Lo que las banderas del mundo dicen de nosotros


Verne

  • El estudio de diseño Ferdio busca los significados tras los distintos emblemas nacionales

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En estos días en los que las fronteras viven en crisis, cada vez es más común encontrar en una bandera un significado negativo, relacionado con el individualismo y la separación. El estudio de diseño gráfico danés Ferdio, fascinado por las historias únicas que esconden cada una de ellas, ha decidido mirar el lado positivo de nuestras enseñas y relatar sus anécdotas. La española, por ejemplo, es una de las más complejas desde el punto de vista del diseño.

El proyecto Flag Stories recopila en gráficos los recursos más comunes en ellas. Los colores, símbolos y significados nos hace darnos cuenta de que 196 países compartimos patrones. Observar estas infografías es como bucear en un estudio genético acerca de la historia y la cultura del ser humano. Con ellas nos damos cuenta de que, en el fondo, estamos todos conectados.

“Es cierto que nos influenciamos los unos a los otros, pero también somos únicos. Cuanto más investigamos, más historias curiosas descubrimos”, cuenta a Verne el estudio desde Copenhague, a través del hilo telefónico. Han investigado durante meses a través de recursos online los significados de cada emblema.

Las infografías, que Ferdio ha concebido para que sean compartidas en redes sociales, muestran en el pequeño recinto de una bandera y gracias al diseño, “historias complejas sobre la cultura, la historia y el sentir de un grupo de personas de un modo sencillo”, explica el equipo detrás de Flag Stories.

Los diseños más habituales

Más del 53 por ciento de las banderas se diseñan según estas cinco plantillas, aunque gana con diferencia la triple raya horizontal seguida de las tres rayas verticales.

La española, una de las más complejas

El estudio clasifica las banderas desde el punto del vista del diseño, desde juego de niños -básicas como las de suiza- hasta las denominadas “imposibles”, entre las que se encuentra la española. Su escudo hace que su concepto sea más complejo.

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Las banderas que se parecen más entre sí

Hay naciones que no se han complicado mucho a la hora de crear su estandarte. Una simple rotación de los colores o de la distribución de las franjas da como resultado un distintivo de país diferente.

El parecido de otras, en cambio, es el resultado de formar parte de una “familia de banderas”, cuyo denominador común es su situación geográfica.

La historia de un país, contada con sus banderas

A través de las diferentes líneas temporales de las banderas nacionales, Ferdio cuenta en una sola imagen la historia de un país, por ejemplo los años tumultuosos de guerra en torno a Alemania o el periplo colonial de Palaos.

Otros relatos llegan en forma de anécdota, como el recuerdo de la bandera de Francia, que nació tras la toma de la Bastilla en una secuencia de colores invertida y no se estableció tal y como la conocemos hasta 1794.

Los colores más usados en cada continente

Los africanos prefieren los tonos verdes, en Oceanía el azul y los europeos somos más de rojos y blancos. Y nadie usa el púrpura.

El significado de los colores

El rojo se asocia a la sangre o la fuerza, el amarillo al sol y los recursos minerales, el azul al mar, y el blanco a la paz y la pureza. La sangre es el significado más habitual en nuestras banderas. Dice poco del ser humano, ¿no? Ferdio intenta quitarle hierro al asunto. “Cada color no tiene por qué tener un solo significado. Además de sangre, también puede representar la valentía o la fuerza. Queremos pensar que la sangre apela más a la unidad genética que a la violencia”, apunta el estudio de diseño gráfico.

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El libro de los prodigios de España


El Pais

  • El Prado expone el primer volumen de la historia del arte ilustrado con fotografías
Vista del Monasterio de El Escorial, calotipo publicado en el libro 'Annals of the Artists of Spain', de William Stirling (1848). MUSEO DEL PRADO

Vista del Monasterio de El Escorial, calotipo publicado en el libro ‘Annals of the Artists of Spain’, de William Stirling (1848). MUSEO DEL PRADO

En una pequeña sala del Museo del Prado, con poca luz y a una temperatura de 19 grados —agradable para huir del calor de Madrid, pero no para ir en manga corta— reposan en vitrinas  siete ejemplares de Talbotype Illustrations, el primer libro de la historia del arte ilustrado con fotografías, 68, que publicó en 1848 el escritor y coleccionista escocés sir William Stirling Maxwell, y con el que mostraba su amor por el arte y monumentos de España. Las dificultades para manejar la luz y las sombras de la naciente técnica fotográfica disuadió a Stirling, en casi todos los casos, de tomar las fotos de los cuadros o esculturas originales, que no se podían mover y estaban en interiores poco iluminados. Lo hizo por un método indirecto: imágenes tomadas de grabados o de copias que reproducían, por ejemplo, Las meninas o La rendición de Breda, de Velázquez, o un San Juan, de Murillo.

