Wounded Knee, la masacre navideña del Séptimo de Caballería


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  • El 29 de diciembre de 1890, este regimiento acabó con la vida de 290 indios. La mayoría eran mujeres y niños desarmados
Aspecto de Wounded Knee tras la masacre - ABC

Aspecto de Wounded Knee tras la masacre – ABC

Una unidad heroica que siempre estaba dispuesta a lanzarse a la carga contra los «pieles rojas» al son de la corneta. Gracias a los largometrajes de Hollywood, así es como vemos a día de hoy al Séptimo de Caballería, el famoso regimiento creado a mediados del siglo XIX para defender las fronteras de EE.UU. de los nativos americanos. Pero la realidad es que -aunque esta unidad tuvo actuaciones destacadas como la que protagonizaron un centenar de sus hombres luchando hasta la muerte contra miles de indios en Little Bighorn– su historia está plagada también de momentos oscuros. Uno de ellos fue el que sucedió, precisamente, el 29 de diciembre de 1890 cuando un destacamento de estos jinetes asesinó a sangre fría a casi 300 siouxs -la mayoría desarmados- cerca del arroyo deWounded Knee, en Dakota del Sur.

Esta triste masacre (cuyo 125 aniversario se celebrará mañana) pone de manifiesto que, detrás de la idílica conquista del Oeste americano que se nos ha contado, se sucedieron también todo tipo de excesos contra los indígenas fomentados por la gran repulsa que los colonos sentían hacia los indígenas. «A finales del XIX, y tras la derrota de Little Bighorn, el odio hacia los nativos se generalizó. El ejército empezó entonces a acosar a las tribus indias con gran contundencia para deportarlas a reservas, territorios en los que vivían en condiciones miserables», explica a ABC Victoria Oliver, doctora en Historia y autora de «Pieles rojas. Encuentros con el hombre blanco» (Edaf, 2015). Esta aversión hizo, además, que los militares iniciasen una campaña contra los jefes de las principales tribus para evitar revueltas inesperadas.

Así fue como, el 15 de diciembre de 1890, el ejército norteamericano acabó con la vida del conocido cabecilla local Toro Sentado en la reserva deStanding Rock. El suceso hizo que otro de los líderes que se hallaba en aquellas tierras, Pie grande, decidiese huir por miedo a ser el siguiente. «Pie grande reunió a sus seguidores, menos de cuatrocientos (la mayoría mujeres y niños), y se dirigió hacia una reserva cercana para ponerse bajo la protección de otro líder, Nube Roja. Pero el ejército no estaba dispuesto a permitirlo. El 28 el grupo fue interceptado por el Séptimo de Caballería que -al mando de Samuel Whitside– los escoltó hacia el sureste, hacia el rio Wounded Knee», señala Oliver. Pocas horas después se unió a este primer grupo de soldados el coronel James W. Forsyth con sus hombres.

A la mañana siguiente, los soldados solicitaron la entrega de las armas a los indios, pero recibieron tan pocas (apenas 38 rifles) que prefirieron acceder a su campamento para registrar sus pertenencias. «Durante un forcejeo con un anciano, un rifle se disparó y se inició un tiroteo en el que el Séptimo de Caballería disparó contra la multitud. Incluso, y como se comprobó después, mataron a bebés que estaban en los brazos de sus madres», completa la experta. El resultado fue la muerte de aproximadamente 90 hombres y 200 mujeres y niños. Los militares sufrieron 29 bajas y 35 heridos, aunque la mayoría por fuego amigo. «Intentaron esconder aquella masacre, pero no pudieron deshacerse de los cuerpos antes de la llegada de la prensa», añade la experta. Viendo que era imposible que no se conociese lo sucedido, el gobierno vendió aquella masacre como una épica victoria contra los indios.

La verdadera historia de los nativos americanos

«Nuestro pueblo se derrite como la nieve al calor del sol, mientras que los miembros del vuestro brotan de la tierra como los tallos de hierba en primavera». Esta fue una de las frases que Nube Roja -un conocido jefe indio- dijo en el siglo XIX. Una época en la que los Estados Unidos ya habían expulsado de sus tierras a la mayoría de los nativos americanos para asentarse en ellas. Por entonces, ya habían pasado más de cuatro siglos desde que los primeros conquistadores se encontraron frente a frente con los habitante de las Américas por primera vez.

Son precisamente esos años los que repasa el último libro de Victoria Oliver, uno de los pocos en nuestro idioma que repasa la verdadera historia de los nativos americanos sin dejarse llevar por los estereotipos del cine. «En España no se ha publicado casi nada sobre los indios. Mi obra habla del encuentro de los exploradores con los “pieles rojas”, sus diferentes tribus, personajes destacados de la época y muestra como los pioneros iban descubriendo estos pueblos», señala Oliver.

Francia desclasifica los archivos del régimen de Vichy


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  • El Gobierno galo ha abierto al público 70 años después del fin de la Segunda Guerra Mundial los archivos sobre el régimen encabezado por el mariscal Philippe Pétain
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Philippe Pétain, cabeza del régimen de Vichy – ABC

Las autoridades de Francia han desclasificado este lunes los archivos policiales y judiciales del régimen de Vichy, que colaboró con las fuerzas de ocupación de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

El Gobierno galo ha abierto así al público 70 años después del fin de la contienda los archivos sobre el régimen encabezado por el mariscal Philippe Pétain en parte del país y la totalidad de sus colonias, que estuvo vigente entre julio de 1940 y agosto de 1944.

La historiadora Annette Wievorka ha explicado a la emisora France Info que los documentos desclasificados incluyen archivos sobre búsqueda de criminales de guerra nazis, así como los de tribunales y las cámaras cívicas.

Durante la guerra, el régimen de Vichy ayudó a la Alemania nazi a deportar a unos 76.000 judíos de Francia, entre ellos muchos niños. En 1995, el entonces presidente galo, Jacques Chirac, reconoció oficialmente la responsabilidad del Estado en las deportaciones.

Hasta la fecha, únicamente investigadores y periodistas habían logrado acceso a algunos de estos archivos, contando con un permiso especial. Sin embargo, la legislación francesa contempla que los archivos han de ser abiertos al público tras el paso de 75 años.

Descubren que el faraón Tutankamón pudo alimentarse del pecho de su propia hermana siendo un bebé


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  • Una nueva investigación basada en los hallazgos de la tumba de su supuesta nodriza afirma que el «rey niño» fue amamantado por una familiar

v0_masterEl famoso «rey niño» Tutankamón copa desde hace algunos meses las portadas de todos los periódicos por múltiples causas. La más famosa es la posibilidad de que, en su tumba, se encuentren escondidos los restos de su madre, Nefertiti, en una cámara secreta desconocida hasta ahora. Sin embargo, hace menos de un mes también volvió a saltar a las noticias después de que, tras analizar la tumba de Maya (su presunta nodriza) se descubriese una vasija cuyas inscripciones desvelan que la fallecida era realmente su hermana Meritatón.

