Descubierto un campamento romano de 2.000 años cerca de Jerusalén


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  • El campamento, donde permanecieron 5.000 hombres, es el primero de carácter permanente encontrado en la zona
 JvRP Restos de calle romana de Legio, cerca de la villa de Megido, en Israel

JvRP | Restos de calle romana de Legio, cerca de la villa de Megido, en Israel

Entre los siglos 2 y 3, más de 5.000 soldados pertenecientes a la Legio VI Ferrata, que sirvió a Julio César en la Guerra de las Galias y en las guerras civiles romanas, instalaron su base en un campamento a 90 kilómetros de Jerusalén, el único de la zona destinado a ser permanente. Campamento, de nombre Legio, que no sería noticia de no ser por su reciente descubrimiento.

Según informa The Times of Israel, la excavación del castro, como se conoce a una fortificación militar, ha sido conducido por el Instituto Arqueológico W.F. Albright con la ayuda del Israel Antiquities Authority. «Hablamos de un gran campamento, imperial, de unos 300 metros por 500», concreta Yotam Tepper, codirector de la excavación.

Legio sirvió como refugio y asentamiento a los soldados, situándose muy cercana a la ciudad de Megido. Vivió las revueltas judías, en especial la rebelión de Bar Kojba, en la que los judíos se enfrentaron a los romanos, llegando a aniquilar varios destacamentos.

«Es la primera vez que tenemos la oportunidad de poder entender cómo los militares romanos se organizaban, sobre todo en asentamientos en el Imperio de Oriente”, sentenció Matthew J. Adams, codirector de la excavación y mandatario del Instituto Arqueológico.

Cara a cara con Plutón


El Mundo

    • La sonda ‘New Horizons’ alcanzará este martes su máxima aproximación al planeta enano
    • Estudiará por primera vez uno de estos pequeños y helados mundos en una remota región del Sistema Solar aún inexplorada
 NASA/JHUAPL/SWRI En la primera exploración de Plutón y del cinturón de Kuiper. Se cree que ayudará a entender los orígenes del Sistema Solar

NASA/JHUAPL/SWRI
En la primera exploración de Plutón y del cinturón de Kuiper. Se cree que ayudará a entender los orígenes del Sistema Solar

Relegado en 2006 a la categoría de planeta enano, Plutón vuelve a acaparar titulares estos días. Por primera vez, una nave espacial va a estudiar este pequeño y lejano mundo que durante muchas décadas figuró en los libros de texto como uno de los planetas del Sistema Solar.

Cuando, el 19 de enero de 2006, la sonda de la NASA New Horizons despegó desde Cabo Cañaveral rumbo a Plutón, éste era el único planeta que quedaba por explorar. Pero durante el verano de ese mismo año, la Unión Astronómica Internacional (UAI) acordó en una asamblea celebrada en Praga sacarlo de la lista de planetas del Sistema Solar. Estableció una nueva categoría, la de planetas enanos, en la que incluyó a Plutón y de la que, de momento, sólo forman parte otros cuatro cuerpos (Ceres, Eris, Makemake y Haumea).

Tras nueve años y medio volando, el martes 14 de julio New Horizons culminará el viaje más rápido que se ha llevado a cabo hasta ahora. A una velocidad de 49.600 kilómetros por hora, se situará a 12.500 kilómetros de distancia de Plutón para recabar durante unas pocas horas imágenes y datos de este planeta enano y de Caronte, la más grande de sus cinco lunas conocidas hasta ahora. Y es que los científicos creen que es probable que tenga más satélites y que New Horizons sea capaz de descubrirlos.

«Es una misión muy emocionante porque Plutón es un objeto absolutamente nuevo para la ciencia. Ninguna sonda espacial se ha acercado a una bola de hielo como Plutón, que está muy lejos del Sol y tiene unas características muy distintas a cualquier cuerpo que hayamos estudiado hasta ahora. Por todo ello, la misión de New Horizons tiene un enorme interés», asegura a EL MUNDO Mark Kidger, científico de la Agencia Espacial Europea (ESA) sin relación con esta sonda de la NASA.

El inexplorado cinturón de Kuiper

Los astrónomos podrán explorar por fin a través de los datos que recabe esta nave el denominado cinturón de Kuiper, una zona del Sistema Solar muy alejada de nosotros pendiente por estudiar con sondas como las que ya han visitado muchos otros lugares del cosmos. Plutón es el cuerpo más grande y brillante de los que se conocen en el cinturón de Kuiper, pero es demasiado pequeño y está muy lejos como para estudiarlo bien desde la Tierra.

Recreación artística de la nave 'New Horizons'NASA

Recreación artística de la nave ‘New Horizons’NASA

La aproximación de la New Horizons a Plutón se producirá precisamente el mismo día en que se cumplirán 50 años de la llegada de la primera nave espacial a Marte, pues la Mariner 4 sobrevoló el Planeta Rojo el 14 de julio de 1965.

La exploración espacial de los planetas del Sistema Solar comenzó en los años 60 con Venus y Marte; continuó con Mercurio, Júpiter y Saturno en los 70, mientras que en los 80, naves diseñadas por el hombre se centraron en Urano y Neptuno.

Desde que fue descubierto en 1930, Plutón siempre ha sido considerado una rareza. Por eso, desde el inicio hubo dudas sobre si se trataba de un planeta, recuerda Kidger: «Era más pequeño que el planeta que esperaban encontrar, y su órbita era muy distinta a la de los demás planetas, que son esféricos o casi. Incluso Mercurio, el más pequeño, tiene esa forma. Sin embargo, Plutón y otros cuerpos como Ceres, que también se considera un planeta enano, no son tan esféricos. Las imágenes de New Horizons sugieren que Plutón es bastante irregular, lo que confirma lo que se sospechaba», señala el científico de la ESA en conversación telefónica.

Los ‘ladrillos’ de los planetas

Pese a que la decisión de sacar a Plutón de la lista de planetas fue controvertida, la mayor parte de los científicos considera que fue acertada: «Plutón tiene unos 2.300 kilómetros de diámetro. Es un gigante entre los cuerpos del Sistema Solar exterior, pero es muy pequeño comparado con Mercurio. Es el mayor de los miles de cuerpos que no llegaron a convertirse en un planeta mayor. Nos dan información sobre cómo se formaron los demás planetas, son como los ladrillos originales. Y el estudio de estos ladrillos, de los asteroides y de los cuerpos transneptunianos como Plutón, son muy interesantes para conocer cómo se formó la Tierra y los otros planetas».

Ceres, otro planeta enano que está siendo investigado por la sonda Dawn de la NASA, «es el doble de grande que cualquier asteroide. Pero es muy pequeño para ser un planeta», añade Kidger.

New Horizons es también la nave mas rápida que se ha lanzado al espacio: «Ha llegado en un tiempo récord. Nunca nos hemos aproximado tanto a Plutón y tardaremos muchos años en volver a hacerlo, porque la sonda ha aprovechado una alineación de planetas favorable para llegar mucho más rápidamente. Si hubiera ido directamente, habría tardado 50 años, pero usando la fuerza de gravedad de Júpiter lo ha reducido a algo más de nueve años».

Según explica la NASA, la sonda, de unos 500 kilos, está diseñada para que cuando se acerque a Plutón, «recopile tantos datos como pueda a la mayor velocidad posible». Aunque enviará una selección pocos días después del 14 de julio, seguirá mandado información durante 16 meses.

Para Hal Weaver, científico del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins, el centro que lidera esta misión, New Horizons es uno de los grandes exploradores de nuestra época:«Hay muchas cosas que no sabemos, no sólo sobre Plutón, sino también de otros mundos como él. No estamos reescribiendo los libros de texto con esta misión histórica, los escribiremos desde cero», ha declarado.

