Por qué hoy, 25 de agosto, se celebra el Día del Peluquero


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  • Un peluquero, que era plebeyo, fue declarado “hombre libre” durante el reinado de Luis IX por un trabajo perfecto que hizo.
Barbería- peluquería en el siglo XVIII

Barbería- peluquería en el siglo XVIII

En el siglo XIII, mientras en Francia reinaba la dinastía de los Luises y las grandes pelucas estaban a la orden del día, un peluquero -profesión que en esa época correspondía sólo a plebeyos- realizó un trabajo tan perfecto para la Corte que fue nombrado Caballero. Tal acontecimiento quedó grabado en la historia, siendo elegida esa fecha para festejar todos los años, y a nivel mundial “El Día del Peluquero”.
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Historia del peluquero y su gremio

Es a principios del siglo XVII que comienza a mencionarse en los documentos a los peluqueros, aunque podemos considerar el tensor romano, barberos y fabricantes de pelucas en la Edad Media en Occidente, como verdaderos peluqueros en el sentido de peinadores. Porque eran ellos los que cuidaban el cabello, cortándolo con armonía con la conformación de la cabeza y de acuerdo al rostro de las personas, ciñéndose a la moda de la época. También afeitaban, teñían el cabello y trabajaban en el cuidado de las uñas. Los tensores encargados de este oficio eran por entonces esclavos de magnates romanos.

A comienzos del reinado de Luis XIV, como en anteriores reinados, los grandes señores confiaban el cuidado de sus cabezas a sus ayudas de cámaras, y los peluqueros debían conformarse con cortar el cabello a la gente del pueblo. Es por entonces que aparecían los peluqueros de señoras, profesión que, según ellos, pertenecía a las artes liberales, mientras que la de simple tensor pertenecía a las artes mecánicas.

En cuanto a la parte de damas, se deben mencionar las proscripciones del Concilio de 1605 que prohibía a los hombres arreglar el cabello a las mujeres, y condenaba a las mujeres que contravinieran esta prohibición. No obstante, antes del reinado de Luis XIV, hubo algunos peluqueros con fama de artistas a los que acudían damas para hacerse peinar.

En la rama masculina se distinguían los peluqueros, unos simplemente como tensores y otros como barberos cirujanos, ejerciendo estos últimos a la par de su oficio la cirugía menor, ya sea aplicando sanguijuelas o extrayendo muelas. Pero es evidente que el siglo XVII marca para el peluquero un nuevo derrotero, tanto por razones estéticas como higiénicas. Por el considerable incremento de la sociedad se constituye el gremio de peluqueros; por un edicto de 1649 se estableció una corporación de barberos, bañistas y peluqueros de París distinta al gremio de barberos cirujanos.

El 25 de agosto, “Día del Peluquero”, fecha en que se ha universalizado la profesión, se recuerda la Santificación de la Iglesia Católica de Luis IX, Rey de Francia, quien gobernó de 1261 a 1270, y que en su reinado jerarquizó a su peluquero declarándolo hombre libre, equiparándolo a los caballeros, jueces, médicos y magistrados, autorizándole el uso en su atuendo de un espadín que era símbolo de tal distinción.

En Argentina por primera vez su celebración se remonta al año 1877, con un baile realizado en el teatro Coliseo al cual asistieron 400 personas, el día que se creó la Sociedad de Barberos y Peluqueros. Este festejo fue organizado por Domingo Guillén, peluquero y a la vez Director Propietario del órgano “El Peluquero”, publicación quincenal en su primer año de vida y que en su edición número 2 del mes de agosto de 1877, da cuenta del mencionado acto.

Trascurren los años y merced a la inquietud de hombres que fueron acrecentando la organización, se llega al Congreso Nacional de Peluqueros realizado en el año 1940 en la ciudad de Pergamino, convocado por la ex Federación Argentina, y en su magna Asamblea oficializó definitivamente el 25 de agosto como Día del Peluquero.

Descubren un mensaje en una botella después de 108 años


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  • Marianne Winkler estaba de vacaciones con su marido en una isla alemana cuando vio el recipiente flotando en el mar
Asociación Biológica de la Marina de Plymouth Mensaje encontrado en Alemania

Asociación Biológica de la Marina de Plymouth
Mensaje encontrado en Alemania

Después de 108 años en el mar ha aparecido el que podría ser el mensaje en una botella más antiguo que se ha encontrado nunca. Marianne Winkler se encontraba con su marido de vacaciones en una de las playas de la isla de Amrum (Alemania) cuando divisó la botella flotando y descubrió que contenía una postal enviada por la Asociación Biológica de la Marina de Plymouth. El mensaje pedía que el receptor rellenase dónde y cómo había encontrado la botella y devolviese la postal, por lo que prometía una recompensa.

Cuando este matrimonio envió la postal de vuelta, el revuelo no se hizo esperar: la botella era una de las 1.020 que George Parker, un antiguo presidente de la entidad, había arrojado al mar entre 1904 y 1906 como parte de una investigación sobre las corrientes marinas profundas.

