Los homínidos fueron un banquete para las hienas hace 500.000 años


El Mundo

Marcas dentales en el fémur de un homínido de hace 500.000 años. C. Daujeard PLOS ONE

Marcas dentales en el fémur de un homínido de hace 500.000 años. C. Daujeard PLOS ONE

La mordedura de grandes carnívoros, posiblemente hienas, aún puede observarse en el fémur de un homínido de hace 500.000 años que se ha encontrado en una cueva de Marruecos, cerca de la ciudad de Casablanca. Su descubrimiento permite entender mejor cómo interaccionaban los humanos y estos animales durante el Pleistoceno Medio, cuando ambos ocupaban las mismas áreas y debían competir por espacios y recursos comunes para sobrevivir.

Las señales sobre el hueso, que perteneció a un Homo rhodesiensis, no permiten saber si fue un acto de depredación o si las hienas calmaron su hambre poco después de la muerte del homínido. En cualquier caso, es la primera vez que se prueba que los humanos pudieron servir como alimento a este tipo de animales en esa zona de Marruecos durante el Pleistoceno Medio. En otros lugares del mundo, sin embargo, este comportamiento ya era conocido.

“Se han descubierto numerosos restos humanos del Plio-Pleistoceno con marcas dentales en las cuevas que las hienas usaban como madrigueras. Sin embargo, existen pocas pruebas de esta confrontación directa, con daños óseos tan graves o incluso letales”, explica a EL MUNDO Camille Daujeard, del Museo Nacional de Historia Natural de Francia y autora del artículo que acaba de publicar la revista PLOS ONE. La investigadora cita más ejemplos: “Que yo sepa, hay dos casos muy extraños en los que restos de cráneos humanos de esa época muestran agujeros separados por la misma distancia que los colmillos de un leopardo“.

Las hienas no eran las únicas que se alimentaban de homínidos pero sí las que dejaron un rastro más fácil de seguir. Así lo explica Daujeard: “Los restos humanos encontrados ponen de manifiesto que las hienas fueron los únicos grandes carnívoros de África, Europa y Asia que acumulaban de forma regular grandes cantidades de huesos, sobre todo en las cuevas, pero eso no implica que fueran los mayores consumidores de homínidos durante el Plio-Pleistoceno”.

De cazados a cazadores

Hasta ahora se había demostrado que en regiones cercanas a la cueva Grotte à Hominidés, donde se encontró el fémur, eran los propios humanos los que cazaban y se alimentaban de carnívoros. Los autores del estudio sugieren que, en función de las circunstancias, los homínidos podrían actuar como cazadores o carroñeros. ¿Qué hizo que al final se decantasen por este primer papel? “Hace 500.000 años, en el noroeste de África, los humanos eran buenos cazadores, pero aún no manejaban el fuego. La fabricación de armas les pudo haber facilitado el acceso a las presas”, dice Daujeard. “Sabemos que los homínidos eran bastante capaces de cazar grandes presas, incluso de desalojar a algunos carnívoros de sus hábitats; con todo, algunas de estas confrontaciones pudieron haber tenido un desenlace fatal”, añade. Como le sucedió al dueño de aquel fémur, hoy convertido en una ventana abierta al pasado.

Hallan en Tomares 19 ánforas con 600 kilos de monedas de bronce


El Mundo

  • Se trata de piezas homogéneas que no han estado en circulación
  • Las monedas han sido depositadas en el Museo Arqueológico de Sevilla

 

Una de las ánforas con monedas de bronce halladas en Tomares. EUROPA PRESS

Una de las ánforas con monedas de bronce halladas en Tomares. EUROPA PRESS

Unas máquinas han destapado este miércoles en Tomares (Sevilla) 19 ánforas romanas que contienen unos 600 kilos de monedas de bronce del siglo IV después de Cristo, un hallazgo que los arqueólogos que han trabajado en la zona consideran único en España y quizás en el mundo.

Las ánforas se han encontrado durante unas obras de acometida paralelas al camino interno del parque Zaudín de Tomares, donde las máquinas han dejado al descubierto los recipientes romanos llenos de monedas, según han explicado fuentes de la investigación arqueológica.

Las monedas tienen en el anverso la figura de un emperador y en el reverso diversas alegorías romanas, como la abundancia, y los investigadores han enfatizado que no se ha encontrado nunca tal acumulación de piezas y además tan homogéneas.

Se da la circunstancia de que las monedas, probablemente hechas en Oriente, están “en flor de cuño“, es decir, que no han circulado y por tanto no tienen desgaste.

Las ánforas, algunas rotas y otras enteras, no son las usadas para el transporte de vino o grano, sino de tamaño más pequeño, y estaban en un receptáculo específico habilitado al efecto, que estaba sellado y cubierto con materiales rotos.

La hipótesis inicial de los investigadores es que las monedas estaban acumuladas en ese receptáculo para el pago de impuestos imperiales o para pagar las levas del Ejército.

Las monedas encontradas ya han sido depositadas en el Museo Arqueológico de Sevilla, según han precisado las fuentes.

El soldado español «ligón» y mujeriego que acabó fundando una orden religiosa


El Mundo

  • Las historiadoras María y Laura Lara, autoras de «Ignacio y la Compañía. Del castillo a la misión», nos hablan de la faceta militar del santo
San Ignacio, con su armadura - WIKIMEDIA

San Ignacio, con su armadura – WIKIMEDIA

A día de hoy le conocemos por ser el fundador de la Compañía de Jesús, una orden que cuenta con 17.000 miembros en todo el mundo. Sin embargo, lo que muy pocos saben sobre Ignacio de Loyola es que, antes de tomar los hábitos, fue un soldado español que combatió en Navarra y que -además de la espada- fue conocido por ser un «ligón» empedernido y por haber cautivado a multitud de jovencitas con su melena. Al menos, así fue hasta que cayó severamente herido en la defensa de Pamplona, donde una bala de cañón casi le dejó lisiado. Sin embargo, logró recuperarse y -gracias a la ingente cantidad de libros narrando la vida de santos que leyó durante su convalecencia– terminó entendiendo que debía dedicar su vida a la religión cristiana.