Puntos misteriosos

Y esos nuevos textos irán ilustrados con las fotos que está tomando la sonda y que ya están suscitando una gran expectación. Además del color rojizo que parece tener su superficie, los científicos están intrigados por unos puntos brillantes que aparecen en las imágenes. Todavía no saben a qué se deben y esperan que a medida que se acerque más a Plutón, obtengan más datos para esclarecer su origen. «Mi sospecha personal al ver estas imágenes es que esos puntos podrían ser algo parecido a los cráteres que hay en la Luna. No es imposible que Plutón tenga volcanes, aunque no serían como los de la Tierra. En vez de lava, expulsarían, quizás, metano líquido», propone Kidger.

New Horizons también estudiará en profundidad Caronte, la luna más grande de Plutón, y la relación entre estos dos mundos helados. Los científicos creen que estos dos cuerpos fueron moldeados por una colisión cósmica hace miles de millones de años. Pero, según explica en una nota de prensa de la NASA el investigador del Instituto Southwest Alan Stern, pese a que han estado orbitando juntos durante todo ese tiempo, «son totalmente distintos».

Mientras que Plutón tiene una atmósfera, Caronte carece de ella. Los materiales rojizos que colorean Plutón están ausentes en su luna principal, que parece dominada por el gris. También su composición es diferente. En el planeta enano se ha hallado nitrógeno, metano, etano y mónoxido de carbono mientras que en la superficie de Caronte hay agua helada y amoniaco. Se cree que el interior de Plutón es rocoso en su mayor parte; en su satélite hay un mayor equilibrio entre rocas y hielo.

Un mundo inhóspito

Como se ve, pese a lo mucho que se ignora, los científicos tienen bastantes pistas sobre cómo podría ser Plutón. Así, están convencidos de que se trata de un mundo demasiado hostil para que pueda albergar algún tipo de vida, pues la temperatura en su superficie rondaría los -233º C.

Una «anomalía» en el funcionamiento de la nave espacial New Horizons mantuvo en vilo a los ingenieros y científicos de la NASA el pasado fin de semana. El 4 de julio, un fallo de origen desconocido interrumpía brevemente las comunicaciones entre la Tierra y la sonda cuando ésta se encontraba a 4.900 millones de kilómetros de distancia de nuestro planeta. Las operaciones habituales se retomaron el 7 de julio y desde entonces ha seguido ofreciendo retratos de Plutón y Caronte.

Todo está listo en el centro de la Universidad Johns Hopkins desde el que se controla la misión para la aproximación del 14 de julio. Aunque el descubridor de Plutón, Clyde Tombaugh, murió en 1997, sus hijos Alden y Annette serán invitados de excepción. Parte de las cenizas de su padre, viajan dentro de la nave.

Twitter: @teresaguerrerof

La verdadera muerte de Julio César: 23 cortes y dos asesinos heridos


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  • Lejos de la teatralidad, el dictador romano se defendió del ataque de los senadores con un punzón y consiguió herir en el muslo a Marco Bruto, el más emblemático miembro de la conspiración
Wikipedia La muerte de Julio César de F. H. Fuger

Wikipedia | La muerte de Julio César de F. H. Fuger

Casca apuñala en la nuca a Julio César, y los otros le secundan en la acción, terminando por Bruto. César dice en ese momento: «Et tu, Bruté?», lo cual se traduce en «¿Y tú, Bruto?» – ¿También tú, Bruto? –. Así escenifica William Shakespeare –inspirado en la versión del historiador Seutonio– la muerte del dictador romano y la puñalada final de Marco Junio Bruto, hijo de Servilia (amante de César), en una de sus obras trágicas más famosas. Sin embargo, cualquiera parecido con la realidad es pura coincidencia. Después de recibir 23 heridas, aunque paradójicamente solo una de ellas resultó mortal, parece poco probable que todavía tuviera fuerzas para lanzar una cita tan teatral. Al contrario, César consiguió defenderse durante unos segundos e hirió a Bruto en el muslo con un punzón. Ya herido de muerte, se cubrió la cara con su túnica en un último intento por dignificar su apariencia.

Nacido el 13 de julio del año 100 a. C, Cayo Julio César tuvo una carrera política mucho más convencional de lo que tradicionalmente se ha considerado siempre. Tras la muerte del dictador Sila, que recelaba de Julio César por sus lazos familiares con Cayo Mario, el joven patricio ejerció por un tiempo la abogacía y fue pasando por distintos cargos políticos. En 70 a.C., César sirvió como cuestor en la provincia de Hispania y luego como edil curul en Roma. Dado a endeudarse para ganarse la simpatías del pueblo, la generosidad de Julio César se hizo famosa en la ciudad y le permitió en 63 a.C. ser elegido praetor urbanus al obtener más votos que el resto de candidatos a la pretura. Su carrera política, no en vano, dio un salto definitivo cuando fue elegido cónsul gracias al apoyo de sus dos aliados políticos –Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso– los hombres con los que César formó el llamado Primer Triunvirato. Al terminar el consulado, fue designado procónsul de las provincias de Galia Transalpina, Iliria y Galia Cisalpina, desde donde regreso convertido en un gran héroe militar que había logrado someter a los pueblos galos.

El final del Triunvirato da inició a la guerra civil

La muerte de Craso en una desastrosa campaña contra el Imperio parto rompió en añicos el Triunvirato y enfrentó a Pompeyo contra César. Tras una guerra civil que duró cuatro años, César regresó victorioso a Roma a finales de julio de 46 a. C. La victoria total de su facción dotó a César de un poder enorme y el Senado se apresuró a legitimar su posición nombrándolo dictador por tercera vez en el año 46 a. C. por un plazo sin precedentes de diez años. La benevolencia mostrada por el dictador, que no solo perdonó la vida a la mayoría de los senadores que se habían enfrentado contra él durante la guerra, sino que incluso les otorgó puestos políticos, se reveló con el tiempo como un error político de bulto. La mayoría de los 60 senadores implicados en su asesinato habían sido amnistiados previamente por el dictador.

Marco Junio Bruto, sobrino de Catón «El joven», había combatido junto a César en la Galia –al que le unía la amistad y un delicado parentesco, su madre era amante del dictador– y después contra él durante la guerra civil. Por su parte, Cayo Casio Longino, quizás el principal cabecilla de la conspiración, ejerció como legado para él después de combatir primero en el bando de Pompeyo. Otro conspirador, Cayo Trebonio, había servido durante muchos años en el alto mando de Julio César en las campañas de la Galia. Ni la gratitud ni la amistad disuadieron a los conspiradores de sus intenciones, que afirmaron haber matado al tirano por salvaguardar la República, y, sin embargo, solo consiguieron acelerar la caída de una institución que llevaba un siglo tambaleándose. Su final se vislumbraba desde que la derrota final de Aníbal había requerido buscar enemigos internos.

Pero más allá de los asuntos políticos, que tenían como trasfondo la lucha entre distintas familias de la aristocracia, el asesinato del dictador escondía un factor simbólico. Julio César decía descender de los Reyes de Alba Longa –una ciudad absorbida por Roma poco después de su fundación– y solía vestir por esta razón con una túnica de mangas largas y botas de media caña de cuero rojo. Por su parte, Bruto pertenecía a la estirpe de Lucio Junio Bruto, que en torno al año 509 a.C. acabó con el último rey de Roma, Tarquinio «El Soberbio», aunque ciertamente entre muchos de sus contemporáneos había dudas de que la afirmación fuera cierta. La imagen de un grupo de senadores terminando con el hombre que aspiraba supuestamente a convertirse en rey, el tirano, impulsó a los conspiradores más dubitativos a acometer el magnicidio, además de conquistar el imaginario de Shakespeare.

El día del magnicidio: «¡Cuídate de los idus!»