En la pieza de cerámica, a su vez, se puede ver una pintura que muestra como Meritatón amamanta a un bebé durante un entierro. Las características de la misma han hecho pensar al ministerio de Antigüedades de Egipto que aquel niño era Tutankamón, lo que implicaría que su propia hermana dio el pecho al niño durante su infancia. Esta afirmación ha sido explicada por la propia entidad gubernamental en su página de Facebook y, posteriormente, ha sido replicada por varios medios como la revista especializada «Live Science».

La vasija de la discordia

En palabras del ministro de Antigüedades egipcio, Mamdouh Eldamaty, este descubrimiento se ha realizado durante las labores de limpieza y análisis de la tumba de Maya que se han llevado a cabo en las últimas semanas antes de la apertura al público de la misma. Esta tumba fue descubierta en 1996en Saqqara -un cementerio ubicado a 30 kilómetros de El Cairo- y, según creían los expertos, albergaba los restos de la nodriza de Tutankamón,Maya. Sin embargo, durante la preparación de la estancia para la exposición, los expertos han hallado una vasija con una inscripción real que cambiaría todo lo que se barajaba hasta ahora.

En la misma se sugiere, en primer lugar, que Maya no era la sólo la nodriza privada del rey, sino la medio-hermana del «rey niño». «Maya no es otra que la princesa Meritatón, la hermana o media hermana de Tutankamón y la hija de Akenatón y Nefertiti», ha señalado Alain Zivie, descubridor de la tumba y director de la misión arqueológica en Saqqara. A su vez, en la vasija fue dibujada una escena en la que (durante el entierro de Meketatón, una de las hijas de Akenatón -padre de Tutankamón-), una joven aparece dando el pecho a un bebé. Atendiendo a las característica de la pintura, el galo y sus expertos consideran que es muy probable que la figura femenina sea la joven y, el niño, el futuro faraón.

Zivie cree, además, que la tumba alberga multitud de pistas que corroboran esta teoría. «Los grabados muestran a Maya sentada en el trono real, y él está sentado sobre ella. Lo extraordinario es que son muy similares. Tienen la misma barbilla, los ojos, los rasgos de la familia», determina. El nuevo hallazgo ayudará a los investigadores a reconstruir la historia del rey Tut, quien asumió el trono alrededor de los 10 años y gobernó Egipto desde 1332 a 1323 a.C. Con todo, esta sigue teniendo multitud de intrigas. La primera de ellas es quién fue su madre. Y es que, aunque varias genéticas han identificado a Akenatón como su padre, el nombre de la progenitora sigue siendo difícil de corroborar al 100%.

La profética tumba del Papa maldito que pactó con el Diablo


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  • La historia de Silvestre II está repleta de leyendas y exageraciones, que derivan básicamente de su interés por la ciencia árabe y por haber vivido el simbólico cambio de milenio al frente de la Iglesia
Silvestre II y el Diablo en una ilustración de 1460 - Wikimedia

Silvestre II y el Diablo en una ilustración de 1460 – Wikimedia

La archibasílica de San Juan de Letrán en Roma fue antes que la de San Pedro el epicentro del poder pontificio y la morada eterna de algunos papas medievales. Entre estos destaca la tumba dedicada al enigmático pontíficeSilvestre II, también conocido como el Papa Mago o el Papa Druida, a la que se le achaca el poder de predecir la muerte de los sucesores de San Pedro. Así, el sepulcro destila agua y registra ruidos de huesos cuando el fallecimiento de un pontífice es inminente. O al menos eso dice una leyenda surgida en medio del ruido del cambio del primer milenio.

Grabado de Silvestre II- ABC

Grabado de Silvestre II- ABC

La historia de Silvestre II está repleta de leyendas y exageraciones, que derivan básicamente de su curiosidad por la cultura druida, su pasión por la ciencia árabe y por haber vivido al frente de la Iglesia el cambio de milenio. Gerberto de Aurillac fue, además, el primer pontífice francés en ocupar el sillón de San Pedro en el año 999, en plena efervescencia de las profecías que anunciaban el fin del mundo.

Gerberto se educó en el monasterio de Aurillac, siendo de orígenes humildes, y posteriormente estudió en Reims y Cataluña, donde fue iniciado en las ciencias de los árabes. Bajo la protección del conde Borrell II, el joven se formó en Barcelona y más tarde entró en contacto con maestros árabes de Córdoba y Sevilla. Así se apasionó por la ciencia un hombre que llegó a convertirse en un experto astrónomo y matemático, algo que en la Europa cristiana de aquellos años no solo era atípico sino propio de magos.

El Papa mago, cuyos poderes eran la ciencia

A Gerberto de Aurillac se le atribuye haber introducido en Francia el sistema decimal y el cero, construir uno de los primeros globos terrestres y un reloj de péndulo, y, lo que resulta más inverosimil, inventar una cabeza parlante que respondía a todo lo que se les preguntaba e incluso predecían el futuro. La biografía del Papa Druida mezcla así continuamente datos reales con imposibles. Se contaba que de niño había vivido en una cueva junto a un temible ermitaño de quien había heredado los perdidos poderes mágicos de los druidas celtas. A los 12 años unos monjes lo vieron tallando una rama para hacerse un tubo con el que observar las estrellas, y se lo llevaron a estudiar a la abadía.

Tras pasar su infancia en la abadía y su juventud en la Península Ibérica, Gerberto estuvo una temporada como maestro del joven Emperador Otón III, al que acompañó a Italia para su coronación. Allí Gregorio V le nombró arzobispo de Rávena en 998 (a causa de disputas con el anterior Papa nunca le fue devuelto el arzobispado de Reims, que había portado por un tiempo) y cuando Gregorio V murió, el 18 de febrero de 999, Gerberto fue elegido su sucesor gracias a la influencia del Emperador y a su creciente poder en Roma. Tomó el nombre de Silvestre, como aquel Papa que había muerto en el último día del año del siglo IV.

Silvestre II alcanzó la cabeza de Roma en medio de las salvajes luchas entre el Emperador y la nobleza local, encabezada por los condes de Tivoli y la familia de los Crescenzi, que habían desempolvado el viejo estandarte de las legiones romanas, SPQR (Senatus et Populus Que Romanorum), para oponerse a las aspiraciones de Otón III de convertir la ciudad en la capital de su imperio. Y ya por entonces aquel misterioso monje francés que acompañaba al Emperador a todos los sitios era conocido por los romanos como «el mago» y sus hábitos eran estimados como impropios de un clérigo. Pero aquel «mago» no estaba por la labor de disimular su amor por la cultura árabe y pasaba muchas horas observando la Luna y las estrellas desde la basílica de San Juan Laterano, entonces sede pontificia.

La agitación política iba a terminar de golpe con esa vida a medio camino entre la religión y la ciencia. En el año 1001, el Emperador y el Papa tuvieron que abandonar precipitadamente Roma al estallar una rebelión instigada por la nobleza local. Cuando planeaban su regreso, Otón III contrajo unas fiebres tan fuertes, quizá la malaria, que el 23 de enero de 1002 dejaron a Silvestre II sin protector. Abandonado por los alemanes, negoció con los nobles romanos un regreso como simple jefe espiritual de la Iglesia. Murió poco después, el 12 de mayo del 1003.

