La verdadera historia de «Keep Calm and Carry On», el póster que nunca se utilizó


ABC.es

  • Rebecca Lewis investigó por qué las autoridades renunciaron a la propaganda para subir la moral de la población británica bajo las bombas nazis
abc Cartel original que apareció en el año 2000 en una caja de libros comprada por Stuart Manley

abc | Cartel original que apareció en el año 2000 en una caja de libros comprada por Stuart Manley

Es uno de los carteles más famosos de la historia y su éxito se ha extendido en la última década, con variaciones turísticas hasta la náusea que conjugan el «Keep Calm» con cualquier frase. El atractivo de su origen es que se imprimió con el fin de mantener alta la moral y dar una muestra de flema estoica en el Londres azotado por las bombas del Ejército nazi.

Pero lo que no todo el mundo sabe es que este cartel nunca fue utilizado en los años del castigo de Hitler a las ciudades inglesas. En realidad saltó a la fama en el año 2000 después de haber permanecido casi 60 años oculto. La historia real del «Keep Calm and Carry On» (Mantenga la clama y continúe) la hemos podido conocer gracias a las investigaciones de la doctora Rebecca Lewis.

Tres carteles originales diferentes

Cuando los británicos asumieron que la guerra era inevitable, los dirigentes de la época trataron de hacer la lógica provisión de instrumentos defensivos. Uno de los menos tangibles y que resultaba de gran importancia para todos era la moral entre la población, habida cuenta de que el enemigo era fuerte y se temían grandes cantidades de bajas. Después de la Guerra Civil española había quedado claro que el bombardeo a las ciudades tenía como objetivo precisamente minar la moral de los civiles.

Por ello trataron de crear varios pósters. Se discutió la necesidad de dedicar tantos medios a la impresión de cinco millones de pósters para estimular la moral pública.

Inmediatamente un equipo creativo se puso en marcha. Los primeros pósters, que sí se utilizaron en los primeros meses de guerra fueron: «Freedom is in Peril: Defend it with all Your Might» (La libertad está en peligro: defiéndela con todo tu empeño), y «Your Courage, Your Cheerfulness, Your Resolution will bring us Victory» (Tu coraje, alegría y determinación nos dará la victoria). En la misma hornada se imprimió también otro, el que no se llegó a utilizar apenas pero que se ha quedado con toda la fama: «Keep Calm and Carry On».

yourcourage--146x200Se reservó en previsión del endurecimiento de los bombardeos, lo cual revela que las autoridades no estaban muy equivocadas, aunque pocos podían esperar el fuego que las bombas de Hitler desatarían a partir del 7 de septiembre de 1940: el «Blitz», que arrojó durante 8 meses toneladas industriales de bombas que castigaron sobre todo a Londres.

No fueron los únicos pósters de la propaganda interior, que trataba de cohesionar el esfuerzo de guerra. De hecho alguno se dedicaba específicamente al apoyo a las tropas: «Our Fighting Men Depend on You», (Nuestros combatientes dependen de ti), que fue pegado en fábricas y puertos.

En el inicio de la guerra apenas cayeron bombas, gracias a la resistencia de la Royal Air Force en la batalla de Inglaterra. En los almacenes había dos millones y medio de copias de «Keep Calm…», listos para pegarlos en cuanto empezara el bombardeo. Pero para ese septiembre de 1940 el Ministerio de Información británico ya sabía que a la gente le molestaban los carteles, porque los encontraban paternalistas, así que dejaron de usarse. Para que no se supiera nunca el gasto efectuado, la mayor parte de los pósters acabaron volviendo a hacerse pasta de papel. Sólo unos pocos ejemplares se librarían.

