César Borgia, el hijo ilegítimo de un Papa


ABC.es

  • Fue modelo de los gobernantes del Renacimiento por su ambición desmedida y su cruel realismo al ejercer el poderabc Pintura que representa a César Borgia
Hijo ilegítimo de un Papa y de una patricia romana, César Borgia creció rodeado por la ambición de su padre. El cardenal Rodrigo Borja (posteriormente, el Papa Alejandro VI), de origen valenciano, fue el mejor maestro en el «arte de la política» que pudo tener el joven César, que italianizó su apellido. El cardenal Borja alcanzó el papado jugando la baza del nepotismo y la corrupción y aprovechando sus relaciones familiares con Calixto III, de quien era sobrino. Lecciones que aprendería muy bien su hijo César que tomaría buena nota de las ventajas de la manipulación y la intriga, de la importancia de las alianzas y las conspiraciones.

El joven César acumuló títulos y honores. Con tan solo diecisiete años es nombrado Obispo de Pamplona, tras haber estudiado leyes y teología en la Universidad de Perugia. Con veinte años ya era Arzobispo de Valencia y poco después Cardenal. De César Borgia escribiría Maquiavelo en el «Príncipe»: «Adquirió el Estado con la fortuna de su padre, y con la de éste lo perdió, a pesar de haber empleado todos los medios imaginables y de haber hecho todo lo que un hombre prudente y hábil debe hacer para arraigar en un Estado que se ha obtenido con armas y apoyo ajenos. Porque, como ya he dicho, el que no coloca los cimientos con anticipación podría colocarlos luego si tiene talento, aun con riesgo de disgustar al arquitecto y de hacer peligrar el edificio. Si se examinan los progresos del duque, se verá que ya había echado las bases para su futura grandeza; y creo que no es superfluo hablar de ello, porque no sabría qué mejores consejos dar a un príncipe nuevo que el ejemplo de las medidas tomadas por él. Que si no le dieron el resultado apetecido, no fue culpa suya, sino producto de un extraordinario y extremado rigor de la suerte».

Abandono el capelo cardenalicio en 1498 para poder gobernar los territorios del Vaticano, siendo nombrado Capitán Generalde las tropas papales. Pero donde más destacó su habilidad política fue en el juego de alianzas que estableció. Siempre hasta el precisó instante en que consideró más provechoso para sus intereses traicionar a sus aliados. Un ejemplo del cinismo de los Borgia fue el primer matrimonio de Lucrecia, hermana de César, con Giovanni Sforza. Miembro de una de las dinastías más influyentes de la península italiana, al Sforza le fue entregada Lucrecia con tan solo 13 años hasta que las alianzas entre estados obligaba a que Lucrecia se casará con otro hombre. Los Borgia determinaron entonces que el matrimonio no se había consumado, algo a lo que Giovanni contesto afirmando que se había acostado con Lucrecia cientos de veces sin ninguna queja, y que su primera esposa había fallecido en el parto. Los Borgia argumentaron que ese hijo no era de Giovanni y consiguieron devolver a Lucrecia el status de virgen, aunque estaba embarazada de 6 meses.

Manual para príncipes

César construye un sólido ejército de mercenarios suizos que utilizará durante todo el periodo de las guerras entre los estados italianos. Uno de sus ingenieros militares fue Leonardo Da Vinci. Además establece, junto a su padre el Papa Alejandro VI, una alianza con Luis XII de Francia. En rey francés pretendía controlar la península italiana y hacerse con el control de Nápoles. César Borgía pretendía quedarse con el Ducado de Milán. Los intereses del Papado y de la monarquía francesa confluían.

César va acrecentando su poder y expande su dominio por la toscana y la romaña. Caen las Repúblicas de Pisa, Siena y Florencia, el objetivo es unificar toda la Italia central bajo el mando de la familia Borgia. El 25 de junio de 1501, Alejandro VI emite una bula que autoriza a los soberanos de Francia y España a repartirse el reino de Nápoles. César se une al ejército francés que acampado cerca de Roma inicia su marcha al sur el día 27. En una breve campaña de la más prolongada guerra por el reino de Nápoles los franceses ocupan la parte que les corresponde según el tratado firmado. Pero ni los franceses ni César tienen en cuenta a otro príncipe que Maquiavelo tomaría como modelo de prudencia y maestro de estrategas políticos: Fernando de Aragón. Los Reyes Católicos le ofrecen tropas al reino de Nápoles para recobrar para Imola, Forli y Cesena que «el Duque de Valentines tiene usurpado». Las tropas españolas al mando de Gonzalo Fernández de Córdoba comienzan a recuperar el control del sur de Italia y derrotan a los franceses.

