Cuatrocientos años del «caso Galileo»: Las razones de su condena


ABC.es

  • La presión de los filósofos aristotélicos y las herejías de Giordano Bruno, defensor del heliocentrismo y quemado en Roma en 1600, acabaron llevando al astrónomo italiano ante la Inquisición

 

 Cuadro de Robert-Fleury en el que aparece Galileo ante el tribunal de la Inquisición

Cuadro de Robert-Fleury en el que aparece Galileo ante el tribunal de la Inquisición

Analizada la situación del heliocentrismo antes de 1616, señalaremos diferentes aspectos que influyeron en los acontecimientos de aquel año:

Primero, la confrontación de Galileo con el mundo universitario aristotélico. El claro posicionamiento de Galileo a principios del siglo XVII en favor del heliocentrismo originó continuos y duros enfrentamientos con el mundo aristotélico, generándole una gran animadversión en parte del profesorado de las Universidades del actual norte de Italia.

Segundo, el conflicto con la Teología. Los aristotélicos viendo que no era suficiente la argumentación filosófica para derribar a Galileo, intentaron trasladar el conflicto a la Teología exponiendo las contradicciones del heliocentrismo con determinados pasajes de la Biblia. Su defensa de una interpretación abierta de la Biblia en cuestiones astronómicas hizo que los teólogos creyeran que Galileo había abordado una cuestión que no era de su competencia. Además, el conflicto entre católicos y protestantes, en el que la interpretación de la Biblia era un punto clave, perjudicó claramente las tesis copernicanas.

El conflicto entre católicos y protestantes perjudicó mucho al heliocentrismo

Tercero, el nuevo Universo a la luz de los descubrimientos del telescopio y las ideas de Giordano Bruno. Giordano Bruno fue quemado en el Campo di Fiori en Roma en 1600. Era un defensor del heliocentrismo, pero no tenía buena formación en Astronomía. Su defensa de Copérnico se enmarca más en su concepción del mundo. Los elementos clave para condenar a Bruno fueron una serie de herejías relacionadas con la Trinidad. En el Sumario del Tribunal que juzga a Giordano Bruno en 1598, menos del 10% de los párrafos en los que hay acusaciones o respuestas de Bruno se refieren a temas cosmológicos. Bruno creía en la infinitud del Universo con infinitos mundos habitados por seres vivos. La muerte de Giordano Bruno no afectó, en principio, al heliocentrismo. A partir de 1610, a raíz del nuevo Universo que abrió el descubrimiento del telescopio, las ideas de Giordano Bruno reaparecieron afectando muy negativamente al copernicanismo.

Los descubrimientos del telescopio

Cuando Galileo enfocó el telescopio hacia el cielo en 1609 y publicó sus descubrimientos en «Sidereus nuncius» (1610) se produjo una conmoción intelectual que se extendió por toda Europa. La aparición en el cielo de nuevas estrellas, las lunas de Júpiter que parecían un sistema solar en miniatura, las manchas solares y el posterior descubrimiento de las fases de Venus hacían que la concepción aristotélica del Cosmos empezara definitivamente a derrumbarse. Aunque hubo una admiración inicial hacia Galileo por sus descubrimientos con el telescopio, el nuevo Universo que proporcionaba dicho instrumento hizo que las ideas de Bruno volvieran a aparecer con fuerza en los ambientes intelectuales de Europa. El cóctel de las ideas de Giordano Bruno junto con el nuevo Cosmos mostrado por el telescopio generaron una mezcla explosiva y erróneas interpretaciones sobre cuestiones de fe que la Iglesia Católica de aquella época no podía admitir.

El 5 de Marzo de 1616, a raíz de un proceso largo y complejo en el que intervienen la publicación de cartas de Galileo en defensa del copernicanismo, el ataque de los filósofos aristotélicos, y la denuncia de un dominico, se incluyó, entre otros, el libro De Revolutionibus de Copérnico en el Índice de libros prohibidos. Sin embargo, se aceptarían versiones censuradas de dicho libro en las que expusiera que el modelo fuese «ex suppositione», es decir, como suposición matemática sin correspondencia alguna con la realidad física. No podía declararse hereje ya que había sido clave en la elaboración del Calendario Gregoriano y en la determinación precisa de la fecha de la Pascua. Resulta curioso que un estudio recopilatorio sobre los libros existentes en Europa de las dos primeras ediciones del libro de Copérnico no encontrara libros censurados en casi ningún país europeo excepto la actual Italia. El alcance inicial de la censura fue muy limitado y dicho estudio no encontró en España ningún libro censurado. En Salamanca, la primera censura a un ejemplar de Copérnico no aparece hasta 1707.

En relación a Galileo, se le prohibió enseñar y defender las ideas de Copérnico, cuestión que inicialmente aceptó disciplinadamente. Posteriormente, la situación de Galileo empeoró notablemente al publicar en Florencia en 1632 el «Diálogo sobre los dos máximos sistemas del mundo» en el que defendía las tesis copernicanas. Todo esto inició un oscuro proceso en el Galileo sufrió enormemente y fue condenado a prisión en 1633 y el «Diálogo», prohibido. La pena de prisión fue inmediatamente conmutada por la pena de arresto domiciliario, que finalmente cumplió en su villa a las afueras de Florencia hasta su muerte en 1642. La condena de 1616 y el posterior juicio a Galileo tuvieron una serie de implicaciones que veremos en el siguiente y último artículo sobre el tema.

 

NASA mostró en detalle el polo norte de Plutón


El Nacional

  • La fotografía, que muestra los cañones helados del planeta enano, fue captada por la sonda espacial New Horizons
 La imagen fue captada a uno 33.900 kilómetros de distancia de Plutón | NASA


La imagen fue captada a uno 33.900 kilómetros de distancia de Plutón | NASA

La Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA) ha difundido una imagen que permite apreciar los cañones del polo norte de Plutón, el planeta enano que ha sido fotografíado por la sonda espacial de New Horizons.

La fotografía deja ver en detalle largos cañones de hielo que atraviesan verticalmente Lowell Regio, una zona llamada así en honor al estrónomo estadounidense Percival Lowell que contribuyó al descubrimiento de Plutón.

En la fotografía se indica con amarillo el cañón más grande, que mide 74 kilómetros de ancho y tiene un valle de poca profundidad que se muestra con azul. En color verde, se muestran otros cañones paralelos, que tienen 10 kilómetros de ancho.

Debido a su estado, los científicos creen que tiene una edad mucho mayor que la de los cañones de otras partes del planeta enano, que tienen contornos más nítidos.

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En color rosado se puede observar otro cañón más irregular en su extensión. A la derecha de la imagen, en rojo, se muestran hoyos que alcanzan los 70 kilómetros de diámetro y 4 de profundidad.

Según los expertos, estas fosas podrían ser lugares de derretimiento de hielo depositado debajo que hizo colapsar el suelo.

