Diez impresionantes fotos de la Segunda Guerra Mundial que nunca antes habías visto


ABC.es

  • Se trata de imágenes recién desclasificadas de los archivos de un general americano

    En la primera foto puedes ver un tanque destructor M-10 avanzando en la ciudad de Rohrwiller, en una imagen tomada en febrero de 1945. A su alrededor se aprecian los daños sufridos por los edificios de la localidad durante la batalla.

    Tanque destructor M-10 avanzando en la ciudad de Rohrwiller, en una imagen tomada en febrero de 1945. A su alrededor se aprecian los daños sufridos por los edificios de la localidad durante la batalla.

Una increíble colección de fotografías de la Segunda Guerra Mundial acaba de ser desclasificada de los archivos de Charles Day Palmer, general de cuatro estrellas del ejército estadounidense. Instantáneas nunca antes vistas que en su día fueron declaradas ‘no aptas’ para uso público, pero que este militar ha podido conservar hasta hoy para su uso personal. Las imágenes, que retratan la realidad y también los horrores del conflicto bélico, han sido publicadas en el blog Argunners.
Un soldado de los Estados Unidos deja helechos sobre la tumba de un compañero caído en combate, que el enemigo se había encargado de enterrar antes de abandonar la zona. Según parece, el difunto no llegó a ser identificado más allá de su nacionalidad.

Un soldado de los Estados Unidos deja helechos sobre la tumba de un compañero caído en combate, que el enemigo se había encargado de enterrar antes de abandonar la zona. Según parece, el difunto no llegó a ser identificado más allá de su nacionalidad.

Entre el tanque gravemente dañado que aparece en primer plano y el que está parado al fondo, justo ante el edificio semidestruido, alcanzamos a distinguir dos soldados. Se trata de dos médicos recogiendo el cadáver de un soldado americano.

Entre el tanque gravemente dañado que aparece en primer plano y el que está parado al fondo, justo ante el edificio semidestruido, alcanzamos a distinguir dos soldados. Se trata de dos médicos recogiendo el cadáver de un soldado americano.

Un soldado estadounidense observa dos cañones obús alemanes, destrozados después de una batalla. A los pies de este militar llegamos a advertir los restos de otro soldado, un alemán según los archivos que acompañaban a esta foto.

Un soldado estadounidense observa dos cañones obús alemanes, destrozados después de una batalla. A los pies de este militar llegamos a advertir los restos de otro soldado, un alemán según los archivos que acompañaban a esta foto.

Más restos de artillería destrozada durante un enfrentamiento, en este caso un tanque por bando. Lo que estás viendo es un M-5 americano y un Sturmgeschütz IV alemán, juntos en plena calle entre montones de escombros.

Más restos de artillería destrozada durante un enfrentamiento, en este caso un tanque por bando. Lo que estás viendo es un M-5 americano y un Sturmgeschütz IV alemán, juntos en plena calle entre montones de escombros.

Esta fotografía retrata el instante en que los ingenieros del ejército estadounidense vuelan un puente. Es una medida defensiva para impedir el avance del ejército alemán. El fotógrafo fue capaz de presionar el disparador en el momento exacto para capturar los trozos de la construcción por los aires.

Esta fotografía retrata el instante en que los ingenieros del ejército estadounidense vuelan un puente. Es una medida defensiva para impedir el avance del ejército alemán. El fotógrafo fue capaz de presionar el disparador en el momento exacto para capturar los trozos de la construcción por los aires.

La impactante imagen sobre estas líneas muestra un fortín alemán vacío. Los evidentes daños que tiene su estructura fueron causados por tanques americanos al tomar la zona.

La impactante imagen sobre estas líneas muestra un fortín alemán vacío. Los evidentes daños que tiene su estructura fueron causados por tanques americanos al tomar la zona.

Los soldados utilizan una grúa y otra maquinaria para desplazar un obús de 155 mm que bloquea un camino embarrado. Al fondo podemos ver colinas boscosas.