El día previo al asesinato, la esposa de César Calpurnia Pisonis había tenido supuestamente una pesadilla donde advirtió el asesinato de su marido. Dado que Calpurnia no era dada a supersticiones, se dice que el dictador cedió quedarse en casa y envió un mensaje al Senado para informarles de que la mala salud le impedía abandonar su casa para llevar a cabo ningún asunto público. Sin embargo, Décimo Bruto –otro de los conspiradores– consiguió convencer finalmente a César de que acudiera a la cámara, ya que en pocos días iba a ausentarse fuera del país y debía dejar los asuntos políticos convenientemente atados. También se ha considerado según la tradición que el profesor de griego Artemidoro entregó un manuscrito a César a la puerta del Senado avisándole de la conspiración, pero éste no llegó a abrirlo a tiempo.

Wikipedia La muerte de Julio César, por Jean-León Gérôme

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La muerte de Julio César, por Jean-León Gérôme

Además, hasta principios del año 44 a.C. César había contado con la protección de una escolta de auxiliares hispanos, pero los había licenciado como demostración de normalidad política en cuanto el Senado aprobó prestarle un juramento de lealtad. El 15 de marzo de ese año acudió al Senado sin más protección que la compañía de sus colaboradores más cercanos. Una vez dentro del edificio público, los conspiradores se encargaron de llevarse a Marco Antonio a un lugar apartado. Los asesinos eran conscientes de que Marco Antonio, además de fiel a César, era un hombre corpulento y dado a arranques de ira. Antes de que diera comienzo la reunión senatorial, los conspiradores se apiñaron en torno al dictador fingiendo pedirle distintos favores. Lucio Tilio Címber, que había servido a las órdenes del César, le reclamó que perdonara a su hermano que se encontraba en el exilio. Mientras el dictador romano trataba de calmar al grupo, Címber tiró de la toga de César y mostró su hombro desnudo: era la señal acordada. Casca sacó su daga y le apuñaló, pero solo fue capaz de arañar el cuello del dictador. Según algunas versiones, César agarró los brazos de Casca y forcejeó con él intentando desviar la daga.

El general romano no solo se defendió por unos segundos de los ataques, sino que fue capaz de sacar un afilado estilo (un puñal) y herir a varios hombres, al menos dos, incluido a Bruto en un muslo. Tras el ataque de Casio, los otros conjurados se unieron a la lucha propinando a César numerosas estocadas y tajos. Solo dos senadores de los presentes trataron de ayudar al dictador, pero no consiguieron abrirse camino. Sin que sea posible de comprobar, puesto que las fuentes presentan distintas versiones, Marco Bruto fue uno de los últimos en acuchillar a César, con una herida en la ingle, y al que habría dirigido el famoso «tú también hijo mío». Con 23 puñaladas en su cuerpo –aunque solo una realmente mortal–, Julio César se cubrió la cabeza con su túnica púrpura en un último esfuerzo por mantener la dignidad y cayó desplomado junto al pedestal de la estatua de Pompeyo, su otrora máximo rival.

En pánico se propagó por la sala, los senadores que no tenían manchada la ropa de sangre huyeron del lugar enseguida. Durante un tiempo, toda Roma quedó anonadada sin decidir si aquello era el comienzo de una nueva guerra civil o el origen de los festejos por la muerte de un tirano. Marco Antonio se reunió con los conspiradores en privado y obtuvo permiso para que César tuviera un funeral público en el Foro. En línea con el famoso discurso que Shakespeare puso en boca de Marco Antonio en su drama, el leal amigo de César aprovechó el acto para ensalzar las virtudes del fallecido dictador, al mismo tiempo que lanzaba velados reproches a los conspiradores, «los hombres más honrados». No obstante, el momento cumbre del funeral llegó cuando Antonio leyó a viva voz el testamento de César, que incluía la donación de unos amplios jardines junto al Tíber al pueblo de Roma y un regalo en metálico a todos los ciudadanos. Tras el anuncio se produjeron disturbios y ataques contra las viviendas de los conspiradores. Paradójicamente, el leal seguidor del dictador Helvio Cinna fue asesinado ese día por la turba que le confundió con uno de los conspiradores, Cornelio Cinna.

Desde que se hizo público el testamento, el sobrino nieto de Julio César, Octavio, de 18 años, asumió el papel de hijo adoptivo del dictador y cambió su nombre por el de Cayo Julio César Octavio. Al principio, combatió junto al Senado y varios de los conspiradores contra Antonio, que no tardó en levantar a las legiones que todavía eran fieles a la memoria de Julio César. No en vano, Cayo Julio César Octavio –el futuro Emperador Augusto– terminó uniéndose a Antonio y a Lépido, otro de los fieles de Julio César, para formar el segundo Triunvirato y dar caza a los asesino de los idus de marzo. En el plazo de tres años, prácticamente todos los conspiradores fueron ajusticiados sin que observaran ni la más leve sombra de la famosa clemencia del tirano al que tanto se habían afanado en eliminar.

Titanic, el gigante de los océanos, emerge en Colón


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  • El centro cultural Fernán Gómez acogerá en septiembre una exposición única sobre el siniestro marítimo, con 200 objetos originales, algunos de ellos nunca antes expuestos
abc La gran escalinata que conducía a los camarotes de primera clase del transatlántico

abc | La gran escalinata que conducía a los camarotes de primera clase del transatlántico

Gerda Lindell se aferró a las manos de su marido Edvard y de su amigo Olof antes de morir congelada en las gélidas aguas del Atlántico. Exhausta, no logró subir al último bote salvavidas del «insumergible» transatlántico de la White Star Line. En él dejó su alianza de boda y, con ella, la historia de estos tres náufragos suecos camino de Nueva York. Ese anillo, entre otros secretos del trágico hundimiento de la madrugada del 15 de abril de 1912, emergerá el próximo mes de septiembre en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa con «Titanic: The exhibition».

Más de 200 objetos originales, algunos de ellos nunca antes expuestos, que ya han zarpado hacia Colón desde México, el último destino de esta muestra de la compañía española Musealia. El buque que traerá esta exposición única a la capital se encontraba esta semana frente a las costas de Cuba rumbo directo a Valencia.

En su interior traslada parte de la historia del suceso naval más famoso del siglo XX. El RMS Titanic se convirtió en leyenda antes de comenzar a construirse en los astilleros Harland and Wolf. Iba a ser, junto a sus dos hermanos gemelos –el Olimpic y el Gigantic, renombrado tras la tragedia como Britanic–, el barco más grande y lujoso del mundo. Y lo fue. Un «trasatlántico de los sueños» con comodidades de las que muchos de sus pasajeros nunca antes habían disfrutado, como la luz eléctrica en todos los camarotes.

Un lujoso interior que el visitante de esta retrospectiva podrá comprobar en primera persona con recreaciones idénticas de sus estancias. Por ejemplo de la gran escalinata que presidía la zona noble del barco o la cabina desde la que Mr. Phillips, uno de los operadores de Marconi en el barco, envió desesperadamente su señal de «SOS» a los barcos cercanos.

«Pasajeros» privilegiados que se pondrán en la piel de las víctimas recorriendo un pasillo de primera clase, contemplando un camarote de tercera e incluso tocando una placa de hielo. Una recreación de un iceberg de más de 5 metros de largo y 2 de altura en el que se puede sentir el atroz frío que tuvieron que pasar antes de ser rescatadas o de morir en las heladas aguas del Atlántico Norte.

El objetivo, según sus organizadores, es hacer sentir una «entrañable experiencia, con una alta carga humana y emocional». Un recorrido en el que la «verdad» sobre el transatlántico se impone sobre la leyenda, aunque sin renunciar a los mitos que han inspirado a la literatura y al cine. Uno de ellos es el colgante original en el que James Cameron se basó para crear la joya de ficción denominada «Corazón de la Mar» que Rose Dewitt –interpretada por Kate Winslet y Gloria Stuart– luce en la oscarizada «Titanic».