Todos los entresijos de la vida de este soldado, religioso y -a la postre santo- han vuelto a salir a la luz este año (en el que celebramos su 525 cumpleaños y el 460 aniversario de su muerte) gracias a la obra «Ignacio y la Compañía. Del castillo a la misión». Creado por las hermanas María y Laura Lara (ambas escritoras, profesoras de la UDIMA y Primer Premio Nacional de Fin de Carrera en Historia), el libro ha sido galardonado con el Premio Algaba de Biografía, Autobiografía, Memorias e Investigaciones Históricas que convoca cada año El Corte Inglés y la editorial Edaf. La investigación, a su vez, profundiza no solo en la vida de Ignacio de Loyola, sino también en el medio milenio de vida de la Compañía. Hoy, hablamos con María y Laura de la faceta militar de este personaje.

-¿Cuándo vino al mundo Ignacio y en qué familia?

MARÍA – Bueno, lo primero que se puede decir es que Ignacio recibió el nombre de Íñigo. Desde entonces se ha dicho que fue bautizado como Íñigo López de Recalde, aunque puede ser que el nombre se le haya atribuido por error. Está consensuado que nació en la Nochebuena de 1491, unos días después llegaría el ocaso de la Guerra de Granada y los Reyes Católicos pondrían los cimientos del Estado Moderno. Se quedo huérfano muy pronto, lo cual marcó su personalidad. Era uno de los ocho hijos y tres hijas de un linaje con cierto abolengo, aunque sin pertenecer a la alta nobleza.

-¿Dónde pasó su infancia?

LAURA – De niño vivió en el valle de Loyola. La nodriza que lo crió era una campesina cuyo marido trabajaba en la herrería del padre de Íñigo. Allí aprendió las costumbres populares, siempre lo entusiasmó el escuchar al calor de la chimenea cuentos ancestrales y tonadas típicas. Muy pronto se quedó huérfano. Curiosamente, su progenitor lo quiso conducir hacia el clero, pero él rechazó esto de entrada porque le gustaba la vida caballeresca. Quería seguir el ejemplo de sus hermanos, que habían combatido con el Gran Capitán en las guerras de Nápoles. Como Íñigo aparentaba tener las ideas muy claras, todos tuvieron que acatar esa voluntad.

-¿Cómo se introdujo en el arte de la espada?

MARÍA – Su hermano Martín y su cuñada Magdalena (dama de Isabel la Católica) ejercieron como tutores. Posteriormente se trasladó de Guipúzcoa a Arévalo. Viajó a Castilla para labrarse un futuro profesional. Se incorporó así a la familia de Juan Velázquez de Cuéllar, contador mayor de los reyes (una especie de ministro de hacienda). Juan Velázquez lo trató como si fuera su propio hijo, con él Íñigo hizo las veces de paje. El tránsito supuso un cambio bastante drástico: pasó de vivir en una casa-torre a un palacio, el mismo en el que se criaría el nieto de Fernando el Católico, el futuro emperador Fernando I.

-¿Fue un joven vividor?

LAURA – Si. El mismo Íñigo confesó que se dio a las vanidades del mundo y que se deleitaba con el ejercicio de las armas como medio de ganar honra. Dentro de su alegría juvenil afirmó que le gustaba el baile. Por otro lado, siempre tuvo bastante atractivo para las chicas. Era un galán, bastante mujeriego y participaba en las fiestas y en los deleites cortesanos. Allí conoció a muchas damiselas. Pudo tener una hija, María de Loyola, a la que legaría sus bienes al poco de su conversión, consciente de que se trataba de un paso en firme en su trayectoria y de que, a la vez, debía dejarla bien posicionada. Parece ser que su amor platónico fue Catalina de Aragón, la desdichada hija de Isabel y Fernando, a quien los imperativos de la conveniencia casaron con Enrique VIII, nacido, paradójicamente, el mismo año en que Íñigo vino al mundo, mas el cruel monarca inglés la repudió y rompió con Roma dando inicio al anglicanismo.

-¿Su atractivo era solo físico?

MARÍA – Bueno. Media 1,58, pero tenia una tremenda capacidad de persuasión. En esos momentos llevaba una melena hasta los hombros y ésta le daba una apariencia graciosa. Solía vestir de colores vivos, así eran tanto los jubones como los guadamecíes en las casas del Siglo de Oro. Pero su simpatía la conservó siempre. Era una persona que mantuvo el genio de la amistad por encima de todo. Además, destacaba en heroísmo y valentía. Constituye el anticipo de un líder en una edad en la ni siquiera estaba pensado este vocablo.

-¿Cómo empezó su vida militar?

LAURA – Tal cual apuntábamos, en el año 1507 y en coincidencia con la muerte de la madre de Ignacio, María de Velasco, que era la esposa de Velázquez de Cuéllar, pidió a Beltrán, el padre del muchacho, que le mandara un hijo para educarlo en la corte. Optó el caballero de Loyola por mandar al menor, a Íñigo, quien marchó a Arévalo, donde pasaría once años, realizando frecuentes viajes a Valladolid.

En este tiempo se hizo con el dominio de las armas. Paralelamente, como la biblioteca de Arévalo era rica y abundante, su afición por la lectura cobró alas y, en cuanto a la escritura, no dejó de pulir su buena letra. Velázquez de Cuéllar cayó en desgracia tras la defunción de Fernando el Católico y, nuevamente, su viuda, María de Velasco, mandó a Íñigo a servir al duque de Nájera, Antonio Manrique de Lara, que era virrey de Navarra, donde dio muestras de tener ingenio y prudencia. Esto quedó reflejado en la pacificación de la sublevación de Nájera en la Guerra de las Comunidades de Castilla (1520-1522), así como en los conflictos entre las villas de Guipúzcoa.

