El capitán Sancho Dávila, la mano de hierro del implacable Gran Duque de Alba


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  • La muerte alcanzó al oficial de los Tercios de Flandes de forma absurda cuando, viendo herrar un potro, recibió una coz en el muslo. El golpe no parecía grave y la herida se cerró limpia, sin embargo nueve días después la zona se infectó con un desenlace fatal
Wikipedia Medallón de Sancho Dávila en el Pabellón de San Martín en la Plaza Mayor de Salamanca.

Wikipedia | Medallón de Sancho Dávila en el Pabellón de San Martín en la Plaza Mayor de Salamanca.

Revisar la carrera del abulense Sancho Dávila y Daza es recorrer la de otro natural de Ávila, si cabe, más ilustre: Fernando Álvarez de Toledo, III Duque de Alba. Ambos siguieron una trayectoria casi pareja, en parte por el empeño del duque de contar con el capitán en todas las campañas que iniciaba. Ser amigo de un noble, más de este, nunca es fácil. Ganarse la estima militar de un patriarca del ejército lo es menos, pero puede reportar ingentes beneficios.

Como Gonzalo Martín García narra en su libro «Sancho Dávila, soldado del Rey», el abulense comenzó su carrera militar tras abandonar Roma, donde había iniciado estudios eclesiásticos siendo un niño, para alistarse en el emblemático tercio de Álvaro de Sande. Corría el año 1543. Una vez más el Ejército ganaba un infante en detrimento de la Iglesia. Para la mente intrépida de Sancho, hijo de un comunero de Ávila –y por tanto, sospechoso de no ser muy de fiar a ojos del Rey–, no había duda de cuál debía ser su destino: demostrar su hondo talento para la guerra y su lealtad.

Bautizo en el Mediterráneo, gloria en Alemania

Sería en el duro invierno alemán cuando su nombre resonó entre el alto mando por primera vez. En su disputa con los príncipes luteranos, constituidos en la Liga Esmalcalda, Carlos V confió el control de sus ejércitos al Duque de Alba, que, bajo su habitual modus operandis, desgastó a la fuerza enemiga y sacó el máximo partido a la desunión entre las filas protestantes. Cuando el 24 de abril de 1547, no en vano, se presentó la ocasión de aniquilar a la fuerza enemiga el duque no rehuyó la batalla.

Nueve soldados, entre los que se encontraba Sancho Dávila, de solo 23 años, y el también célebre Cristóbal de Mondragón, cruzaron a nado y en completo silencio el helado río Elba. Después de silenciar a los exploradores, tomaron las barcas necesarias para garantizar el paso de todas las tropas. Alba y el Emperador encabezaron lo que se convirtió en una huida desesperada de los protestantes que se pensaban, erróneamente, resguardados por el río. Eran ajenos e ignorantes de la bravata de los nueve soldados castellanos. Tras la batalla, el Emperador recompensó a cada uno de aquellos nueve soldados con una vestimenta de terciopelo grana guarnecida de oro y plata, y cien ducados. Por su parte, el Duque de Alba recompensó a Sancho con mucho más, su confianza ciega a partir de entonces.

Después de aquella victoria en Europa, Dávila se enfrascó en la guerra por el Mediterráneo contra los turcos. El soldado abulense saboreó por primera vez la victoria en el ataque a Mahdia (1550), en cuyo asalto final hizo gala de gran audacia y valor, aunque también vivió años de suerte desigual. Dávila sufrió en sus carnes una de las mayores derrotas en la historia del Imperio español: El desastre de Gelves de 1560, con casi 9.000 muertes y 4.000 prisioneros entre las filas españolas. A su regreso de Estambul, donde permaneció brevemente cautivo, el abulense se sumió en un estado de melancolía al entender que su carrera militar se encontraba estancada.

A mediación del Duque de Alba, Sancho Dávila fue nombrado castellano de la fortificación de Pavía en 1561. Aunque la estancia y el cargo en Italia sobrepasaban las aspiraciones de alguien de su estrato social, el abulense soñaba con cotas todavía más altas. Su ambición no se conformaba ni siquiera con las mieles de un cargo plácido y lucrativo. Cuando el Duque de Alba marchó hacia la guerra de Flandes en 1567, le rogó que le llevara consigo.

Dávila fue puesto al frente de la guardia personal del duque. Una unidad de élite que encabezó las operaciones que requerían del más fino bisturí en el conflicto. 100 lanzas y 50 arcabuceros que marcharon a la cabeza de una masa militar de 16.000 almas, entre soldados, criados y mujeres. Ningún ejército había estado tan bien equipado y tan disciplinado en la historia, y, en opinión del cronista francés Brantome, ninguno había desfilado tan elegante: «Parecían todos príncipes y capitanes».

No esperaban en Flandes banquetes ni bacanales donde lucir vestimentas, sino barro y miseria. En 1568, el capitán abulense junto a Lope de Figueroa, con el que había coincidido en Los Gelves, tuvieron un papel crucial en la batalla de Jemmingen. Fue la suya una exhibición de cómo se conduce una encamisada. Esto es, un ataque nocturno entre las filas enemigas. Dávila –al mando de trescientos arcabuceros a caballo y quinientos de infantería– fue tomando una a una las esclusas donde las fuerzas de Guillermo de Orange, el gran líder de la rebelión contra Felipe II, permanecían atrincheradas.

«El agua lo deshace y el viento se lo lleva»

Tras sofocar la primera acometida de Orange, el Duque de Alba licenció a gran parte de sus tropas y ordenó repartir a cuatro mil españoles por las principales guarniciones de Flandes. A Sancho Dávila le reservó un lugar predilecto, la ciudadela de Amberes, donde debía coordinar las obras de una imponente fortaleza. Una pequeña ciudad dentro de la ciudad, con capacidad para 800 soldados y sus familias. El duque, además, había repartido indicaciones para alzar una estatua de su figura en la plaza central de Amberes, lo cual suponía un peliagudo movimiento político. Sancho Dávila tuvo que lidiar con la enemistad que producía la presencia de los españoles en la ciudad y con las críticas referidas a que un hijo de un comunero ostentara un cargo tan elevado. Y para mayor impedimento, siempre con escasez de fondos y problemas logísticos: «El agua lo deshace y el viento se lo lleva».

En Amberes, la envergadura de su posición le abrió las puertas de importantes figuras locales. Su amistad con Juan López Gallo, acaudalado banquero, le llevó a casarse con Catalina Gallo en 1569. No obstante, la felicidad no se posó mucho tiempo por Flandes. Días después de dar a luz a un hijo, Hernando, Catalina falleció en Amberes.

Fue por aquel tiempo cuando el castellano solicitó a Felipe II el hábito de Santiago. La Orden mostró dudas sobre la ascendencia de sus dos abuelas, de posible origen judío, y comenzó una investigación que perserseguiría al abulente durante toda su vida en su fallida pretensión de ser urgido caballero en alguna orden cristiana. No en vano, las indagaciones sacaron a la luz que no tenía pureza de sangre. Era aquella, la de Felipe II, una época donde los méritos militares pesaban menos que la calidad de la sangre. Una lección que el castellano nunca consiguió digerir.

Después de un breve periodo de paz, una rebelión estalló en Flandes de forma general en 1572. Lo que no había conseguido Guillermo de Orange, lo propició el Duque de Alba con su agresiva política fiscal y su irascible carácter. Con solo 7.000 hombres, el Gobernador de Flandes tuvo que hacer frente a tres ataques simultáneos: al norte, Guillermo de Orange cruzó el Rin con 20.000 infantes; en la zona costera los mendigos del mar redoblaron sus esfuerzos; y, al sur, Luis de Nassau tomó la ciudad de Mons con 3.000 hombres. Tras ello, el caudillo rebelde se guarneció en Mons a la espera de refuerzos franceses y de la llegada de su hermano con el grueso del ejército. Valorando la importancia de que los hugonotes no se implicaran en el levantamiento, el duque destinó toda su atención al frente abierto en Mons, al norte de Francia.

Atrapado entre la ciudad tomada por los rebeldes y los 20.000 soldados de Guillermo de Orange que estaban a pocos kilómetros, el Gran duque de Alba vivió, tal vez, la mayor encrucijada de su carrera militar. Y para enfrentarse a ella recurrió a todos los soldados españoles dispersos por Flandes. Entre ellos Sancho Dávila, que, ante el ataque marítimo, se había dirigido en un principio a Holanda para levantar el sitio de Middelburg, y ahora tenía que regresar desde la otra punta del mapa. Cuando Guillermo de Orange estaba cerca de darse la mano con la guarnición de Mons, Julián Romero y Sancho Dávila perpetraron una encamisada con 1.000 castellanos en el campamento rebelde. Las bajas fueron muy altas y el propio Guillermo de Orange escapó por poco. El ejército de socorro se había diluido y la guarnición se rindió a los pocos días.

La batalla de Mock: Dávila como general

En el trascurso de los siguientes meses, la guerra comenzó un periodo de no retorno, donde se vivieron los episodios más encarnizados. Ningún capitán de Flandes participaría en tantos como Sancho Dávila, especializado en conducir flotillas por Zelanda, dirigir escaramuzas, dominar los vados y apoderarse de puentes y barcazas. El abulense incluso sobrevivió a la marcha de su máximo valedor: el Duque de Alba. Lejos de desconfiar de su lealtad, Luis de Requesen –enviado para pacificar la zona en sustitución del veterano duque– valoró en alta estima la fidelidad mostrada por Dávila a su predecesor y le situó en su grupo de mando.

En el año 1574, Sancho Dávila obtuvo su mayor logro militar al frenar a Luis de Nassau en Mock. Por enésima vez en esa década, el hermano de Guillermo de Orange irrumpió desde Francia para atacar las provincias flamencas. Sancho Dávila se puso al frente de un ejército reforzado con unidades llegadas desde Italia y comenzó un cauteloso intercambio de amagos. Eso es probablemente lo mismo que hubiera dispuesto el Duque de Alba. Finalmente las maniobras desembocaron en una lucha campal donde la infantería española resistió con paciencia, y contraatacó con furia. Los españoles causaron la muerte de Luis de Nassau y Enrique de Nassau (otro de los hermanos de Guillermo «El taciturno»), así como de 3.000 hombres.

Desde la Corte, el Duque de Alba felicitó al capitán por su gran victoria como si de un hijo se tratase: «Todos los que os hallasteis en la batalla puedo decir que os he criado a mis pechos, especialmente vuesa merced, que tantos años andamos juntos en este oficio». Felipe II hizo lo propio y prometió enormes mercedes en el futuro. Como de costumbre, el Rey pagaba en forma de promesas. No obstante, la hazaña quedó empañada esa misma noche, pues los soldados decidieron cumplir sus amenazas previas y se amotinaron en protesta por las numerosas pagas atrasadas.

