El dragón y el oso que desaparecieron de la fuente de la Cibeles


ABC.es

  • La diosa estuvo adornada con más atributos de los que podemos ver hoy. Desaparecieron en 1862 coincidiendo con un cambio de uso
 La fuente de la Cibeles, flanqueada por las esculturas del oso y el dragón - ABC

La fuente de la Cibeles, flanqueada por las esculturas del oso y el dragón – ABC

El oso y el dragón son los símbolos heráldicos de Madrid y la fuente de la diosa Cibeles los tuvo adosados a su conjunto escultórico hasta 1862. Pese a ser uno de los monumentos más fotografiados de la capital, la mayoría de la gente desconoce las curiosidades que esconde esta obra maestra de Ventura Rodríguez. Además de ornamental, la fuente más famosa de Madrid sirvió de abrevadero de animales entre 1781 y 1794. Las fuentes que se instalaron en la época en cada plaza y cruce de caminos abastecieron de agua a las casas de la zona hasta finales del siglo XIX.

La de la Cibeles no fue una excepción. Para ello, el proyecto original de Ventura Rodríguez incluía un surtidor con forma de jarra, decorado con un niño sentado encima, de la que brotaría el agua potable. Sin embargo, nunca llegó a ponerse en marcha. En su lugar, y ante la fuerte presión popular, Juan de Villanueva ideó disponer en los costados de la fuente dos surtidores con forma de dragón y de oso que fueron labrados por Alfonso Giraldo Bergaz. El escultor cobró 13.000 reales por ambas piezas.

Tras su colocación, las autoridades regularon su uso. El caño del oso estaba exclusivamente reservado para los 50 aguadores que operaban en esta fuente para surtir agua a las casas de la zona. En el caso del dragón, el aprovisionamiento era libre para todos los ciudadanos. Ambas figuras funcionaron hasta 1862, fecha en la que desaparecieron tras prohibirse el uso público de la fuente.

El oso, en la Casa de Fieras

El dragón fue trasladado a un almacén municipal, donde permaneció hasta que Madrid decidió ubicarlo en el patio de la Casa Cisneros de la Plaza de la Villa. El oso tuvo un nuevo emplazamiento más original: la antigua «Casa de Fieras» del Parque del Retiro. La escultura compartió incluso espacio con los osos del antiguo zoo de la capital.

Las dos esculturas volvieron a encontrarse años después para ser colocadas, de nuevo juntas, en el patio del Museo de los Orígenes de Madrid. Allí pueden contemplarse en el patio renacentista, junto a los remates de tritones y nereidas de las cuatro fuentes del Paseo del Prado.

 

La criada que descubrió 10.000 estrellas


El Pais

  • La escocesa Williamina Fleming, empleada en la casa del director del Observatorio de Harvard, terminó siendo una pieza clave en la aparición de la astrofísica
Williamina Fleming hacia 1890 junto al sector de la placa, de 1888, en la que por primera vez identificó la nebulosa Cabeza de Caballo. Abajo, una toma reciente del mismo campo / grupo de astrofotografía del IAC, 2012.

Williamina Fleming hacia 1890 junto al sector de la placa, de 1888, en la que por primera vez identificó la nebulosa Cabeza de Caballo. Abajo, una toma reciente del mismo campo / grupo de astrofotografía del IAC, 2012.

“¡Hasta mi criada haría un trabajo mejor!”, pero el profesor Pickering jugaba con las cartas marcadas cuando les lanzó estas palabras de ánimo a sus ayudantes en Harvard. Delante de ellos se acumulaban las placas fotográficas con los espectros estelares más detallados captados hasta la fecha. Las primeras placas de una enorme serie que, a la postre, estará llamada a ser la llave con la que la vieja astronomía dará paso a una ciencia nueva: la astrofísica.

Cómo es la vida; un día tienes 19 años y el tiempo se te escapa. Rompes a correr sin rumbo, provocando al destino, te casas, te largas lejos y antes de dos años estás sola, en la calle, preñada y a 5.000 kilómetros de casa. Estos pensamientos debían rondar la mente de Mina Fleming en la primavera de 1879 mientras se sobreponía a los quiebros de la vida y se guardaba sus seis años de prácticas de magisterio para buscar un trabajo urgente de criada. Su vieja Dundee natal no era, desde luego, sitio para una mente inquieta, más allá de un duro pero estable futuro en la floreciente industria textil de fibra de yute o en las fábricas de mermelada. Tampoco su marido, James Fleming, un contable bancario, viudo y 15 años mayor, era, probablemente, su compañero de viaje ideal. Sea como fuere, Mrs. Fleming encontró refugio, y trabajo, en el servicio doméstico de la casa del director del Observatorio de la Universidad Harvard, el profesor Edward Charles Pickering.

Sola, en la calle, preñada y a 5.000 km de casa, Mrs. Fleming encontró refugio, y trabajo, en el servicio doméstico de la casa del director del Observatorio de la Universidad Harvard

Williamina Paton Stevens Fleming, tenía una personalidad magnética y un rostro atractivo, con ojos brillantes y vivos que aumentaban el encantador efecto que, al entrar, dejaba en el aire un saludo alegre, adornado de acento escocés. A Edward Pickering, entre cuyas habilidades estaba la de identificar el talento, no le pasó desapercibido ni un instante que, además, la nueva sirvienta tenía una educación e inteligencia claramente superiores. Así que esperó a que volviera de Escocia, a donde Williamina había regresado para dar a luz a su hijo y, conforme puso el pie de nuevo en Boston en abril de 1881, le ofreció trabajo en el Observatorio. De momento, como ayudante en tareas administrativas y para hacer cálculos rutinarios en los que, en su visión de entonces, una mujer mostraría especial destreza. Al menos, más que sus ayudantes varones.

Pickering era un profesor de Física al mando de un observatorio astronómico, lo que no fue fácil de asumir para la vieja guardia de Harvard. Creía que era el momento de introducir nuevos métodos. Dejar atrás la antigua astronomía de posición y movimientos para dar paso a la fotometría y los estudios espectrales. Y aunque aún sin la base física que permitiera conocer la naturaleza de los objetos, tenía claro que el camino era la obtención y clasificación de la mayor cantidad de datos. Para ello, al igual que hiciera Piazzi Smyth en su pionera campaña en Tenerife, puso la técnica delante del carro de la ciencia. Con el apoyo de su hermano menor William Henry, comenzó por adoptar el método de obtención de espectros estelares mediante la colocación de un prisma en el objetivo del telescopio, para seguir mejorando las técnicas espectroscópicas a lo largo de toda la década de los 80.

Su sueldo ‘de mujer’, muy inferior al de sus compañeros varones, fue otro de sus fastidios y motivos de protesta permanentes

Como siempre en ciencia, Pickering viajaba a hombros de gigantes en su empresa. Antes que él, las primeras descripciones de los espectros de Sirio y Arturo de William Herschel (1798), la clasificación de las líneas del espectro del Sol de Joseph von Fraunhofer (1814), la identificación de elementos químicos en la atmósfera solar por Gustav Kirchhoff y Robert Bunsen (1861), las primeras placas y clasificaciones de espectros estelares de Lewis Rutherfurd (1862) y, finalmente, el meticuloso trabajo del Padre Angelo Secchi (otro jesuita) durante la década de los 60 (siempre del siglo XIX) que culminó en la primera clasificación de estrellas por su distribución de líneas espectrales, es decir, de momento, por los componentes químicos de sus atmósferas (1867).