-¿Cuándo sucedió su última batalla?

MARÍA – Cuando tenía 30 años, corría el 20 de mayo de 1521. Sin atisbar el desenlace, marchó rutinariamente a Pamplona con el ejército castellano para defender a la población del ejército francés. Es ahí donde cayó herido. Se posicionó en primera linea de batalla y animó a los soldados que se encerraron en la fortaleza a que resistieran. Y eso, en contra del parecer del alcaide, que sabía que los castellanos eran inferiores en número. Mantuvo el baluarte en pie con heroísmo. Se confesó el día del ataque con uno de los compañeros de armas por si moría. Al final, una bala de cañón le fracturó una pierna y le lesionó la otra.

¿Cómo logró sobrevivir al asedio?

LAURA – Admirados por su labor, los franceses cooperaron en su traslado. ¡Cómo un simple soldado podía motivar con tanta eficacia a sus superiores! Le ayudaron a ser conducido a la casa fuerte de Loyola para que falleciera con su familia. Íñigo estuvo transitando durante más de un mes entre este mundo y el otro. Los médicos llegaron a perder la esperanza. El 24 de junio le pidieron de hecho que se confesase de nuevo pensando que iba a fenecer. Por ventura, sobrevivó. Curiosamente, en el hospital siguió siendo tan presumido como antes. Pidió que le cortasen el hueso que le sobresalía de la pierna sin anestesia para poder usar las botas.

¿Cuándo pasó de militar a ser un ferviente religioso?

MARÍA – En el lecho de la convalecencia, en su casa solariega. Cómo se aburría al tener que permanecer postrado, pidió libros. Le llevaron novelas de caballerías, de las que era asiduo. Cuando se le acabaron empezó a leer vidas de santos, como la hagiografía compuesta por el cartujo Ludolfo de Sajonia. Carecían de más volúmenes del otro género en la torre. Entonces encontró una paz desmedida. Decía que cuando contemplaba el ejemplo de los venerables se tranquilizaba y se sentía animado a imitarlos, y cuando se preocupaba por las cosas del mundo se sentía vacío. En aquellos tomos piadosos encontró la paz y, a partir de ese instante, experimentó una profunda conversión. Dicen que el líder nace dos veces. Pues bien, Íñigo inició una segunda vida a la luz de la herida de 1521. Al recuperarse, y en contra del parecer de su hermano, se puso en camino hacia Cataluña para velar las armas ante la virgen de Montserrat. Posteriormente viajó a Jerusalén, en Tierra Santa. Allí recorrió los santos lugares y demostró su fervor religioso.

¿Hasta dónde llegó su obsesión por el catolicismo en aquellos años?

LAURA – Aunque desde los primeros días de vida estaba bautizado y las devociones estaban omnipresentes en la sociedad del pícaro y la celestina, del sacristán y la dueña, Íñigo pasó en un mes de la noche al día, experimentó una conversión sincera que, justo en el mismo año en que Lutero rompió con el Papado, lo llevó a profesar un cristianismo intimista pero alineado con Roma, de ahí surgiría el cuarto voto. En su ruta hacia Manresa, que desde 2015 conmemoramos como Camino Ignaciano, se planteó trabar duelo con un morisco por cuestionar su fe. Viajó a Jerusalén y, estando allí, las autoridades se opusieron a la idea de que se instalara en Tierra Santa porque veían que los turcos podían eliminarlo en venganza por su defensa a ultranza de Cristo. El provincial tuvo que amenazarlo con la excomunión para que volviese a Europa.

¿Cuándo regresó a Europa?

MARÍA – En enero de 1524 volvió a Venecia y posteriormente se instaló en Barcelona. Allí Isabel de Roser y el maestro Jerónimo de Ardevol le costearon los estudios. Después se fue a Alcalá, la cuna del humanismo. Permaneció en la universidad cisneriana en el curso 1526-1527. Vivió en la pobreza en el Hospital de Antezana (hoy pared con pared con la mítica “casa de Cervantes”), pero su predicación popular por las calles le cosechó a los primeros “compañeros”, así como también a seguidores de su doctrina. Los recelos de la jerarquía eclesiástica ante un laico que hablaba descalzo, y sin título académico, de Teología en Alcalá de Henares- uno de los principales focos de los alumbrados-, lo empujaron hacia la universidad de Salamanca, allí la oposición se hizo más feroz y, por ello, el estudiante terminó marchándose de la Península Ibérica. Viajó a París, 7 años trascendentales después de los cuales Ignacio sería el nombre universal del guipuzcoano Íñigo.

¿Allí fue donde creó la Compañía?

LAURA – Sí. Estudiando en la Sorbona, en el Colegio de Santa Bárbara, conoció al navarro Francisco de Jasso (posteriormente San Francisco Javier), uno de los siete miembros que realizaron la profesión de fe en la iglesia de Sant Pierre de Montmartre en agosto de 1534. Francisco Javier era un campeón de los deportes y un alumno muy aventajado en las aulas. Para auxiliarlo en la financiación de su carrera, puesto que su familia había venido a menos por combatir los hermanos de Francisco con las tropas de Francia, Íñigo le conseguía clases particulares que impartir. El objetivo de este grupo de amigos era crear una orden cuyos miembros viajasen a Jerusalén y vivieran en pobreza y castidad. Pero, como en ese año no zarpó un barco de peregrinos, decidieron ponerse bajo la obediencia del papa y dirigirse adonde les mandara. Estaban a punto de dar el gran salto “del castillo a la misión”, de Europa al Extremo Oriente y los confines de la Amazonía.

