La Tierra ha perdido la mitad de sus árboles desde que hay humanos


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  • Un equipo internacional de científicos ha realizado el primer mapa detallado de la densidad de árboles del planeta. Los resultados indican que hay más árboles de los que se pensaba, aunque estamos deforestando los bosques demasiado rápido.
 

Distribución de la densidad de árboles en distintas zonas del globo - Foto Crowther et al.

Distribución de la densidad de árboles en distintas zonas del globo – Foto Crowther et al.

 

Como si fuera un mal chiste, el primer mapa global de la población de árboles viene con dos noticias, una buena y una mala. La buena es que hay muchos más árboles de los que se pensaba, unos tres billones distribuidos en los bosques de todo el globo. La mala es que los humanos destruimos unos 15.000 millones de árboles cada año y que el número de ejemplares se ha reducido en un 46 por ciento desde que existe nuestra civilización.

El equipo ha recopilado información de 400.000 bosques del planeta.Las estimaciones realizadas hasta ahora, mediante imágenes tomadas vía satélite, indicaban que existían unos 400.000 millones de árboles en el planeta (unos 61 por habitante). El estudio realizado por el equipo de Thomas Crowther, y publicado por la revista Nature, indica una cifra muy superior, de 422 árboles por persona. La diferencia está en que en esta ocasión se han tenido en cuenta más mediciones, además de las del satélite y el equipo ha recopilado información de la densidad de árboles de 400.000 bosques del planeta, procedentes de inventarios de parques nacionales y estudios científicos que incluyen recuentos sobre el terreno. Con estos datos, y los que se obtienen desde el espacio, no solo han conseguido una estimación más afinada, sino que se han podido conocer la influencia de factores como el clima, las condiciones del suelo o la proximidad de núcleos habitados en la distribución de los árboles a escala global.

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“Los árboles están entre los organismos más importantes y críticos de la Tierra y solo ahora estamos empezando a comprender su extensión y distribución globales”, asegura Crowther. “Almacenan grandes cantidades de carbono, son esenciales para el ciclo de nutrientes, para la calidad dela gua y el aire e incontables servicios humanos. Cuando le preguntas a la gente que te dé una cifra de los árboles que hay en el mundo no sabe por dónde empezar“. El mapa resultante puede aportar importante información sobre la estructura de los ecosistemas y mejorar las predicciones sobre diversidad y fijación del carbono. “Las diversas ramas de datos disponibles nos permiten construir modelos predictivos para estimar el número de árboles a escalas regionales”, asegura Henry Glick, coautor del estudio.

Los trópicos albergan el 43% de los árboles del planeta.En este sentido, las mayores densidades de árboles se encuentran en los bosques boreales de las regiones subárticas en Rusia, Escandinavia y Norteamérica, pero las mayores zonas por extensión se encuentran, con diferencia, en los trópicos, que albergan el 43% de los árboles del planeta (el 24% está en las zonas boreales y otro 22% en las zonas templadas). Los resultados ilustran también cómo cambia la densidad según el tipo de bosque. En las zonas más húmedas, por ejemplo, crecen más ejemplares, pero estos efectos beneficiosos se ven afectados porque los humanos también refieren estas zonas para la agricultura, de modo que la deforestación es mayor.

De hecho, indican los autores del trabajo, la actividad humana es el factor más influyente en la evolución de los grandes bosques. El modelo indica que la densidad de árboles decrece a medida que la población humana crece y establece la pérdida de árboles en unos 15.000 millones cada año. “Hemos reducido casi a la mitad el número de árboles del planeta y hemos visto los impactos de esto en el clima y la salud humana”, asegura Crowther. “Este estudio subraya el gran esfuerzo que necesitamos para restaurar los bosques sanos en todo el mundo”.