En 1886 llegó el dinero de la viuda de Henry Draper, un pionero en la obtención de fotografías de espectros de estrellas. En memoria de su marido y para la finalización de su sueño de realizar un gran catálogo, interrumpido por una muerte prematura, Mary Draper decidió financiar los trabajos de Pickering. Fiel a su pragmatismo y poco complejo ante las novedades, Pickering no perdió un momento. Su experiencia con Williamina Fleming no podía haber sido mejor, así que contrató a otras nueve mujeres para realizar los cálculos rutinarios y la clasificación de los espectros en las placas fotográficas.

Era un equipo de calculadoras humanas que pasarían a ser conocidas como “las computadoras de Harvard” o “el harén de Pickering”, según se fuera mejor o peor intencionado. Un grupo de mujeres que seguiría aumentando en los años siguientes, y entre las que se encontrarán algunos de los más relevantes astrofísicos de la historia. Y un auténtico chollo, al fin, para el pragmático Pickering, que se hizo con un brillante equipo de 10 especialistas al precio de 5 ayudantes varones. Como responsable nombró a Nettie Farrar, que tan sólo unos meses después abandonaría su carrera para casarse. Una decisión de hace 130 años sobre cuya proyección en el presente podríamos reflexionar. Pickering no tuvo dudas: la sustituiría Mrs. Fleming.

Descubrió 59 nebulosas, entre las que se encuentra uno de los objetos más hermosos y fotografiados del firmamento, la nebulosa Cabeza de Caballo

Laboriosa, incansable y con el coraje suficiente para defender sus resultados, Williamina Fleming identificó y clasificó los espectros de más de 10.000 estrellas. Amplió la clasificación de cuatro grupos de Secchi e introdujo un nuevo esquema basado en 16 tipos, tomando como referencia las líneas de absorción del Hidrógeno, identificados alfabéticamente desde A a N (saltando la J), más las letras O para estrellas con líneas brillantes de emisión, P para nebulosas planetarias y Q para las estrellas que no encajaban en los grupos anteriores. Esta primera entrega del catálogo Draper, en compensación por la financiación recibida, la publicó Edward Pickering en 1890 sin figurar Fleming como autora (aunque sí está citada en el interior y, posteriormente, no dudó en hacer reconocimiento público de su autoría) y es la base de la clasificación espectral hoy en uso (clasificación de Harvard).

La llegada de espectros cada vez de mayor resolución y la instalación de un telescopio en Arequipa, Perú, en el Hemisferio Sur, permitió al equipo dirigido por Fleming y Pickering evolucionar en la clasificación, sobre todo con las decisivas aportaciones de otras 2 “calculadoras”, Antonia C. Maury y Annie J. Cannon, que reordenaron los grupos espectrales y aumentaron el número de estrellas clasificadas. En la publicación de las extensiones del catálogo Draper lideradas por Maury (1897) y Cannon (1901 y varias otras hasta su muerte en 1941) ya figuran ellas como las autoras del trabajo. En total, las clasificaciones de estrellas llevadas a cabo por estas mujeres fueron más de 400.000.

La aportación de Williamina Fleming podría considerarse decisiva y envidiable para cualquier astrónomo hasta aquí, pero se le debe sumar el descubrimiento de 10 supernovas y más de 300 estrellas variables, de las que midió la posición y magnitud de 222 de ellas (1907), como parte de la línea de trabajo que llevaría a otra eminente “computadora de Harvard”, Henrietta Swan Leavitt, a realizar uno de los descubrimientos fundamentales de la astrofísica: la relación periodo-luminosidad de las Cefeidas, la base de la medición de distancias en el Universo. Finalmente, 59 nebulosas, entre las que se encuentra uno de los objetos más hermosos y fotografiados del firmamento, la nebulosa Cabeza de Caballo en la constelación de Orión (1888). Uno solo de estos descubrimientos serviría para compensar los sacrificios de cualquier astrónomo. Antes de que una neumonía se llevara a Mina a los 54 años, aún le dio tiempo de publicar una última clasificación de un tipo de estrellas con un espectro especialmente particular y color blanco que dará lugar a lo que posteriormente se denominará “enanas blancas”.

Williamina Fleming identificó y clasificó los espectros de miles de estrellas

El éxito en el desempeño de sus tareas y su capacidad de trabajo terminaron cargándola con tareas más prosaicas que la alejaban, con fastidio por su parte, de la ciencia. Mrs. Fleming fue nombrada conservadora de la colección fotográfica del Observatorio, siendo este el primer cargo orgánico ocupado por una mujer. Pero también gastó innumerables horas, por ejemplo, en labores de edición y corrección de los Anales del Observatorio. Su sueldo “de mujer”, muy inferior al de sus compañeros varones, fue otro de sus fastidios y motivos de protesta permanentes, puede que parcialmente compensado, a cambio, por el reconocimiento y honores que tuvo de numerosas sociedades astronómicas.

En alguna tarde de domingo, quizás a la vuelta del estadio de fútbol americano tras ver a los Harvard Crimson, y sus pensamientos divagaban libres entre preocupaciones cotidianas y desvelos de madre, puede que volvieran a rondar por su mente reflexiones acerca de los meandros del azar y de cómo es la vida.

Julio A. Castro Almazán es físico y miembro del SkyTeam del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), especialista en Caracterización de Observatorios Astronómicos y Óptica Atmosférica.

Dos bolas de fuego iluminan el Mediterráneo y Madrid


El Mundo

El Centro Astronómico Hispano Alemán, (Observatorio de Calar Alto) de Gérgal, en Almería, registró ayer el paso de dos “brillantes bolas de fuego” asociadas al cometa Encke sobre el mar Mediterráneo y la Comunidad de Madrid.

 Imagen del bólido SPMN281015C desde la estación del Observatorio de La Murta. J.A. DE LOS REYES /SENSI PASTOR/UHU-CSIC

Imagen del bólido SPMN281015C desde la estación del Observatorio de La Murta. J.A. DE LOS REYES /SENSI PASTOR/UHU-CSIC

En una nota, el Observatorio ha informado de que el primer bólido fue producido por un fragmento del cometa Encke que impactó contra la atmósfera en la madrugada 28 de octubre, según el investigador de la Universidad de Huelva que ha analizado el fenómeno.

Los cálculos preliminares apuntan a que el meteorito tenía una masa de 100 gramos y el impacto tuvo lugar a una velocidad de más de 100.000 kilómetros por hora y a una altitud de unos 100 kilómetros sobre el mar Mediterráneo, “generando una impresionante bola de fuego mucho más brillante que la luna llena”.

“La bola de fuego avanzó en dirección noreste y se extinguió cuando se encontraba a unos 25 kilómetros de altura sobre el nivel del mar”, siendo registrada desde las estaciones de meteoros ubicadas en los observatorios de Calar Alto, La Hita (Toledo) y Sevilla.

El segundo bólido, también asociado al cometa Encke, sobrevoló la Comunidad de Madrid el mismo día, y en este caso el meteoroide impactó a unos 110 kilómetros de altitud sobre la vertical de Alcalá de Henares (Madrid), avanzando en dirección noroeste a más de 100.000 kilómetros por hora.

Este otro fragmento se destruyó completamente en la atmósfera cuando se encontraba a unos 57 kilómetros de altura sobre la localidad de Hoyo de Manzanares (Madrid).

