romana) munición con formas de limón y bellota (esta última, diseñada así por ser un símbolo de suerte). Las más grandes pesan en torno a 60 gramos, en palabras de Reid. A su vez, y siempre según el experto, un 20% de las encontradas hasta ahora en Burnswark Hill están perforadas. Algo llamativo si se considera que era sumamente costoso hacer un agujero en la época y la munición no se volvía a recoger una vez disparada.

Un tipo de munición similar a esta (aunque elaborada en piedra, y no con plomo) fue encontrada hace años en Grecia, sobre el asentamiento de una batalla sucedida entre los siglos II y III D.C. En palabras de Reid, hasta ahora se consideraba que estos agujeros eran para introducir veneno y asegurar la baja por parte del hondero. Sin embargo, tras hacer casi 100 réplicas de estas balas han llegado a la conclusión de que eran «armas del terror». «Los agujeros son demasiado pequeños, y no hay garantía de que pudieran penetrar en la piel, Además, no se introduciría en el cuerpo porque con el agujero pierden el impulso y no vuelan tan rápido», añade el experto.

Mortales

Durante la batalla de Burnswark Hill, esta munición fue utilizada por los «Auxilia», tropas auxiliares (en este caso de honderos) reclutadas para combatir junto a las legiones romanas. Curiosamente, los honderos más famosos provenían de las Islas Baleares, unos combatientes que dispararon por Julio César cuando este invadió Gran Bretaña. «Eran honderos expertos que habían estado entrenándose toda su vida», explica Reid. En manos de un soldado experto, estas balas pueden llegar a alcanzar 160 kilómetros por hora y, literalmente, incrustarse en el interior de la cabeza de una persona.

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Piedras halladas- John Reid

 

La madre maldita de Isabel la Católica, la tragedia de la Loca de Arévalo


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  • Isabel de Portugal, segunda esposa de Juan II de Castilla, fue una mujer astuta e inteligente que impresionó a la corte castellana. Sin embargo, en términos de la leyenda, el remordimiento por provocar la caída de Álvaro de Luna le causó un proceso de demencia
 La demencia de Isabel de Portugal. Cuadro atribuido al pintor barcelonés Pelegrín Clav - Wikimedia

La demencia de Isabel de Portugal. Cuadro atribuido al pintor barcelonés Pelegrín Clav – Wikimedia

Frente al comportamiento de su hija Juana «La Loca», Isabel sintió probablemente cierto remordimiento por haberle dado unos genes así. Sus extravagancias le resultaban demasiado familiares. La locura había consumido a su madre en Arévalo en unas circunstancias parecidas. Se intuía que la memoria de la loca de Arévalo se reencarnaba en la loca de Tordesillas. Abuela y nieta.

Isabel de Portugal, segunda esposa de Juan II de Castilla, fue una mujer astuta e inteligente que impresionó a la corte castellana. Jorge Manrique menciona que tenía buen «seso» para su edad. Pero ¿cuándo se dispersó ese «seso»? La versión oficial apunta a la ausencia de su marido, muerto en 1454, como el origen de su juicio extraviado. O al menos como el detonante de un desequilibrio que venía gestándose desde hace años.

La «felonía del baúl» y los celos

Las similitudes entre la enfermedad de Juana y la de su abuela Isabel son claras. Ambas padecían celos irracionales tan extremos como para poner en riesgo la integridad de otras personas. En una ocasión, Isabel puso sus sospechas sobre Beatriz De Silva, una doncella portuguesa que la acompañó en su andadura por Castilla. Se cuenta que la reina, consumida por estos celos, encerró durante tres días a la dama portuguesa en un baúl en los sótanos de palacio sin apenas espacio, luz, alimento y agua.

La conocida como «felonía del baúl» se salvó de acabar en tragedia cuando Beatriz fue liberada por un pariente, uno de sus tíos, quien haría todo tipo de averiguaciones sobre su paradero hasta encontrarla con vida. Otra versión más mística asegura que a la joven se le apareció la Virgen María y le comunicó que sería liberada, confiándole la fundación de una orden consagrada al culto de la Inmaculada Concepción. Y sí, San Beatriz fundó años después la Orden de la Inmaculada Concepción.