Detenidos en el tiempo

Fragmentos de historia que albergan el recuerdo de los verdaderos protagonistas del fatídico viaje. Todos han sido minuciosamente estudiados y rescatados de colecciones privadas para ser testigos únicos de la impresionante tragedia que se llevó consigo la vida de 1.495 personas. Entre ellos están algunos de los relojes que se pararon en la hora exacta del hundimiento o la lista original de pasajeros certificada por la White Star Line el 31 de mayo de 1912. De las tres copias que se expidieron por parte de la compañía propietaria del Titanic, esta es la única que se conserva. También se podrán ver las dos cartas originales escritas por el primer oficial William Murdoch; manuscritos del hombre que estaba al mando del buque cuando se produjo el choque con el iceberg y el encargado de dirigir las tareas de salvamento en la cubierta de estribor.

Emociones a bordo

Junto a las postales, diarios personales y cartas rescatadas, constituyen los documentos originales de mayor trascendencia histórica que se conservan del buque. El que más impresiona quizá es la lista de los cuerpos recuperados tras el hundimiento, en la que figura el nombre de las 712 personas que lograron sobrevivir a la catástrofe marítima.

Las botitas que llevaba puestas la pequeña Louise Kink la noche del naufragio o la manta original utilizada por la pasajera de tercera clase Velin Ohman son algunos de los objetos con mayor carga emocional «a bordo» de esta exposición. Los testimonios de los pasajeros acompañarán al visitante por los más de 1.500 metros cuadrados –repartidos en ocho salas distintas– gracias a una audioguía especial.

Un valor añadido que recupera historias tan singulares como la de Victor Peñasco, uno de los pocos españoles que viajaban en este gigante. Estaba de luna de miel junto a su esposa María Josefa Pérez de Soto. Ella se logró salvar por la orden del capitán Edward John Smith de que las mujeres y los niños fueran los primeros en ser evacuados. Le obligaron a soltarse de los brazos de su marido. De él nos queda su historia, su esmoquin y sus objetos personales –presentes en la muestra– y la última frase que le dijo a su mujer: «Pepita, que seas muy feliz».

El 1 de septiembre de 1985 a la 1.05 de la mañana, el Titanic fue localizado en su tumba abisal, a cuatro kilómetros de profundidad.

El transatlántico se convirtió en el objetivo de oceanógrafos y cazadores de tesoros que no siempre han respetado su historia. Todo lo contrario que «Titanic: The Exhibition» que, con su rigor histórico, pretende embarcar en esta muestra a 150.000 visitantes hasta marzo de 2016.

La casa de Calderón de la Barca, una de las más estrechas de Madrid


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  • Conoce la historia de cómo se logró preservar el hogar del ilustre literato junto a otro de sus secretos no tan conocidos
abc El número 61 de la Calle Mayor, lugar en el que vivió Calderón de la Barca

abc | El número 61 de la Calle Mayor, lugar en el que vivió Calderón de la Barca

Por todos es sabido que el Barrio de las Letras, en Madrid, fue la residencia de algunos de los literatos más prestigiosos que emergieron en España durante el Siglo de Oro (siglos XVI y XVII). Cervantes, Quevedo, Lope de Vega o Calderón de la Barca fueron algunos de los vecinos más ilustres de aquella época.

Así, ponemos nuestro objetivo, entre los tantos encantos que atesora el centro de la capital, en el número 61 de la Calle Mayor. Es un lugar de obligado peregrinaje, lugar en el que la gente no siempre repara debido al ajetreo del día a día. Por si lo desconocías, fue la residencia de Calderón de la Barca, y no fue destruida en el siglo XIX gracias a la intervención de una persona.

¿Su nombre? Ramón de Mesonero Romanos, quien antes había intentado salvar la casa de Cervantes. El también escritor se presentó en el que había sido el hogar del autor de «La vida es sueño» para evitar que una brigada de demolición derribara las paredes del edificio. Mesonero Romanos no solo les obligó a marcharse sino que permaneció de guardia la noche entera.

A la mañana siguiente, envió una petición al Ayuntamiento solicitando que se detuviera la demolición por mandato judicial. Su petición fue atendida evitando el fin de un edificio histórico. Así, una placa conmemorativa recuerda a los madrileños y a los turistas que «aquí vivió y murió Don Pedro Calderón de la Barca».

Pero el número 61 de la Calle Mayor presenta otra peculiaridad. También se le ha etiquetado como «la casa estrecha» al ser una de las casas más angostas de Madrid -solo mide 5 metros de ancho-.

Los volcanes, y no los bárbaros, destruyeron el Imperio Romano


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  • Un nuevo estudio afirma que las erupciones provocaron una serie de catástrofes naturales que terminaron colapsando esta civilización y favoreciendo la llegada de los bárbaros
Archivo ABC Las erupciones volcánicas destrozaron los pastos y las hambrunas se generalizaron

Archivo ABC | Las erupciones volcánicas destrozaron los pastos y las hambrunas se generalizaron

Desde la división de los territorios en dos regiones (Oriente y Occidente), hasta las invasiones bárbaras. Los libros de Historia suelen atribuir a diferentes causas militares y políticas la caída definitiva del Imperio Romano, una civilización con siglos de vida que terminó capitulando en 1453 tras años y años de decadencia. Sin embargo, un nuevo estudio publicado por la revista «Nature» afirma que la conquista de este territorio por los bárbaros no fue más que una consecuencia provocada por una serie de erupciones volcánicas que terminaron diezmando a la ya maltrecha población romana. Todo ello, a base de hambrunas y enfermedades.

Concretamente, y tal y como ha afirmado en declaraciones recogidas por el «Daily Telegraph» Michael Sigl (profesor e investigador en el Instituto Paul Scherrer -en Suiza- y en el Instituto de Investigación del Desierto -ubicado en Nevada-), se ha logrado llegar a esta conclusión mediante la recreación de 300 erupciones volcánicas sucedidas durante un período de 2.500 años. Esta investigación les ha permitido establecer lo determinantes que han sido las erupciones volcánicas en la Historia antigua y en el devenir de determinadas civilizaciones. Entre las más importantes de ellas se hallaría el Imperio Romano.

Una de las mayores hambrunas de Roma

Corría el año 536 D.C. cuando, un 24 de marzo, el cielo sobre Europa continental se oscureció y una nube de polvo tomó la región. Tal y como afirman en sus escritos historiadores como Prokopios, la suciedad -de origen desconocido por entonces- era tal que el sol apenas brillaba. Aquel «castigo divino», como fue entendido, hizo que no hubiese luminosidad suficiente para que los cultivos floreciesen, lo que derivó en una gran hambruna. Apenas tres años más tarde, volvió a suceder lo mismo, y nuevamente, por razones indeterminadas. El hambre se volvió a generalizar entre la población y los restos de ceniza en el aireprovocaron todo tipo de enfermedades. La situación fue tan grave que fue llamada «la Plaga de Justiniano».

Ahora, sin embargo, Sigl y sus compañeros han descubierto algo que ya se sospechaba, que la causa de todos aquellos desastres fueron una serie de erupciones volcánicas sucedidas en América del Norte y los trópicos que expulsaron una ingente cantidad de sulfato y ceniza a la atmósfera. Al desplazarse miles de kilómetros, estas nubes de polvo provocaron desde hambrunas, hasta epidemias de peste. O al menos, así lo barajan los expertos. Concretamente, consideran que los dos estallidos que generaron aquel desastre en Roma se sucedieron en los años 535 y 539 (ambos en los actuales Estados Unidos).

Aquellas erupciones provocaron la ruina en el Imperio. Así lo afirmaron varios historiadores como Casiodoro, un político italiano que escribió que la región tuvo «un invierno sin tormentas, primavera ni suavidad» y un «verano sin calor». A su vez, el polvo hizo que cayeran las temperaturas, que hubiera una gran sequía y las ya conocidas epidemias y hambruna. Todos aquellos desastres acabaron con la vida de un tercio de los europeos y debilitó a la sociedad romana de tal forma, que la terminó dejando indefensa ante las consiguientes invasiones bárbaras. Fue la puntilla para una civilización ya renqueante.