La imagen fue obtenida por la cámara multiespectral Ralph de New Horizons. Cuenta con una resolución de la imagen de aproximadamente 680 metros por cada píxel. El borde inferior de la imagen representa aproximadamente 1.200 kilómetros, detalla la NASA en su web oficial.

La fotografía se obtuvo a aproximadamente 33.900 kilómetros de Plutón, 45 minutos antes de la máxima aproximación entre el planeta y la sonda New Horizons el 14 de julio del 2015.

Una bola de fuego cinco veces más brillante que la luna llena


El Mundo

  • Impacta un meteorito en Córdoba tras generar una espectacular luz en el cielo
  • Se trata de la cuarta vez en pocos días que se registra un fenómeno similar, aunque éste ha sido el más impactante

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Un meteorito impactó el miércoles en la provincia de Córdoba, tras generar una bola de fuego, la cuarta en pocos días que se ha registrado en la península ibérica y la más espectacular de todas, ya que ha sido cinco veces más brillante que la Luna llena y ha podido ser vista en gran parte de España.

La bola de fuego, que ha sido recogida por los detectores del complejo astronómico de La Hita (Toledo), se generó en la madrugada del pasado miércoles por el impacto contra la atmósfera de una roca procedente de un asteroide, que tenía una masa de unos 400 kilos y chocó a más de 60.000 kilómetros por hora.

Según ha indicado hoy en una nota de prensa el complejo astronómico de La Hita, el impacto se produjo hacia las 2:32 horas del miércoles y fue registrado por los detectores que tiene la Universidad de Huelva en estas instalaciones de La Puebla de Almoradiel (Toledo), así como en Sevilla, en el Observatorio del Arenosillo (Huelva), y en el observatorio de Calar Alto (Almería).

Los datos recogidos por los detectores han sido analizados por el profesor de la Universidad de Huelva José María Madiedo, que ha calculado el peso de la roca y la velocidad a la que se movía.

El brusco choque contra el aire elevó la temperatura de la roca hasta que ésta se volvió incandescente, dando lugar así a una bola de fuego en la que el material se fue desintegrando conforme perdía altitud.

Fue unas cinco veces más brillante que la Luna llena y su trayectoria en la atmósfera estuvo acompañada por varias explosiones, que alertaron a algunos testigos que pudieron ver cómo surcaba el cielo, especialmente en Andalucía.

Pero, a diferencia de las rocas que produjeron las bolas de fuego registradas en los días anteriores, en este caso una parte del material sí habría conseguido sobrevivir e impactar contra el suelo en forma de meteorito, según el complejo de La Hita.

Este meteorito ha caído en la provincia de Córdoba y tendría una masa de aproximadamente de un kilo, aunque Madiedo ha estimado que es probable que se haya roto en varios fragmentos antes de llegar al suelo.

Madievo es el principal investigador del proyecto SMART, cuya finalidad es vigilar continuamente el cielo con el fin de registrar el impacto contra la atmósfera terrestre de rocas procedentes de distintos lugares del Sistema Solar.

En este caso, el estudio de la órbita de la roca en el Sistema Solar ha revelado que provenía de un asteroide conocido como 2013DF, una roca del tamaño de un edificio de 15 plantas que se aproximó más de lo habitual a la Tierra el 27 de febrero de hace 3 años, en 2013.

Un escenario plausible es que, durante ese acercamiento, la roca que impactó el pasado día 24 sobre Andalucía se desprendiese de la superficie del 2013DF, siguiendo a partir de ese momento una órbita ligeramente diferente a la de su asteroide progenitor, que tres años después la habría llevado a colisionar contra nuestro planeta.

En este sentido, Madievo no descarta que en las próximas fechas puedan producirse más bolas de fuego muy brillantes.

De hecho, otro asteroide, con un tamaño similar al de un edificio de 10 plantas, el 2013TX68, se acercará el 5 de marzo a la Tierra hasta una distancia equivalente a tan sólo la veinticincoava parte de la distancia que separa a la Tierra de la Luna.

Si bien se ha descartado que este asteroide vaya a colisionar contra nuestro planeta, cabe la posibilidad de que pequeños fragmentos desprendidos de él con anterioridad, y que seguirían órbitas ligeramente diferentes, acaben cruzándose con la órbita de la Tierra y produzcan en la atmósfera estas bolas de fuego, ha apuntado el complejo astronómico de La Hita.

MoniKa Zgustova: «Stalin es el ser más cruel que jamás hayamos podido imaginar»


La Razon

  • Mujer de muchos idiomas y de varias aristas intelectuales, ahora, novela la trágica biografía de la hija de Stalin.
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Esta imagen pertenece a la infancia de Svetlana antes de que creciera y se diera cuenta de quién era Stalin

Monika Zgustova viene a contarnos el drama de Svetlana Allilúyeva, la hija de Stalin, que vio cómo su madre se suicidaba, sus hermanos morían ante la indiferencia de su padre y su primer novio era deportado a un gulag. Tenía todas las comodidades y ninguna libertad. El ambiente opresivo de su país y la tiranía de su padre, un dictador para la URSS y, también, para su familia, la invitaron a marcharse. Huyó a Estados Unidos a través de la India. Allí descubrió que, si en su país la espiaba la KGB, en América la seguía la CIA. En esa carrera hacia adelante que emprendió abandonó a sus hijos, tuvo varios matrimonios y se convirtió en uno de los problemas candentes de la Guerra Fría. A través de varios libros, mostraba la realidad de la Unión Soviética a Occidente y los intelectuales europeos. La biografía novelada «Las rosas de Stalin» (Galaxia Gutenberg), de Mónika Zgustova, narra ahora su historia.

–¿Cómo era ella?

–Valiente. Pudo escoger entre vivir entre algodones, protegida por la URSS, como una más de la élite soviética, o abrir los ojos, ser una ciudadana honesta y juzgar el comportamiento de Stalin, tanto del dictador como del padre. Tuvo que afrontar una decisión difícil: verlo como un déspota o como un criminal.

–Su juventud resultó difícil.

–A los 16 años descubrió que su madre se había suicidado por culpa de su padre. Su madre no pudo vivir más tiempo con un tirano que estaba matando a gente inocente y, también, a su propia familia. Después del fallecimiento de su progenitora, Stalin se convirtió en un hombre frustrado porque los demás tenían familia y él, en cambio, se había quedado sin ella. La única persona a la que él, en realidad, quiso fue a su mujer, que se había matado por su culpa. A partir de ese instante se volvió más sangriento. Svetlana no podía apartar la mirada de las injusticias que Stalin cometió con su familia. Su hija era una mujer moderna. Formaba parte de una generación crítica con los comunistas anteriores que deseaba un sistema más abierto, que se pareciera a las democracias occidentales, pero esto no lo podía hablar con su padre.

