El Mundo

Entre otras muchas repercusiones, la invención de la imprenta amenazó con trastocar para siempre la escritura a mano y el negocio que llevaba aparejado. Irónicamente, sin embargo, lo que supuso la ruina de legiones de escribas y amanuenses significó el nacimiento e impulso de la caligrafía, el bello arte de escribir que tuvo en nuestro país destacados representantes no bien conocidos por el gran público.

 Exposición 'El arte de la caligrafía'. 'El Pendolista universal: primera Parte'.

Exposición ‘El arte de la caligrafía’. ‘El Pendolista universal: primera Parte’.

La Biblioteca Nacional de España (BNE) organiza a partir de hoy dos exposiciones complementarias que persiguen dar a conocer a esos artistas de la escritura y, en general, nuestro rico patrimonio en la materia. La primera se llama Caligrafía española. El arte de escribir, que estará abierta hasta el 10 de enero de 2016 en la Sala Hipóstila de la BNE, y la segunda, Caligrafía hoy. Del trazo al concepto, se podrá visitar hasta el próximo 31 de enero en el Museo de la Biblioteca (Sala de las Musas).

Como explicó ayer su comisario, José María Ribagorda, la muestra Caligrafía españolaresponde a la “actual eclosión” de esta disciplina en numerosos ámbitos, desde la prensa al grafiti, y por lo tanto “entronca con lo cotidiano” al tiempo que da a conocer el valor estético, cultural y social que la caligrafía tuvo en España especialmente entre los siglos XVI y XIX.

El oficio de escribir se torna arte en tiempos de la cultura renacentista. La uniformidad del texto impreso, que maravilló al mundo gracias al invento de Gutenberg, se alió con la capacidad de reproducción del grabado para alumbrar el milagro inesperado del escribano convertido en autor. “No por crear una letra nueva”, como se informa en el primer panel de la exposición, “sino por iniciar una reflexión sobre la forma, el origen, la formación o el uso de la misma, lo que dará lugar a convertir su escritura en modelo”.

En otras palabras, la escritura añade al contenido del texto la belleza del dibujo y su trazo. O, como lo expresó el gran calígrafo chino Wang Xizhi, “la escritura necesita del sentido, mientras que la caligrafía se expresa sobre todo mediante la forma y el gesto; eleva el espíritu e ilumina los sentimientos“.

Pues bien, a mediados del siglo XVI surgen los primeros manuales de escritura, obra de Ludovico Vicentino, Giovanni Antonio Tagliente y Giambattista Palatino, que tienen como modelo la letra aldina creada en 1501 por Francesco Griffo para el impresor Aldo Manuzio y sus ediciones en octavo.

Los equivalentes españoles de los maestros italianos serán Pedro Díaz Morante, José de Casanova, Juan Claudio Aznar de Polanco, Marcos Fernández de las Roelas, los hermanos Felipe y Tomás Zabala y los hermanos José y Juan Manuel García de Moya, todos ellos extensamente representados en la exposición con sus escritos, que comparten sala con libros impresos de gran antigüedad y relevancia como los de Manuzio, Palatino, Juan de Icíar y Francisco Lucas.

José María Ribagorda reivindica la calidad de los escribanos españoles, que no ha sido bien difundida a nivel internacional quizá debido a la poca importancia que se les atribuía en casa. El resurgir de este arte lo cifra el comisario “en el último decenio”, cuando la caligrafía ha logrado suscitar “el interés de los jóvenes estudiantes de Diseño [él mismo es profesor de esta disciplina] o Bellas Artes”.

Ribagorda señala que “curiosamente, la cultura digital necesita más que nunca de la calidad de lo único, lo sensible y lo manual. Su sentido ha variado sustancialmente, y hoy podemos ver su uso en el rótulo comercial, como en el siglo XIX, pero también en textos tan diferentes como el grafiti o la pintura”.

En el siglo XVIII las naciones europeas se lanzaron en búsqueda de rasgos identitarios distintivos, dinámica que alcanzó también a la caligrafía. Francisco de Xavier de Santiago Palomares recibió de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País el encargo de buscar un tipo de letra que representara “el carácter nacional” por antonomasia, de donde nace, reinventada, la bastarda, que debía reunir los siguientes requisitos: “Gallardía, firmeza, robustez y arte”.

Por contraposición a la bastarda española, que derivaba de las cancillerescas italianas y fue ampliamente inculcada en la enseñanza por los padres escolapios, la pujante letra (cursiva) inglesa comienza a asociarse en España a lo cursi y la letra gótica, a la tradición y la seriedad, estereotipos ambos que han persistido hasta nuestros días.

Hablando de lo cursi, Enrique Tierno Galván rastreó los orígenes del término acudiendo a las crecientes necesidades comerciales que se imponen gradualmente el siglo XIX, en lo que se antoja el precedente del diseño corporativo moderno. “La intención pretenciosa que suele atribuirse a lo nuevo -aventuraba el profesor sin que la RAE lo certifique-, la adopción de la letra (inglesa) por la nueva burguesía -el comercio- y los caracteres de la letra misma (…) justifican las aparición en el habla familiar del adjetivocursi, apócope de cursivo y raíz de cursilería“.

El creciente significado comercial de la caligrafía tiene su mejor reflejo en la segunda de las exposiciones organizadas por la Biblioteca Nacional. Caligrafía hoy muestra el lado “más popular y contemporáneo” del arte de escribir, según uno de sus comisarios, Roberto Gamonal, quien sostiene que “la caligrafía está más vigente que nunca” en la actual sociedad de consumo.

La muestra instalada en la Sala de las Musas de la BNE desvela la vertiente más artística de la escritura a mano, que, independizada por completo del texto, se exhibe no ya en las páginas de un periódico (como éstas) o la portada de una revista sino incluso en una cazadora de cuero, una tabla de skate o la espalda de una mujer, como proponen los trabajos de Ricardo Rousselot.

Gamonal pone de relieve la importancia que tiene en la actualidad la caligrafía en lo tocante a imagen de marca y diseño de logotipos y hasta portadas de libros, que se dibujan a mano aunque necesiten a posteriori una producción industrial.

El también profesor de Diseño reflexiona sobre el poder cautivador del hand made: “Lo hecho a mano se asocia con lo natural; de ahí que la mayoría de las marcas de alimentación recurran en mayor o menor medida a la caligrafía para sugerir el origen natural de sus productos”.

En la sección de Caligrafía aplicada de esta segunda exposición se exhiben trabajos donde el antiguo amanuense reclama la categoría de artista al valerse de la caligrafía para rotular las etiquetas de productos varios, desde botellas hasta pósters y carátulas de CD, las cubiertas de libros, las prendas de vestir y los cuerpos humanos, sin olvidar el parentesco entre el bello arte de escribir y su manifestación más extrema, el grafiti.

Como se lee en el programa de Caligrafía hoy. Del trazo al concepto, “el visitante puede constatar el valor y la vigencia de la caligrafía en unos soportes totalmente alejados de los que dieron origen a este noble arte y que demuestran la capacidad de expresión de la caligrafía como forma ligada íntimamente a la civilización, la cultura y la sociedad”.

Anuncios