Los tesoros de la ‘Pompeya británica’


El Mundo

  • Hallazgo a 100 kilómetros de Londres
Anillo de la edad de hierro tardía que probablemente fue parte de una cinta para cargar la espada al hombro. CAMBRIDGE ARCHEOLOGY UNIT

Anillo de la edad de hierro tardía que probablemente fue parte de una cinta para cargar la espada al hombro. CAMBRIDGE ARCHEOLOGY UNIT

Hasta Catalina de Aragón se ha removido en su tumba de la Catedral de Peterborough al conocer la noticia. En una cantera en las afueras de la ciudad británica, unos cien kilómetros al norte de Londres, han aparecido los restos increíblemente conservados de dos casas construidas hace 3.000 años, en plena Edad de Bronce. Las construcciones redondas, con paredes de zarzos y techo de paja, fueron al parecer levantadas sobre plataformas de madera sostenidas con pilotes a orillas del río Nene.

Un fuego repentino las destruyó parcialmente, pero se hundieron en el limo fluvial, que preservó su interior con el mismo celo que la capa de cenizas que se extendió sobre Pompeya. La Pompeya de Peterborough, como ya la han bautizado, es muy anterior pues a la llegada de los romanos a las islas británicas. Estamos hablando aún de la prehistoria, del Bronce tardío. La comparación con la ciudad a los pies del Vesuvio, sepultada por la erupción del volcán en el año 79 después de Cristo, se debe a la sensación de momento congelado en el tiempo que ha sorprendido a los arqueólogos.

«Más que arqueólogos, nos hemos sentido como antropólogos», confiesa Mark Knight, de la Universidad de Cambridge, director de la excavación. «Casi todo estaba en su sitio en el interior de las casas y nos hemos sentido como intrusos, entrando en una casa medio quemada para llevarnos lo que había dentro».

Y dentro había joyas, vestidos, vasijas, puntas de lanza y otras armas, y restos de vacas, ovejas, ciervos y perros salvajes, y hasta restos de comidas -del típico porridge de cereales a un estofado de ortigas- pegados al fondo de los cuencos. «Digamos que un fuego dramático, hace 3.000 años, sirvió para congelar un extraordinario momento en el tiempo», declaró a The Times Duncan Wilson, director ejecutivo de Historic England, que ha celebrado la Pompeya de Peterborough como uno de los descubrimientos arqueológicos de la década. «Nos estamos realmente asomando a cómo era la vida diaria en la Edad del Bronce».

A diferencia de Pompeya, en las casas de Peterborough (dos de momento, aunque podrían haber otras tres) no hay más restos humanos que un cráneo. Son de un tamaño considerable y se estima que entre 50 o 100 personas pudieron encontrar cobijo en su interior. Todo hace pensar que el fuego repentino pudo haber sido incluso provocado por sus ocupantes, antes de moverse a otro asentamiento. O que salieron huyendo ante una amenaza imprevista. «Estamos hablando de un mundo lleno de espadas y lanzas, no muy amigable que digamos», advierte el arqueólogo Mark Knight.

Hasta las casas se llegaba seguramente en canoas como las nueve aparecidas en otra excavación cercana a Must Farm, como se llama la cantera de los prodigios, donde está emergiendo desde hace cinco años la Edad del Bronce. Las construcciones redondas se levantaban sobre una plataforma de madera de fresno, sostenida por pilotes sobre el terreno pantanoso.

Al poco de arder, se hundieron sobre el agua y el barro, que preservó los restos hasta el descubrimiento de esta semana, al cabo de unos 3.000 años. «Lo habitual es encontrar un poco de cerámica e intentar reconstruir toda una civilización a partir de ahí», advierte Mark Knight. «Pero aquí hemos encontrado de todo. Vamos a ser capaces de saber cómo vestían, cómo cocinaban y hasta qué comían». Los restos de ganado en el interior permiten sugerir que llevaban una dieta carnívora, pese al hallazgo en una excavación cercana de lo que parecen ser trampas para pescar anguilas. Knight está convencido de que estamos ante un grupo de pobladores «ricos», en comparación con otros vestigios de la Edad del Bronce hallados en las islas británicas: «Si el baremo de la riqueza es la prosperidad material, digamos que los abalorios, los objetos de metal, los tejidos, las cerámicas y todas las otras herramientas halladas nos permiten sugerir que eran bastante prósperos».

