La peste, la plaga más mortífera, nació con las migraciones y las guerras


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  • El análisis de genes de restos óseos ha permitido averiguar que la bacteria de la peste infectaba a humanos hace 5.000 años, cuando comenzaba la Edad del Bronce

 

Paul Fürst/Natalia Shishlina A la izquierda, un «médico de la peste», en la Edad Media, a la derecha, un poblador europeo de la Edad del Bronce

Paul Fürst/Natalia Shishlina
A la izquierda, un «médico de la peste», en la Edad Media, a la derecha, un poblador europeo de la Edad del Bronce

 

«Miré, y vi un caballo bayo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía: y les fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra». Así se refiere el Apocalipsis al cuarto jinete, que monta un caballo cadavérico. Se le suele conocer como Muerte, pero en muchos libros también lleva el nombre de «Peste».

Y con razón. La peste es una de las plagas que más huella ha dejado en la historia del ser humano. Algunos estudiosos relacionan la caída del Imperio Romano con la dispersión de esta enfermedad. Durante siglos la peste fue una catástrofe capaz de dejar ciudades completamente devastadas, en las que a veces no quedaron vivos suficientes como para enterrar a los muertos. En el Siglo XIV, la Muerte Negra acabó con el 60% de la población europea, según el Centro de Prevención y Control de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). Ya a principios del siglo XIX, la sacudida de la peste dejó 10 millones de muertos.

Ahora, un equipo internacional de investigadores ha analizado el genoma de personas que vivieron hasta hace 5.700 años y ha descubierto que la peste era una enfermedad habitual entre los humanos hace unos 5.000 años, lo que supone que es casi dos veces más antigua de lo que antes se pensaba. El hallazgo, obtenido después de analizar los genes encontrados en dientes de 101 personas que vivieron en la Edad del Bronce entre Siberia y Polonia, ha sido publicado este jueves en la revista «Cell», y refuerza la idea de que la peste fue un determinante crucial en la historia.

«Hemos descubiertos que Yersinia pestis (la bacteria que causa la peste) aparició mucho antes de lo que se pensaba, y hemos estrechado la ventana temporal de cómo evolucionó», ha explicado Eske Willerslev, investigador de la Universidad de Cambridge y el autor principal del estudio.

Espadas y bacterias

Hasta ahora, el primer registro histórico de esta devastadora enfermedad se remontaba a la plaga de Justiniano (en el 541 D.C.), que dejó 25 millones de muertos entre los siglos VI y VIII. Pero ahora, gracias al análisis de los genomas, la historia puede reescribirse. Según han averiguado los investigadores, la peste emergió al comienzo de la Edad del Bronce y podría ser la responsable de las grandes caídas de población que ocurrieron 4.000 y 3.000 años antes de Cristo.

«La Edad del Bronce fue un período muy importante en la producción de armas de metal. Se cree que esto favoreció las guerras, lo que es compatible con que en ese momento se produjeran grandes momentos de población», ha dicho Marta Mirazón-Lahr, una investigadora de la Universidad Willerslev de Copenhague que ha participado en el estudio. Según ella, este período de migración tan activa podría haber propiciado la dispersión de las primeras variedades de la peste.

Los científicos han encontrado pruebas de que en aquel momento, un simple cazador infectado con la peste podía contagiar y acabar con una comunidad entera en dos o tres días. Mientras que el infectado comenzaba a sufrir fiebre alta, escalofríos y expulsión de flema al toser, los que pasaban a una distancia de unos dos metros corrían el riesgo de inhalar la bacteria exhalada con la tos, con lo que quedaban contagiados. En cuestión de horas, la mayoría de los infectados moría, en medio de una ataque devastador de tos seca.

Una plaga aún más devastadora

Pero aún podía ser peor. Después de analizar millones de secuencias de genes presentes en los restos de los huesos de 101 personas que vivieron en la Edad del Bronce, los científicos han encontrado dos huellas que muestran que Yersinia pestis«aprendió» a ser aún más contagiosa y letal. Por una parte, encontró un animal que actuó como «autobús» para transportarla entre las personas, la pulga, y por otra, descubrió como aumentar su capacidad destructiva en el cuerpo.