Los soldados utilizan una grúa y otra maquinaria para desplazar un obús de 155 mm que bloquea un camino embarrado. Al fondo podemos ver colinas boscosas.

El vehículo en llamas es un camión francés de media tonelada. Así quedó después de que explotasen los 800 galones de gasolina que portaba como carga.

El vehículo en llamas es un camión francés de media tonelada. Así quedó después de que explotasen los 800 galones de gasolina que portaba como carga.

En esta última instantánea, prisioneros de guerra de la policía militar alemana y agentes de la Gestapo son escoltados por las Fuerzas Francesas del Interior. La ciudad por la que caminan es Estrasburgo.

En esta última instantánea, prisioneros de guerra de la policía militar alemana y agentes de la Gestapo son escoltados por las Fuerzas Francesas del Interior. La ciudad por la que caminan es Estrasburgo.

El territorio que España poseyó 60 años en Vietnam sin que casi nadie lo supiese


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  • El actual parque Bach Tung Diep, de 4.000 metros cuadrados, fue cedido por Francia en 1858. España no le dio ningun uso hasta su devolución, en 1922

    Reuters Turistas en la actual ciudad de Ho Chi Minh (Antigua Saigón)

    Reuters | Turistas en la actual ciudad de Ho Chi Minh (Antigua Saigón)

España tuvo presencia en el actual Vietnam, aunque pocos hoy lo recuerden. Decenas de turistas españoles pasean cada año por un parque de Ho Chi Minh (antigua Saigón), sin saber que fue territorio español desde fines del siglo XIX hasta 1922, cuando lo recuperó la administración colonial francesa.

Según revela el británico Tim Doling, autor del libro ‘Exploring Ho Chi Minh City’ (Explorando Ciudad Ho Chi Minh), el terreno que ocupa el parque Bach Tung Diep, de apenas 4.000 metros cuadrados, fue cedido por Francia en agradecimiento por la ayuda inicial de España en la conquista de la Cochinchina a partir de 1858.

«Me sorprendió el dato, pero no hay dudas porque lo encontré en dos fuentes históricas diferentes. Era solo un terreno abandonado en el centro de la ciudad y los franceses lo convirtieron en jardín público cuando lo recuperaron», explica a Efe el historiador.

Situado frente a un museo dedicado a la historia de la ciudad -en cuyos jardines siguen expuestos aviones de combate y tanques capturados al Ejército estadounidense durante la guerra- es un lugar habitual de tránsito para los turistas.

La sombra de su frondosa vegetación, con un majestuoso árbol baniano en el centro, y su ubicación a pocos metros de edificios emblemáticos como la Ópera, el Hotel Continental -en el que se alojaba el escritor Graham Greene- o el mercado de Ben Thanh lo convierten en un lugar ideal para darse un respiro.

Mientras toman algún refresco, algunos turistas echan un vistazo a la estatua dedicada al estudiante Tran Van On, abatido por la Policía en 1950 durante una manifestación anticolonial.

Falta de interés de España

No hay ninguna indicación sobre el pasado hispano del parque y no se conocen los motivos exactos por los que fue devuelto a Francia en 1922, aunque Doling apunta a la falta de interés de los gobiernos españoles durante la Restauración Borbónica.

«España no lo mantuvo en buen estado y Francia lo recuperó para convertirlo en un jardín público. Las autoridades españolas no designaron a nadie para administrarlo, supongo que no les interesaba», comenta.

Aunque es el único territorio conocido que España poseyó en la antigua Indochina, también hay rastros de la presencia española en Danang, en el centro de Vietnam, donde los cuerpos de varios militares descansan en un pequeño cementerio franco español.

En 1858, ante los asesinatos de misioneros españoles y franceses en el entonces Reino de Anam (centro del actual Vietnam), el emperador Luis Napoleón III decidió enviar una expedición de castigo y para ello buscó el apoyo de su aliado español, cuya presencia colonial en las vecinas islas Filipinas facilitaría la operación.