Más allá de su leyenda negra, el pontificado de Silvestre II es reconocido por tomar medidas contra los abusos en la vida de los clérigos causados por la simonía y el concubinato, por combatir la corrupción que inundaba la Iglesia y por la evangelización de Hungría y Polonia.

Una tumba profética

El interés por la ciencia y la cultura a través de los textos clásicos le granjeó la abierta enemistad de un sector de la Iglesia, que llegó a acusarlo de pactar con el demonio. En los antiguos códices guardados en catedrales y museos pueden encontrarse grabados en los que se representa a Silvestre II en compañía de Satanás. El periodo en el que le tocó vivir era propenso a este tipo de mitos: el primer cambio de milenio.

Aunque a partir del siglo XX muchos historiadores han cuestionado que existiera realmente un temor milenarista en toda Europa, el testimonio de un monje de la Borgoña francesa llamado Rodolfo Gabler demuestra que al menos en una parte de Europa se extendió cierto pánico. Puede que no sobre el fin del mundo pero sí sobre la llegada del Apocalipsis, que anunciaba la liberación del Diablo para el comienzo de un reinado que se prolongaría durante un milenio. Muchos interpretaron la elección de Gerberto d´Aurillac como parte de dicha profecía, la llegada del Anticristo en forma de un Papa poco convencional.

Incluso la documentación de la biblioteca de laUniversidad Gregoriana recoge la leyenda del pacto con el diablo y añade que el Papa Silvestre, protector de los monasterios de Sant Cugat del Vallès y Sant Benet del Bages, confesó su culpa antes de morir. Mientras agonizaba pidió que su cuerpo fuese mutilado y depositado en un carro tirado por bueyes. Allí donde el carro se detuviese, debía ser enterrado. No en vano, los bueyes no se pararon hasta la basílica de San Juan Laterano.

Pero sin duda la leyenda más famosa sobre Silvestre II está relacionada con su tumba, situada en una hornacina del segundo soportal inferior derecho de la basílica. Lo es porque supuestamente el sepulcro «suda» y el rumor de un crujir de huesos aflora desde el interior cuando un Papa está a punto de morir. Algunas crónicas narran incluso cómo la basílica de San Juan de Letrán se llenaba de barro por la cantidad de humedad que surge del sepulcro del Papa en esos días previos al fin de un pontífice.

El agujero de ozono en la Antártida en diciembre fue el doble de grande que el promedio en esas fechas


El Mundo

  • Alcanzó una extensión de más de 10 millones de kilómetros cuadrados, lo que lo convierte en el cuarto más extenso desde que existen datos por satélite, según el Instituto Antártico Chileno (Inach).

 

Científicos miden la extensión del agujero de la capa de ozono durante su expedición antártica.EFE

Científicos miden la extensión del agujero de la capa de ozono durante su expedición antártica.EFE

Investigadores de la Universidad de Santiago (Usach) de Chile han informado de que en los primeros días de diciembre el agujero en la capa de ozono en la Antártida alcanzó una extensión de más de 10 millones de kilómetros cuadrados. Ello significa más del doble del promedio para estas mismas fechas, según uncomunicado del Instituto Antártico Chileno (Inach).

Liderados por los doctores Raúl Cordero y Alessandro Damiani, los expertos calcularon el agujero en la capa de ozono, utilizando los valores registrados por satélites durante las ultimas tres décadas, y se concluyó que el de este año fue el cuarto más extenso desde que existen datos especializados, alcanzando en octubre los 28 millones de kilómetros cuadrados.

Estos datos se obtuvieran durante una campaña celebrada entre noviembre y diciembre de este año, al Glaciar Unión, en el marco de una expedición Científica Antártica, que organizó el Inach.

En la campaña, que se inició este 15 de noviembre, para llegar al corazón de la Antártida, participaron cuatro investigadores de la Universidad de Santiago, y se enviaron “alrededor de 600 kilos de equipamiento de la mejor tecnología radiométrica posible”, según precisó la nota del organismo.

La Estación Científica Polar Conjunta Glaciar Unión, está situada en la latitud 79 Sur, a unos 1000 kilómetros del polo sur.

Actividad industrial

“La depleción o agotamiento en la capa de ozono es primariamente provocada por la presencia en la estratosfera polar de sustancias ‘destructoras de ozono’,generadas por actividades industriales en latitudes medias”, aseveró el experto de la Usach que participó en la expedición, Raúl Cordero.

De igual forma, el experto agregó que “el agotamiento o destrucción de la capa de ozono se manifiesta más claramente en latitudes altas (particularmente en la Antártida)”.

Es en esta zona, durante la primavera austral y debido a condiciones meteorológicas particulares de la Antártida, se produce una destrucción masiva de ozono estratosférico, que se conoce comúnmente como el agujero de ozono, indica la Inach.

De igual forma los expertos concluyeron que la destrucción masiva de ozono estratosférico que anualmente ocurre sobre la zona antártica entre septiembre y diciembre es favorecida por la coincidencia durante la primavera de muy bajas temperaturas de la estratósfera antártica y del vórtice polar antártico que tiende a evitar que el ozono de otras latitudes cierre el agujero.

“Cuando las temperaturas suben al final de la primavera, cesa la destrucción masiva de ozono, mientras que el debilitamiento del vórtice polar permite que ozono de otras latitudes cierre el agujero”, dijo Cordero.

“Una mejor comprensión de la interrelación entre cambio climático y agujero de ozono es necesaria. Ese es el objetivo ultimo de nuestro trabajo”, sentenció el científico.

El 4 de febrero del 2006, el presidente chileno, Ricardo Lagos, promulgó la ley de Protección a la Capa de Ozono, con la cual Chile se comprometió a cumplir el ordenamiento internacional sobre la materia.

La iniciativa legal obliga a Chile a reducir progresivamente el consumo de cloro-fluoro-carbono (CFC), bromuro de metilo y alones, usados en los procesos de refrigeración, aerosoles y en la agroindustria, y que son los principales causantes del agujero.

En la oportunidad, Lagos recalcó la necesidad de que los países desarrollados asuman el daño atmosférico, como causantes del debilitamiento de la capa de ozono y del efecto invernadero.

Rituales y magia en el solsticio de invierno


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  • Esta fecha, que ha tenido lugar hoy a las 5.48 de la mañana, ha sido celebrada tradicionalmente en multitud de culturas no conectadas entre sí para celebrar el acortamiento de las noches y pedir la llegada de las cosechas y la primavera

 

 El megalito del Stonehenge, en Gran Bretaña, fue un escenario para celebrar el solsticio de invierno - Taro Taylor

El megalito del Stonehenge, en Gran Bretaña, fue un escenario para celebrar el solsticio de invierno – Taro Taylor

El solsticio de invierno, que suele ocurrir alrededor del 21 de diciembre (ha tenido lugar hoy a las 5.48 de la mañana), es un evento clave que marca un cambio en los ciclos naturales y astronómicos: coincide con la noche más larga en el hemisferio Norte y el día más largo en el hemisferio Sur. Además, marca el momento a partir del cual las noches comienzan a acortarse día a día, hasta llegar a la primavera y luego al verano. De hecho, se puede decir que determina el momento a partir del cual la larga oscuridad del invierno es derrotada por la luz, de modo que llega el turno para que la naturaleza despierte y las cosechas puedan crecer.

