La curiosa historia del frontón Beti Jai de Madrid


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En anteriores ocasiones os hemos hablado de ello y ahora vuelve a ser noticia.

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El frontón Beti Jai de Madrid va a ser rehabilitado, tras haber estado abandonado durante décadas. Pocos saben que no solo es el frontón con gradas más antiguo del mundo, sino que se trata del edificio deportivo más antiguo de Europa (fue inaugurado en 1894, obra del arquitecto Joaquín de Rucoba). Monumento del Patrimonio Histórico y Bien de Interés Cultural, el Beti Jai se cerró en 1919 con el auge del fútbol y en su interior se instaló un taller. En la guerra civil y la posguerra se utilizó como cárcel.
El ayuntamiento lo compró por siete millones de euros y ahora se ha anunciado un plan de rehabilitación, cuyas obras comenzarán en 2016. Y todo ello, gracias al empuje de la plataforma Salvemos el Frontón Beti-Jai’. Aún no se sabe qué uso se le dará al edificio. Desde la plataforma se pide que se conserva lo más posible su función original, y el Ayuntamiento indica que el uso del Beti Jai es “deportivo singular” y que “así es como hay que mantenerlo”, aunque también se ha hablado de crear un recinto cultural y deportivo con capacidad para 4.000 espectadores.

Así fue el robo del cadáver de Chaplin que «El precio de la fama» lleva ahora a la ficción


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  • A Charlie Chaplin apenas le dejaron descansar un par de meses después de su fallecimiento en la noche de Navidad de 1977, cuando contaba con 88 años
El hoyo dejado en el cementerio de Corsier-sur-Vevey tras el robo, y la noticia recogida por ABC

El hoyo dejado en el cementerio de Corsier-sur-Vevey tras el robo, y la noticia recogida por ABC

«El precio de la fama», así se llama la cinta estrenada el pasado 2 de octubre, dirigida por Xavier Beauvois, en la que se narra una historia real: el robo del cadáver de Charlie Chaplin a manos de dos delincuentes comunes que aspiraban a hacer pagar un importante rescate a la familia.

Esta historia real, ahora cinematográfica, la recuperaba Israel Viana para ABC en el año 2011. Así ocurrió lo que su familia calificó entonces como un «ridículo» secuestro, o eso pensaban ellos que pensaría el propio Chaplin.

A Charlie Chaplin apenas le dejaron descansar un par de meses después de su fallecimiento en la noche de Navidad de 1977, cuando contaba con 88 años.

En la madrugada del 1 al 2 de marzo de 1978, dos delincuentes comunes entraban en el pequeño cementerio de la localidad suiza de Corsier-sur-Vevey, donde vivía la familia del director de «El Gran Dictador» o «Tiempos Modernos», y profanaban su tumba. Ni siquiera habían instalado aún la lápida con el epitafio grabado cuando robaron el ataúd con sus restos mortales. Los agentes tan solo encontraron el hoyo donde estaba enterrado el féretro, las huellas que se dirigían hacia la puerta del cementerio y las marcas de ruedas de un vehículo.

Esas fueron todas las pistas con las que contó la Policía suiza, cuya primera hipótesis, y a la postre la correcta, fue que los secuestradores tenían el objetivo de pedir un rescate a la familia de Chaplin. En aquel momento, la fortuna acumulada por los descendientes tras la herencia, según ABC, ascendía a unos 25 millones de dólares.

«Ridículo», para Chaplin

Los ladrones eran dos mecánicos de automóviles de nacionalidad polaca (Roman Joseph Wardas, de 24 años) y búlgara (Gandscho Ganev, de 38), que no contaron con la reacción de la viuda de Chaplin, Oona O’Neill: nada de pagar el más mínimo rescate por los restos de su marido. «Charlie lo hubiera encontrado ridículo», aseguró.

