El oro de León que ocultaba Hispania


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  • Los romanos se fueron con el metal precioso a otra parte hace dos mil años y no se sabía por qué hasta que un profesor de la Universidad de Salamanca acuñó el hallazgo. Se valió del láser de un avión para descubrir minas auríferas en el valle del Eria
Estanques y pozos: así es el sistema de canalización hidráulico de los romanos en el valle del Eria (León)

Estanques y pozos: así es el sistema de canalización hidráulico de los romanos en el valle del Eria (León)

En noviembre de 2014, Javier Fernández Lozano puso las minas del valle del Eria en el mapa. Lo hizo con un estudio, cuyo coautor es el profesor Gabriel Gutiérrez-Alonso, como él perteneciente al departamento de Geodinánima Interna de la Universidad de Salamanca, que encontró hueco en una prestigiosa publicación internacional, el «Journal of Archaeological Science». Y a partir de ahí, logró el eco que un hombre de la zona como el profesor Fernández Lozano, nacido en la población de Castrocontrigo, quería no solo para su abnegado trabajo, sino también para su tierra. La información que desvelaban en dicho análisis no era baladí: debajo de la frondosa vegetación que cubre como una sábana el valle leonés del Eria había un entramado minero, dotado de un complejo sistema de obras y canalizaciones hidráulicas, que fue importado por los romanos hace más de dos mil años desde Egipto directamente a Hispania. Y en ese mosaico de yacimientos se extraía el material dorado más valioso. Además de la importancia que tenía el hallazgo en sí, el profesor departe con ABC sobre otros dos valores en alza de la investigación: el empleo por primera vez en España para un trabajo geoarqueológico de la tecnología Lidar acoplada al sensor de un avión o un drone; y la conclusión de los verdaderos motivos por los que los romanos se fueron con el oro de León a otra parte.

Entre los siglos I y II d.C. los romanos abandonaron el distrito aurífero del Eria porque dejó de ser rentable. Tan sencillo como esto, a pesar de las diversas teorías que han aflorado en numerosos textos literarios acerca de que los romanos decidieron irse porque no tenían los recursos suficientes. O las obras necesarias para continuar con la extracción (por cianurización) del metal precioso.

Nada más lejos de la realidad, como ha demostrado el trabajo de los profesores de Geodinámica Interna. Hasta ahora, era el paraje leonés de Las Médulas el considerado como la mayor mina de oro a cielo abierto que se cobijaba en España del Imperio Romano, mas este análisis viene a demostrar que, aún más allá, se trata del mayor espacio en Europa dedicado a la extracción de oro si se tiene en cuenta que se extendió a kilómetros al sureste, hasta el valle del río Eria. Cómo se ha puesto luz sobre todas estas labores mineras es una de las grandes novedades del trabajo, y es que lo reveló la «visión» de un sistema láser llamado Lidar -Light Detection and Ranging-, que no es otra cosa que una tecnología adherida a un avión o un drone que escanea el terreno con la referencia geográfica que aportan estaciones de GPS terrestres. Lo que hace este sistema es emitir un haz de luz que llega hasta el suelo, rebota y nuevamente sube hasta el sensor del avión, permitiendo calcular la distancia exacta que hay desde el aeronave hasta la superficie terrestre.

Los datos que se obtienen se representan mediante nubes de puntos que gracias a un software se filtran de señales como árboles, edificios o vegetación que no se corresponde con la superficie, se «traducen» y permiten construir un modelo cartográfico más nítido donde se pueden examinar canales, embalses o canales. «En la actualidad seguimos investigando en la zona mediante el uso de datos Lidar de alta resolución obtenidos del Instituto Geográfico Nacional y vuelos fotogramétricos con drone que permiten restituir a partir de fotografías la superficie topográfica con alta resolución», comenta el profesor Fernández.

Es decir, a diferencia de una fotografía aérea o por satélite, que es lo que se había empleado hasta el momento en los trabajos de geoarqueología, esta tecnología permite «limpiar» de vegetación y otro tipo de «ruido» la imagen, con lo que los resultados son mucho mejores. En esta zona se descubrió todo el sistema de canalización hidráulica y desvío de dos ríos que usaban en el siglo I a. C. los romanos para extraer el oro de zona la zona de León, que en la actualidad se reparte entre Castrocontrigo y la cumbre de la Sierra del Teleno, incluso. Al vislumbrarse lo inconmensurable de la red de labores mineras que pusieron en marcha los romanos con tal de hacerse con unos gramos del metal situado en el grupo 11 de la tabla periódica, los investigadores dedujeron que no se habían ido de Hispania como se había citado por falta de obras, sistemas de transporte y acopio del agua, incluso de metodología para su almacenamiento, sino porque el oro ya escaseaba y se «mudaron» al norte de Italia, entre otras zonas. Lo sintetiza a la perfección Fernández Lozano: «El problema no era técnico; sino el valor del oro».

