El mito de los caballeros medievales que asolaron Europa


ABC.es

  • Con motivo de la celebración del II Torneo de Combate Medieval repasamos cómo iban armados estos «carros de combate» del medievo
WiKIMEDIA Dos caballeros con armadura completa se enfrentan a lomos de sus monturas

WiKIMEDIA | Dos caballeros con armadura completa se enfrentan a lomos de sus monturas

En la actualidad, Hollywood ha logrado que la época medieval tenga cierto halo de misticismo. No es para menos, pues imaginarse a un caballero embutido en una armadura completa y dándose de mamporros contra decenas de enemigo con el objetivo de salvar a una dama encandila a cualquiera. Aunque esta imagen no es totalmente real (pues dichos jinetes no dedicaban su vida a rescatar doncellas en apuros, sino más bien a la guerra y a las armas) lo cierto es que sus creencias, así como la importancia que daban a elementos como la honra y la honestidad, han hecho que el mito de la caballería haya quedado grabado con letras de oro en las páginas de la Historia. Lo mismo sucede con la parte más representativa de su equipo: su indumentaria defensiva y sus armas. Dos elementos cuyo manejo y calidad podían significar la diferencia entre la vida y la muerte durante los siglos XIV y XV.

Puede que parezca que hoy en día el mundo de la caballería ha pasado a mejor vida. Sin embargo, está más de actualidad que nunca. Y es que, los próximos 10, 11 y 12 de octubre se celebrará en el Castillo de Belmonte (el mismo en el que el Marqués de Villena firmó con los Reyes Católicos la paz después de aliarse con los portugueses para evitar la ascensión de Isabel al trono) el II Torneo Internacional de Combate Medieval. Un campeonato en el que más de 300 contendientes se vestirán de arriba a abajo con una armadura igual a la que llevaban los caballeros medievales y se darán de mamporros en un torneo con reglas similares a las que tenían los que se celebraban hace seis siglos.

Para saber más: Desafío Belmonte 2015, tarifas y programa

Concretamente, este deporte trata de representar los combates que los caballeros realizaban a pie con todo tipo de armas (desde espadas hasta mazas) para ganar honor, alguna que otra moneda apostando y habilidad. «En España el combate medieval se practica aproximadamente desde hace dos años de forma oficial. A finales de 2014 se empezó a trabajar para hacer una selección nacional. Llevamos poco en comparación con los equipos de Europa del Este, que lo practican desde hace 20 años, pero tenemos muchas ganas» explica, en declaraciones a ABC, José Gil Perujo, recreador histórico, miembro de la Asociación española de esgrima antigua, y perteneciente también a uno de los equipos de este deporte de nuestro país. Todo ello será acompañado por un mercado de artesanía medieval y otras tantas actividades que incluirán la recreación de la vida en un campamento militar de aquellos oscuros años, halconera con 16 aves rapaces y exhibiciones para los más pequeños de la casa.

Los comienzos del caballero

Para entender la importancia de los hombres montados es necesario retroceder en el tiempo hasta el siglo VIII, época en la que el término «caballero» no era asociado todavía a noble. Y es que, aunque los jinetes habían existido como tal desde tiempos inmemoriales, fue durante ese tiempo cuando se generalizó en Europa el uso del estribo (una pieza en la que el jinete apoya el pie y le permite sujetarse sin manos a la silla de montar).

Aunque este elemento pueda parecer baladí, algo tan sencillo permitió a los caballeros cargarse de armaduras y armamento y convertirse en el auténtico terror de los soldados a pie. Esa sujeción fue perfeccionada posteriormente mediante diferentes elementos como sillas más profundas o arzones. «En los siglos IX y X estos progresos se extienden y favorecen el combate a caballo, con lanzas todavía cortas […] que se utilizan como venablos o armas de estocada», explican los historiadores especializados en la época medieval Jacques Le Goff y Jean-Claude Schmitt en su obra «Diccionario razonado del Oriente medieval».

Castillo de Belmonte

Castillo de Belmonte

Con el paso de los siglos, se perfeccionó la función del jinete mediante la creación de lanzas extremadamente largas (de unos cuatro a cinco metros) que el caballero usaba para atacar a sus enemigos mediante un método tan simple como efectivo. «El denominado “choque frontal” consistía en utilizar la lanza, que el jinete mantenía firmemente encajada bajo el brazo, en posición horizontal fija. Con este nuevo método la […] eficacia de la lanza ya no dependerá de la fuerza del brazo del guerrero, sino de la rapidez de su caballo. El jinete forma un bloque con su montura y ese “proyectil vivo” se aprovecha de todo el poder que le confiere el galope del caballo. La carga compacta de los caballeros […] adquiere una fuerza de penetración temible, capaz de desbaratar las líneas adversarias y de provocar el espanto», destacan los expertos.

La efectividad de estos «carros de combate» medievales (como son conocidos por múltiples historiadores) hacía que todos los mandameses de la época estuvieran ansiosos por contar con ellos. No obstante, era sumamente caro para los soldados poder mantener una montura y unas armas y armaduras como las que portaban los caballeros, por lo que esta práctica empezó a estar copada por las altas esferas de la sociedad de entonces, la nobleza.

Es quizá por eso por lo que ambos términos han llegado a la actualidad casi como sinónimos. Con todo, a día de hoy se desconoce por qué se acabó haciendo esta asociación entre ambos términos. «Ser caballero era algo mucho más importante que ser un simple soldado; un caballero debía personificar los principios de la caballería, debía ser un dechado de virtudes. El valor, la lealtad, la generosidad y la piedad eran sus principales vitales», explica Michael Prestwich en su obra «Caballero: el manual del guerrero medieval».

Tipos de caballeros desde el comiendo de la Edad Media

Esta evolución provocó, a su vez, que nacieran varios tipos de caballeros medievales desde el siglo XII atendiendo a la finalidad que tuvieran a la hora de repartir bofetones entre sus enemigos. En primer lugar se destacaban los «caballeros cubiertos», un título que se otorgaba de forma hereditaria y que -además de ser representativo de la alta nobleza- implicaba una serie de privilegios como no tener que quitarse el yelmo ante el monarca.

Los segundos eran los que pertenecían a las órdenes militares, aquellos que decidían tomar las armas como una profesión y dedicaban su vida a ello. Estos se correspondían con grupos de jinetes que se unían bajo una orden estratificada y de carácter marcial. La primera de ellas, y en la que estuvieron basadas el resto, fue la del Temple. «Obedecían a un maestre, seguían unas reglas y se comprometían a defender a los peregrinos por los caminos que llevaban a Jerusalén. […] Orden militar no es lo mismo que orden de caballería. Las sociedades occidentales han producido, en distintos momentos de su historia, «caballerías», órdenes de caballería, pero eran solo unidades», explica, en este caso, Alain Demurger en su obra «Caballeros de Cristo: templarios, hospitalarios, teutónicos y demás órdenes militares en la Edad Media».

Finalmente, el último tipo era el que estaba formado por los «caballeros andantes», los que vagaban por el mundo llevando a cabo buenas acciones de manera solitaria. «Inspirados por los ideales del amor cortés, ran siervos de una dama a quién debían fidelidad amorosa y a quién dirigían sus pensamientos más generosos y el mérito de sus hazañas. El caballero debía poseer virtudes propias y virtudes distintivas. Las propias eran la castidad, la generosidad, el sacrificio, la caridad…, aquellas virtudes que conformaban su personalidad y su espíritu», determinan Aurelio González y María Teresa Miaja en su obra «Introducción a la cultura medieval».

El equipo de un caballero de finales del siglo XIV

Debido a que al hablar de «caballero medieval» estamos haciendo referencia a un jinete que perduró durante más de cuatro siglos, es lógico pensar que su equipo fue evolucionando con el paso de los años. Sin embargo, las armas y armaduras más representativas de estos soldados son las que portaron a finales del siglo XIV y principios del XV. Y es que, son las más habituales en las películas.