España accedió a nutrir la expedición conjunta con un contingente de 1.500 hombres -la mitad del total-, en su mayoría filipinos, a las órdenes del coronel Bernardo Ruiz de Lanzarote y del comandante Carlos Palanca.

Lo que se planteó al principio como una rápida expedición de castigo para amedrentar al emperador anamita se convirtió en un infierno de calor, enfermedades tropicales y emboscadas del enemigo en el que perecieron un millar de militares del bando franco- español.

Según cuenta el historiador Luis Alejandre en su libro «La guerra de la Cochinchina, cuando los españoles conquistaron Vietnam», los objetivos de la expedición fueron cambiando a medida que Francia ganaba peso y los sucesivos gobiernos españoles de la época se desentendían de aquella lejana contienda.

El comandante Palanca y sus hombres contribuyeron de forma decisiva a la toma de Saigón en 1859, pero España fue una mera invitada en el Tratado de Paz de 1862, que otorgó a París tres provincias del sur del Vietnam actual.

Con esa base, Francia pudo ir extendiendo sus posesiones en la zona hasta controlar toda Indochina (Vietnam, Camboya y Laos) antes de terminar el siglo XIX.

España, que luchaba entonces por conservar sus últimas colonias, no recibió a cambio de aquel sacrificio más que el pequeño terreno en el que hoy los turistas se paran a tomar un respiro.

La Revolución Industrial fue capaz de acabar con la Pequeña Edad de Hielo


ABC.es

  • La quema masiva de combustibles fósiles a partir de 1850 detuvo brúscamente un proceso de enfriamiento oceánico que duraba ya casi dos mil años
archivo abc La chimena del paralelo, en Barcelona, se levantó en 1896 para dar fuerza a una ciudad que empezaba una urbanización acelerada

archivo abc | La chimena del paralelo, en Barcelona, se levantó en 1896 para dar fuerza a una ciudad que empezaba una urbanización acelerada

Este próximo invierno se debería poder patinar sobre el río Támesis. Pero no será así. Entre los años 1275 y 1300, una intensa actividad volcánica emitió inmensas cantidades de gases y cenizas a la atmósfera, bloqueando la radiación solar sobre la superficie, y comenzó lo que se conoce como la Pequeña Edad de Hielo. En esa época, los glaciares avanzaron imparables y las temperaturas del planeta bajaban siglo tras siglo. Así fue, y así debería haber continuado, hasta que llegó la Revolución Industrial. Esa es la conclusión principal de un estudio internacional de más de 600 científicos publicado en la revista «Nature Geoscience» por el grupo de trabajo Ocean 2k de Past Global Changes (PAGES).

La investigadora del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, Belén Martrat, ha participado en la elaboración del estudio y explica a ABC que «La tendencia a largo plazo era hacia el enfriamiento. Los datos que hemos analizado nos muestran que desde el siglo XII comenzó a descender la temperatura de los océanos de una forma continuada y robusta. Las observaciones agrupadas en tramos de dos siglos nos dan un valor descendente hasta el siglo XVIII. A partir de ese momento, coincidiendo con la revolución industrial y la quema de combustibles fósiles, comienza el único calentamiento estadístico significativo de los últimos siglos».

El papel de los volcanes

Las erupciones volcánicas son la principal causa de variación de la temperatura en el planeta, especialmente los volcanes. «Sabíamos que, a corto plazo, las erupciones volcánicas tienen un efecto refrigerante sobre la atmósfera. Ahora nuestros resultados muestran que, cuando la actividad volcánica se produce de manera más frecuente, ese efecto se prolonga en el océano», afirma Helen McGregor, de la Universidad de Wollongong, en Australia. Martrat pone un ejemplo concreto de ese efecto refrigerante. «1816 fue el año sin verano en Europa. Y coincide con la potente erupción en Indonesia del Tambora. Igual que en los años 60 y 70 del pasado siglo hubo un pequeño enfriamiento en Europa por el aumento de la actividad volcánica».