Las excavaciones en Must Farm durarán en principio hasta el mes de mayo, cuando se podrá tener una visión más completa de la supuesta Pompeya de la Edad del Bronce. David Shariatmadari, en las páginas de The Guardian, previene contra la fácil tentación de los británicos de mirar hacia Italia a la luz de cualquier descubrimiento arqueológico: «Tenemos la Pompeya del norte en Binchester, la Pompeya de Escocia en Skara Brae, en las Islas Orcadas, y la Pompeya inglesa en Vindolanda, junto al Muro de Adriano».

«Si tuviéramos tantas Pompeyas, nadie se molestaría en ir a Italia», sentencia Shariatmadari, que insiste además en lo engañoso de la comparación: «No estamos hablando de ruinas romanas, sino de restos del la Edad de Bronce. Estamos de hecho ante un descubrimiento que puede arrojar mucha luz sobre cómo se vivía en estas islas antes del nacimiento de Cristo. Y en ese sentido, es cierto que estamos ante un hallazgo que puede revolucionar nuestra manera de entender la Edad del Bronce en nuestras tierras, de la misma manera que las excavaciones a la sombra del Vesuvio sirvieron para reconstruir la vida bajo el Imperio Romano».

El caso de la mega estructura alienígena sigue abierto


ABC.es

  • Los cometas no pueden explicar las misteriosas oscilaciones en la luminosidad de la estrella KIC 8462852

 

 Las extrañas oscilaciones de luminosidad de la estrella han llevado a pensar en una gigantesca estructura alienígena - SETI

Las extrañas oscilaciones de luminosidad de la estrella han llevado a pensar en una gigantesca estructura alienígena – SETI

El asunto parecía resuelto, pero no es así. El caso de la estrella KIC 8462852, esa que podría tener a su alrededor una “mega estructura extraterrestre”, sigue abierto. Un equipo de astrónomos, en efecto, ha refutado ahora la teoría de que sus extrañas oscilaciones de brillo se deban a un enjambre de cometas.

El pasado mes de octubre, los astrónomos quedaron asombrados por el descubrimiento de unas extrañas oscilaciones en la luminosidad de una estrella que se encuentra a “solo” 1.500 años luz de la Tierra, entre las constelaciones de Cygnus y Lyra. Normalmente, cuando un planeta pasa por delante de una estrella, la oscurece ligeramente y su luminosidad, por lo tanto, se reduce. Muchos telescopios terrestres utilizan estos cambios precisamente para localizar nuevos mundos. Sin embargo, en estos casos la variación luminosa suele ser muy pequeña, e incluso los mayores planetas detectados hasta ahora apenas si suponen un oscurecimiento del 1% de la luz estelar. Pero el caso de KIC 8462852 era muy diferente, ya que su luminosidad se reduce hasta en un 22%. Lo cual sugiere que algo muy, pero que muy grande, debe de cruzar en ocasiones delante de ella.

Y lo que es más, las variaciones en el brillo de la estrella no tienen un patrón regular, sino que se producen de forma aleatoria e imprevisible. Lo cual supone otra objeción a la hipótesis planetaria, ya que los planetas suelen tener órbitas regulares y por lo tanto, pasan por delante de la estrella a intervalos precisos de tiempo.

A partir de ese momento, surgieron toda clase de hipótesis para tratar de explicar el fenómeno. Entre ellas la de una posible “mega estructura” extraterrestre, un artefacto construido por una hipotética civilización avanzada para, probablemente, obtener energía de la estrella. La idea, aunque no aceptada, sí que fue considerada como “plausible” por más de un investigador.

Por supuesto, los científicos empezaron a buscar explicaciones alternativas. Y ante la imposibilidad de que el extraño patrón luminoso fuera provocado por un planeta, la mejor explicación fue que podría deberse a una densa nube de cometas que tuviera una órbita errática alrededor de KIC 8462852, levantando a su alrederor el polvo suficiente como para justificar el oscurecimiento detectado.

Pero un nuevo análisis llevado a cabo por Bradley Schaefer, astrónomo de la Universidad Estatal de Louisiana, que ha analizado al detalle los últimos cien años de la historia de la estrella, demuestra que la hipótesis de los cometas es igual de inverosimil que cualquiera de las demás. Incluída la de la posible “mega estructura” alienígena. El trabajo de Schaefer se publica en arXiv.org.