Referencia: Mapping tree density at a global scale (Nature) DOI 10.1038/nature14967

Rosemary, la cara oscura de Los Kennedy


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  • La hija mayor del clan Kennedy nació con problemas mentales, pero quedó discapacitada cuando su padre la sometió a una lobotomía para hacerla más dócil

    ap/boston globe/ archivo Rosemary, de pie, en la izquierda, al lado de su hermano Robert y John, en 1938, tres años antes de su lobotomía

    ap/boston globe/ archivo | Rosemary, de pie, en la izquierda, al lado de su hermano Robert y John, en 1938, tres años antes de su lobotomía

Un nuevo libro destapa más detalles sobre la vida de Rosemary Kennedy, la hija mayor del clan estadounidense que desapareció de la vida pública durante décadas. En 1940, cuando Rosemary tenía 22 años, le escribió una carta a su padre, Joseph P. Kennedy, que en ese momento era embajador de Estados Unidos en Reino Unido, en la que le decía que estaba muy encariñada con él y que le quería mucho. Un año después, la misma mujer era incapaz de sostenerse en pie o de formar una oración debido a una decisión que tomó su amado padre.

La revista «People» publica en su última edición extractos del libro «Rosemary: The Hidden Kennedy Daughter» (Rosemary: la hija oculta de los Kennedy) en el que se ofrecen más detalles de las causas de la desaparición pública de Rosemary, hermana de John F. Kennedy.

Según se relata en el libro, escrito por Kate Larson, Rosemary, tercer vástago de Rose y Joseph, nació en 1918 con algunos problemas mentales causados por complicaciones en el parto.

Rosemary sufrió una interrupción de flujo de oxígeno al cerebro durante su nacimiento debido a la que enfermera que atendía el parto no encontraba al doctor encargado, por lo que le pidió a Rose que «apretara las piernas juntas para retrasar la llegada del bebé». Cuando este método falló, la enfermera «sostuvo la cabeza del bebé y le empujó de nuevo al canal de nacimiento durante dos horas».

La niña llegó finalmente al mundo, y mientras crecía sus padres empezaron a notar que «no era como los otros». La autora de libro asegura que la familia trató de criar a la chica como una más, por lo que se le veía en paseos familiares y fiestas. Pero al llegar a la pubertad, la joven empezó a sufrir ataques incontrolables de ira, que muchas veces que tornaban violentos. Al mismo tiempo, Rosemary había desarrollado una figura voluptuosa, con buenas curvas, que llamaba la atención de los jóvenes.

Joseph Kennedy empezó a preocuparse, ya que pensaba que la reputación intachable de su familia, así como la carrera política de su hijo John podría verse empañada si su hija Rosemary quedaba embarazada. «La familia trató de protegerla pero la situación era una bomba de tiempo», reza el libro.

En el mes de noviembre de 1941, el patriarca del clan Kennedy, que para ese momento ya tenía nueve hijos, programó una lobotomía para su hija. Este procedimiento experimental se utilizaba para hacer más dócil a pacientes con graves problemas mentales.

Según relata Larson, la cirugía consistía en taladrar dos agujeros en el cráneo de Rosemary, insertar una espátula hacia el lóbulo frontal del cerebro, girar la espátula y «raspar». El procedimiento estaba en fase experimental, así que la familia sabía los riesgos que asumía, aunque Joseph no informó a su esposa sobre su decisión hasta que terminó la operación. La cirugía fue una «chapuza», y Rosemary quedó totalmente discapacitada, con las facultades mentales de un infante. No podía caminar, hablaba de forma torpe y sufría incontinencia.

Internaron a la joven en un centro psiquiátrico en Nueva York durante siete años, y después, el patriarca envió a Rosemary a una institución mental católica en Jefferson, Wisconsin y más nunca volvió a ver a su hija, reza «People»

Ninguno de los ocho hermanos de Rosemary conocía la verdad sobre el estado de salud de la joven, a quien la familia mantuvo escondida durante décadas. En 1961, cuando Joseph P. Kennedy quedó discapacitado tras sufrir un derrame cerebral, Rose se dignó a ver a su hija por primera vez en 20 años y a contar la verdad.