Aparece un ejemplar en 2000

El resto ya es conocido, el propietario de la librería Barter Books, Stuart Manley, compró un cajón en una subasta en el que esperaba encontrar libros dignos de retornar al mercado. Y al fondo de la caja halló un ejemplar de aquel póster. Lo enmarcó y lo colgó en la pared de la tienda, detrás de su mesa despacho. Y ahí nació el icono. Cada vez que alguien lo veía le pedía otra copia. Tanto que al final imprimió una corta tirada, que le quitaron de las manos, como se suele decir. La gran impresión que trajo el cartel de nuevo a la vida vino de la mano del dibujante de cómic Chris Donald, que rediseñó y equilibró en parte la antigua tipografía. Gracias a sus consejos, Manley pidió los permisos para comercializar este póster al Gobierno, puesto que el original perteneció a la Corona. La respuesta fue positiva y recibió luz verde para comercializar productos con la frase que tan rápidamente arrastraba al éxito.

Lo malo es que Manley no registró la explotación comercial de la idea. Y ahí empezó a girar la bola de nieve que ha convertido el mensaje inédito contra el daño de los bombardeos en la moral en un icono del siglo XXI. Por cierto que no ha sido ajeno a batallas judiciales por los derechos, no en Gran Bretaña, pero sí en Europa, donde una empresa sí registró los productos Keep Calm…

No se registró

La nueva versión no se registró, y eso explica la infinita variedad de afiches turísticos que hoy puede encontrarse en las calles de Londres en los que el Keep Calm se aplica a casi todas las actividades de la vida humana. Lo mejor es que, aunque no fuera utilizado, el comportamiento bajo las bombas del «Blitz» fue precisamente el que pretendía ese mensaje, una calma que forjó el carácter del pueblo que ganó la guerra.

Cabe animar a quien quiera profundizar a que lea la tesis original de la doctora Lewis, (titulada «The Planning, Design and Reception of British Home Front Propaganda Posters of the Second World War» y disponible aquí), porque hace un recuento completo de la propaganda de guerra en aquella época y la recepción que tuvieron las medidas del alto mando en la población.

La leyenda de Juana, la mujer que se convirtió en «Papa»


ABC.es

  • El mito, de contenido misógino, cuenta que Juana, que tenía un amante y estaba embarazada, se hizo Papisa haciéndose pasar por un hombre. La historia surge entre los siglos XII y XIII, cuando la Iglesia occidental comienza a institucionalizarse y se evita que la mujer adopte un rol relevante por su supuesta impureza e inferioridad intelectual
youtube Imagen de la película, «La Pontífice», que relata el mito de Juana

youtube | Imagen de la película, «La Pontífice», que relata el mito de Juana

El papel de la mujer en la Iglesia no ha evolucionado como algunos opinólogos o textos faltos de argumento nos han querido hacer creer. Y no porque se la haya dejado siempre en un segundo plano, sino todo lo contrario. La mujer ha tenido y tiene un papel primordial en la historia de esta institución.

«La misoginia ha existido siempre, pero también ha habido muchos hombres que no eran misóginos. Decir que la Iglesia era misógina es una generalización que no está de acuerdo con la realidad. Esta instituciónes muy rica y plural y, de hecho, siempre ha habido mujeres de peso. Eso no quita que, por otro lado, haya habido una línea fuerte misógina pero desde luego no ha marcado toda la historia de la Iglesia. La prueba la tenemos en el pasado con mujeres como Hildegarda de Bingen,que en el siglo XII asesoraba a los Papas y que Benedicto XVI canonizó y proclamó doctora de la Iglesia; Eloísa, una mujer sabia y que estudió mucho aún siendo mujer, Leonor de Aquitania, que fue reina de Francia e Inglaterra, o Clara de Asís,que cobra fuerza en el siglo XIII y que también aconsejaba y consolaba a los pontífices…También las beguinas, que fueron promovidas por la Orden de los Dominicos…También encontramos en el XIV a Santa Catalina de Siena y Santa Brígida de Suecia…Han sido mujeres que dirigieron a los Papas y que han tenido mucha autoridad como maestras», explica María del Mar Graña Cid, profesora de Historia de la Iglesia Medieval de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Comillas.