Pero no solo de celos hacia mujeres vivía la locura de Isabel. La portuguesa se enfrentó a la perversa relación que unió a su esposo, Juan II, con Álvaro de Luna. El valido del Rey fue la figura central de la Castilla de su época y quien moldeaba la voluntad del sugestionable monarca. Juntos combatieron a los nobles revoltosos, protegieron la cultura y frustraron las ambiciones aragonesas y navarras sobre las tierras castellanas. A cambio, Luna acumuló títulos y mercedes: desde Condestable de Castilla a Gran Maestre de la Orden de Santiago, entre otros, sin que la generosidad del Rey pareciera conocer fin con este bastardo (literalmente, era hijo ilegítimo).

La relación entre el Rey Juan II y Álvaro de Luna alcanzó tal cercanía que no han faltado las sospechas sobre la probable homosexualidad o bisexualidad de ambos. El vínculo entre ambos se cimentaba en las diversiones y momentos de ocio que compartían. Un cronista presenta la estampa: «Ni de noche ni de día quería estar sin Don Álvaro de Luna, y lo aventajaba sobre los otros, y no quería que otro alguno lo vistiese ni tratase».

La caída en desgracia de Álvaro de Luna

Sea como fuere, la situación cambió cuando la segunda esposa del Rey, conocedora de sus intrigas y abusos, alejó de la confianza de Juan al favorito. Tras varios destierros, el distanciamiento definitivo solo fue posible tras el nacimiento de sus hijos, Alfonso y de Isabel, los cuales valieron para que la Reina aumentara la influencia sobre su marido. Así logró la caída de Luna, asistida por el hijo de Juan II, Enrique IV, quien tendría una relación parecida con su favorito cuando llegó al trono.

El Condestable fue ajusticiado en Valladolid, en el verano de 1453, acusado de usurpación del poder real y de apropiación de las rentas de la Corona. Aunque la verdad es que el motivo final daba un poco igual: el juicio terminó siendo una pantomima y la sentencia un texto cargado de reproches a los abusos políticos de Luna. De hecho, el proceso fue declarado ilegal cinco años después.

El que sí se despuntó como su rival y el de sus hijos fue el nuevo rey, Enrique IV, el fruto del primer matrimonio de Juan II

Juan II sobreviviría solo un año al hombre de su vida. En su lecho de muerte, consumido por los remordimientos ante lo ocurrido a su valido, el monarca reconoció que lo suyo no era reinar: «Naciera yo hijo de un labrador e fuera fraile del Abrojo, que no Rey de Castilla». Así y todo, la muerte del dúo dejó a Isabel de Portugal descompuesta y sin marido.

Puede que la reina emponzoñara la relación entre su marido y Álvaro de Luna, pero no parece tan claro que fuera la archienemiga del valido que algunos han querido dibujar. Cuando la reina decidió recluirse en Arévalo se acompañó de Gonzalo Chacón, la persona que más había defendido a Álvaro de Luna durante su proceso; y fue a él a quien encargó más tarde la custodia de sus dos hijos. Desde luego ese no es el comportamiento que cabría esperar de una adversaria acérrima de Luna.

El que sí se despuntó como su rival y el de sus hijos fue el nuevo Rey, Enrique IV, el fruto del primer matrimonio de Juan II. El nuevo soberano de Castilla se descubrió todavía más endeble que su padre. Perezoso, cambiante, vestido a todas horas con indumentaria morisca y dado al lujo, Enrique «El Impotente» era incapaz de imponer su autoridad sobre hombres con menos escrúpulos y talento que Álvaro de Luna. El doctor Gregorio Marañón le diagnosticó «displásico eunucoide con reacción acromegálica » (de ahí su impotencia), si bien otros autores han barajado que fuera homosexual o incluso esquizofrénico. La ausencia de una cabeza pensante y de justicia en Castilla durante su reinado provocaron el levantamiento de ejércitos privados por todo el territorio.

Enrique IV, el hijastro que la apartó

A la incapacidad para imponer su autoridad, Enrique debió sumar sus problemas para dar un heredero al reino. El castellano se casó en primera nupcias con la infanta Blanca de Navarra, sin que lograra el efecto deseado ninguno de los remedios a su alcance, desde brebajes y pócimas con presuntos efectos vigorizantes hasta la búsqueda del cuerno de un unicornio en África. En 1453, un obispo declaró nulo el matrimonio a causa de «la impotencia sexual perpetua», que un maleficio había provocado en el castellano, dando paso así al segundo matrimonio. En este contexto de incertidumbre, Isabel y sus dos hijos entraron de golpe en un juego de tronos donde habían evitado participar hasta entonces.