El Marqués de la Ensenada, el ministro de Fernando VI que quiso exterminar a los gitanos españoles


ABC.es

  • Se autorizó el genocidio en el verano de 1749. En un mismo día fueron apresados unos 9.000 gitanos
 Pintura de una familia gitana española, 1853 - Bibliotekar.ru

Pintura de una familia gitana española, 1853 – Bibliotekar.ru

A vueltas con las calles madrileñas, Manuela Carmena ha recibido en fechas recientes un escrito del abogado José Luis Mazón –conocido defensor de «causas perdidas» y quijotescas– para cambiar el nombre de la calle dedicada a Zenón de Somodevilla, Marqués de la Ensenada, vía situada en pleno centro de la capital, junto al Tribunal Supremo y el Consejo General del Poder Judicial. Según asegura Mazón a ABC, hasta el momento no ha obtenido respuesta del Ayuntamiento.

El escrito está basado en un estudio del catedrático de Historia Moderna de la Universidad de La Rioja José Luis Gómez Urdáñez, publicado el pasado marzo en la revista Historia de National Geographic. Su principal argumento es que el marqués fue un genocida que intentó extinguir el pueblo gitano al poner en marcha en 1749 un plan para acabar en España con esta etnia.

Un reformador de la Administración y la Hacienda

A vueltas con los personajes históricos: ¿quién era el Marqués de la Ensenada y por qué tiene una calle en la capital? Zenón de Somodevilla y Bengoechea (1707-1781) procedía de una familia de hidalgos riojanos con pocos recursos. Tuvo que abrirse así camino en la política desde muy abajo. De la mano de José Patiño, secretario de Estado de España durante el reinado de Felipe V, fue escalando puestos en la administración naval. Sus reformas y las de Patiño pusieran las bases para la reconstrucción de la Marina española. Un sueño de modernización que daría con sus huesos en la batalla de Trafalgar, al final de ese mismo siglo.

Asimismo, Zenón de Somodevilla destacó como militar durante la conquista de Orán, de 1732, y en la Guerra de Sucesión polaca, a causa de las cuales, y por recomendación del futuro Carlos III, sería nombrado por Felipe V Marqués de La Ensenada en 1736.

Si bien ejerció diversos cargos ya en tiempos de Felipe V, su carrera política se desarrolló sobre todo en el reinado del hijo de este Rey, Fernando VI, quien continuó con las reformas borbónicas de su padre. El marqués impulsó desde posiciones conservadoras un programa de reformas en todos los ámbitos. De carácter activo, inteligente, enérgico, responsable y muy autoexigente, el noble riojano ejerció su influencia en los reinados de Felipe V, Fernando VI y Carlos III, y ocupó prácticamente todas las carteras existentes.

La Ensenada ideó la llamada escuadra del Tajo, una flotilla de falúas reales inspirada en la música acuática de Händel

Más allá de sus habilidades política, La Ensenada se valió de sus encantos y de sus famosas fiestas cortesanas, en las que invitaba a lo más granado de Madrid, para conservar el favor de los reyes. También era famoso por el mecenazgo cultural. Dirigió en personas varias excavaciones arqueólgicas en el barrio del Albaicín, Granada. Además, junto al gran castrati italiano, Farineli, La Ensenada ideó la llamada escuadra del Tajo, una flotilla de falúas reales inspirada en la música acuática de Händel que el cantante italiano había presenciado en su estancia en Inglaterra. Esta iniciativa permitió a los monarcas y a los noble navegar entre música las aguas del río Tajo a su paso por el Real Sitio de Aranjuez.

El salvaje plan contra los gitanos

En el cenit de su poder, Ensenada vislumbró un plan para «exterminar tan malvada raza», como definía a esta etnia en sus cartas, y lo llevó a cabo el 30 de julio de 1749. Como recuerda José Luis Gómez Urdáñez en sus textos, la situación de los gitanos ya había sido abordado por otros monarcas a través de leyes represivas. Las leyes contra el nomadismo, que venían de los Reyes Católicos, obligaban a los gitanos a que se avecinaran en las ciudades y permitía castigar a los jóvenes que vagabundeaban con penas de cárcel y de alistamiento forzoso. Una Pragmática de los Reyes Católicos en 1499 afirmaba:

«Mandamos a los egipcianos que andan vagando por nuestros reinos y señoríos… que vivan por oficios conocidos… o tomen vivienda de señores a quien sirvan… Si fueren hallados o tomados, sin oficio, sin señores, juntos… que den a cada uno cien azotes por la primera vez y los destierren perpetuamente de estos reinos, y por la segunda vez que les corten las orejas, y estén en la cadena y los tomen a desterrar como dicho es…»

La legislación se endureció en 1745 con una Real Cédula ampliando la pena de muerte, reservada hasta entonces a los gitanos «acuadrillados» sorprendidos con armas de fuego, a los «encontrados con armas o sin ellas fuera de los términos de su vecindario». «Sea lícito hacer sobre ellos armas y quitarlos la vida», apuntaba el texto. Lo que descubrieron las autoridades, para decepción del marqués, es que la mayoría de los gitanos ya estaba avecindados y en proceso de integrarse en sus comunidades.

El marqués omitió los informes en defensa de esta comunidad y al año siguiente le expuso a Fernando VI su plan definitivo: «Luego que se concluya la reducción de la caballería, se dispondrá la extinción de los gitanos». El plan consistiría en censar previamente a los gitanos y, tras localizarlos en cada uno de los pueblos, apresarlos en un mismo día a una misma hora a lo largo y ancho de la península. Tenía visos de «solución final», puesto que se pretendía separar maridos y mujeres para «impedir la generación», es decir, separar hombres y mujeres para que no procrearan. Además, los niños mayores de siete años fueron separados de sus madres para ser enviados con los hombres.