La vida política de César Borgia la describió como nadie Maquiavelo: «El príncipe nuevo que crea necesario defenderse de enemigos, conquistar amigos, vencer por la fuerza o por el fraude, hacerse amar o temer de los habitantes, respetar y obedecer por los soldados, matar a los que puedan perjudicarlo, reemplazar con nuevas las leyes antiguas, ser severo y amable, magnánimo y liberal, disolver las milicias infieles, crear nuevas, conservar la amistad de reyes y príncipes de modo que lo favorezcan de buen grado o lo ataquen con recelos; el que juzgue indispensable hacer todo esto, digo, no puede hallar ejemplos más recientes que los actos del duque»

Don Álvaro de Bazán, el héroe español que hizo escabechina a los turcos en Lepanto


ABC.es

  • Aunque el Almirante «oficial» de la Armada cristiana era Don Juan de Austria, sin él la gran victoria no se habría producido
abc | La batalla de Lepanto

abc | La batalla de Lepanto

Así somos los españoles,que uno haya estado prácticamente al mando y capitaneandoa nuestra Armada en una de las mayores batallas que han visto los tiempos y que cambió la historia de Europa para siempre, impidiendo el dominio del Mare Nostrum por el Temible Turco, apenas le vale a uno para que le dediquen una pequeña calle cerca de Cuatro Caminos, más o menos detrás de lo que fuera el viejo Hospital de Maudes.

Pero es más, ese mismo hombre tan sólo tiene una estatua (preciosa, eso sí) en la recoleta Plaza de la Villa. Y si preguntan ustedes por la calle seguro que los transeúntes piensan en algún piloto de motociclismo o, en el mejor de los casos, en algún escritor de novela contemporánea, ese primor de nuestras artes y letras. Pero ítem más, a esa misma batalla, donde los nuestros le dieron la del pulpo y la del inglés juntas a los de la Media Luna se le dedica más que calle, un callejón entre la Plaza de Ramales y la Plaza de Oriente, aunque eso sí, el jardón colindante sí lleva su nombre. Nos referimos al Almirante Don Álvaro de Bazán n Don Álvaro de Bazán, I marqués de Santa Cruz.

Y por supuesto estamos hablando de una las mayores (si no la mayor) victoria de nuestra gente a lo largo de los siglos, la batalla de Lepanto, donde los españoles, ayudados por otras tropas y marinerías europeas derrotaron a los turcvos que mandaba gran generl y marino (lo cortés no quita lo valiente) victoria)EstatusPero así somos. Sin ir muy lejos, en la pérfida Albión habría un museo con su nombre, un equipo de fútbol y el día de su aniversario lo celebrarían sin dar clase en los colegios.

Granadino de origen vasco-navarro

Álvaro de Bazán y Guzmán nació en Granada, el; 12 de diciembre de 1526 y murió en Lisboa, el 9 de febrero de1588. Vayann por delante sus títulos, ganados a sangre y fuego durante sus cuarenta años al servicio de España, de la Fe Católica y del Imperio, aquel en el que por aquel entonces no se ponía el sol: Marqués de Santa Cruz, grande de España, señor de las villas del Viso y Valdepeñas, comendador mayor de León y de Villamayor, Alhambra y La Solana en la Orden de Santiago; miembro del Consejo de su Majestad Felipe II, Capitán General de la Mar Océana y de la gente de guerra del reino de Portugal. Por si fuera poco, Don Álvaro fue el primero en usar los galeones un gran combate naval y también fue el creador de la infantería de marina, lo que hoy llamamos marines. Santas, generosas y españolísimas gónadas las de Don Álvaro.

De origen vasco (como tantos otros héroes españoles) y navarro, su abuelo igualmente también llamado Álvaro de Bazán, sirvió a los Reyes Católicos, siendo Capitán General en la Guerra de Granada. Su padre, Álvaro de Bazán El Viejo también fue un gran marino.