El Sahara, una «herida abierta» todavía en la historia de España


Noticia en ABC.es LUIS DE VEGAMadrid

  • «¿Por qué no quieren que se hable?», se queja el historiador José Luis Rodríguez Jiménez, autor de «Agonía, traición huida. El final del Sahara español»
  • Madrid, sin importar el color del gobierno, no muestra interés en el conflicto de la ex colonia, todo lo contrario que Rabat

 

Campamento de integrantes de la marcha verde en 1975

Campamento de integrantes de la marcha verde en 1975

Se cumplen cuarenta años de la salida del Sahara Occidental en un momento en el que en España, más que nunca, se habla de unidad, de soberanía y de territorio. Qué contraste entre la férrea defensa que Madrid hace de Cataluña y la absoluta pasividad que sigue mostrando con la que fue su provincia hasta 1975 y su población. Nuestros políticos, nuestros gobernantes y nuestros diplomáticos huyen de este conflicto como de la peste. Alguien se sigue encargando de que la memoria no sea tan fácil de remover.

«¿Por qué no quieren que se hable?». El que se queja de esta forma no es otro que el historiador José Luis Rodríguez Jiménez, autor de «Agonía, traición y huida. El final del Sahara español» (Ed. Crítica). Es el último que ha buceado en diversos archivos públicos, privados y hasta particulares. Y no siempre sin dificultades, a pesar de los años transcurridos. La obra recoge correspondencia entre Franco y Hasán II o entre Carlos Arias Navarro y Manuel Gutiérrez Mellado, que llega a solicitar abiertamente al presidente del Gobierno «una solución promarroquí y antiargelina» para el conflicto pocos meses antes de la muerte de Francisco Franco.

«Esto sigue siendo una herida abierta», señala el autor durante una entrevista con ABC. «Una herida abierta por cómo ha quedado España y su diplomacia ante el mundo. A la altura del betún. Las promesas a los saharauis de incumplieron de manera vergonzosa». «A los políticos y los diplomáticos les duele la palabra traición. Pero no solo se traicionó a los saharauis. También se traicionó a los intereses de España» en un momento «en el que el riesgo de guerra era múnimo por la superioridad aplastante de España», añade el historiador.

 Pero el trabajo de investigación no es sencillo, deja entrever este profesor de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, cuando se tienen entre manos asuntos del Sahara, Ceuta, Melilla, Ifni o Gibraltar. «Una recomendación, mejor no hablar de este tema, pues el gobierno español no quiere que se trate el mismo, puede molestar al de Marruecos», afirma Rodríguez en el libro. En efecto, el reino alauí es hoy aliado estratégico en asuntos diversos, entre ellos el espinoso terrorismo yihadista. Y el interés de Rabat en la cuestión de la ex colonia es inversamente proporcional al desinterés español.

Un lustro antes de organizar la Marcha Verde con el dictador Franco en el lecho de muerte, el rey Hasán II de Marruecos ya presionaba a Madrid para que saliera del Sahara sin hacer caso de las peticiones de la ONU para que organizase un referéndum de autodeterminación. En 1969 se monarca se presentó en la capital de España y los detalles de lo que habló con el Caudillo estaba recogido en la Real Academian de la Historia. Rodríguez Jiménez se apoya también en las cartas que se cruzaron en 1975 Franco y el soberano alauí. Las misivas se guardan en el archivo de la Fundación Franco. En el Archivo General Militar de Ávila se topó con «documentación muy interesante y completa de los servicios de inteligencia con, entre otros asuntos, referencias a las radios de diferentes países que iban escuchando».

De la Marcha Verde hasta hoy

El libro, nutrido de datos, citas y referencias de documentos sigue sin embargo sin llenar un vacío bibliográfico. ¿Qué ha ocurrido en la ex colonia española en estos cuarenta años? ¿Todo acabó con la Marcha Verde? ¿Qué ha cambiado en el territorio? ¿Cómo ha evolucionado el Frente Polisario? ¿Y los refugiados? ¿Y los saharauis que viven bajo la ocupación marroquí? ¿Y las Naciones Unidas?

Recordar que la administradora legal del Sahara sigue siendo, a falta de proceso descolonizador, España frente a la presencia de facto marroquí no está de moda. Seguramente sea una nueva casualidad del destino, pero mientras se escriben estas líneas el secretario General de la ONU, Ban Ki-Moon se encuentra en Madrid y el rey Mohamed VI hace las maletas para celebrar en El Aaiún que hace 40 años su padre se aprovechó del desinterés español para ocupar el Sahara Occidental. En efecto, la herida sigue abierta.

 

El secreto peor guardado de la historia de España: las mujeres guerreras «de puñal guardado en la liga»


Abc.esCésar CerveraC_Cervera_M

  • De la «Monja Alférez» a la gallega que mató a un abanderado inglés durante el ataque inglés de 1589 a La Coruña, son muchos los casos de mujeres que destacaron en el área militar en época donde su participación estaba limitada a casos de emergencia extrema
 Pintura de Agustina de Aragó junto a una batería de artillería - Ferrer Dalmau

Pintura de Agustina de Aragón junto a una batería de artillería – Ferrer Dalmau

Entre la polémica surgida hace unos años con el vilipendiado Diccionario Biográfico Español, la entonces ministra de Cultura, Ángeles González-Sinde, añadió otro elemento crítico al alertar de que entre los volúmenes había una «escasísima presencia de mujeres» (solo un ocho por ciento de biografías) por lo esperaba que se revisasen «esos conceptos que no parecen muy contemporáneos». Obviamente la historia no puede plegarse a conceptos contemporáneos, ni es contemporáneo el peso que las mujeres han tenido en ella hasta fechas más recientes. Más allá de las Reinas, algunas nobles, poetisas, escritoras y pintoras, el bajo número de españolas célebres está condicionado por su escasa participación en la historia militar, un elemento que vertebra la trayectoria de cualquier país. Pocos imaginan, sin embargo, que en España los casos de mujeres guerreras –las que triunfaron en un terreno siempre vetado para ellas– son demasiados cómo para guardar el secreto.

«Difícil es disuadir a la mitad de los habitantes de Europa de que casi todas nuestras mujeres fuman y de que muchas llevan un puñal en la liga»

«A mí me han preguntado los extranjeros si en España se cazan leones; a mi me han explicado lo que es el té, suponiendo que no le había tomado ni visto nunca, (…). Difícil es disuadir a la mitad de los habitantes de Europa de que casi todas nuestras mujeres fuman y de que muchas llevan un puñal en la liga», escribía Juan Valera, novelista y diplomático, en 1868, sobre la percepción que se tenía de España en el extranjero. Eran los tópicos resultantes de la leyenda negra contra lo español y de varios siglos de aislamiento respecto a Europa, pero también suponía los resquicios de las mujeres que se destacaron como milicianas durante la Guerra de Independencia.

La mujer más destacada en la guerra fue Agustina Zaragoza Doménech «la Artillera», la heroína de los sitios de Zaragoza. Esta catalana se casó con un militar profesional, que se trasladó a Zaragoza en medio de la guerra con los franceses. Entre el mito y la realidad, Agustina acudió a la puerta llamada del Portillo durante el sitio de Zaragoza en busca de su marido y acabó, por las circunstancias del combate, disparando un cañón sobre las tropas francesas que corrían sobre la entrada. Los asaltantes franceses, temiendo una emboscada, abrazaron la retirada al sufrir el disparo de Agustina, y nuevos defensores acudieron a tapar el boquete, salvando la ciudad una vez más.

El capitán José Rebolledo de Palafox recompensó a la joven supuestamente con el distintivo de subteniente de la unidad de artillería, aunque probablemente todo se limitó a permitir que Agustina ingresara dentro del cuerpo como soldado raso. Sea como fuere, Agustina continuó en su empeño de defender su ciudad de los franceses vestida con enaguas «y con este atavío de aspecto de soldado». En algunas ocasiones incluso pegó sobre su labio un bigote postizo para incrementar su aire feroz. Tras dos meses de frenética resistencia, la ciudad maña no pudo aguantar la presión napoleónica y cayó irremediablemente. Después de Zaragoza, la artillera catalana también participó en el sitio de Tortosa, fue tomada prisionera por los franceses y, cuando fue liberada como parte de un intercambio de prisioneros, intervino en las batallas de los Arapiles y Vitoria. Sus gestas fueron contadas por el poeta Lord Byron, aunque sin dar su nombre, en la obra «Childe Harold’s Pilgrimage» publicada en 1812.