En el estudio, los expertos encontraron que ni las variaciones orbitales, ni la deforestación, ni la actividad solar justificaban completamente el descenso de las temperaturas de la superficie de los océanos, que son el gran termostato de la Tierra por su colosal capacidad de absorber calor. Solo los volcanes validaban los datos de los modelos climáticos que manejaban. Pero el hombre inventó la máquina de vapor. Y todo cambió.

Casi dos milenios de tendencia al enfriamiento de los océanos, acelerado sustancialmente durante la Pequeña Edad de Hielo, terminaron con el «forzamiento antropogénico», indica Martrat. «En los dos últimos siglos, ni la actividad volcánica ni la solar tuvieron cambios capaces de explicar la detención de la curva de enfriamiento. El único factor novedoso que lo puede explicar es la quema masiva de combustibles fósiles a partir de 1850. Hasta ese momento, la tendencia al enfriamiento era muy profunda. En 1.800 años, la temperatura oceánica descendió gradualmente a una velocidad de cerca de 0,5 grados en diez siglos. A partir de la revolución industrial, en solo dos siglos, ha aumentado entre 0,5 y 1,5 grados. Y para 2100 el IPCC da un rango de entre 2 y 4 grados. El calentamiento que hemos provocado ha ido 20 veces más rápido que el enfriamiento natural del planeta. El hombre ha sido la interferencia más potente», señala la investigadora española.

Inercia imparable

Hemos sido, y seremos. Porque aunque dejásemos de emitir hoy mismo un solo gramo de gases de efecto invernadero a la atmósfera, el planeta seguirá calentándose durante cientos de años. El océano ha ido acumulando calor en estos dos últimos siglos, y es factible que comiencen a emitirlo. Ese es el trabajo en el que ya está inmerso el grupo de trabajo Ocean2k de Past Global Changes.

«Todavía estamos aprendiendo sobre el papel de los océanos como mediadores en las variaciones climáticas. La detección de los factores que cambiaron las temperaturas del océano en el pasado nos abre una ventana hacia la comprensión de los cambios climáticos inferidos en los próximos siglos», adelanta Mike Evans, de la Universidad de Maryland (Estados Unidos).

La masacre prehistórica en la que fueron torturados una docena de niños pequeños


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  • Una tumba de hace 7.000 años ha desvelado que, en la Edad de Piedra, una tribu raptó a 26 personas y las sometió a todo tipo de tropelías antes de asesinarlas

    Christian Meyer El cráneo (que incluye un golpe) de uno de los cuerpos hallados, Tenía ocho años al morir

    Christian Meyer
    El cráneo (que incluye un golpe) de uno de los cuerpos hallados, Tenía ocho años al morir

Hace 7.000 años, en plena prehistoria, un grupo de seres humanos atacó una aldea ubicada en Schoeneck-Kilianstaedten (cerca de Fráncfort). Aquel día su maldad no tuvo límites y, por causas que todavía se desconocen, raptaron a un grupo de 26 hombres, mujeres y niños y les sometieron a todo tipo de torturas. La docena de pequeños que fueron secuestrados tuvieron que soportar como les destrozaban la cabeza a golpes, les disparaban con flechas e, incluso, les astillaban las canillas para evitar que huyeran. Una muestra de crueldad que, hasta ahora, había permanecido oculta a los ojos humanos.

Y decimos hasta ahora porque, gracias a Christian Meyer -bioarqueólogo de la Universidad de Mainz– se ha podido desvelar este suceso. Tal y como explica un estudio publicado por la revista especializada «Proceedings» de la Academia Nacional de Ciencias, este germano ha desenterrado una fosa común en Alemania con los restos de aquellos 26 desdichados que fueron víctimas del odio ajeno. En sus palabras, el hallazgo no puede ser más estremecedor, pues desvela que los sujetos que habitaban Europa Central en la Edad de Piedra ya hacía uso de las denominadas «tácticas del terror» para combatir a sus enemigos.