«El estudio nos ha permitido esclarece los largos debates que hay sobre el origen y las consecuencias de las anomalías climáticas severas y mundiales del año 536 A.C. Hemos encontrado al menos dos grandes erupciones volcánicas en este período que, entre otras cosas, provocaron que las temperaturas bajaran debido a que las grandes cantidades de sulfato volcánico que expulsaron impidieron que los rayos del sol incidiesen sobre la Tierra. Esto proporciona un contexto ambiental para la hambruna generalizada y la gran plaga de Justiniano que fue responsable de las poblaciones de diezmado en el Mediterráneo», añade el experto.

La sangrienta ruta de los paracaidistas de la 101ª en el Día D


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  • Si te gusta la historia militar puedes escaparte este verano a Normandía y vivir una experiencia que te hará sentirte como un verdadero soldado
Wikimedia Varios miembros de la 101ª División Aerotransportada sujetan una bandera nazi robada

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Varios miembros de la 101ª División Aerotransportada sujetan una bandera nazi robada

Hablar del verano es hacerlo de una época de descanso, relajación y vacaciones. No obstante, hubo un año en que la llegada de junio no se recibió alegremente. Fue en 1944, un tiempo de sangre, muerte y fusiles en el que los Aliados llevaron a cabo una de las operaciones militares más tristemente recordadas de todos los tiempos: el Desembarco de Normandía. En él participaron nada menos que 150.000 combatientes en la primera jornada (entre norteamericanos, británicos y canadienses), todos dispuestos a dejarse la vida por liberar a Europa del yugo nazi desde tierra, mar y aire.

Fue precisamente desde ese último lugar desde donde se lanzaron –con más gónadas que racionalidad- los paracaidistas de la 101ª División Aerotransportada de los EE.UU., una unidad a la que se le encargó aterrizar en la retaguardia de las líneas enemigas e impedir que los refuerzos germanos llegasen hasta las playas donde iban a arribar, horas después, el grueso de las tropas aliadas. Y eso, bajo el fuego incesante de los cañones antiáereos alemanes (que se cobraron muchos aviones de transporte), con la tensión de saberse solos ante el enemigo hasta que sus compañeros llegasen, y con la responsabilidad de saber que de ellos dependía una buena parte de aquella gigantesca operación.

Puede que todo lo anterior suene a historia vieja y pasada; puede que este gigantesco desembarco haya caído en el olvido; puede que para muchos no sea más que unas letras negras impresas sobre papel y puede, incluso, que haya gente que no le de importancia. Sin embargo, aquellos soldados fueron los que dieron a los nazis un gigantesco bofetón que terminó por costarles Europa. Todo ello se vivió hace apenas 71 años y en una zona ubicada a poco más de 1.300 kilómetros de Madrid (1160 desde Barcelona) por carretera. Una distancia ínfima a la hora de viajar.

Por ello, si eres fan de la Segunda Guerra Mundial y quieres que el pelo se te erice disfrutando en primera persona de los mismos lugares en los que en su día combatieron los soldados estadounidenses, no hay mejor forma de pasar el verano que viajar hasta Normandía y hacer una ruta a través de las zonas que tuvieron que tomar a las bravas los combatientes de la 101ª División Aerotransportada.

Un poco de historia

La historia de las «Águilas aulladoras», como se conocía a los miembros de la 101ª División Aerotransportada estadounidense, comenzó poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Fue en ese momento cuando el agregado militar norteamericano William C. Lee observó el uso que hacía Adolf Hitler de unos combatientes especialmente entrenados para lanzarse desde aviones hacia puntos estratégicos tras las líneas enemigas. La idea del alemán le cautivó y, tras insistir una y otra vez a sus superiores, logró que su país permitiera un proyecto similar. Años después, en 1942 (y en este contexto) fue alumbrada la 101ª División.

La primera misión de peso que le fue otorgada a esta unidad fue la de participar en el Desembarco de Normandía, la operación combinada mediante la que estadounidenses, ingleses y canadienses pretendían penetrar en Europa a través de las playas del norte de Francia. La zona estaba fuertemente defendida, y no solo en la costa, sino también en el interior, lo que permitía a los nazis hacer llegar paulatinamente refuerzos hacia la playa para detener el desembarco aliado. Por ello, los oficiales encargados de dirigir el asalto establecieron que sería necesario enviar a tropas paracaidistas tras la primera línea de defensa alemana. El objetivo era sencillo: debían tomar puntos estratégicos e impedir que más nazis enlazaran con las fuerzas ubicadas en la orilla.

Eisenhower junto a varios miembros de la 101 Wikimedia

Eisenhower junto a varios miembros de la 101
Wikimedia

Lógicamente, esta misión correría a cargo de las divisiones aerotransportadas, entre las que se destacaba la 101ª. Esta sería la encargada (junto a la 82ª División) de aterrizar en playa denominada bajo el nombre en clave «Utah», ubicada en el extremo izquierdo del frente. Entre las órdenes de sus oficiales se encontraban las de tomar varios puntos estratégicos y fácilmente defendibles, capturar puentes clave para evitar el avance de carros de combate germanos, destruir baterías de cañones que podían dañar severamente a aquellos que desembarcasen en la playa, crear el desconcierto y el caos y, en definitiva, mandar al otro barrio a cuantos más nazis pudieran.

Sin embargo, cuando partieron en la noche del 5 de junio hacia su destino, no sabían que el fuego antiaéreo de los soldados de Hitler iba a hacer que sus lugares de salto se mezclaran con los de otras unidades y se generara un caos de mil demonios. Con todo, cada soldado sabía qué puntos debía tomar, cayera donde cayese.

Sainte Mere Eglise, el centro de todo

El pueblo de Sainte Mere Eglise (ubicado a pocos kilómetros de Carentan) era uno de los objetivos principales de los paracaidistas norteamericanos. En principio era una zona de salto de la 82ª División Aerotransportada, pero lo cierto es que, debido a los problemas que crearon los antiaéreos nazis, en este pueblo cayeron también varios soldados de la 101ª. Desgraciadamente, muchos combatientes aterrizaron en el centro de la ciudad, por lo que fueron asesinados sin piedad por los defensores sin apenas tener tiempo de sacar su arma.

A su vez, este pueblo se hizo famoso gracias a John M. Steele, un paracaidista de la 82ª División al que el viento le hizo acabar su descenso en el campanario de la iglesia (donde se le enganchó el paracaídas y se quedó colgado). Sin poder liberarse, y sabiendo que era un objetivo claro de los alemanes, se hizo el muerto para evitar que le disparasen. Curiosamente, sobrevivió. Hoy, su gesta se recuerda mediante una estatua que le representa encima de la torre.

Sainte Mere Eglise. Al fondo, la estatua dedicada al paracaidista de la 82 101 Airborne Girona Reenactment Group

Sainte Mere Eglise. Al fondo, la estatua dedicada al paracaidista de la 82
101 Airborne Girona Reenactment Group

«En Sainte Mere Eglise hay también un museo de la “Airborne” que es digno de ver. Dentro tienen material como un avión americano C-47 y un planeador “Waco” de aluminio y lona en el que se lanzaba a varios soldados y algún vehículo con el objetivo de que, al aterrizar, no estuviesen desperdigados y pudieran combatir juntos», explica, en declaraciones a ABC, Leandro Aguilera –presidente de la asociación de recreación histórica «101 Airborne Girona Reenactment Group», grupo que se conoce de cabo a rabo las playas de Normandía y todos sus entresijos históricos relacionados con la Segunda Guerra Mundial-.

Según afirma el recreador histórico (quien suele viajar cada año a esta zona) Sainte Mere Eglise era un enclave determinante para los norteamericanos, pues las cuatro carreteras principales que salían de la playa de «Utah» pasaban por este pueblo. Por ello, se estableció que era un objetivo que debía tomarse el primer día. «En el pueblo también se puede ver la iglesia -cuyos ventanales tienen motivos relacionados con los paracaidistas norteamericanos- y disfrutar del lugar en general, pues en él se rodó la película bélica “El día más largo”. Además, cada pueblo tiene su pequeño recuerdo del desembarco, desde carros de combate, hasta estatuas», completa Aguilera.