Pero fue precisamente en ese momento, a finales del siglo XII que surge la historia de Juana, la mujer que fue Papisa. Una historia con gran contenido misógino, triste y denigrante que pone de manifiesto que no todos estaban en contra de la mujer, pero muchos otros sí, «sobre todo aquellos canonistas y teólogos obsesionados con el tema de la impureza de la mujer, e incluso, con la supuesta inferioridad intelectual de las mujeres», señala Graña Cid.

El mito se codifica por escrito a mediados del siglo XIII, justo en el momento de la reforma gregoriana. La Iglesia occidental se está institucionalizando y clericarizando y todo el peso en la mediación institucional recae en los varones, explica Graña Cid. Aparte, en el derecho canónico se pretende crear por primera vez una jurisdicción universal para que las mujeres no se acerquen al altar y no toquen los vasos sagrados, por su supuesta impureza.

En ese contexto aparece Juana, nacida en Alemania, según una de las versiones de la leyenda. Cuenta la historia que se trató de una mujer que se enamoró de un hombre que decidió irse a estudiar a Atenas y ella optó por seguirlo. «Estudia con él y descubre que se le da muy bien estudiar. Finalmente, va a Roma y empieza en la carrera eclesiástica y acaba siendo elegida Papisa porque es muy inteligente, da buenos consejos, y tiene gran poder de oratoria». Hay que tener en cuenta que en ese momento, año 850, los cardenales no eligían al Papa sino que lo hace el clero y el pueblo. Juana, aún siendo Papisa, cuenta la leyenda, no deja a su amante y se queda embarazada. «Cobra otra vez dimensión el mito de la mujer impura, obsesionada con el sexo y el pecado…», señala Graña Cid.

Su final, como no podía ser de otra forma teniendo en cuenta el intento por desligar a la mujer de cualquier papel relevante, fue fatal. «Hay dos versiones sobre su destino, uno es que muere dando a luz en medio de la calle, y así todo el mundo se entera de que era una mujer y la otra, es que incluso, la gente la llega a apedrear».

«Prueba testicular»

Como un bulo se fue mezclando con otro, surgió también la historia de la prueba testicular, que también fue un mito. Dicha prueba se hacía, supuestamente, con unas sillas con agujeros en el centro para poder comprobar si, efectivamente, se trataba de un hombre o de una mujer quien estaba desempeñando el ministerio petrino.

«La teoría más sensata es que se trataba de sillas romanas de mármol que se piensa que se usaban en las termas para lavarse. Como se trataba de mármoles preciosos fueron a parar al Vaticano y fueron utilizadas por los pontífices. Hay una en el Vaticano y otra en el Museo del Louvre, que se llevó Napoleón». Pero Graña Cid aclara que el Papa no usa dicha silla. «Si se hizo, fue fuera del rito. Los Papas lo tenían todo muy organizado y esta práctica no aparece en ningún libro de ritos de papado».

Condenar los pecados de la sociedad

En definitiva, se trata de una leyenda que se fue mezclando con otras como la del palpado testicular porque había un interés en esa época de dejar de lado a la mujer. «Ya en el siglo XV y XVI hay cardenales que escriben historias y citan la historia de la Papisa como ejemplo para condenar los pecados de la sociedad, es decir, hubo un uso pastoral pero hay que tener en cuenta que no fue la única línea de la Iglesia que también ha reconocido a la mujer. Basta con ver al Papa Francisco que siendo mayor, tiene una visión muy moderna de la sociedad», concluye Graña.

La barbuda de Peñaranda, entre mujer y hombre


ABC.es

  • Brígida del Río alcanzó una enorme popularidad en la corte de Felipe II como prodigio de la naturaleza
Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda, retratada por Sánchez Cotán en 1590

Brígida del Río, la barbuda de Peñaranda, retratada por Sánchez Cotán en 1590

Juan Sánchez Cotán sabía bien que el retrato de la Barbuda de Peñalaranda suscitaría dudas. La cofia apenas tapaba su calvicie y una poblada barba llegaba hasta su escote. ¿Era un hombre o una mujer? De ahí que el pintor toledano atestiguara con una inscripción en el lienzo que la mujer de 50 años que retrató en 1590 era Brígida del Río.

