Una placa astronómica de 1917 ocultaba el primer hallazgo de exoplanetas


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  • Es el primer documento de la Historia que revela la existencia de sistemas planetarios más allá del Sistema Solar

 

Enana blanca

Enana blanca

En Ciencia, nunca se sabe con certeza dónde nos espera el siguiente hallazgo. Y éste puede producirse incluso en el sótano de casa. En efecto, una vieja placa astronómica de 1917, conservada en los archivos del Instituto Carnegie, en California, ha resultado ser el primer documento (por ahora) de la Historia que revela la existencia de sistemas planetarios más allá del Sistema Solar. El sorprendente descubrimiento dejó sin habla a un grupo de científicos que buscaban documentación para elaborar, precisamente, un artículo sobre posibles planetas alrededor de estrellas enanas blancas.

Esto es exactamente lo que sucedió: Hace aproximadamente un año, el autor de la revisión, Jay Farihi, del University College de Londres, se puso en contacto con el director los Observatorios Carnegie, John Mulchaey. Estaba buscando en los archivos una vieja placa astronómica de cristal que contenía un espectro de la estrella de Van Maanen, una enana blanca descubierta por el astrónomo holandés-estadounidense Adriaan van Maanen en el mismo año en que se tomó la imagen.

Los espectros estelares son registros de la luz emitida por las estrellas distantes. Y en ellos pueden observarse, por separado, todos los colores que componen esa luz, como el arco iris que se forma en un prisma. Cada banda de color es la “firma” irrepetible de un elemento de la tabla periódica, y es así cómo los astrónomos pueden averiguar cuál es la composición química de una estrella. Además, esa misma luz emitida por la estrella se ve afectada por la química de los objetos que enuentra en su camino, por lo que también trae hasta la Tierra información sobre planetas y otros objetos con los que puede encontrarse en su camino.

Las imágenes de espectros estelares permitieron a los astrónomos del siglo XIX desarrollar un completo sistema de clasificación de estrellas que todavía se utiliza en la actualidad. Hoy, los modernos telescopios utilizan herramientas digitales para obtener imágenes de estrellas, pero durante muchas décadas, lo más común era usar placas fotográficas de vidrio, tanto para tomar imágenes del cielo como para registrar los espectros de las estrellas que se querían estudiar.

Tal y como se había solicitado, la Institución Carnegie localizó la imagen de 1917, que había sido realizada por el entonces director de los observatorios, Walter Adams, con el telescopio de Monte Wilson, que por aquél entonces formaba parte de la institución Carnegie. Pero aparte de una anotación en un borde de la placa, que indicaba que la estrella se veía un poco más caliente que nuestro Sol, todo en ella parecía normal.

Hasta que Fahiri examinó el espectro y se encontró con algo extraordinario.

Líneas de absorción

La clave estaba en una de las “líneas de absorción” del espectro. Las líneas de absorción indican “piezas que faltan”, áreas en las que la luz procedente de de la estrella ha tropezado con algo y tha adquirido el color particular de la luz absorbida por esa sustancia. Estas líneas son, precisamente, las que indican la composición química del objeto que ha interferido con la luz estelar.

Y resulta que el espectro de la placa de 1917 de la estrella Van Maanen revelaba la presencia de elementos pesados como calcio, magnesio y oro. Elementos que, debido a su peso, deberían de haber desaparecido hace mucho tiempo en el interior de la estrella.

Hace apenas una decena de años que ha quedado claro para los astrónomos que la estrella Van Maanen, igual que otras enanas blancas con elementos pesados en sus espectros, representan una clase específica de sistemas planetarios, que consisten en grandes anillos de rocas, desechos planetarios y toda clase de escombros que rodean por completo a muchas enanas blancas. Esta clase de sistemas se conocen como “enanas blancas contaminadas”, y su existencia fue toda una sorpresa para los astrónomos, ya que las enanas blancas son estrellas de la misma clase que nuestro Sol, pero en el final de sus vidas, un momento muy tardío de su evolución en el que ya no se espera que conserven a su alrededor material planetario de ninguna clase.

«Simplemente increíble»

“Darnos cuenta de que esta placa de 1917 de nuestro archivo contiene la evidencia más antigua que se conoce de un sistema de enana blanca contaminada es simplemente increíble -afirma el director Mulchaey-. Y el hecho de que fuera hecha por un astrónomo tan prominente en nuestra historia como Walter Adams lo hace aún más emocionante”.

Hasta ahora no se ha detectado ningún planeta propiamente dicho en órbita de la estrella Van Maanen, ni tampoco en los alrededores de de otros sistemas similares, pero Farihi confía en que es sólo una cuestión de tiempo. “El mecanismo que crea los anillos de escombros planetarios -explica el investigador- así como su deposición en la atmósfera de la estrella, requiere de la influencia gravitatoria de planetas hechos y derechos. Sencillamente, ese proceso no puede ocurrir sin que haya planetas allí”.