Hace miles de años esta fecha era un momento de celebración para los paganos: se celebraba en el Stonehenge y en las profundidades de los bosques germanos en forma de rituales y festivales. En Guatemala se sigue celebrando hoy en día a través del ritual de la «Danza de los voladores», en los que varias personas giran y danzan en torno a una estaca. Se cree que los romanos celebraban las festividades en honor a Saturno, Saturnalia, en este momento, y que en Escandinavia se celebraba el festival de Juul. Para los cristianos, esta fecha evolucionó probablemente hasta la celebración del nacimiento de Jesús, el 25 de Diciembre.

Mucho tiempo después, se cree que los romanos celebraban las festividades en honor a Saturno, Saturnalia, en este momento. Mientras que en Escandinavia se celebraba el festival de Juul ¿Dónde se originan todas estas celebraciones?

Para muchas culturas antiguas, que tenían que luchar contra largos y duros inviernos, el solsticio de invierno era un momento clave en el que la luz y la vida derrotaban a la oscuridad y a la muerte asociadas al invierno. Era el momento a partir del cual se podía conseguir más comida en los ríos y en los campos, y había que celebrarlo, cuando no venerar al Sol a través de sacrificios u otro tipo de rituales.

El círculo de Goseck

Formado por una serie de anillos concéntricos excavados en el suelo, (el mayor mide 75 metros), y situado en Sajonia-Anhalt, Alemania, tiene alrededor de 7.000 años, se cree que esta estructura fue un escenario de rituales religiosos y sacrificios. Cuando fue descubierto, los excavadores descubrieron que había dos puertas en el círculo exterior que estaban alineadas con el solsticio de invierno, lo que sugiere que esta construcción era en realidad un tributo a esta fecha.

Stonehenge, Gran Bretaña

Uno de los megalitos más conocidos del mundo, con 4.000 o 5.000 años de antigüedad, fue un importante escenario de rituales y observaciones astronómicas durante cientos de años.

En este lugar, cuando el sol se pone en el solsticio de invierno, los rayos se alinéan con el altar central y la piedra de los sacrificios. Hoy en día, visitantes de todo el mundo lo visitan para recordar los orígenes del monumento, quizás asociados al solsticio de invierno.

Newgrange, Irlanda

Al noreste de Irlanda, hay un túmulo construido hace 5.000 años cubierta por la hierba y repleta de túneles y canales. Solo durante el día del solsticio de invierno, el Sol entra en todas las salas principales, lo que, según algunos expertos, indica que la estructura se construyó para conmemorar esta fecha.

Además, en Maeshowe, Escocia, hay un túmulo similar al de Newgrange que se ilumina durante esta fecha.

Tulum, México

En la costa oriental de México, en la península de Yucatán, Tulum es una antigua ciudad amurallada que perteneció a los mayas. hasta que su población cayó con la llegada de los españoles. Uno de los edificios, tiene un orificio en la parte superior que produce un efecto de llamarada cuando el sol del solsticio de invierno y de verano se alinéan con él.

En algunos lugares de Perú, esta fecha ya estaba imprimida en la construcción de las pirámides para marcar el punto donde se encontraba el Sol en el solsticio de invierno.

 

Cuando España dibujaba el mundo, joyas de la cartografía en una exposición del Museo Naval


ABC.es JESÚS GARCÍA CALEROCALEROJE

  • «Dueños del mar, señores del muno» reúne hasta el 27 de marzo cartas y mapas únicos desde el siglo XIV a nuestros días
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Portulano de Mateo Prunes (1563) – ABC

La historia de cómo se exploró el mundo ha quedado plasmada en los mapas y buena parte de los más antiguos son de origen español. Para mostrar las joyas de la cartografía que guarda la Armada en sus archivos, el Museo Naval de Madrid acaba de inaugurar la muestra «Dueños del mar, señores del mundo», un recorrido por los mapas y cartas de navegación desde la edad media hasta nuestros días que dan cuenta de la aventura de una nación que dibujaba continentes a medida de avanzaba hacia horizontes siempre esquivos y de la continuidad de la marina cartográfica. Comisariada por José María Moreno Martínez, la exposición recorre la época de la Marina Aragonesa y los mapas portulanos, pasando por el Mar Tenebroso y la travesía hacia el nuevo continente, hasta la exploración del Pacífico en un relato que «demuestra que no ha habido mar que no navegaran los españoles desde los comienzos, porque nuestros marinos dibujaron el mundo».

Los portulanos plasmaron las primeras rutas y detalles decorativos sobre las tierras del mundo conocido para los pilotos que se aventuraban en el mar «familiar» del mediterráneo, pero la muestra no ha querido exponer los más conocidos. El de Juan de la Cosa permanece en la sala del Museo Naval en la que siempre ha estado. En su lugar se muestra el portulano de Mateo Prunes, de la escuela mallorquina, realizado en 1563, que enseña un mundo incompleto, como pronto Colón demostraría. «He elegido piezas de gran relevancia aunque no sean las más conocidas», dice Moreno Martín.

La primera rosa de los vientos

Le acompaña un Atlas Náutico de 1375, en el que aparece, por primera vez, la rosa de los vientos, y la carta de Colón, publicada en Lisboa en 1490. «Me interesa de los mapas no solo su bella realización final, sino el antes y el después, y también el porqué», refiere el comisario. Atravesar el Atlántico cierra una era de navegación y se muestra no solo un modelo de un barco de la época -una coca veneciana del siglo XIII-, sino el primer globo terráqueo del que tenemos noticia, el de Martín Behaim.

Con el descubrimiento y los viajes de Colón se abre una era diferente, la de la navegación astronómica. En el Mar Tenebroso no sirve la orientación que regía en el Mediterráneo, sus peligros no pueden esquivarse sino con cálculos científicos para representar en un punto concreto del globo la situación de los barcos. Portugal, bordeando África e inmediatamente España llegando a América tienen que inventar un sistema distinto, basado en instrumentos de medición astronómica. La Casa de la Contratación se convertirá en el centro neurálgico y secreto de los descubrimientos geográficos y astronómicos de los navegantes españoles.

Toda la información que iba llegando se guardaba por orden del Rey en un Padrón Real, un mapa por el que mataban los espías de las potencias del XVI enviados a Sevilla y que recogía detalles del mundo aún desconocido, cuyas costas fueron dibujándose rápidamente a medida que los barcos de la Armada los recorrían. Quedan muy pocos ejemplares en el mundo y en la muestra hay un facsímil del padrón de Juan Vespuccio (1526) -que tiene el Mar Rojo pintado de encarnado y cuyo original se conserva en la Hispanic Society of Ameríca-, y varios instrumentos originales, una ballestilla, un astrolabio y una ampolleta. Prueba del secreto que reinaba en torno a la Casa de la Contratación es el bello manuscrito del «Ytinerario de Navegación», de Juan Escalante de Mendoza (1575), que no pudo publicarse hasta casi un siglo después debido al veto real por los detalles que ofrecía sobre las rutas hacia América.