Las consecuencias del genocidio

Fernando VI autorizó el genocidio en el verano de 1749. En un mismo día fueron apresados unos 9.000 gitanos. No obstate, otros tantos consiguieron escabullirse a través de la protecciones de nobles y eclesiásticos, así como con resistencias armadas y huidas. Mientras Ensenada reclamaba que se intensificara la persecución de los huidos, las autoridades de las casas de misericordia se quejaban del hacinamiento y de que los motines eran inminentes. En verdad, el gobierno no sabía qué hacer exactamente con los gitanos apresados. ¿Obligarlos a trabajar en obras y oficios públicos? ¿Expulsarlos del país? ¿llevarlos a América (Felipe II había prohibido expresamente que viajaran al nuevo continente)? Al final el Gobierno decidió rectificar, si bien no resolvió el problema generado por su reclusión.

Fue desterrado entre 1754 y 1757 en Granada, a consecuencia de una intriga dirigida por Ricardo Walla,

Para cuando llegó el indulto general de 1763, con el ascenso al trono de Carlos III, Ensenada ya había caído en desgracia por otras razones. Fue desterrado entre 1754 y 1757 a Granada, a consecuencia de una intriga dirigida por Ricardo Wall, de origen irlandés pero que nació en Francia. De hecho, en el momento del indulto, ya estaba de regreso para volver a caer tres años después. La instrucción mandó devolverles los bienes embargados, lo que provocó a su vez que las justicias retrasaran las solicitudes de perdón de aquellos con cierto patrimonio.

La resistencia de los gitanos presos, que se negaron en su mayoría a trabajar en los arsenales, y el coste económico de las operaciones disuadieron a las siguientes generaciones de ministros de recurrir a una nueva redada. Eso, a pesar de que otro famoso reformador, el Conde de Aranda, defendió la «aniquilación» de esta etnia años después.

La milicia republicana que se acuarteló en el estadio del Real Madrid durante la Guerra Civil


ABC.es

  • El bautizado como «Batallón Deportivo» tomó en 1936 las instalaciones del club, entonces sin el apelativo de Real
 Cartel del «Batallón Deportivo» en la revista Estampa

Cartel del «Batallón Deportivo» en la revista Estampa

Es un recurso habitual, en ocasiones algo manido, hacer analogías entre el fútbol y la guerra. La relación, no obstante, ha sido literal en numerosos episodios de la Historia. Este episodio, breve reseña de la Guerra Civil en Madrid, es un ejemplo de ello. Si bien está enmarcado en un contexto mucho más complejo, el grueso atiende a la milicia republicana que, formada por deportistas de diferentes disciplinas, usurpó las propiedades del Real Madrid en la capital; en la fecha llamado Madrid F. C. y despojado del apelativo de Real por sus connotaciones monárquicas.

Fue en octubre de 1936 cuando se creó el denominado «Batallón Deportivo» de Madrid, una suerte de facción del Frente Popular formada exclusivamente por deportistas. Aunque en otras regiones españolas tuvo un carácter más esporádico, con una presencia más moderada de los atletas, en la capital sí fue norma. Futbolistas, boxeadores o ciclistas conformaron este ejército, iniciado con la incautación de la Federación Castellana de Fútbol y la posterior cesión de poderes de su homóloga nacional, en favor de la República. El denominador común de los ingrantes se debía tanto a este elemento circunstancial, relativo a la toma de la federación, como a la creencia de que por sus características podrían aportar un extra en el frente. Aunque mucho se ha escrito sobre esta cuestión, con un calculado apunte heróico, no existe la seguridad de que en términos generales su participación en la defensa de Madrid fuera fundamental, más allá de la batalla de Usera, que sí lo fue.

El distintivo del batallón, sirva como apunte para comprender la profunda relación con el fútbol, era el mismo que empleaban los jugadores españoles que competían en el extranjero. Los brazaletes de la Federación Española definían ahora su compañía.

El batallón y Chamartín

Entre los integrantes del «Batallón Deportivo» destaca Félix Quesada, defensor del Real Madrid entre 1922 y 1936. Con apostura recia, futbolista de carácter y líneas de plomo, ayudó a conquistar las dos primeras Ligas del club madridista. Pero más allá de sus victorias como jugador, su figura adquiere importancia en este caso porque tuvo que acreditar su afinidad a la República, como si el simple alistamiento no bastara. A pesar del extremismo y la intransigencia inicial, Quesada fue aceptado en la oficina de reclutamiento, situada improvisadamente en la sede de la Federación Española, en la calle Claudio Coelho.

Pero la relación entre el Real Madrid y el «Batallón Deportivo» no se redujo a la figura del duro defensor madridista, que, por cierto, años después fue seleccionador nacional, una vez instalada la dictadura. La milicia republicana, que tomó el nombre de José Suñol, presidente del Barcelona, asentó sus principales ubicaciones en las instalaciones del club madridista en la capital. El Frente Popular, en el primer año del conflicto, se apoderó de la sede de la entidad en el paseo de Recoletos y de su estadio de Chamartín. El primer espacio lo utilizó como cuartel durante la guerra (también como lugar para alistamientos), mientras que el segundo fue empleado como campo de entrenamiento militar para los milicianos.

¿Puede haber otra Tierra a solo 16 años luz?


ABC.es

El sistema Gliese 832, a tan solo 16 años luz de nosotros, en la constelación de Grus (La Grulla), se dio a conocer al gran público en 2009, cuando los astrónomos descubrieron que alrededor de la estrella giraba un planeta similar a un Júpiter frío, Gliese 832 b. Cinco años después, apareció en el vecindario otro mucho más prometedor, una supertierra a la que se le adjudicó la letra c y que fue incluida en el catálogo de mundos fuera del Sistema Solar que podrían ser habitables.