En otro libro, «The Missing Kennedy», la autora Elizabeth Koehler-Pentacoff narra sus memorias, y en ella recuerda la vez en la que visitó a Rosemary en Wisconsin, donde su tía la había cuidado durante 30 años. «Rosie era muy feliz cuando tenía visita. Amaba las fiestas, la música y los dulces. Cuando le decíamos que teníamos una caja de dulces, sus ojos se levantaban. Y cuando las personas la visitaban, ella se sentía en el cielo».

Rosemary Kennedy murió de causas naturales en 2005 a los 86 años. Sus hermanos Jean, Eunice, Patricia y Ted estuvieron a su lado.

El controvertido y mitológico origen de la señera que reivindican los nacionalistas


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  • Según el mito, Carlos «El Calvo» dibujó con la sangre de Wifredo «El Velloso», herido en combate, cuatro barras rojas en el escudo dorado, pronunciando las célebres palabras: «Estas serán vuestras armas, conde». El relato está copiado del origen del escudo de un linaje castellano
 ABC Escena legendaria en que Carlos «El Calvo» crea con la sangre de Wifredo las cuatro barras del condado de Barcelona

ABC | Escena legendaria en que Carlos «El Calvo» crea con la sangre de Wifredo las cuatro barras del condado de Barcelona

El origen de lo que hoy es la bandera oficial de la Comunidad Autónoma de Cataluña –también presente en Valencia, Aragón y Mallorca–, la señera, sigue siendo motivo de una decimonónico controversia, donde algunos nacionalistas han elevado una acreditada leyenda a la categoría de real. Según el mito, el Emperador franco Carlos «El Calvo» dibujó con la sangre de Wifredo «El Velloso» –gran protagonista del relato de la Cataluña ficticia–, herido en combate, cuatro barras rojas en el escudo dorado, pronunciando las célebres palabras: «Estas serán vuestras armas, conde». El relato, sin embargo, está copiada literalmente de un pasaje de la toma de Córdoba por Fernando III, donde se dice que el Rey castellano quiso premiar la valentía de uno de los caballeros empapando los dedos en la sangre del herido y dibujando en su escudo tres franjas rojas.

Como Jordi Canal narra en su nuevo libro «Historia mínima de Cataluña» (Turner, 2015), en el origen de la señera, posiblemente en el siglo XII, «lo histórico y lo legendario se han fundido con harta frecuencia a la hora de explicar cómo y en qué momento preciso hizo su aparición este emblema». Según la versión más extendida, el Emperador Carlos «El Calvo» (en otras versiones sustituido por Luis «El Piadoso») concedió a su vasallo Wifredo «El Velloso» –titular de los Condados catalanes– un escudo con cuatro barras rojas por su servicio en la guerra contra los normandos. El Emperador mojó los dedos en la herida de guerra de Wilfredo y dibujó cuatro palos en el que hasta entonces había sido su blasón raso dorado. No obstante, el primer problema de este relato es que tiene lugar a finales del siglo IX, cuando en realidad los emblemas heráldicos sobre escudo aparecen en Europa a partir del siglo XII.

Wifredo «El Velloso», el epicentro del relato

La falsa idea de que Wifredo «El Velloso» fue el artífice no ya de la independencia de los condados catalanes –los cuales simplemente pasaron a manos de un mismo linaje bajo su administración– sino del nacimiento de Cataluña fue popularizada durante «la Renaixença», en el siglo XIX, por el dramaturgo Serafí Pitarra, a través de su frase «Fills de Guifré el Pilós, això vol dir catalans» («Hijos de Wifredo el Velloso, esto quiere decir catalanes»). Una lectura con más literatura que historia, como suele ocurrir con los relatos nacidos al abrigo del romanticismo, que desempolvó la vinculación de Wifredo con el origen de la bandera de las cuatro barras rojas sobre fondo amarillo, citada por primera vez en el siglo XVI. Fue así el sacerdote y teólogo valenciano Pedro Antón Beuter el primero que dio probablemente forma a la leyenda en la «Crónica general de España, y especialmente de Aragón, Cataluña y Valencia», escrita en 1551.