Paños «menores»

Antes de ponerse la parafernalia defensiva, todo caballero que se preciara debía vestirse con una primera protección del cuerpo que se ubicaba encima del torso. Usualmente, todas estas prendas eran utilizadas para amortiguar los golpes y evitar que la armadura rozase directamente la piel.

1-Gambesón

El gambesón era un camisón de tela gruesa que evitaba que el frio metal pellizcase la piel de su portador. Solía estar fabricado de cuero, lana o lino. Estaba relleno de la parte más burda y barata de la lana o, si el portador contaba con unos buenos ahorros, de algodón. El más habitual era de grandes dimensiones que llegaba hasta las rodillas de manga larga, aunque también destacaban los de dos piezas o los de manga corta.

«A efectos prácticos era una colcha que amortiguaba los golpes que se daban sobre la armadura. Sin este elemento las placas rozarían la piel y serían sumamente molestas. Usualmente iban cosidas al gambesón varias piezas de cota de malla para evitar los golpes que se pudiera hacer a través de un hueco de la armadura», explica Gil Perujo a ABC.

2-Cofia

La cofia era la versión militar de la crespina, una prenda utilizada para proteger la parte superior de la cabeza. Era de tela y se fijaba a la cabeza mediante dos trozos de tiras de tela que se ataban en la parte inferior de la barbilla. «Estaba acolchada y servía para aislar el cuero cabelludo del roce del yelmo», explica el investigador y divulgador histórico Sebastián Roa en su obra «El ejército de Dios».

Armadura

La armadura del caballero del siglo XIV es uno de los elementos que ha hecho que esta época histórica haya perdurado en nuestras mentes. Y es que, además de ser espectacular, supuso una auténtica revolución que permitió a los jinetes ir cubiertos de arriba a abajo de metal. Una gran ventaja ante los arcos y las estocadas enemigas. Con ella, se puso fin así a los problemas que ofreció la cota de malla durante el siglo XIII (un camisón formado por múltiples anillas de metal que, aunque protegía de los cortes, se rompía fácilmente a las punzadas y los golpes). «A esa primitiva cota de malla se le fueron añadiendo piezas de metal hasta completar una armadura completa», completa el recreador.

Se caracterizaban porque estaban elaboradas por herreros de forma artesanal, pieza por pieza, y por ser sumamente caras. De hecho, no toda la población podía permitirse una. Así lo afirma Prestwich en su obra, donde hace un desglose de lo que un militar (que solía cobrar 2 chelines ingleses al día) debía pagar para hacerse con las diferentes piezas de la armadura. Así pues (y sabiendo que -en la actualidad- una libra es equivalente a 20 chelines) este soldado debía pagar 6 libras y 6 chelines por la silla de montar o 8 libras y 6 libras y 8 peniques por dos pares de guanteletes.

Dos caballeros, durante la exhibición en el castillo de Belmonte Manuel P. Villatoro

Dos caballeros, durante la exhibición en el castillo de Belmonte
Manuel P. Villatoro

Lo cierto es que el coste estaba justificado, pues en una buena parte de los casos la armadura era fabricada expresamente para el caballero y contaba con un aura de misticismo que la hacía todavía más valiosa. «Durante la Edad Media, el equipo del caballero gozó de una naturaleza sagrada […] La armadura pesada, esa apariencia de hombre de hierro, de cuerpo humano acorazado, será la que configure y diferencie su imagen. Esta sensación de invulnerabilidad psiquica y física producida por la armadura hizo del caballero medieval casi un semidiós. […] El tratamiento artístico […] aplicado para el armamento ceremonial […] convirtió las armaduras de placas medievales en verdaderas joyas de orfebrería con decoración y programa iconográfico generalmente épico», señala la historiadora Carmen Vallejo Naranjo en su dossier «El ocaso de la caballería medieval y su pervivencia iconográfica en la Edad Moderna».

La armadura completa que solían portar los caballeros pesaban habitualmente entre 25 y 30 kilos. Una cantidad que puede parecer extrema pero que, por el contrario, les permitía moverse con cierta libertad, subirse al caballo sin ayuda de nadie y, por descontado, les ofrecía más protección que las viejas cotas de malla.

1-Partes de la armaduras (de arriba a abajo)

A-Yelmo. La parte indispensable de toda armadura -y también la más cara debido a que su función era proteger la cabeza, una de las partes de mayor importancia del cuerpo- era el yelmo. Estos cascos sufrieron una considerable evolución desde el siglo XIII. Y es que, por entonces los caballeros portaban el denominado «gran yelmo», que se caracterizaba por ser tosco, con forma de cubo, y de una sola pieza.

«Era una enorme pieza de metal que descansaba sobre los hombros. […] Solía tener la parte superior plana, lo que facilitaba su fabricación», explica Prestwich. Su peso era tal que lo mejor era ponérselo únicamente cuando se fuera a combatir. A partir del siglo XIV el yelmo sufrió una gran evolución y se le añadió una «visera» que se podía abrir y cerrar (la cual protegía el rostro) y empezó a adquirir nuevas formas.

B-Coraza. Una pieza bastante revolucionaria en el siglo XIV. Se correspondía con la parte de la armadura que cubría el torso y en la que, además, se enganchaban algunos otros elementos. Estaba formada por:

b.1. Un peto que protegía la parte delantera del cuerpo.

b.2. Un espaldar que, como su propio nombre indica, salvaguardaba la espalda de los golpe de los enemigos.

b.3. Un faldón, una pieza utilizada para proteger la cintura.

b.4. Las escarcelas, dos piezas metálicas que, asidas al peto, servían para proteger las caderas. Solían llegar hasta medio muslo.

Daniel de la Flor, preparado para combatir Manuel P. Villatoro

Daniel de la Flor, preparado para combatir
Manuel P. Villatoro

C-La protección del brazo la otorgaban varios elementos. En primer lugar se destacaba la hombrera, una pieza que protegía el hombro y en la que se solía ubicar el escudo de armas. Bajo ella, el ristre servía para que el brazo no sufriera daños. A continuación se ubicaba el codal, ideado para proteger el codo y encargado de unir el ristre con la siguiente pieza, el brazal (que aseguraba el antebrazo). Finalmente, el guantelete era el encargado de proteger la mano.

D-Por su parte, la pierna del caballero era protegida en primer lugar por el quijote (para el muslo); la rodillera (para la rodilla); la greba (para la espinilla) y el escarpe (encargado se salvaguardar el pie).

En el siglo XIV, la armadura solía cubrirse finalmente con una túnica amplia. Con todo, esta prenda terminó pasando de moda.

Armas y defensas

1-Armas principales.

Desde que el «caballero medieval» comienza a dominar los campos de batalla de Europa, en su equipo se destacan dos armas principales. La primera fue la lanza, que comenzó teniendo una extensión de apenas dos metros pero que, con el paso de los años, llegó a contar con hasta cuatro y cinco. Solía portarse de forma vertical hasta que se entraba en batalla.

Cuando la lanza se rompía durante la carga, el caballero usaba la espada, un arma con la que, desde los comienzos del siglo XI, tenía una relación especial. Tal y como señalan Le Goff y Schmitt en su obra, estas fueron ganando en tamaño y en peso hasta el siglo XIV, cuando llegaron a medir hasta 1 metro 30. Dependiendo de su extensión eran portadas a dos manos o a una.

Manuel P. Villatoro

Manuel P. Villatoro

Curiosamente, no todos los jinetes sabían utilizarlas. «La esgrima la trabajaban aquellos que podían pagarse un maestro. Usualmente los que solían aprender técnicas determinadas eran los escuderos, que trabajaban a las órdenes de un caballero y, como tal, aprendían de él gratuitamente. El resto de los soldados no solían tener acceso a ello. En primer lugar porque no sabían leer y debían aprenderlo de alguien, en segundo, porque no tenían dinero», determina Gil Perujo.

2-Armas secundarias (usadas a pie y a caballo, a veces solo en los torneos)

-Hacha (corta y larga)

Manuel P. Villatoro

Manuel P. Villatoro

-Bracamante o bracamarte. «Era una mezcla entre espada y hacha para que, con la inercia que tomase, se hiciese una gran fuerza», determina el recreador histórico. Contaba con un filo y era abombada en su parte superior.