Comenzaba ese año un largo periodo donde los motines, los saqueos, las luchas internas y la muerte repentina de Requesens causaron la pérdida de prácticamente la totalidad de los Países Bajos. El capitán abulense se alzaría en estos años como el patriarca militar que sostuvo el orden cuando no había un mando superior y se encargó de camuflar el vacío de poder a ojos del enemigo. Aquel periodo terminaría con la llegada de Don Juan de Austria en 1577, quien portaba la instrucción de retirar la castellanía de Amberes a Dávila. Aunque aceptó la orden con obediencia, el veterano entendió en ese momento que su tiempo en Flandes había terminado.

A su regreso a España, Felipe II otorgó a Dávila el cargo de capitán general de Granada. Una disposición importante, pero con escaso ratio de acción. No fue hasta la campaña para tomar Portugal, en 1580, cuando Dávila, junto a un anciano Duque de Alba, recuperaron el primer plano militar. En el transcurso de esta guerra, el ejército castellano se impuso con brutal celeridad a los rebeldes lusos. El 11 de diciembre de 1582, pacificado todo el reino, el Duque de Alba fallecía a los 74 años en Lisboa. Y seis meses después lo hacía Sancho Dávila como queriendo no serle más a su mentor. La muerte le alcanzó de forma absurda cuando, viendo herrar un potro, recibió una patada del animal en el muslo. El golpe no parecía grave y la herida se cerró limpia, sin embargo nueve días después la zona se infectó con un desenlace fatal. La peor muerte para un guerrero, postrado en la cama.

La NASA graba un ovni cerca de la Estación Espacial Internacional


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  • No se trata de la primera ocasión en la que las grabaciones de la agencia muestran este tipo de objetos luminosos de extraña procedencia 

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Esta grabación difundida por la NASA hace ya algunos meses podría ser digna de horas de debate en la mesa de Cuarto Milenio. Las imágenes hablan por sí solas: un extraño objeto volador no identificado ha sido captado por las cámaras de la Estación Espacial Internacional en un vídeo publicado por la administración estadounidense. Pero en esta ocasión, a la organización le resultará un poco más complicado hacer creer que se trata de basura espacial.

El usuario de Youtube Streetcap1, experto en temas conspiratorios y avistamientos de ovnis, ha vuelto a cargar contra la NASA, recogiendo en su canal un nuevo vídeo en el que se avista uno de estos extraños objetos espaciales: «Durante un período en el que la cámara se mueve unos dos minutos, la NASA captó un objeto distante en color oro y rosa… necesitamos, para empezar, que las cámaras de la Estación Espacial Internacional empiezan a investigar el exterior y la NASA deje de tratar a la humanidad como a niños».

Las polémicas imágenes han incendiado la red y muchas páginas expertas en el fenómeno ovni no han dudado a la hora de afirmar que se trata de un nuevo avistamiento real que supone un nuevo contacto con vida extraterrestre, tal y como informa el periódico británico Daily Express. Algunos también han acusado a Streetcap1 de intentar engañar a la gente con material falso, pero él sostiene que su grabación proviene directamente de la emisión realizada por la agencia estadounidense.

 

El editor de la revista UFO y buscador de vida extraterrestre Scott C. Waring ha decidido seguir cargando contra la NASA, afirmando en tono irónico que le «encanta como la cámara de la ISS gira casualmente a la derecha, enfoca al OVNI y después continúa su camino como si nada». Waring duda que los tripulantes de la Estación Espacial Internacional y sus responsables desconozcan la existencia de otro tipo de vida más allá de la terrenal. «Ellos están en el espacio profundo y aprecian continuamente la tierra y todo lo que la rodea, ¿como podrían no haber visto el objeto luminoso? Claro que lo hicieron, simplemente no quieren que la gente los vea», comentó el experto para Daily Express.

El vídeo ya ha superado las 50.000 visitas y muchos usuarios no han podido resistirse a expresar sus opiniones sobre el posible avistamiento. «Esta grabación podría formar parte de un programa espacial secreto que esté intentando revelarnos la existencia de vida, pero dándole un aspecto accidental», afirmaba uno de los suscriptores del canal. Pero no todos los comentarios se dejaban llevar por la euforia propia de los amantes de lo paranormal, que les lleva a pensar- en ocasiones- que ven envuelto en un halo conspiratorio todos los fenómenos extraños que ocurren en la tierra y, por supuesto, también lejos de ella. «Tengo claro que el objeto extraño del vídeo, definitivamente, es Goku», comentaba uno de los usuarios, que optó por quitar hierro a un asunto que poco a poco, y ante la falta de información proveniente de organismos especializados, parece cobrar poco a poco la importancia perdida con el comienzo del nuevo siglo.

NASA: Expertos en «ocultismo»

Pero lo cierto es que, alejándonos de la suposiciones, no es la primera vez que la agencia estadounidense guarda silencio cuando salen a la luz grabaciones de este tipo difundidas por ellos mismos. En enero de este mismo año, NASA TV se encargaba de cortar una de sus emisiones en directo, justo cuando en el fondo de la imagen se comenzaba a apreciar un objeto merodeando por la atmósfera terrestre. El cazador de ovnis Toby Lundh, que asegura haber captado varias fotos en las que se aprecian de forma clara este tipo de objetos, afirma que «siempre que aparecen estos objetos, la NASA corta la alimentación cuando se acercan a la EEI».

Casualmente, tres meses antes, en octubre del 2014, era un vídeo difundido directamente por la NASA el que desataba la polémica. Durante una caminata de los tripulantes por la Estación Espacial, se aprecia durante cuatro segundos en el fondo de la imagen un gran objeto alargado, que flota inmóvil a poca distancia de la tierra. El ovni se hace visible entre el minuto 1:48 y el 1:52. Al instante, surgieron explicaciones de todo tipo para intentar aclaras este suceso. Desde que se trataba -como de costumbre- de basura espacial, hasta que lo que se distinguía en el fondo de la imagen era una nave encargada de abastecer a los inquilinos de la EEI. Aunque esta última hipótesis podría tambalearse, ya que la supuesta nave de abastecimiento solo se aprecia durante esos cuatro segundos. En el vídeo, esa misma cámara es pinchada en varias ocasiones y en ninguna de las restantes se distingue el extraño objeto alargado. Ni antes ni después de ese breve plano, que se encargó de alimentar todas las sospechas que afirman que si la NASA decide guardar silencio, es por algo.

No obstante, el profesor Andrew Ballogh, del Imperial College de Londres, intentaba explicar para Daily Mail la realidad «oculta» tras estos avistamientos. Eso sí, en su entrevista, el catedrático no se dejaba llevar por la corriente conspirativa y declaraba, para desilusión de los seguidores del fenómeno ovni: «En términos generales los avistamientos de ovnis se explican, bien por algún efecto del artefacto, incluso algunos por la basura espacial, o se dejan sin explicación ya que no hay suficientes pruebas. Es difícil juzgarlos por los vídeos, debido a su mala calidad. Si la NASA tiene acceso a las imágenes de alta calidad, pueden investigar más a fondo».

Se espera que, con el paso del tiempo, las cámaras de alta definición enviadas a la EEI hace unos días surtan efecto y, en lugar de dedicarse a grabar pastillas efervescentes consumiéndose dentro de pompas de agua, los tripulantes investiguen un poco más sobre la posible existencia de vida lejos de la tierra. Mientras esto no ocurra, habrá que esperar a que Iker Jiménez vaya desvelando poco a poco incognitas de este tipo en su programa.

El preso nazi 4.474


El Mundo

  • Un despacho de abogados dirige una demanda contra Alemania para que indemnicen a la familia de José Martí, un paternero ejecutado en la cámara de gas de Gusen
  • ‘Mi tío, fuera rojo o colorado, era español. Y tiene que reconocerse su sufrimiento’
    Sabemos del dolor de José por los supervivientes. Nadie nos notificó su muerte

Sabemos del dolor de José por los supervivientes. Nadie nos notificó su muerte

La mesa de un céntrico despacho de abogados de Valencia reúne a siete sobrinos de José Martí Oliva, un valenciano que dejó atrás su casa huyendo del bando nacional, buscando la libertad. Nunca volvió. Fue el prisionero 4.474 de los nazis, primero lo enviaron al campo de concentración de Mauthausen y más tarde a Gusen, donde murió dentro de una cámara de gas porque ya no valía para trabajar. Estaba herido y no era útil para los nazis, molestaba.

Hasta 2008 sus sobrinos no tuvieron ninguna comunicación oficial de su muerte, Francia fue el país que les informó, 67 años después, de que a José Martí lo asesinaron los nazis el día de Navidad del año 1941. Conocían lo que allí ocurrió pero por boca de los valencianos que sí consiguieron escapar. Ahora han emprendido una batalla legal, coordinados por el despacho de abogados de José Domingo Monforte, para que Alemania les indemnice alegando que no se acogieron al plan puesto en marcha en los años 60 para compensar a las víctimas del Holocausto porque desconocían el trágico desenlace de José. No quieren el dinero, si les conceden la ayuda la donarán, sólo buscan que la vida de José no quede en el olvido: «Mi tío, fuera rojo o colorado, era español. Y tiene que reconocerse su sufrimiento». De momento ya han conseguido algo: el recuerdo de José ha unido a la familia más que nunca.

‘Nuestro ordenamiento jurídico no regula de forma directa estas indemnizaciones’

La historia de José empieza a escribirse el 5 de febrero de 1910 cuando nace en Paterna, un municipio próximo a Valencia. España entra en guerra y se alista en el bando republicano, en la compañía de Lister. Durante la Batalla del Ebro, una de las más largas y sangrientas, cae herido. Es trasladado al hospital de Mislata y allí, mientras cicatrizan sus heridas, conoce el final de la guerra y la derrota de los suyos. La victoria de las tropas de Franco le sitúan en la diana de la persecución política. Escapó a Alicante en busca de un barco que le sacaría del país pero ese barco nunca llegó, y de ahí emprendió un viaje a pie, herido, hacia Francia a través de los Pirineos. Se fue con las tropas de Lister para combatir en territorio francés contra el ejército alemán y volver al campo de batalla. Continúa la lucha pero esta vez en el escenario de la Segunda Guerra Mundial.