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La mesa del cartógrafo cuenta la historia de un mapa

La llegada del siglo XVII supone el desarrollo de los descubrimientos científicos y la mejora de los instrumentos, como se aprecia en el bellísimo astrolabio de Michel Coignet, fabricado en Amberes en 1598. Será en Flandes donde la industria geográfica se desarrolle con más eficiencia, gracias a los datos de los navegantes que ya recorrían el mundo en nombre de la Corona española. Atlas de todo tamaño, desde el ricamente decorado al de bolsillo, incluido el que se llevaba en los barcos. Junto a las cartas aparecen instrumentos perfeccionados, el elipsógrafo, compases de distinta naturaleza, escalas.

Navegación científica

El siglo XVIII es el de los marinos científicos, como Jorge Juan y Antonio de Ulloa, quienes participaron en la expedición a Quito para medir un grado de meridiano, una de las más hermosas aventuras de la ciencia y de la marina españolas. Gracias a ellos se avanzó en la medición de la longitud, el gran desafío desde el XVI que no se perfeccionaría hasta bien entrado el XIX. Se conservan instrumentos originales utilizados en aquel viaje tan importante para la historia de España, así como las triangulaciones geodésicas del equipo dirigido por La Condamine. El cuadrante acimutal, el nivel geodésico y el octante se unen al mapa simbólico del mundo hispánico, con forma de mujer.

El siglo termina con las comisiones de límites que dan fin a las disputas con Portugal, nacidas del Tratado de Tordesilla y la exposición continúa con el esplendor cartográfico de la Marina Española en el XIX.

La muestra del Naval no solo reúne joyas de la cartografía, sino relatos de contexto. Llama la atención la historia de un mapa, que recorre todos los pasos necesarios desde que un barco acude a medir un territorio hasta que el mapa se imprime, pasando por las matemáticas necesarias, el borrador y la imprenta. Además esos relatos incluyen las importantes misiones científicas de la Armada Española y sus realizaciones cartográficas como el Atlas Marítimo de Vicente Tofiño, así como técnicas como la litografía.

Finalmente la exposición alcanza los medios empleados hoy para la ejecución de cartas y mapas por el Instituto Hidrográfico creado en 1908, tras un siglo difícil que comienza para la Armada en Trafalgar y termina en la guerra de Cuba. Se expone la última carta realizada hasta la fecha, del puerto de Cartagena.

 

Sir Julián de Romero, el temido «mediohombre» de los Tercios de Flandes


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  • Cuando murió tenía 59 años, había perdido un ojo, una pierna y un brazo, tres hermanos y un hijo en combate. Al embalsarlo hallaron que tenía el corazón sumamente grande y con pelo

 

 Julián Romero, maestre de campo y caballero de Santiago - Museo del Prado

Julián Romero, maestre de campo y caballero de Santiago – Museo del Prado

No existía en su tiempo otro medio más democrático de ascender en la escala social que el ejército castellano. Hasta que la corrupción terminó por quebrar el sistema en el siglo XVII, los Tercios de Flandes permitían una oportunidad en igualdad de condiciones para voluntarios, nobles, hidalgos o campesinos. Natural de Torrejoncillo del Rey (Cuenca), Julián Romero de Ibarrola se lanzó en 1534 –el año en el que Carlos V reorganizó las coronelías para crear los tercios– a la captura de esa oportunidad.

Con dieciséis años, Julián ingresó en los tercios como mochilero y mozo de tambor. En el entonces manso Flandes, que años después se convertiría en un fango de turbulencias, el castellano sirvió en los ejércitos de Carlos V hasta el año 1543. Por entonces, ya convertido en capitán, Julián Romero fue enviado en ayuda del monarca ingles Enrique VIII Tudor, cuya alianza con España se mantenía aún impertérrita. En las islas inglesas, el capitán castellano participó en la célebre batalla de Pinkie. La contienda es hoy en día recordada por ser la última batalla campal entre escoceses e ingleses y, quizá, la primera moderna en suelo británico. La derrota escocesa fue de entidad: casi 15.000 muertos y 2.000 prisioneros. Sobre los méritos del Romero debieron ser elevados, puesto que Enrique VIII le ascendió con presteza: de maestre de campo a sir y banneret. Lejanas sonaban entonces las miserias en Torrejoncillo del Rey para un caballero inglés con vasallos bajo su bandera («knight having vassals under his banner»).

Sir Julián al servicio de Felipe II

Julián Romero no podía continuar al servicio de la casa Tudor, cuya escisión con la Iglesia de Roma cada vez resultaba más honda. Al fin y al cabo, el castellano solo había acudido a Inglaterra por orden de su verdadero monarca, Carlos V. Tras más de una década al servicio de los intereses ingleses –lo cual sería de provecho, ante su conocimiento de la lengua y la cultura, para planear ataques contra la pérfida Isabel I–, Julián Romero fue recibido con los brazos abiertos en España. Felipe II, inmerso en otro episodio de las guerras contra Francia, le designó maestro de campo y caballero de Santiago.

No era Felipe II, ni mucho menos, de aquellos que dieran algo sin esperar recibir el doble a cambio. Julián Romero se situó a la cabeza de la infantería española e italiana, que, alineada en el centro, venció a los franceses en San Quintín. Pocos años después, en Gravelinas, otra derrota francesa, Romero lideró a los arcabuceros españoles en su empeño por rebajar a la altura del betún la moral francesa. Durante un periodo estuvo preso de los franceses, lo cual no le impidió batirse en duelo en Fontainebleau con un caballero español al servicio de Francia, al que acusó de traidor.

En 1563, el Gran Duque de Alba convocó a lo más granado de las tropas y oficiales españoles para ahogar la rebelión de Flandes; y allí acudió Julián Romero como Sargento Mayor General de los 1.500 soldados del Tercio de Sicilia. Flandes, convertido en un lodazal para los intereses hispanos, fue un laberinto de glorias y derrotas para muchos de aquellos capitanes. Pese a que el Duque de Alba desinfló sin dificultad las aspiraciones militares del principal líder de la rebelión, Guillermo de Orange, el castellano fue incapaz de comprender la situación política del país y, ante la ausencia de Felipe II –que había anunciado su llegada una vez terminada la represión–, el veterano general sumergió el conflicto en un punto de no retorno.

Del descrédito militar de la familia Orange participó, con gran empeño, Julián Romero en la batalla de Jemmingen. La frontera alemana con los Países Bajos fue testigo de una guerra de desgaste entre el Duque y Luis de Nassau –hermano de Guillermo de Orange– que, en contra de la intención del castellano, terminó en un choque frontal. Luis de Nassau, junto a un ejercito de 12.000 hombres, cometió el error de encerrarse en una península entre los ríos Ems y Dollar. Su escasa ventaja era que controlaba un puente de amplia senda que le brindaba la posibilidad de una retirada limpia. Pero cuando los españoles cargaron contra los rebeldes, poco pudo hacer Nassau mas que ordenar la destrucción del puente. No en vano, la sorpresa llegó cuando los españoles se abalanzaron a través del armazón en llamas con las barbas y ropajes en ascuas.