Manuel P. Villatoro

Manuel P. Villatoro

-Maza.

Manuel P. Villatoro

Manuel P. Villatoro

3-Escudo.

Una pieza indispensable pero que, según fueron pasando los siglos, se fue haciendo más pequeña. En principio solían tener un tamaño considerable y su parte inferior estaba acabada en punta. Iba unido mediante unos correajes al brazo. «Había caballeros que se clavaban el escudo a la armadura para evitar que se moviese. Con todo, y a pesar de estar fijado, había que hacer cierta fuerza para que no se cayera», informa a ABC el recreador histórico y luchador de combate medieval Daniel de la Flor Sánchez.

«Los correajes eran enganchados mediante una hebilla o mediante el sistema de “lengua de serpiente” (en el que partían un trozo de cuero en dos, hacían dos agujeros y los unían mediante un nudo). Esta última era la opción barata. Los que tenían el dinero y podían comprar una pieza de metal usaban la primera», explica, en este caso, Gil Perujo. El escudo llevaba también un cierre en la mano para evitar que se abriese.

La loncha de carne que decidió el lugar donde se levanta el Palacio de Liria


ABC.es

  • En 1767 comenzaron las obras de la residencia de la Casa de Alba en Madrid. Un palacio, considerado la vivienda particular más grande de la capital, construido en una zona muy «saludable»

 

MATIAS NIETO Palacio de Liria, residencia de la Casa de Alba en Madrid

MATIAS NIETO | Palacio de Liria, residencia de la Casa de Alba en Madrid

Casi dos décadas tardaron en levantar el Palacio de Liria, actual residencia de la Casa de Alba y Monumento Nacional, y muy poco en elegir los terrenos donde levantarlo. El III duque de Berwick y Liria, encargó al desconocido arquitecto Louis Guilbert, un palacio al estilo parisino en el lugar más «saludable» de Madrid. Las condiciones no eran demasiado exigentes pero, ¿cómo podría demostrar el arquitecto que no se había equivocado en la elección de los terrenos?

Las obras se iniciaron en 1767 y se alargaron en el tiempo hasta 1785. Guilbert fue despedido en 1771, acusado de deficiencias constructivas y sospechas de desviar fondos destinados al palacio a sus propios bolsillos. Los trabajos tuvieron que ser culminados por Ventura Rodríguez, que rectificó los errores técnicos que había cometido el francés. Sin embargo, la genialidad de Guilbert fue otra, según recoge el libro Secretos de Madrid. Para averiguar lo «sanos» y «saludables» que eran los terrenos que había seleccionado, repartió trozos de carne por distintos puntos del barrio de los Afligidos (nombre que recibía la zona en la época).

Guilbert dejó pasar varias semanas para ver en qué estado se encontraban. La mayoría de los trozos estaban ya en avanzado estado de putrefacción. Sin embargo, el trozo que había colocado en la actual calle Princesa, era el que menos se había alterado. Los aires frescos del norte lo habían conservado mejor. Así fue como un simple trozo de carne determinó dónde levantar el Palacio de Liria.

¿Pudo la endogamia acabar con los neandertales?


ABC.es

  • Investigadores del CSIC han descubierto que las anomalías genéticas halladas en la primera vértebra cervical de esta especie demostraría que la endogamia les llevó a la extinción

 

sinc Primera vértebra cervical, llamada atlas, donde se aprecia la anomalía congénita del neandertal

sinc | Primera vértebra cervical, llamada atlas, donde se aprecia la anomalía congénita del neandertal

Un estudio llevado a cabo por investigadores de CSIC en la cueva asturiana de El Sidrón indica que la endogamia (la práctica de contraer matrimonio personas de ascendencia común o naturales de un pequeño espacio geográfico) pudo ser un factor decisivo en la extinción de los neandertales, la «otra» especie inteligente que compartió con nosotros el continente europeo y que desapareció sin dejar rastro hace cerca de 30.000 años.

La investigación, que se publica en la revista PLOS ONE, indica que los neandertales vivían en grupos pequeños, relativamente aislados y con una baja diversidad genética. Según afirma a ABC el paleoantropólogo Antonio Rosas, que ha dirigido el estudio, «la endogamia, con la consecuente pérdida de diversidad genética fue, sin duda, uno de los factores que contribuyeron a la extinción de la especie. Se sabe, además, que por debajo de ciertos niveles de diversidad genética el proceso se hace irreversible, ya que disminuye la capacidad de reacción de la especie ante eventuales cambios ambientales».

Los investigadores llegaron a esta conclusión tras analizar una serie de anomalías congénitas en la primera vértebra cervical, llamada atlas y que constituye el punto de apoyo del cráneo sobre la columna vertebral.

«El atlas –explica Rosas– forma un anillo de hueso donde descansa el cráneo, y puede presentar una gran variedad de anomalías congénitas en la parte anterior y posterior del anillo. Entre ellas, la más sencilla es la dehiscencia (falta de cierre) del arco posterior en la línea sagital media».

En las poblaciones humanas actuales, esta clase de anomalía se presenta con una frecuencia muy baja, entre el 1% y el 4%. Por eso, las cifras de El Sidrón, donde se han hallado ya 13 individuos, resultan tan sorprendentes.

«De los tres atlas que tenemos en El Sidrón –asegura el investigador a ABC– dos presentan anomalías congénitas, lo cual supone una proporción muy superior a la tasa normal. Sabemos, por comparación con poblaciones humanas actuales y con otras especies de mamíferos, que esta clase de anomalías son muy poco frecuentes, y que suelen aparecer relacionadas con la endogamia».

Causa de extinción

«Si sumamos esta anomalía a otros indicadores de endogamia –afirma Rosas–, como la retención del canino de leche (que no se cae durante la infancia y permanece en edad adulta), las evidencias de que esa práctica pudo contribuir de forma decisiva a la extinción cobra gran importancia».

Los datos resultan coherentes con otras investigaciones genéticas llevadas a cabo tanto en los 13 neandertales de El Sidron, que indican que todos ellos estaban genéticamente muy próximos, como con lo que se sabe de los neandertales en general, «que vivían en grupos pequeños y con baja variedad genética. Esta causa, junto con otras, pudo ser uno de los desencadenantes de la extinción», afirma Rosas.

La misma situación de endogamia también puede darse en grupos humanos modernos, que vivan relativamente aislados en una isla o en valles poco comunicados.

Para el investigador, «una especie con baja diversidad genética está menos preparada para enfrentarse a un cambio climático brusco. Si a eso añadimos la llegada de un grupo nuevo al continente, los Sapiens, entonces la extinción se precipita».

A diferencia de los neandertales, nuestros antepasados directos vivían en grupos mayores y que se relacionaban entre sí, lo que se traducía en una mayor variabilidad genética de la que existía entre los neandertales.

A pesar de que los neandertales lograron sobrevivir en Europa durante 350.000 años, «siempre han funcionado en grupos pequeños», asegura Antonio Rosas, quien aclara que «no es lo mismo endogamia que consanguineidad, extremo que se da en una misma familia. El grado máximo de endogamia es la consanguineidad».

Mientras la consanguineidad puede tener efectos muy rápidos, la endogamia en un grupo pequeño y no necesariamente familiar va mucho más lenta. «Lo que hace, explica Rosas, es que las poblaciones estén cada vez más indefensas ante cualquier adversidad. Es como un virus oportunista, que no te mata él, pero te debilita y te termina matando otra enfermedad. Es lo mismo, pero no en un individuo, sino en una población. Se trata de un fenómenio evolutivo».

