Kipling, extraño y peculiar


El Mundo

  • Fue el primer Premio Nobel británico (1907) y un autor tan aclamado como discutido. Nació en La India colonizada.
  • Algunas de sus obras son clásicos de la literatura (y del cine), como ‘El libro de la selva’ y ‘Capitanes intrépidos’, pero sobre todo fue un interesante poeta y un viajero incansable. Ahora se cumplen 150 años de su nacimiento.
Rudyard Kipling en 1925.

Rudyard Kipling en 1925

A Rudyard Kipling le sucede que se entendía mejor con la vida si entre medias había un libro. Fue un autor exótico sin aceptar como conducta el exotismo. Un tipo tocado por la necesidad de escribir para fijarse mejor en el mundo. Las palabras fueron su toma de tierra. Y decidió vivir a pleno sol en la escritura, contando historias en cuatro novelas, en más de 800 poemas, en numerosos relatos, cientos de cartas y en unas memorias póstumas (publicadas en España por Pre-Textos como ‘Algo de mí mismo’).

Más allá del autor de ‘El libro de la selva’, ‘Kim’ y ‘Capitanes intrépidos’, más allá de esa literatura de la fantasía, más allá de la fama y el dinero, hay un hombre con el alero dañado. Un tipo que a los cinco años sufrió el maltrato de una cuidadora: “Recibía una paliza cada día… Empecé a leer todo lo que caía en mis manos, pero cuando supo que eso me gustaba a los demás castigos sumó la privación de la lectura. Fue entonces cuando empecé a leer a escondidas y a conciencia…”, escribe en sus memorias.

Ese fue el origen de todo: la deficiencia de vivir cuando este ejercicio se parece demasiado al daño. Así levantó en su casa un primer perímetro de alegría, con los libros en la mano. Ahora se cumplen 150 años del nacimiento de Kipling y hay algo en él de casi olvidado, de casi icónico y mucho de desconocido. Tiene un ramalazo de galgo aristocrático y controvertido. Pero siempre tuvo el estímulo de los lectores de medio mundo. La Biblioteca Nacional le dedica una breve muestra bibliográfica que demuestra el interés que desde los años 40 ha despertado su obra también en España.

Colonialismo inglés

Kipling echó el primer vagido en Bombay, en 1865. Hijo de un funcionario británico de propensión flemática destinado en el Indian Education Department como profesor de dibujo, cerámica y escultura. Eran los días febriles del colonialismo inglés en La India. Y en ese ambiente de doble velocidad que imprime la aventura colonial creció el escritor, criado con mimo de pura sangre al que bañaran en leche.

De aquellos años de imperio le quedó un rastro algo desapacible que George Orwell denunciaba con ánimo urticante: “Profeta del imperialismo”. Y aquellos dardos han pesado sobre su legado hasta dejar en penumbra una leyenda y una literatura. Sin embargo, sucede con Kipling algo raro. Uno de sus poemas, titulado ‘Si…’ fue escogido por los lectores británicos como el favorito, como el más popular: “Si puedes mantener la cabeza en su sitio/ cuando todos la pierden -y te culpan por ello-;/ si confías en ti cuando los otros/ desconfían -y les das la razón-;/ si puedes esperar sin cansarte, si no/ mientes cuando te vienen con mentiras/ ni odias a los que te odian y, aún así,/ no te las das de santo ni de sabio…”.

Y es que Kipling, más allá de todo, es un poeta. Tiene en el verso la potencia que deja deshilada en la prosa. Un escritor eficaz, sin duda, que se contorneó en la redacción de un periódico, el ‘Civil and Military Gazette de Lahore‘, el único periódico de la región del Punjab, puerta de acceso al subcontinente hindú por la mayoría de invasores. Kipling tenía 16 años. Sabía hablar y escribir el hindi. Entró de corrector, de lector, de lo que fuera. Publicó algunas crónicas y pocos cuentos. Y siempre consideró aquel periodicucho su campo de pruebas: “Yo no sabía nada y mi jefe tuvo que adiestrarme. No sé hasta qué punto mi aprendizaje le hizo sufrir, pero lo que llegué a ser, el hábito que adquirí en verificar fuentes y conseguir trabajar sin salir del despacho, se lo debo a mi jefe de entonces, Stephen Wheele”. Pero también terminó desconfiando de los periodistas.