Tecnología usada en los 60 por la NASA

Lo más curioso de la tecnología Lidar es que había sido el bastón de la NASA ya en los años 60 para comprobar cómo retrocedía la banquisa del hielo en el Ártico, y su uso se ha implementado en la topografía, la cartografía catastral, incluso, según Javier Fernández, se han empezado a usar en las canteras, para calcular el deslizamiento de laderas en una montaña o también ayudaría para determinar en un momento dado el tiempo de evacuación que se necesita en una zona próxima a una capa magmática o volcán. Pero por vez primera sirve de soporte a la geoarqueología.

La intención ahora, una vez desvelada la importancia mayor si cabía de la zona aurífera, es diseñar un geoparque. «Estos pueblos se mueren -lamenta el investigador-, y hay que aprovechar estos trabajos para potenciarlos y darles el impulso que merecen». Sabedores de que esta etiqueta de la que gozan solamente una docena de áreas acotadas en la Península Ibérica «puede tardar en llegar entre cinco y diez años», los dos profesores de Salamanca están hablando con los ayuntamientos de las comarcas de la Valdería y la Cabrera Alta a los que atañiría el denominado «Proyecto Geoparque Valle del Eria». Fernández Lozano vislumbra el fomento del desarrollo rural, arqueológico, etnográfico y social que supondría para su zona la iniciativa, así como la protección óptima de todo el patrimonio arqueológico. El proyecto trataría de velar por los recursos, así como de la puesta en interacción y conocimiento del público de los diversos elementos que componen la riqueza geoarqueológica de esta zona amada por los romanos en su día. Según textos de Plinio el Viejo, el procurador encargado de realizar el seguimiento de la minería en la Hispania, como su enciclopedia «Historia natural», tras aprender las técnicas de almacenamiento y transporte de agua de los egipcios, los romanos las aplicaron para obtener hasta 20 toneladas de oro en el noroeste de Hispania, en depósitos de oro originales tales como los del valle leonés del Eria.

La historia del dios castrado, resucitado por amor, oculta en la estatua de Cibeles


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  • Las piñas que se esparcen por la base del monumento madrileño son una analogía de este episodio de la mitología griega
josé ramón ladra Fuente de Cibeles, en Madrid

josé ramón ladra | Fuente de Cibeles, en Madrid

La estatua de Cibeles, símbolo y patrimonio de Madrid, es en sí misma una crónica en piedra de la mitología griega. Lo es, evidentemente, por la propia diosa frigia, pero también por el capítulo que esconde sobre la truculenta relación que tuvo con Atis, considerado como la deidad de la vegetación y su renacer. Su figura, imperceptible en un primer vistazo, está representada tanto en la base de la escultura como en la parte delantera del carro.

Cuenta la leyenda griega que Cibeles, diosa de la Madre Tierra, tuvo un nieto del que desconocía su existencia: Atis. Ajena a su parentesco, se enamoró de él de un modo casi enfermizo. También ignorante de que quien lo pretendía era en realidad su abuela, no obstante la rechazó. Despechada, urdió un vengativo plan con el que acabaría volviendo loco a su amado. Ante esta situación Atis huye a la montaña, desesperado, y allí se automutila los genitales; una castración que termina por matarlo desangrado. La vida y relación del eunuco con la diosa, sin embargo, no acabó ahí.

Cibeles, arrepentida por haberlo empujado a la muerte, resquicio del sentimiento que otrora profesó, lo resucita en forma de pino. Erigido entonces como divinidad de la vegetación, dicha condición está representada en la escultura madrileña. Según Marco y Peter Besas en su libro Madrid Oculto (La Libreria.2010), las numerosas piñas que se esparcen por la base del monumento son una analogía de Atis como dios del renacer vegetal; asociación directa con el árbol. Además, en la parte delantera del carro, a los pies de la Cibeles, está tallada su supuesto rostro, expulsando un chorro de agua por la boca.