Muchas de las botellas habían sido encontradas por pescadores y otras habían llegado hasta la orilla en los meses posteriores a su lanzamiento. Con esos datos, Parker pudo descubrir que las corrientes profundas del Mar del Norte fluían del esta hacia el oeste.

Pero el resto de las botellas nunca fueron encontradas y en la asociación nadie esperaba que se pudieran encontrar más de un siglo después. La promesa de Parker no ha quedado en el aire: la asociación ha enviado a Marianne un antiguo chelín junto a una nota de agradecimiento.

La pisada del Diablo, la leyenda pagana que caracteriza la Sierra de Guadarrama


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  • En los alrededores de El Escorial, la morfología de una roca ha alimentado la supertición sobre un episodio con el Mal
abc Ilustración del Diablo junto a la silla de Felipe II, cerca del lugar en el que supuestamente el Mal dejó su huella

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Ilustración del Diablo junto a la silla de Felipe II, cerca del lugar en el que supuestamente el Mal dejó su huella

La demora en la construcción de El Escorial ha alimentado todo tipo de conjeturas y leyendas en torno al fastutoso monumento y al propio Felipe II, pero lo cierto es que estas están presentes en los alrededores desde mucho antes de su edificación, acaso resultado de la superstición popular. La Sierra de Guadarrama es, en ese sentido, abono fértil para estas historias, incluso en el origen mismo de este extraordinario paraje natural.

A un kilómetro de la silla desde la que el citado monarca avistaba las obras del Monasterio, la extraña morfología de una roca dio lugar a la leyenda de «La Pisada del Diablo». Una oquedad sin aparente explicación figura sobre la piedra como si de barro se tratase. Se dice que fue el mismísimo demonio quien, enfurecido, clavó allí su talón cuando una niña se negó a blasfemar.

Se trataba de Martiña, feligresa y devota de la Virgen de Gracia. El Mal, disfrazado de campesino, se cruzó con ella bajo la pretensión de apoderarse de su alma. Insistente, no consiguió que la pequeña se rindiera ante él, por lo que saltó con tanta violencia que clavó su pie en la roca y dejó para siempre su huella. Este cuento, evidentemente ficticio, es fruto de las creencias fantasiosas que durante siglos han acompañado a la cultura mundana.

Canibalismo en la expedición perdida de Franklin


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  • A mediados del S. XIX, el Reino Unido envió una expedición al ártico canadiense para explorar el último tramo del Paso del Noroeste
John WILSON carmichael Cuadro que representa la tragedia de la expedición de Franklin

John WILSON Carmichael | Cuadro que representa la tragedia de la expedición de Franklin

En 1845, el Reino Unido envió una expedición naval para cartografiar y explorar el último tramo del Paso del Noroeste en el Ártico canadiense. Partió de Inglaterra y la dirigia Sir John Franklin, un oficial de la Armada Real y un experimentado explorador que ya había participado anteriormente en tres expediciones árticas, las dos últimas como comandante en jefe. Su cuarta y última expedición comenzó cuando ya tenía 59 años. Pero la misión terminó en tragedia. Franklin y los 128 hombres murieron al quedar sus barcos atrapados en el hielo en el estrecho Victoria, cerca de la Isla del Rey Guillermo, en el ártico canadiense.

Como no hubo sobrevivientes, arqueólogos e historiadores se han basado en la evidencia arqueológica y el testimonio de la poblaión Inuit, con el fin de determinar lo que ocurrió durante la agonía final de la expedición.

El testimonio de los Inuit del siglo XIX provisto de John Rae, un cartógrafo, Charles Hall y Frederick Schwatka, aventureros norteamericanos, describió el hambre y el canibalismo entre los sobrevivientes de la malograda expedición. Estas afirmaciones eran muy controvertidas hasta el momento. Muchos pensaron que los actos de canibalismo fueron una necesidad trágica para la supervivencia, pero otros consideraron que era algo no probado y que el testimonio no era fiable.

Los estudios arqueológicos de los restos óseos que se encontraron en los sitios de la expedición desde los años 80 y 90, prestaron apoyo al testimonio Inuit de canibalismo. Estos estudios identificaron marcas de corte en 92 de los 304 huesos recuperados del islote en Erebus Bay que se creen que están asociadas con la eliminación de carne y desmembramiento. Más recientemente, 4 de los 79 huesos recuperados del Erebus Bay en 2013 también mostraron evidencias de corte.

Un estudio reciente de 2015 volvió a evaluar el material esquelético de stand Point y Erebus Bay recuperado en 1981 y 1982. Evaluaron la evidencia de marcas de cuchillo, además de estudiar las fracturas post mortem. La evidencia de marcas de corte o la quema puede relacionarse con el canibalismo, en general, mientras que las fracturas post mortem proporcionan evidencia para la extracción de la grasa de la médula.

La nueva evaluación se completó a través del microscopio y del barrido electrónico. Los investigadores de este último estudio informaron que los huesos muestran evidencias de haber sido quemados. Además, un fémur mostraba clara marcas de corte de cuchillo en la cara posterior, la más larga de las cuales era de 13 mm. El estudio viene a apoyar el testimonio de los informantes inuit del siglo XIX y pinta un cuadro sangriento y trágico de los últimos días de los sobrevivientes de la expedición.