«Quen teña honra, que me siga»

Mientras Agustina se batía en Zaragoza contra los franceses, otras heroínas populares adquirieron gran peso durante la Guerra de Independencia. Así fue el caso de Manuela Malasaña –la joven madrileña que murió durante el levantamiento del 2 de mayo– o de Clara del Rey –que fue herida de muerte ese mismo día en el Parque de Artillería de Monteleón–. El relato nacional de una mujer guerrera que defiende su tierra frente a una invasión extranjera es, en cualquier caso, un mito recurrente en distintos países de Europa, pero además traza un antecedente directo con la historia de María Pita, la defensora de La Coruña en 1589 frente a la Contraarmada Inglesa. Tras el desastre de la Armada española en 1588, Isabel I de Inglaterra ordenó a Francis Drake lanzar un contraataque contra España, la conocida como «Contraarmada», que curiosamente tuvo un destino tan trágico como el de su precursora española.

A falta de la experiencia española para la organización de una operación de grandes dimensiones, que tampoco había servido de nada a éstos, la aventura de la escuadra inglesa acabó en un irremediable desastre. El primer objetivo fue La Coruña, que albergaba a algunos barcos supervivientes de la Empresa inglesa todavía en reparación. Y aunque los ingleses tomaron parte de la ciudad, la actuación heroica de las milicias, entre las que se contaba la popular María Pita, forzaron la huida de los extranjeros sin obtener botín. Cuando los ingleses abrieron una brecha en la muralla y comenzaron el asalto de la ciudad vieja, María Pita acudió a esta posición y mató a un alférez inglés con una espada.

La historia de Pita, no en vano, guarda muchas similitudes con la que luego protagonizaría Agustina de Aragón. Se dice que la gallega mató al alférez inglés precisamente con la espada de su marido fallecido durante el asalto, Gregorio de Recamonde, en un relato muy parecido al de la defensora zaragozana, que se unió al combate contra los galos por acudir junto a su marido artillero. Según la leyenda, acuchilló al inglés al grito de «Quen teña honra, que me siga» («Quien tenga honra que me siga»), lo cual desmoralizó a la tropa inglesa, compuesta por 12.000 efectivos, y provocó su retirada. Junto con María Pita, otras mujeres de La Coruña ayudaron a defender la ciudad, siendo el caso mejor documentado el de Inés de Ben, herida en la batalla, aunque ninguna adquirió tanta notoriedad.

Tras la contienda, Felipe II concedió una pensión a Pita que equivalía al sueldo de un alférez más cinco escudos mensuales. La guerrera gallega, que se casó otras dos veces (en total fueron cuatro veces), es hoy en día recordada, entre otras cosas, por la estatua de bronce que decora la Plaza de María Pita, en la ciudad de La Coruña, donde se representa a la heroína alzando una lanza y a sus pies el cuerpo sin vida del alférez inglés.

Otro caso de una mujer que consiguió romper todas las barreras sociales que encontraban quienes querían empuñar una espada en el siglo XVI fue la casta Monja Alférez. Bien es cierto que se valió de un enorme ardil para ese propósito: hacerse pasar por un varón. La historia documentada de Catalina de Erauso, nacida en San Sebastián el 10 de febrero de 1592, empezó cuando con cuatro años ingresó en un convento, donde las novicias la humillaban y la maltrataban. A los 15 años, Catalina de Erauso logró escapar de allí y se disfrazó de hombre para no ser reconocida. A partir de ese momento pasó toda su vida disfrazada bajo la identidad de Francisco Loyola y, solo al final de la misma, confesó que era una mujer. No en vano, Catalina llegó a ser durante esos años de mentiras y fingimiento conocida por su exitosa senda de conquistas amorosas con otras mujeres y, lo que es más esperable dadas sus habilidades como espadachín, por ser un excelente soldado en el ejército español que luchaba contra los guerreros indígenas de Chile. Tras batirse contra un jefe indígena y quedar herida de poca gravedad, Catalina de Erauso fue ascendida a alférez.

El carácter pendenciero del alférez conocido como Francisco Loyola, algo habitual entre los soldados españoles de la época, le costó con los años que fuera expulsada del ejército y fuera finalmente prendida por la justicia en Perú. Viéndose ante la posibilidad de ser ejecutada por sus delitos, Catalina reveló su auténtica identidad y su condición de virgen. A partir de entonces, como el historiador José Luis Hernández Garvi relata detalladamente en «Adonde quiera que te lleve la suerte» (Edaf, 2014), se convirtió en un personaje mediático, incluso recibido por el Papa, que viajó por toda Europa ante el interés de reyes y plebeyos. Cansada de su popularidad, que en realidad era una suerte de asombro por lo que se consideraba en la época un bicho raro, Catalina de Erauso volvió a hacerse pasar por un hombre, un mercader español en América, hasta sus últimos días.

También en el Nuevo Mundo se gestó la historia de una de las españolas más combativas. La extremeña Inés de Suárez fundó Santiago de Chile junto a Pedro de Valdivia y mantuvo una relación considerada escandalosa con este conquistador. Tras quedarse viuda de su primer marido, un aventurero que llevó a su mujer consigo al otro lado del Atlántico, conoció a Pedro de Valdivia e inició algo más que una amistad con él, mientras la esposa de Valdivia, Marina Ortiz de Gaete, esperaba pacientemente en España.

Cuando a finales del año 1539 Pedro de Valdivia inició su expedición a Chile, Inés no dudó en acompañarlo previa autorización del explorador Francisco Pizarro. Inés viajaría como sirvienta de Pedro para no escandalizar a la Iglesia, lo cual hizo igualmente. La principal ocupación de Inés durante las refriegas y enfrentamientos con los caciques locales fue la de asistir a los heridos y a las tropas. En uno de los episodios más oscuros de la conquista de América, la joven convenció a los conquistadores españoles para decapitar a los siete caciques que habían conseguido capturar y lanzar sus cabezas a los enemigos para amedrentar sus ánimos.

Inés y Pedro de Valdivia mantuvieron una relación que se alargó más de diez años, aunque ni la Iglesia ni el virrey aceptaron aquella situación en ningún momento y obligaron a Pedro a traer a su esposa. La extremeña también se vio obligada por la presión social a casarse por segunda vez, siendo el elegido el capitán Rodrigo de Quiroga, con el que terminaría sus días lejos de las contiendas militares de su juventud.

La «Leona de Castilla» y los comuneros

Prácticamente en el mismo periodo de la conquista de Chile vivió María Pacheco y Mendoza, la fiera esposa del general comunero Juan de Padilla. Casada con un hombre de rango inferior al linaje de ella y de poca ambición, fue María Pacheco quien empujó a su marido a que se uniera en 1520 al levantamiento contra Carlos I de las Comunidades. Así, coincidiendo con la salida del Rey para la elección imperial en Alemania, se produjo una serie de revueltas en las principales ciudades castellanas que tuvieron por protagonistas a miembros de la nobleza media como Padilla.