La tumba fue encontrada en 2006 durante la construcción de una serie de carreteras en Schöneck-Kilianstädten (ubicado a poco más de 20 kilómetros de Fráncfort). Sin embargo, ha sido necesario esperar hasta hace poco para que se completasen las labores de extracción de los restos, su análisis y su estudio. Todo ello, a pesar de que el enterramiento apenas cuenta con una extensión de 7,5 metros de largo por 1 metro de ancho. Con todo, desde el principio se ha sabido que era una fosa común que albergaba a las víctimas de una masacre, pues no contaba con herramientas o adornos, algo típico de los enterramientos de la época.

Según Meyer, la mayor parte de los huesos encontrados cuentan con un patrón de fracturas que tiende a repetirse. Entre ellas, destacan la rotura de todo tipo de huesos (destacando las tibias) y las heridas realizadas con una punta de flecha de hueso. Por su parte, los restos se corresponden con los cuerpos de 13 niños de hasta 8 años (10 de ellos menores de 6 en el momento de la muerte), y 13 adultos (2 de ellos mujeres). Hasta ahora, al grupo le ha extrañado sumamente la ausencia de adolescentes de entre 9 y 15 años.

¿Qué sucedió?

Esta no es la primera fosa común que aparece en la zona, sino que, en los últimos años, se han encontrado otras dos en Alemania y Austria. Ambas con víctimas en condiciones parecidas y pertenecientes a la cultura Linearbandkeramik (un pueblo primordialmente dedicado a la agricultura que llegó a Europa hace más 7.000 años). Hasta ahora, los datos establecen que todos estos asesinatos se sucedieron en apenas 600 años, lo que, en palabras de los expertos, indicaría que el pueblo pudo dividirse en dos bandos que se atacaron posteriormente.

Así pues, gracias a estos hallazgos, Meyer ha llegado a la conclusión de que las matanzas en esta época de la Historia no eran algo aislado, sino relativamente habitual. Así lo denota el que, en palabras del experto, se torturara o mutilara a los 26 integrantes de este sepulcro. «Se ha repetido una pauta. Encontrar una fosa colectiva es algo espectacular, pero ahora, con estas tres, hemos establecido un patrón. Ahora sabemos que este período fue sumamente violento», destaca el experto.

Con todo, el arqueólogo ha señalado que, aunque existen muchos indicios de ello, es imposible determinar la causa por la que se sucedió esta masacre. Entre las teorías que se barajan se encuentra la de que una tribu entrara en el territorio de otra o que, debido a una sequía, hubiera una escasez de alimentos que llevó a los seres humanos a enfrentarse entre ellos. En este sentido, es posible que los atacantes secuestraran a varias personas jóvenes con algún fin y les mantuvieran presos hasta que acabaron con sus vidas.

El golpe de Estado fallido que aceleró la desaparición de la Unión Soviética


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  • Los líderes de la intentona trataron de derrocar a Mijaíl Gorbachov, que pasaba como cada año sus vacaciones estivales en su casa de campo del mar Negro, al sur de Crimea, en agosto
ABC Los ciudadanos de Moscú organizan barricadas frente al Parlamento para combatir a los golpistas en agosto de 1991

ABC | Los ciudadanos de Moscú organizan barricadas frente al Parlamento para combatir a los golpistas en agosto de 1991

El proceso de disolución de la Unión Soviética se cuajó a lo largo de varios años, pero el fallido golpe de Estado de agosto de 1991 supuso una fecha clave para su desaparición definitiva. El día 19 de ese mes, el por entonces secretario general del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), Mijaíl Gorbachov, pasaba como cada año sus vacaciones estivales en su casa de campo del mar Negro, al sur de Crimea. El ala más conservadora del régimen rechazaba las iniciativas emprendidas por el dirigente, en el poder desde marzo de 1985 e impulsor de medidas renovadoras denominadas «Perestroïka», una reestructuración pensada para conciliar comunismo y democracia. Los golpistas recluyeron al líder en su residencia veraniega y le declararon «incapaz de asumir sus funciones por motivos de salud», una estrategia similar a la empleada para arrancar a Nikita Kruschev las riendas de la potencia comunista en octubre de 1964.