Recreación de Gliese 832 c - PHL

Recreación de Gliese 832 c – PHL

Gliese 832 es una enana roja y tiene un poco menos de la mitad de la masa y el radio de nuestro Sol. El planeta b, un gigante de gas, con una masa de 0,64 veces la de Júpiter, orbita alrededor de la estrella a una distancia de 3,53 UA (Unidad Astronómica, equivalente a la distancia del Sol a la Tierra), mientras que c parece ser un mundo rocoso, alrededor de cinco veces más masivo que la Tierra, que reside muy cerca de la estrella, a sólo 0,16 UA.

Ahora, un equipo de astrónomos de la Universidad de Texas en Arlington (EE.UU.), cree que en el vasto espacio entre esos dos planetas conocidos puede haber otros. Lo explican en un artículo publicado en la revista arXiv.

El equipo de Suman Satyal ha llevado a cabo simulaciones numéricas para comprobar la posibilidad de la existencia de otros cuerpos celestes alrededor de la enana roja. Gliese 832b y Gliese 832 c fueron descubiertos indirectamente por la técnica de velocidad radial, basada en el efecto Doppler. Consiste en medir en la luz de la estrella la huella de los cambios causados en su movimiento por la atracción gravitatoria entre ella y un planeta. Los investigadores utilizaron estos datos como condiciones iniciales para comenzar sus simulaciones.

Los cálculos del equipo revelaron que un planeta similar a la Tierra puede residir a una distancia que oscila entre 0,25 y 2,0 UA de la estrella. De acuerdo con las mediciones, este hipotético mundo probablemente sería más masivo que nuestro planeta, con una masa entre una y 15 veces la masa de la Tierra. «Obtuvimos varias curvas de velocidad radial para variar masas y distancias para el planeta del medio», dicen los astrónomos.

Por ejemplo, si el planeta se encuentra en torno a una UA de la estrella, tiene un límite de masa superior de diez masas terrestres y una señal de velocidad radial generada de 1,4 m/s. Un planeta con aproximadamente la masa de la Tierra en el mismo lugar tendría una señal de velocidad radial de sólo 0,14 m/s.

En general, la existencia de este posible planeta es apoyada por la estabilidad orbital a largo plazo del sistema, la dinámica orbital y el análisis de la señal de velocidad radial, según informa la agencia EP.

Los científicos han hecho hincapié en que su objetivo principal es proporcionar una idea general a los observadores de dónde y qué buscar en este sistema. Pero advierten de que todavía se necesita un número significativamente grande de observaciones de velocidad radial, estudios de método de tránsito, así como la formación directa de imágenes para confirmar la presencia de posibles nuevos planetas en el sistema Gliese 832.

El meteorito que «remató» a los dinosaurios


ABC.es

  • Una investigación dice que estos animales ya estaban en declive antes del impacto de una gran roca espacial contra el actual Yucatán hace 66 millones de años
 Un meteorito impactó contra lo que ahora es México hace 66 millones de años - Archivo

Un meteorito impactó contra lo que ahora es México hace 66 millones de años – Archivo

Hace unos 66 millones de años, el impacto de un gran meteorito contra lo que hoy es la costa de la provincia del Yucatán, en México, provocó la desaparición de un gran número de especies, entre ellas, los dinosaurios. El golpe lanzó millones de toneladas de polvo al aire, tapó el Sol y provocó un enfriamiento global a corto plazo y la pérdida generalizada de la vegetación. Este desastre ecológico hizo que los grandes animales que dependen de la abundancia de las plantas murieran, seguidos de los depredadores que se alimentan de ellos. Esa es la teoría más aceptada por la comunidad científica para explicar la extinción de los dinosaurios. Hasta ahora se creía que la catástrofe les llegó a estos seres en un buen momento, cuando se encontraban en su apogeo, en pleno reinado del mundo del Cretácico. Sin embargo, una nueva investigación publicada en Proceedings of de la National Academy of Sciences (PNAS) dice que esos reyes de la naturaleza ya se habían quitado la corona decenas de millones de años antes del gran impacto. El asteroide, más que matarles, les remató en su declive.

Mediante el uso de un sofisticado análisis estadístico junto con la información del registro fósil, investigadores de las universidades de Reading y Bristol, en Reino Unido, mostraron que algunas especies de dinosaurios se extinguieron a un ritmo más rápido que las nuevas que fueron emergiendo desde 50 millones de años antes del impacto.

Según explican, si bien la disminución en el número de especies a través del tiempo estaba efectivamente omnipresente en todos los grupos de dinosaurios, sus patrones de pérdida eran diferentes. Por ejemplo, los dinosaurios saurópodos gigantes de cuello largo estaban en el declive más rápido, mientras que los terópodos, el grupo de dinosaurios que incluye al icónico Tyrannosaurus rex, mostraban una disminución más gradual.

«No esperábamos este resultado. Mientras que el impacto de un asteroide sigue siendo el principal candidato para la desaparición definitiva de los dinosaurios, es evidente que ya habían dejado atrás su apogeo en un sentido evolutivo», dice Manabu Sakamoto, paleontólogo de la Universidad de Reading y director de la investigación.

«Nuestro trabajo es innovador porque, una vez más, va a cambiar nuestra comprensión del destino de estas poderosas criaturas. Mientras que un apocalipsis repentino pudo haber sido el último clavo en el ataúd, algo más ya había impedido a los dinosaurios evolucionar en nuevas especies tan rápido como las viejas iban desapareciendo», continúa. «Esto sugiere que decenas de millones de años antes de su desaparición definitiva, los dinosaurios ya habían comenzado a perder su ventaja como la especie dominante en la Tierra».