Objetivos de los paracaidistas al norte de Sainte Mere Eglise

-La batería de Azeville

Ubicada a menos de 10 kilómetros al norte de Sainte Mere Eglise se encentraba la batería de cañones de Azeville. En su momento estaba formada por varios obuses de 155 milímetros y era protegida por unos 200 soldados nazis. Era de vital importancia tomarla para evitar que aquellos monstruos escupieran plomo sobre los soldados que iban a desembarcar, y así lo hizo la 4ª División de Infantería. «Hoy en día la batería está recuperada y se mantienen los túneles que había entre las diferentes casamatas. Es algo muy difícil de ver en otros lugares», destaca Leandro.

Objetivos de los paracaidistas al este de Sainte Mere Eglise

-Saint Marie du Mont

A unos 9 kilómetros al este de Sainte Mere Eglise se ubica Sainte Marie du Mont, un pueblo cercano a la costa en el que los paracaidistas estadounidenses se hicieron multitud de fotografías que aún se conservan. «Es un lugar pequeño pero al que es muy recomendable ir. Hay un museo de la resistencia y es muy divertido coger instantáneas de la época y ubicarte en el mismo sitio por el que pasaron los paracaidistas», determina el presidente de la «101 Airborne Girona Reenactment Group».

-Angoville Au Plain

El pueblo de Angoville Au Plain se encuentra a 12 kilómetros de Sainte Mere Eglise y a menos de 4 de Sainte Marie du Mont. La historia de este pueblo está rodeada de cierto misticismo, tal y como nos explica el español. «En este pueblo cayeron dos médicos paracaidistas de la 101ª (un cirujano y un sanitario). Al ver la cantidad de bajas que se estaban sucediendo montaron un hospital de campaña en la iglesia para curar a sus compañeros, aunque pronto les empezaron a llegar heridos alemanes y también los trataron. Lo curioso es que, cuando los nazis tomaron el pueblo, dejaron que estos médicos siguiesen haciendo su función sin molestarles».

Restos de sangre en un banco de la iglesia 101 Airborne Girona Reenactment Group

Restos de sangre en un banco de la iglesia
101 Airborne Girona Reenactment Group

En palabras de Aguilera, los médicos solo pusieron una norma para seguir trabajando: que nadie entrase con armas en la iglesia. «Es un lugar precioso para visitar. En la actualidad todavía hay manchas de sangre (que no se han limpiado) en los bancos y las vidrieras tienen motivos relacionados con los paracaidistas. Además, es totalmente gratuito visitarla», añade el español.

-La Rue de la Madeleine

Miembros del grupo de recreación en el museo «Utah beach» 101 Airborne Girona Reenactment Group

Miembros del grupo de recreación en el museo «Utah beach»
101 Airborne Girona Reenactment Group

Si se sigue la carretera que baja desde Sainte Mere Eglise a Angoville Au Plain se llega hasta La Rue de la Madeleine, zona en la que se puede disfrutar del museo «Utah Beach». En él, además de todo tipo de material, hay un bombardero bimotor B-26 Marauder utilizado en el Día D, un transporte anfibio «Duck», varias lanchas de desembarco o –entre otras cosas- un carro de combate Sherman. «En la misma carretera está el monumento a Richard D. Winters, quien dirigió a la famosa compañía Easy en el Desembarco de Normandía. Su personaje aparece en la serie “Hermanos de Sangre”», completa Aguilera.

-Death ManŽs Corner

En esa misma carretera se encuentra la «Esquina del hombre muerto», un cruce de caminos que llevaba hasta Carentan (una zona de cruentos combates en el Desembarco de Normandía). En él hay varias casas, aunque la más destacada es una que fue utilizada por los paracaidistas como posición defensiva y por los alemanes como hospital de campaña. No obstante, su fama no le viene dada por esto, sino por el misterioso origen de su nombre.

Museo de la Esquina del Hombre Muerto 101 Airborne Girona Reenactment Group

Museo de la Esquina del Hombre Muerto
101 Airborne Girona Reenactment Group

«Hay dos teorías. Una dice que fue llamado así porque los alemanes destruyeron un carro de combate Stuart en este punto y mataron a su oficial cuando intentaba salir. Otra afirma que es porque había varios francotiradores nazis apostados en la casa y, cada vez que algún americano se acercaba, acababan con él», completa el recreador histórico. Sea como fuere, lo cierto es que actualmente hay un museo en esta vivienda y, cerca de ella, una atracción interactiva que –mediante una máquina hidráulica- permite a los visitantes sentirse como si estuvieran en un avión C-47 (uno de los usados el Día D).

Objetivos de los paracaidistas al oeste de Sainte Mere Eglise

-Carretera de la Fiere

Apenas a 4 kilómetros al oeste de Sainte Mere Eglise (unos cinco minutos en coche) se encuentra un minúsculo puente que, tal y como explica Aguilera, fue testigo de una batalla sangrienta entre norteamericanos y alemanes. La contienda fue determinante, pues era uno de los lugares a través de los que podían llegar los refuerzos nazis a la playa de «Utah». Por ello, no quedó más remedio que tomarlo a la fuerza aunque no tenía más de 10 metros de largo.

Puente en el que se dieron los combates de la carretera la Fiere 101 Airborne Girona Reenactment Group

Puente en el que se dieron los combates de la carretera la Fiere
101 Airborne Girona Reenactment Group

Durante dos días se vivieron combates sangrientos en el lugar hasta que, finalmente, tropas combinadas de la 82ª y la 101ª División lograron expulsar a los defensores. «En el lugar hay una estatua muy famosa que conmemora la valentía de los soldados, este tipo de esculturas se hicieron alrededor del mundo y se llaman de forma genérica “Iron Mike”», completa el recreador histórico.

Otros lugares no relacionados con los paracaidistas

1-«Normandy Tank Museum». Una antigua pista de aterrizaje ubicada en la carretera de Isigny que ha sido reconvertida en museo.

2-Cementerio alemán de «La Cambe». Lugar de reposo de cientos de combatientes de las «SS», la «Wehrmacht» y la «Luftwaffe».

3-La batería de Pointe du Hoc. Posición donde, según la inteligencia estadounidense, había ubicados varios cañones nazis. Estaban situados encima de un acantilado. «Los rangers de los EE.UU. desembarcaron y tuvieron que subir el acantilado a brazo y con cuerdas para lograr acabar con esas armas. Desde arriba les disparaban y les tiraban granadas. Era algo insufrible. Cuando al fin consiguieron conquistar la posición se dieron cuenta de que los alemanes habían trasladado los cañones a otro lado», añade Aguilera.

Acantilado que tuvieron que subir los rangers para asaltar los cañones nazis 101 Airborne Girona Reenactment Group

Acantilado que tuvieron que subir los rangers para asaltar los cañones nazis
101 Airborne Girona Reenactment Group

4-Vierville Sur Mere. «Es la zona de desembarco que se ve en la película “Salvar al soldado Ryan”. Realmente no hay nada concreto, pero hay varios búnkers alemanes», destaca el español.

5-Cementerio americano de Normandía. Localizado en Colleville Sur Mer, es el cementerio de las tropas aliadas que se puede ver también en el largometraje de Tom Hanks. «Es muy espectacular. Se podría decir que es muy americano. Si tienes suerte es probable que te encuentres con algún veterano de la guerra. Si lo haces y hablas inglés puedes preguntarle sobre sus vivencias, suelen estar abiertos a ello», finaliza el recreador histórico.

Cementerio americano en Colleville Sur Mer 101 Airborne Girona Reenactment Group

Cementerio americano en Colleville Sur Mer
101 Airborne Girona Reenactment Group

*Queremos dar las gracias a Leandro Aguilera y al «101 Airborne Girona Reenactment Group» por prestarse a narrarnos las experiencias de su viaje. Os aconsejamos visitar su página web.