Estos cambios se produjeron gracias a unos cambios genéticos que son, en primer lugar, la presencia del gen de virulencia ymt, que protege a la bacteria en el interior del intestino de la pulga y que además provoca que esta se quede hambrienta y empiece a picar con mayor intensidad. Y, en segundo lugar, la presencia de pla, un gen activador que permite a la bacteria no solo infectar el tejido de los pulmones, que causa la tos, sino también pasar a la sangre y a los ganglios linfáticos. Así, nació la peste bubónica (por la hinchazón que causaba en los ganglios y que pasaban a llamarse bubones).

Estragos de la peste (ABC)

Estragos de la peste (ABC)

Los años venideros le dieron el caldo de cultivo ideal a Yersinia pestis para que se convirtiera en una plaga permanente que diezmaba a la población y que producía brotes más puntuales de extrema capacidad destructiva. Así, las espadas, las guerras y los movimientos de población consiguientes, la vida en grandes poblaciones, las nulas medidas de higiene que se seguían y el trasiego de los hombres y los animales a bordo de los barcos sobre todo en el Mediterráneo y Asia, favorecieron la dispersión de la terrible plaga.

«Cada patógeno tiene que mantener un equilibrio. Si mata al hospedador antes de que pueda extenderse, llega a un “punto muerto” y su expansión se frena. Por eso, las enfermedades altamente letales –como la peste– requieren unas condiciones demográficas muy concretas para expandirse», ha dicho Robert Foley, investigador de la Universidad de Cambridge que también ha participado en el estudio.

Según él, la primera peste, la neumónica, «estaba más adaptada a la Edad de Bronce. Cuando las sociedades euroasiáticas crecieron en complejidad y las rutas de comercio se abrieron, quizás las condiciones favorecieron a la variante más letal de la peste». En consecuencia, la peste más peligrosa, la bubónica, apareció en Armenia en el siglo X, desde donde seguramente se extendió a Oriente Medio y de ahí al resto del mundo.

Si en la Edad Media los «médicos de la peste» iban equipados con una máscara en forma de pico de pájaro que iba rellena de hierbas y perfumes para protegerse, y con un palo de madera para alejar a los enfermos si se acercaban demasiado, los médicos actuales cuentan con una poderosa herramienta para luchar y quizás erradicar a la peste de los lugares donde aún permanece: los antibióticos. Si es cierto lo que sostienen algunos acerca del peligro de que no se investiguen nuevos antibióticos, quizás la peste vuelva a escribir la historia como ya ha hecho durante milenios.

Comienzan los trabajos para buscar el tesoro de Alarico, «el más grande de la historia de la humanidad»


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  • El alcalde de Conseza, donde está enterrado el rey de los visigodos, afirma que podría tratarse de más grande tesoro de la historia de la humanidad, con un valor estimado de 275.000 millones de euros
Ilustración de «Saqueo de Roma por parte de Alarico»

Ilustración de «Saqueo de Roma por parte de Alarico»

El tesoro de Alarico, rey de los visigodos, se busca desde hace 1600 años, creándose una leyenda que ha fascinado a historiadores y astrólogos, poetas y aficionados a la arqueología, nazis y judíos. Pero es ahora cuando con medios científicos se buscará en Cosenza, en la región de Calabria, al sur de Italia, el tesoro del rey Alarico, quien tras un largo asedio entró en Roma en la noche del 23 de agosto en el 410 d.C. Después de tres días de saqueo, Alarico se hizo con el más grande tesoro de la historia de la humanidad, teniendo en cuenta que Roma, Caput mundi en la época, poseía el fruto de ocho siglos de invasiones y conquistas. Entre las inmensas riquezas había una parte del tesoro de Jerusalén, destruida en el 70 d.C por Tito Flavio Vespasiano, que lo transportó a Roma. Entre otras joyas de incalculable valor estaría la famosa Menorah, el candelabro de siete brazos símbolo de la religión hebrea, con 70 kilos de oro y plata. El saqueo de Roma fue considerado por algunos, caso de San Agustín, como un castigo de Dios a los paganos del imperio romano.