El medievalista Martín de Riquer Morera apunta a que es posible que el sacerdote valenciano se inspirara en el uso de la sangre para crear escudos de armas de las aventuras de Galaad (caballero de la Mesa Redonda del Rey Arturo y uno de los tres que alcanzaron el Grial en las leyendas artúricas) y a que, en todo caso, algunas frases están copiadas literalmente de un fragmento de «Nobiliario vero» (1492), una obra que detalla el origen de las armas heráldicas del linaje de la familia de los Córdoba.

ABC Fresco de 1247 de la capilla de San Silvestre, donde aparece el Papa con el emblema rojo y amarillo

ABC | Fresco de 1247 de la capilla de San Silvestre, donde aparece el Papa con el emblema rojo y amarillo

Pocos historiadores han dado así por bueno este relato. La mayoría prefiere remitirse a la primera evidencia documental del emblema, fechada en el año 1150 (siglo XII), tras la unión de los condados catalanes con el reino vecino de Aragón. Esta primera representación muestra a Ramón Berenguer IV montado en caballo con un escudo que contiene varias rayas heráldicas, aunque existen pinturas románicas con el símbolo que podrían remontarse a un tiempo anterior.

Pero más allá de cuál fue la primera prueba documental, la disputa se enfoca en saber si las cuatro barras fueron aportadas por los Condados catalanes o por el Reino de Aragón, cuyas barras de gules en campo de oro podrían proceder de la temprana vinculación del Reino de Aragón con la Santa Sede (el Rojo y el Amarillo eran los colores pontificios en la Edad Media). Así, cabe mencionar que cuando Ramón Berenguer IV se casó con Petronila de Aragón, dando forma a la unión entre catalanes y aragoneses, no pudo titularse rey sino príncipe, puesto que esta dignidad quedaba reservada a su suegro. El hijo del matrimonio, Alfonso II, sí se tituló Rey y heredó la dignidad familiar del Reino de Aragón y sus símbolos, lo cual supondría en principio que el escudo de las cuatro barras procedía de la vía materna, la aragonesa. Con todo, muchas de las teorías que defienden que fue una aportación catalana son igual de ricas en argumentos, haciendo imposible encontrar hoy un punto de coincidencia.

Con el paso de los siglos, la señera cayó en cierto olvido, siendo rescatado como emblema catalanista en torno a 1880 y adquiriendo un tono reivindicativo entonces. En este ejercicio de arqueología de los símbolos, las cuatro barras se impusieron a otras enseñas con tanta o incluso más importancia en la historia de Cataluña. Una de estas era la bandera de San Jorge, una cruz griega roja sobre fondo blanco, que fue adoptada como propia en el pasado por las instituciones barcelonesas e incluso por la Diputación del General. En la rendición de Barcelona de 1714, Francesc de Castellví describe, en «Narraciones históricas desde el año 1700 al 1725», la entrega de las banderas al ejército de Felipe V: «Empezando por las de la Coronela y la antiquísima bandera de Santa Eulalia y acabando por la de San Jorge, que es la que representaba el Principado».

La «estelada» catalana, un fenómeno moderno

La «estelada» catalana, empleada hoy por los simpatizantes del independentismo, data de inicios del siglo XX y nació de la fusión de las cuatro barras tradicionales con un triángulo estrellado a la izquierda. Un elemento considerado inspirado en las banderas de Cuba y Puerto Rico y diseñado por Albert Ballester. Tras su estancia en Cuba y en Puerto Rico, Vicenç Albert Ballester –activista del partido Unión Catalanista y de otros movimientos e iniciativas de carácter independentista– tomó la idea de añadir un estrella a la bandera llamada a ser el icono del nacionalismo. En ese momento, con las recientes independencias de Cuba y Puerto Rico, la estrella de sus banderas era un referente de la lucha contra el Imperio español. De hecho, el documento más antiguo en el que aparece una «estelada» se titula «What says Catalonia» («Que dice Cataluña»), con fecha del 11 de septiembre de 1918, y es una carta elogiosa hacia EE.UU, considerado «el libertador de Cuba y Puerto Rico» por éstos. El texto, firmado por el Comité Pro Cataluña, fundado dos meses antes del comunicado, pide a «la victoriosa Entente, por el Derecho y la Libertad de los Pueblos, la revisión del Tratado de Utrecht. ¡Viva la Entente! ¡Gloria a Wilson! ¡Justicia!».