Le excitaba la trashumancia

Como reportero caminó por mil recodos de La India. La observó. La vivió. La amó. Pero siempre desde una percepción y una emoción sesgada por su óptica de modales victorianos. Por razones de espacio y buen gusto, Kipling comprendió que una vez testada su tierra (y La India lo era) era el momento de lanzarse al mundo, quizá compulsivamente. Birmania, Singapur, Hong Kong, China, Japón y de ahí a EEUU, donde desembarcó por primera vez en 1889, en el puerto de San Francisco. De aquella expedición de meses quedaron varios cuadernos de apuntes, algunos relatos y un libro de viajes. Era ya un tipo imparable al que excitaba la trashumancia, ese sueño que todo viaje requiere. Como en su poema ‘Si…’ “Si sueñas, sin llegar a ser esclavo/ de tus sueños; si piensas, pero no te conformas/ con pensar; si te enfrentas al Triunfo y al Desastre/ y das el mismo trato a esos dos impostores;/ si soportas que tuerzan tus palabras para embaucar con ellas a los tontos;/ si se rompen las cosas a las que has dedicado/ tu existencia y te agachas a rehacerlas…”.

Era ya un escritor consagrado, conservador, escéptico ante las reformas sociales. Viajó a Canadá y a Sudáfrica. Y poco a poco extremó sus ideas imperiales: “la democracia es un rebaño en movimiento”… “El socialismo es un sistema por el que un Estado estimula a los vagos a vivir sin trabajar”… De su viaje a Egipto y Sudán trajo la certeza de que “sin nosotros los nativos no habrán salido del robo y la barbarie”. Este era sobre todo Rudyard Kipling.

A la vez, rechazó el título de poeta laureado, la Orden al Mérito y el título de Sir. No le agradaba la pompa y circunstancia de los reconocimientos gubernamentales. Pero sí aceptó el Nobel de Literatura en 1907. Era el primer británico en recibir el galardón. Y aún sigue siendo el más joven de los premiados: le llegó con 42 años “en consideración a su poder de observación, originalidad, imaginación, ideas viriles y un extraordinario talento para la narración”. Por entonces se premiaban hasta las “ideas viriles”. Aunque faltaba algo de lo mejor. De lo mejor de su escritura. En 1911 publocó el libro de poemas ‘Hadas y recompensas’, donde apareció por vez primera su poema más universal, ‘Si….’

La muerte de su hijo

Rudyard Kipling había vivido ya el zarpazo de ver morir a su hija de cinco años en 1899. Pero aún le faltaba un último golpe de hoz. Era un escritor aclamado. Leído. Reconocido. Un ‘best selle’r de antes de los ‘best sellers’. Se instaló en Inglaterra. De su larga biografía quedan fijados muchos momentos literarios, pero él sólo recordará irremediablemente un instante vital. En 1914 tiene 50 años. La Primera Guerra Mundal viene dando gritos. Su hijo es rechazado como voluntario por miope y el padre logró que fuese al frente. Lo destinaron al norte de Francia, donde tuvo lugar la batalla de Loos entre el 25 de septiembre y el 14 de octubre de 2015. En 20 días murieron 50.000 soldados. Entre ellos el teniente John Kipling.

El escritor no superó aquello. La salud se le fue quebrando a la misma velocidad que se le gangrenaba el ánimo. Escribió otro libro más ‘Epitafios de guerra’: “Mataron a mi hijo/ mientras se reía de alguna broma./ Me hubiera gustado oírla pues pudiera serme útil para cuando falten las bromas”. Vaticinó una Segunda Guerra Mundial. Y acertó. Continuó viajando. Siguió escribiendo. La úlcera que le perseguía desde los 40 años le hizo el último servicio: lo dejó seco en la madrugada del 17 al 18 de enero de 1936. A sus cenizas le hicieron hueco en el Rincón de los Poetas de la abadía de Wetminster, junto a Dickens y a Thomas Hardy. Alimentó a cineastas como John Houston y Viktor Fleming. Y Sinatra cantó uno de sus poemas. Eso es la gloria, exactamente.

Primer microscopio de superresolución en movimiento


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  • La técnica permite visualizar por primera vez procesos dinámicos dentro de la membrana de una célula. Hace solo unos años esto se consideraba una fantasía irrealizable.
Dos aproximaciones a una célula viva con la nueva técnica - Foto Betzig et al.

Dos aproximaciones a una célula viva con la nueva técnica – Foto Betzig et al.