Sin embargo, dar con los responsables de «uno de los hechos delictivos más macabros y rocambolescos de los últimos tiempos», como lo describió este periódico, no fue fácil. La Policía rápidamente difundió una alerta no solo a Suiza, sino a toda Europa, pero no hubo suerte. Durante los primeros días tampoco recibieron aviso alguno de los responsables del robo, por lo que la hipótesis del rescate empezó a perder peso: «En realidad, nadie sabe lo que se encuentra detrás del robo, pero no parece un intento de pedir un rescate», declaró el portavoz de la familia.

Pocos días después, O’Neill comenzó a recibir llamadas telefónicas de Wardas y Ganev exigiendo cifras desorbitantes por los restos del cómico. La primera ascendía a 600.000 dólares, después fue rebajada a 600.000 francos suizos y, posteriormente, a 500.000, llegándole a enviar fotos que probaban que el cadáver de Chaplin estaba en su poder. Pero se notaba que los delincuentes no eran unos profesionales en esto de la extorsión.

Vigilancia sobre 200 teléfonos públicos

Tras una serie de amenazas de muerte a la familia, Oona O’Neill aceptó colaborar en las investigaciones de la Policía, permitiendo que pincharan la línea telefónica del castillo donde vivía con alguno de sus hijos (Geraldine Chaplin, que residía en Madrid con su pareja de entonces, el director Carlos Saura, aseguró a ABC que se enteró del robo del cadáver de su padre por la prensa).

El 16 de mayo, la viuda del director informó a la Policía que los secuestradores iban a llamarla de nuevo para obtener una respuesta definitiva, por lo que se instaló un equipo de vigilancia sobre 200 teléfonos públicos de la ciudad de Lausanne y sus alrededores. Un movimiento eficaz que dio inmediatamente con Wardas en una de las cabinas y horas más tarde con Ganev. Tras las confesiones, la Policía pudo recuperar el ataúd y el cadáver enterrados a pocos kilómetros del cementerio de Corsier-sur-Vevey.

Durante el juicio, Wardar confesó que la «original» idea de robar el cadáver de Chaplin se le ocurrió por asociación de ideas, al leer en la prensa la noticia de que la Policía italiana había recuperado en Bari el ataúd y el cuerpo sin vida de Salvatore Matarrese, padre de un importante senador. Luego convenció a Ganev, huido de Bulgaria, de que participara en la tropelía. Ambos extrajeron el ataúd del cómico de más de 120 kilos, lo subieron al vehículo y lo trasladaron hasta la cercana población de Neville, donde, en el centro de un enorme campo de maíz, lo volvieron a sepultar.

Esta rocambolesca historia fue como la última escena de una vida de película. Después de aquello, «el único genio de la industria del cine», uno de los «actores más célebres de todos los tiempos», como le definieron alguno de sus colegas, descansó por fin en paz.

La sádica historia de la Cenicienta de los hermanos Grimm que Disney descartó


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  • «Cuando el príncipe y su novia entraron en la iglesia, las palomas salieron volando de los hombros de Cenicienta y picotearon un ojo de cada una de las hermanastras, hasta arrancárselos», relata el cuento de tradición medieval

cenicienta limpiandoWalt Disney produjo con gran éxito a mediados del siglo XX distintas películas, «Blancanieves y los siete enanitos», «La Cenicienta», «La Bella Durmiente», entre otras, basadas en los populares cuentos de los hermanos Grimm. Sin embargo, la crudeza de muchos de estos relatos de tradición medieval no terminaban de encajar con lo que la factoría Disney tenía pensado para su público infantil, lo que llevó a los guionistas americanos a desechar la mayoría de planteamientos de los Grimm para quedarse con la versión del francés Charles Perrault (1628-1705), tanto en el caso de «La Cenicienta» como en el de «La Bella Durmiente». Las diferencias no eran tantas, pero sí lo bastante significativas para herir la sensibilidad de un niño. La versión de los hermanos Grimm relata así que las hermanastras de Cenicienta, que terminan perdiendo los ojos a manos de los pajaritos aliados con la protagonista, son capaces de cortarse varios dedos y el talón del pie con tal de que les entre el delicado zapato, de oro en esta versión, que el Príncipe emplea para encontrar a su misteriosa pareja de baile. Demasiada sangre para la factoría Disney.