En Francia cae prisionero de las tropas de Hitler y emprende un camino hacia Austria, al campo de concentración de Mauthausen, y más tarde a Gusen. «Sabemos de los sufrimientos que padeció allí José gracias al testimonio de otros dos paterneros, Miquel Liern y Manuel Peris, que compartieron con él la angustia del encierro, la tortura, el hambre y los trabajos forzosos», cuenta la familia. A diferencia de José sí consiguieron salir vivos de aquel infierno.

Ellos contaron que José fue obligado a trabajar en una cantera, portaba mochilas cargadas con piedras. Su salud era débil, muy débil, la cojera de la pierna le hacía muy difícil el trabajo. La escasez de comida, de descanso, de medicinas, le fue debilitando. Ya no era útil para los nazis. Siete meses después de su ingreso en el campo de concentración fue ejecutado en la cámara de gas. Tenía 30 años. Todo lo demás es ausencia para la familia.

Su muerte quedó registrada porque el prisionero que se encargaba de hacer un listado de altas y bajas en el campo de concentración hizo una copia de esa lista negra y la escondió. Allí estaba el nombre de José. «Nunca pudimos recuperar su cuerpo, no tenemos siquiera una tumba donde llorarle». Es Amparo Soler, la sobrina mayor de José. «Mi abuela esperaba su regreso. Nadie le notificó oficialmente su muerte. Si no llega a ser por los dos supervivientes del pueblo, no habría conocido el final de su hijo. Mi tío les pidió que contarán su historia y ellos cumplieron su palabra».

La madre de José llamó a algunas puertas, pidió en su día que se le compensará por tanto sufrimiento, pero no se dirigió a las administraciones adecuadas, eran otros tiempos. Hoy sus nietos continúan con su lucha.

José Domingo Monforte es su abogado, dirige uno de los despachos de abogados más prestigiosos de Valencia. Este jurista ha iniciado una investigación jurídico-legal para conocer y, en su caso, solicitar todas las compensaciones que puedan corresponder a las víctimas y perjudicados por los crímenes de la Segunda Guerra Mundial. De momento cuenta con la ayuda de la embajada española en Berlín.

«Es una tarea complicada porque en nuestro ordenamiento jurídico estas indemnizaciones no se regulan de forma directa como ocurre en otras legislaciones extranjeras. Y los demandantes son sobrinos, José nunca tuvo hijos y sus padres ya han fallecido». Pero no se rinde: «Intentaremos dar visibilidad a la historia de José, a su sufrimiento y al de su familia y agotaremos todas las vías posibles para que su encarcelamiento, tortura y muerte no queden impunes».

Hiroshima y Nagasaki, 70 años de efectos secundarios


El Pais

  • Los científicos creían que el impacto de la radiación desaparecería en 20 años
  • Aún hoy aparecen nuevas patologías relacionadas con la bomba atómica

 

Imagen tomada el 8 de septiembre de 1945 de lo que quedaba de Hiroshima. / AP Photo/U.S. Air Force

Imagen tomada el 8 de septiembre de 1945 de lo que quedaba de Hiroshima. / AP Photo/U.S. Air Force

44,4 segundos tardó Little Boy en hacer explosión desde que salió de la panza del B-29 Enola Gay. En 30 minutos, el hongo radiactivo sobre Hiroshima empezaba a deshacerse. Pero sus efectos secundarios persisten 70 años después. Miles de supervivientes son atendidos cada año por enfermedades relacionadas con las dos bombas atómicas que EEUU usó contra Japón. Incluso, a medida que envejecen, los conocidos para siempre como hibakusha (los bombardeados, en japonés) desarrollan nuevas enfermedades relacionadas con lo que vivieron aquel agosto de 1945.

En Hiroshima murieron al menos 80.000 personas el día de la detonación. En Nagasaki, aunque la segunda bomba, Fat Boy, era más potente que la primera, las muertes rondaron las 40.000. El desvío del artefacto de plutonio y la topografía de la ciudad minimizaron las bajas. Como habían previsto los científicos y los militares, la mayoría de las víctimas iniciales sucumbieron a la onda expansiva, la energía térmica generada y la radiación ionizante inicial. Muchos miles más murieron en los días, semanas y meses posteriores. En total, unas 214.000 personas murieron por el efecto directo de las bombas. Pero, lo que pocos esperaban es que su impacto duraría no unos años sino décadas enteras.

“Los científicos que crearon la bomba sabían sin duda de los efectos perjudiciales de la radiación y que la provocarían con ella”, dice el profesor del Instituto de Tecnología Stevens (EEUU), Alex Wellerstein. “Pero, lo que no esperaban es que murieran tantos japoneses por la radiación, ya que pensaban que todo aquel lo suficientemente cerca de la zona cero de la bomba como para recibir una dosis fatal de radiación moriría antes por el efecto del fuego y la onda expansiva. Sin embargo, la realidad no siempre coincide con los modelos teóricos y entre el 15% y el 20% de las muertes se debieron a los efectos de la radiación”, añade este experto que prepara un libro sobre la historia nuclear secreta de EEUU.

Los políticos, militares y científicos de la administración Truman que trabajaron en la bomba querían que fuera definitiva, que empujara a Japón a una rendición incondicional. Tras el ensayo exitoso de Trinity, la primera bomba nuclear, en el desierto Jornada del Muerto (Nuevo México) unos días antes, estaban convencidos de la devastación que provocarían Little Boy y Fat Man.

Unos 214.000 japoneses murieron tras las bombas atómicas. Aún quedan otros 200.000 supervivientes

De los varios objetivos propuestos, hubo algunos en aquel grupo que querían tirar la bomba en la bahía de Tokio. Una explosión de tal envergadura frente al palacio imperial y las ventanas del Gobierno nipón les obligaría firmar la capitulación y las víctimas habrían sido casi testimoniales. Sin embargo, ganó el ala dura. Si querían impresionar a los generales japoneses y, de paso, al mundo entero, con el poder de EEUU en forma de bomba, había que tirarla en una ciudad para que la destrucción y la mortandad sirvieran de ejemplo. De forma algo macabra, Hiroshima y Nagasaki formaron parte de una lista de ciudades objetivo que no había que bombardear con armamento convencional o bombas incendiarias. Querían reservarlas intactas para la bomba atómica.

Walter Oppenheimer, John von Neumann, Enrico Fermi y otros científicos que participaron en la creación de la bomba tenían claros los efectos de la radiación. De hecho, Oppenheimer preparó un documento con instrucciones a seguir por los que lanzaran la bomba para evitar que les alcanzara. Lo que no tenían tan claro es que sus efectos perdurarían durante tanto tiempo. Es la paradoja cruel de Hiroshima y Nagasaki, como dice el profesor de la Universidad de Manchester, Richard Wakeford, “lo cierto es que los estudios con los supervivientes de la bomba atómica han permitido conocer mucho mejor los efectos de la exposición a la radiación”.

Wakeford, junto a varios colegas de la Universidad de Hiroshima y la Universidad Médica de Fukushima, han estudiado los efectos a largo plazo de la radiación. La lectura de sus resultados, publicados recientemente por la revista médica The Lancet, impresiona. El estudio sistemático de los hibakusha comenzó en 1950, cinco años después de que fueran detonadas las bombas. El primer estudio (LSS) incluyó a 94.000 supervivientes que se encontraban en un radio de 10 kilómetros de la zona cero de Hiroshima aquel 8 de agosto. Tras ampliar el radio y sumar las víctimas de Nagasaki, la cifra fue aumentando.

Según cifras oficiales, en 2014, había 197.159 hibakusha vivos. La cifra no incluye a los hijos de supervivientes concebidos después de la bomba pero sí a unos 5.000 que aún estaban en el vientre de su madre cuando estallaron Little Boy y Fat Man. Otros muchos murieron antes de nacer. De los que nacieron vivos, una buena parte presentaban cuadros que eran nuevos para la ciencia médica: aberraciones cromosómicas, electroforesis (separación por campo eléctrico) de las proteínas o polimorfismos en el ADN.

 

El hongo radiactiivo empezó a disiparse 30 minutos después de la explosión / US NATIONAL ARCHIVES / HANDOUT (EFE)

El hongo radiactiivo empezó a disiparse 30 minutos después de la explosión / US NATIONAL ARCHIVES / HANDOUT (EFE)

Solo tres años después de las bombas, el número de casos de leucemia entre los hibakusha ya era superior al de las poblaciones no expuestas y el aumento del riesgo relativo (comparado con grupos de control) tendría su pico a los siete años. Los que eran niños en 1945, presentaron los mayores índices de leucemia de todos los supervivientes. En cuanto a los distintos tipos de cáncer sólido (sarcomas, carcinomas y linfomas, por ejemplo), el aumento de la incidencia se detectó a los 10 años. El riesgo de sufrir un tumor se mostró además muy relacionado con la dosis de radiación recibida.

La edad es un factor que interviene en la carcinogénesis, así que el cáncer se fue manifestando con mayor fuerza a medida que los supervivientes envejecían. Hoy, la media de edad de los hibakusha es de 80 años. Según la Cruz Roja Japonesa, de las muertes de supervivientes registradas en el hospital de Hiroshima desde marzo de 2014, casi dos tercios fueron por tumores malignos, destacando el cáncer de pulmón, estómago y leucemia.

El estudio preparado para The Lancet también repasa otras enfermedades no relacionadas con el cáncer. Aquellos que recibieron altas dosis de radiación presentaron y presentan una mayor incidencia de daños en tejidos, problemas de riñón, infartos cerebrales, alteración del sistema inmunológico o ataques cardíacos. Lo intrigante es que esta mayor incidencia de estas patologías no aparece hasta después de 1980, cuarenta años después de las bombas.

Además del cáncer, los supervivientes sufren enfermedades cardíacas, infartos cerebrales o estrés postraumático

Incluso hoy, aparecen nuevas enfermedades relacionados con la radiación. Un informe de la Cruz Roja destaca cómo entre los más de 6.000 hibakusha tratados en los hospitales de Hiroshima y Nagasaki en lo que va de año, están apareciendo problemas circulatorios. El doctor Masao Tomonaga, también un hibakusha, experto en los efectos de la radiación sostiene: “Hasta ahora, creíamos que no había conexión entre la exposición a la radiación y las enfermedades circulatorias. Sin embargo, a medida que los supervivientes envejecen, muchos de ellos sufren de ataques cardíacos y anginas”.

Y no solo les envenenaron el cuerpo, también el alma. Los sucesivos seguimientos de los supervivientes muestran la alta incidencia de ansiedad o estrés postraumático. En los primeros años, además, eran unos apestados. Muchos de ellos sufrieron discriminación a la hora de encontrar trabajo o casarse. Aún hoy, 70 años después, muchos hibakusha no se han recuperado de la pérdida no solo de su familia o amigos, sino de toda su comunidad en apenas unos segundos.