 

Los pompeyanos tenían dientes perfectos porque su alimentación era sana


ABC.es

  • Importantes revelaciones de los TAC realizados a una treintena de calcos con los huesos de víctimas de la erupción del Vesubio en el 79 d. C. Si quieres ver las fotos más espectaculares de la investigación, pincha aquí

 

efe Momento en el que se introduce una de las momias en el TAC

efe | Momento en el que se introduce una de las momias en el TAC

Hace dos mil años no había dentífricos, pero los pompeyanos tenían unos dientes perfectos, gracias a una alimentación sana, con pocos azúcares. Solo tenían un defecto: algunas zonas se encontraban particularmente consumidas, por el uso impropio de romper o cortar objetos con la fuerza de las mandíbulas. Los huesos eran débiles a causa del exceso de flúor en las aguas de los manantiales de los que bebían. Estas son las primeras revelaciones de los análisis mediante TAC (tomografía axial computerizada) realizadas a una treintena de calcos de las víctimas de la erupción de Pompeya en el 79 d.C.

En rueda de prensa se han hecho públicas las sorprendentes imágenes tridimensionales de los restos esqueléticos conservados en el interior de los moldes de yeso, los calcos. En el proyecto de investigación trabajan arqueólogos, antropólogos, radiólogos, dentistas e ingenieros expertos en los escáner-láser. Por primera vez se ha utilizado la TAC en el proyecto para conocer con más fiabilidad la edad, patologías médicas, hábitos alimentarios, ocupación, condición socio-económica y estilo de vida de los pompeyanos.

Forman parte del proyecto también investigadores españoles, entre ellos el arqueólogo y antropólogo Llorenç Alapont, del Colegio de Doctores y Licenciados de Valencia, quien ha explicado a ABC el cambio y progreso fundamental que se da en la investigación al contar con la TAC: «Las informaciones que hemos obtenido mediante técnicas radiológicas clásicas, es decir, no tridimensionales sino en dos dimensiones, han sido muy valiosas, pero había cosas que se nos escapaban, porque no teníamos las técnicas suficientes para averiguar todo lo que había dentro de los huesos. Hasta ahora podíamos conocer un 25 por 100 de la información que nos daban los huesos de las personas conservadas en los calcos, ahora con las nuevas técnicas podemos llegar a un 90 por 100 de conocimiento». El antropólogo Llorenç nos precisa que se conocerá incluso cómo murieron los habitantes de Pompeya: “Sabremos de una forma mucho más fiable si los pompeyanos murieron por el golpe de calor, por asfixia al respirar las cenizas volcánicas, por las fracturas traumáticas de las piedras que caían o por estar atrapados en las casas”.

Estudios de los calcos en 3D

Los calcos de las víctimas de la erupción del Vesubio se han revelado fundamentales para conocer detalles muy importantes de la vida de los antiguos romanos. Fue solo desde 1858, gracias al método genial introducido por el arqueólogo Giuseppe Fiorelli, que podemos apreciar la impronta que dejó la erupción en los pompeyanos, al obtener moldes de yeso de los muertos. Los cuerpos, al descomponerse a lo largo de los siglos, habían dejado espacios vacíos bajo la lava. Fiorelli los rellenó con yeso líquido introducido a través de los agujeros abiertos en la corteza creada sobre Pompeya tras la erupción. En esa cámara vacía, donde la materia orgánica había desaparecido, Fiorelli obtenía moldes de extraordinaria precisión que reflejaban los últimos momentos de la vida de esas personas. Hasta ahora, gracias a esos calcos podíamos saber de qué males sufrían, de qué manera se curaban y cómo se vivía en una ciudad en la época romana como Pompeya.

Ahora después de utilizar la tecnología 3D sobre aquellos cuerpos sepultados durante siglos por la lava, llega la ciencia médica para desvelar otros secretos. La maquinaria utilizada es una moderna TAC de 16 cortes capaz de hacer un examen de todo el cuerpo en 100 segundos. El antropólogo Llorenç, que coordina el proyecto de investigación de la necrópolis de Porta Nola desde el 2011, y desde entonces estudia los calcos de esa necrópolis, explica a ABC la importancia de investigar con la nueva técnica: «El TAC es un instrumento importantísimo, muy valioso, porque nos da unas imágenes que nos permiten interpretar y ver de una forma muy clara los restos que están dentro de los calcos. Podremos conocer mediante la ciencia antropológica, la edad, el sexo, clase social, enfermedades, traumatismos, incluso teniendo en cuenta el desgaste de los dientes sabremos el tipo de dieta».

Fundamental el estudio de los dientes

Los esqueletos de las víctimas serán objeto de investigaciones específicas sobre los dientes. Desde la antigüedad, los exámenes de los dientes han sido fundamentales en la identificación individual. Así, en la historia de la medicina legal son numerosos los casos de reconocimiento efectuados por medio de la dentadura. Se ha recordado, por ejemplo, el caso de Hitler: las prótesis videntes aparecidas en la radiografía efectuada sobre su cráneo permitieron la identificación con certeza del cuerpo carbonizado. Los elementos dentales constituyen la parte más resistente del organismo humano. Sus características anatómicas, patológicas y terapéuticas son peculiares en cada individuo y, por tanto, un óptimo instrumento de identificación. Por tanto, pueden ofrecer informaciones sobre los hábitos de vida y ocupación.

El antropólogo Llorenç nos precisa que hasta ahora, con las investigaciones realizadas, no se tenían meras hipótesis, sino que contaban con un 25 por 100 de certezas; ahora esa información gracias a la TAC se amplia al 90 por 100, y se sabrá mucho más sobre el estilo de vida de los pompeyanos. Se tendrán muchos más detalles, más fiables. Gracias a los calcos se conocerán más datos sobre el consumo. Por ejemplo: se sabe que en la dieta de los pompeyanos, junto a los más económicos cereales, frutas, nueces, aceitunas, lentejas, pescado local y huevos, se han encontrado también otros productos más caros, como carne y pescado salado procedente de España. Igualmente han aparecido huellas de alimentos muy exóticos, como erizos y mariscos -que en esa época eran importados del extranjero-, flamencos y restos de jirafa.

En definitiva, ahora sabemos que los pompeyanos se alimentaban muy bien y que, aun sin utilizar dentífrico, tenían dientes que hoy les hubieran permitido hasta hacer publicidad televisiva.

Sesenta años de la muerte de James Dean, el mito por excelencia


ABC.es

  • El 30 de septiembre de 1955, el «pequeño bastardo» que conducía el actor se estrelló contra un Ford camino de una carrera

james-dean--644x362

La fuerza del mito es tan poderosa y nuestras ganas de simplificar tan grandes, que suele pensarse que James Dean solo apareció en tres películas, todas ellas obras maestras: «Al Este del Edén», «Rebelde sin causa» y «Gigante». La madre de todas las bases de datos cinematográficas, IMDb, le atribuye 31 títulos, la mayoría series de televisión o papeles sin fuste ni reconocimiento escrito. En realidad, Jimmy Dean consiguió su primer trabajo en un anuncio de Coca-Cola, detalle sin importancia a la hora de forjar su leyenda, construida con los mejores materiales posibles. Hace hoy sesenta años, su «pequeño bastardo» -como llamaba al Porsche Spyder 550 en el que Alec Guinnes ya creyó reconocer un ataúd-, se estrelló camino de Salinas, cerca de San Francisco, donde le esperaba otra carrera de coches. Cumplía así como pocos las premisas fundamentales para entrar en el Olimpo: vive deprisa, muere joven y deja un bonito cadáver.

James Dean tenía 24 años y ni siquiera pudo ver estrenadas sus dos últimas películas. Dicen que «The New York Times», pocas veces tan falto de reflejos, le dedicó cuatro líneas. Él mismo se ahorró el preestreno y hasta los nervios del nominado, en una doble candidatura póstuma al Oscar que nadie ha superado. Descubierto por Elia Kazan, en un par de años le había dado tal acelerón a su carrera (ni Marilyn emuló su vuelta rápida) que llegó justo a tiempo de dejar terminado el molde, con la pintura todavía húmeda, de joven airado, que los chavales del tercer milenio siguen usando.