–¿Cómo afectó a Stalin la muerte de su esposa?

–Influyó en su personalidad. Se convirtió en un dictador más violento que antes. Dejaba que Beria hiciera lo que quisiera. Su carácter era el de un dictador, que es lo que había sido desde que era joven. Cuando a esta tendencia se unieron sus ganas de venganza y su frustración personal, resultó fatal.

–¿Cómo era él?

–La sangre no le daba miedo. Fue el más cruel de los líderes de la Revolución, y Lenin no era ningún angelito. Pero Stalin aprendió los métodos que ya empleaba éste y los llevó más lejos. Además, cada vez era más paranoico. Tenía miedo de cualquiera y mandaba matar a la gente de forma arbitraria. Se cargaba a todo el mundo. Disfrutaba cuando los condenados a muerte lloraban o suplicaban clemencia. Se reía en su cara para humillarlos antes de que los ajusticiaran. De esta manera, les hacía la muerte más desagradable. Stalin es el ser más cruel que jamás hayamos podido imaginar. Es uno de esos emperadores sanguinarios de la historia, uno de los reyes tiránicos que aparecen en las obras Shakespeare. Se parecía más a un déspota medieval que a alguien que hubiera salido de la historia moderna. Fue un dictador y un padre dañinos. Humillaba a sus hijos cuando eran pequeños. Ellos le tenían miedo. Svetlana era a la única que no humillaba, por lo menos hasta los doce años. Tenían un juego: ella le daba órdenes a su padre. Se han conservado esas cartas. Eran realmente infantiles, pero algunos historiadores han creído entender, que ella estaba detrás de muchas de las crueldades que él cometió, pero no es así, porque ella permanecía apartada del aparato estatal. No sabía nada.

–¿Cuándo abrió los ojos a la realidad?

–Con la pubertad. Al hacerse mujer. A Stalin no le gustó. La quería como su hijita. No pretendía admitir que le empezaban a gustar otros hombres. Stalin lo llevaba mal y mandó al gulag a su primer amor. Escuchaba todas sus llamadas telefónicas y cuando se iban a pasear, la KGB los seguía. Su padre se enfadó porque su hija se convertía en una mujer. Además, tenía manía a su novio, un cineasta de 40 años que era judío. Stalin, recordemos, era antisemita. Así que mandó a su pareja a un gulag.

–Ella también presenció cómo su padre maltrataba a sus dos hermanos.

–Su padre pudo rescatar a su hijo mayor, Yákov, que había sido capturado por los nazis y estaba recluido en un campo de concentración. Hubiera resultado muy fácil rescatarlo porque le habían ofrecido un intercambio y, además, había estado bien visto por la sociedad. Hay que tener en cuenta que se acababa la guerra y que no era necesario actuar de esa manera, pero no lo hizo y el chico murió. Su otro hijo, el menor, que fue un oficial soviético, acabó siendo alcohólico. Se lo cargó una mujer que estaba ligada a él y que era un agente de la KGB. Fue una de las maneras que tenían en la URSS para deshacerse de la gente.

–Svetlana vivió inmersa en una pesadilla…

–Por un lado, Stalin era su padre, que la había tratado bien en su infancia y la llamaba «gorrioncito». Hay que tener en cuenta que, a partir de sus seis años, no había conocido la ternura materna. La paterna, por lo menos, la tuvo a rachas. Todo esto resulta terrible para un niño: nunca tuvo el cariño de sus padres.

–¿Comprendió alguna vez a Stalin y su comportamiento?

–Entendió perfectamente lo que había hecho. Intentó disculparlo, pero nunca le fue posible. No habría sido honrado consigo mismo. Ella se convirtió en una rebelde total de la élite soviética, la sociedad soviética y de la política soviética. Tenía que ser un símbolo y emblema de la élite política rusa, pero se convirtió en su mayor crítica y quien se desmarcó de ese país en cuanto tuvo su primera oportunidad: y lo hizo abandonando su nación.

–En su libro insinúa que a Stalin lo asesinaron.

–Svetlana sospecha que a su padre le mataron. Según las últimas investigaciones, fue envenenado por Beria. Por este motivo, Beria no hizo nada para salvarlo o aligerar su muerte: deseaba ocupar su lugar. Era tan malo o peor que Stalin. Un animal absoluto que no sentía compasión por nadie. Tenía su propio harén, igual que Mao, que cada noche la pasaba con una mujer diferente. En este sentido, Beria también era un gran humillador de mujeres.

–Y, entonces, Svetlana se marchó a Estados Unidos.

–Era muy ingenua. Mis investigaciones en Moscú y Estados Unidos lo demuestran. Esta ingenuidad era una de las cosas que saltaban a la vista. Fue verdad que a ella la tenían apartada de la vida real en la URSS. Vivía entre algodones, con una falsa protección. Entonces se va a Occidente. Piensa que allí encontrará la libertad. Pero si en la URSS la seguía la KGB, en Estados Unidos la vigilaba la CIA. Muchos anfitriones de ella eran personas que la CIA había asignado para cuidarla.

–¿Tan importante fue?

–Era un personaje simbólico, de una gran relevancia internacional. Su huida a América sucedió en plena Guerra Fría. La seguían los servicios de inteligencia de unos y otros. Pero lo peor fue la Prensa de Estados Unidos, que la vinculaba a noticias escandalosas y la retrataba de cualquier manera, aunque, en muchos casos, no fuera verdad lo que decían. Era bipolar y, en ocasiones, le daban ataques de ansiedad. No debía de ser una persona sencilla y no se curó nunca de su trastorno. Le hubiera convenido quedarse en la Universidad de Princeton, donde no había periodistas alrededor de ella, podía dedicarse a leer, escribir y estudiar música: participar en su vida intelectual. Incluso le salían novios. Esto hubiera sido lo ideal, pero no soportaba la estabilidad emocional y la libertad. En su búsqueda de la libertad, abandonó su país natal, a sus amigos y a sus hijos, aunque no se había dado cuenta de que era incapaz de soportar la libertad que anhelaba.

–¿Cómo se tomaron los hijos de Svetlana ese abandono?

–Jamás lo aceptaron. Sobre todo la menor, que se exilió a la península de Kamchatka, donde se hizo vulcanóloga. Cuando su madre regresó años más tarde a Rusia, se negó a verla. Escribió una carta rechazándola. Su hijo se había convertido en un alcohólico y separado de su primera mujer. Era un ser agradable. Se casó en segundas nupcias con una mujer que, de nuevo, era una espía de la KGB. Cuando Svetlana regresó a Rusia, en la primera época de Gorbachov, enseguida se dio cuenta de que a su alrededor únicamente había espías, incluso lo era su ex marido. Para ella llegó a ser más difícil vivir en la URSS que en Occidente, así que volvió a Estados Unidos y eso que en Rusia ella habló muy mal de América, de Europa occidental, de la democracia, que no la consideraba como tal, de la dictadura de los medios de comunicación y del capitalismo. Era una persona bastante desquiciada al final.