Demasiados cometas

Pero recapitulemos. El pasado mes de octubre, la explicación de la nube de cometas parecía la más lógica. Alguna otra estrella podría haber pasado lo suficientemente cerca de KIC 8462852 como para desestabilizar su sistema. Y la fuerza gravitatoria de esa segunda estrella podría haber causado que una gran masa de cometas saliera disparada en todas direcciones, como un enjambre de abejas cuyo panal estuviera siendo destruido.

En teoría, y basándonos en lo que sabemos de KIC 8462852, la explicación, aunque algo forzada, podía tener sentido. En septiembre del pasado año, y un mes antes de que astrónomos de la Universidad de Pennsylvania pusieran sobre el tapete la idea de la estructura alienígena, el descubridor del inusual oscurecimiento (Tabetha Boyajian, de la Universidad de Yale) reconstruyó la historia de la estrella durante los últimos cien años a partir de todas las placas fotográficas disponibles, en busca de un patrón similar en el pasado reciente, pero no encontró nada.

Ahora, Schaefer y su equipo han revisado esos datos usando un método diferente de análisis, y se han dado cuenta de que, entre 1890 y 1989, el brillo de KIC 8462852 se ha ido reduciendo gradualmente, hasta un 20%. “Este efecto -explica el investigador, es muy pequeño y no resulta evidente”.

En definitiva, Schaefer calculó que para que ese oscurecimiento del 20% se produjera, se necesitarían, ni más ni menos, que unos 648.000 cometas (uno a cada 200 km,) hubieran pasado por delante de KIC 8462852, lo que es del todo inverosimil. “La idea de los cometas -continúa Schaefer- era razonable y se extendió como la mejor de las propuestas, aunque sabiendo que todas ellas eran muy pobres. Pero ahora tenemos una refutación de esa idea y, de hecho, de todas las demás ideas publicadas”.

Lo cual supone que es necesario volver al principio, y reconocer que, por ahora, seguimos sin tener la más remota idea de qué está pasando en realidad en KIC 8462852. Y a pesar de que el propio Schaefer sigue insistiendo en el hecho de que cualquier megaestructura alienígena debería de estar irradiando calor, y que ese calor no aparece por ninguna parte en las observaciones en infrarrojos de la estrella, la idea de los extraterrestres vuelve a tener el campo libre.

“Cualquiera de nuestras ideas tiene algún problema escondido -asegura el investigador a New Scientist-. Necesitamos que algún teórico ponga encima de la mesa alguna otra propuesta”.

De lo que no cabe duda es de que los científicos seguirán buscando una explicación convincente. Así funciona la Ciencia, proponiendo y refutando ideas hasta que se da con la correcta. En el caso de KIC 8462852, la historia sigue, pues, abierta. Y habrá que estar muy pendientes de sus próximos capítulos…

 

¿Está el mundo más cerca que nunca del Apocalipsis nuclear?


ABC.es C_Cervera_M

  • Existen en el mundo 15.695 cabezas nucleares, de las cuales 7.500 pertenecen a Rusia y 7.100 a EE.UU, según los datos del Centro Ploughshares
  • El conocido como el reloj del «Juicio Final» fue adelantado en enero del año pasado a tres minutos del Apocalipsis. Falta por saber si los ensayos de Corea del Norte provocan cambios este año

 

 La prueba «Castle Bravo» con una potencia de 15 megatones (Bikini, 1954). - Wikimedia

La prueba «Castle Bravo» con una potencia de 15 megatones (Bikini, 1954). – Wikimedia

La mayor amenaza nuclear estuvo en los albores de esta tecnología. A principios de la década de 1950, los Estados Unidos desarrollaron por primera vez una bomba termonuclear –borrando en las pruebas iniciales un islote del Océano Pacífico llamado Eniwetok–, y la URSS replicó con su propia bomba H. El conocido como Reloj del Apocalipsis o del «Juicio final» marcó en ese momento su punto de máximo riesgo, 23:58: a dos minutos del desastre mundial. Hoy estamos a tres minutos, como si el fantasma de la Guerra Fría hubiera regresado; y a falta de saber si las manecillas avanzarán también este año haciéndose eco de los coqueteos coreanos con la bomba H.