La historia de «La Cenicienta», no en vano, hunde sus orígenes mucho más atrás en el tiempo que la versión de los hermanos Grimm o la de Charles Perraul, hasta el extremo de que un relato del Antiguo Egipto guarda muchas similitudes con la «princesa Disney». Según esta leyenda, Ródope fue una joven griega raptada por unos piratas y llevada a Egipto para ser vendida como esclava. Su amo, un buen hombre pero muy desantendido de lo que ocurría en su hogar, no se enteraba de que las otras muchachas de la casa, todas libres pero siervas, hacían mofa de la extranjera porque era distinta. Eran un antecedente de las hermanastras malvadas y envidiosas de Cenicienta.

Ródope, entre la tradición egipcia y la griega

Como en la historia de Cenicienta, Ródope se encargaba siempre de las tareas más ingratas de la casa acompañada por pájaros, un mono y un viejo hipopótamo. Durante un acto real celebrado por Amosis I en Menfis, la joven griega se vistió con sus mejores galas, incluidas unas sandalias de oro rojo, solo para ver como el resto de siervas impidieron que fuera a la ceremonia. No obstante, un halcón –supuesta encarnación del dios Horus– robó las sandalias a la griega y se las llevó al faraón, quien vio un designio divino en la escena y dio la orden de que «todas las doncellas de Egipto habrían de probarse la sandalia, y la dueña sería su reina».

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En consonancia con el episodio clave del cuento de Disney, el faraón recorrió el Nilo buscando a la dueña de las sandalias hasta que dio con Ródope, que, pese a esconderse inicialmente entre los juncos, es finalmente reconocida por el faraón como Reina de Egipto. El historiador griego rescató la historia de Ródope siglos después, pero añadiéndole nuevos elementos más mediterráneos como son el hecho de que procede de Tracia y que, tras ser liberada por el faraón, haría una fortuna dedicándose a la prostitución, en vez de casándose con un rey o un faraón. Heródoto además refiere la leyenda de que una de las pirámides de Giza fue construida por encargo de ella o para ella, aunque sin darle mucho crédito. No en vano, la historia de Ródope estuvo presente en la tradición grecoromana y más tarde fue probablemente heredada por la literatura europea hasta convertirse en la moderna Cenicienta.

En el siglo XVII, el napolitano Giambattista Basile incluyó en su antología póstuma «El cuento de los cuentos» (1634) la historia de Cenerentola, que es el relato que inspiró más tarde directamente a Perrault y a los hermanos Grimm. Todos los elementos característicos del cuento (la malvada madrastra, las hermanastras envidiosas, las transformaciones mágicas, la pérdida del zapato…) aparecen ya presentes en este cuento, aunque Perrault prefirió prescindir de la violencia desmedida del texto de Basile. En esta historia, existe una primera madrastra que es asesinada por la protagonista cuando deja caer la pesada tapa de un arcón estando ella debajo causándola la rotura del cuello.

La película de Walt Disney de 1950 es fiel al cuento de Perrault casi en su totalidad, salvo porque, curiosamente, tiene un final menos conciliador. En el cuento de Perrault, Cenicienta perdona finalmente a su malvada madrastra y a sus dos hermanastras, que asisten a su boda y se casan el mismo día con dos nobles de la corte. En la versión de Disney, sin embargo, no todos serán felices y comerán perdices: no hay redención para las hermanastras y la madrastra. Lo más sorprendente de la producción norteamericana, en cualquier caso, es que obviara todos los elementos de la versión de gran calidad literaria y tan popular como la de Perrault, aunque evidentemente incompatible con el público infantil, de los hermanos Grimm.