«Brígida del Río era una famosa barbuda del siglo XVI que fue citada en obras literarias como el “Guzmán de Alfarache“», recordaba el Museo del Prado en su Twitter el pasado 8 de septiembre con motivo del aniversario de la muerte del pintor.

En la novela picaresca escrita por Mateo Alemán y publicada por primera vez en 1599, el joven protagonista se describe a sí mismo «con tantas barbas como la mujer de Peñaranda», mostrando la popularidad que tenía este personaje al que Sebastián de Covarrubias atribuiría el dicho «a la mujer barbuda, de lejos la saluda».

«La barba distingue en lo exterior al hombre de la mujer, porque a la mujer no le salen barbas, y si algunas las tienen son de condición singular, como en nuestros tiempos hemos visto a la barbuda de Peñaranda», escribió en su «Tesoro de la Lengua Castellana» (1611).

De su existencia y su fama no hay duda. También Jerónimo de Alcalá la menciona en «El donado hablador» (1624) aunque con el nombre de María de Peñaranda, y Francisco de Quevedo la cita en el soneto «A la barba de los letrados».

«Tenemos muy pocos datos documentales sobre Brígida del Río, pero sí que se convirtió en todo un personaje en su época», señala el catedrático de la Universidad de Salamanca Jacobo Sanz Hermida. Por su rareza, la barbuda de Peñaranda fue llevada a la corte de Felipe II y allí debió formar parte de esas «cámaras de maravillas» que crearon los Austrias con enanos, bufones, locos… “sabandijas de palacio“, y que cristalizaron en la época de Felipe IV, según explica el coautor junto a Fernando Rodríguez de la Flor de «La puella pilosa: hacia una lectura iconológica del retrato de la mujer barbuda en la pintura española del Siglo de Oro».

Estos personajes, que se compraban, traspasaban y vendían entre las cortes europeas como objetos extravagantes, servían para divertir o para ser mostrados, como en el caso de la mujer barbuda. «Los prodigios eran requeridos como elementos de contraste» ya que «los horrores enfantizaban la belleza del monarca y su corte», continúa Sanz. Además a los humanos «nos atrae tanto lo hermoso como lo feo o raro», añade citando la «Historia de la fealdad» de Umberto Eco.

El catedrático supone que la barbuda de Peñaranda se paseó por la corte y los palacios y casas nobles a finales del siglo XVI de la mano de algún noble «valedor», aunque «no siempre estos prodigios tenían por qué ser propiedad de alguien». El hecho es que «se convirtió en noticia, aunque lo extraño es que no conservemos ningún pliego noticioso que hable de ella, como en el caso de “la monstrua”», dice refiriéndose a la niña Eugenia Martínez Vallejo, que retrató Luis Carreño de Miranda.

Brígida del Río cobraba por dejarse ver y se sabe que estuvo en Madrid y en Valencia, donde era exhibida como un elemento de ennoblecimiento en la época. El arzobispo Juan de Ribera, el Patriarca, poseía un retrato de esta «maravilla de la naturaleza» y también el pintor Diego Valentín Díaz o el marqués de Astorga contaban con cuadros de la barbuda de Peñaranda en su colección.

Sánchez Cotán la pintó en 1590 durante su visita a la corte de Felipe II. Se cree que por encargo del propio monarca, a quien su padre el emperador Carlos V llegó a censurar por su especial interés por la gente de placer de palacio, aunque no se tienen datos. En el Inventario de El Pardo solo se registra su nombre al citar su retrato, según el estudio que realizó José Moreno Villa sobre la «gente de placer» que tuvieron los Austrias en la corte española desde 1563 a 1700.

El retrato de Sánchez Cotán se difundió a través del grabado al ser el modelo de una imagen que utilizó Covarrubias en uno de sus «Emblemas morales» (1610) que dice: «Soy varón, soy mujer, soy un tercero / Que no es uno, ni otro, ni está claro (…) Me tienen por siniestro y mal agüero/ Advierta cada cual que ha mirado/ Que es otro yo, si vive afeminado».