Seis décadas después de aquel accidente, la llama de aquella mirada sigue viva y los artistas de las nuevas generaciones mantienen la necesidad de cantarlo. No solo R.E.M., los Eagles («Too fast to live, too young to die»), Don McLean, Lou Reed y nuestro Luis Eduardo Aute, claro, han glosado su fugaz estrellato. Beyonce, Lana del Rey, Taylor Swift y otras criaturas recientes también lo citan como a un coetáneo. Sus pupilas nerviosas enmarcadas en un gesto de incomprensión, de miope profundo, se clavan aún en la memoria del espectador no avisado. Inútil tratar de evitarlo.

«Al Este del Edén» (1955)

James Dean no tuvo una vida fácil, por supuesto. Obsesionado con Marlon Brando, que no le devolvía las llamadas de perturbado, supo quedarse con un papel al que aspiraban nada menos que Paul Newman, Montgomery Clift y el propio Brando. Por viejos o por blandos, el personaje de Caleb (por no llamarlo directamente Caín) se lo quedó un semidesconocido que ni John Steninbeck habría soñado cuando escribió la novela. Tiene gracia que el bueno de Paul, corredor de zancada larga y mirada azulada, acabaría heredando sus papeles en «Marcado por el odio», «El zurdo» y «La gata sobre el tejado de zinc».

«Rebelde sin causa» (1955)

Rebelde-sin-causa--478x270

Nicholas Ray dirigió su segunda gran película, «Rebelde sin causa», un título que además de sus virtudes fílmicas condensa en tres palabras un arquetipo inmortal. Otros dos jóvenes malogrados, Natalie Wood y Sal Mineo, completan el memorable reparto, y aunque la historia es imperfecta, la carrera de coches, la chupa roja y el retrato generacional mantienen la vigencia del filme.

«Gigante» (1956)

Gigante--478x270

George Stevens, un gran cineasta no del todo valorado, dirigió la segunda obra póstuma del mito, acompañado esta vez por Rock Hudson, para muchos el verdadero gigante de la película, por Elizabeth Taylor y por secundarios como Dennis Hopper, en algunos espectos su heredero, y de nuevo Sal Mineo. Taylor, experta en el género, fue además una de las personas que más lo conocieron y mejor supieron quererlo.

La película es un monumento irregular con grandes instantes de intensidad interpretativa. Casi tiene gracia que los actores estén tan mal envejecidos, empezando por el propio protagonista, aunque a la vista está que la realidad no ha sabido desmentir el trabajo de los maquilladores. Tampoco sabremos nunca cómo habría sido su carrera, aunque por los títulos que dejó sin empezar siquiera las perspectivas eran fantásticas. Elia Kazan creía, sin embargo, que su carrera no habría sido demasiado larga, una forma suave de darle las gracias a la muerte.

James Dean está enterrado, por si alquien quiere visitarlo, en el cementerio de Fairmount, Indiana, a casi cuatro mil kilómetros del lugar donde murió.

Y si alguien tiene ganas de revisar sus obras casi completas, el canal TCM le rinde hoy el homenaje que no cabe esperar de otros. A las 16.45 nos proyecta «Gigante», a las 20.05 «Al Este del Edén», y a las 22.20 podremos volver a ver «Rebelde sin causa». No hay muchas maneras de pasar mejor el miércoles.

El controvertido romance homosexual que persiguió a Julio César toda su carrera


ABC.es

  • Los rivales políticos del dictador romano usaron siempre los rumores de que en un viaje diplomático había mantenido relaciones homosexuales con Nicomedes IV, Rey de Bitinia, para erosionar la autoridad del dictador romano
ABC | Retrato moderno de Cayo Julio César

ABC | Retrato moderno de Cayo Julio César

En la política romana, las referencias a la vida privada de los senadores eran algo habitual e incluso se veía como legítimo que se ridiculizaran los defectos físicos de los rivales políticos dentro de los debates. Julio César, conocido en su vida privada por sus numerosas aventuras sexuales con mujeres, fue un excelente abogado y un orador brillante que parecía inmune a las bajezas de esta peculiar forma de hacer política, salvo en lo tocante a su supuesto romance con el monarca de Bitinia durante su juventud. La acusación le persiguió hasta sus últimos días con la intención de socavar su autoridad.

La homosexualidad en la Antigua Roma, sin ser un crimen penal –aunque lo era en el ejército desde el siglo II a.C.–, estaba mal vista en todos los sectores sociales, que la consideraban, sobre todo en lo referido a la pederastia, una de las causas de la decadencia griega. Como recuerda el historiador Adrian Goldsworthy en el libro «César, la biografía definitiva» (La Esfera de los libros, 2007), «aquellos senadores que tenían amantes varones solían hacerlo con discreción, a pesar de lo cual con frecuencia los opositores políticos les ridiculizaban públicamente». En este sentido, los romanos hacían una importante diferenciación sobre quién ejercía el papel de activo y quién el de pasivo en la pareja, tanto a nivel sexual como social. Y esa fue siempre el principal problema de los rumores contra Julio César, que era apodado por sus enemigos como «la Reina de Bitinia».

Corrompido por la depravación oriental

Los opositores a Julio César usaron siempre los rumores de que en un viaje diplomático había mantenido relaciones homosexuales con Nicomedes IV, Rey de Bitinia, para erosionar la autoridad del dictador romano. Así, Julio César fue destinado a una misión diplomática durante su primer servicio militar con 19 años en el extranjero, concretamente en la costa norte de Turquía, con el propósito de reclamar el apoyo militar de Bitinia, un reino aliado de Roma, en un inminente ataque a Mitilene. El anciano rey de Bitinia recibió a César con mucha efusividad en recuerdo de su amistad con el padre de éste, también llamado Cayo Julio César. El joven romano, que apenas había salido hasta entonces de su entorno familiar, fue acusado de alargar su visita más de lo razonable y de verse entretenido por el lujo asiático, fuertemente influido por la tradición helenística que tanto admiraba una parte de la aristocracia latina.

ABC | El caudillo galo Vercingétorix depone sus armas a los pies de César

ABC | El caudillo galo Vercingétorix depone sus armas a los pies de César

Con el tiempo, las especulaciones sobre el retraso adquirieron connotaciones sexuales. Comenzaron a circular versiones que presentaban a Julio César como un amante servicial y pasivo, que había quedado sometido tanto sexualmente como políticamente por Nicomedes. Un relato muy repetido aseguraba que en una ocasión los ayudantes del soberano, en presencia de comerciantes romanos, condujeron al joven patricio hasta el dormitorio real, donde fue vestido con ropajes púrpuras y le dejaron reclinado en un diván dorado esperando a Nicomedes. El hecho de que César hubiera ejercido así un papel pasivo significaba una actuación completamente inadecuada incluso para un esclavo en Roma; y le situaba inmerso en un escenario –las cortes asiáticas– considerado propicio para la depravación sexual y las intrigas políticas.

Los rivales del futuro dictador de la República romana emplearon la historia a modo de arma arrojadiza en una infinidad de veces sin que les importara mucho que el relato fuera cierto o no. En un ambiente político exageradamente difamatorio, los rumores dieron lugar al apodo de «Reina de Bitinia» y a la definición de que Julio César era el «marido perfecto de toda mujer y la esposa de todo hombre». No en vano, también los propios soldados usaron el rumor para burlarse de su comandante en varias situaciones, sin que por ello disminuyera el enorme respeto que sentían por él.

Hoy en día, la veracidad de la historia sigue puesta bajo cuestión, aunque Julio César se afanó en negarla en todo momento hasta el extremo de ofrecerse a jurar ante testigos que se trataba de una mentira. Su firmeza y el hecho de que no se conozcan otras supuestas relaciones homosexuales en su biografía ha hecho suponer a la mayoría de los historiadores que realmente se trataba de una difamación con el objetivo de despertar la cólera de César. ¡Y tanto que lo hacía! Con el paso de los años, el asunto se convirtió en una de las pocas cosas que podían hacerle perder los estribos en público.

cleopatra-julio-cesar--470x270

Wikipedia | Cleopatra y César, pintura de 1866 de Jean-Léon Gérôme

Paradójicamente, si por algo es conocida la vida sexual de Julio César es por su apetito insaciable con el género femenino y por la falta de moderación en sus aventuras extramatrimoniales, en muchos casos con las mujeres de otros senadores. César se desposó por primera vez a los 16 años con Cornelia –la hija de Lucio Cornelio Cina, uno de los principales líderes del partido de Cayo Mario– a quien trató con mucho respeto para los estandartes de la época como demuestra el hecho de que se negara a divorciarse como le ordenó Cornelio Sila con el cambio de régimen, pero que no se libró de las infidelidades. En cualquier caso, las relaciones fuera del matrimonio eran comúnmente aceptadas en la sociedad romana para satisfacer los deseos más vergonzosos que una esposa romana, la encargada de asegurar la siguiente generación de activos familiares, no debía padecer.

