El misterio de los huesos junto a las tumbas visigodas


ABC.es

  • La Guardia Civil y expertos forenses analizan el hallazgo de un vecino, que encontró restos óseos junto a unas lápidas que podrían datar del siglo V

 

José Antonio Domínguez, alcalde, muestra el lugar donde se han encontrado restos de tumbas visigodas - ERNESTO AGUDO

José Antonio Domínguez, alcalde, muestra el lugar donde se han encontrado restos de tumbas visigodas – ERNESTO AGUDO

El año 2016 ha arrancado con un extraño descubrimiento en Fuentidueña de Tajo, al sureste de la región. Se trata de un conjunto de sepulturas y restos óseos que podrían pertenecer a un yacimiento visigodo. Vestigios de esa época ya existen en una zona cercana de ese municipio. Los expertos analizan ahora la verdadera naturaleza de los huesos y su origen.

Ocurrió el 31 de diciembre. Ese día, un vecino de la localidad paseaba con su perra por el paraje conocido como el Remancho de la Tejera, muy cerca del río. De repente, el animal se acercó a un punto concreto y comenzó a escarbar. Cuál sería la sorpresa del lugareño cuando la perra sacó varios huesos del agujero que había hecho. El hombre telefoneó entonces al alcalde, José Antonio Domínguez Chacón, para citarse con él y narrarle los hechos. Sin embargo, en tan señalado día, el regidor debía estar al tanto de los eventos de Nochevieja de la localidad.

Una decena de restos óseos

Finalmente, el autor del hallazgo y Domínguez se encontraron el día 1 de enero. El alcalde pudo comprobar por sí mismo lo sorprendente del supuesto yacimiento. Según explicó a ABC, había alrededor de una decena de huesos, como una mandíbula, parte de un hombro, lo que pudieran ser el radio y el húmero y parte de un dedo. «Pero es que, además, se ven unas piedras, unas tumbas o sepulturas bajo las cuales es más que probable que debajo haya bastantes más restos».

El alcalde acudió ese mismo mediodía con el vecino que realizó el hallazgo al puesto de la Guardia Civil, en el mismo pueblo. Allí, narró lo ocurrido y aseguró que es muy posible que se traten de restos de la época visigoda, pues existe muy cerca un asentamiento de esa época, en la llamada Cañada Real Soriana.

Hace alrededor de una década, fueron halladas varias tumbas de ese tipo, lo que da fuerza a esa hipótesis. Fuentes de la investigación indicaron a ABC que los huesos fueron recogidos y custodiados por la Guardia Civil. El caso lo lleva el juzgado de Primera Instancia e Instrucción número 5 de Arganda del Rey. Este tipo de análisis suele llevarse a cabo en el Museo Arqueológico o en el mismo Instituto Anatómico Forense de mano de expertos antropólogos.

Desde el siglo V d. C. las invasiones bárbaras del norte de Europa se precipitaron sobre el mundo romano. Las necrópolis visigodas, como la de Fuentidueña, se localizaron en el exterior de las ciudades, a lo largo de los caminos. En los últimos años, se han realizado una serie de intervenciones arqueológicas en yacimientos tardorromanos e hispanovisigodos, en distintos puntos de la región. Se han recuperado distintos vestigios, objetos y útiles de la época, sobre todo ajuares funerarios.

Este tipo de hallazgos también ayudan a dar información sobre el tipo de dieta alimenticia, las dolencias, la esperanza de vida o los rituales.

La cuenca del Tajo constituyó un lugar ideal para estos asentamientos, habida cuenta de la fertilidad de sus terrenos. De hecho, ya existen una docena de yacimientos en la zona de Fuentidueña, también un castillo de la época medieval. Incluso hubo otra zona, La Gravera, donde había tumbas profanadas de la época visigoda, excavadas en la roca, con tapa y ya sin restos óseos.

Asimismo, en la ermita de Nuestra Señora de la Alarilla se descubrió la inscripción romana «Multio Portio», así como cerámica celtibérica, medieval, árabe y cristiana.