El Reloj del Apocalipsis marcó así su máxima 1953, a solo dos minutos del «Juicio Final»

La idea de crear un reloj simbólico para representar la creciente amenaza nuclear surgió en 1945, cuando un grupo de investigadores que trabajaban en el Proyecto Manhattan en la Universidad de Chicago creó la revista «The Bulletin of Atomic Scientists». La primera representación del reloj, no obstante, tuvo lugar en 1947. El cofundador de la revista, Hyman Goldsmith, pidió a la esposa de un psicólogo del Proyecto Manhattan, Martyl Langdorf, la creación de un diseño de portada para la revista con este peculiar reloj. Su plan era repetir la imagen cada mes con un color de fondo distinto y con las manecillas del reloj marcando 7 minutos antes de medianoche. Martyl pretendía que la noche representara las puertas de la destrucción del mundo.

1984, la última vez que el reloj estuvo a 3 minutos

Mover el minutero para adaptarlo a las distintas circunstancias políticas fue una decisión tomada en 1949, a modo de denuncia por la proliferación imparable de armas cada vez más destructivas. El Reloj del Apocalipsis marcó así su máxima en 1953, a solo dos minutos del «Juicio Final», siendo el desarrollo de las poderosas bombas termonucleares la principal causa de la amenaza. Durante un ensayo en 1961, los soviéticos lanzaron sobre el Ártico una enorme bomba con una potencia casi 3.800 veces superior a la de Hiroshima: «la Bomba del Zar».

En las siguientes décadas, sin embargo, los EE.UU. y la URSS ralentizaron su carrera armamentística firmando el «Tratado de Limitación de Armas Estratégicas» (SALT) y el «Tratado de Misiles Antibalísticos» (ABM). En 1972, los editores de la revista rebajaron la hora del reloj hasta las 23:48.

Pero la década de los años ochenta trajo consigo la vuelta de las tensiones, así como la llegada de nuevos miembros al club de poseedores de armas nucleares. Con el boicot de la URSS a los Juegos Olímpicos de 1984 de Los Ángeles y el programa de defensa conocido como La Guerra de las Galaxias, se interrumpió por completo el diálogo entre las dos superpotencias. La comunidad científica temió un acelerón en la carrera armamentística y la Junta Directiva del Boletín decidió que eran las 23:57 antes del «Juicio Final». Cientos de nuevas bombas nucleares estaban en proceso de fabricación.

Ronald Reagan, impulsor de La Guerra de las Galaxias, y su vicepresidente George H. W. Bush

Ronald Reagan, impulsor de La Guerra de las Galaxias, y su vicepresidente George H. W. Bush

El buen entendimiento entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov disminuyó la situción de alerta roja. Desde entonces el reloj mantuvo una tendencia a la baja que el cambio de milenio y la irrupción del terrorismo internacional han trastocado. La posibilidad de un ataque terrorista nuclear debido a la cantidad de armas y material nuclear que no están bajo control y en paradero desconocido por todo el mundo ha ido elevando el riesgo de Apocalipsis nuclear en la última década a niveles prebélicos. Eso a pesar de los sucesivos acuerdos alcanzados entre EE.UU y Rusia para limitar sus arsenales.

En 2015, el reloj avanzó hasta las 23:57, o lo que es lo mismo: retrocedió hasta la época de la Guerra Fría. La comisión especial de científicos que actualiza el reloj del Apocalipsis, formada por 18 Premios Nobel, achacó la decisión al cambio climático y a cuestiones medioambientales pero también, una vez más, a la modernización de las armas nucleares y al aumento de estas en naciones de Oriente Medio.

Cuando una bomba H estalla se producen explosiones químicas, nucleares y termonucleares en un lapso de tiempo infinitesimal

El número de miembros del club de países con capacidad nuclear ha registrado un goteo lento pero constante desde que Estados Unidos abriera sus puertas. Le siguió la Unión Soviética (siendo Rusia la heredera de todo su arsenal nuclear, tras la descomposición de aquella), Reino Unido (con ayuda de EE.UU.), Francia y, luego, China. Los cinco se sientan de forma permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y son los supuestos garantes de la paz mundial. Pero no ocurre igual con los países que, con ayuda oficial o extraoficial, han desarrollado este tipo de armas: Israel, India, Paquistán y Corea del Norte, que el pasado día de Reyes anunció que había hecho estallar una bomba de hidrógeno, también llamada bomba termonuclear. Una tecnología al alcance de todas las potencias nucleares, pero que sólo Estados Unidos, Rusia y, probablemente, China han desarrollado plenamente. En este sentido, los expertos creen que esta cuarta prueba nuclear de Corea del Norte no es una bomba de hidrógeno, sino más bien una bomba de fisión acelerada, el paso intermedio entre la atómica y la de hidrógeno. Será cuestión de tiempo que Kim Jong-un se haga con una bomba H completamente operativa.