–También escribió libros.

–Fueron importantes para que Occidente comprendiera al fin qué era la URSS y que los intelectuales conocieran los excesos de las sociedades comunistas. Esto empezó con «Doctor Zhivago», de Boris Pasternak, y «Un día en la vida de Ivan Denisovich» y «Archipiélago gulag», de Alexandr Solzhenitsyn. Justo antes de este último, se publicaron «Veinte cartas a un amigo», de Svetlana Stalin, que describe el Kremlin y cómo tomaban allí las decisiones, cómo era Stalin, sus ministros y el ambiente de trabajo. Aportó varias claves a las sociedades occidentales para que interpretaran qué pasaba en el comunismo.

Cerco científico al ‘Planeta nueve’


El Mundo

  • ¿El noveno planeta del Sistema Solar?
  • La NASA pone en duda la existencia del ‘Planeta nueve’
Recreación del 'Planeta nueve'. CALTECH

Recreación del ‘Planeta nueve’. CALTECH

 

 

El pasado enero un equipo de astrónomos de Caltech anunció que había descubierto indicios de un noveno planeta más allá de Neptuno con una masa 10 veces mayor que la de nuestra Tierra, pero no sabían determinar en qué punto de su órbita se encontraría, ya que podría tratar entre 10.000 y 20.000 años en dar la vuelta al Sol.

A pesar de que la NASA puso en duda su existencia, el área de búsqueda de este posible ‘Planeta nueve’ se ha reducido. Gracias a los datos aportados por la sonda Cassini, que orbita Saturno desde 2004, un equipo francés del Institut de méchanique céleste et de calcul des éphémérides y del laboratorio GeoAzur ha podido excluir dos zonas. El estudio se ha publicado en la revista Astronomy and Astrophysics.

Con su trabajo confirman que puede existir un noveno planeta en los confines de nuestro Sistema Solar. Basándose en un modelo matemático los principales autores de la investigación, Agnès Fienga y Jacques Lakar, han calculado qué influencia tendría -según la órbita que determinaron los científicos de Caltech- en el movimiento de otros planetas cuando pasa cerca de ellos.
En rojo, las zonas de búsqueda excluidas. En verde, la zona más probable. CNRS

La existencia de este planeta se predijo gracias a otro modelo matemático y unas simulaciones por ordenador que permitían explicar el extraño comportamiento de un grupo de planetas enanos localizados en el cinturón de Kuiper.

Se cree que la órbita de ‘Planeta nueve’ es un círculo ovalado, asimétrico y muy alargado. Desde su punto más alejado del Sol estaría demasiado lejos para ejercer ningún efecto detectable en otros planetas, por lo que limita la zona de búsqueda de los astrónomos a la mitad del total de la órbita.

El equipo francés ha reducido este área en un 50% al eliminar dos zonas en las que afirman que el modelo no se ajusta a la realidad. Y además afirman que se podría estrechar aún más si Cassini, que está previsto que finalice su misión el próximo año, continuase recopilando datos hasta el 2020.

En caso de que este planeta realmente exista, los astrónomos sostienen que puede llevar años hasta que se encuentre. Sería necesario utilizar un telescopio muy grande para divisarlo a esa distancia y además no hay una idea clara de en qué punto de su órbita estaría.

Hernán Cortés vs. Francisco Pizarro, la familia española que conquistó los grandes imperios de América


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  • Aunque tradicionalmente se ha considerado que ambos eran primos, en realidad su parentesco era de tío y sobrino, puesto que la línea de Cortés había corrido una generación más que la de Pizarro

 

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Retrato ecuestre de Frabcisco de Pizarro – Wikimedia

El coronel no tiene quien le escriba, tituló el americano Gabriel García Márquez una de sus obras más entrañables. Los conquistadores tampoco tienen quien los escriba. Su historia resulta políticamente incorrecta, y los países que contribuyeron a fundar no los reconocen como suyos. Pero incluso así, el caso de Francisco de Pizarro, conquistador del Perú, es más doloroso que otros. A diferencia del admirado Hernán Cortés, Pizarro y sus hermanos gozaron de escaso reconocimiento en el periodo que les tocó vivir. El carácter gris del extremeño y las sucesivas guerras civiles entre ellos no ayudaron, precisamente, a que Pizarro encontrase quien le escriba.

Hernán Cortés, el apuesto capitán

Cuando Pizarro comenzaba a gestar su leyenda hacía veinte años que Hernán Cortés había conquistado Tenochtitlan. Llovía sobre mojado. Cortés fue considerado el mayor héroe en Castilla por sus coetáneos, incluso por encima del militar más prestigioso del periodo, el Gran Capitán. «Fue en tanta estima el nombre solamente Cortés, así en todas las Indias como en España, como fue nombrado el nombre de Alejandro de Macedonia, y entre los romanos Julio César», escribió Bernal Díaz del Castillo, autor de «Historia verdadera de la conquista de la Nueva España». Cortés no era un hombre culto, pero sabía impresionar a la gente a través del verbo. Siendo uno de los encandilados el Emperador Moctezuma, que, en una mezcla de síndrome de Estocolmo y admiración sincera, mantuvo una extraña amistad con el hombre que pretendía derribar su imperio.

Valiéndose de la hostilidad que el Imperio azteca arrastraba entre las tribus vecinas, el extremeño fue capaz de aunar los esfuerzos de distintos jefes locales para abrirse paso por el norte de América, usando aquí la superioridad de las armas europeas para imponerse en el campo militar. No obstante, su gesta estuvo en todo momento acompañado de una cuidada propaganda, buscando así convencer a Carlos V de que la suya era su causa, y no la de su rival y superior, el gobernador de Cuba, que se enfrentó a Cortés durante la conquista de México.

Por lo mucho que le importaba su imagen, Cortés insistió en que su biografía la escribiera su capellán, Francisco López de Gómara. Como recuerda Henry Kamen en su libro «Poder y gloria: Los héroes de la España imperial» (Austral), en esta biografía el descubrimiento y conquista de América se presentaban como elogio triunfal de España y obra bendecida por el mismísimo Señor.

La imagen del héroe extremeño quedó grabada sobre toda una generación. También en el extranjero fue visto durante mucho tiempo como el estereotipo de héroe europeo. «Es el producto final de siglos de preparación para un esfuerzo colectivo de la voluntad humana», describe el historiador norteamericano W. L. Schurz en «This New World».

Francisco Pizarro, el cruel conquistador

Nada que ver con la imagen del gris Pizarro. Nacido en la localidad de Trujillo (Extremadura), Pizarro era un hijo bastardo de un hidalgo emparentado con Hernán Cortés de forma lejana, que combatió en su juventud junto a las tropas españolas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. Aunque tradicionalmente se ha considerado que ambos eran primos, en realidad su parentesco era de tío y sobrino, puesto que la línea de Hernán Cortés había corrido una generación más que la de Francisco Pizarro.

