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  • Hallazgo a 100 kilómetros de Londres
Anillo de la edad de hierro tardía que probablemente fue parte de una cinta para cargar la espada al hombro. CAMBRIDGE ARCHEOLOGY UNIT

Anillo de la edad de hierro tardía que probablemente fue parte de una cinta para cargar la espada al hombro. CAMBRIDGE ARCHEOLOGY UNIT

Hasta Catalina de Aragón se ha removido en su tumba de la Catedral de Peterborough al conocer la noticia. En una cantera en las afueras de la ciudad británica, unos cien kilómetros al norte de Londres, han aparecido los restos increíblemente conservados de dos casas construidas hace 3.000 años, en plena Edad de Bronce. Las construcciones redondas, con paredes de zarzos y techo de paja, fueron al parecer levantadas sobre plataformas de madera sostenidas con pilotes a orillas del río Nene.

Un fuego repentino las destruyó parcialmente, pero se hundieron en el limo fluvial, que preservó su interior con el mismo celo que la capa de cenizas que se extendió sobre Pompeya. La Pompeya de Peterborough, como ya la han bautizado, es muy anterior pues a la llegada de los romanos a las islas británicas. Estamos hablando aún de la prehistoria, del Bronce tardío. La comparación con la ciudad a los pies del Vesuvio, sepultada por la erupción del volcán en el año 79 después de Cristo, se debe a la sensación de momento congelado en el tiempo que ha sorprendido a los arqueólogos.

«Más que arqueólogos, nos hemos sentido como antropólogos», confiesa Mark Knight, de la Universidad de Cambridge, director de la excavación. «Casi todo estaba en su sitio en el interior de las casas y nos hemos sentido como intrusos, entrando en una casa medio quemada para llevarnos lo que había dentro».

Y dentro había joyas, vestidos, vasijas, puntas de lanza y otras armas, y restos de vacas, ovejas, ciervos y perros salvajes, y hasta restos de comidas -del típico porridge de cereales a un estofado de ortigas- pegados al fondo de los cuencos. «Digamos que un fuego dramático, hace 3.000 años, sirvió para congelar un extraordinario momento en el tiempo», declaró a The Times Duncan Wilson, director ejecutivo de Historic England, que ha celebrado la Pompeya de Peterborough como uno de los descubrimientos arqueológicos de la década. «Nos estamos realmente asomando a cómo era la vida diaria en la Edad del Bronce».

A diferencia de Pompeya, en las casas de Peterborough (dos de momento, aunque podrían haber otras tres) no hay más restos humanos que un cráneo. Son de un tamaño considerable y se estima que entre 50 o 100 personas pudieron encontrar cobijo en su interior. Todo hace pensar que el fuego repentino pudo haber sido incluso provocado por sus ocupantes, antes de moverse a otro asentamiento. O que salieron huyendo ante una amenaza imprevista. «Estamos hablando de un mundo lleno de espadas y lanzas, no muy amigable que digamos», advierte el arqueólogo Mark Knight.

Hasta las casas se llegaba seguramente en canoas como las nueve aparecidas en otra excavación cercana a Must Farm, como se llama la cantera de los prodigios, donde está emergiendo desde hace cinco años la Edad del Bronce. Las construcciones redondas se levantaban sobre una plataforma de madera de fresno, sostenida por pilotes sobre el terreno pantanoso.

Al poco de arder, se hundieron sobre el agua y el barro, que preservó los restos hasta el descubrimiento de esta semana, al cabo de unos 3.000 años. «Lo habitual es encontrar un poco de cerámica e intentar reconstruir toda una civilización a partir de ahí», advierte Mark Knight. «Pero aquí hemos encontrado de todo. Vamos a ser capaces de saber cómo vestían, cómo cocinaban y hasta qué comían». Los restos de ganado en el interior permiten sugerir que llevaban una dieta carnívora, pese al hallazgo en una excavación cercana de lo que parecen ser trampas para pescar anguilas. Knight está convencido de que estamos ante un grupo de pobladores «ricos», en comparación con otros vestigios de la Edad del Bronce hallados en las islas británicas: «Si el baremo de la riqueza es la prosperidad material, digamos que los abalorios, los objetos de metal, los tejidos, las cerámicas y todas las otras herramientas halladas nos permiten sugerir que eran bastante prósperos».

Las excavaciones en Must Farm durarán en principio hasta el mes de mayo, cuando se podrá tener una visión más completa de la supuesta Pompeya de la Edad del Bronce. David Shariatmadari, en las páginas de The Guardian, previene contra la fácil tentación de los británicos de mirar hacia Italia a la luz de cualquier descubrimiento arqueológico: «Tenemos la Pompeya del norte en Binchester, la Pompeya de Escocia en Skara Brae, en las Islas Orcadas, y la Pompeya inglesa en Vindolanda, junto al Muro de Adriano».

«Si tuviéramos tantas Pompeyas, nadie se molestaría en ir a Italia», sentencia Shariatmadari, que insiste además en lo engañoso de la comparación: «No estamos hablando de ruinas romanas, sino de restos del la Edad de Bronce. Estamos de hecho ante un descubrimiento que puede arrojar mucha luz sobre cómo se vivía en estas islas antes del nacimiento de Cristo. Y en ese sentido, es cierto que estamos ante un hallazgo que puede revolucionar nuestra manera de entender la Edad del Bronce en nuestras tierras, de la misma manera que las excavaciones a la sombra del Vesuvio sirvieron para reconstruir la vida bajo el Imperio Romano».

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