Stirling llegó a contratar a artistas para que pintasen copias al óleo o en acuarela de las obras que le interesaban. Ya de su cosecha, se permitió en un caso retocar: los angelotes que rodeaban a la Giralda en la estampa original fueron eliminados cuando se transformó en fotografía. Y en otro le cortó las piernas a Querubín con mitra, de Murillo, porque la longitud de esta pieza no le cuadraba para su libro.

La exposición Copiado por el sol, hasta el 4 de septiembre, incluida en el certamen PHotoEspaña, recorre además el complejo proceso de creación de este libro ilustrado, el cuarto volumen que acompañó a los tres que eran puramente de texto y que se llamaron Annals of the Artists of Spain. De toda la obra solo se imprimieron 50 ejemplares —los organizadores de la exposición han localizado 25 en todo el mundo— que Stirling regaló a familiares, amigos, coleccionistas y bibliotecas. Las imágenes del Talbotype Illustrations se elaboraron por el procedimiento del calotipo, uno de los que compitieron en los albores de la fotografía en la carrera por facilitar la multiplicación de copias con la mayor rapidez y calidad posible. El inventor, en 1839, del calotipo había sido el científico William Fox Talbot (1800-1877). De ahí que esas piezas se llamasen también talbotipos, o copias del sol, porque se realizaban bajo la luz solar —aunque eso en Londres debía de ser complicado—, poniendo en contacto el negativo y el positivo de papel a la intemperie.

Fue un discípulo de Talbot, Nicolaas Henneman (1813-1898), quien trabajó con Stirling para Annals of the Artists of Spain. Ambos aparecen en un par de imágenes retratados en plena tarea. La muestra del Prado incluye las numerosos tomas, procedentes de la colección del National Media Museum, de Bradford (Inglaterra), que sirvieron a Stirling y Henneman de ensayo y error, así como los grabados o dibujos que servían de modelo.

Imagen de 1846 del taller fotográfico en el que Stirling y Henneman fotografiaron las copias de obras de arte para el libro 'Annals of the Artists of Spain'. NATIONAL MEDIA MUSEUM (BRADFORD)

Imagen de 1846 del taller fotográfico en el que Stirling y Henneman fotografiaron las copias de obras de arte para el libro ‘Annals of the Artists of Spain’. NATIONAL MEDIA MUSEUM (BRADFORD)

Sin embargo, aquellas instantáneas del monasterio de El Escorial o del Cristo en la cruz, de Murillo, pegadas en el libro, sufrieron pronto lo que los comisarios de la exposición, Hilary Macartney, de la Universidad de Glasgow, y José Manuel Matilla, jefe del departamento de Dibujos y Estampas del Prado, califican de “desvanecimiento”. Los contornos empezaron a borrarse y su interior comenzó a diluirse por el efecto de la luz y el aire sobre unos negativos y copias cuyo procedimiento estaba aún en mantillas.

La exposición Copiado por el sol no aspira, según sus organizadores, a largas colas y multitudes. Su gestación comenzó hace ya 15 años, cuando Matilla descubrió en los almacenes de la pinacoteca la obra de Stirling. El comisario confiesa que al tener en sus manos aquel libro tan frágil y ver cómo se habían deteriorado las imágenes, sintió “pánico”. De ese miedo nació el proyecto de “estudiarlo, conservarlo y difundirlo”, que culmina ahora en la sala del Prado y en un facsímil elaborado en los archivos fotográficos del museo.

El “desvanecimiento” que estaba en el ADN de los calotipos motivó que este sistema fotográfico cayera en desuso a finales de los cincuenta del XIX. El propio Stirling escribió, en 1872, consciente de la fugacidad de su Talbotype Illustrations: “Los pocos ejemplares serán hoy poco más que pedazos de papel pardo nublado”. Sin embargo, respiraría hoy tranquilo al ver que, aunque sea a través de un cristal y con temperatura londinense, a sus calotipos no los ha devorado el tiempo.