En 1502, el extremeño se trasladó a América en busca de fortuna y fama, no siendo hasta 1519 cuando participó de forma directa en un suceso relevante de la Conquista. Francisco Pizarro arrestó y llevó a juicio a su antiguo capitán, Vasco Núñez de Balboa, el primer europeo en divisar el océano Pacífico, por orden de Pedro Arias de Ávila, Gobernador de Castilla de Oro. El descubridor fue finalmente decapitado ese mismo año con la ayuda de la versión más oscura de Pizarro, la que alimenta en parte la antipatía histórica que sigue generando este personaje.

Francisco Pizarro arrestó y llevó a juicio a su antiguo capitán Vasco Núñez de Balboa, el primer europeo en divisar el océano Pacífico

Francisco Pizarro, de 50 años de edad, decidió unir sus fuerzas con las de Diego de Almagro, de orígenes todavía más oscuros que el extremeño, y con las del clérigo Hernando de Luque para internarse en el sur del continente en busca del otro gran imperio americano de su tiempo: los incas. Precedida por la viruela traída por los europeos en 1525, que había diezmado a la mitad de la población inca, la llegada de Francisco Pizarro a Perú fue el empujón final a un imperio que se tambaleaba a causa de las enfermedades, la hambruna y las luchas internas que enfrentaban a dos de sus líderes (Atahualpa y Huáscar) por el poder.

La inferioridad numérica de Pizarro no fue ningún obstáculo. ¿Cómo fue posible que tan pocos pudieran vencer a tantos? es la pregunta que ha causado fascinación en la comunidad de historiadores. «En Cajamarca matamos 8.000 hombres en obra de dos horas y media, y tomamos mucho oro y mucha ropa», escribió un miembro vasco de la expedición en una carta destinada a su padre. La superioridad tecnológica y lo intrépido del plan de Pizarro, cuyas intenciones no habían sido previstas por el emperador Atahualpa, al estimar a los españoles como un grupo minúsculo e inofensivo, obraron el milagro militar.

El secuestro y muerte de Atahualpa, que no llegó a ser liberado pese a que los incas pagaron un monumental rescate en oro y tesoros por él como había exigido Pizarro, marcó el principio del fin de este imperio. Sin embargo, lejos de la imagen de que el extremeño conquistó el Perú en cuestión de días, hay que recordar que la guerra todavía se prolongó durante toda una generación hasta que los últimos focos incas fueron reducidos.

Pizarro y la guerra de los conquistadores

Los conflictos internos entre los conquistadores, que enfrentaron a Pizarro y sus hermanos contra su otrora aliado, Diego de Almagro, enturbiaron todavía más la imagen de los conquistadores del Perú. Tras la derrota y ejecución de Almagro, en un nuevo giro de los acontecimientos, los partidarios del derrotado irrumpieron el 26 de junio de 1541 en el palacio de Pizarro en Lima y «le dieron tantas lanzadas, puñaladas y estocadas que lo acabaron de matar con una de ellas en la garganta, relata un cronista sobre el amargo final del conquistador extremeño. Las guerras civiles entre los conquistadores se prolongaron hasta finales del siglo XVI, convirtiendo a los Pizarro también en villanos a ojos de de la Corona.

Frente al encantador de serpientes de Cortés, que acudió a la Corte de Carlos V a contar sus hazañas, Pizarro no parecía hecho de la materia de que están hechos los héroes. Codicioso por naturaleza, cruel y dado a buscar su interés personal, o al menos así le recordó el mundo. Fue con el paso de los años cuando surgió la leyenda del humilde Pizarro: una persona sin privilegios que abandona la pobreza y engrosa las filas de la nobleza tradicional. Un héroe para el pueblo.

A lo largo de los siguientes siglos, Pizarro ganó en reputación. Los historiadores norteamericanos, que veían en los conquistadores a los precursores de sus grandes pioneros, elevaron a la categoría de esforzado héroe al extremeño. La primera biografía fiel de Pizarro la publicó el norteamericano William H. Prescott en su «History of the Conquest of Peru», quien consideraba que España había descuidado a uno de sus más famosos héroes: «Ningún español ha intentado escribir una historia de la conquista del Perú basada en documentos originales». La prueba de este descuido es que en Trujillo, su lugar de nacimiento, nadie hizo el menor intento de erigir una estatua al conquistador hasta la década de 1890.

Mientras España empezaba a recuperar a sus héroes levemente, Iberoamérica comenzaba a considerar a los conquistadores como genocidas que habían destruido las fértiles culturas previas a la llegada de los españoles. La Guerra de Cuba de 1898 sumó a EE.UU. a esta tendencia histórica contra los personajes españoles. Aquí, tanto Cortés como Pizarro, compartieron el mismo destino. Ni Perú ni México les aceptaron como los padres fundacionales de sus países.

Sobre tumbas, estatuas y biografías perdidas

Tras ser trasladados desde Europa los restos de Cortés a una iglesia de Ciudad de México en el siglo XVII, la independencia del país cambió radicalmente la imagen que tenían sobre él. A diferencia de otros países como Colombia, que sí conservó el culto a Benalcázar o Ecuador con Orellana –en un intento de dar sentido histórico a sus países–, la oposición a Cortés se mantuvo firmemente enraizada hasta el punto de que en la actualidad no hay ninguna estatua de cuerpo entero del conquistador en todo México.

Su tumba llegó a correr peligro. Poco después de la independencia, empezaron a correr pasquines que incitaban al pueblo a destruir el sepulcro. Previniendo la inminente profanación, las autoridades eclesiásticas decidieron desmontar el mausoleo y ocultar los huesos. En la noche del 15 de septiembre de 1823, los huesos fueron trasladados de forma clandestina a la tarima del altar del Hospital de Jesús y el busto y escudo que decoraban el mausoleo fueron enviados a la ciudad siciliana de Palermo.

Trece años después los restos cambiaron su ubicación a un nicho todavía más oculto, donde permanecieron en el olvido durante 110 años. El 9 de julio de 1947, tras un estudio de los huesos, Cortés fue enterrado de nuevo en la iglesia Hospital de Jesús con una placa de bronce y el escudo de armas de su linaje. La única estatua de Cortés erigida en territorio mexicano permanece junto a esta humilde tumba, cuya existencia se guarda de forma discreta en un país que, en su mayor parte, sigue sin asumir como positivo el papel que jugó el conquistador en su fundación.