Cinco consejos para visitar Normandía (de Leandro Aguilera y la «101 Airborne Girona Reenactment Group»)

Nuevas evidencias afirman que los chinos descubrieron América antes que Colón


ABC.es

  • John Ruskamp dice haber hallado más petroglifos asiáticos en Estados Unidos que confirman la llegada a la zona de esta civilización

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Los libros de Historia explican, desde siempre, que el primero en llegar hasta América fue Cristóbal Colón. Con todo, son varios los estudios que han afirmado en los últimos años que hubo otras civilizaciones que pudieron arribar antes que el hasta el Nuevo Mundo.

Uno de ellos es John Ruskamp, un investigador de Illinois doctorado en Educación que, en 2012, afirmó haber encontrado una serie de inscripciones con carácter asiático en Estados Unidos que podrían desvelar que los chinos pisaron aquella región antes que los marinos que venían en las conocidas carabelas. Su tesis le permitió escribir un libro y ganar un buen dinero Ahora, el autor afirma haber descifrado nuevas inscripciones que corroboran su teoría.

Así lo explica en su versión digital el diario «Epoch Times», donde se señala que Ruskamp ha encontrado marcas en el Monumento Nacional de la ciudad de Albuquerque, en Nuevo México. Tras realizar una investigación previa de los petroglifos, el estadounidense afirma que fueron realizados 2.800 años antes de que Colón pisase aquella región (aproximadamente, en el año 1.300 A.C.) por exploradores chinos.

«Los resultados son claros e indican que los antiguos chinos estaban explorando e interactuando con los pueblos nativos de América hace más de 2.500 años. Los hallazgos indican además que hicieron más de una expedición», ha determinado el experto.

Ruskamp no es el primero que se ha atrevido a afirmar que los chinos llegaron a América durante aquella época. De hecho, anteriormente la teoría ya había sido expuesta por Gavin Menzies, quien mantenía que una flota de buques de ese país viajó hasta el Nuevo Mundo en 1421, 70 años antes de la expedición de la Pinta, la Niña y la Santa María.

No obstante, Ruskamp es partidario (desde que escribió su libro) de que ambas civilizaciones se conocieron hace muchísimo más tiempo. Para ello, se basa en el hallazgo de hasta 84 pictogramas que ha encontrado en Estados Unidos (en Nuevo México, California, Oklahoma, Utah, Arizona y Nevada, concretamente). Todos ellos, símbolos asiáticos milenarios, según afirma.

Según ha explicado a lo largo de estos años, todos ellos han sido analizados por expertos en escritura china y se han tratado de traducir. En este último caso, de hecho, Ruskamp dice haber hallado un tipo de letra que fue utilizado por los chinos al final de la dinastía Shang (S.XVIII-S.XI A.C.).

«Aunque solo la mitad de los símbolos que se encuentran en la gran roca de Albuquerque, Nuevo México, se han identificado como escritura china, el mensaje hace referencia a que un hombre rindió honores a un ser superior con un sacrificio de un perro», completa el estadounidense. En este sentido, el investigador afirma que tanto la sintaxis como la forma de las letras es similar a la que fue utilizada para documentar antiguos rituales de las dinastías Shang y Zhou. «Los sacrificios de perros eran muy habituales en la segunda parte del segundo milenio antes de Cristo», determina.

Desde que desveló sus teorías hace varios años, Ruskamp ha sido criticado por no pocos científicos que acusan su trabajo de superficial y falto de evidencias. No obstante, sus hallazgos han sido apoyos por expertos como Dennis Stanford (del Smithsonian Institution) y David Keightley, un experto en la civilización china del Neolítico de la Universidad de California.

«Mano de Garra», el sangriento padrino de la primera familia de la Mafia en EE.UU.


ABC.es

  • Coincidiendo con los años de mayor poder, Giuseppe Morello fue elevado al título de «capo de los capos de la Honorable Sociedad». Tras pasar diez años en la cárcel, el siciliano todavía gozaría de un último instante de gloria como asesor del célebre Joe Masseria hasta su muerte a manos de bandas rivales
Wikipedia Fotografía de Giuseppe Morello tomada por la Policía de Nueva York en 1902

Wikipedia
Fotografía de Giuseppe Morello tomada por la Policía de Nueva York en 1902

Giuseppe Morello viste con un chaqueta tosca, un pañuelo de cuadros arrugado al cuello y el aire rústico de un inmigrante italiano recién llegado a Nueva York en la fotografía que la Policía le tomó durante su primera detención en Estados Unidos. Una imagen lejos del estereotipo del mafioso italiano de traje impoluto, sombrero de fieltro y camisa de cuellos prominentes. Pero lo que no le falta a Morello, como el sangriento padre de la primera familia mafiosa de EE.UU. que fue, es la capacidad de aterrar con la simple mirada de sus insondables ojos de color negro azabache o la existencia de una malformación en su mano que le valió el apodo de «Mano de Garra».

La presencia de la Mafia en EE.UU. se puede documentar muchos años antes de la llegada de «Mano de Garra» al continente, pero jamás al nivel de profesionalización ni con la estructura de una tradicional familia siciliana alcanzados con este miembro de la Cosa Nostra. En el conjunto de Italia, entre 1860 y 1914, cinco millones de personas, lo que equivalía a una tercera parte de la población, se lanzaron a buscar trabajo fuera de la península itálica. A las primeras oleadas de trabajadores cualificados procedentes del norte, que fueron recibidos de forma amistosa en Nueva York, le siguió una segunda tanda de inmigrantes analfabetos y empobrecidos procedentes de Nápoles y Sicilia. Entre las razones que se escondían detrás de este éxodo desde el sur, estaban las duras condiciones de su tierra natal, el servicio militar obligatorio para quienes no podían pagar por evitarlo y la interminable oleada de desastres naturales –sequías, inundaciones, terremotos, corrimientos de tierra y erupciones de volcánicas– que azotaron el país a finales del siglo XIX. Los más ingenuos de entre los inmigrantes creyeron, no obstante, que también podrían huir de las amenazas y chantajes de la sociedad secreta conocida por la prensa como la Mafia y por sus miembros como la Honorable Sociedad. Evidentemente, los ingenuos estaban en un terrible error.

La Mafia italiana llegó de la mano de los inmigrantes a Nueva York, Nueva Orleans, Kansas City y el resto de ciudades que asumieron el grueso de la población italiana. Uno de ellos, Giuseppe Morello, y su familia arribaron en Nueva York procedente de la localidad de Corleone, en la empobrecida parte interior de Sicilia, a finales del invierno de 1893. «Mano de Garra» dejaba a su espalda una condena de seis años de prisión incomunicada por dirigir una trama de falsificación de dinero, la cual solo esquivó porque huyó a EE.UU a tiempo, donde bastaba con que no participase en un ninguna actividad criminal durante tres años para que su historial quedara limpio. Y así lo hizo exactamente en esa franja de tiempo. La familia Morello-Terranova malvivió durante tres años trabajando como yeseros e incluso residieron una temporada en el Estado de Tejas como aparceros de algodón.

Érase el sueño americano, salvo porque a Morello sin violencia y sin poder la vida le causaba una desagradable somnolencia. En cuanto la ciudad se recuperó de la crisis económica de 1893, «Mano de Garra» regresó a Nueva York para poner en marcha distintas vías de lo que mejor sabía hacer: aprovecharse de los más débiles. La actividad criminal de los mafiosos que acompañaron a sus honrados compatriotas a la Gran Manzana se extendían casi exclusivamente a Little Italy (la Pequeña Italia) y a East Harlem y se centraban en la extorsión a los comerciantes, el robo, el secuestro a otros inmigrantes y el control de la lotería italiana. Lejos de la romántica visión del mafioso que es cruel pero justo, la Cosa Nostra en realidad era un grupo de matones que se aprovechaban sobre todo de la falta de interés policial en los barrios italianos.