Erupciones de volcanes

Mike Benton, de la Universidad de Bristol, uno de los coautores de la investigación, cree que los dinosaurios, después de estar presentes en los ecosistemas terrestres durante 150 millones de años, perdieron de alguna manera su capacidad de evolucionar lo suficientemente rápido. «Esto probablemente haya contribuido a su incapacidad para recuperarse de la crisis ambiental causada por el impacto», señala.

La nueva investigación sugiere que, además del choque del asteroide, otros factores, como la desintegración de las masas continentales, una actividad volcánica sostenida y otros factores ecológicos, posiblemente influyeran en la disminución gradual de los dinosaurios.

Esta disminución observada en los dinosaurios habría tenido implicaciones para otros grupos de especies, especialmente para los mamíferos, que encontraron entonces un hueco para progresar y prepararse para sustituirlos como los animales dominantes en la Tierra.

Para Sakamoto, el estudio podría dar una idea de la futura pérdida de la biodiversidad. «Nuestro estudio indica claramente que si un grupo de animales está experimentando un rápido ritmo de extinción, es propenso a la aniquilación si se produce una gran catástrofe. Esto tiene enormes implicaciones para nuestra biodiversidad actual y futura, dada la velocidad sin precedentes en la que las especies se están extinguiendo debido al cambio climático en curso causado por el hombre». Una lección sobre la que reflexionar.

Una placa astronómica de 1917 ocultaba el primer hallazgo de exoplanetas


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  • Es el primer documento de la Historia que revela la existencia de sistemas planetarios más allá del Sistema Solar

 

Enana blanca

Enana blanca

En Ciencia, nunca se sabe con certeza dónde nos espera el siguiente hallazgo. Y éste puede producirse incluso en el sótano de casa. En efecto, una vieja placa astronómica de 1917, conservada en los archivos del Instituto Carnegie, en California, ha resultado ser el primer documento (por ahora) de la Historia que revela la existencia de sistemas planetarios más allá del Sistema Solar. El sorprendente descubrimiento dejó sin habla a un grupo de científicos que buscaban documentación para elaborar, precisamente, un artículo sobre posibles planetas alrededor de estrellas enanas blancas.

Esto es exactamente lo que sucedió: Hace aproximadamente un año, el autor de la revisión, Jay Farihi, del University College de Londres, se puso en contacto con el director los Observatorios Carnegie, John Mulchaey. Estaba buscando en los archivos una vieja placa astronómica de cristal que contenía un espectro de la estrella de Van Maanen, una enana blanca descubierta por el astrónomo holandés-estadounidense Adriaan van Maanen en el mismo año en que se tomó la imagen.

Los espectros estelares son registros de la luz emitida por las estrellas distantes. Y en ellos pueden observarse, por separado, todos los colores que componen esa luz, como el arco iris que se forma en un prisma. Cada banda de color es la “firma” irrepetible de un elemento de la tabla periódica, y es así cómo los astrónomos pueden averiguar cuál es la composición química de una estrella. Además, esa misma luz emitida por la estrella se ve afectada por la química de los objetos que enuentra en su camino, por lo que también trae hasta la Tierra información sobre planetas y otros objetos con los que puede encontrarse en su camino.

Las imágenes de espectros estelares permitieron a los astrónomos del siglo XIX desarrollar un completo sistema de clasificación de estrellas que todavía se utiliza en la actualidad. Hoy, los modernos telescopios utilizan herramientas digitales para obtener imágenes de estrellas, pero durante muchas décadas, lo más común era usar placas fotográficas de vidrio, tanto para tomar imágenes del cielo como para registrar los espectros de las estrellas que se querían estudiar.

Tal y como se había solicitado, la Institución Carnegie localizó la imagen de 1917, que había sido realizada por el entonces director de los observatorios, Walter Adams, con el telescopio de Monte Wilson, que por aquél entonces formaba parte de la institución Carnegie. Pero aparte de una anotación en un borde de la placa, que indicaba que la estrella se veía un poco más caliente que nuestro Sol, todo en ella parecía normal.

Hasta que Fahiri examinó el espectro y se encontró con algo extraordinario.

Líneas de absorción

La clave estaba en una de las “líneas de absorción” del espectro. Las líneas de absorción indican “piezas que faltan”, áreas en las que la luz procedente de de la estrella ha tropezado con algo y tha adquirido el color particular de la luz absorbida por esa sustancia. Estas líneas son, precisamente, las que indican la composición química del objeto que ha interferido con la luz estelar.

Y resulta que el espectro de la placa de 1917 de la estrella Van Maanen revelaba la presencia de elementos pesados como calcio, magnesio y oro. Elementos que, debido a su peso, deberían de haber desaparecido hace mucho tiempo en el interior de la estrella.

Hace apenas una decena de años que ha quedado claro para los astrónomos que la estrella Van Maanen, igual que otras enanas blancas con elementos pesados en sus espectros, representan una clase específica de sistemas planetarios, que consisten en grandes anillos de rocas, desechos planetarios y toda clase de escombros que rodean por completo a muchas enanas blancas. Esta clase de sistemas se conocen como “enanas blancas contaminadas”, y su existencia fue toda una sorpresa para los astrónomos, ya que las enanas blancas son estrellas de la misma clase que nuestro Sol, pero en el final de sus vidas, un momento muy tardío de su evolución en el que ya no se espera que conserven a su alrededor material planetario de ninguna clase.

«Simplemente increíble»

“Darnos cuenta de que esta placa de 1917 de nuestro archivo contiene la evidencia más antigua que se conoce de un sistema de enana blanca contaminada es simplemente increíble -afirma el director Mulchaey-. Y el hecho de que fuera hecha por un astrónomo tan prominente en nuestra historia como Walter Adams lo hace aún más emocionante”.