El alcalde de la localidad no descarta, en un futuro, «musealizar» los restos. Para ello tendría que llegar antes a un acuerdo con el propietario de los terrenos, ya que los restos óseos han aparecido en una finca privada. «Se ven unas piedras que pueden ser lápidas; está en una finca particular que se encuentra cerca del río, que es donde se solían asentar los antiguos pueblos».

Lo que también trajeron los aseos del Imperio romano


ABC.es

  • A pesar del saneamiento y su famosa cultura de la higiene, los romanos difundieron los parásitos intestinales por Europa y la presencia de piojos era tan común como entre las poblaciones vikingas o medievales

 

http://www.abc.es/ciencia/abci-tambien-trajeron-aseos-imperio-romano-201601090244_noticia.html

Aseos públicos romanos en Leptis Magna, Libia, y huevo de triquina – Craig Taylor/Piers Mitchell

La civilización actual debe a los romanos una buena cantidad de innovaciones, como puentes y carreteras, pero seguramente ninguna tan fundamental como el saneamiento, que incluye aseos públicos, sistema de alcantarillado, agua corriente, termas y baños. Su preocupación por la higiene llegaba al punto de que hace 2.000 años ya desarrollaron leyes diseñadas para mantener sus calles libres de excrementos y basura. Todos estos adelantos llevarían a pensar que el Imperio era limpio como una patena y casi podían comerse sopas en el suelo, pero nada más lejos de la realidad. Una nueva investigación de la británica Universidad de Cambridge demuestra que durante la época de los romanos los parásitos intestinales como la triquina, las lombrices o el que provoca la disentería no disminuyeron respecto a la Edad de Hierro anterior, como sería de esperar, sino que aumentaron gradualmente. Los investigadores han buscado en sitios nada agradables para llegar a esa conclusión.

Piers Mitchell, del departamento de Arqueología y Antropología de Cambridge, reunió evidencias de parásitos de heces antiguas fosilizadas (coprolitos), letrinas, entierros humanos, peines y textiles de excavaciones del período romano en todo el Imperio. El investigador descubrió que no solo la presencia de ciertos parásitos intestinales aumentó con la llegada de los romanos, sino que, a pesar de su famosa cultura del baño regular, los ectoparásitos como los piojos y las pulgas estaban tan extendidos entre los romanos como entre las poblaciones vikingas y medievales, donde el baño no era precisamente algo muy popular.

Algunas excavaciones han revelado la evidencia de peines especiales para quitar los piojos del cabello, por lo que la desinfección pudo haber sido una rutina diaria para muchas personas que vivían en todo el Imperio Romano.

El baño común
La investigación moderna ha demostrado que los aseos, el agua potable y la eliminación de las heces de las calles ha disminuido el riesgo de enfermedades infecciosas y parásitos, pero parece que en la época romana pasó lo contrario. Mitchell cree que pudo deberse a las cálidas aguas comunales de las casas de baños, que ayudaron a difundir los parásitos. El agua se cambiaba con poca frecuencia en algunos baños y la escoria de la suciedad humana y los cosméticos se quedaría en la superficie. «Está claro que no todos los baños romanos eran tan limpios como podrían haber sido», señala el investigador.

Otra posible explicación planteada en el estudio es el uso de excremento humano como fertilizante agrícola en las granjas de los alrededores de las ciudades, lo que pudo dar lugar a una propagación indeseada de huevos de parásitos que pueden sobrevivir en las plantas cultivadas. Curiosamente, las heces que se eliminaban de las calles por las leyes de saneamiento volvían a infectar a la población de esta manera.