César, un hombre que vestía de forma llamativa y cuidaba mucho su aspecto físico –la calvicie fue una preocupación persistente en su vida–, tuvo un elevado número de aventuras fuera del matrimonio. El historiador clásico Suetonio relata que a menudo pagó precios muy altos por prostitutas de lo que hoy llamaríamos de «lujo», y que era «dado a los placeres sensuales y manirroto para conseguirlos», incluso con «mujeres de la nobleza» como Cleopatra. En total, Suetonio enumera que fueron al menos cinco las relaciones con esposas de senadoras, entre ellas Servilia, mujer de Marco Junio Bruto y posiblemente su amante favorita. La relación, de hecho, fue la que más se prolongó en el tiempo. «Amó como a ninguna a Servilia», afirma Suetonio sobre una relación que los años demostraron de alto voltaje. Así, el hijo de Servilia, también llamado Marco Junio Bruto, fue el famoso senador que dio una de las últimas y más dolorosas puñaladas a Julio César el día del magnicidio en el Senado. Para más coincidencia, el hermanastro de la aristócrata romana era Catón «el Joven», uno de los opositores políticos más encarnizados de César, que estuvo dispuesto a extraerse los intestinos con sus propias manos antes que a rendirse al ejército del dictador.

Viaje al mundo sumergido de los faraones


El Mundo

  • El investigador francés Franck Goddio relata en exclusiva para ELMUNDO sus expediciones submarinas
  • Su equipo ha desvelado algunos de los hallazgos más espectaculares de la Egiptología bajo las aguas del Mediterráneo

Durante siglos, la Historia se olvidó de Thonis-Heraclión y Canopus, con sus bodegas atestadas de maravillas. Las ruinas de ambas ciudades dormitaron sumergidas en la bahía de Abukir, a unos 30 kilómetros al noreste de la marchita Alejandría. Desde el siglo VIII d.C. una gruesa capa de arena y sedimentos fue cubriendo sus tesoros hasta borrarlos de la memoria. Una fatídica sucesión de catástrofes naturales -incluidos un terremoto y varios maremotos- las condenaron a morder el polvo del lecho marino. Su hallazgo hace más de 15 años bajo las aguas del Mediterráneo fue uno de los acontecimientos más formidables de la Egiptología reciente. Franck Goddio, el arqueólogo francés que firmó el rescate, aún conserva frescas las instantáneas de aquella jornada del año 2000 en la que los templos y los puertos de Thonis-Heraclión recuperaron el hálito.

«Recuerdo muy bien el día del descubrimiento de la naos [santuario sagrado] del templo de Amón-Gereb. Sus inscripciones ayudaron rápidamente a identificar el lugar», confiesa a EL MUNDO Goddio con motivo de una gran exposición recién inaugurada en París que reúne los objetos más preciosos arrancados al olvido por su equipo. «Otro recuerdo emocionante», añade, «es el instante en el que volvimos la vista hacia una gran losa de diorita situada en una pared del monumento. Cuando el agua se aclaró, nos dimos cuenta de que era una estela intacta llena de magníficos jeroglíficos. Fue esa pieza la que nos dio el nombre egipcio de la ciudad, Thonis, resolviendo un enigma que había durado dos milenios. Heraclión y Thonis eran la misma villa. Thonis era su denominación egipcia; Heraclión, la griega».

Desde entonces Goddio, convertido en rostro mundial de la arqueología submarina, no ha dejado de hollar la inmensidad que alberga los vestigios de esa villa de nombre doble y de la cercana Canopus, desempolvada en 1997. Situado a dos kilómetros al este del actual puerto de Abukir, el pasado de Canopus se halla esparcido a lo largo de 150 metros. De las profundidades han emergido columnas de granito rojo, bloques de piedra caliza, joyas y monedas del período bizantino. Resguardados por casi dos metros de arena, se hallan los cimientos de un muro de 103 metros que habría rodeado un templo de grandes proporciones. Ambas ciudades conocieron una prosperidad que arruinó la fundación de Alejandría por Alejandro Magno en el 331 a.C. Hasta su reciente renacer, los textos clásicos habían mantenido a buen recaudo su evocación.

El historiador griego Heródoto relata en el siglo V a.C. la existencia de un gran templo en Thonis-Heraclión que primero visitó Hércules y más tarde Helena junto a París antes de que estallara la guerra de Troya. Cuatrocientos años después, también merodeó por su callejero el geógrafo Estrabón. En Canopus, en cambio, el poeta Nicandro sitúa la muerte de Canopus, el piloto del barco del rey Menelao después de sufrir la picadura de una víbora en las arenas de Thonis. Su tragedia terminaría legando su nombre al páramo.

Las excavaciones de la última década, que suelen celebrarse antes de los estragos del estío, han ido recomponiendo los fragmentos escritos que habían sobrevivido al naufragio. «Hay una suerte de diálogo entre los textos antiguos disponibles y nuestros descubrimientos. Algunas veces los documentos dirigen la dirección de nuestros sondeos; otras, los resultados de nuestro trabajo arqueológico explican los textos e incluso proporcionan nueva información sobre los ritos que ni siquiera habían sido documentados», detalla Goddio, fundador y presidente del Instituto Europeo de Arqueología Submarina y director de la Fundación para la Arqueología Náutica del Lejano Oriente. Sus campañas han recuperado del fondo del mar una auténtica fortuna. «Nuestra base de datos tiene inventariados más de 16.000 objetos. Es cierto que unos corresponden a monumentos o estatuas fabulosas y muchas otras a fragmentos de cerámica. Sin embargo, a menudo algunas de esas pequeñas piezas pueden proporcionar una información muy valiosa sobre el yacimiento».

Sumergirse en busca de pesquisas es una tarea costosa y aparatosa. No se trata sólo de enfundarse una escafandra y aventurarse en un océano de posibilidades. Antes de iniciar las exploraciones, la cuadrilla que dirige Goddio examina los textos antiguos y ausculta el lugar con la ayuda de un buque dotado de magnetómetro de Resonancia Magnética Nuclear –capaz de crear mapas magnéticos del fondo marino y arrojar pistas fundamentales sobre ubicación, orientación y tamaño de las piezas enterradas-; un sonar de barrido lateral; un equipo de barimetría multihaz; y un sistema de posicionamiento por satélite DGPS, que corrige los datos recibidos a través de GPS y aporta la ubicación de los restos arqueológicos en aguas poco profundas. Una vez trazado el mapa electrónico, se efectúan sondeos de pruebas que -si cosechan resultados positivos- conducen a la excavación arqueológica definitiva. Es entonces cuando aflora la magnitud del hundimiento. «Cada año que pasa, la exploración revela que el sitio arqueológico se extiende mucho más de lo que imaginamos al principio. No creo que hayamos excavado más del 5% de Thonis-Heraclión y Canopus», admite el experto galo.

Dos vehículos de operación remota, bautizados como Jules y Jim, son la clave de unas inmersiones que pueden llegar a durar ocho horas. Están equipados con cámaras y en su diminuto esqueleto tienen una burbuja de plástico para acomodar a un piloto y un pasajero. Las naves pueden alcanzar los 1.000 metros de profundidad y cuentan con brazos robóticos provistos de una pinza y una ventosa para recoger objetos. Después del rastreo, se desarrolla una minuciosa tarea de catalogación en la que se incluyen la ubicación exacta; muestras de restos orgánicos y subsuelos que arrojan luz sobre la flora y la fauna de la época y ayudan a datar los hallazgos; dibujos del escenario en el que fueron descubiertos los objetos y análisis de la construcción de los antiguos buques.