Tras reconstruir el puente, el Duque de Alba ordenó avanzar al resto de tropas. El enemigo quedó acorralado cerca de la localidad de Jemmingen. A falta del grueso del ejercito, los maestres de campo Julián Romero y Sancho de Londoño se dirigieron, con los Tercios de Sicilia y el de Lombardía, respectivamente, hacia la vanguardia enemiga. Las tropas de Nassau frenaron por varias veces las acometidas de los tercios de Romero y Londoño. Incluso se atrevieron a contraatacar. Julián Romero pidió refuerzos al verse superado en tres ocasiones al Duque de Alba, quien negó las tres veces como San Pedro. Cuando los españoles comenzaron a retroceder y el ejercito rebelde reveló su grueso, el Duque de Alba ejecutó su auténtico plan y precipitó todo el ejército sobre los rebeldes con un desenlace de 7.000 bajas entre las tropas de Nassau. Una carnicería.

No era el marinero que se necesitaba en el norte

El sustituto del Duque de Alba, Luis de Requesens –lugarteniente de Don Juan de Austria en la batalla de Lepanto– no gozaba del talento militar de su predecesor, uno de los grandes generales de su tiempo, pero la debilidad de la hacienda real obligaba a buscar una solución pacífica a la rebelión local contra su soberano, el Rey Felipe II. Así, antes de partir para Bruselas, el nuevo gobernador publicó una amnistía general, la abolición del Tribunal de Tumultos, símbolo de la represión española y la derogación del impuesto de las alcabalas. No obstante, el cambio de estrategia de la Monarquía hispánica fue interpretado entre las filas rebeldes como un síntoma de flaqueza y, a finales del otoño de 1573, Requesens tuvo que recurrir nuevamente a las armas para imponer su autoridad.

En el mapa militar heredado del Gran Duque de Alba, aunque se mantenía bajo control la mayor parte de Flandes, se habían perdido las ciudades norteñas en la zona de Holanda y de Zelanda. En febrero de 1574 se extravió el importante puerto de Middelburg, lo cual obligó a Requesens a redoblar los esfuerzos navales, pero sin obtener apenas resultados.

«Vuestra excelencia bien sabía que yo no era marinero, sino infante; no me entregue más armadas, porque si ciento me diese, es de temer que las pierda todas»

Requesens reunió una precaria flota para auxiliar dos lejanas guarniciones (Ramua y Middlegurgo) en la provincia de Zelanda, que era una de las más hostiles a la autoridad real. Julián Romero partió al mando de 62 navíos de guerra, cuya estabilidad era como poco cuestionable. La flota rebelde, mayor en número y calidad, desarmó la escuadra española al primer encuentro. Tras resistir el ataque simultaneo de cuatro navíos, Julián Romero y diez soldados se echaron al agua. Al llegar a la orilla donde se situaba Requesens, el maestre de campo se dirigió al comendador de Castilla en palabras gruesas: «Vuestra excelencia bien sabía que yo no era marinero, sino infante; no me entregue más armadas, porque si ciento me diese, es de temer que las pierda todas». El Imperio español no tenía una flota adaptada a las características de las costas del norte de Europa y su auténtico poder manaba de la superioridad de su infantería, los Tercios Castellanos.

Mapa de las provincias de los Países Bajos en el siglo XVI- Universiteit van Groningen

Mapa de las provincias de los Países Bajos en el siglo XVI- Universiteit van Groningen

Por orden del general catalán, otro ilustre oficial, Sancho Dávila, hizo valer esa superioridad de los Tercios en la batalla de Mook, que tuvo lugar en el valle del Mosa. Allí perecieron dos hermanos de Guillermo de Orange, pero se obtuvieron pocas ventajas militares a consecuencia de lo que ocurrió tras la batalla. Cuando las tropas españolas avanzaban hacia Zelanda, se extendió un motín generalizado entre los ejércitos hispánicos por el retraso en las pagas de la soldada. El 1 de septiembre de 1575, Felipe II declaró la suspensión de pagos de los intereses de la deuda pública de Castilla y la financiación del Ejército de Flandes quedó en punto muerto. Sin fondos, sin tropas, y cercado por el enemigo, que contraatacó al oler la sangre, Luis de Requesens trató de cerrar un pacto con las provincias católicas durante el tiempo que su salud se lo permitió. Enfermizo desde que era un niño, el catalán falleció en Bruselas el 5 de marzo de 1576, a causa posiblemente de la peste, dejando por primera vez inacabada una tarea que le había encomendado su Rey y amigo Felipe II.

El fallido regreso del castellano de Flandes

La rapidez con la que se propagó la enfermedad imposibilitó que el Comendador de Castilla pudiera dejar orden de su sucesión. Fue el conde de Mansfeld quien se hizo cargo temporalmente del mando del disperso ejército de 86.000 hombres, que llevaban más de dos años y medio sin cobrar. Sancho Dávila, junto a otros veteranos capitanes como Julián Romero, Mondragón, Bernardino de Mendoza y Hernando de Toledo, trataron sin éxito de convencer a los amotinados para permanecer unidos ante el enemigo común: los rebeldes, que aprovecharon las disensiones para medrar terreno. En noviembre de 1576, Sir Romero fue uno de los que acudió a Amberes, acompañado de 600 soldados, para defender a las tropas españolas acorraladas por los rebeldes. Por desgracia, el rescate devino en masacre, en lo que ha venido a conocerse como el saqueo de Amberes.

Felipe II no saldó su gran deseo, pero si convino cederle la castellanía de Hedín en Flandes

La imagen dada por los españoles en Amberes convenció a católicos y calvinistas de la necesidad de expulsar al invasor. Pero no iban a tardar en darse cuenta de que el problema iba más allá de una invasión extranjera, en realidad, era una guerra civil que daría forma a lo que hoy son los territorios de Bélgica, Luxemburgo y Holanda. Tras el fracaso del Edicto Perpetuo que había obligaba a las tropas españolas a abandonar Flandes, Don Juan de Austria –remplazo del fallecido Requesens– reclamó, una vez más, la vuelta de los españoles en 1577. Julián Romero, de 59 años, falto de un brazo, una pierna y un ojo –perdido durante el asedio a Haarlem–, falleció mientras adiestraba a jóvenes soldados en Italia a la espera de su nueva aventura en Flandes. Al embalsarlo hallaron que tenía el corazón sumamente grande y con pelo.

En los últimos años de vida, sus mayores ambiciones fueron regresar a España, donde llevaba nueve años ausente, y la concesión de una castellanía –gobernador de una fortaleza–. Felipe II no saldó su gran deseo, pero si convino cederle la castellanía de Hedín en Flandes. Difícilmente los sueños de aquel humilde mozo de Torrejoncillo del Rey sopesaron algún día convertirse en sir inglés o en castellano de una hostil tierra llamada Flandes.