Salsa de pescado
Además, el estudio descubrió una tenia de huevos de pescado sorprendentemente generalizada en el período romano en comparación con la Edad de Bronce y la del Hierro en Europa. Posiblemente, se debe a una salsa llamada garo (garum) que los romanos adoraban y creían afrodisiaca. Hecha de pescado, hierbas, sal y aromas, el garo se utilizaba como un ingrediente culinario y una medicina. La salsa, que se dejaba fermentar al sol, se comercializaba por todo el imperio en frascos sellados y pudo llevar el parásito de punta a punta de la Europa romana. «Esto parece ser un buen ejemplo de las consecuencias negativas para la salud de la conquista de un imperio», dice Mitchell.

Si esas enfermedades se trataban médicamente no está claro, pero el médico romano Galeno (130AD – 210AD) creía que estos parásitos se formaban a partir de generación espontánea en la materia putrefacta bajo el efecto del calor. Recomendaba un tratamiento con dieta, sangrado y medicinas, en un esfuerzo por restaurar el equilibrio de los cuatro humores: la bilis negra, la amarilla, sangre y flema.

Mitchell sugiere que el alcantarillado, los baños públicos y las leyes de saneamiento no tuvieron un beneficio claro para la salud pública romana. Eso sí, quizás la gente no era más saludable, «pero probablemente olía mejor».

El documento del siglo XVIII que intentaba luchar contra el fraude fiscal


El Mundo

  • El Catastro de Maderuelo pretendía repartir de los impuestos recaudados en la Corona de Castilla y terminar con la evasión fiscal
  • Maderuelo fue uno de los 357 pueblos que fueron catastrados por el Marqués de la Ensenada
  • ARCHIVOS/ EXPOSICIÓN  Primera declaración de Hacienda de España
Muestra de los documentos que forman parte del Catastro de Maderuelo, expuesto en el Archivo Histórico Provincial de Segovia.

Muestra de los documentos que forman parte del Catastro de Maderuelo, expuesto en el Archivo Histórico Provincial de Segovia.

Impuestos. Evasión. Hacienda. Estas palabras que aparecen día tras día en periódicos, radios y televisiones, por los casos de corrupción y las malas gestiones económicas, también sonaban en el siglo XVIII con frecuencia. De hecho, luchar contra la evasión fiscal era uno de los retos que se establecieron en Castilla y León, sobre todo en Maderuelo, el pueblo de esta provincia en la que se registró la primera declaración de Hacienda de España. El Catastro de Maderuelo, como se conoce este documento, se expone hasta el 12 de febrero en el Archivo Histórico Provincial de Segovia.

Datado a mediados del siglo XVIII y custodiado por la Junta de Castilla y León, la declaración pretendía hacer un reparto más acorde a la realidad de los impuestos recaudados en la Corona de Castilla para así terminar con el numeroso elenco defiguras impositivas y el fraude fiscal existente.

Su estructura se divide en varios libros. El primero llamado las ‘Respuestas Generales’, es uno de los más extensos del documento. En él se encuentran lasencuestas sobre la situación de cada pueblo en la que las autoridades locales explican en 40 preguntas concretas cómo es ese lugar concreto. En el segundo, las ‘Respuestas Particulares’, se incluyen las declaraciones de todos los bienes, vecino a vecino, y el Censo de Ensenada, en el que se establece la relación de todos los cabeza de familia de cada lugar. El Catastro se completa con los memoriales, rectificaciones y correcciones de los datos que pudieran ser erróneos.

Reformar para no olvidar

Maderuelo fue uno de los 357 pueblos catastrados a mediados del siglo XVIII por el Marqués de la Ensenada. Oficiales de Hacienda visitaron cada ciudad y pueblo del país para que todos hicieran su declaración, incluidos los estamentos tradicionalmente exentos de pagar impuestos.

Tras la muerte de Fernando VI, Ensenada fue destituido y su catastro quedó en el olvido, así como su reforma de la Hacienda. Sin embargo, la labor realizada ha convertido al Catastro de Ensenada en una fuente básica para el estudio de la historia de cada rincón de la Corona castellana, según informan fuentes de la Delegación Territorial de la Junta.

Actualmente, todos los libros de Maderuelo se conservan y proceden de la Delegación de Hacienda de Segovia.