El caso de Pizarro es casi idéntico. Durante un siglo se creyó que se habían exhumado y expuestos en un féretro de cristal los restos del extremeño. Sin embargo, a finales del siglo XX unos hombres descubrieron una caja de plomo en un nicho sellado de la catedral de Lima con la inscripción «aquí yace la cabeza del Señor Marqués don Francisco Pizarro, que descubrió y ganó los reinos del Perú y los puso en la Real Corona de Castilla». Un grupo de forenses confirmó que esos eran los restos auténticos, y no los que se homenajeaban desde 1892.

A partir de entonces Perú ha mostrado poco interés en homenajear o reivindicar la figura de Pizarro. A petición de las autoridades peruanas, una estatua del conquistador fue trasladada de Nueva York a Lima en 1934, lo cual se convirtió automáticamente en un foco de controversia. En 2003 las presiones de la mayoría indígena dieron como resultado que esta estatua ecuestre de Pizarro fuera llevada al depósito municipal, a la espera de encontrarle una nueva ubicación. Al año siguiente la colocaron, ya sin pedestal, en un parque rehabilitado del barrio de Rimac. La polémica promete seguir vigente.

Además, frente a las buenas biografías dedicadas a Cortés y a la conquista de México, los esfuerzos por escribir una obra amplia sobre la vida de Pizarro sigue siendo una asignatura pendiente tanto de la historiografía de Perú como la de España.

 

La leyenda del psiquiátrico abandonado de Navacerrada que nadie se atreve a reconstruir


ABC.es

  • El Hospital del Santo Ángel, también llamado de la Barranca, fue concebido como un sanatorio para tuberculosos

 

 Sanatorio de la Barranca, en Navacerrada - garajakania.blogspot

Sanatorio de la Barranca, en Navacerrada – garajakania.blogspot

El Sanatorio del Santo Ángel o de la Barranca, ubicado en Navacerrada, lleva veinte años abandonado sin que nadie se interese en su reconstrucción. Acaso por las connotaciones de su pasado como hospital psiquiátrico, por las innumerables leyendas que giran a su alrededor o, simplemente, por su inutilidad, se mantiene como una ruina inerte de hormigón en mitad de la montaña. Su apariencia siniestra, como sacado de una película de terror, tampoco ayuda. Su historia es similar a la de otros hospitales de la zona también abandonados y catalogados como una puerta al más allá.

La Barranca, construido en el valle homónimo sobre una superficie de unos 3.000 metros cuadrados, fue levantado en 1941 como un sanatorio para tuberculosos. Su situación en la Sierra de Guadarrama, como la de sus homólogos, se debía a que el aire de la sierra era óptimo para tratar esta enfermedad. Dependiente del Ministerio de Sanidad, funcionó hasta que las dolencias pulmonares remitieron gracias a los avances médicos. Así, abandonó su concepción original para convertirse en un centro psiquiátrico.

Cerrado definitivamente en 1995, la fecha marca el inicio de las numerosas leyendas que aportan un punto tenebroso a su ya de por sí fantasmagórica apariencia. Es difícil encontrar a alguien que conozca la zona y no haya escuchado alguna historia de terror sobre la Barranca. Existen para todos los gustos. Figuran testimonios que aseguran haber visto luces en los pasillos a través de sus ventanas sin cristales. También quien ha escuchado voces en mitad de la noche, gritos desagarrados de quienes estuvieron entre sus paredes. Quién sabe si los silbidos del viento han jugado una mala pasada.

Por si fuera poco, y seguramente por esta realidad atribuida, ha sido escenario de rituales satánicos y de contactos con el más allá. Los restos de las velas y las pintadas son el testigo de esta suerte de aquelarres. Por esto o por las psicofonías que otros testigos dicen conservar, lo cierto es que el hospital sigue cerrado, inútil, sin que nadie se atreva a reconstruirlo y darle una nueva vida.

 

Cuatro siglos desde la ‘herejía’ de Galileo


El Mundo

Óleo anónimo que representa el juicio a Galileo ante el Santo Oficio. ERICH LESSING

Óleo anónimo que representa el juicio a Galileo ante el Santo Oficio. ERICH LESSING

Hace 400 años, la Inquisición Romana censuró la teoría copernicana que postulaba que la Tierra se movía alrededor del Sol. Fue un acontecimiento clave que en buena medida separó Europa en dos realidades diferentes, de manera análoga como había ocurrido un siglo antes con la reforma protestante. El 24 de febrero de 1616, la Inquisición Romana aprobó dos proposiciones que censuraban la teoría heliocéntrica desarrollada por Nicolás Copérnico a mediados del siglo XVI. Negaban la centralidad del Sol (implícitamente que la Tierra orbitaba alrededor de aquél) y calificaban esta creencia como herética y absurda desde el punto de vista filosófico. Al día siguiente amonestaron a Galileo Galilei, uno de los científicos más reputados del continente, y le conminaron a abandonar el sistema copernicano. ¿Por qué se llegó a este punto y qué significó realmente?

En 1543 Copérnico publicó, en su lecho de muerte De Revolutionibus Orbium Coelestium o Sobre el movimiento de las esferas celestiales, un texto muy técnico en el que se proponía que era la Tierra la que se movía alrededor del Sol (en realidad alrededor de un punto muy cercano a éste). Ello implicaba que las estrellas se encontraban increíblemente distantes y modificaba el sistema cosmológico geocentrista que había imperado desde hacía más de 2.000 años, basado en las teorías de Aristóteles.

Curiosamente, parte de la jerarquía católica recibió la obra de manera positiva, quizás porque el nuevo sistema facilitaba el cálculo de las posiciones del Sol, la Luna y los planetas, y representaba una ventaja a la hora de determinar el momento de la Pascua, que ocurre después de la primera Luna llena tras el paso del Sol por el equinoccio de primavera (el inicio de la estación). Sin embargo, inicialmente figuras prominentes del movimiento reformista mostraron un rechazo frontal a la rompedora visión del cosmos. En cualquier caso, la teoría heliocéntrica quedó restringida a los círculos académicos y su efecto fue bastante reducido.

Décadas después, y tras la invención del telescopio, Galileo publicó una pequeña obra que estaría llamada a revolucionar el panorama científico y filosófico: Sidereus Nuncius o Mensajero sideral. En él se anunciaba el descubrimiento de montañas en la Luna y de numerosas estrellas no visibles a simple vista, que conformaban ese camino de apariencia lechosa llamado la Vía Láctea. Pero sobre todo anunciaba la existencia de cuatro satélites que orbitaban alrededor de Júpiter, hecho que rompía una de las premisas esenciales del geocentrismo: que todos los cuerpos celestes giraban alrededor de nuestro planeta.

Para hacernos una idea del impacto que esta nueva ventana tuvo, basta pensar en la reciente detección de las ondas gravitatorias, que también nos abren una original puerta para analizar fenómenos invisibles hasta este momento. Existe una diferencia esencial: mientras que éstas fueron predichas de manera brillante por Albert Einstein, los nuevos fenómenos que Galileo vio por primera vez fueron inesperados y rompieron de manera definitiva con el pasado.