Hasta ahora no se ha detectado ningún planeta propiamente dicho en órbita de la estrella Van Maanen, ni tampoco en los alrededores de de otros sistemas similares, pero Farihi confía en que es sólo una cuestión de tiempo. “El mecanismo que crea los anillos de escombros planetarios -explica el investigador- así como su deposición en la atmósfera de la estrella, requiere de la influencia gravitatoria de planetas hechos y derechos. Sencillamente, ese proceso no puede ocurrir sin que haya planetas allí”.

“Carnegie -concluye Mulchaey- tiene una de las mayores colecciones de placas astronómicas que existen, con un archivo que incluye cerca de 250.000 placas fotográficas de tres observatorios diferentes, Monte Wilson, Palomar y Las Campanas. Tenemos un montón de historia almacenada en el sótano y quién sabe qué otros hallazgos podríamos realizar en el futuro”.

 

El huracán que dejó 24 muertos en Madrid y arrasó el paseo del Prado en 1886


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  • El fenómeno arrasó casas, tiró un centenar de árboles en el Retiro y mató a varios animales de la Casa de las Fieras

 

huracan--620x349El 12 de mayo de 1886 es una fecha que está grabada a fuego en la memoria de los madrileños. Todo comenzó por la tarde cuando, a eso de las siete, comenzó a soplar un viento que cada vez empezaba a subir de intensidad. No tardó mucho en comenzar a derribar casas y arrancar árboles.

Sólo en el parque del Retiro, el ciclón arrancó de sus raíces más de un centenar de ejemplares. En el paseo del Prado cayeron otros cincuenta. Uno de ellos, con tan mala suerte, mató a un hombre, junto a la Cibeles, que en ese momento se estaba bajando de un coche.

La tormenta provocó el hundimiento de dos lavaderos públicos en el paseo Imperial que acabó con la vida de 18 personas. Varias estatuas cayeron derribadas y el Casón del Buen Retiro también sufrió importantes daños. La iglesia de Los Jerónimos perdió adornos y se cuartearon las torres, tal y como recuerda José del Corral en su libro Sucedió en Madrid.

El Puente de Toledo perdió también una de sus agujas; en el cementerio de San Lorenzo una tapia en construcción cayó sobre los cinco albañiles que la estaban levantando y en la Casa de las Fieras murieron varios animales. El resultado total fue de 24 muertos y más de 400 heridos.

La reina regente María Cristina visitó en carruaje las zonas más dañadas por el huracán, dando ayudas a los más necesitados. El estado avanzado de su embarazo, sin embargo, le impidió bajar del caromato.

Otras de las víctimas de este tornado fueron los célebres cedros que había en los jardines de la plaza de las Cortes y sobre los que se había escrito mucho en periódicos y libros. Curiosamente, el fenómeno había sido anunciado unos días antes en un artículo de Francisco León Hermoso, publicado en El Siglo Futuro. Nadie se lo había tomado en serio.

 

Así era el búnker secreto de Churchill en el que resistió los bombardeos alemanes


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  • Se abre al público la estación de metro abandonada de Down Street, donde se refugió el alto mando británico

 

 Uno de los túneles de la estación de Down Street - Fotos: London Transport Museum

Uno de los túneles de la estación de Down Street – Fotos: London Transport Museum

La historia cuenta con detalle cómo el búnker secreto del primer ministro Winston Churchill durante los bombardeos alemanes en la Segunda Guerra Mundial se habilitó en la estación de metro de Down Street. Resulta fácil imaginarlo: el estruendo de las bombas y las personas que dirigían el país entre las vías, en la zona más profunda de la estación.

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En la estación de Down Street se refugió el estado mayor británico- Fotos: London Transport Museum

En los primeros meses de la Segunda Guerra Mundial, Churchill decidió que necesitaba una ubicación alternativa para instalar su oficina. Sus despachos en las Salas del Gabinete de Guerra, en el corazón de Whitehall, eran un blanco demasiado obvio para los bombardeos alemanes. Y sus asesores se fijaron en la vieja estación de Down Street. Su profundidad representaba un valioso refugio contra las bombas.

Down Street se convirtió en el escenario subterráneo de las reuniones del Comité de Emergencia de Ferrocarriles, encargado de coordinar las vitales infraestructuras ferroviarias de todo el país durante la guerra. La zona de los andenes y las vías de circulación se dividieron en oficinas y dormitorios, con aseos, duchas y una central telefónica. Las reuniones secretas se celebraban entre el laberinto de túneles.

Down Street, en Mayfair, funcionó como estación de metro entre 1907 y 1932. En principio formó parte de la línea del Great Northern, en la línea de Piccadilly. La estación fue poco utilizada y los trenes a menudo pasaban por allí sin detenerse. La proximidad con otras estaciones fue determinante para que finalmente se acordara su cierre en 1932.

Ahora, quien lo desee podrá recorrer esos túneles y andenes. El London Transport Museum cree que las estaciones abandonadas de Londres (entre ellas, Down Street) pueden atraer tanto la atención de los turistas como para organizar una ruta que ya tiene fechas: De miércoles a domingos, del 4 de agosto al 11 de septiembre, del 24 de noviembre al 18 de diciembre y del 11 de enero al 5 de marzo de 2017. Las entradas se puede comprar a partir del 20 de abrilen la web del London Transport Museum y en su tienda en Covent Garden. El precio no será precisamente barato: 75 libras, cerca de 90 euros.

«Es una rara oportunidad para conocer Down Street», la estación secreta de Churchill», asegura un portavoz de London Transport Museum. «Los visitantes podrán tener una mirada íntima -en grupos de solo doce personas- en uno de los espacios ocultos más interesantes de Londres. Podrán conocer el laberinto de túneles estrechos donde se coordinó el tranporte del país en guerra y donde se refugió el primer ministro Winston Churchill».