Hardy Krüger, el soldado nazi que triunfó en Hollywood


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  • El actor alemán perteneció a las SS, combatió del lado de Hitler y fue capturado por los aliados, hasta que escapó y acabó protagonizando películas junto a John Wayne
Hardy Krüger, en una escena de «Un puente lejano» (1977)

Hardy Krüger, en una escena de «Un puente lejano» (1977)

En los tres años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se calcula que fueron expulsados de diversos países europeos entre 12 y 14 millones de alemanes. A lo ojos del resto de mundo representaban el Estado que había traído la muerte, la destrucción y la ruina al resto del planeta, con un conflicto que le había costado la vida a más de 50 millones de personas y un Holocausto que acabó con otros seis millones más. El odio llegaba a tal punto que, incluso, nadie quería ver en sus películas a actores germanos, muchos de los cuales habían combatido, además, del lado de Hitler.

Entre ellos, sin embargo, hubo un caso sorprendente y único, el de Hardy Krüger. Este actor logró superar su pasado nazi como miembro de las SS y como soldado del Tercer Reich, para convertirse en el primer actor alemán en protagonizar películas en Londres, París, Sydney, Moscú y Estocolmo, llegando a triunfar en Hollywood.

Hardy Krüger nació en Berlín el 12 de abril de 1928. A los 13 años, como le ocurría a la mayoría de chicos de su edad, fue reclutado por la Juventudes Hitlerianas («Hitler Jugend»). Seleccionado por sus maestros y líderes estudiantiles, el pequeño y delgado berlinés recibió la orden de unirse a la Escuela de Adolf Hitler en el Ordensburg Sonthofen, en Baviera. Sus padres, admiradores ávidos del Führer, consideraron aquello un gran honor, pues no era fácil ingresar. Tenía 15 años entonces y había comenzado la Segunda Guerra Mundial, cuando fue contratado para interpretar su primer papel en el cine, en la película «Joven águila».

Su debut en el cine

El azar quiso que su director, Alfred Weidenmann, diera con aquel divertido joven en el más improbable de los lugares: detrás de las paredes grises de la Escuela de Hitler. Casi sin darse cuenta, y sin ser consciente de que aquello cambiaría su vida, Krüger se vio rápidamente en un tren camino de Berlín.

Weidenmann cogió cariño al muchacho, naciendo una amistad que duraría toda la vida. El famoso director de cine alemán era un hombre de dos caras. Por un lado, era capaz de mostrar una sonrisa que iluminaba cualquier sala mientras hacía el saludo nazi absolutamente convencido y, por otro, daba refugio a cualquier judío que se encontrara en su camino para evitar que acabara en una cámara de gas o en un campo de concentración.

De hecho, «Joven águila» fue una producción del Tercer Reich encargada directamente a Weidenmann, en la que, sin nombrar al Gobierno nazi, se inducía a la población más joven a que considerara trabajar en la fabricación de aviones a una edad temprana. Sea como fuere, si un largometraje de este calibre, en lo que a presupuesto y apoyos se refiere, se hubiera rodado en otra época o país, la carrera cinematográfica de Krüger, probablemente, habría despegado.

De las SS a la rendición

Sin embargo, no eran tiempos para el ocio y el joven actor tuvo que regresar a la Escuela de Hitler de la que le habían sacado para el rodaje. Menos de un año después de su estreno, el joven actor fue reclutado también por la Wehrmacht (Ejército alemán) y, a principios de 1945, incorporado a la 38ª División de los Granaderos de Nibelungen de las SS. Se trataba de la última división que los nazis crearon en la Segunda Guerra Mundial, cuyo nombre hacía referencia a la pieza musical del poema medieval del «Anillo de los Nibelungos», compuesto por Richard Wagner en el siglo XIX.

En los primeros días de abril de 1945, la división de Krüger se incorporó a las batallas que el Ejército alemán mantenía con los estadounidenses en el Río Danubio. Las tropas de Hitler establecieron una línea de defensa de 20 kilómetros entre Kelheim y Vohlgurg, que después tuvieron que extender 15 kilómetros más por la falta de refuerzos. Aquel despliegue fue una locura, pues dejó mucho terreno desprotegido y los aliados pudieron arrasar con todo el territorio fácilmente. A los germanos no les quedó otra opción que retirarse.

A partir del 1 de mayo, Krüger y los suyos se enfrentaron con los norteamericanos en varias ocasiones, sufriendo los alemanes un número elevado de bajas. El joven actor se encontraba entre los pocos supervivientes que quedaron cuando el nuevo Jefe del Estado, el almirante Karl Doenitz, ordenó el alto el fuego y la rendición. Hardy Krüger se entregó y, con el resto de sus compañeros, fue hecho prisionero. Algunas biografías cuentan que, durante su cautiverio, intentó escapar tres veces y que lo consiguió en la última, poco antes de que se decretara el final de la guerra. Otras fuentes dicen que fue liberado.

Años más tarde, Krüger aseguró que «odiaba el uniforme nazi». Durante el rodaje de «Un puente lejano» (1977), donde interpretaba a un general de Hitler, cuentan que se ponía una capa superior sobre su traje de las SS nada más acabar cada toma. «No quería recordar mi infancia en Alemania durante la Segunda Guerra Mundial», comentó sobre la anécdota.

Su carrera como actor

Tuvieron que pasar cuatro años, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial, para que Krüger volviera a actuar. En 1949 participó en tres películas. En los siguientes diez años, hasta que fue descubierto por Joseph Arthur Rank, rodó doce más, algunas de las cuales tuvieron su hueco en ABC, como a «Dos caras del destino», con Weidenmann de nuevo. Fue entonces cuando este distribuidor inglés le consiguió incluir en el reparto de tres largometrajes británicos, protagonizando alguna: «El único evadido» (1957), «Bachelor of Hearts» (1958) y «Cita a ciegas» (1959). En todos, curiosamente, aún era presentado como un actor extranjero y no alemán.

Aunque ese sentimiento de odio hacia lo germano aún estaba presente en la Europa de la posguerra, Hardy Krüger acabó abriéndose camino y convirtiéndose en uno de los actores favoritos del viejo continente, a pesar de su pasado nazi. Su pelo rubio y sus ojos azules le ayudaron, efectivamente, a que le ofrecieran papeles de soldado alemán, tan habituales en las películas bélicas de la época.

Aquello le allanó el camino para su primer papel en Estados Unidos, nada menos que como protagonista de una película junto a John Wayne, «Hatari!» (1962), que cuenta la historia de un cazador que recorre el mundo capturando animales para venderlos a los zoológicos, y que reúne a un equipo para marcharse a las llanuras de Tanganika (actual Tanzania), en busca de cebras y jirafas.

En la cima

La carrera de Krüger estaba en lo más alto. Había conseguido hacer una pequeña fortuna que le dio para comprarse una propiedad en las tierras de Tanzania, donde había rodado junto a Wayne. Allí construyó una casa para él y un hotel de bungalows, que mantuvo hasta 1978. En aquel año, una noticia del diario alemán «Nashua Telegraph» anunciaba que el actor se mudaba a Estados Unidos para continuar su carrera cinematográfica.

Su fluidez con el alemán, el inglés y el francés era muy apreciada por los productores europeos y estadounidenses. Eso le ayudó a ser más selectivo con los guiones y participar en coproducciones internacionales de mejor calidad. Ganaba el dinero suficiente como para dedicarse a escribir e iniciar también su carrera como escritor, publicando más de una docena de libros.

A sus 87 años, Hardy Krüger es hoy considerado uno de los actores más importantes de la historia de Alemania y Europa. Su pasado en las juventudes nazis y como soldado de Hitler durante la Segunda Guerra Mundial es una mancha aborrecida por él y no tenida en cuenta por el público. Tanto es así que ha recibido varios premios en su país de origen por su carrera como intérprete, tales como la Legión de Honor en grado de Oficial, en 2001, y el Premio Bambi por su trayectoria profesional, en 2008. Y por si no fuera suficiente, es hoy el único actor alemán que, a excepción de la actriz Hildegarde Neff, ha protagonizado una obra en Broadway.

El enigmático mensaje con 2.000 años que podría autodestruirse antes de ser descifrado


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  • Varios arqueólogos han hallado una pintada en un antiguo baño de Israel que podría acabar desapareciendo por su contacto con los elementos
Israel Antiquities Authority Se cree que las pintadas podrían haber sido por un bromista de la época

Israel Antiquities Authority
Se cree que las pintadas podrían haber sido por un bromista de la época

Desde varios buques, hasta diferentes especies de palmeras. Estos son los símbolos que, hace aproximadamente dos meses, fueron descubiertos en una cueva subterránea de Israel. En principio, podría parecer que no son más que ilustraciones realizadas por judíos de hace 2.000 años. Sin embargo, forman parte de un extraño mensaje que los científicos luchan a contrarreloj por descifrar. Y es que, tal y como ha informado la versión digital de «Live Science», al ser expuesta a los elementos, la pintura ha empezado a deshacerse por causas naturales.

El mensaje está formado por una serie de símbolos y letras dibujadas y talladas en la ladera de un «mikve», un antiguo baño ritual judío cuya finalidad era purificar el cuerpo y alma de aquel que se introdujera en él. El hallazgo fue realizado hace aproximadamente dos meses en Armona (Jerusalén) por miembros de la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA). Estos realizaban una inspección rutinaria de una antigua construcción de la zona cuando se percataron de que incluía una instalación subterránea con una sala de baño.

Un curioso mensaje

Los símbolos que adornan las paredes de yeso del baño incluyen, entre otras cosas, barcos, palmeras, varios tipos de plantas y, posiblemente, una menorah (una lámpara de aceite de siete brazos típica de esta religión). Según los expertos, una parte de estas marcas habrían sido realizadas con la mano mediante hollín y barro, mientras que el resto fueron talladas en la pared. Además de los susodichos dibujos, también han podido encontrarse varias palabras escritas en arameo que, según el grupo, están fechados entre el siglo 538 a.C. y el 70 d.C. (el denominado período del Segundo Templo).

«Esta concentración de inscripciones y símbolos de la época del Segundo Templo en un mismo lugar, y en un estado de conservación tal, es rara, única e intrigante», han explicado Greenwald Royee y Alexander Wiegmann, los directores de la excavación y pertenecientes a la Autoridad de Antigüedades de Israel (IAA), en un comunicado.