Johannes Kepler, otro de los grandes revolucionarios científicos de inicios del siglo XVII reaccionó con un notable entusiasmo ante estos descubrimientos: “Dadme las naves y adaptadme las velas al viento celeste; habrá gente que no tendrá miedo ni siquiera de cara a aquella inmensidad. Y para estos descendientes que ya dentro de muy poco se aventurarán por estos caminos preparemos, oh Galileo, yo una astronomía lunar y tú una joviana.”

Así, Kepler y Galileo, a pesar de sus distintas confesiones religiosos (uno protestante y el otro católico), encontraron un terreno común: la verdad científica. Sin embargo, la sorpresa que recorrió Europa a raíz de estos descubrimientos no estuvo exenta de polémicas y terminó por provocar un encontronazo con la intelligentsia y la jerarquía eclesiástica. Por ello la comisión de teólogos consultores de la Inquisición Romana censuró la teoría heliocéntrica de Nicolás Copérnico y reafirmó la validez de la inmovilidad de la Tierra.

En realidad, el proceso fue algo más complicado. Comenzó el 19 de febrero con la propuesta de censura de una comisión de expertos, entre los cuales no había ningún astrónomo. Continuó con una reunión de la Congregación del Santo Oficio en la que se inició la amonestación a Galileo por orden del Papa Paulo V, realizada al día siguiente por el Cardenal Bellarmino (que también intervino en el proceso de Giordano Bruno, quien terminó en la hoguera), cuando se le prescribió que abandonase la opinión de que la Tierra se movía. El primero de marzo la Congregación del Índice prohibió una serie de libros relacionados con el heliocentrismo y su validez desde un punto de vista teológico, y se suspendió la obra de Copérnico hasta su «corrección».

Recordemos que la teoría heliocéntrica y el modelo matemático que la acompaña eran esenciales para calcular con precisión y sencillez los movimientos planetarios, y estaba relacionada con la reforma del calendario realizada en 1582, por lo que era extremadamente difícil prohibirla completamente. El decreto se publicaría el 5 de marzo.

Soslayando la amonestación, Galileo continuó con su lucha a favor del heliocentrismo con la publicación de Il saggiatore en 1623 y Diálogos sobre los dos máximos sistemas del mundo nueve años después. Experto en la ironía, usaría su pluma de maneras despiadada contra sus oponentes y los defensores del geocentrismo, granjeándose multitud de enemigos en diversos estamentos. Este último ensayo le puso en colisión directa con la Inquisición a pesar de que el texto había recibido su imprimatur o permiso de impresión. En 1634, tras un verdadero juicio en el que no se siguió el procedimiento legal de la Inquisición y en el que fue amenazado con la tortura, fue obligado a abjurar de sus creencias, tal y como refleja la obra teatral de Bertolt Brecht que se representa estos días en el Centro Dramático Nacional de Madrid.

Gracias a influyentes amigos, sólo fue condenado a arresto domiciliario en su casa de Florencia, de donde únicamente le sería permitido salir en contadas ocasiones. Aunque Galileo no susurró mientras abjuraba Eppur si muove («Y sin embargo se mueve»), el movimiento de la Tierra se probaría experimentalmente en 1729 por James Bradley mediante un efecto conocido como «aberración de la luz». Aún así, la obra heliocéntrica de Copérnico permanecería en el índice romano de libros prohibidos, el infame Index Librorum Prohibitorum et Expurgatorum, hasta el año 1835. A pesar de la persecución, su lucha por la verdad continuó y cuatro años después publicó Discurso y demostración matemática, en torno a dos nuevas ciencias, en el que fundamentó la física mecánica y que fue coup de grâce que desarmó completamente la visión aristotélica.

Así, el proceso inicial contra el heliocentrismo abrió una brecha entre la jerarquía católica, que hasta ese momento había estado profundamente implicada en la divulgación del conocimiento y el desarrollo científico. Y de manera casi simultánea, en los países protestantes se afianzó un modelo en el que la libre especulación y la difusión de la enseñanza incluso a estamentos de la sociedad poco favorecidos eran esenciales, fomentando así el desarrollo científico y económico, dos actividades íntimamente ligadas. Una dicotomía norte-sur que aun hoy en día no ha sido completamente cerrada.

Ahora honramos la libertad de pensamiento y de búsqueda de la verdad, y la vida y obra de una ingente cantidad de científicos e intelectuales que aún hoy en día pagan un precio extraordinario por defender estos derechos. En Oriente Medio vemos con ya demasiada frecuencia la eliminación del legado cultural que a todos pertenece mientras se acalla con métodos bárbaros a aquél que osa a traspasar los límites de la ortodoxia. Pero sin irnos lejos, en Occidente la ciencia y la cultura parece que se encorsetan, sin dejar sitio a la libre especulación que nos depara sorpresas.

Precisamente en este centenario de la Teoría de la Relatividad General de Einstein es posible preguntarse si una figura así, que se desarrolló en la oscuridad de una oficina de patentes, podría aparecer en la actualidad, dada la presión de la burocracia, que empuja hacia ciertas líneas del conocimiento consideradas útiles, y la imperiosa exigencia de publicar en el mundo académico. La discriminación por motivos de orientación sexual o genero sigue siendo patente, con salarios menores para las mujeres o con carreras científicas más difíciles. Mientras tanto, los ciudadanos nos asentamos en un conformismo desolador: devoradores de tecnología consumista, sin verdaderamente entender el cómo de las cosas, y mucho menos plantearnos el porqué. La actitud crítica, sobre todo la que examina nuestras propias actitudes y creencias, brilla por su ausencia.

Así que estas fechas son un momento para la reflexión y para celebrar también el bienestar que este conocimiento nos aporta: una sociedad que invierte en educación e investigación es una sociedad que realmente cree en un futuro de ciudadanos libres que disfrutan de las mismas oportunidades.

(*) David Barrado Navascués es investigador del Departamento de Astrofísica del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA).

Un submarino nazi y un barco español del siglo XVI, víctimas del vertido de petróleo de BP en el Golfo de México


ABC.es

  • Son algunos de los 2.000 pecios cuya corrosión se ha acelerado a causa del desastre ambiental que en 2010 supuso la liberación al Atlántico de casi 800.000 toneladas de crudo
  • Según un estudio de la Unión de Geofísica Americana (AGU), este evento alteró las comunidades de microorganismos que vivían en el entorno de estos restos

 

 Imagen trideimensional del U-166, un submarino alemán hundido en 1942 - BOEM/C&C Technologies, Inc

Imagen trideimensional del U-166, un submarino alemán hundido en 1942 – BOEM/C&C Technologies, Inc

Los mares y océanos esconden bajo sus aguas una historia terrible de batallas, tormentas y naufragios. Pero alrededor de las naves hundidas, tristes y solitarias, la naturaleza ha sido capaz de tejer un sorprendente tapiz de vida sobre las cuadernas y los cañones navales. Si los pecios son muchas veces la tumba de marinos, son también un oasis de vida en las profundidades abisales, en los que crecen microorganismos, anémonas, corales y crustáceos.