Sanz Hermida explica que «lo portentoso podía ser visto de forma positiva, como una intervención divina como en el caso de Santa Paula Barbada de Ávila, o bien como algo diabólico y que presagiaba algún desastre».

Ambigüedad sexual

A las barbudas se les relacionaba con la teoría de los humores que «forman la barba en los hombres» y «hacen los menstruos en las mujeres», como indicaba S. Alberto Magno. La pilosidad excesiva en la mujer se vinculaba con la menstruación, la integridad o no del aparato reproductor y la infrecuencia de relaciones sexuales o la castidad, «como si la barba fuera un castigo para las mujeres cuyo cuerpo no cumplía o no podía cumplir con el deber biológico de la maternidad o cuando habían dejado de estar en edad fértil o eran demasiado lujuriosas», señala Pilar Pedraza en su libro «Venus barbuda». También se relacionaban los excesos pilosos con la melancolía, la depresión y la locura.

Precisamente en una exposición dedicada a la melancolía, en el Museo de Escultura de Valladolid, se muestra hoy la perturbadora barbuda de Peñaranda de Sánchez Cotán. «A través de la indeterminación sexual, de la subversión del orden natural —se hablaba, incluso, de una supuesta connivencia de esas mujeres con el diablo—, emerge la inquietante idea de un mundo impredecible, tergiversado; el mito del “mundo al revés”», reseña el catálogo de la muestra «Tiempos de melancolía. Creación y desengaño en la España del Siglo de Oro».

«La literatura de la época interpretó esos casos como un signo de melancolía, atribuyendo el crecimiento de su barba a un exceso de calor, y se aducía el ejemplo de solteras, melancólicas o monjas que se habían convertido en hombres. Eran una confirmación extrema de que la vida es un torbellino de cambios», añade en el escrito María Bolaños, comisaria de la muestra.

Más extravangante y extraño aún que la barbuda de Peñaranda -“de Bracamonte (Salamanca), según Higinio Orgaz aunque no existen datos que lo acrediten-, resultó en la época el caso de Magdalena Ventura. José de Ribera retrató en 1631 a esta mujer de los Abruzzos a quien a los 37 años, estando casada y con varios hijos, le creció la barba y aún después tuvo un último retoño.

La mujer fue invitada al Palacio Real de Nápoles por el virrey, Fernando Afán de Ribera y Enríquez, que encargó a Ribera que la retratara. Cinco días antes de que el pintor firmara el lienzo, el embajador de Venecia describió en una carta su estancia en el Nápoles y cómo «estaba un pintor famosísimo haciendo un retrato de una mujer de los Abruzzos, casada y madre de muchos hijos, la cual tiene el rostro totalmente viril, con más de un palmo de barba negra bellísima, y el pecho completamente velludo. Su excelencia tuvo el gusto de enseñármela como cosa maravillosa y verdaderamente lo es».

El propio pintor da cuenta, en una inscripción en unas lápidas del cuadro, de quién le encargó esta obra que forma parte hoy de la colección de la Fundación Casa Ducal de Medinaceli y la historia de la retratada a la edad de 52 años. Ribera añadió un conjunto de elementos accesorios de carácter simbólico como el huso «y se ha querido ver a su lado una caracola, símbolo hermafrodita, pero no parece que pueda aceptarse tal identificación», según Alfonso E. Pérez Sánchez, para quien «más bien parece una devanadera, con hilos de lana, que se limitaría a corroborar el sentido de lo femenino en abierto contraste paradójico con el aspecto masculino de la mujer».

