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  • Hace 120 años, se inauguraron en Atenas los primeros Juegos Olímpicos modernos, en los que participaron 241 atletas masculinos
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 Representación de la inauguración de los Juegos de Atenas de 1896 - COI

Representación de la inauguración de los Juegos de Atenas de 1896 – COI

El mundo del deporte se encamina hacia Río 2016, los primeros Juegos Olímpicos de la historia que se celebran en Suramérica, algo que sería imposible si el sueño de Pierre de Coubertin, barón de Coubertin, se hubiese convertido en realidad hace hoy 120 años. La ciudad de Atenas vivía la inauguración de los Primeros Juegos Olímpicos modernos y dejaba un gran legado que aún hoy disfrutamos.

En mucho se diferencian los Juegos que hoy conocemos de los que se produjeron en 1896 en la capital griega. Solo participaron atletas masculinos –un total de 241–, que acudían a Atenas en busca de las medallas en nueve deportes (atletismo, ciclismo, esgrima, gimnasia, halterofilia, lucha, natación, tenis y tiro). Todos ellos todavía hoy disponen de un hueco entre los deportes elegidos por el Comité Olímpico Internacional, aunque la halterofilia faltó en dos ocasiones, la lucha en París 1900 y el tenis se mantuvo ausente entre París ’24 y Seúl ’88.

A Atenas acudieron solo representación de catorce países reconocidos por el COI: Alemania, Australia, Austria, Bulgaria, Chile, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Grecia, Hungría, Italia, Reino Unido, Suecia y Suiza. Hubo que esperar cuatro años para ver presencia española en unas Olimpiadas, ya que ocho deportistas participaron en París 1900 y dos de ellos se colgaron el oro en Pelota Vasca, aunque no pudieron revalidar su título olímpico cuatro años más tarde ante una nueva ausencia española. Desde Amberes 1920, España no ha faltado a una cita tan importante –a excepción de los Juegos de Berlín en 1936, a causa de la Guerra Civil–.

Nada de esto habría sido posible sin el barón de Coubertin. Hijo de pintor, sus padres le tenían destinado un futuro relacionado con el Ejército o la política, aunque sus intereses lo llevaron más hacia la educación y la pedagogía. Eso sí, acabó creando un acto deportivo que tiene que ver casi más con la política que con el deporte. No había cumplido aún los 20 años cuando ya había realizado numerosos viajes por Inglaterra y Estados Unidos que le permitieron formar una base de su reforma educativa, muy enfocada en el deporte. En uno de sus desplazamientos a Grecia, halló las ascuas de su fuego interno en la llama olímpica y comenzó a dar forma a su proyecto.

El barón utilizó la exposición universal de París de 1889 para compartir su idea e inicitar a los políticos a unir lazos a través del deporte. Rescatar los Juegos Olímpicos de antaño era su sueño, aunque en aquel momento no pensaba en que fuera a ser posible solo siete años más tarde. No tuvo éxito en su primera tentativa, pero no frenó en su empeño y en el Segundo Congreso Internacional del Deporte, en 1894, volvió a promoverlo y consiguió que se aprobara la celebración de los Primeros Juegos Olímpicos modernos.

Así, el 6 de abril de 1896, el rey Jorge de Grecia pronuncia por primera vez las palabras rituales: «Declaro abierto los Primeros Juegos Olímpicos Internacionales de Atenas». El sueño de Coubertin se hacía realidad y disfrutó de sus Olimpiadas en esa ocasión y en otras siete hasta que anunció su retirada como presidente del COI en 1924. Dio paso a una vida en soledad de la que se despidió en Ginebra el 2 de septiembre de 1937. Fue enterrado en Lausana, aunque su corazón fue trasladado a Olimpia por expreso deseo del barón.

En aquella ocasión no hubo espacio para las mujeres. No fue hasta cuatro años más tarde cuando 22 atletas se convirtieron en olímpicas y la tenista Charlotte Cooper se hizo con la primera medalla de oro femenina. En París 1900 también se amplió el número de disciplinas hasta la veintena, cifra que se ha ido ampliando hasta los 28 que formarán parte del programa de Río 2016.

Será la próxima cita olímpica, que comenzará el 5 de agosto en el estadio João Havelange su edición número 28. Como cada cuatro años, puntual en el calendario casi como un símbolo de tregua entre conflictos. De hecho, solo dejó de celebrarse durante las guerras mundiales, en 1916, 1940 y 1944.

 

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