Durante cuatro décadas, Arévalo fue una suerte de prisión voluntaria que agudizó la depresión de la reina viuda. Las crónicas tradicionales la presentan enajenada y vagando por los pasillos del castillo, atormentada por el remordimiento, gritando enloquecida la archiconocida frase: «¡Don Álvaro, Don Álvaro!». Su estado empeoró con la marcha de sus dos hijos a Segovia, donde Enrique IV «El Impotente» tenía establecida su corte. El Rey ordenó traer a sus hermanastros, de modo que ningún noble pudiera emplearlos contra él.

Lejos de lo que había imaginado, el nacimiento al fin de una heredera, en 1462, despertó más suspicacias. La niña nacida fue considerada como el fruto de una relación extraconyugal de su segunda esposa, Juana de Portugal, con Beltrán de la Cueva, el favorito del Rey. Lo peor es que los rumores contaban que el Rey no solo estaba enterado del asunto, sino que supuestamente lo había incentivado para acallar por fin las acusaciones sobre su impotencia. Se le acusó también de mantener relaciones con el propio Beltrán.

Hoy se sabe, sin embargo, que probablemente unos médicos judíos facilitaron una precaria fecundación in vitro al Rey. Según especifica en sus textos Hieronymus Münzer, «fabricaron una cánula (caña) de oro que introdujeron en la vulva de la reina. Que intentaron después que a través de su luz el semen del rey penetrara en la vagina de su esposa pero que éste no pudo y que hubo que recurrir a otros métodos para recoger el semen».

Incluso el monarca vaciló en varias ocasiones sobre los derechos de su hija, llamada con ironía «La Beltraneja». Aquellas dudas aumentaron los partidarios de coronar a Alfonso heredero de su hermanastro. El desafío de la nobleza se escenificó públicamente, el 5 de junio de 1465, en un cadalso de madera fuera del recinto amurallado de Ávila. Allí se sentó en un falso trono a un muñeco, relleno de paja y lana, como si se tratara de Enrique. A continuación, los partidarios de Alfonso, de 11 años, leyeron una serie de agravios contra el Rey de Castilla: impotente, homosexual, cornudo, corrupto y amigo de los moros. Tras los insultos, los nobles congregados en Ávila despojaron al pelele de Enrique las distinciones regias y pisotearon el muñeco al grito de «¡A tierra puto!».

La tragedia de su hijo Alfonso

Alfonso «El Inocente» fue proclamado Rey en Ávila, dividiendo a la nobleza en dos bandos durante tres años. La grave situación creada por la Farsa de Ávila, mucho más cruenta si cabe que los sucesos del reinado de Juan II, se mantuvo vigente, entre treguas y enfrentamientos, hasta la celebración de la segunda batalla de Olmedo (1467) y la muerte del Rey Alfonso (1468), supuestamente envenenado. El joven enfermó tras comer trucha en una posada del pueblo de Cardeñosa (Ávila) y murió pocos días después. Los síntomas registrados, además de las fiebres, fueron la pérdida del habla y la conciencia e insensibilidad al dolor.

Para quienes no creyeron que había muerto por la peste, su hermana Isabel se situó entre los posibles envenenadores del joven

Para quienes no creyeron que había muerto por la peste, su hermana Isabel se situó entre los posibles envenenadores del joven, así como Juan Pacheco, el hacedor de reyes, que en la fatídica cena siguió comiendo con «gran aparato» mientras el resto de los que rodeaban al rey quedaban desolados. No obstante, Pacheco había obtenido a cambio de entronizar a Alfonso la titularidad del Maestrazgo de Santiago, que, en caso de una reconciliación entre hermanos, volvería a manos del joven. Su repentina muerte le resultó muy provechosa.

Al parecer fue la muerte de Alfonso lo que destrozó del todo la mente de la atormentada de Arévalo. Se enlutó de cuerpo y alma. La depresión de la viuda de Juan II evolucionó con la muerte de su hijo pequeño en demencia. O al menos eso hay que suponer de las escasas fuentes disponibles.

Y a pesar de esas turbulencias, Isabel viviría una alegría bien regia antes de su fallecimiento: el encumbramiento de su hija como Reina de Castilla tras la muerte de Enrique, imponiéndose a las reclamaciones de Juana «La Beltraneja». Ya como reina se sabe que Isabel «La Católica» llevó consigo a su hija Juana en varias de las visitas que realizó a su madre. Se antojaba imposible que esa niña lo supiera entonces, pero algún día acabaría en un estado parecido. Murió en agosto de 1496, ya anciana, y fue enterrada en Arévalo.