“Carnegie -concluye Mulchaey- tiene una de las mayores colecciones de placas astronómicas que existen, con un archivo que incluye cerca de 250.000 placas fotográficas de tres observatorios diferentes, Monte Wilson, Palomar y Las Campanas. Tenemos un montón de historia almacenada en el sótano y quién sabe qué otros hallazgos podríamos realizar en el futuro”.

 

El huracán que dejó 24 muertos en Madrid y arrasó el paseo del Prado en 1886


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  • El fenómeno arrasó casas, tiró un centenar de árboles en el Retiro y mató a varios animales de la Casa de las Fieras

 

huracan--620x349El 12 de mayo de 1886 es una fecha que está grabada a fuego en la memoria de los madrileños. Todo comenzó por la tarde cuando, a eso de las siete, comenzó a soplar un viento que cada vez empezaba a subir de intensidad. No tardó mucho en comenzar a derribar casas y arrancar árboles.

Sólo en el parque del Retiro, el ciclón arrancó de sus raíces más de un centenar de ejemplares. En el paseo del Prado cayeron otros cincuenta. Uno de ellos, con tan mala suerte, mató a un hombre, junto a la Cibeles, que en ese momento se estaba bajando de un coche.

La tormenta provocó el hundimiento de dos lavaderos públicos en el paseo Imperial que acabó con la vida de 18 personas. Varias estatuas cayeron derribadas y el Casón del Buen Retiro también sufrió importantes daños. La iglesia de Los Jerónimos perdió adornos y se cuartearon las torres, tal y como recuerda José del Corral en su libro Sucedió en Madrid.

El Puente de Toledo perdió también una de sus agujas; en el cementerio de San Lorenzo una tapia en construcción cayó sobre los cinco albañiles que la estaban levantando y en la Casa de las Fieras murieron varios animales. El resultado total fue de 24 muertos y más de 400 heridos.

La reina regente María Cristina visitó en carruaje las zonas más dañadas por el huracán, dando ayudas a los más necesitados. El estado avanzado de su embarazo, sin embargo, le impidió bajar del caromato.

Otras de las víctimas de este tornado fueron los célebres cedros que había en los jardines de la plaza de las Cortes y sobre los que se había escrito mucho en periódicos y libros. Curiosamente, el fenómeno había sido anunciado unos días antes en un artículo de Francisco León Hermoso, publicado en El Siglo Futuro. Nadie se lo había tomado en serio.

 

Así era el búnker secreto de Churchill en el que resistió los bombardeos alemanes


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  • Se abre al público la estación de metro abandonada de Down Street, donde se refugió el alto mando británico

 

 Uno de los túneles de la estación de Down Street - Fotos: London Transport Museum

Uno de los túneles de la estación de Down Street – Fotos: London Transport Museum

La historia cuenta con detalle cómo el búnker secreto del primer ministro Winston Churchill durante los bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial se habilitó en la estación de metro de Down Street. Resulta fácil imaginarlo: el estruendo de las bombas y las personas que dirigían el país entre las vías, en la zona más profunda de la estación.

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En la estación de Down Street se refugió el estado mayor británico- Fotos: London Transport Museum

En los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, Churchill decidió que necesitaba una ubicación alternativa para instalar su oficina. Sus despachos en las Salas del Gabinete de Guerra, en el corazón de Whitehall, eran un blanco demasiado obvio para los bombardeos alemanes. Y sus asesores se fijaron en la vieja estación de Down Street. Su profundidad representaba un valioso refugio contra las bombas.

Down Street se convirtió en el escenario subterráneo de las reuniones del Comité de Emergencia de Ferrocarriles, encargado de coordinar las vitales infraestructuras ferroviarias de todo el país durante la guerra. La zona de los andenes y las vías de circulación se dividieron en oficinas y dormitorios, con aseos, duchas y una central telefónica. Las reuniones secretas se celebraban entre el laberinto de túneles.

Down Street, en Mayfair, funcionó como estación de metro entre 1907 y 1932. En principio formó parte de la línea del Great Northern, en la línea de Piccadilly. La estación fue poco utilizada y los trenes a menudo pasaban por allí sin detenerse. La proximidad con otras estaciones fue determinante para que finalmente se acordara su cierre en 1932.

Ahora, quien lo desee podrá recorrer esos túneles y andenes. El London Transport Museum cree que las estaciones abandonadas de Londres (entre ellas, Down Street) pueden atraer tanto la atención de los turistas como para organizar una ruta que ya tiene fechas: De miércoles a domingos, del 4 de agosto al 11 de septiembre, del 24 de noviembre al 18 de diciembre y del 11 de enero al 5 de marzo de 2017. Las entradas se puede comprar a partir del 20 de abrilen la web del London Transport Museum y en su tienda en Covent Garden. El precio no será precisamente barato: 75 libras, cerca de 90 euros.

«Es una rara oportunidad para conocer Down Street», la estación secreta de Churchill», asegura un portavoz de London Transport Museum. «Los visitantes podrán tener una mirada íntima -en grupos de solo doce personas- en uno de los espacios ocultos más interesantes de Londres. Podrán conocer el laberinto de túneles estrechos donde se coordinó el tranporte del país en guerra y donde se refugió el primer ministro Winston Churchill».