Hirsutismo

Lilith, la demoniaca primera mujer que abandonó a Adán según la tradición judía


ABC.es

  • Algunas interpretaciones rabínicas aseguran que durante la creación aparece insinuada una tercera presencia humana, Lilith, que hunde sus orígenes en la tradición mesopotámica. El Judaísmo no la ha deificado, pero la ha empleado para introducir el concepto del mal ligado al erotismo femenino
abc Representación de Lilith (1892), por John Collier

abc | Representación de Lilith (1892), por John Collier

«Y de la costilla que Dios tomó del hombre, hizo una mujer, y la trajo al hombre. Dijo entonces a Adán: Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; ésta será llamada Varona, porque del varón fue tomada», relata el libro del Génesis sobre la creación bíblica de la primera mujer en la faz de la tierra, Eva. No en vano, una extendida interpretación rabínica considera que la referencia, en un versículo anterior, a que «Dios creó varón y hembra los creó» significa que hubo otra mujer antes, la cual terminó abandonando el Paraíso. Según esta tradición judía, Lilith es esa mujer que precedió a Eva, y que, una vez lejos de Adán, se convirtió en un demonio que rapta a los niños en sus cunas por la noche y una encarnación de la belleza maligna así como la madre del adulterio.

Más allá de esta tradición hebrea, el origen del mito de Lilith parece contar con raíces sumerias o acadias. En concreto había en Mesopotamia, según el arqueólogo británico Reginald Campbell Thompson, un grupo de demonios femeninos derivado de la criatura Lilitú (Lilu, Lilitu y Ardat Lili) con unas características que responden a esta figura mitológica: eran mitad humanas y mitad divinas, usaban la seducción y el erotismo como armas; y la noche era su hábitat natural. Todos estos súcubos, en cualquier caso, tenían las cualidades de lo que luego se ha representado como los vampiros, aunque cubiertos de pelo, y derivaban de la palabra «viento» o «espíritu». Esta tradición habría pasado más tarde a la cultura judía a través de los semíticos residentes en Babilonia. Los judíos adaptaron así al hebreo el nombre de esta criatura maligna hasta vincularlo posiblemente a la palabra «laila» (traducido como noche).

Lilitú perdió varias cualidades con su versión hebrea, como es su carácter divino, pero adquirió una personalidad más compleja. Su presencia es frecuente en el folclore y los textos del Judaísmo, entre ellos el Génesis, según defienden algunas interpretaciones rabínicas. Así, frente a las dudas que ha generado el fragmento del Génesis «y creó Dios al hombre (Adán) a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó», han surgido interpretaciones de diferentes rabinos a lo largo de la historia que plantean que, o bien Adán fue creado inicialmente como un andrógino –que poseía un cuerpo femenino y uno masculino unidos por la espalda–, o, como recoge repetidas veces en su obra el mitólogo inglés Robert Graves, hubo otra mujer antes que Eva, la rebelde y lujuriosa Lilith, que finalmente abandonó el paraíso.

«Yo también fui hecha con polvo»

Según el Yalqut Reubeni –una colección del siglo XVII de midrashim (interpretaciones de textos antiguos) por el rabino Rubén Hoschke Kohen–, «Dios formó a Lilith del mismo modo que había formado a Adán, aunque utilizó inmundicia y sedimento en lugar de polvo puro». La inmundicia habría convertido a esta criatura en un demonio del que, a su vez, nacieron otras criaturas malignas que «todavía atormentan a la humanidad». Estos demonios hembras se dedicaban a atacar a las madres durante los partos con el fin de robar al recién nacido para luego matarlo, como retrata un sello cilíndrico expuesto en el Museo de Oxford.

En este sentido, existe otra interpretación que presenta a Lilith como una criatura igual a Adán, hecha de polvo puro, que se rebela contra los designios divinos y muestra un marcado carácter. En el Alfabeto de Ben Sira (escrito entre el siglo VIII y el XI), se narra cómo Lilith se resistió a yacer por debajo de Adán: «¿Por qué he de yacer debajo de ti? Yo también fui hecha con polvo y por tanto, soy tu igual», afirmó Lilith, que, al ser forzada por Adán a obedecerle, pronunció el nombre de Dios en vano y decidió abandonar el Edén con dirección al Mar Rojo.