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Nacidos y criados en un contexto de defensa de la cultura alemana frente a la invasión napoleónica, los hermanos Grimm, Jacob Grimm y Wilhelm Grimm, se hicieron célebres por sus cuentos infantiles a pesar de que esa no era su intención. Frente a las críticas por la extrema dureza de sus cuentos, los Grimm se defendieron siempre argumentando que sus relatos no estaban dirigidos a los niños. Fue con el tiempo que terminaron cediendo para satisfacer las exigencias del público burgués y realizaron diversas modificaciones para transmitir una imagen menos violenta. Por ejemplo, la madre de Hansel y Gretel pasó a ser una madrastra con el paso de las ediciones, porque el hecho de abandonar a los niños en el bosque no coincidía con la imagen tradicional de la madre de la época; así como la omisión de alusiones sexuales explícitas en muchos de los textos.

Castigos medievales contra los villanos

Así y todo, la obra final de los Grimm, pese a los esfuerzos por suavizar la crudeza, siguió conteniendo todos los prejuicios y duros castigos contra la maldad que eran habituales en la Edad Media, que es el periodo donde se emplazan la mayoría de las historias. Un ejemplo representativo de castigo a los villanos puede verse en la versión original de «Blancanieves», donde la malvada madrastra es obligada a bailar con unas zapatillas de hierro ardiente al rojo vivo hasta caer muerta.

El caso de «Cenicienta» es otra muestra de la Edad Media en su máximo esplendor y la devoción por las torturas físicas. En la versión de Grimm, Cenicienta es una joven doncella que pierde a su madre y sufre la tiranía de una madrastra y unas hermanastras «de corazón muy duro y cruel». En este sentido, en contraste con la historia de Charles Perrault, que apenas menciona a la madre fallecida de Cenicienta, los Grimm dan mucha importancia al dolor que le causa a la joven su ausencia. La tumba de la madre, junto a una fuente, será donde brote la magia en forma de un pájaro que concede a Cenicienta lo que le pida.

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A diferencia de la versión Disney, los bailes de Cenicienta en la corte se prolongan durante tres noches, tras las cuales siempre escapa sin revelar su identidad. En la última de las noches, el príncipe decide poner pegamento en el suelo para evitar que escape Cenicienta. La joven consigue igualmente huir a tiempo, pero debe dejar uno de sus zapatos de oro atrás. El príncipe se decide así a buscar a la misteriosa doncella empleando la única pista a su alcance, el calzado perdido.

Cuando el príncipe llega a la casa de Cenicienta, pide al padre que le traiga a sus hijas. La hermanastra mayor se prueba el zapato, pero como no le entra la madre le dice que se corte dos dedos del pie para que el zapato encaje. A la vista de que es aparentemente de su talla, el príncipe se marcha con la joven, quien apenas puede contener el dolor de haberse amputado dos dedos. Pero, por intervención de dos palomas, el príncipe descubre que la malvada hermanastra está sangrando por los horribles cortes y vuelve a la casa a probar el zapato en el pie de la hermanastra menor. Como ésta tampoco puede calzarse el zapato, la madre sugiere a su hija menor que se corte el talón: «Si no te cupiera, coge este cuchillo y corta un pedazo de tu talón. Apenas te va a doler, y de este modo serás reina». La sangre y las palomas revelarán una vez más el engaño.

Con todo, el relato de los hermanos Grimm también tiene un final feliz, puesto que el zapato de oro encaja en el pie de Cenicienta y el príncipe se casa con ella, salvo en lo que atañe a las hermanastras. «Cuando el príncipe y su novia entraron en la iglesia, la hermana mayor caminó a su diestra, y la menor a la izquierda de la pareja, y entonces las palomas salieron volando de los hombros de Cenicienta y picotearon un ojo de cada una de las hermanas, hasta arrancárselos», relata el cuento sobre un primer ataque que fue seguido por otro con idéntico resultado. Las dos quedaron ciegas de esta forma. Curiosamente, en la primera versión publicada por los hermanos alemanes en 1812 las hermanastras no reciben castigo alguno. El castigo en forma de ceguera se añadió en 1819 y se mantuvo en las ediciones posteriores.