 

Eric Betzig, ganador del premio Nobel de química en 2014, no es de esos investigadores que, una vez conseguido el Nobel, se dedican exclusivamente a dar conferencias por el mundo. Ahora, con un equipo de colaboradores del Instituto Médico Howard Hughes (EE.UU.), acaba de presentar una variante de la técnica de microscopía de superrresolución que le valió el premio, con la que consigue visualizar por primera vez procesos dinámicos dentro de la membrana de una célula, lo que es equivalente a decir que permite “ver” moléculas en movimiento. La investigación se publica en Science.

Consigue mitigar el daño que la exploración en la célula.Betzig, junto con Stefan Hell y W.E. Moerner, recibieron conjuntamente el premio Nobel el año pasado por conseguir superar el límite de difracción de un microscopio de fluorescencia. Mientras que la técnica desarrollada por Hell eliminaba la fluorescencia en un área de un nanómetro de diámetro para obtener una imagen en superrresolución de una célula, Betzig y Moerner, trabajando por separado, investigaron la posibilidad de hacer aparecer y desaparecer la fluorescencia en moléculas individuales a voluntad.

Betzig y sus colegas lo que han hecho ahora es refinar esta técnica basada en el interruptor de la fluorescencia, conocida como SIM (de las siglas en inglés de microscopía de iluminación estructurada), para crear un nuevo método llamado SIM no lineal de fotoactivación pautada. Esto no significa otra cosa que, en vez de iluminar la muestra entera como hace la SIM, ahora lo que se hace es iluminar un pequeño subconjunto de moléculas de la muestra, obteniendo imágenes en una fracción del tiempo que se emplea usando la SIM estándar. A esto se añade una apertura ultra-alta con lo que la resolución de la SIM pasa de 100 nm a 84 nm. Además esta forma de proceder consigue mitigar el daño que la exploración supone para la célula.

Permite visualizar el movimiento de diferentes proteínas.El uso de esta técnica de iluminación de alta velocidad permite a los investigadores visualizar el movimiento de diferentes proteínas, como la clatrina y la caveolina, simultáneamente y ver cómo interaccionan para facilitar el transporte a través de la membrana celular.

Esta técnica llega ya a extremos que hace solo unos años habrían sido clasificados de ciencia ficción, si no directamente fantasiosos por imposibles. Las consecuencias que puede tener su uso en investigación biológica y médica son espectaculares.

Referencia: Dong Li et al (2015) Extended-resolution structured illumination imaging of endocytic and cytoskeletal dynamics (Science) DOI: 10.1126/science.aab3500

* Este artículo es parte de ‘Proxima’, una colaboración semanal de la Cátedra de Cultura Científica de la UPV con Next. Para saber más, no dejes de visitar el Cuaderno de Cultura Científica.

Así sería un tsunami en el Mediterráneo


ABC.es

  • Investigadores europeos desarrollan un nuevo modelo capaz de simular elimpacto que tendría un tsunami generado por un terremoto en las costas del este del Mediterráneo
epa La catástrofe tras el tsunami que inundó Indonesia en 2004

epa | La catástrofe tras el tsunami que inundó Indonesia en 2004

Un equipo de investigadores europeos ha desarrollado un nuevo modelo capaz de simular el impacto que tendría un tsunami generado por un terremoto en las costas del este del Mediterráneo. Y los resultados muestraan con toda claridad que un evento así sería capaz de provocar graves inundaciones en el sur de Italia y Grecia. El estudio ha aparecido hace unos días en la revista «Ocean science», una publicación de la Unión de Geociencias Europea (EGU).

A pesar de que no son tan frecuentes como en los océanos Pacífico e Indico, también el Mediterráneo está sujeto a la posibilidad de sufrir tsunamis. La mayoría de ellos debidos a terremotos generados al deslizarse la placa Africana bajo la Euroasiática. De hecho, uno de cada diez tsunamis que se generan en el mundo se producen, precisamente, en el Mediterráneo y, como media, una vez cada cien años el tsunami es de gran intensidad. Un dato que no muchos conocen, y que coloca al Mare Nostrum entre las zonas de alto riesgo de sufrir esta clase de eventos catastróficos.

Por ello, el riesgo de las zonas costeras, muy densamente pobladas, se considera «muy alto» en las clasificaciones de los expertos. Y es que más de 130 millones de personas viven habitualmente en pueblos y ciudades que se asoman directamente al Mediterráneo. Otro motivo de preocupación es que, en el Mediterráneo, una ola del tipo Tsunami debe recorrer una distancia muy corta antes de hacer impacto, lo que reduce enormemente la efectividad de una alerta en comparación con otras regiones del planeta.