No obstante, la revuelta duró poco tiempo y en la batalla de Villalar fueron hechos prisioneros los principales líderes comuneros, entre ellos, Juan Bravo, Francisco Maldonado y Juan de Padilla, que fueron ejecutados en esta misma localidad. Cuando María Pacheco recibió la noticia de la muerte de su marido cayó en una depresión y se encerró en el luto unos días. Pero al convertirse Toledo en el último reducto comunero, «la Leona de Castilla» apartó el luto para dirigir con el obispo de Zamora, Antonio de Acuña, la resistencia desesperada frente a las tropas realistas. Y aunque el resto de los dirigentes comuneros de la ciudad se inclinaron por capitular, la viuda de Padilla logró evitar la rendición hasta extremos heróicos y, habiendo huido el obispo Acuña en dirección a Francia, se elevó como el máximo mando en Toledo.

La resistencia de Toledo se alargó nueve meses más allá de la batalla de Villalar, durante los cuales María llegó a apuntar los cañones del Alcázar contra los toledanos para mantener el orden. Finalmente, la superioridad de las tropas reales forzó la caída de la ciudad. Gracias a la ayuda de los familiares que militaban en el bando realista, María Pacheco logró huir disfrazada de la ciudad con su hijo de corta edad con el objetivo de exiliarse en Portugal. Allí fallecería casi una década después sin lograr jamás el perdón del Monarca, pese a la insistencia de su hermano menor, el poeta Diego Hurtado de Mendoza, que era uno de los hombres de mayor confianza de Carlos I. Suyas son las palabras del poético epitafio de la «Leona»:

«Si preguntas mi nombre, fue María/ Si mi tierra, Granada; mi apellido/ De Pacheco y Mendoza, conocido/ El uno y el otro más que el claro día/ Si mi vida, seguir a mi marido;/ Mi muerte en la opinión que él sostenía/ España te dirá mi cualidad/ Que nunca niega España la verdad».

 

‘Rosetta’ descubre moléculas de oxígeno en su cometa


El Pais

  • La sonda Rosetta logra la que se supone es la primera observación directa de este elemento en la coma de un cometa

 

El cometa 67/P fotografiado por la sonda 'Rosetta' / ESA

El cometa 67/P fotografiado por la sonda ‘Rosetta’ / ESA

La sonda Rosetta ha logrado detectar oxígeno molecular (O2) en la nube de gases que rodea el núcleo del cometa 67P Churyumov Gerasimenko, lo que supone la primera observación directa de este elemento en la coma de un cometa. El hallazgo, que se publica hoy en la revista Nature, tiene importantes implicaciones en la comprensión de los procesos químicos que reinaban en los lejanos tiempos de formación de nuestro Sistema Solar.

Cerca del 95% de los materiales de los que se componen las colas de la mayoría de los cometas (comas) son agua y monóxido y dióxido de carbono. El 5% restante está formado por una gran variedad de otras moléculas, entre las que se incluyen compuestos orgánicos como los hidrocarburos. Sin embargo, nunca hasta ahora se había logrado identificar oxígeno molecular (O2) en un cometa, y ello a pesar de que ese elemento sí que ha sido ya encontrado en otros cuerpos helados del Sistema Solar, como por ejemplo en varias lunas de Júpiter y Saturno.

En su artículo de «Nature», un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan anuncia el hallazgo de oxígeno molecular en la coma del cometa 67P Churyumov Gerasimenko, el mismo junto al que la sonda Rosetta sigue viajando tras lograr depositar con éxito, en noviembre de 2014, un módulo de aterrizaje sobre su superficie. La abundancia del oxígeno detectado, según detallan los investigadores, oscila entre el 1% y el 10% de los gases que componen la coma del cometa.

André Bieler y su equipo localizaron el oxígeno entre septiembre de 2014 y marzo de 2015 utilizando el espectrómetro de masas ROSINA-DFMS de la sonda Rosetta. Las observaciones, llevadas a cabo durante la órbita de la sonda alrededor del núcleo cometario y que, entre otras cosas, determinaron la proporción entre oxigeno y agua en la nube de gases que lo rodea, indican que ambos elementos, O2 y H2O, tuvieron un origen similar en el núcleo del 67P. Y eso sugiere a su vez que que el oxígeno se incorporó al núcleo del cometa durante su formación, es decir, que estaba ya presente en la nube molecular a partir de la cual se formó el Sistema Solar. Se trata, en definitiva, de «oxígeno primordial».

Se trata de un hallazgo inesperado, ya que ninguno de los modelos vigentes de formación del Sistema Solarhan sido capaces hasta ahora de predecir estas condiciones.

 

La legión de árabes nazis que luchó junto a Hitler


ABC.es

  • Aprobada por el líder nazi y el Gran Muftí en 1941, la Legión Árabe Libre formó parte del ejército alemán y, junto con pequeños grupos de paracaidistas de la misma procedencia, combatió en contra del imperialismo francés e inglés
 Miembros de la Legión Árabe se toman unos momentos de descanso antes de seguir con sus tareas diarias - Wikimedia

Miembros de la Legión Árabe se toman unos momentos de descanso antes de seguir con sus tareas diarias – Wikimedia

Desde italianos hasta letones. Si por algo se destacó el régimen de Adolf Hitler fue por reclutar a casi todo aquel que pudiese empuñar un arma para defender los intereses del nacionalsocialismo. Sobre todo, cuando la Segunda Guerra Mundial estaba absolutamente perdida y un brazo capaz de disparar un fusil era más valioso que mil monedas con las que adquirir munición. Un proceder raro si se tiene en cuenta que, para el «Führer», el perfecto ser humano era el alto, blanco rubio y con ojos azules. En base a ello, llama la atención que el líder alemán aprobase que en las filas de la «Wehrmacht» (las fuerzas armadas germanas) se crease la «Legión Árabe Libre», una unidad en cuya creación colaboró el Gran Mufti y que estaba formada en buena parte por militares árabes dispuestos a combatir contra Francia e Inglaterra. Dos países que se habían establecido, en una buena parte de los casos, por la fuerza en otros tantos países del norte de África.

La historia de la «Legión Árabe Libre», así como la de las unidades musulmanas que se crearon antes de ella, había permanecido en la sombra estos últimos años. Sin embargo, ha vuelto a ganar un espacio en la actualidad después de que, la semana pasada, el ministro israelí –Benjamín Netanyahu– desatara una increíble polémica al afirmar que el Gran Muftí de Jerusalén (Muhammad Amin al-Husayni) fue el líder que introdujo a fuego en la cabeza de Hitler la idea de que había que aniquilar a los judíos. «Hitler no quería exterminar a los judíos en aquel tiempo, los quería expulsar. Y el Haj Amin al Huseini fue a Hitler y le dijo: “Si los expulsas, vendrán aquí (a Palestina)”. Entonces, Hitler preguntó: “¿Qué tendría que hacer con ellos?” Y el Gran Muftí le contestó: “Quémalos”», señaló el líder político durante un discurso en el Congreso Sionista Mundial.

El Gran Mufti, el primer paso hacia la Legión Árabe

Independientemente de que lo explicado por Netanyahu sea cierto o no, lo que sí se puede afirmar es que el devenir de la «Legión Árabe» está íntimamente ligada al Gran Mufti (el líder religioso más importante del Islam por entonces y que se hizo famoso por las múltiples controversias que protagonizó al apoyar la expulsión por las bravas de Francia e Inglaterra del norte de África). Su historia como personaje de influencia estuvo desde el principio ligada al odio hacia los británicos. Y es que su predecesor, Faysal I -rey de Irak-, dejó este mundo por culpa del servicio secreto de la Pérfida Albión. Este, según decían las malas lenguas, estaba tan deseoso de que este político contrario a Su Majestad dejase el cargo a alguien más proclive al imperialismo que acabó con su vida mediante uno de sus espías. Sin embargo -y dejando a un lado esta leyenda- se llevaron una gran sorpresa cuando el testigo fue recogido por Muhammad Amin al-Husayni, quien rezumaba odio hacia ellos.

