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  • Existen en el mundo 15.695 cabezas nucleares, de las cuales 7.500 pertenecen a Rusia y 7.100 a EE.UU, según los datos del Centro Ploughshares
  • El conocido como el reloj del «Juicio Final» fue adelantado en enero del año pasado a tres minutos del Apocalipsis. Falta por saber si los ensayos de Corea del Norte provocan cambios este año

 

 La prueba «Castle Bravo» con una potencia de 15 megatones (Bikini, 1954). - Wikimedia

La prueba «Castle Bravo» con una potencia de 15 megatones (Bikini, 1954). – Wikimedia

La mayor amenaza nuclear estuvo en los albores de esta tecnología. A principios de la década de 1950, los Estados Unidos desarrollaron por primera vez una bomba termonuclear –borrando en las pruebas iniciales un islote del Océano Pacífico llamado Eniwetok–, y la URSS replicó con su propia bomba H. El conocido como Reloj del Apocalipsis o del «Juicio final» marcó en ese momento su punto de máximo riesgo, 23:58: a dos minutos del desastre mundial. Hoy estamos a tres minutos, como si el fantasma de la Guerra Fría hubiera regresado; y a falta de saber si las manecillas avanzarán también este año haciéndose eco de los coqueteos coreanos con la bomba H.

El Reloj del Apocalipsis marcó así su máxima 1953, a solo dos minutos del «Juicio Final»

La idea de crear un reloj simbólico para representar la creciente amenaza nuclear surgió en 1945, cuando un grupo de investigadores que trabajaban en el Proyecto Manhattan en la Universidad de Chicago creó la revista «The Bulletin of Atomic Scientists». La primera representación del reloj, no obstante, tuvo lugar en 1947. El cofundador de la revista, Hyman Goldsmith, pidió a la esposa de un psicólogo del Proyecto Manhattan, Martyl Langdorf, la creación de un diseño de portada para la revista con este peculiar reloj. Su plan era repetir la imagen cada mes con un color de fondo distinto y con las manecillas del reloj marcando 7 minutos antes de medianoche. Martyl pretendía que la noche representara las puertas de la destrucción del mundo.

1984, la última vez que el reloj estuvo a 3 minutos

Mover el minutero para adaptarlo a las distintas circunstancias políticas fue una decisión tomada en 1949, a modo de denuncia por la proliferación imparable de armas cada vez más destructivas. El Reloj del Apocalipsis marcó así su máxima en 1953, a solo dos minutos del «Juicio Final», siendo el desarrollo de las poderosas bombas termonucleares la principal causa de la amenaza. Durante un ensayo en 1961, los soviéticos lanzaron sobre el Ártico una enorme bomba con una potencia casi 3.800 veces superior a la de Hiroshima: «la Bomba del Zar».

En las siguientes décadas, sin embargo, los EE.UU. y la URSS ralentizaron su carrera armamentística firmando el «Tratado de Limitación de Armas Estratégicas» (SALT) y el «Tratado de Misiles Antibalísticos» (ABM). En 1972, los editores de la revista rebajaron la hora del reloj hasta las 23:48.

Pero la década de los años ochenta trajo consigo la vuelta de las tensiones, así como la llegada de nuevos miembros al club de poseedores de armas nucleares. Con el boicot de la URSS a los Juegos Olímpicos de 1984 de Los Ángeles y el programa de defensa conocido como La Guerra de las Galaxias, se interrumpió por completo el diálogo entre las dos superpotencias. La comunidad científica temió un acelerón en la carrera armamentística y la Junta Directiva del Boletín decidió que eran las 23:57 antes del «Juicio Final». Cientos de nuevas bombas nucleares estaban en proceso de fabricación.

Ronald Reagan, impulsor de La Guerra de las Galaxias, y su vicepresidente George H. W. Bush

Ronald Reagan, impulsor de La Guerra de las Galaxias, y su vicepresidente George H. W. Bush

El buen entendimiento entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov disminuyó la situción de alerta roja. Desde entonces el reloj mantuvo una tendencia a la baja que el cambio de milenio y la irrupción del terrorismo internacional han trastocado. La posibilidad de un ataque terrorista nuclear debido a la cantidad de armas y material nuclear que no están bajo control y en paradero desconocido por todo el mundo ha ido elevando el riesgo de Apocalipsis nuclear en la última década a niveles prebélicos. Eso a pesar de los sucesivos acuerdos alcanzados entre EE.UU y Rusia para limitar sus arsenales.