Estas armas termonucleares se basan en el principio de la fusión nuclear (en vez de en la fisión) y libera una energía superior a las temperaturas y a las presiones solares. Cuando una bomba H estalla se producen explosiones químicas, nucleares y termonucleares en un lapso de tiempo infinitesimal, lo que se traduce en una tecnología capaz de hacer desaparecer con una sola cabeza nuclear una capital europea del tamaño de París o Londres.

Según los datos del Centro Ploughshares, existen en el mundo 15.695 cabezas nucleares –aunque la cifra exacta es imposible de determinar–, de las cuales 7.500 pertenecen a Rusia y 7.100 a EEUU. En cualquier caso, el número de cabezas atómicas es hoy menos del 25% del que había en el momento álgido de la Guerra Fría, a mediados de la década de los ochenta. Según analizaba entonces el investigador Jesús Torquemada en su obra «Armas nucleares» (Iepala, 1985), las dos partes habían sobrepasado ya «la capacidad de aniquilar al adversario y, de paso, poner en peligro toda la vida en el planeta».

El arsenal actual y los submarinos indetectables

Si bien las potencias nucleares pequeñas pueden causar un nivel de destrucción muy alto (Francia tiene 300 cabezas nucleares, China 250, Reino Unido 225, Paquistán 130, India 110, Israel 80 y Corea del Norte 15), la capacidad de las dos superpotencias es centenares de veces mayor. Allá por los años ochenta, Torquemada calculaba la capacidad de los arsenales de ambos países en «el equivalente a que cayeran 746.000 bombas de Hiroshima (solo incluyendo su armamento estratégico)».

Más allá del número o la potencia, el perfeccionamiento de este tipo de armas desde los años ochenta ha evolucionado, sobre todo, en lo referido a la forma en la que son lanzadas las bombas. Los submarinos nucleares americanos herederos de la Guerra Fría, como el caso de la clase Ohio, pueden llevar cada uno más de 200 bombas de Hidrógeno. No en vano, el mando de la Marina de Guerra de EE.UU. llegó hace pocos años a un acuerdo con General Electric para desarrollar un nuevo tipo de submarino nuclear estratégico con todavía más capacidad.

La sofisticación en estas armas y los ensayos de Corea del Norte podrían llevar al comité del Boletín de Científicos Atómicos, que se reúnen dos veces al año, a realizar un nuevo adelanto en las manecillas del reloj del «Juicio Final» como hicieron el año pasado precisamente a finales de enero. Tampoco sería extraño que el reloj se quedara como esta, a las 23:57, o que incluso retrocediera ante la noticia del levantamiento de sanciones en Irán. «Bajo el acuerdo nuclear del año pasado, nosotros y nuestros aliados hemos garantizado que Irán jamás echará mano de una bomba atómica», afirmó Obama este pasado domingo.

 

La familia de Colón podría tener viejas raíces escocesas


ABC.es

  • Alfonso Enseñat de Villalonga concluye su investigación de 27 años sobre el origen del descubridor de América

 

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Ni era portugués, ni se apellidaba Colombo, ni era catalán, ni se crió en Baleares. El debate sobre los orígenes de Cristóbal Colón es como el del huevo y la gallina, muchas son las teorías pero pocas las voces que se atreven a darlas por definitivas. Después de 27 años y 330.000 archivos revisados, el experto Alfonso Enseñat de Villalonga ha expuesto una serie de conclusiones que podría cambiar el contenido de miles de enciclopedias.

La principal novedad que aporta este investigador es una genealogía que empezaría en torno al año 770… ¡En Escocia! Después de mucho analizar, y después de ponerse en contacto con casas nobles italianas, Alfono Enseñat de Villalonga ha situado los orígenes más remotos de Cristóbal Colón en los Douglas, un clan de la antigua Escocia. «Si desde Génova nos dan la bendición —vaticina—, van a tener que cambiar muchas enciclopedias del mundo, porque de la genealogía se deriva una historia totalmente distinta de la que se cuenta por ahí».