De momento, los investigadores trabajan a marchas forzadas para descifrar las inscripciones. Y es que, aunque están familiarizados con la mayoría de lo símbolos (destacando la vegetación y los navíos, que son muy habituales en los baños de construcciones similares), no sucede lo mismo con la menorá, la cual les ha dejado desconcertados. ¿La razón? Es la primera vez que la ven en un lugar como este, pues los antiguos judíos evitaban dibujarla por ser un objeto sagrado. De hecho, los investigadores han señalado qu la presencia de este símbolo podría cambiar radicalmente la esencia del mensaje.

La Autoridad de Antigüedades de Israel aún no ha adelantado una primera traducción, pero ya han afirmado que las palabras halladas están escritas en arameo y que podrían ser desde las marcas de un antiguo bromista, hasta una persona profundamente religiosa. Con todo, están teniendo que trabajar con rapidez, pues, desde que los símbolos han sido expuestos a los elementos (la luz, el aire y el agua) están desapareciendo poco a poco. Por ello, la rapidez es clave para poder preservarlos.

Le devuelven 70 años después la cartera que perdió luchando contra los nazis


ABC.es

  • El soldado Eligio Ramos ha recibido siete décadas después un bonito recuerdo de su paso por Austria durante la contienda
YouTube Ramos, junto a su unidad durante la Segunda Guerra Mundial

YouTube | Ramos, junto a su unidad durante la Segunda Guerra Mundial

Hace 70 años que Eligio Ramos, un soldado estadounidense que combatió contra Adolf Hitler en la Segunda Guerra Mundial, perdió su cartera y sus documentos después de haber pasado la noche en un establo austríaco. En aquellos años, los norteamericanos avanzaban como alma que lleva el diablo hacia Berlín y los nazis acechaban en cada casa, por lo que el militar decidió no darle mayor importancia y continuar su camino junto a su unidad.

Sin embargo, a pocas jornadas de que se celebre el 70 aniversario del final de la contienda, este combatiente (ahora de 91 años) ha recibido su billetera de manos de un europeo que la halló en la casa de su abuelo.

Tal y como afirman varios diarios internacionales como la cadena «ABC», el hombre que encontró este preciado tesoro fue Josef Ruckhofer, un médico de Salzburgo que halló la cartera bajo un tablón mientras limpiaba la granja de su difunto abuelo el junio pasado. En principio no le dio mayor importancia y creyó que no era más que basura pero, cuando se percató de la joya que tenía entre sus manos, revisó la documentación interior para tratar de descubrir a quién pertenecía.

Así descubrió que pertenencia a Ramos, un texano que se había resguardado una noche junto a su unidad en la granja de su abuelo en 1945. «La cartera tenía fotografías de su familia, de una mujer y de un niño, además de viejos sellos, pero no había dinero. Sabiendo que este año se conmemora el 70 aniversario de la fiscalización de la Segunda Guerra Mundial, creí que sería buena idea encontrar al dueño y devolvérsela. Eso, si todavía estaba vivo», señaló Ruckhofer en declaraciones recogidas por la cadena estadounidense «ABC» y el diario «Daily Mail»

Eligio Ramos, junto a su billetera ABC

Eligio Ramos, junto a su billetera | ABC

En un principio, hizo una búsqueda a través de internet y de una guía telefónica de Texas. Sin embargo, no logró averiguar el paradero de Ramos. Con todo, lejos de rendirse amplió su búsqueda a todos Estaos Unidos y, finalmente, halló a su dueño en California. Para cerciorarse de que era él quien había perdido la cartera, le envió una carta con una copia de todos los documentos solicitándole que le llamara si era de su propiedad.

«Después de que pasara una semana, recibí un correo electrónico de su hijo. Este me confirmó que había encontrado al Eligio Ramos correcto y que su padre estaría muy contento si le enviaba la billetera», señala Ruckhofer. A su vez, su interlocutor le señalaba que todavía no había hablado con su progenitor (el único superviviente de su batallón) debido a que esta en el hospital pero que sabía que le haría mucha ilusión recibirla. Así pues, facturó un paquete con el tesoro y, probablemente, dio una alegría a este veterano.

El falso héroe español que humilló a la flota del pirata Barbarroja


ABC.es

  • José Luis Hernández repasa en su último libro la vida de varios extranjeros que lucharon al servicio de los Austrias y son confundidos usualmente con peninsulares

    Wikimedia | El sitio de La Goleta fue la principal victoria de Doria contra el pirata

    Wikimedia | El sitio de La Goleta fue la principal victoria de Doria contra el pirata

Hubo un tiempo en el que, según decía Felipe II, en el Imperio español no se ponía el sol. Y es que, el territorio conquistado y las posesiones de nuestra bandera se extendían por medio mundo a costa de las vidas (y las gónadas) que los soldados de los Tercios españoles se dejaban por tierra y mar. No obstante, tanto en ese momento como unos años atrás, no habría sido posible conquistar y mantener tan extensas propiedades sin la ayuda de combatientes extranjeros que pusieron sus armas al servicio de los hispanos. Uno de ellos fue Andrea Doria, un capitán de merceros genovés que luchó bajo el pendón del águila bicéfala del emperador Carlos I durante décadas. Mal considerado hoy como un héroe nacido en la Península, este almirante se enfrentó hasta los 85 años con decenas de piratas y llegó a humillar al corsario Barbarroja en el asedio que la cristiandad hizo de Túnez a principios del siglo XVI.

La vida de Andrea Doria es una de las que incluye el escritor José Luis Hernández Garvi en su último libro, «Héroes, villanos y genios». En la obra -ganadora de la XII edición del premio Algaba convocado por la editorial «Edaf»- este reconocido divulgador histórico repasa la vida de una serie de personajes considerados erróneamente como españoles. «En sus páginas he querido recoger las biografías de insignes extranjeros que sirvieron a España durante el reinado de los Austrias, personajes que destacaron en los campos de la milicia, la política, las artes o las ciencias y que se implicaron de tal forma con los intereses y la cultura de nuestro país que en ocasiones son confundidos como españoles. Algunos son muy conocidos para el gran público. Otros, en cambio, han pasado de puntillas por nuestra historia a pesar de la trascendencia que sus actos y obras tuvieron en su momento», explica, en declaraciones a ABC, el autor.

Primeros años

A pesar de que ha pasado erróneamente a la historia de España como Juan Andrea Doria (pues su nombre real no tiene ningún atisbo español), este marino vino al mundo en Oneglia, una ciudad genovesa del Ducado de Milán, el 30 de noviembre de 1466. A partir de entonces, la infancia de Andrea Doria se difumina en el devenir de aquella primitiva Italia, pues no se conocen demasiados datos sobre él. Tal solo se sabe que provenía de una familia adinerada venida a menos (una forma educada de decir que la liquidez les empezaba a escasear) y que se quedó huérfano cuando apenas contaba con 17 primaveras.

Con todo, lo cierto es que perder a sus padres avivó sus ansias de convertirse en militar, un camino que terminó recorriendo debido -curiosamente- a que lo que atesoraba en la cartera no le daba para dirigir sus pasos hacia el clero. Así pues, al no poder desembolsar una generosa cuantía de monedas para «calzarse» un hábito, este genovés se dirigió hacia Roma para empezar a hacerse ducho en el arte de la espada. Su destino: el ejército de los Estados Pontificios. «Para un joven de su linaje se le abrían dos caminos, la carrera eclesiástica o el ejercicio de las armas. Finalmente optó por la segunda. Viajó hasta Roma, donde su primo Nicolò Doria era comandante en jefe de la guardia del papa Inocencio VIII. Gracias a este contacto se convirtió en un joven recluta», explica Hernández Garvi en declaraciones a este periódico.

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Andrea Doria, como Neptuno Wikimedia

En este contingente militar combatió a las órdenes del papa Inocencio VIII. Al menos, hasta que este falleció y fue sustituido por Alejandro VI. Aquel cambio de dirección en la Iglesia no fue demasiado apreciado por el genovés, quien decidió apartar sus habilidades como militar del ejército pontificio y usarlas de tal forma que le pudieran llenar la bolsa de dinero. Así pues, y a pesar de su juventud, se convirtió en condotiero.

«La función principal del condotiero era la de un comandante mercenario que tenía bajo su mando a un grupo de experimentados soldados que se vendían al mejor postor. En medio del clima convulso de las constantes guerras en la Italia del siglo XVI, los soldados de fortuna procedentes de diferentes países europeos fueron ampliamente demandados por los distintos contendientes. Como si se tratase de un empresario ofreciendo sus servicios, el condotiero negociaba directamente con el cliente, casi siempre una ciudad estado italiana, las condiciones en las que debía desarrollarse la campaña y la paga de las tropas que servían a sus órdenes», completa el escritor.

Hacia los mares

En palabras de Hernández Garvi, sus dotes de mando no tardaron en convertirle en uno de los condotieros más reconocidos de la época. Así lo demostró en batallas como la de Roca Guillermina, en la que (tras ser contratado por el Duque de Urbino) sus hombres asaltaron una fortaleza defendida por soldados españoles. Aquella jornada de 1503, y a pesar de que los hispanos derrotaron en inferioridad numérica a los gabachos gracias al Gran Capitán, Doria dejó claro a sus enemigos que sabía perfectamente como asestar mandobles con una espada y dirigir a sus mercenarios. De hecho, Gonzalo Fernández de Córdoba trató de convencerle para que se dejara arrendar por la Corona española, pero el genovés se negó y se mantuvo fiel a sus actuales patronos. Debió considerar que más valía dinero conocido que riquezas por descubrir.

Francisco I, uno de los principales patronos de Doria Wikimedia

Francisco I, uno de los principales patronos de Doria
Wikimedia

Su valor quedó probado también en el mar, donde posteriormente llevaría a cabo la mayor parte de su carrera militar. Y eso, a pesar de que en principio no planeaba dar con sus huesos en las aguas. No obstante, aceptó empezar a combatir en el líquido elemento cuando su Génova natal se rebeló contra los galos y su petulante rey Francisco I. Aquel año demostró que era un patriota y que tenía un precio, pues le pagaron una buena cantidad de monedas a cambio de su colaboración. «Sus combates más importantes, quizá más por la trascendencia que supuso en su vida posterior que por su brillantez, se desarrollaron durante su participación en la revuelta de Génova contra el dominio francés. A pesar de carecer de experiencia como marino, la ciudad confió en sus capacidades y decidió nombrarle comandante de la flota genovesa», señala el autor.