El nuevo estudio muestra con detalle cuál sería la magnitud de las inundaciones en las zonas seleccionadas (sur de Italia y Grecia), lo que ayudará a las autoridades de esos países a identificar las áreas más vulnerables.

Los investigadores han desarrollado un modelo informático que representa cómo pueden generarse, propagarse e impactar contra las costas los tsunamis mediterráneos, Para ello han utilizado la información disponible sobre la profundidad de los fondos y la topografía de las líneas costeras. «Hemos simulado tsunamis introduciendo terremotos a varias profundidades y calculando los desplazamientos del agua tanto en el fondo como en la superficie marina –explica Achilleas Samaras, de la Universidad de Bologna y principal autor de la investigación–. El modelo reproduce cómo estas perturbaciones (las olas de tsunami) se propagan y transforman a medida que se acercan a la orilla, y cómo inundan las zonas costeras».

Las simulaciones se han llevado a cabo a partir de supuestos terremotos de magnitud 7. «A pesar de que no se trata de terremotos pequeños –explica Samaras– existen numerosos registros históricos sobre eventos de estas magnitudes en la región». Por ejemplo, en el año 365 AC se produjo una serie de terremotos con magnitudes entre 8 y 8,5 en las costas de Creta. Los tsunamis resultantes destruyeron ciudades en Grecia, Italia y Egipto, con un saldo de víctimas de más de 5.000 personas solo en la ciudad de Alejandría. Más recientemente, en 1908, un terremoto de magnitud 7 se produjo en la región siciliana de Messina, causando un tsunami con olas de más de diez metros de altura y que mataron a miles de personas.

España, zona de alto riesgo

El estudio solo hace referencia a la zona oriental del Mediterráneo. Pero tampoco la occidental, donde se encuentra la peninsula ibérica, está exenta de padecer este tipo de fenómenos. De hecho, y aunque la mayoría lo desconozca, la península ibérica está considerada por los expertos como una zona de alto riesgo de tsunamis. Nuestras ciudades, en efecto, ya han sufrido en numerosas ocasiones el impacto destructivo de estas grandes olas, especialmente en el golfo de Cádiz y en las costas mediterráneas. Olas que, además, han provocado ya miles de muertes en nuestro país.

En nuestro caso, el riesgo es doble, ya que la península ibérica puede recibir tsunamis tanto en su vertiente atlántica (más fuertes, pero menos numerosos) como en la mediterránea (mucho más frecuentes, aunque menos fuertes). La razón es que los terremotos capaces de producir tsunamis en el Mediterráneo se generan, principalmente, en Argelia, donde las fallas son más pequeñas que las que existen en nuestra vertiente atlántica. Las regiones más expuestas de nuestro país son la bahía de Cádiz, Huelva, el litoral del Mediterráneo y las Baleares.

La mayor catástrofe natural jamás producida en España se produjo en el año 1755, cuando un terremoto submarino frente a las costas de Cádiz (y que fue de intensidad 9) provocó un tsunami que mató a 15.000 personas. Los expertos sostienen que si algo así se repitiera en la actualidad, la cifra de muertos sería similar a la del tristemente famoso tsunami de Indonesia de 2004, a consecuencia del que perecieron más de 300.000 personas.

Según el catálogo europeo de tsunamis, entre los años 300 A.C. y 1900 se han generado hasta 18 tsunamis sólo en el área del golfo de Cádiz. Entre ellos, dos fueron especialmente catastróficos: el de 1531 y el ya citado de 1755. El estudio de antiguos sedimentos ha permitido identificar, además, las huellas de un gran número de tsunamis en esa región, que los expertos consideran «de alto riesgo».

En cuanto al Mediterráneo occidental (Málaga, Granada, Almería, Murcia y Baleares), las principales fuentes de generación de tsunamis se encuentran en el norte de Argelia y, más lejos, en el mar Egeo. Si ocurriera un tsunami frente a Argelia, en menos de 30 minutos gran parte de la Costa del Sol se vería afectada por las olas. Y aunque los tsunamis mediterráneos no son tan desastrosos como los generados en la cuenca Atlántica, sí que son perfectamente capaces de inundar zonas bajas del litoral. Estudios recientes muestran que Almería, Murcia y numerosas localidades de Baleares, se inundarían con un tsunami de apenas 3m.

Para intentar prevenir esta clase de catástrofes, España colabora desde hace años con la red NEAMTWS (Sistema de Alerta Temprana de Tsunami en el Atlántico Noreste y el Mediterráneo) aunque, tristemente, aún no cuenta con un sistema propio de alerta.