Fuera como fuese -por suerte o por obra y gracia de los agentes secretos británicos-, al-Husayni logró convertirse en el máximo representante del Islam a nivel político y religioso en 1922 tras ser nombrado presidente del Gran Consejo Musulmán. Este fue también el momento en que, apoyado en su gran poder. comenzó su Guerra Santa particular contra el dominio británico de Oriente Medio. Concretamente, este líder apostaba por la libertad de los territorios musulmanes y creía que la mejor forma de luchar contra ellos era fomentando las revueltas violentas.

«Tan explosivas fueron sus arengas, que el alto comisario de Su Majestad dispuso la detención “del alborotador que sobrepasaba los atributos de su jerarquía religiosa para inmiscuirse en política subversiva preconizando métodos de violencia”» explica el autor Fernando P. de Cambra en su obra «El Gran Mufti de Palestina». Perseguido por las autoridades inglesas, el líder político no tuvo más remedio que ir huyendo de región en región escondiéndose de los enemigos que querían acabar con el alboroto que estaba generando. Aunque en varios momentos lograron tenerle casi entre sus manos, los ingleses nunca pudieron tomarse el té de las cinco con este sujeto entre rejas.

En esas andaba la situación (con el Gran Mufti corre que te corre por el norte de África y los ingleses a su acecho) cuando, el 1 de septiembre de 1939, un tal Adolf Hitler -cuyo nombre empezaba a sonar por entonces debido al revuelo que había montado ocupando los Sudetes– decidió invadir con sus tropas Polonia. Desde allí, y con el paso de los meses, bajo el poder de sus «Panzer» cayeron también Bélgica y Francia. Esta última región no pudo más que rendirse tras un mes de combates contra los germanos. La Segunda Guerra Mundial había llegado a la vieja Europa, y también había afectado a Gran Bretaña, la cual declaró la guerra al «Führer» apenas dos días después de que sus tropas pisasen territorio polaco. En base a la teoría de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, el líder político comenzó a barruntar la idea de que debía aliarse con el fascismo. «Mussolini y Hitler cooperarán con nosotros para expulsar a los colonialistas actuales. Debemos levantarnos en armas y favorecer al Eje», solía señalar.

El enemigo de mi enemigo…

No andaba desencaminado el Gran Mufti en cuanto a la elección de sus futuros aliados, pues los alemanes eran partidarios también de buscar las simpatías de los árabes. Eso si, con un objetivo bien distinto: fomentar el revuelo en los países del norte de África dominados por Francia e Inglaterra. Así pues, se pusieron como misión dar la murga a los musulmanes lo más posible mediante una propaganda subversiva constante con la finalidad de que se levantasen en armas contra los europeos. El argumento estrella era que estos les oprimían y debían liberarse de su yugo. Y es que, si esto se producía, los nazis lograrían que ambos países tuvieran problemas para resistir los futuros ataques del «Afrika Korps» alemán y podrían aprovecharse del follón formado por esos lares. Con esta finalidad, Hitler instauró varias radios en lugares como Sttutgart y Berlín que, día si y noche también, llamaban a las regiones bajo dominio aliado a alzarse contra sus captores.

Sus mensajes, que eran locutados principalmente en árabe y francés, comenzaron caldeando el ambiente a base de acusaciones como la siguiente: «Os preguntamos [musulmanes] ¿cómo pueden los musulmanes ayudar a Francia, cuando no os reconoce ningún derecho y os trata como a seres inferiores». No obstante, estos ataques moderados no tardaron en mutar en auténticos golpes directos contra los aliados. Un claro ejemplo fueron los textos que, durante minutos y minutos, repitieron los operadores de radio alemanes durante una de las fiestas religiosas más destacadas de los musulmanes: «Con ocasión de esta fiesta deseamos unir a todos los musulmanes que Francia ha colocado frente a los fusiles alemanes. Rezamos porque Alemania gane esta guerra y porque África del Norte logre su independencia. ¡Abajo el imperio francés!, ¡vivan los árabes!, ¡viva la libertad!». El germen del odio estaba siendo regado a más no poder.

En este contexto de odio, no es extraño que el Gran Mufti partiera hasta Roma con la idea entre ceja y ceja de buscar el apoyo de Mussolini. Con él se entrevistó en octubre de 1941 ofreciéndole la ayuda musulmana y declarar la Guerra Santa contra Gran Bretaña. «Benito Mussolini no quiso o fue incapaz de comprender el alcance de aquellos planes. De aceptar, habría captado a las poblaciones de musulmanes de Albania, Montenegro, Macedonia, Túnez, Libia, Egipto y el Norte Africano […] pero consideró inútiles los servicios de aquel oriental intrigante y peligroso», determina de Cambra en su obra. Lejos de rendirse, el musulmán se dirigió entonces hacia Alemania, a donde llegó el 2 de mayo de 1941. Allí fue recibido por le mismísimo Adolf Hitler, quien, en contra de todo pronóstico, aceptó la ayuda del Gran Mufti para conquistar Europa y el norte de África.

A su vez, el «Führer» aceptó crear una unidad (la futura «Deutsche Arabische Lehr Abteilung» o «Legión Árabe Libre») formada por alemanes y árabes deseosos, según el Gran Mufti, de «liberar a sus hermanos de raza y religión que gemían bajo la esclavitud impuesta por Gran Bretaña y sus aliados». «Hitler realmente era un admirador del imperialismo inglés. Nunca había apoyado el nacionalismo árabe. Pero cuando empezó la guerra contra Gran Bretaña intentó aprovecharse de los musulmanes contra sus deseos más íntimos. Si hubiese sido por él, no se hubiese creado esta unidad, pero sabía que no podía desaprovechar aquel momento», explica, en declaraciones a ABC, Carlos Caballero Jurado (licenciado en Geografía e Historia y autor de varios libros como «La espada del islam. Voluntarios árabes en la Wehrmacht» y «El cerco de Leningrado» -editado por «Galland Books»-).

Los inicios de la legión nazi del islam

Un mes después de que el Gran Mufti y Hitler compartieran una larga conversación y, probablemente, alguna que otra taza de té, se alistaron los primeros 30 voluntarios iraquíes en la «Wehrmacht». Los alemanes, sabedores por su parte de que podrían aunar a un gran contingente de árabes en un futuro, les formaron como oficiales y les encuadraron de forma figurativa dentro de la «Sonderstab F» como «especialistas» y «colaboradores». El por qué no fueron considerados en un principio combatientes a nivel oficial era sencillo: los italianos sentían gran recelo ante la idea de usar tropas musulmanas en los contingentes del Eje. Por ello, precavidos como eran los seguidores de Hitler, prefirieron optar por este grado para evitar futuros problemas con sus aliados. Con todo, en agosto de 1941 los combatientes juraron obediencia al «Führer»» y que lucharían por la independencia árabe. Tras este primer detonante y las arengas de el Gran Mufti, fueron decenas los que entraron a formar parte del ejército alemán.

«A partir de ese momento comenzaron a llegar al ejército germano musulmanes de múltiples orígenes y con objetivos dispares. Los primeros provenían del Próximo Oriente y se alistaban para sacudirse el yugo de los imperios inglés y francés. También se unieron después musulmanes cercanos a la U.R.S.S. (en Asia y el Cáucaso) que querían luchar contra el comunismo de Stalin y favorecer la identidad nacional turca. Finalmente, llegaron uncluso voluntarios balcánicos. Hay que tener claro que cada uno se unía por unos objetivos determinados, no había un sentimiento panislámico entre ellos. Correspondía a motivaciones absolutamente nacionales», explica en experto a ABC.