Quizá sin quererlo, los argumentos sobre el estado de salud de Gobarchov resultaban paradójicos. El dirigente accedió a su puesto con 54 años, una edad joven comparada con la media de la cúpula comunista, situada en las 70 primaveras. Sus antecesores inmediatos simbolizaban esta tendencia a la gerontocracia: Yuri Andrópov llegó al cargo con 68 años, en noviembre de 1982, y Konstantín Chernenko con 73, en febrero de 1984. Ambos fallecieron mientras ocupaban su puesto de secretario general del PCUS.

ABC se hizo eco del intento por derrocar a Gorbachov el 20 de agosto de 1991. «Los ciudadanos de Moscú reaccionaron ayer ante el golpe de Estado y se echaron a la calle para intentar frenar el paso de los carros blindados que avanzaban por la capital soviética», anunciaba el texto de la portada. En la fotografía, una mujer trepaba por un tanque para enfrentarse a su conductor. Los cabecillas de la intentona golpista, formada por una amalgama de dirigentes de la Policía, el Ejército, el PCUS y la KGB, el servicio secreto, no estaban acostumbrados a la respuesta civil. Como señala el historiador británico Tony Judt en su obra «Postguerra»: «Eran, a su pesar, una caricatura de todos los defectos del pasado soviético: figuras viejas y grises de la era Breznev, de discurso lento y acartonado, ajenas a los cambios experimentados por un país cuyo reloj trataban torpemente de retrasar treinta años».

Los orígenes de la crisis

Las tensiones entre Gorbachov y el núcleo duro del poder soviético, poco partidario de cambios, no nacían únicamente de su escepticismo ante la «Perestroïka». El auge del nacionalismo en algunos territorios que formaban la URSS amenazaba con hacer saltar todo por los aires. El 17 de marzo de 1991, el referéndum sobre el mantenimiento de la Unión probó que la situación tendía hacia la disolución: de las 15 repúblicas originales, solo 9 accedieron a participar en la votación. Si Estonia, Letonia y Lituania, los países bálticos castigados por el Ejército Rojo en enero de 1991, ya habían declarado su independencia, Georgia, Armenia y Moldavia anunciaban entonces su deseo de obtenerla cuanto antes. Un 76% de los ciudadanos soviéticos se mostró favorable al manetenimiento de la «Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas como una federación renovada de Repúblicas soberanas e iguales en derechos», pero la mecha de la crisis ya estaba encendida. La gota que colmó el vaso llegó en julio de ese año. Durante una cumbre de los países industrializados en Londres, Gorbachov anunció su deseo de abrazar la economía de mercado.

Boris Yeltsin, elegido presidente de Rusia por sufragio universal el 12 de junio de 1991, fue el encargado de gestionar la crisis abierta por el intento de golpe de Estado. El dirigente denunció la acción y llamó a la resistencia ciudadana contra el despliegue de los tanques en las calles. Sin apoyo de la población, el 21 de agosto sucedieron dos acontecimientos claves para desmantelar la revuelta: Boris Pugo, ministro del Interior, se suicidó, y Gorbachov regresó a Moscú en avión. Como indica Tony Judt, «la credibilidad del PCUS se hallaba en estado terminal». Pocos después, Yeltsin suspendió todas las actividades del partido que vertebró la vida política de la Unión Soviética desde su nacimiento en 1922.