ABC Bandera de Puerto Rico y «estelada» catalana

ABC | Bandera de Puerto Rico y «estelada» catalana

Dos décadas después de su creación, la «estelada» fue declarada bandera oficial de la «República Catalana Independiente» en la «Constitución de la Habana», que se escribió y firmó en la capital de Cuba entre 15 de agosto y el 2 de octubre de 1928. Francesc Macià, por aquel entonces fundador del partido «Estat Català» y posteriormente proclamado presidente de la Generalitat, fue uno de los impulsores de esta constitución que reconocía la «estelada» de forma oficial y quien estuvo detrás de que se colgara en el balcón del Palacio de la Generalitat cuando el 14 de abril de 1931 se proclamó la República Catalana. No en vano, el estatuto de autonomía de 1979 recogió tras el Franquismo que la bandera oficial de la Comunidad de Cataluña es la señera, abandonando el uso de la «estelada» a los grupos políticos secesionistas. Su popularidad, de hecho, se ha extendido a partir del siglo XXI.

El carbono 14 pone fecha a la tumba de Anfípolis


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  • Katerina Peristeri, jefa del equipo de arqueólogos, reveló que la tumba debió haber sido sellada «en el siglo segundo antes de Cristo»

 

abc | Imágen de la tumba de Anfípolis

abc | Imágen de la tumba de Anfípolis

 

A finales de enero de este año el Ministerio de Cultura griego encargó realizar varias pruebas sobre los huesos que se encuentran en la cámara funeraria de la tumba de Anfípolis. Las pruebas se caracterizaban por incluir el carbono-14 (radiocarbono) de citas. Además, se utilizó el carbono-14 del material orgánico que se encuentra en el relleno de arena y grava del sellado de la tumba.

El equipo de arqueólogos de la excavación de Anfípolis recibió los resultados de esta datación por carbono-14 y la jefa del equipo, Katerina Peristeri, reveló estos resultados en una carta publicada en el periódico griego Avgi el 11 de agosto. Escribió que cree que la tumba debió haber sido sellada «en el siglo segundo antes de Cristo». Esta afirmación se sustentaba en las fechas establecidas por el carbono-14. La datación de las pruebas de los huesos indica el período de los entierros, pero los estudios del material orgánico en el relleno sugiere la fecha de cierre de la tumba.

Los resultados que dio el carbono-14 revelaron fechas que no estaban más próximas del 100 a. de C., mientras que los huesos han sido situados por el carbono 14 en un periodo similar. Estos son resultados muy significativos y descartan la especulación previa sobre una fecha romana para la tumba o para los entierros. También está claro que estos resultados aumentan la posibilidad de que al menos algunos de los huesos pueden pertenecer a los ocupantes originales de la tumba. Katerina Peristeri reafirmó que datan la construcción de la tumba en el último tercio del siglo cuarto a. de C.

Sin embargo, debido a algunas ligeras variaciones en la cantidad de carbono-14 en la atmósfera de la Tierra entre el siglo cuarto y el segundo antes de Cristo, puede ser necesario revisar la conclusión de que la tumba fue sellada en el siglo segundo antes de Cristo. Las muestras de alrededor del año 300 a. de C. dan una fecha de distribución del carbono-14 que va desde alrededor del 380 a. de C. hasta alrededor del 170 a. de C. Las muestras del 200 a. de C. hacen recaer la distribución de probabilidades de datación en una etapa que iría del 200 a. de C. hacia el 50 antes de C. Esta circunstancia es porque hubo un aumento pequeño, pero rápido y significativo de la concentración de carbono-14 en la atmósfera alrededor del año 200, lo que significa que los seres vivos muertos en ese momento tienen demasiado carbono en ellos. Algo que les hace parecer mucho más antiguos.