Durante aquel enfrentamiento, el condotiero logró evitar que los galos (que se habían atrincherado en Génova) recibieran provisiones, por lo que acabaron izando la bandera blanca y retirándose con la «baguette» entre las piernas. «Doria consiguió apoderarse de un barco con suministros para la aislada guarnición francesa. El apresamiento agravó la situación de los ocupantes que se vieron obligados a retirarse. Aquella victoria obtenida sobre las aguas del Mediterráneo supuso para Doria el inicio de su carrera como marino de guerra, marcando su destino para siempre», añade Hernández Garvi.

De odiar, a amar a Francia

Poco después, Doria demostró que, a pesar de todo, era un soldado al que le llamaba más la fortuna que el honor. Y es que, tras combatir durante dos años a los piratas del Mediterráneo, terminó poniéndose a las órdenes del rey de Francia (contra el que pocos años antes había combatido) después de que las tropas galas tomaran de nuevo Génova. Lo cierto es que el almirante no era precisamente estúpido y, sabedor de la necesidad que tenía el ejército gabacho de oficiales con experiencia, pensó que lo mejor sería dejar a un lado la bandera de su patria y enarbolar la del enemigo. No falló en sus predicciones, pues el franchute le ofreció más oro del que podía contar para que se uniera a sus filas y le dio el puesto de capitán general de los soldados desplegados en Italia.

Todo el mundo tiene un precio, que se suele decir, y el de Doria era ese, por lo que se limitó a cambiar los paños que ondeaban en los mástiles de sus galeras y recoger su dinero (y su nuevo cargo) con una sonrisa. Había comenzado su vida como galo y, por lo tanto, le tocaría darse de mamporros con los españoles en no pocas ocasiones. La más destacada se sucedió en 1524, cuando ya contaba sus 58 veranos. Aquel año, concretamente, el Conde Carlos III de Borbón (aliado de nuestro Carlos I) se propuso irritar a los galos conquistando Marsella. Lo cierto es que consiguió crispar los nervios de Francisco I. Y es que, se presentó con sus tropas en la mismísima puerta de la ciudad y la puso bajo asedio.

Retrato de Andrea Doria Wikimedia

Retrato de Andrea Doria
Wikimedia

El gabacho, por su parte, soltó algún que otro improperio en francés y solicitó ayuda al condotiero, quien ya había abandonado los combates en tierra firme y había iniciado, de forma definitiva, su carrera como marino. «Las tropas cesáreas pusieron asedio a Marsella en julio, defendida por Renzo di Ceri por tierra y Andrea Doria por mar, cuya intervención fue decisiva por la táctica y estrategia desarrolladas por el invicto marino genovés. El cerco de Marsella se fue haciendo cada vez más duro hasta el 21 de septiembre, en cuya fecha la infantería bajo el mando del Condestable Borbón se resistió a combatir», explica el cronista Vicente de Cadenas y Vicent (contemporáneo de Doria) en su obra: «El fin de la Republica Florentina: segunda reposición de los Medicis en Florencia por los ejércitos españoles».

A día de hoy es imposible saber si las tropas imperiales tuvieron posibilidades reales de conquistar Marsella. Sin embargo, la espera fue su perdición, pues al final tuvieron que salir de la zona a toda prisa ante el avance de Francisco I quien, día va, día viene, había organizado un disciplinado ejército para expulsar de la zona a los españoles y arrasar a su ejército. «Los aliados se retiraron de Marsella el 29 de septiembre y regresaron a Italia. […] El ejército de Francisco I era en aquellos momentos el más organizado, el de más ejercitada táctica, y con el mando más famoso de capitanes conocidos en Europa, integrado por fuertes contingentes suizos y alemanes que, junto con los franceses, formaban la élite de las tropas europeas», añade Cadenas y Vicent.

Pintaban mal las cosas para el emperador Carlos I, pero quiso la suerte que los santos vinieran a visitar a las tropas españolas en Pavía, una ciudad ubicada en el Milanesado italiano. Y es que, allí el navarro Antonio de Leyva consiguió detener al ejército gabacho (cuya base era la mejor caballería de Europa) a base de arcabuz y pólvora. De hecho, llegó a capturar al propio Francisco I durante la contienda después de que este se lanzara desquiciado a la carga contra sus enemigos. Mucho ruido y pocas bajas para los galos, que fueron estrepitosamente derrotados. Semanas después, la situación cambió drásticamente para los imperiales, quines obligaron a su preso a firmar la paz y ceder a sus exigencia.

Si quieres conocer pormenorizadamente la batalla de Pavía, sigue el siguiente enlace: «Pavía, donde el arcabuz español aplastó a la caballería francesa»

Todo había acabado bien para Carlos I y los españoles, pero no tanto para los franceses y sus aliados. Más concretamente, para Andrea Doria, quien sintió que aquella rendición gala como una puñalada de daga de mano izquierda en su vientre. De poco le sirvió mostrar su desacuerdo ante los hombres de Francisco I, pues la decisión de capitular ya estaba tomada. Sin embargo, el genovés se lo tomó como una afrenta personal y, sabiendo además que era muy posible que no recibiera ni una moneda por los servicios prestados, decidió cambiarse la casaca y decir adiós a sus actuales patronos.

Tras decir «au revoir» al francés, Doria unió su espada a la del papa Clemente VII en la denominada «Liga de Cognac», un tratado formado por la Santa Sede, Venecia, Inglaterra, el Ducado de Milán y Florencia para combatir a Carlos I. Como no podía ser de otra forma, a este variopinto grupo se terminó uniendo también el despechado Francisco I, ansioso de venganza después de la humillación perpetrada por las tropas imperiales. No obstante, su alianza con el religioso duró exactamente el tiempo que el grupo tardó en empezar a acumular derrotas militares. Así pues, el genovés terminó por modificar nuevamente su bando y asumir las órdenes de los galos a cambio de un pellizco de dinero. Un mercenario siempre es un mercenario.

Al servicio de España

Tras estos bandazos políticos, y cuando la vida de Doria parecía estar relativamente tranquila Doria (todo lo relajado que puede estar un hombre que se dedica a combatir en alta mar con sesenta veranos a sus espaldas), al marino le dio un ataque de patriotismo y decidió manifestar a Francisco I la necesidad de que Génova dejase de ser un protectorado francés -aunque oficialmente era independiente- y pasase a ser, de forma efectiva, independiente. El resultado fue el que todo el mundo esperaba: la irritación del gabacho (que comenzó una campaña política contra él) y el aumento de la tensión entre ambos.

«Como comandante mercenario, Doria había servido a diferentes señores. Los vaivenes de la guerra le habían hecho cambiar de bando varias veces de acuerdo con las circunstancias y la cuantía de la soldada. A pesar de la personal animadversión mutua que se tenían, Francisco I de Francia había sido uno de sus principales clientes contratistas. El monarca francés había perdonado a Doria sus declaraciones en favor de la libertad de Génova, quizá porque a pesar de todo prefería que estuviera de su lado antes que arriesgarse a tenerlo como enemigo. Sin embargo, los continuos desplantes y humillaciones de Francisco I hacia Doria acabaron con la paciencia del entonces ya almirante. La gota que colmó el vaso fue la orden de detención contra el condotiero dictada por el rey de Francia», explica Hernández Garvi.

En palabras del escritor, la situación fue aprovechada por el marqués del Vasto, un ilustre prisionero de Doria, quien -viendo que su relación con Francisco I no tardía en estallar- le atrajo hacia el lado español. «Le convenció para que cambiase de bando, uniéndose a la causa de Carlos I de España. El emperador, conocedor de los méritos militares del almirante, no quiso desaprovechar la oportunidad y le ofreció entrar a su servicio a cambio de la libertad de Génova y la suma de sesenta mil ducados al año. Doria no se lo pensó dos veces y con una flota de doce galeras se puso bajo las órdenes de Carlos I», añade el escritor.

Barbarroja, el pirata que fue señor de Argel

A pesar de haberse enfrentado militarmente en no pocas ocasiones a Carlos I, lo cierto es que esta curiosa pareja no tardó en trabar una relación de cordialidad. Algo normal si se tiene en cuenta que el genovés aumentó el poderío español en Italia y, por su parte, el emperador ayudó al marino a liberar Génova del yugo francés y le nombró caballero de la Orden del Toisón de Oro (uno de los mayores honores que se podían otorgar por entonces). No obstante, el mercenario se terminaría convirtiendo en un «falso héroe español» gracias a un faceta que ya había practicado en la antigüedad: la de caza-piratas. Concretamente, se hizo famoso por combatir en repetidas ocasiones contra uno de los corsarios más fieros del Mediterráneo: Hizir bin Yakup, más conocido como Barbarroja, aunque también llamado Jeireddin, Hayreddín o Khair-ed Din.

Barbarroja era un reconocido pirata que había nacido en la isla de Lesbos (al oeste de Turquía y entonces bajo soberanía del Imperio otomano) en torno a 1466 y 1468. Al menos, así lo afirma Ertugrul Onalp (profesor titular del departamento de español de la universidad de Ankara) en su libro «Las memorias de Barbarroja». Descendiente de una familia de marinos, Hayreddín no tardó en hacerse a la mar en busca de riquezas fáciles de conseguir. Todo ello, a pesar de su curioso origen. «Haridin fue ollero de oficio, más su hermano le convirtió en marinero, dándole la fusta para que mandase. Y después que perdió un brazo en Bugía le hizo teniente de sus navíos, y de Argel cuando fue a Tremecén», señala, por su parte, el historiador del S.XVI Francisco López de Gómara en su obra «Guerras del Mar».

Hayreddín comenzó su vida en el mar gracias a su hermano Aruj, quien se dio primero a la piratería y cuyas riquezas conseguidas terminaron atrayendo al futuro enemigo de Doria. Ambos comenzaron su carrera como asaltadores de buques en la isla de Djerba (en Túnez) donde establecieron su base de operaciones y comenzaron a dar dolores de cabeza a galeras cristianas a base de cimitarrazos. Según parece, su capacidad militar terminó provocando el asombro del señor de Túnez, quien les acabó sufragando sus robos a cambio de una parte de las riquezas que consiguieran. Su poder llegó a ser tal que conquistaron varias posiciones cristianas en el Mediterráneo.

José Luis Hernández Garvi, autor de «Héroes, villanos y genios» Edaf

José Luis Hernández Garvi, autor de «Héroes, villanos y genios» | Edaf

Sin embargo, en 1516 todo cambió para esta pareja de hermanos cuando Aruj recibió la petición de dirigirse hacia Argel para combatir a los españoles. En ese momento decidió que ya le había llegado la hora de ascender en el escalafón social y, tras asesinar al gobernador de la región (el mismo que le había solicitado ayuda) tomó el puesto de gobernador por las bravas. Desde la zona, se dedicó a armar galeras para robar todo cuanto pudiese a Carlos I. Con todo, su liderazgo solo duró hasta 1518, año en que fue asesinado por un combatiente de las tropas imperiales. Después de que dejara este mundo, Hayreddín le tomó el relevo en el puesto y, por descontado, continuó su campaña de saqueos masivos contra los cristianos.