 

La máscara dorada de Tutankamón recupera su esplendor


ABC.es

  • La pieza regresa al Museo Egipcio de El Cairo tras ocho semanas de restauración. Ahora los egiptólogos investigan si la máscara estaba destinada a Nefertiti
 La máscara de Tutankamón, de nuevo en el Museo Egipcio de El Cairo - AFP

La máscara de Tutankamón, de nuevo en el Museo Egipcio de El Cairo – AFP

Pocos sentirán alguna vez la expectación, el aire contenido o el temblor de manos que debió sentir Howard Carter cuando el cincel y luego las manos de su equipo levantaron la tapa del sarcófago de Tutankamón y descubrieron su momia, con la cara cubierta por una fastuosa máscara funeraria. La pieza, de 11 kilos de oro y con incrustaciones de piedras semi preciosas, se convirtió con el paso de los años en el objeto estrella del Museo Egipcio en El Cairo, visitado por miles de personas al año. Hoy, tras un proceso de restauración de ocho semanas, la máscara dorada vuelve a recibir a los visitantes, «coronando la colección de objetos del pequeño faraón» de nuevo en su urna del Museo Egipcio, declaró ayer en El Cairo el ministro de Antigüedades egipcio, Mamdouh El Damaty.

En verano de 2014, durante unas obras para renovar la iluminación del edificio, un golpe desprendió la perilla de la figura, de más de 3.000 años de antigüedad. Temerosos, trabajadores del museo decidieron pegarla de nuevo de forma algo rudimentaria, utilizando un pegamento «epoxy» antes de que se detectara el accidente. No lograron esquivar el escándalo: el intento de arreglo fue tan burdo que colocaron la barba del faraón ligeramente hacia a la izquierda y dejó parte del pegamento a la vista.

Al inicio de la restauración, financiada por Alemania, se temió que el daño fuera irreversible dada la agresividad del «epoxy», resina que penetró en la barba de la máscara y que no es soluble, por lo que los usuales métodos de restauración resultaban inútiles. El primer reto –explicó en rueda de prensa el director del equipo egipcio-alemán de restauración, Christian Eckmann– fue separar ambas piezas, para lo que utilizaron pequeñas varillas de madera con las que cuidadosamente rasparon durante cuatro semanas el pegamento, tras calentar ligeramente la resina.

Según contó el restaurador, «las varillas de metal quedaron descartadas para no dañar el oro de la máscara». Una vez separadas, el equipo retiró del interior de la barba las distintas capas de pegamento utilizadas desde que en 1946 se pegó por primera vez y que habían penetrado en la barba hueca.

Finalmente y tras un delicado proceso, devolverla a su lugar, pero «de manera reversible», el principio básico de toda restauración, añadió Eckmann. Con cera natural de abeja –fácil de eliminar si fuera necesario–, el equipo germano-egipcio colocó la perilla de nuevo en la barbilla del faraón mediante un tubo interno, también de oro, que unía ambas piezas.

Los misterios de la máscara

Sin embargo, no es la perilla del pequeño faraón lo que atrae ahora la atención de los egiptólogos, sino sus orejas perforadas. Según hipótesis del investigador británico Nicholas Reeves, que actualmente busca la tumba de Nefertiti tras las paredes de la cámara funeraria de Tutankamón, el hecho de que la máscara cuente con lóbulos perforados para pendientes indica que estaba pensada para ser llevada por una mujer. Y esa mujer, insiste Reeves, podría ser Nefertiti, la hermosa madrastra del faraón.

La repentina muerte de Tutankamón tras un brevísimo reinado forzó a que se reciclaran para él la tumba y el ajuar destinado a otra persona, probablemente alguien cercano al monarca. Con la vista fija en las paredes norte y oeste de la tumba descubierta por Carter en Luxor, Reeves defiende que esa máscara fue diseñada para la hermosa reina Nefertiti y luego reutilizada por su hijastro. A las orejas perforadas, «típicamente femeninas» durante la XVII Dinastía, añade que el cartucho con el nombre de Tutankamón fue superpuesto encima de un nombre anterior. «Es Nefertiti», insiste el egiptólogo.

 

Ofiuco, el ‘signo’ del zodiaco que descoloca a los astrólogos


El Pais

  • El Sol abandona el 18 de diciembre esta constelación, que convierte en 13 el número de ‘signos zodiacales’ en lugar de los 12 tradicionales
Constelación de 'Ofiuco', del 'Celestial Atlas', de Alexander Jamieson (1822).

Constelación de ‘Ofiuco’, del ‘Celestial Atlas’, de Alexander Jamieson (1822).

En enero de 1995, Jacqueline Mitton, de la Real Sociedad de Astronomía británica, anunciaba en una serie de divulgación de la BBC que los 12 signos del zodíaco no solo estaban erróneamente adelantados, por los efectos de precesión que sufre la Tierra, sino que eran, en realidad, 13. Mitton explicaba que la eclíptica (el aparente recorrido anual del Sol por los cielos) atraviesa una decimotercera constelación: Ofiuco, versión latina de Asclepio, el dios griego de la medicina. Es más, en realidad, la eclíptica siempre había atravesado esa constelación, solo cambian las fechas con los siglos. Si imaginamos el Sol como un círculo, este año su centro salió del Escorpión y entró en Ofiuco el 30 de noviembre, a las 10:00 UT (Tiempo Universal), y saldrá de Ofiuco para entrar en Sagitario el 18 de diciembre, a las 17:30 UT.

¿Cómo afectaba eso al horóscopo de aquellas personas nacidas entre el 22 de noviembre y el 21 de diciembre, es decir, de signo Sagitario? Los astrólogos, descolocados, tenían un problema: integrar esta constelación como signo del Zodíaco.

Los 12 signos del zodíaco no solo estaban erróneamente adelantados, por los efectos de precesión que sufre la Tierra, sino que eran, en realidad, 13

Para entender este desaguisado astral, empecemos explicando que una constelación es una agrupación “aparente” de estrellas: aunque parecen hallarse en el mismo plano, en realidad se encuentran a diferentes distancias sin que necesariamente exista relación entre ellas. Por convenio, hoy es cada una de las 88 áreas en que se divide el cielo así como el grupo de estrellas que contienen. Sin embargo, a lo largo de la historia y empezando en Mesopotamia, el número total de constelaciones y el área que ocupaban variaban según el autor que catalogaba las estrellas. Entre 1922 y 1930, estas constelaciones y sus abreviaturas oficiales fueron definitivamente establecidas por la Unión Astronómica Internacional (IAU).

El zodíaco astronómico es un cinturón imaginario que se distribuye en el ecuador celeste y sobre el que se sitúan las 12 antiguas constelaciones, de distintos tamaños, designadas con los nombres de las figuras que sus contornos evocaban a los antiguos: el Carnero, el Toro, los Gemelos, el Cangrejo, el León, la Virgen, la Balanza, el Escorpión, Sagitario o el Arquero, Capricornio, Acuario o el Aguador y los Peces (algunas más conocidas por su nombre latino, como Aries, Virgo y Libra). Ofiuco, que ya Ptolomeo incluyó entre las 48 constelaciones de su Almagesto, probablemente no se tuvo en cuenta porque, además de no gustarles el número 13, dividir la banda zodiacal de 360º entre 13 constelaciones no daría un número exacto, y sí entre 12 uniendo Escorpión y Ofiuco.