ABC La Reina de la Noche (1892), tablilla de terracota sumeria

ABC | La Reina de la Noche (1892), tablilla de terracota sumeria

Esta versión de Lilith se ha emplazado como una representación de las mujeres canaaneas y su visión de las relaciones sexuales en un periodo, hacia el 586 a.C, en el que se fusionaron parcialmente los panteones propios de los canaanitas con los hebreos. De esta manera, la demonización de Lilith es una crítica a las prácticas de las mujeres canaaneas dadas a mantener relaciones sexuales pre-matrimoniales y a una sexualidad más abierta que la mostrada por las hebreas. Lilith es el demonio rebelde, el mal ejemplo que precedió a Eva, más obediente a lo que Adán esperaba de una mujer. No en vano, algunas de las cualidades de esta versión de Lilith parecen haberse inspirado en el principal culto femenino de los canaanitas –el pueblo que según el Antiguo Testamento conquistaron los judíos tras el éxodo por el desierto–, Asheráh, diosa de los partos y la fertilidad.

Tras abandonar el paraíso, Lilith se asentó en la costa del Mar Rojo. Esta región se caracterizaba, según esta tradición mitológica, por la presencia de innumerables demonios, con los cuales engendró nuevas criaturas, «a razón de más de cien por día». Ante este hecho, Dios envió a un grupo de ángeles para exigirla que volviera con Adán: «Regresa con Adán de inmediato o te ahogaremos». A lo que ella respondió que ya no podía regresar porque «Dios me ha ordenado que me haga cargo de todos los recién nacidos, de los niños hasta el octavo día de vida (el de la circuncisión) y de las niñas hasta el vigésimo día». Finalmente, Dios permitió vivir a Lilith, pero la castigó haciendo que cientos de sus hijos demoniacos perecieran cada día. Desde entonces, la hermosa criatura se propuso matar a todos los hijos de Adán y a todas las madres durante el nacimiento y los días siguientes al parto.

Lamia, cuerpo de dragón y esencia de Lilith

La leyenda Lilith es posiblemente también el origen del popular mito griego de la reina Lamia, que, tras matar a sus propios hijos por culpa de un engaño de Hera, sintió envidia de las otras madres y se dedicó a devorar a sus hijos. Transformada en una bestia, tenía el cuerpo de una serpiente y los pechos y la cabeza de una mujer. Este relato dio lugar a que, en la Antigüedad, las madres griegas y romanas acostumbraran a amenazar a sus hijos traviesos con este personaje. La creencia grecorromana a su vez se transmitió a leyendas medievales, repartidas por toda la geografía europea, donde estos seres son representados con rostro de mujer y el cuerpo de dragón. También se alimentaban de niños.

Wikipedia Lamia y el soldado de John William Waterhouse

Wikipedia | Lamia y el soldado de John William Waterhouse

Así y todo, la presencia del nombre de Lilith en la Biblia se limita a una única mención. Aparece en Isaías34:14: «Los gatos salvajes se juntarán con hienas y un sátiro llamará al otro; también allí reposará Lilith y en él encontrará descanso», lo cual fue traducido en la Vulgata como Lamia, su versión medieval. No obstante, resulta imposible saber con certeza si para el autor del texto era un nombre propio –la célebre criatura del folklore judío– o simplemente se trata de una bestia salvaje o de una rapaz nocturna.

El misterio de las campanas de una iglesia de Madrid que se colgaron solas


ABC.es

  • Los vecinos de San Pedro el Viejo no dieron crédito cuando escucharon sonidos procedentes del campanario
wikipedia Iglesia de San Pedro el Viejo

wikipedia | Iglesia de San Pedro el Viejo

La iglesia de San Pedro el Viejo, situada en la esquina de la calle del Nuncio y una de las más antiguas de la capital, estaba sin terminar. Unos obreros eran los encargados de elevar las campanas a lo alto del campanario, pero debido a que fue imposible subirlas por las escaleras, los hombres se fueron a sus casas a la espera de encontrar una solución.

La sorpresa para todos fue cuando, a la mañana siguiente, se empezó a escuchar el sonido de las campanas, que habían sido colocadas en el alto de la iglesia. Nadie se explica qué ocurrio ni quiénes fueron los responsables.