Tesoro de valor incalculable

El historiador romano Jordanes escribió, en su libro «El origen y actos de los godos», que Alarico falleció en el mismo año de su victoria en Roma y fue sepultado, junto a los tesoros saqueados, en una tumba cerca de la confluencia de los ríos Busento y Cratis, en Cosenza. Jordanes cuenta que Alarico fue enterrado con su caballo y con 25 toneladas de oro y 150 de plata, además de otras riquezas, en gran medida fruto del saqueo de Roma. Para realizar esta operación fueron escogidos prisioneros que desviaron temporalmente el curso del río, excavando una gran tumba, con las dimensiones de una basílica.

«En las profundidades del foso enterraron a Alarico con sus muchos tesoros, luego canalizaron nuevamente las aguas del río y se mataron a los prisioneros para que nadie conociera el lugar exacto de la tumba», escribió Jordanes. Se estima que el valor de este tesoro sería hoy de unos 275.000 millones de euros, el equivalente al 15-20 % del Producto Interno Italiano (PIB). Además, su importancia cultural «sería incalculable, porque representaría las raíces de la civilización occidental», afirma el investigador Francesco Sisci, coordinador del proyecto.

La obsesión de Hitler

Desde hace siglos se busca la tumba del rey de los godos. Incluso Hitler se obsesionó con ese tesoro. Mientras bombardeaba Guernica, encontró tiempo para mandar a Cosenza, en 1937, a Heinrich Himmler, jefe de la policía alemana, para iniciar la búsqueda, aunque volvió con las manos vacías. Incluso Goebbels llegó a considerar el «tesoro de los godos» como uno de los irrenunciables símbolos del Reich. El rey visigodo se convirtió en una idea tan obsesiva para los nazis que bautizaron como «operación Alarico» la invasión militar de Italia.

La leyenda de Alarico ha sobrevivido hasta nuestros días, más allá de las fronteras italianas. Uno de los últimos cazadores en llegar el pasado año a Cosenza, en plan Indiana Jones, fue el politólogo Edward Lutwak, consejero militar y amigo de los Bush, declarando para sorpresa de muchos: “Ha llegado la hora de buscar de forma seria el tesoro. Hay que pasar del mito Alarico a su auténtica historia. Si Italia garantizara un buen porcentaje a quien encuentra un tesoro, como sucede en todo el mundo, habría venido aquí hace ya treinta años. Y Calabria estaría llena de gente con drones y detectores de metal”.

«Una herencia de interés mundial»

Ahora, el alcalde y presidente de la provincia de Cosenza, el arquitecto Mario Occhiuto, de centroderecha, acaba de presentar en la Cámara de Diputados en Roma el plan de las investigaciones para buscar con la más moderna tecnología el tesoro de Alarico. «Troya fue una leyenda hasta que se descubrió en 1870. Y Pompeya fue descubierta casualmente en el siglo XVIII. Nosotros también estamos determinados a seguir en esta investigación, porque podría tratarse de más grande tesoro de la historia de la humanidad. Sería parte de una herencia de interés mundial», ha manifestado el alcalde Occhiuto.

Científicos italianos han identificado cinco lugares donde se cree que puede estar la tumba. «Además de las indagaciones históricas, habrá un análisis geofísico del terreno, con microondas y sondeos geomagnéticos. Tras la obtención de los primeros datos, en una zona de poco más de una hectárea, hay elementos que nos animan a seguir adelante», afirma el geólogo Giuseppe Rota.

La oposición socialista en el ayuntamiento de Cosenza es contraria a gastar dinero en esta investigación, porque la ciudad debería tener otras prioridades, como escuela, sanidad y familias pobres. Además, rechazan que se ligue el nombre de la ciudad a un sanguinario invasor. El alcalde se defiende así ante esas críticas: «Existen hoy tecnologías que nos permiten efectuar investigaciones con gastos irrisorios. Tenemos un óptimo plan. Otras ciudades han hecho su fortuna sobre leyendas mucho más superficiales: La Sirenita de Copenhague, el monstruo del lago Ness y el balcón de Romeo y Julieta de Verona». Parece claro que al alcalde le gustaría que para Cosenza fuera también un negocio el mito de Alarico.