Marino a los doce años

Nuestro Álvaro de Bazán ya hacía travesuras por la cubierta de la nave capitana de su padre y conociendo las artes de la marinería.

Su ayo y fiel consejero fue Pedro González de Simancas, que le proporcionó una instrucción humanística muy esmerada y le convirtió en hombre culto y y admirador de a poetas y humanistas, a los que siempre protegió y de los que fue mecenas a menudo.

En 1538, con tan sólo doce años, acompaña por primera vez a su señor padre en una de sus expediciones, a los 17 años se traslada a Santander también con su padre, donde toma conocimiento de la gran tradición marinera del norte con sus distintos modelos de naves.

Participa junto a su padre en la batalla de Muros (1544) en la costa gallega, que termina con una rotunda victoria española que causó en los franceses 3.000 muertos . Tras la victoria, su padre le concede el mando de la escuadra mientras él se dirige a Santiago de Compostela en acción de gracias9 y después a Valladolid a informar de la victoria al príncipe Felipe8 .

Todavía en el reinado de Carlos I consigue el mando de una armada independiente, cuya misión es guardar las costas meridionales de España y proteger la llegada de la Flota de las Indias. No era un veinteañero y era casi un lobo de mar y así e tendrá que enfrentar a los corsarios franceses e ingleses y a los piratas berberiscos que operan desde sus bases atlánticas. En 1554 es nombrado capitán general de la Armada con solo 28 años.

En unos años, además de mantener su hostilidad contra los españoles en operaciones cada vez más envalentonadas los otomanos decidiero atacar Malta, con las aviesas intenciones de que le ssirviese de base para la posterior conquista de Sicilia. La resistencia heroica de los malteses detuvo a la formidable flota de Alí Pachá. El esforzado socorro de la plaza por las tropas españolas fue mérito casi exclusivo de Álvaro de Bazán, quien siguió adelante con la empresa de apoyo a pesar de la reticencia de gran parte de la corte de Felipe II.

1566 fue nombrado Capitán General de las Galeras de Nápoles y poco después, el 19 de octubre de 1569, Felipe II le concede el título de Marqués de Santa Cruz. Durante estos años se dedicó a patrullar las costas italianas, reduciendo notablemente los ataques corsarios.

Lepanto

En 1570, la suerte en el Mare Nostrum parecía que estaba echada. Estaba claro que se iba a producirun un violenntísimo choque entre las potencias cristianas y el Imperio otomano. Por una parte, el poder del sultán turco era cada vez mayor en el norte de África, lo que representaba una amenaza para el Imperio español, por cuanto hacía posible un desembarco otomano en la Península Ibérica en ayuda de los moriscos hispanos. Y por otra parte, la invasión de Chipre por las tropas de Selim II llevó a Venecia a decantarse por la acción.

El 25 de mayo de 1571 se firman en Roma las capitulaciones de la Santa Liga que unió al Imperio Español, el Papado, la Serenísima República de Venecia, el Gran Ducado de Toscana, la República de Génova y el Ducado de Saboya. La Santa Liga tenía como fin la destrucción de las fuerzas de los turcos, que eran declarados enemigos comunes y quedaban dentro del ámbito de la acción Túnez, Argel y Trípoli.

Se nombran tres comandantes. Por el Papado Marco Antonio Colonna, Venecia a Sebastián Veniero y por el Imperio español a Don Juan de Austria, quien ostentaría el mando militar supremo de la Santa Liga. La flota reunida por la Santa Liga estaba compuesta por 207 galeras, seis galeazas y 76 buques ligeros14 .

Álvaro de Bazán se unió con las 30 galeras de la Escuadra de Nápoles el 5 de septiembre de 1571 . Desde el principio dio muestras de prudencia en sus consejos y se convirtió en uno de los más eficaces colaboradores de Don Juan de Austria a quien que buscase sin demora un enfrentamiento contra el enemigo porque comenzaban a surgir roces entre los aliados.

Durante la navegación desde Mesina hasta Lepanto, Álvaro de Bazán tiene como misión dirigir el cuerpo de retaguardia de la armada, recogiendo a las galeras que se quedasen atrás para que no se perdiese ninguna.