En 2015, el reloj avanzó hasta las 23:57, o lo que es lo mismo: retrocedió hasta la época de la Guerra Fría. La comisión especial de científicos que actualiza el reloj del Apocalipsis, formada por 18 Premios Nobel, achacó la decisión al cambio climático y a cuestiones medioambientales pero también, una vez más, a la modernización de las armas nucleares y al aumento de estas en naciones de Oriente Medio.

Cuando una bomba H estalla se producen explosiones químicas, nucleares y termonucleares en un lapso de tiempo infinitesimal

El número de miembros del club de países con capacidad nuclear ha registrado un goteo lento pero constante desde que Estados Unidos abriera sus puertas. Le siguió la Unión Soviética (siendo Rusia la heredera de todo su arsenal nuclear, tras la descomposición de aquella), Reino Unido (con ayuda de EE.UU.), Francia y, luego, China. Los cinco se sientan de forma permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y son los supuestos garantes de la paz mundial. Pero no ocurre igual con los países que, con ayuda oficial o extraoficial, han desarrollado este tipo de armas: Israel, India, Paquistán y Corea del Norte, que el pasado día de Reyes anunció que había hecho estallar una bomba de hidrógeno, también llamada bomba termonuclear. Una tecnología al alcance de todas las potencias nucleares, pero que sólo Estados Unidos, Rusia y, probablemente, China han desarrollado plenamente. En este sentido, los expertos creen que esta cuarta prueba nuclear de Corea del Norte no es una bomba de hidrógeno, sino más bien una bomba de fisión acelerada, el paso intermedio entre la atómica y la de hidrógeno. Será cuestión de tiempo que Kim Jong-un se haga con una bomba H completamente operativa.

Estas armas termonucleares se basan en el principio de la fusión nuclear (en vez de en la fisión) y libera una energía superior a las temperaturas y a las presiones solares. Cuando una bomba H estalla se producen explosiones químicas, nucleares y termonucleares en un lapso de tiempo infinitesimal, lo que se traduce en una tecnología capaz de hacer desaparecer con una sola cabeza nuclear una capital europea del tamaño de París o Londres.

Según los datos del Centro Ploughshares, existen en el mundo 15.695 cabezas nucleares –aunque la cifra exacta es imposible de determinar–, de las cuales 7.500 pertenecen a Rusia y 7.100 a EEUU. En cualquier caso, el número de cabezas atómicas es hoy menos del 25% del que había en el momento álgido de la Guerra Fría, a mediados de la década de los ochenta. Según analizaba entonces el investigador Jesús Torquemada en su obra «Armas nucleares» (Iepala, 1985), las dos partes habían sobrepasado ya «la capacidad de aniquilar al adversario y, de paso, poner en peligro toda la vida en el planeta».

El arsenal actual y los submarinos indetectables

Si bien las potencias nucleares pequeñas pueden causar un nivel de destrucción muy alto (Francia tiene 300 cabezas nucleares, China 250, Reino Unido 225, Paquistán 130, India 110, Israel 80 y Corea del Norte 15), la capacidad de las dos superpotencias es centenares de veces mayor. Allá por los años ochenta, Torquemada calculaba la capacidad de los arsenales de ambos países en «el equivalente a que cayeran 746.000 bombas de Hiroshima (solo incluyendo su armamento estratégico)».

Más allá del número o la potencia, el perfeccionamiento de este tipo de armas desde los años ochenta ha evolucionado, sobre todo, en lo referido a la forma en la que son lanzadas las bombas. Los submarinos nucleares americanos herederos de la Guerra Fría, como el caso de la clase Ohio, pueden llevar cada uno más de 200 bombas de Hidrógeno. No en vano, el mando de la Marina de Guerra de EE.UU. llegó hace pocos años a un acuerdo con General Electric para desarrollar un nuevo tipo de submarino nuclear estratégico con todavía más capacidad.

La sofisticación en estas armas y los ensayos de Corea del Norte podrían llevar al comité del Boletín de Científicos Atómicos, que se reúnen dos veces al año, a realizar un nuevo adelanto en las manecillas del reloj del «Juicio Final» como hicieron el año pasado precisamente a finales de enero. Tampoco sería extraño que el reloj se quedara como esta, a las 23:57, o que incluso retrocediera ante la noticia del levantamiento de sanciones en Irán. «Bajo el acuerdo nuclear del año pasado, nosotros y nuestros aliados hemos garantizado que Irán jamás echará mano de una bomba atómica», afirmó Obama este pasado domingo.

 

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