«Cada nueva campaña nos suscita una gran cantidad de preguntas. Ahora, por ejemplo, estamos siguiendo la pista de un antiguo templo que existía mucho antes del santuario de Amón-Gereb», esboza Goddio, quien compagina la búsqueda submarina de las dos ciudades con la excavación del Portus Magnus de Alejandría. Desde 1992, la misión está reconstruyendo la geografía del puerto oriental de la villa y sus alrededores, hogar de templos y edificios de la época ptolemaica.

Cumpliendo las recomendaciones de la Unesco, la mayoría de las piezas se dejan en el lecho marino. Sólo unas pocas son trasladadas a tierra firme mediante grúas. Una vez allí, son confinadas en una tanque de desalinización para evitar el deterioro. Unos días después, se colocan en agua dulce que se renueva continuamente. Dependiendo del material, se someten a un proceso diferente de limpieza y retirada de los sedimentos. Los metales, por ejemplo, reciben un baño de tratamientos químicos. El precursor de la arqueología submarina -un campo todavía demasiado virgen en la tierra de los faraones- irradia pasión cuando se le interroga por los resultados de la última campaña en Thonis-Heraclión, un enclave donde se han encontrado una red de canales y un puerto que hasta el nacimiento de Alejandría era la puerta de entrada obligatoria para los navíos procedentes del mundo griego.

Desde el final de su extravío, se han localizado más de 700 anclas antiguas y el rastro de 60 naufragios cuyas fechas oscilan entre los siglos VI a.C. y II d.C. «La temporada que acabamos de cerrar ha sido realmente interesante. La excavaciones que hemos llevado a cabo en el canal sagrado alrededor de la barca ceremonial, hundida a propósito, han sacado a la luz que junto al buque hay platos de ofrendas e instrumentos rituales que muestran la importancia de las donaciones al dios», comenta Goddio. Durante los años venideros la misión escudriñará «la zona de la ciudad donde se ubica el asentamiento más antiguo». «Excavaremos el norte de la urbe. Durante la última campaña hemos localizado allí restos muy prometedores de un monumento enorme».

Eclipse de Superluna: un espectáculo que no volverá a repetirse hasta 2033


El Mundo

  • Cientos de personas han disfrutado del eclipse en el Planetario de Madrid
  • La fase principal, durante la cual la Luna se tornó rojiza, tuvo lugar entre las 4.11 y las 5.23


Hasta 2033 no veremos un fenómeno astronómico como el que hemos disfrutado esta madrugada. La Superluna, que esta noche nos parecía un 14% más grande y un 30% más brillante debido a su proximidad con la Tierra, se tornó rojiza pasadas las 4.30 horas durante el eclipse total lunar. La última vez que se dieron esas características fue en 1982.

“Los eclipses como éste sobrecogían a la gente en la antigüedad”, explicaba Antonio del Solar, el astrónomo del Planetario de Madrid que ha guiado y ha acompañado con sus explicaciones al medio millar de aficionados que, según la estimación de los organizadores del acto, se han acercado hasta la explanada del Parque Tierno Galván.

Sin el temor de entonces, pero también sobrecogidos por la belleza de este espectáculo astronómico, en Madrid hemos podido observar el eclipse en un cielo limpio de nubes en el que se dibujaban constelaciones como la de Orión, la estrella Sirio, o los planetas Marte o Venus. Y es que, puntero en mano, el astrónomo César González ha impartido una miniclase de astronomía bajo el firmamento. Los más afortunados, no obstante, han sido los que han podido verlo en zonas oscuras del campo, lejos de la iluminación de las ciudades.

281004_moon_eclipse

‘Luna de sangre’

A las 3.07 horas, la sombra de la Tierra empezó a tapar la Luna, que quedó inmersa en ella desde las 4.11 hasta las 5.23, es decir, durante una hora y 12 minutos. Fue a las 4.47 cuando el eclipse alcanzó su punto máximo y la Luna adquirió un tono rojizo, que hace que popularmente se llame a este fenómeno “luna de sangre”. Son los rayos del Sol refractados por la atmósfera de la Tierra los que le confieren ese color cobrizo.

“Ha sido un color rojizo un poco oscuro. Que sea más claro o más oscuro depende de la cantidad de partículas en suspensión que haya en la atmósfera de la Tierra. Por ejemplo, si hay emisiones volcánicas y hay mucho polvo, se ve más oscuro”, explicaba a EL MUNDO Asunción Sánchez, astrónoma y directora del Planetario de Madrid.

A las 6.10 horas, casi como si fuera una estrella y a 28.000 kilómetros por hora, cruzaba el cielo la Estación Espacial Internacional, el hogar de los astronautas en el espacio, situado a unos 400 kilómetros de la Tierra.

Poco después, a las 6.27 horas, la sombra proyectada por la Tierra fue desapareciendo por el limbo derecho de la Luna, que a las 7.22 volvió a la normalidad. Eso sí, visiblemente más brillante que una noche cualquiera debido a su proximidad con la Tierra (perigeo).

Amós, cubierto con una manta, y su amiga Eva, son dos de los madrileños a los que no les ha importado pasar la noche en vela para ver la Luna teñida de rojo: “Es la primera vez que venimos a ver un eclipse. Nos ha parecido que era muy algo especial, porque no se va a volver a repetir hasta dentro de muchos años”, relataba Eva.

Durante el acto en el Planetario de Madrid, organizado en colaboración con Obra Social La Caixa, la imagen de la evolución de la luna captada por el telescopio de la cúpula era proyectada en una pantalla.

Aunque el eclipse era perfectamente observable a simple vista, ayudaban a apreciar los detalles los telescopios como el que el astrónomo amateur Pedro González, de la Agrupación Astronómica de Madrid, ha llevado a la explanada.

Los cielos cubiertos en algunas zonas de España han impedido o dificultado disfrutar del fenómeno astronómico que, como ya viene siendo habitual, fue retransmitido por internet. Astrónomos del proyecto Gloria y del Instituto de Astrofísica de Canarias emitieron a través de sky-live.tv la señal del eclipse desde Tenerife, La Palma y Fuerteventura.

La NASA halla indicios de que hay corrientes de agua salada en Marte


El Mundo

14434522891143

Fotografía de la superficie de Marte en la que se aprecian los canales interpretados como sales hidratadas NASA

Uno de los principales objetivos de la exploración planetaria de Marte es la búsqueda de condiciones de habitabilidad que permitieran la existencia de vida extraterrestre. Y la presencia de agua es una de las condiciones indispensables para la vida tal y como la conocemos. Por ese motivo, desde hace décadas los equipos de científicos que trabajan en este campo han ideado decenas de estrategias para detectar la presencia de agua en el planeta rojo tanto en el pasado, como hoy en día. Pero muy pocos trabajos han podido demostrar que existe agua fluyendo por la superficie de Marte.

Hace pocos meses, el vehículo marciano ‘Curiosity’ detectaba en el Cráter Gale los primeros indicios de agua líquida en las primeras capas de la superficie del planeta, resultados que se publicaron en un trabajo liderado por investigadores españoles. Pero en aquella ocasión no pudieron ver de forma directa las rocas de sal hidratadas de las que hablaba la investigación, ya que sólo ocurren por la noche y el rover no funciona a esas horas debido a las bajas temperaturas, que oscilan entre los 50 y los 80 grados bajo cero.

Ahora, otro trabajo liderado por investigadores del Instituto de Tecnología de Georgia (EEUU) ha encontrado nuevas evidencias de la presencia de agua líquida fluyendo por la superficie de Marte en la actualidad. Pero no es tan sencillo como mirar por un telescopio y ver ríos o cataratas cayendo por las montañas marcianas. De la misma forma que en el trabajo publicado gracias al análisis ambiental realizado por ‘Curiosity’, los investigadores han encontrado sales hidratadas en unas misteriosas manchas de formas alargadas que aparecen en los taludes de la superficie marciana durante el verano del planeta rojo.