Calendario real de constelaciones que recorre el Sol

Por regla general, todos los años el Sol entra y sale de las constelaciones por estas fechas, pero puede haber variaciones de horas cada cuatro años que hacen que cambien en un día.

Aries: 21 de abril – 13 de mayo

Tauro: 14 de mayo – 24 de junio

Géminis: 25 de junio – 20 de julio

Cáncer: 21 de julio – 19 de agosto

Leo: 20 de agosto – 14 de septiembre

Virgo: 15 de septiembre – 31 de octubre

Libra: 1 de noviembre – 21 de noviembre

Escorpio: 22 de noviembre – 29 noviembre

Ofiuco: 30 de noviembre – 17 diciembre

Sagitario: 18 de diciembre – 19 de enero

Capricornio: 20 de enero – 15 de febrero

Acuario: 16 de febrero – 11 de marzo

Piscis: 12 de marzo – 20 de abril

El zodíaco astrológico, por su parte, está dividido en 12 porciones iguales de 30 grados, a cada una de las cuales le corresponde un signo: Aries, Tauro, Géminis, Cáncer, Leo, Virgo, Libra, Escorpión, Sagitario, Capricornio, Acuario y Piscis (algunos presentan pequeñas variaciones en el nombre con respecto a las constelaciones astronómicas).

Fue el astrónomo griego Hiparco de Nicea quien en el siglo II a.C. dedujo que la Esfera Celeste tenía un movimiento retrógrado al que denominó precesión. Debido a la influencia gravitatoria de los demás cuerpos del Sistema Solar y a la esfericidad de nuestro planeta, la Tierra se comporta como una peonza de forma que las posiciones relativas de las estrellas respecto al ecuador y a los polos varían a lo largo de un ciclo de unos 26.000 años en que la Tierra da una vuelta completa alrededor del eje de la eclíptica.

Sin embargo, la reivindicación de Ofiuco como constelación zodiacal entre el Escorpión y Sagitario no se debe a la precesión, que solo afecta a las fechas, sino al trazado del mapa celeste clásico y, sobre todo, tras la división arbitraria del cielo en constelaciones por parte de la IAU. Su nombre deriva del griego y significa “el que sostiene a la serpiente”. De hecho, esta constelación se representa con la figura de Asclepio, quien agarra con las manos una serpiente (la constelación de Serpens, en latín), con la cabeza hacia el oeste y la cola hacia el este. Recordemos que el emblema de serpientes entrelazadas es el símbolo de la profesión médica.

San Isidoro de Sevilla estableció distinciones importantes entre astronomía y astrología en el tercero de los 20 libros de sus Etimologías

Ofiuco continúa la leyenda de Orión y el Escorpión. Cuenta el mito griego, que la diosa cazadora Ártemis quiso vengarse del también cazador Orión, quien alardeaba de ser capaz de matar a todas las bestias salvajes, además de acosar de continuo a las Pléyades, las siete ninfas convertidas en palomas. Por ello, la diosa le mandó a un escorpión, que le persiguió y le picó en el talón, matándole con su veneno. Los dioses trasladaron al cielo tanto a Orión como al escorpión, aunque alejados para que no pudieran volver a encontrarse; de hecho, Orión se esconde en cuanto el Escorpión asoma sus pinzas. Conforme el Escorpión asciende por el horizonte oriental, Orión muere y se pone por el oeste. Pero Asclepio, con los poderes sanatorios que Apolo y Quirón le enseñaron, curó al cazador y aplastó al escorpión con el pie. Por ello, Orión resurge por el este, mientras que el animal es aplastado por el oeste.

Lamentablemente, en el interés por la astronomía existe -aún hoy- una componente astrológica que hunde sus raíces en la antigüedad. Astronomía y astrología no se diferenciaron conceptualmente hasta el siglo VI d.C., cuando San Isidoro de Sevilla estableció distinciones importantes entre estas dos materias en el tercero de los 20 libros de sus Etimologías, como han estudiado Antonio Aparicio y Francisco Salvador Ventura. Según el prelado sevillano, la astronomía propiamente se dedica al conocimiento abstracto de la salida, ocaso y movimiento de los astros. En cuanto a la astrología, diferencia entre una “astrología natural”, que se encarga de la observación del camino del Sol y de la Luna y de determinadas posiciones de las estrellas, y una “astrología supersticiosa”, que predice el futuro a través de las estrellas, asigna una parte del alma y de los miembros del cuerpo según los 12 signos del cielo y ordena el nacimiento y costumbres de los hombres según ellos.

La espectacular Supernova de Kepler, de 1604, en Ofiuco, pudo verse a simple vista y en el momento de máxima luminosidad

El sentido de la “astrología supersticiosa” -las supuestas influencias de los cuerpos celestes en la vida y el destino humanos- es el que adquiere la astrología actual. Cuenta Isidoro que fueron los caldeos los primeros en utilizar la observación relacionándola con el nacimiento y que fue Abraham quien la instituyó entre los egipcios. Aun así, la confusión perduró hasta muchos siglos después. Es más, muchas observaciones astronómicas importantes fueron hechas con propósitos astrológicos. El propio Johannes Kepler tuvo que dedicarse por necesidad a la astrología y se disculpaba por esta lucrativa actividad diciendo que así como la naturaleza ofrecía a cada ser medios de subsistencia, así había puesto a la astrología como ayuda de la astronomía, con la cual por sí sola no habría podido vivir. Curiosamente, la constelación de Ofiuco alberga -entre otro contenido astronómico de gran interés, como la Estrella de Barnard-, los restos de la explosión de una estrella moribunda en 1604, conocida como la Supernova de Kepler. Esta espectacular supernova, que pudo verse a simple vista y en el momento de máxima luminosidad, fue observada por el astrónomo alemán, quien escribió De Stella nova in pede Serpentarii (Sobre la nueva estrella en el pie del portador de la Serpiente).

La Universidad de Salamanca mantuvo la cátedra de “astrología” hasta el siglo XVII

Otra prueba de que no hubo distinción entre astrónomos y astrólogos durante mucho tiempo es el hecho de que la Universidad de Salamanca mantuviera la cátedra de “astrología” hasta el siglo XVII. Fue Entonces cuando astronomía y astrología se divorciaron definitivamente, adoptando diferentes sentidos. Sin embargo, es verdad que el origen etimológico de la palabra astrología, “la ciencia de los astros”, no contribuye en absoluto a mantener clara esta distinción.

Carmen del Puerto Varela es periodista, doctora en Ciencias de la Información y jefa de la Unidad de Comunicación y Cultura Científica (UC3) del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC). Durante seis años fue directora del Museo de la Ciencia y el Cosmos, de Museos de Tenerife. En 2009 escribió y dirigió la obra de teatro multimedia El honor perdido de Henrietta Leavitt.