Como consecuencia de esta anomalía en el registro de la datación, cualquier muestra que murió realmente en el siglo segundo dará lugar a una fecha de distribución del carbono-14 que se extiende hasta bien entrado el siglo primero antes de Cristo. Igualmente, cualquier ser muerto en cualquier momento desde la muerte de Alejandro (323 antes de C.) hasta el final del siglo tercero antes de Cristo producirá un intervalo de fechas de carbono-14 que se extiende hacia el siglo segundo. Puede ser que Katerina Peristeri esté sugiriendo que la tumba de Anfípolis fuera sellada en el siglo segundo antes de Cristo, porque las distribuciones de fechas del carbono-14 en los huesos y el relleno irían hacia el fin del siglo segundo antes de Cristo. Pero, de hecho, tales distribuciones implicarían un sellado antes del 200 aC y el sellado podría ser ya en el momento de la muerte de Alejandro.

Shakespeare prefería el Cannabis como estimulante para la mente


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  • Un artículo del Diario Sudafricano de la Ciencia desvela los resultados de los análisis químicos de los residuos vegetales en las «pipas» de Stratford-upon-Avon
Shakespeare prefería el Cannabis como estimulante para la mente

abc | El escritor Willian Shakespeare

Un número reciente de la revista Country Life, hace referencia a un libro de botánica publicado en 1597 por John Gerard que incluye imágenes grabadas de varias personas fumando diversos tipos de «tabaco». Uno de ellos (citado como «El cuarto hombre») se identifica como William Shakespeare, aunque la identificación no es correcta. Pero Gerard se refiere entre otras cosas a diversos tipos de «cigarros» introducidos en Europa por Francis Drake y Sir Walter Raleigh en los días de Shakespeare durante la Inglaterra isabelina. Nos podemos imaginar el escenario en el que Shakespeare realizó sus obras en la corte de la reina Isabel, en compañía de Drake, Raleigh y otros que fumaban pipas de barro.

Es evidente que existe un fuerte vínculo entre Drake y las plantas del Nuevo Mundo, como el maíz, la papa y el tabaco. Además, se puede asociar a Sir Walter Raleigh con su introducción a Europa desde América del Norte (en particular la planta de la Nicotiana desde Virginia).

Un artículo escrito en el Diario Sudafricano de la Ciencia desvela los resultados de los análisis químicos de los residuos vegetales en las «pipas» de Stratford-upon-Avon y alrededores, que datan de principios del siglo XVII. Se realizó el análisis químico usando tecnología forense en los laboratorios de narcóticos de la policía de Sudáfrica. El estudio lo realizaron tres científicos de la Universidad de Ciudad del Cabo y de la policía. Los profesores Francis Thackeray, Nicholas van der Merwe y el inspector Tommy van der Merwe). Se utilizó una sofísticada técnica de espectrometría de gases (GCMS) para investigar los restos de las cazoletas de las pipas que Thackeray logró del Shakespeare Birthplace Trust en Stratford-upon-Avon.

Los resultados de este estudio indicaron la presencia de Cannabis en ocho muestras, nicotina (de tabaco hojas de la clase asociada con Raleigh) en al menos una muestra, y evidencia de Cocaína peruana a partir de hojas de coca del tipo que se asocia con Drake, quien pudo haber introducido la hoja de coca a Inglaterra después su visita a Perú.

Thackeray consultó la primera edición del herbario de Gerard en Stratford-upon-Avon para comprobar la descripción de esos diversos tipos de «tabaco». Como botánico, Gerard debió haber sabido de la hoja de coca como una especie de «tabaco» del Perú. Además, Shakespeare pudo haber sido consciente de los efectos nocivos de la cocaína como un compuesto extraño. Thackeray sugiere que Shakespeare prefería el Cannabis como un estimulante para la mente. Estas sugerencias se basan también estudios de sus obras literarias. Shakespeare estaba dispuesto a utilizar «malas hierbas» para la escritura creativa.