Pero el ser humano no solo deja barcos hundidos en los océanos. Un estudio elaborado por científicos de la Unión de Geofísica Americana y la Sociedad Oceanográfica, entre otros, ha llegado a la conclusión de que el vertido de petróleo del Golfo de México, ocurrido en 2010 y bajo la responsabilidad de BP, no solo causó una degradación gravísima de los ecosistemas, sino que además aceleró la corrosión de multitud de naufragios en la región. En total, los investigadores han calculado que podría haber 2.000 pecios afectados.

«Estamos llenando un enorme vacío en nuestro conocimiento científico sobre el impacto que tuvo este vertido», ha dicho Melanie Damour, coautora del estudio y arqueóloga marina del «Bureau of Ocean Energy Management», en Nueva Orleans. Ese conocimiento, presentado este lunes en el «2016 Ocean Sciences Meeting» podría ayudar, en opinión de los investigadores, a usar los pecios como «termómetros» del estado de las profundidades océanicas.

Los investigadores aseguran que, cuatro años después de la catástrofe ambiental, los cuatro millones de barriles de petroleo vertidos en el accidente del Golfo de México seguían influyendo en estos ecosistemas tan especiales. Según su estudio, el dispersante usado para limpiar el vertido de petroleo alteró las comunidades microbianas, lo que también afectó a otras formas de vida que medran en esos lugares, como son los corales, los cangrejos y los peces. Además, la exposición al crudo aumentó la velocidad de degradación de los cascos metálicos de los barcos.

«Los microbios que viven en esos ecosistemas de aguas profundas, consiguen que la vida se desarrolle en unas condiciones lujosas, aunque se trate de un lugar frío y oscuro alejado permanentemente de la luz», ha dicho Leila Hamdan, ecóloga microbiana de la «George Mason University, en Virginia (Estados Unidos). «Si la actividad humana en el océano puede alterar estas comunidades tan extremadamente importantes, debemos saber cómo».

Cementerios y oasis marinos

Desde 2014, los investigadores han estado estudiando los efectos del vetido de la plataforma «Deepwater Horizon» sobre las comunidades de microorganismos que vivían sobre los pecios del Golfo de México. Estos iban desde el U-166, un submarino alemán de la Segunda Guerra Mundial, a un barco español del siglo XVI y a naves de la época de la Guerra Civil Americana. Aparte del valor histórico de estos restos, los científicos destacan su importancia como arrecifes artificiales capaces de albergar complejos y ricos ecosistemas.

Aparte de estudiar la composición y dinámica de los ecosistemas, el equipo usó modernas ténicas de láser en 3-D y de sonar para obtener imágenes en alta resolución de las naves, para estimar su estado de conervación. Así, por ejemplo, se comprobó que el U-166 estaba más enterrado en los sedimentos de lo que lo estaba en 2001, cuando fue descubierto.

«Estas son piezas de la historia colectiva del ser humano que merece la pena proteger», ha dicho Melanie Damour, quien también recordó que algunos de esos barcos conservan aún restos humanos. «Estamos preocupados por el hecho de que la degradación acelerada de esos sitios cause una pérdida de información que nunca podremos recuperar».

Los investigadores esperan que entender mejor el funcionamiento de estos ecosistemas ayudará a proteger tanto a los animales que ahí viven como a los propios barcos.

 

La triste historia de dos amigos que acabó nombrando una calle de Madrid


ABC.es

  • Gabino y Guillén, dos niños huérfanos de la Edad Media, llevaron su amistad más allá de la vida

 

 Cuadro de los los santos niños Justo y Pastor conducidos al martirio del pintor José del Castillo - ABC

Cuadro de los los santos niños Justo y Pastor conducidos al martirio del pintor José del Castillo – ABC

Gabino y Guillén no tuvieron una vida fácil. Cerca de la fuente de Leganitos, en los terrenos que hoy ocupa la Plaza de España, existía en tiempos de Enrique III de Castilla un par de haciendas fértiles ligadas a la historia de estos dos niños. En 1390 murió Aparicio Guillén, padre de Gabino. Durante el velatorio, el prior de San Martín descubrió que la familia había alquilado plañideros judíos. Una práctica común, pero prohibida desde hacía diez años, que dejó sin un diezmo de la herencia al huérfano. Su madre tuvo que recomprar las tierras para garantizar un futuro al pobre Gabino. Un tiempo después, éste se quedó huérfano definitivamente.

Justo al lado de sus tierras estaban las de otro huérfano, Guillén. Entablaron una amistad y comenzaron a compartir su desdicha, pero también todo cuanto poseían. Ayudaban a sus ancianos criados con los cultivos y las cosechas. «No había ni tuyo ni mío, lo producido era de ambos», recogió Antonio Capmany en 1883 en el libro Origen Histórico y Etimológico de las Calles de Madrid. Paseaban juntos y comían en la misma mesa.

En los días festivos acudían a misa a la primitiva capilla de San Justo y Pastor, hoy desaparecida. Gabino y Guillén admiraban la historia de los niños mártires que daban nombre al templo y pronto se ganaron el cariño del venerable Pedro, capellán de la ermita.

Una terrible tormenta

Cuando todo parecía sonreír a los dos amigos, una terrible tormenta acabó con el esplendor de sus huertas sobre la fuente de Leganitos. La nube descargó con tanta fuerza que destruyó los árboles de las haciendas. Los rayos fueron tan violentos que el destello de uno de ellos dejó ciego a un hortelano.

El capellán decidió entonces recoger a ambos niños y los matriculó en el colegio de la Doctrina, una institución parecida al posterior colegio de huérfanos de San Ildefonso –célebre por la Lotería de Navidad–. Mientras que los educaba, el venerable Pedro trató de reconstruir el paraíso de los pequeños Gabino y Guillén. Pero desgraciadamente, el primero de ellos murió en el colegio y no llegó a ver de nuevo sus preciadas huertas.

Guillén volvió a su casa ya sin su inseparable compañero. La melancolía le invadió hasta tal punto que dejó de trabajar las tierras que tanta satisfacción habían proporcionado a los dos amigos. Se refugió en la capilla de San Justo y San Pastor, donde pasaba las horas rezando por su compañero de aventuras. Allí consumió su vida poco a poco, meditabundo y triste, hasta que murió de «melancolía».

El capellán heredó las tierras y, en honor a los dos niños, llamó a la hacienda la de los «Dos Amigos». El nombre perduró hasta que los terrenos fueron urbanizados y la calle también homenajeó a Gabino y Guillén.