Con todo, Hayreddín demostró más astucia que su hermano al ponerse a las órdenes del Imperio Otomano. Este sencillo hecho le permitió seguir con sus continuos saqueos a los buques españoles a un coste en vidas menor (todo ello, gracias a los hombres aportados por su nuevo amigo el sultán). Este fue el período en el que el ya corsario llegó a convertirse en una auténtica pesadilla para Carlos I y dio a conocer su verdadero «yo» al mundo. «El carácter de Barbarroja refleja a un hombre valiente, prudente y un sagaz diplomático con sentido del humor y alma poética. A través de las páginas de sus memorias se perfila como un polígloto que hablaba cinco o seis idiomas. […] Entre otras características se destaca también como un gobernador justo, devoto en su fe, a la vez que modesto, generoso y tolerante. Aunque, por otra parte, se muestra a veces cruel, sobre todo con los cautivos de alto mando a los que consideraba presumidos, engreídos y traicioneros», explica Ertugrul Onalp.

Doria contra el corsario

Tras años de saqueos, muertes y dolor, se podría decir que Carlos I acabó hasta su católico cetro de Barbarroja, por lo que decidió tomar cartas en el asunto en 1533. Unas cartas en la que iba incluido Doria, un marino de 67 años (para la época todo un anciano) que no se cansaba de combatir. «La galeras turcas y sus aliados, los piratas berberiscos, sembraban el pánico con sus incursiones por las costas cristianas del Mediterráneo. Decidido a acabar con esa situación, Carlos I solicitó la colaboración de la Santa Sede, Portugal, Génova, Nápoles y Sicilia para lanzar una expedición de castigo contra una de las principales bases de los piratas turcos», explica Hernández Garvi.

Con ese objetivo, en Barcelona se empezó a juntar una gigantesca flota con la que asaltar Túnez y mandar a los herejes al infierno de una vez por todas. En total, se acabaron reuniendo unos 400 navíos. Cuando Doria arribó a la zona, fue recibido con jolgorio, pues se conocían sus habilidades. «En los preparativos se emplearon cerca de un año, tal eran ellos […] La llegada de Andrea Doria con 19 [galeras] fue acontecimiento por la vista de la galera imperial que traía, magnífico vaso esculpido, dorado dispuesto como para morada del César. […] Tocaba trompetas, clarines, chirimías, tambores, después de las salvas saludaba la gente la voz gritando tres veces: ¡Imperio, Imperio, Imperio!», explica el fallecido historiador español Cesáreo Fernández Duro en su obra «Armada española, desde la unión de los Reinos de Castilla y Aragón».

La gigantesca armada cristina, acompañada por 25.000 infantes y 2.000 jinetes (sin contar a la marinería y los buscadores de fortuna, tal y como explica Duro), dio la orden de partir contra el nido de piratas el 13 de junio de 1535. Al mando estaba el anciano Doria y el mismísimo Emperador, quienes establecieron que su primer objetivo sería conquistar la fortaleza de La Goleta, ubicada en el puerto de Túnez. Una misión lógica si lo que se buscaba era meter hasta el último soldado en dicha ciudad para acabar con los corsarios. ¿Qué hizo Barbarroja? Llenar hasta las almenas la fortificación de combatientes (unos 4.000) y de piezas de artillería y llamar a otros 100.000 hombres y 30.000 caballeros para defender sus posesiones. En palabras del fallecido historiador español, sin embargo, estas cifras pueden haber sido exageradas y, en caso de ser afirmativas, los soldados habrían sido «alárabes montaraces atraídos por la esperanza del robo, de poco empuje».

El día 14 comenzó el asedio de La Goleta, fortaleza que se pudo asaltar después de que desembarcaran las tropas sin oposición en la zona. «Las galeras cubrían el flanco y la retaguardia del ejército […] batiendo luego la torre del Agua, obra [defensiva] avanzada, y los muros de la fortaleza principal, a la que dieron de costado los galeones […] en tanto que los soldados, con la pala y el azadón en la mano, adelantaban las trincheras y las baterías. Era muy fuerte la posición y la defendía hábilmente Sinán el Judío, entorpeciendo los trabajos de los sitiadores con vigorosas salidas; costó, por consiguiente, la pérdida de muchos buenos capitanes y tres generales […] antes de que las brechas consintieran el asalto dado por mar y tierra el 14 de julio, a los 28 días», explica Duro en su obra.

La finalización del asedio y la conquista de La Goleta dejó 2.000 turcos muertos muertos y un Barbarroja furioso y frustrado. A su vez, permitió a los cristianos hacerse con 300 piezas de artillería ubicadas en la fortaleza y un centenar galeras pertenecientes al mismísimo pirata que había amarradas en puerto. Tomado el primer escollo, el camino se abrió para los asaltantes hasta Túnez, hacia donde se dirigieron los recién formados Tercios españoles en vanguardia. Este era el último bastión del corsario en la zona, y Doria y Carlos I estaban dispuestos a que cayera de una vez bajo la cruz del catolicismo.

Por su parte, Hayreddín se dispuso a encerrarse en Túnez y resistir -costase las almas que costase- a sus enemigos. El 21 de julio, sin embargo, la diosa fortuna quiso aliarse con Doria y hacer que los 5.000 reos cristianos que Barbarroja tenía presos en la ciudad decantaran la batalla del lado cristiano. «Enterados de la derrota los cautivos de la alcazaba, rompieron las prisiones, sobreponiéndose a la guarnición, y asestaron los cañones contra la hueste de Barbarroja desbandada. […] ¡Memorable día para la cristiandad!, añade el historiador. En definitiva, los prisioneros atrapados desde hacía meses por el corsario, y a los cuales se había planeado cortarles el cuello en repetidas ocasiones acabaron por dar la victoria a España.

La caída de un mito

«La victoria supuso la liberación de miles de cautivos cristianos y fue uno de los mayores éxitos en la carrera militar de Doria. Sin embargo, la expedición no consiguió uno de sus principales objetivos, la captura de Barbarroja. El más legendario de los piratas berberiscos consiguió escapar del cerco tendido por Doria en Túnez y, a los pocos meses, se había recuperado de la derrota, reiniciando los ataques contra los estados cristianos ribereños del Mediterráneo. Su siguiente objetivo fueron las Islas Baleares y las costas catalanas, donde dejó un rastro de muerte y destrucción que sería largo tiempo recordado. Furioso por el ataque, Carlos I exigió venganza, ordenando a Doria que emplease todos los medios necesarios para capturar vivo o muerto a Barbarroja», explica Herández Garvi.

Lo cierto es que hubo que esperar bastante para que estos enemigos se volviesen a encontrar. Concretamente, hasta el 27 de septiembre de 1538, momento en que una flota cristiana formada por más de 400 navíos (250 de ellos menores, todo hay que decirlo) al mando de Andrea Doria se enfrentase de nuevo a Barbarroja en Previsa -al suroeste de Grecia-. Con los antecedentes que había (y la clara superioridad de buques con la que contaba el genovés) todo hacía prever que el corsario se marcharía maldiciendo contra la cruz, pero lo cierto es que el anciano marino, de 72 años, cometió una serie de errores imperdonables que le costaron una sonada derrota y la posterior humillación ante las autoridades venecianas. Fue uno de sus primeros reveses.

Si quieres conocer pormenorizadamente la batalla de Previsa, sigue el siguiente enlace: «Previsa, donde la heroicidad de los españoles no pudo vencer a la flota de Barbarroja»

A partir de este momento, en los últimos años de vida del que había sido considerado como uno de los mejores navegantes de su época comenzaron a sucederse todo tipo de desastres. Estos empezaron en 1540, año en que Génova tuvo que resignarse a pagar una ingente cantidad de ducados a Barbarroja para que dejase en la paz de dios sus puertos y no les diese dolor de cabeza. No quedó más remedio, pues el corsario había logrado hacerse con el dominio del Mediterráneo después de los cimitarrazos repartidos en Previsa. Doria, por su parte, trató de recuperar su honor perdido en la contienda lazándose al mar y haciendo las veces de caza-piratas. Todo ello, cuando rozaba los 75 años. Lo cierto es que no tuvo demasiada suerte en esta empresa.

Los santos tampoco le sonrieron en 1541, época en la que Carlos I dispuso asaltar Argel, nido de piratas bajo el mando de Barbarroja. Aquel año, y a pesar de que Doria lo desanconsejó, decenas de buques partieron hasta aquel lugar ansiosos de venganza. Con todo, se volvieron con las mismas ganas que partieron, pues un temporal detuvo al ejército a las puertas de la ciudad y el genovés, prudente como se había vuelto con la edad, reembarcó a los soldados para evitar un desastre como el de Previsa. Finalmente, harto de andar (o más bien navegar) por el Mediterráneo se retiró a su residencia de Génova, donde disfrutó de la enorme fortuna que había atesorado como condotiero. Lo cierto es que tampoco pudo relajarse en su ciudad natal, pues tuvo que hacer frente a varios intentos por arrebatarle el poder y la fortuna que había logrado durante su vida militar.

Al final, tras modificar la ley de Génova para evitar que le quitasen el poder y el dinero, Doria terminó lanzándose al mar en un intento de expiar sus últimos traspiés. Así pues, a los ochenta y cuatro años de edad, y medio ciego, combatió a bordo de sus galeras a los turcos en 1550 y 1552 en dos expediciones contra la ciudad de Sirte. En ninguna de ellas salió victorioso. Al final, regresó a su hogar en 1553, donde tuvo tiempo de organizar operaciones militares en las que, aunque no participó, actuó como consejero (una de las últimas, en 1560). Andrea Doria, el héroe de la jornada de Túnez, terminó muriendo el 25 de noviembre de 1560 a los noventa y cuatro años.


Seis preguntas a José Luis Hernández Garvi

Año excelente para las Perseidas


El Mundo

 Una Perseida vista en el Observatorio de Paranal (Chile), agosto 2010 STÉPAHNE GUISARD/ ESO

Una Perseida vista en el Observatorio de Paranal (Chile), agosto 2010 STÉPAHNE GUISARD/ ESO

El astrónomo Rafael Bachiller nos descubre en esta serie los fenómenos más espectaculares del Cosmos. Temas de palpitante investigación, aventuras astronómicas y novedades científicas sobre el Universo analizadas en profundidad.