Desvelado el secreto del primer agricultor neolítico de la Península Ibérica


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  • Un equipo de investigadores secuencia por primera vez el genoma completo del diente de una mujer de la cultura mediterránea cardial que vivió en la actual Vallirona (Barcelona) hace 7.400 años
Desvelado el secreto del primer agricultor neolítico de la Península Ibérica

Joan Daura y Montserrat Sanz/Pablo Garcia Borja | Imagen del diente del que se ha secuenciado el genoma de un agricultor neolítico e hace 7.400 años y restos de cerámica de la cultura cardial, caracterizado por las impresiones realizadas con conchas de bivalbos

 

Cuando hace más de 7.000 años llegaron a la Península Ibérica las primeras migraciones de agricultores neolíticos procedentes de Oriente Próximo, en lo que hoy es España ya habitaba otra comunidad, la de los cazadores recolectores del mesolítico, cuyo exponente más conocido es el hombre de la Braña hallado en León. Obviamente, ambos eran muy diferentes. Mientras que los mesolíticos eran altos, robustos, de ojos azules y, curiosamente, de piel oscura; los neolíticos, sin embargo, eran más pequeños y esbeltos, y de piel más clara y ojos marrones. La secuenciación completa del genoma del primer agricultor ibérico –también el más antiguo de todo el área mediterránea– llevada a cabo por investigadores del Instituto de Biología Evolutiva del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra, en colaboración con el Center for GeoGenetics de Dinamarca, ha permitido saber cómo eran estos primeros «revolucionarios» llegados Europa y que trajeron la agricultura, desplazando en unos pocos siglos el modo de vida de los cazadores recolectores.

Carles Lalueza-Fox, del Instituto de Biología Evolutiva del CSIC, explica a ABC que «los agricultores del neolítico entran hace 8.000 años por dos rutas en Europa; la centroeuropea, siguiendo el curso del Danubio, que es la más conocida y de la que se han encontrado los restos mejor conservados; y la de la costa mediterránea, de la que no hay casi datos. Esta ruta mediterránea, es la que nos ha permitido localizar una cultura específica de la Península Ibérica, la de la cerámica cardial, y de algunas zonas del sur de Francia».

El interés de la secuenciación del genoma de este primer agricultor ibérico –agricultora para ser más exactos, puesto que se trata del diente de una mujer que vivió hace 7.400 años en la cueva de Cova Bonica, en la actual Vallirana (Barcelona)– está en que nos permitirá estudiar mejor cómo ha sido nuestra evolución a partir de los retos adaptativos que fueron superando nuestros ancestros. «Nosotros somos descendientes de los neolíticos de Vallirona, de los que fueron sobreviviendo a sucesivas epidemias y enfermedades y que fueron adaptándose a cambios en la dieta y modos de vida siglo tras siglo».

Retos adaptativos

Estas adaptaciones superadas o inacabadas nos permiten explicar, entre otras muchas cosas, por qué hay personas que tienen actualmente intolerancia a la lactasa (mutación no completada en muchas poblaciones del sur de Europa) y otras no presentan problema alguno al ingerir leche en edad adulta (las del norte de Europa). O también por qué los neolíticos del sur de Europa tenían la piel más clara que los cazadores del norte de Europa, también mas clara que los cazadores del sur de Europa (como el de la Braña); todos los mesoliticos, al menos del oeste de Europa, son muy parecidos. «Creemos que la dieta alimentaria influye mucho en la pigmentación de la piel. Mientras que los cazadores tenían buenos aportes de vitamina D a través de la carne, los agricultores tenían que suplir esa falta sintetizándola a partir de la exposición al sol, y para eso es más eficiente una piel clara» indica Lalueza-Fox.

Gracias a este análisis del nuevo genoma se ha podido determinar que los agricultores de la ruta mediterránea y de la centroeuropea derivan de una población ancestral común, la de los primeros agricultores que entran por Anatolia en Europa. Además, según adelanta Lalueza-Fox, «este estudio es solo el primer paso de un gran proyecto que pretende crear un transecto (mapa en el tiempo y en el espacio) paleogenómico ibérico, desde el mesolítico hasta la Edad Media, que nos permitirá comprender la génesis de las actuales poblaciones ibéricas».