Los investigadores que trabajan analizando Marte llevan años preguntándose qué podría modelar esos extraños surcos que aparecen y desaparecen con el cambio de estación. Hasta ahora se preguntaban si serían flujos de arena o marcas de dióxido de carbono o quizá agua… El trabajo recién publicado por la revista Nature Geosciences y liderado por Lujendra Ojha, investigador del Departamento de Ciencias de la Tierra y la Atmósfera del Instituto de Tecnología de Georgia, zanja por fin el debate. En concreto, analizaron cuatro puntos del planeta en los que se producen este tipo de surcos, que los investigadores llaman RSL, por la siglas en inglés de Líneas recurrentes en pendiente: los cráteres Hale, Palikir,y Horowitz.

Según han podido demostrar los investigadores, se trata de sales -cloratos de magnesio y percloratos de magnesio y sodio- hidratadas por lo que los autores consideran agua líquida que circula por la superficie en la actualidad cuando la temperatura en el planeta es más favorable.

“Tiene que haber un ciclo del agua en Marte“, sentencia a este diario el autor principal del estudio, Lujendra Ojha. “El problema es que aún no lo comprendemos”, reconoce.

Las conclusiones apuntan en la misma dirección que el estudio realizado en el Cráter Gale, aunque, como señala Ojha, de una “forma menos teórica mediante el hallazgo de percloratos con rasgos de estar en presencia de agua líquida”. Pero no se trata de un descubrimiento como se podría producir en la Tierra, de forma directa. Los investigadores llegaron a esta conclusión después de analizar la absorción espectral de esos materiales presentes en las misteriosas marcas presentes en las laderas inclinadas de Marte gracias a un instrumento -un espectrómetro- de la sonda Mars Reconnaissance de la NASA, que pudo reconocer estos percloratos y cloratos en el rango de los infrarrojos.

“La gran concentración de sales hace que este espeso líquido sea poco volátil y rebaja su punto de congelación en unos 80 grados, respecto al del agua pura, lo que permite que subsista en fase líquida aún en las extremas condiciones marcianas“, asegura el astrónomo Rafael Bachiller, director del Observatorio Astronómico Nacional.

¿Pero de dónde viene ese agua?

“Todavía no está claro de dónde proviene ese agua y qué ciclo sigue. ¿Es agua que proviene de la atmósfera? ¿O de la primera capa bajo la superficie? ¿O quizá surge desde un acuífero?”, se pregunta Ojha.

Para otros colegas, hay unas teorías que serían más plausibles que otras. “Marte podría estar geológicamente vivo y eso es muy importante para la vida”, comenta el geólogo planetario del Instituto de Geociencias (IGEO) de la Universidad Complutense de Madrid y el CSIC Jesús Martínez Frías. “La actividad geológica modifica los ambientes desde un punto de vista físico y químico y eso puede determinar las condiciones para la habitabilidad“, afirma Martínez Frías.

Aunque el estudio de Ojha y sus colegas demuestra la presencia de agua líquida -aunque sea de una forma efímera en cuanto a su duración en superficie-, un posible ambiente para la vida no tendría lugar en la superficie. La radiación ultravioleta que hay en Marte prácticamente destruiría cualquier tipo de materia orgánica conocida. Pero esa no es la única opción. De hecho, un estudio llevado a cabo por el equipo del propio investigador español Martínez Frías ya demostró que hace falta un espesor muy pequeño de algún material como el basalto, el yeso o la jarosita (todos ellos presentes en Marte) para proteger de la radiación a una posible bacteria candidata a habitar bajo la superficie del planeta rojo.

“Aunque Curiosity ya ha realizado algún orificio, sería necesario poder seguir horadando el suelo del planeta rojo para examinar el material bajo tierra, pues en el subsuelo del planeta las condiciones podrían ser mucho más idóneas que las superficiales para contener agua líquida”, explica Bachiller.

Sin embargo, para tener la prueba irrefutable tanto de la presencia de ese posible flujo de agua bajo la superficie marciana como de una posible forma de vida en Marte haría falta prácticamente que los científicos puedan coger con sus propias manos esos materiales y perforar su superficie. “Y es algo que espero ver con mis propios ojos”, dice Martínez Frías. “Es posible que en el año 2030 o 2035 se haga una misión tripulada a Marte…”.

Los fotografías más manipuladas de la Segunda Guerra Mundial


ABC.es

La Segunda Guerra Mundial y sus años previos, que vieron el auge de las ideologías totalitarias por media Europa, supusieron una edad de oro para la propaganda. Por entonces, el arte de manipular las fotografías adquirió algunos de sus mayores hitos a través de los precarios métodos de edición: es decir, el corta y pega en la mayoría de los casos.

hitler-a-color-166500_561x316

–El 23 de octubre de 1940, la agencia EFE se hacía eco de la entrevista en Hendaya entre Francisco Franco y Adolf Hitler con un amplio reportaje fotográfico. El problema estuvo en que la mejor de las fotografías de ambos mostraba a Franco con los ojos cerrados en ese preciso instante, lo cual fue resuelto encajando la cabeza de otra foto del dictador español en la imagen.

franco-hitler

 

–Otro descarado caso de fotomontaje con intenciones propagandísticas es el que afectó a Rudolf Hess, figura clave de la Alemania nacionalsocialista hasta su misterioso y controvertido vuelo a Inglaterra. Nunca quedaron claras las razones qué se ocultaban tras su decisión de volar hasta Inglaterra sin el permiso de Hitler, pero por si acaso la propaganda nazi se encargó de borrar cualquier vestigio de su paso por el partido. En una imagen de 1933, donde aparecía junto a Adolf Hitler, Wilhelm Frick y Hermann Goering, fue borrado directamente.

A la derecha, Rudolf Hess en una fotografía de 1933. En versiones posteriores su imagen sería borrada

A la derecha, Rudolf Hess en una fotografía de 1933. En versiones posteriores su imagen sería borrada

–Un caso parecido al de Rudolf Hess es el ocurrido con León Trotsky, que fue borrado literalmente de la historia rusa con la victoria a nivel interno de Joseph Stalin. Así, cuando Lenin quedó postrado en su cama y terminó falleciendo prematuramente, el líder bolchevique fue apartado de los cargos públicos y eliminado de las fotografías a partir de 1923. Un ejemplo de ello es la edición realizada sobre una fotografía de Lenin dando un discurso a las tropas del Ejército Rojo antes de su campaña en la guerra contra Polonia de 1920. Trotsky, que aparece escuchando el discurso a la derecha de la imagen, desaparece como si de la pata de gallo de una modelo eliminada con photoshop se tratara.

trosky-lenin

–Además de las numerosas fotografías donde Trotsky fue borrado, la propaganda estalinista firmó una de las manipulaciones más conocidas de la Segunda Guerra Mundial. El 2 de mayo de 1945, los soldados de la Unión Soviética tomaron el Parlamento alemán tras varios intentos fallidos antes. Precisamente en uno de estos, el fotógrafo Yevgeny Khaldei inmortalizó el momento del izado de la bandera soviética en el Reichstag, aunque posteriormente las tropas rusas tuvieron que retirarse del lugar. La fotografía fue publicada en la revista Ogonjok con unos cuantos retoques. El objetivo principal de la edición era ocultar que los soldados rusos, Abdulkhakim Imailov y Aleksey Goryachev, portaban numerosos relojes en sus muñecas, presumible resultado del saqueo que todas las guerras traen consigo.

original-toma-berlin

 

–Otro protagonista del conflicto mundial, el italiano Benito Mussolini, reclamó que fuera retocada una fotografía suya a lomos de un caballo para ensalzar sus habilidades guerreras. Es decir, que no se viera al ayudante que agarraba el caballo para evitar que el líder fascista pudiera caerse mientras alzaba con fuerza la conocida como “espada del Islam” (un regalo del gobierno libio en 1936).

caballo-musolini