Este es un año excelente para la observación de las Perseidas. El momento óptimo para observarlas es la madrugada del 12 al 13 de agosto, cuando la lluvia alcanza su máximo. La Luna no será un estorbo este año, pues el novilunio tiene lugar el día 14. Un lugar bien oscuro, un cielo despejado de nubes y un poco de paciencia, son los únicos requisitos para disfrutar de una buena observación. El número de estrellas fugaces por hora, desde un lugar oscuro y de cielos despejados, podrá alcanzar el centenar.

Cometas, escombros y lluvias de meteoros

Fragmentos del cometa 73P observados con el telescopio Hubble.| NASA/ESA/HST

Fragmentos del cometa 73P observados con el telescopio Hubble.| NASA/ESA/HST

En sus órbitas alrededor del Sol, los cometas dejan un reguero de gases, polvo y escombros (materiales rocosos) que permanecen en órbitas similares a la de sus cometas progenitores. Se forman así regiones anulares en torno al Sol en las que abundan esos fragmentos perdidos por los cometas que los astrónomos denominamos ‘meteoroides’.

Cuando, en su movimiento alrededor del Sol, la Tierra entra en uno de estos anillos, algunos de los meteoroides son atrapados por su campo gravitatorio y entran a gran velocidad en la atmósfera formando una lluvia de meteoros. La fricción con los gases atmosféricos calcinan y vaporizan los meteoros que aparecen brillantes durante una fracción de segundo formando lo que popularmente denominamos estrellas fugaces.

La altura en la que el meteoro se hace brillante suele encontrarse entre 85 y 115 km, pero esta altura depende de la velocidad de penetración en la atmósfera. Los meteoros que sobreviven hasta unos 20 km de altitud dan lugar a espectaculares bolas de fuego que pueden llegar a tener brillos aparentes mayores que el del planeta Venus.

La gran velocidad transversal de algunos de estos meteoros y su alto brillo causan la ilusión en el observador de que están muy próximos.

Una Perseida vista en Ontario en 2006.NASA

Una Perseida vista en Ontario en 2006.NASA

Los fragmentos cometarios (meteoroides) de masa menor al kilogramo se calcinan completamente en la atmósfera, pero los mayores y más densos (de consistencia rocosa o metálica), forman meteoritos: restos calcinados que caen sobre el suelo. Los meteoritos son de gran interés para los astrónomos, pues conservan informaciones importantes sobre la composición química de la nebulosa interestelar primitiva de la que nació nuestro Sistema Solar.

Lágrimas del Swift-Tuttle

Como cada año por estas fechas, la Tierra, en su camino de traslación alrededor del Sol, pasa por un lugar poblado por los fragmentos rocosos que arroja el cometa periódico 109P/Swift-Tuttle cuando visita esta zona cada 135 años. La correspondiente lluvia de meteoros parece tener un único centro de origen, un punto del que parecen surgir todas las estrellas fugaces. Ese punto se denomina radiante y su localización se utiliza para nombrar a la lluvia de estrellas. Así pues, las Perseidas tienen su radiante en la constelación de Perseo.

Una Perseida vista desde la Estación Espacial en 2011.NASA

Una Perseida vista desde la Estación Espacial en 2011.NASA

Las Perseidas son visibles desde todo el Hemisferio Norte en pleno verano. Las velocidades de estos meteoros pueden superar los 50 km/h. Su momento de máxima actividad tiene lugar a mediados de Agosto, pero las Perseidas comienzan habitualmente a verse hacia el 23 de Julio y terminan hacia el 22 de Agosto. En estas fechas el cielo suele estar despejado en muchos lugares de Europa, Asia y Norteamérica. Su alta actividad, junto con las condiciones favorables para la observación, hace de las Perseidas la lluvia de meteoros más popular, y la más fácilmente observable, de las que tienen lugar a lo largo del año.

Las Perseidas reciben popularmente el nombre de Lágrimas de San Lorenzo por la proximidad del máximo de la lluvia de meteoros al 10 de agosto, día de la festividad del mártir español que, en el año 258, fue quemado en una parrilla en Roma.

Aparecen por cualquier lugar de la bóveda celeste

Desde el punto de vista astronómico, este año es particularmente favorable para la observación de las Perseidas. El máximo de actividad en número de meteoros está previsto para la madrugada del 12 al 13 de agosto. Como se da la circunstancia de que la Luna estará en fase de luna nueva el día 14, el cielo estará bien oscuro en los momentos próximos al máximo de actividad, posibilitando que los meteoros brillen con alto contraste durante la noche del 12 al 13 de agosto y las noches próximas.

El 'radiante' de las Perseidas.

El ‘radiante’ de las Perseidas.

Sin embargo, el número de meteoros observados por hora puede variar muy rápidamente según varía la densidad de fragmentos en la estela del cometa, por ello es siempre conveniente extender la observación un día antes y otro después del máximo nominal. Por lo tanto, si el cielo estuviese nublado en nuestro lugar de observación en la noche del 12 al 13 de agosto, podremos volver a intentarlo durante la noche del 13 al 14 durante la noche completamente oscura del novilunio y, aunque con menos actividad prevista, durante las noches siguientes en las que también podremos disfrutar del fino filo de la luna creciente.

Aunque su radiante se encuentre en la constelación de Perseo, no se necesita conocer esta constelación para ver muchas Perseidas. Las estrellas fugaces pueden aparecen por cualquier lugar de la bóveda celeste, pero siempre es recomendable no perder de vista la región de la gran W de Casiopea, el gran cuadrado de Pegaso y la Osa Mayor. Sin embargo, las condiciones locales de observación son determinantes y siempre es preferible vigilar la zona más despejada de nubes y más oscura (libre de contaminación lumínica).

El número de Perseidas observables por hora es muy variable. En un sitio bien oscuro, una vez acostada la Luna, y con el radiante alto sobre el horizonte puede llegar a alcanzar el centenar.

También interesante

Giovanni Schiaparelli.

  • Giovanni Schiaparelli (1835-1910), famoso por sus observaciones de Marte y abuelo de la célebre modista de alta costura Elsa Schiaparelli, fue el primer astrónomo que relacionó las lluvias de meteoros con los cometas. Cuando observó el paso del cometa 109P/Swift-Tuttle, en 1862, demostró que éste ocasionaba las Perseidas. A partir de la observación del cometa 55P/Tempel-Tuttle, en 1866, demostró que éste generaba las Leónidas.
  • Las Perseidas constituyen la tercera lluvia de meteoros por orden de actividad. Tanto las Cuadrántidas (visibles en Enero) como las Gemínidas (en Diciembre) generan más meteoros por hora. Aunque muestran un comportamiento más irregular, las Leónidas (a mediados de Noviembre) suelen resultar tan espectaculares como las Perseidas.
  • El cometa Swift-Tuttle fue descubierto en 1862 por Lewis Swift y Horace P. Tuttle de manera independiente. Cuando regresó en 1992, las Perseidas fueron particularmente activas. La próxima aproximación del cometa al Sol (perihelio) tendrá lugar el 12 de julio del año 2126.Rafael Bachiller es director del Observatorio Astronómico Nacional (IGN) y académico de la Real Academia de Doctores de España.

    Twitter: @RafaelBachiller

Viviendas para habitar en la Luna


  • Iniciativa del estudio de Arquitectura londinense Foster + Partners
  • Los inmuebles, para cuatro personas, se levantarían con el sistema de construcción 3D
  • Tendrían estructura hinchable y estarían hechas de regolito, principal material lunar
  • Se desconoce su precio, pero sólo el viaje para dos personas costaría 1.160 millones
 Recreación de cómo serían las posibles viviendas en el satélite Foster + Partners

Recreación de cómo serían las posibles viviendas en el satélite Foster + Partners

“Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la humanidad”. Ésas fueron las palabras de Neil Armstrong tras pisar por primera vez la Luna. Ahora, la humanidad parece dar otro paso más, pues comienza a contemplarse la vida fuera de la Tierra en el futuro, según un revolucionario proyecto inmobiliario de viviendas lunares que ya está en marcha.

El londinense estudio de Arquitectura Foster + Partners, con la colaboración de la Agencia Espacial Europea (ESA), emprendió en el año 2012 -como informa en su página web oficial- un estudio para crear los primeros hogares a 384.400 kilómetros del planeta Tierra.

La estancia sería en el cráter Shackleton, donde la luz del Sol es permanente.

Con la premisa de que las impresiones en 3D ya han sido empleadas en la construcción de viviendas en la Tierra, esta firma está explorando las posibilidades de crear alojamientos realizados mediante este sistema para hacer posible la estancia del ser humano en el sur de la Luna. Concretamente, en el cráter Shackleton, donde la luz del Sol es permanente.

Imagen de la estructura interna de las posibles viviendasFoster + Partners

Imagen de la estructura interna de las posibles viviendasFoster + Partners

El tipo de vivienda que se está desarrollando desde Foster + Partners tiene capacidad para cuatro personas y protegería a sus residentes de las amenazas a las que estarían expuestos, como son las cambiantes temperaturas del ambiente, los meteoritos y los rayos gamma, los principales problemas a los que se enfrentarían los primeros habitantes debido a la ausencia de atmósfera.

“En la práctica, solemos diseñar viviendas para climas extremos en la Tierra. Nuestra residencia lunar sigue una lógica similar”, comenta Xavier De Kestelier, socio y especialista de Foster + Partners. “El proceso de diseño está siendo fascinante y único”, añade.

En cuanto a su estructura, según se revela desde el estudio de Arquitectura, las casas estarían formadas de tubos modulares en la base y cúpulas inflables capaces de doblarse sobre sí mismas.

Imagen del exterior de las posibles viviendasFoster + Partners

Imagen del exterior de las posibles viviendasFoster + Partners

Además, debido a la dificultad de transportar materiales desde la Tierra al satélite, la empresa está estudiando la posibilidad de utilizar el regolito, material que conforma el suelo lunar y que, compuesto por silicio, aluminio, calcio, acero y óxido de magnesio, sería perfecto para utilizar en objetos sólidos creados con una impresora 3D. Por el momento, en los ensayos que se han realizado hasta ahora, se ha simulado ese material lunar utilizando óxido de magnesio, al que más tarde se ha añadido sal, de tal manera que se ha obtenido algo parecido a la piedra del regolito.

En cuanto a los precios de las posibles viviendas, lo único que se puede asegurar por ahora es que no serán aptos para todos los bolsillos, ya que sólo el viaje para dos personas costaría 1.160 millones de euros, según anunció en 2012 la empresa Golden Spike, promovida por ex trabajadores de la NASA, que pretende tener los viajes comerciales a Luna listos en el año 2020.