La primera unidad musulmana fue entrenada para lanzarse en paracaídas

Fuera por la razón que fuese, lo cierto es que los musulmanes que se ofrecieron para combatir por Hitler se fueron acumulando y, el 24 de julio de 1941, los alemanes decidieron agrupar a un grupo de ellos en una unidad de reciente creación llamada «Sonderverband 288». Esta fue una de las primeras formadas por soldados árabes y, curiosamente, no tardó en recibir un objetivo concreto. «Los alemanes crearon con ellos unidades pequeñas de musulmanes que serían entrenados como paracaidistas. La finalidad era que se infiltraran tras la retaguardia enemiga y realizaran labores de sabotaje y comando. Con todo, y a pesar de que recibieron entrenamiento para ello y entraron en acción, no fueron muy efectivas. Pero no por culpa de sus soldados, sino porque, a pesar de que las películas dicen lo contrario, no era efectivo lanzarse por detrás de las líneas enemigas», añade Jurado.

No obstante, esta unidad especial tuvo poca vida pues, con la llegada en noviembre de 1941 de los aliados hasta Libia fusil en mano y cuchillo entre los dientes, todos los miembros de la 288 fueron trasladados a Bengasi e insertados en el «Afrika Korps» para defender la zona. Así continuó la situación hasta que, en 1942, Hitler se decidió a unir a todos los voluntarios musulmanes en una misma unidad que llamó «Legión Árabe de Liberación». Había nacido oficialmente la flecha alemana del Islam, y lo hizo con su propio uniforme y parche. Este último incluía los colores nacionalistas de la región junto a la leyenda «Arabia libre» escrita en árabe y en alemán. En menos de tres meses, se corrió la voz de la existencia de esta unidad y se unieron voluntarios hasta completar un centenar. Todos ellos fueron entrenados en el uso de las armas cortas, fusiles y subfusiles alemanes, así como la conducción y reparación básica de los vehículos más habituales dentro del ejército.

El régimen nazi también aprobó que dentro de esta «Legión Árabe» se formara una nueva unidad llamada «Sonderverband 287». Esta recibiría adiestramiento en Berlín, estaría compuesta por una buena parte de las reservas de la «Sonderverband 288» y, finalmente, tendría como objetivo participar en el ataque que los germanos iban a hacer sobre el Cáucaso con el objetivo de llegar hasta Oriente Próximo. No obstante, este grupo de musulmanes no llegó a luchar en esa zona. Curiosamente, algunos musulmanes sí lucharon después en la batalla de Berlín defendiendo a Hitler hasta el último aliento.

¿Creados con el objetivo de combatir?

La teoría alemana era impecable. Al menos de cara a la opinión pública árabe, a la que buscaban «camelarse» haciendo uso de soldados musulmanes. Sin embargo, la realidad es que, a pesar de que participaron en algunas batallas sonadas, Hitler no buscaba usar estas unidades en grandes contiendas, sino crear un impacto mediático con ellas.

«La “Legión Árabe” fue siempre muy pequeña. En su momento de máxima expansión llegó a ser de un batallón. Su función era político propagandística principalmente. La idea era que, si los alemanes lograban entrar en el Próximo Oriente, las masas árabes les vieran como amigos y no se armaran contra ellos. Es algo parecido a lo que hizo Stalin cuando sus tropas entraron en Polonia: se preocupó de reclutar un contingente considerable de polacos para relajar el fuerte sentimiento anti ruso que había en esa zona», completa el autor a ABC.

De hecho, y siempre según Jurado, muchos de sus miembros no compartían la ideología nazi, pero apostaron por enfrentarse a su enemigo más odiado junto a un ejército poderoso. «En algunos casos llegaron incluso a negarse a combatir del lado alemán. Un ejemplo es el avance sobre el Cáucaso. En ese punto no lucharon porque afirmaron que sus enemigos no eran los rusos, sino los ingleses. Por otro lado, no llegaron a combatir seriamente más que la retirada que hicieron de Grecia. Al final sirvieron, entre otras cosas, para reclutar combatientes para el ejército alemán en el Norte de África», añade el experto.

 

Titanic. The Exhibition


Fernán Gómez. Centro Cultural de la Villa presenta
TITANIC. THE EXHIBITION

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COMPAÑÍA: Musealia

Del 02/10/2015 al 06/03/2016
PRECIO:
Lunes (no festivos). Entrada general: 6€
Martes a viernes (no festivos). Entrada general: 10€
Pack familiar: 30€
Sábados, domingos y festivos – Entrada General: 12€
Pack familiar: 37€

Todos los días:
Reserva de grupos: 6€
Grupos escolares: 5€
Amigos TFG: De 6 a 9€ (Aplicable a Titular+3 acompañantes).

Tarifa Bonificada: De 6 a 9€ Según día. De 7 a 18 años, mayores de 65 años, carné Joven, desempleados, familias numerosas, personas con discapacidad.
Gratuito: Menores de 7años
HORARIO: Lunes a Domingos – 10 a 20 horas. Las últimas personas en entrar pueden permanecer en el interior hasta las 21:30 horas. Talleres y Visitas guiadas: Más información en breve.
LUGAR: Sala de Exposiciones
DURACIÓN: 90 minutos

El Titanic navega a toda máquina hacia Madrid.  Tras un pasar varios meses en México, la muestra internacional Titanic The Exhibition, propiedad de la compañía española Musealia, cruza el océano Atlántico para abrir sus puertas este próximo otoño, en la sala de exposiciones del Fernán Gómez.  Centro Cultural de la Villa.

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Descripción

Esta entrañable experiencia, con una alta carga humana y emocional, permitirá a los visitantes conocer la verdadera historia del buque y contemplar cerca de 200 objetos originales (algunos de ellos nunca antes expuestos), así como recreaciones de partes interiores del buque. De esta manera, los pasajeros de la muestra podrán recorrer un pasillo de primera clase, contemplar un camarote de tercera o incluso tocar una placa de hielo.  Entre los objetos expuestos se encuentra la pieza original que inspiró a James Cameron para crear la joya de ficción denominada corazón de la mar, las cartas escritas por el primer oficial William Murdoch, el famoso anillo de la pasajera Gerda Lindell o relojes parados en la hora exacta del hundimiento.

La exposición, que ha sido visitada ya por cerca de 2 millones de personas en todo el mundo, contará con una audio-guía especial (con testimonios originales de pasajeros) que guiará a los visitantes por los más de 1.500 metros cuadrados de la sala de exposiciones temporales del Fernán Gómez.  Centro Cultural de la Villa.

La muestra, compuesta por una de las mayores colecciones existentes sobre el famoso buque, supone un viaje único e inolvidable al pasado; sumergiendo a los millones de visitantes que ya se han embarcado en ella, en una efímera vida a bordo del barco, desde su concepción y construcción hasta el estado actual de los restos, a casi cuatro kilómetros bajo la superficie marina. Un recorrido impactante y emotivo que permite conocer, en primera persona, los hechos auténticos, verídicos, y la dimensión humana de la tragedia.  Para ello, Titanic The Exhibition cuenta con cerca de 200 objetos, documentos e imágenes originales, rescatados del mar y cedidos por familiares de alguna de los 2.207 pasajeros que embarcaron en el Titanic durante su fatídico viaje inaugural.
Son sus ecos los que guían al visitante en su paseo por las fieles recreaciones de las estancias interiores del transatlántico, como los camarotes o los lujosos pasillos de primera clase que componen esta inolvidable experiencia museística.

Se espera que alrededor de 150.000 personas se embarquen en la muestra hasta el mes de marzo de 2016, cuando cerrará su estancia en la capital española.