Según este investigador, todo lo escrito anterior a 1484 (que es cuando se tiene constancia de la llegada de Colón al reino de Castilla) «es totalmente falso».

«La teoría del Cristóbal Colón catalán es la más ridícula que hay»

 Históricamente ha existido un vacío biográfico en torno a la figura del navegante que ha favorecido el nacimiento de toda clase de creencias sobre sus orígenes. «Mi intención no es solo explicar la genealogía, sino contar también por qué ha existido un vacío documental tan tremendo. En España todos se dedican a teorizar y yo me he preocupado por buscar sus fallos, sobre todoel del Cristóbal Colón catalán, que es lo más ridículo que hay».

Una de las razones que explicarían este desconocimiento estaría en la propia organización de la sociedad genovesa. Al igual que otros investigadores, la tesis que maneja Enseñat es que Cristóbal Colón nació y se crió en un albergo genovés. Estos albergos tenían banca propia, flota propia y la costumbre de que todos sus habitantes adoptaran el mismo apellido, razón por la cual ha sido casi imposible conocer detalles de la juventud de Colón.

Hallazgo único

Las investigaciones de Alfonso Enseñat le llevaron hasta el Barrio Nobles Colonne, un albergo creado en torno al año 1403 y en el que todos sus miembros fueron adoptando el apellido Colonne para diferenciarse de las demás familias genovesas. En ese clan estarían los orígenes de Cristóbal Colón, pues según las actas que durante años ha revisado Enseñat en el Archivi di Stato di Genova, allí vivió su padre hasta el año 1453. Además, esa documentación le ha dejado un hallazgo único: «Estas actas me han servido para corroborar que Cristóbal Colón nació en el año 1446 y no en el año 1451 como dicen todas las enciclopedias».

Tradicionalmente se ha pensado que Pietro Colón —que así se llamaba originalmente— nació en el seno de una familia humilde en la que su padre se ganaba la vida como tejedor. Nada que ver. Al parecer, los padres del navegante venían de buena familia y dieron a su hijo una educación de élite: a los siete años lo ingresaron en el convento genovés de Santa Maria di Castello para que cursara sus estudios. «Vieron en él una predisposición muy notable hacia la astrología», explica Enseñat de Villalonga. «Se dieron cuenta de que era una persona muy despierta, con ambición de conocimiento y mucha capacidad de asimilar todo lo que se le enseñaba. Pensaron por esa razón mandarle a Pavía, donde había grandes expertos en Astrología».

Cambio de nombre

Sus años en el convento se saldaron con una bagaje cultural amplísimo para la época y un cambio de nombre. Era costumbre entre los clérigos promover un cambio de nombre en aquellos jóvenes que eran «tonsurados» como un paso previo al sacerdocio. En el caso de Colón, Pietro pasó a llamarse Cristóforo, que significa «el que lleva a Cristo». Este cambio de nombre unido a la diversidad familiar de los albergos genoveses tiene mucha culpa de que apenas se conozcan detalles de la vida de Colón previa a su llegada a España.

Según su hijo Hernando, autor de una controvertida biografía sobre el descubridor de América, su padre eligió Cristóforo para emular a San Cristóbal. «San Cristóbal —escribió— tuvo aquel nombre porque pasaba a Cristo por la profundidad de las aguas con tanto peligro», lo que de alguna manera denota la vocación marinera y católica de Cristóbal Colón. «Fue tan observante de las cosas de la religión, que podría tenérsele por profeso», añadió.

A la espera de ver qué ocurre con las averiguaciones de Alfonso Enseñat de Villalonga, son varios los mitos que se ha esforzado en derribar durante los últimos años. Quizá el más llamativo de todos sea el que hace referencia a su aspecto físico, pues la mayor parte de los dibujos y estatuas con las que hemos convivido retratan a un navegante de pelo castaño y media melena. «Los historiadores coetáneos a Cristóbal Colón decían que tenía los ojos azules, el pelo rubio o rojizo, más rojizo que rubio —matiza—, y que tenía la piel pecosa. Eso coincide con una raza completamente distinta, curiosamente con la raza escocesa». Todo parece encajar.