Descubierta en Turquía una isla perdida en la Antigüedad


ABC.es

  • Su localización coincide con la antigua ciudad de Kane, en la actual provincia de Esmirna en el suroeste de Turquía

 

La excelente conservación del peurto de la antigua ciudad de Kane es la que ha permitido reconocer la localización de esta isla - FACEBOOK HÜRRIYET DAILY NEWS

La excelente conservación del peurto de la antigua ciudad de Kane es la que ha permitido reconocer la localización de esta isla – FACEBOOK HÜRRIYET DAILY NEWS

Un equipo de geoarqueólogos ha examinado de la Universidad de Colonia, liderado por el Instituto Alemán de Arqueología han localizado una isla perdida de la Antigüedad en la también desaparecida ciudad de Kane, en la provincia de Esmirna, en el suroeste de Turquía. Una isla cuya existencia era ya mencionada por fuentes antiguas, informa el rotativo turco «Hurriyet».

Durante las investigaciones en las proximidades de la población de Bademli los geoarqueólgos examinaron muestras de capas del subsuelo y han llegado a la conclusión de que en una de ellas hubo una isla y su distancia respecto del continente era cubierta por sedimientos en algunas ocasiones. Precisamente, la calidad del puerto de la antigua ciudad de Kane fue la que permitió localizar al tercera isla.

En el proyecto también han trabajado arqueólogos de las universidades de Izmir, Karlsruhe, Naisa, Munich, Kiel, Colonia, Rostock y Southampton; así como historiadores expertos,geógrafos, topógrafos y geofísicos. Entre ellos, el profesor Felix Pirson quien ha apuntado que gracias a los restos arquitectónicos y de cerámica en la ciudad habían descubierto el lugar en el que se encontraba Kane en la península próxima a Bademli.

«Ha sido un tema de discursión si las islas que estaban aquí eran las Islas Arginus o no hasta que nuestra investigación comenzó. Fue entonces cuando se empezó a revelar que la antigua Kane estaba localizada en una isla. La distancia hasta el continente era cubierta por sedimientos, que terminaron por crear esta península» y ha mostrado su seguridad de que se hallarán más evidencias tras examinar los «restos geológicos».

Puerto importante

En una línea similar, se ha pronunciado el profesor Güler Ates que pertenece al Departamento de Arqueología de la Universidad Celal Bayar quien también ha confirmado lo revelado por los restos de los puertos de Kane: «Era una escala entre importantes rutas como la de Lesbos y Adramytteion (hoy la ciudad turca de Edremit) en el norte y Elaia (Zeytindag, en la actualidad), el principal puerto de la vieja Pérgamo en el sur».

La antigua ciudad de Kane tuvo un rol muy relevante como puerto y usada por los romanos comandados por Lucio Cornelo Escipión durante la guerra contra Antíoco II entre 190 y 191 a.c.

Varios siglos antes esta parte de la moderna Turquía fue el escenario de la Batalla de Arginusas, en el 406 a.c. en plena Guerra del Peloponeso entre Antenas y Esparta. A pesar de la victoria ateniense, el comendante fue capturado y ejecutado al retornar a su país por no auxiliar a los heridos.

 

La plaza de San Martín, el lugar donde Quevedo mató a un hombre por pegar a una mujer


El Mundo

  • Una placa municipal documenta la disputa, iniciada en una parroquia cercana

 

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Detallan los escritos, propios y ajenos, que Francisco de Quevedo (Madrid, 1580) dominó a partes iguales la pluma y la espada, tan ácidas y afiladas como su propia lengua. Lo dicho, en efecto, no es ninguna novedad, como tampoco lo es que, desde estas líneas, se destaque el carácter pendenciero del autor. Y aunque este texto apoya esta tésis, lo cierto es que el desarrollo de la historia remite a otra de sus definiciones personales: su reconocida devoción cristiana y su comportamiento galán ante las mujeres; aunque no necesariamente en ese orden.

Fue el Jueves Santo de 1611 cuando Quevedo, que rezaba en la próxima parroquia de San Ginés (aunque no se sabe a ciencia cierta dónde se encontraba), contempló cómo un asistente a los oficios daba una bofetada a una dama que también se estaba allí. Quizá por la indiferencia generalizada entre el resto de asistentes en el templo, el genial escritor se implicó inmediatamente en el suceso, inicialmente con palabras y después con algo más, acaso preso de la situación. Altivo, primero sacó al agresor a la calle, no se sabe si a golpes o a improperios. Después, sea como fuere, y ya en el exterior, intercambiaron insultos mientras la riña subía de tono.

Ya en la plaza de San Martín, con un tono que sólo llevaba un camino, el escritor y su contrincante elevaron un escalón la disputa. De sobra es sabido que, en aquel Madrid del Siglo de Oro, las discusiones sólo se zanjaban de un modo, por dramático que fuese. Así, sabedor Quevedo de los códigos de la Villa, asestó al agresor una punzada mortal con su florete. La prueba de este lance, siglos después, es una placa municipal, situada junto a la que identifica la plaza. «En esta plaza hirió mortalmente Francisco de Quevedo a un caballero el Jueves Santo de 1611 en defensa de una dama».