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  • En noviembre de 1936, unos veinticinco proyectiles incendiarios cayeron en las inmediaciones de la Biblioteca Nacional

 

 Estatua de Lope de Vega decapitada, a la entrada de la Biblioteca Nacional - ABC

Estatua de Lope de Vega decapitada, a la entrada de la Biblioteca Nacional – ABC

La táctica de «bombardeos de desmoralización» emprendida por el bando sublevado en noviembre de 1936, en su ataque sistemático sobre Madrid, provocó más de trescientos muertos y unas quinientas edificaciones afectadas en la capital, según el Archivo Histórico Militar. No obstante, las interferencias propagandísticas disparan o disminuyen considerablemente las cifras, especialmente las humanas. Si bien el volumen de los daños materiales también es objeto de discrepancia, de lo que no hay dudas es de los puntos que sí fueron abatidos, con una gravedad mayor o menor según el caso. El archivo fotográfico de ABC es, en ese sentido, una evidencia irrefutable de lo vivido aquellos días, con la estatua de Lope de Vega que acompaña a este texto como ilustración.

Cabeza de la estatua de Lope de Vega, tras el bombardeo de 1936- ABC

Cabeza de la estatua de Lope de Vega, tras el bombardeo de 1936- ABC

Obra de Manuel de Fuxá, esta escultura flanquea la entrada de la Biblioteca Nacional desde que fue tallada entre 1891 y 1895. Su presencia, como el resto de las efigies instaladas, es una analogía evidente con el contenido y la concepción de la biblioteca. Su aparente tranquilidad, sin embargo, se vio alterada el 16 de noviembre de 1936, hace ahora 79 años exactamente. En torno a las 19.40 horas, según recoge la documentación del Ministerio de Defensa, 25 bombas incendiarias cayeron sobre la Biblioteca Nacional, el Museo de Arte Moderno y su homólogo de Arqueología Nacional. Concretamente, siete impactaron en la entrada principal del recinto, con la macabra casualidad de que una decapitara a la estatua del autor del Siglo de Oro. El desmembramiento fue, accidentalmente, una suerte de metáfora sobre lo ocurrido con los tesoros artísticos durante el ataque y toda la Guerra Civil.

A pesar de lo aparatoso del impacto, no obstante, no hubo que lamentar daños mayores, ya que los focos fueron sofocados rápidamente. Tal y como desarrolla la crónica de ABC de entonces, también indicada en los archivos históricos de Defensa, «no se produjeron destrozos por las medidas de precaución tomadas. Los sacos terreros, al deshacerse, actuaron como cortafuegos». Y añade: «Las obras más importantes habían sido trasladadas a los sótanos».

 

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