En el orden de combate Don Juan de Austria le da a Álvaro de Bazán la misión de hacerse cargo de la retaguardia para socorrer aquellas zonas donde existiese más peligro para la armada cristiana. Para esta tarea se le asignan 30 galeras, más una agrupación de embarcaciones menores.

El 7 de octubre de 1571 tuvo lugar la batalla de Lepanto. Su escuadra queda a media milla, por la popa, de la línea de frente.

En el centro de la batalla, la galera La Real, nave capitana de Don Juan de Austria, se abalanza contra la nave capitana turca de Alí Bajá, La Sultana y ambas naves se enzarzaron en un combate cerrado. Marco Antonio Colonna apoya a la nave de Don Juan de Austria, situándose a la retaguardia de La Sultana y aislándola de socorro y refuerzo.

Álvaro de Bazán envía diez galeras y un grupo de fragatas y bergantines para apoyar el éxito que puede suponer la captura de la nave capitana otomana. Como resultado de este refuerzo, el centro otomano queda totalmente deshecho.

Aunque el mando «oficial» fuera de Don Juan de Austria, Álvaro de Bazán fue el hombre clave en la victoria de Lepanto, sus órdenes salvaron la situación de la flota cristiana en tres momentos críticos y actuó en cada situación de la forma correcta maximizando los pocos recursos que tenía.

Así era el hipódromo de la Zarzuela: la ineludible cita de los domingos


ABC.es

  • Desde su nacimiento, en 1941, fue punto de encuentro de la gente «bien» de Madrid

abc | El caballo Merin D’Or ganó el «handicap» de la primera carrera

 «El sábado arte y ensayo, el domingo en los caballos», cantaba Cecilia sobre aquella dama de alta cuna que, en ese tarareo dulce, adivinaba la personalidad del Hipódromo de la Zarzuela, símbolo del Madrid «bien» y aristocrático desde su nacimiento, en los primeros y plomizos 40, hasta su última época dorada, previa al cierre de 1996.

Las finas y curvadas láminas de hormigón que cubren la admirada tribuna de La Zarzuela, declaradas Bien de Interés Cultural, fueron no hace tanto el punto de encuentro de la sociedad más cuidada y elevada de una ciudad que, a los pies de El Pardo, entre apuestas, soñó con que el recinto, suyo por la simbiosis mantenida, llegara a igualarse con sus homólogos europeos.

Un deseo no tan utópico como el actual interés por acabar con el revelador silencio que durante meses acalla esa tribuna, no obstante voz de una gestión egoísta, y convergencia de dos crónicas antagónicas; la de una época dorada, casi condenada, y la de la presuntuosa idea de resucitar el pasado.

Es sobre esa biografía de esplendor de la que habla en parte el centenario archivo fotográfico de ABC, como en las fotos anexas. Aunque en blanco y negro, su vitalidad se transmite intacta hasta hoy como una suerte de herencia histórica de la capital y del propio periódico, elevando al hipódromo como centro del «turf» en España. Lo es, en realidad, desde que el 4 de mayo de 1941 se celebrara la primera carrera en su pista, ánimo de repetición de la gran consideración que, a finales del XIX, alcanzó Madrid con su hipódromo en la Castellana, en el mismo punto donde hoy se ubica la estación de Nuevos Ministerios.

Dorados 70

Obra de Carlos Arniches, Martín Domínguez y el ingeniero Eduardo Torroja, autor de la tribuna, vivió su mejor época en los 70, consecución del crecimiento de los últimos veinte años. En su inicio, no obstante, atravesó problemas similares a los del país; construido inicialmente en 1935, tras la Guerra Civil tuvo que regenerarse. Para acometer la obra, se tuvieron que importar los materiales del extranjero.

El cruce de meta del primer purasangre en el Hipódromo de la Zarzuela, de Merin D’Or, tuvo si cabe un significado casi mayor a cualquier trofeo entregado en el vibrante Gran Premio de Madrid, como aquel inédito de 1968, con el primer millón de pesetas. Ese aplauso primigenio sintetizó lo que justamente quiso proyectar, la alegría de un Madrid diferente, casi patricio, que se extendió durante años ante su pasión por la hípica.