Por eso, si se produjera otro tsunami peligroso para nosotros, nuestro país solo podría enterarse de su llegada gracias al sistema francés o al sistema NEAMTWS. Sin embargo, no se conocerían las zonas de impacto, ni la magnitud del tsunami en cada zona concreta, ni los tiempos exactos de llegada, ni la población afectada sabría cómo actuar. Es decir, que la alerta sería inútil porque no sabríamos qué hacer con ella.

Y si bien es cierto que, tras la catástrofe de 2004 en Indonesia se han llevado a cabo algunas mejoras en los sistemas de detección sísmica del Instituto Geográfico Nacional (IGN), la falta de presupuestos ha impedido hasta ahora la creación de protocolos específicos para esta clase de situaciones. Protección Civil dispone de pautas de actuación en caso de inundaciones, pero un protocolo específico para maremotos está aún pendiente de aprobación.

El triste final de la aristócrata madrileña que conquistó a Simón Bolívar


ABC.es

  • El revolucionario juró no volver a casarse por el dolor que le causó la muerte inesperada y prematura de Teresa del Toro

    tito salas «Matrimonio de Bolívar con doña María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza» realizado por el pintor venezolano Tito Salas (1887-1974) y que en la actualidad se puede contemplar en la Casa Natal de Bolívar en Caracas

    Tito Salas | «Matrimonio de Bolívar con doña María Teresa Rodríguez del Toro y Alayza» realizado por el pintor venezolano Tito Salas (1887-1974) y que en la actualidad se puede contemplar en la Casa Natal de Bolívar en Caracas

Simón Bolívar tenía 16 años cuando pisó por primera vez Madrid. Bastaron unos pocos meses para que los ojos color café de la aristócrata madrileña María Teresa del Toro, dos mayor que él, le conquistaran. Un amor que la vida le arrancó de forma prematura: ella murió a los ocho meses de su boda, que también se celebró en la capital española. El fallecimiento inesperado de la joven –tenía 21 años– sumió al revolucionario en una espiral de dolor, hasta el punto de que juró no volver a casarse. Y cumplió su palabra hasta el fin de sus tristes días en la Quinta de San Pedro Alejandrino, en la ciudad colombiana de Santa Marta, donde acabó prácticamente solo y deshonrado.

Una pequeña placa, que cuelga todavía entre los muros del primer y segundo edificio a mano derecha de la calle Fuencarral de Madrid –según se entra por Gran Vía–, señala la casa donde vivía la joven que se convertiría en la primera y última mujer del «genio de la raza», tal y como lo califica el cartel. A pocas manzanas, en la calle Gravina, otra lámina de mármol recuerda el lugar donde estuvo emplazada la iglesia donde con 19 y 21 años, respectivamente, los jóvenes contrajeron matrimonio. Un miércoles 26 de mayo de 1802, los feligreses de la antigua iglesia parroquial de San José asistieron al oficio tan esperado por la pareja.

Tras 20 días de júbilo y festejos familiares, los recién casados viajaron a La Coruña para, días después, partir hacia Caracas, tierra natal de Bolívar. «Entonces mi cabeza estaba llena de los vapores del más violento amor y no de ideas políticas», definió el militar su situación anímica y afectiva al regresar a Venezuela con su esposa, según señala el historiador Tomás Polanco Alcántara. En una carta a su amigo Pedro Joseph Dehollain le decía que, al casarse, se convirtió en un «ente dichoso que cantaba alegre el colmo de sus felicidades con la posesión de su Teresa». Ella centraba toda su atención. Era la persona que más quería y en quién más confiaba, ya que con tan solo nueve años había perdido a su padre y después a su madre y su abuelo.

Muerte fulminante

Todo discurría con armonía en la familia Bolívar. Ella se adaptó con facilidad a su familia, pronto la cogieron aprecio, pero también lo hicieron las infecciones tropicales: las «fiebres malignas» –fiebre amarilla, como se conoce en la actualidad– acabaron con su vitalidad. Tras ocho meses de matrimonio y dos años de noviazgo, Bolívar perdió a su única esposa.

A pesar de sus muchos amoríos, Bolívar cumplió su palabra. De acuerdo al historiador venezolano José Luis Silva Luongo en su obra «Herencia de Todos», «la inesperada muerte de María Teresa es un duro y decisivo golpe en la vida de Bolívar que lo sume en el más profundo dolor… De nuevo se topa con el infortunio. En el futuro no volverá a entregar amor puro y permanente a mujer alguna, tampoco en lo adelante ninguna lo atará en forma definitiva».

