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  • El Hospital del Santo Ángel, también llamado de la Barranca, fue concebido como un sanatorio para tuberculosos

 

 Sanatorio de la Barranca, en Navacerrada - garajakania.blogspot

Sanatorio de la Barranca, en Navacerrada – garajakania.blogspot

El Sanatorio del Santo Ángel o de la Barranca, ubicado en Navacerrada, lleva veinte años abandonado sin que nadie se interese en su reconstrucción. Acaso por las connotaciones de su pasado como hospital psiquiátrico, por las innumerables leyendas que giran a su alrededor o, simplemente, por su inutilidad, se mantiene como una ruina inerte de hormigón en mitad de la montaña. Su apariencia siniestra, como sacado de una película de terror, tampoco ayuda. Su historia es similar a la de otros hospitales de la zona también abandonados y catalogados como una puerta al más allá.

La Barranca, construido en el valle homónimo sobre una superficie de unos 3.000 metros cuadrados, fue levantado en 1941 como un sanatorio para tuberculosos. Su situación en la Sierra de Guadarrama, como la de sus homólogos, se debía a que el aire de la sierra era óptimo para tratar esta enfermedad. Dependiente del Ministerio de Sanidad, funcionó hasta que las dolencias pulmonares remitieron gracias a los avances médicos. Así, abandonó su concepción original para convertirse en un centro psiquiátrico.

Cerrado definitivamente en 1995, la fecha marca el inicio de las numerosas leyendas que aportan un punto tenebroso a su ya de por sí fantasmagórica apariencia. Es difícil encontrar a alguien que conozca la zona y no haya escuchado alguna historia de terror sobre la Barranca. Existen para todos los gustos. Figuran testimonios que aseguran haber visto luces en los pasillos a través de sus ventanas sin cristales. También quien ha escuchado voces en mitad de la noche, gritos desagarrados de quienes estuvieron entre sus paredes. Quién sabe si los silbidos del viento han jugado una mala pasada.

Por si fuera poco, y seguramente por esta realidad atribuida, ha sido escenario de rituales satánicos y de contactos con el más allá. Los restos de las velas y las pintadas son el testigo de esta suerte de aquelarres. Por esto o por las psicofonías que otros testigos dicen conservar, lo cierto es que el hospital sigue cerrado, inútil, sin que nadie se atreva a reconstruirlo y darle una nueva vida.

 

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