El español que pintó un pueblo entre las tumbas de los faraones


El Mundo / FRANCISCO CARRIÓN

  • Jorge Olaso expone en el Museo Egipcio en una muestra organizada por el Instituto Cervantes de El Cairo sus pinturas sobre Al Qurna, el pintoresco barrio, ahora destruido, que se construyó alrededor de las tumbas de los faraones
 Jorge Olaso, el artista español que expone en el Museo Egipcio sobre el derribado Al Qurna L.C

Jorge Olaso, el artista español que expone en el Museo Egipcio sobre el derribado Al Qurna L.C

Hasta hace unos años la legión de turistas que cruzaba la orilla occidental de Luxor en busca de los templos y las tumbas de los faraones se topaba con un poblado de viviendas pintorescas y sencillas desperdigado sobre una colina repleta de historia. La existencia del derruido El Qurna, una aldea de esforzados artesanos y campesinos, pervive en la colorida paleta del español Jorge Olaso, que exhibe su obra estos días en el Museo Egipcio de El Cairo.

El amor del artista bilbaíno con este páramo de viviendas y fábricas de alabastro surgió en 2002. “Llegué como turista en el típico viaje organizado en el que te explican tres cosas. Visitamos las tumbas de los nobles. Lo que más me impresionó es que en mitad de aquellas tumbas hubiera un pueblo tan característico y con pinturas tan ingenuas y coloristas“, relata Olaso a EL MUNDO a las puertas del Museo Infantil, una sección del Museo Egipcio inaugurada en 2010 que reconstruye la Historia del Antiguo Egipto a partir de los populares bloques de plástico de Lego.

Desde aquel flechazo el pintor vasco, profesor jubilado de Historia del Arte, ha aterrizado cada año en la sureña Luxor para levantar acta de la geografía de El Qurna. “Desde 2002 -comenta- he pasado en la zona un mes al año. Tengo miles de dibujos a lápiz. Luego en Bilbao los hacía con rotulador, lápiz o acuarela”. Una febril producción de la que en El Cairo se exhiben 68 cuadros hasta principios del próximo mes. La villa -en las inmediaciones del Valle de los Reyes y a un tiro de piedra de varias misiones arqueológicas extranjeras- centra los trazos de Olaso (Buenos Aires, 1943).

“He vuelto cada marzo. Me plantaba allí con un taburete y con lápices de colores rodeado de niños, calor y moscas. Es una gente muy simpática”, recuerda el artista que -fiel a la tradición de la última década- regresa esta semana a Luxor, la antigua Tebas. “Ya es un poco por sistema pero hay que ir espaciando los viajes”, confiesa fascinado aún por la pintura de la nobleza faraónica. “La pintura de los monarcas es demasiado rígida. La de los nobles es más espontánea, divertida, anecdótica y poética”, agrega.

Hasta ahora su labor ha sido la de capturar el alma de las casas cuyas fachadas retrataban escenas costumbristas como los viajes a La Meca o los bazares que a modo de reclamo dibujaban sobre sus muros faraones o amuletos del Antiguo Egipto. “Aprovechando el tirón turístico que se produjo en la zona a raíz de la expedición de Napoleón se fue levantando en medio de las tumbas de los altos funcionarios del Imperio Nuevo una arquitectura popular, muy colorista, que hoy en día casi ha desaparecido“, detalla el artista.

“El gobierno egipcio y los organismos internacionales -añade- quieren convertir la zona en un enorme museo al aire libre, donde los estudiosos y turistas no vean más que un paisaje desolado, parecido al que sería en época faraónica”. Tras el derribo dictado por las autoridades egipcias, su pintura es un preciado inventario de lo perdido. “Esa arquitectura tal vez no tuviese un gran valor artístico, pero daba a la zona un carácter pintoresco que ya se ha perdido para siempre“, confiesa.

“Ahora solo quedan tres casas. Es muy aburrido. Las tumbas siguen siendo espectaculares pero antes el lugar tenía una gracia que ya no la tiene”, admite Olaso, quien aún mantiene el contacto con algunos habitantes de El Qurna trasladados a un nuevo y polémico emplazamiento. “Carece de encanto. A algunos les habrá compensado porque tienen agua corriente pero el resultado es un pueblo con viviendas muy mal conservadas”, apostilla.

Organizada por el Instituto Cervantes de la capital egipcia, la exposición de Olaso es -en palabras del ministro de Antigüedades egipcio Mamduh el Damati- “un recorrido por la Historia de Al Qurna”. “Tengo la sensación de haber visitado Al Qurna sin salir de El Cairo“, reconoció Al Damati ayer en la inauguración.

Las insólitas normas de Fernando VI para acabar con el frenesí sexual en los corrales de comedias


ABC.es

  • Prohibió, entre otras muchas cuestiones, que las obras se representaran de noche para «evitar los desórdenes que facilita la oscuridad en el concurso de ambos sexos»
ABC | Grabado antiguo del Teatro del Príncipe

ABC | Grabado antiguo del Teatro del Príncipe

Fernando VI recibió el sobrenombre de «Prudente» por su elevado concepto de la «dignidad». Su católica majestad llegó al trono después de que su padre, Felipe V, transformara la visión aldeana de la hasta entoces villa de los Austrias en una ciudad propia de una Corte Borbón. Palacios, puentes y jardines dieron forma a una ciudad más cosmopolita en la que, sin embargo, no lograron cambiar el espíritu hedonista de sus vecinos. Al amparo de las mancebías, las posadas de dudosa reputación y los corrales de comedias, madrileños y foráneos daban rienda suelta a su frenesí sexual cada día.

La «dudosa moralidad» de los teatros y de las obras que se representaban en ellas fue una preocupación que Fernando VI heredó con el trono. Los gobernadores, obispos y arzobispos presionaron al rey de tal modo que prohibió las representaciones en Valencia –donde ordenó derruir el coliseo– , Burgos, Lérida, Palencia, Calahorra y Zaragoza. En Madrid, donde estaban aún vigente las normas de su padre, prohibió las representaciones en diez leguas alrededor de la corte.

Los teatros de la Cruz y el del Príncipe, los más famosos de la época, pudieron seguir representando comedias siempre y cuando cumplieran una serie de normas que Fernando VI sancionó el 12 de noviembre de 1753. El objetivo: «Evitar los desórdenes que facilita la oscuridad en el concurso de ambos sexos». Entre las normas destacan las siguientes:

Que no haya embozados en los corrales; que en las puertas o entradas no haya aguadores ni fruteras; que ningún hombre entre en la cazuela –lugar reservado a las mujeres–, conversar con ellas desde las gradas o el patio; que en los aposentos principales, segundos, terceros, o alojeros, no debe haber celosías altas; que el vestuario de las mujeres sea distinto del de los hombres para que se puedan desnudar con la decencia debida; que no entren hombres a los vestuarios con pretexto alguno; Que las representaciones guarden la modestia debida no permitiendo bailes ni tonadas indecentes y provocativas.

La ley responsabilizaba además a los autores de las obras del «escándalo que pudiera ocasionar cualquier cómica de su compañía con indecencia en la forma de vestir». Además, prohibió que las actrices se disfrazaran como un hombre sobre el escenario «salvo de cintura para arriba».

El tabaco y los «bises», prohibidos

Fernando VI estableció que, por mucho que lo pidiera el público, no se repitiera sobre el escenario ningún baile ni canción. Más allá de las normas para evitar «escándalos» de índole sexual, la ley de 1753 también vigiló por mantener el orden y la seguridad dentro de los teatros. Para evitar los incendios se prohibió fumar cigarros y tabaco de pipa dentro del recinto.