La desesperación que sentía Bolívar hizo que sus más allegados temieran que atentara contra su vida. Por eso, le recomendaron realizar un segundo viaje a Europa, para mitigar su inmensa pena. En Madrid mantuvo un conmovedor encuentro con su suegro, Don Bernardo. En compañía de Fernando Rodríguez del Toro, primo hermano de María Teresa, viajó a París, donde vuelve a contactar con su antiguo maestro Simón Rodríguez.

Finalmente, canalizó la desesperación hacia la política. A partir de este momento, Bolívar solo vivió volcado en sus asuntos públicos. El historiador Salvador de Madariaga llega a afirmar que «este final súbito de la vida retirada y personal de una joven de veintiún años ha sido quizá uno de los acontecimientos claves de la historia del Nuevo Mundo».

En 1828, es el propio Bolívar quien analiza la influencia que la muerte de su esposa había tenido en él, y confiesa: «Si no hubiera enviudado, quizás mi vida hubiera sido otra; no sería el general Bolívar ni el Libertador, aunque convengo en que mi genio no era para ser alcalde de San Mateo».

Los problemas para encontrar un rey en tiempos del general Prim


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  • Las dificultades para conseguir un candidato idóneo para la restauración democrática dieron lugar a duras polémicas en la Cámara

 

archivo abc Juan Prim, en su juventud

archivo abc | Juan Prim, en su juventud

 

Si todo el siglo XIX fue de una carga política extraordinaria en España, este hecho se intensificó en la década de los 70, cuando se buscaba un rey con el que restaurar la monarquía. La Revolución de 1868 -conocida como «la Gloriosa»- apeó del trono a Isabel II y dio comienzo al Sexenio Democrático, el primer intento de conseguir implantar un régimen democrático en España. Primero se intentó con otro rey, pero no era tarea fácil encontrarlo.

Así lo reconoce el 11 de junio de 1870 en las Cortes el jefe de Gobierno, el general Juan Prim: «Señores, ni tenemos rey ni sé cómo encontrarlo», recuerda Luis Carandell en su libro «Se abre la sesión».

En un momento de su discurso, y entre las protestas de algunos de los diputados que, como Antonio de Ríos Rosas, apoyaban a un candidato a monarca, el general dijo: «La práctica, que es el gran libro de la enseñanza para la Humanidad, me ha hecho conocer lo dífícil que es hacer un rey…». Una frase que hizo estallar en aplausos a la bancada republicana.

Pero eso no amilanó a Prim, que cuando cesó la algarabía, continuó su discurso: «Indudablemente, es difícil hacer un rey, pero el señor Castelar, que me ha aplaudido y yo se lo agradezco, no ha tenido presente que más difícil es hacer una república en un país en que no hay republicanos».

Encuentran un cachorro perdido… momificado hace 12.000 años


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  • Un grupo de arqueólogos lo hallaron en una región remota de Siberia, buscando probar que nuestros ancestros ya domesticaban cachorros
mirror

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Un grupo de científicos ha descubierto un cachorro momificado desde hace 12.000 años —en «perfecto estado de conservación»— y se cree que es hermano de otra cría de perro encontrada hace cuatro años en una zona cercana.

Según informa «Mirror», este último descubrimiento en el permafrost —la capa de suelo que permanece semicongelada en lugares fríos— de Siberia, tenía como objetivo probar que nuestros ancestros ya domesticaban perros hace miles de años.

Además, se cree que los amos podrían haber sido cazadores de mamuts que ya se protegían del frío con prendas de lana.

Todavía cubierto en barro, el animal fue encontrado a sólo dos metros del enclave en el que se encontró a otro cachorro hace cuatro años.

Pero, ¿cuál fue la causa de la muerte?. Los arqueólogos creen que los dos perros murieron enterrados en un corrimiento de tierras repentino en los márgenes del rió Syalakh, en la remota república siberiana de Sakha, Rusia.

«El estado del cuerpo es perfecto. Se ha preservado de pies a cabeza, incluido el pelo», dijo Sergei Fedorov, del Museo del Mamut en Yakutsk.

El propósito de la expedición era «encontrar restos de actividad humana en la zona, probando que los cachorros de la época fueron los primeros en ser domesticados por seres humanos».

Encontraron los restos de actividad humana, además de herramientas hechas con huesos, cerca de los lugares donde se encontraron a los dos cachorros, probando su hipótesis.