Las falsificaciones y los asesinatos como base

Del lucrativo negocio de la extorsión a italianos adinerados, o que simplemente habían acumulado algo de dinero tras muchos años de trabajo, Morello regresó al mundo de las falsificaciones de billetes que ya había explotado en el pasado. Junto a sus hermanastros, los Terranova, Morello apoyó su red de falsificación en otros sicilianos como Tommaso Petto «El Buey» –un aterrador matón encargado del trabajo sucio– o Ignacio Lupo «El Lobo» –un hombre de voz aguda y gestos amanerados, que se encargó de organizar las primeras actividades de blanqueo de dinero de la banda–. Se trataban de imitaciones toscas de billetes de cinco dólares americanos, pero que servían para engañar a pequeños comerciantes de la periferia, con gran predilección por los carniceros, los pescaderos y los que trabajaban por la noche, poco dados, todos ellos, a comprobar la textura del dinero.

ABC | Ignacio Lupo «El Lobo»

ABC | Ignacio Lupo «El Lobo»

Las cosas fueron bien hasta que la acumulación de cadáveres atrajo la atención de la Policía y salpicó de sangre a toda la red de negocios fraudulentos. Uno de los cadáveres más ruidosos fue el de Benedetto Madonia, un miembro de la banda que se encontraba señalado por cuestionar la autoridad del jefe y terminó asesinado brutalmente. El 14 de abril de 1903, una mujer de la limpieza llamada Frances Connors encontró a Madonia metido en un barril en medio de East Side, que pasaba por ser uno de los barrios más pobres de Nueva York en ese momento. Las mutilaciones del cadáver, que tenía la garganta y la yugular cortada, casi decapitada, y el que hubiera sido depositado en un lugar público evidenciaban que se trataba de un aviso de la Mafia.

Sin conocer siquiera la identidad de la víctima, la Policía de Nueva York tardó semanas en unir las piezas y seguir el rastro hasta Morello. Como el historiador Mike Dash narra de forma minuciosa en «La Primera Familia» (Debate, 2010), las investigaciones de William Flynn del Servicio Secreto –que por entonces se dedicaban a perseguir la falsificación de billetes además de proteger al presidente– y el trabajo de campo de los detectives Arthur Carey y Joseph Petrosino terminaron poniendo en jaque a toda la organización criminal de Morello. Si bien las condenas finalmente solo afectaron a miembros menores de la banda, el caso colocó a Morello en el mapa de los grandes capos del país.

Pero antes incluso de que el asesinato del barril comprometiera el futuro de toda la familia Morello-Terranova, «Mano de Garra» llevaba tiempo reflexionando sobre la necesidad de que la totalidad de los miembros de su banda fueran al menos sicilianos, preferentemente de Corleone, y a poder ser emparentados entre sí. Salvo los irlandeses encargados de pasar los billetes falsos a los comerciantes, que fueron detenidos en 1900 y no dudaron en colaborar con la Policía para evitar penas mayores, la práctica totalidad de la banda se había mantenido hermética durante los interrogatorios sobre el negocio de la falsificación y posteriormente en lo respectivo al asesinato de Benedetto Madonia. Tras realizar una pequeña purga en su organización que costó la vida de Tommaso Petto «El Buey», entre otros, Morello culminó la fundación de la primera familia de la Mafia en EE.UU. de la que se tiene noticia.

Su banda era íntegramente siciliana: desde los soldados a los capos. Asimismo, mientras la mano derecha de Morello, Lupo, se casó con una de las hermanas Terranova, el propio jefe de la familia se emparentó ese mismo año con la que sería su segunda mujer, Marie Morello, hija de un mafioso local de Corleone. Los contactos del siciliano se extendían así de Europa hasta Los Ángeles. Coincidiendo con estos años de mayor poder y más ingresos económicos, «Mano de Garra» fue elevado al título de «capo de los capos de la Honorable Sociedad». Era, no obstante, un cargo más simbólico que efectivo, puesto que la Mafia americana todavía no era más que un conjunto de bandas repartidas por una decena de ciudades a la sombra de otros grupos criminales con mayor tradición, pero dotaba a Morello del reconocimiento para hacer las veces de árbitro y consejero en todos los temas correspondientes al crimen italoamericano.

La crisis inmobiliaria de 1907 –la primera recesión global de la Historia– derribó cuando estaban en la cumbre a Morello y a sus socios, quienes habían dedicado la mayor parte de sus beneficios fraudulentos a la construcción. Cuando los acreedores consiguieron lo que ninguna banda había siquiera soñado, que Morello huyera aterrado de la ciudad por una temporada, la familia se vio obligada a regresar al lucrativo negocio de la falsificación de billetes. En esta ocasión, la calidad de los billetes alcanzó cotas de mayor detalle y los ingentes beneficios permitieron a «Mano de Garra» recuperar toda su fuerza criminal. Sin embargo, un cabo suelto, uno con acento calabrés, supuso la perdición de toda la familia.

Morello se convierte en consejero de Masseria

El nuevo negocio de falsificación de billetes se realizaba desde una cabaña remota en Highland, un pequeño pueblo al norte del Estado de Nueva York, donde un improvisado grupo de impresores trabajaba día y noche en el más absoluto secreto. Uno de ellos se llamaba Antonio Comito, y había viajado engañado junto a su amante a la cabaña. Allí estuvo casi dos años amenazado de muerte y siendo víctima de numerosas vejaciones. Años después de su traumática experiencia, el agente del Servicio Secreto William Flynn se topó casi por casualidad con el testimonio de este inofensivo calabrés e hizo todo lo posible para persuadirle de que declarara ante un juez. A cambio de protección y de una pequeña cifra económica, Comito «La Oveja» presentó pruebas contra Morello, Ignacio Lupo y todos los integrantes de la banda dedicados a la falsificación. El día que el juez fijó una condena de 25 años de trabajos forzados a Giuseppe Morello, éste cayó al suelo desmayado e incluso sufrió convulsiones. Ignacio Lupo «El Lobo», condenado a 30 años, se limitó a sollozar «hasta empapar un pañuelo entero con sus lágrimas».

Tras pasar en la cárcel diez años, un envejecido Morello regresó a las calles italianas de Nueva York en 1920 solo para descubrir que todo había cambiado dramáticamente. La competencia entre familias sicilianas cada vez era mayor, la irrupción de la Camorra napolitana había sido frenada a un alto coste en sangre y los beneficios que la Ley Seca habían abierto convertían en minucias las cifras que Morello manejó en sus mejores años. Por aquel entonces, la familia Morello-Terranova se mantenía aliado con Joe «El patrón» Masseria, un siciliano de modales groseros y escasa cultura que ejercía como «capi di tutti capi».

Sin embargo, cansados de su autoritarismo y codicia desmedida, el resto de familias se conjuraron contra Masseria en lo que vino a llamarse la guerra de Castellammarese. Giuseppe Morello, en tanto, hizo las veces de consejero del «capi di tutti capi», con tan buenos resultados que la guerra iba camino de elevar al grosero siciliano a criminal más poderoso del país. No en vano, el otro bando, dirigido por Salvatore Maranzano –un sofisticado e inusualmente culto gánster también procedente de Sicilia– vio con claridad que el primer paso para finalizar la guerra pasaba por sacar del tablero de juego a Morello.

ABC | Giuseppe «Joe The Boss» Masseria

ABC | Giuseppe «Joe The Boss» Masseria

«Maranzano solía decir que, si confiábamos en ganar la guerra, teníamos que coger a Morello antes de que el viejo zorro dejara de seguir su rutina cotidiana. En el momento que decidiera ocultarse, el viejo podría subsistir para siempre a base de pan duro, queso y cebollas», recordaría años después Joe Bonnano, jefe de una de las cinco familias mafiosas de Nueva York. Así, antes de concederle la ocasión de cambiar su rutina, Maranzano envió a tres asesinos a la oficina que Morello mantenía en el corazón del Harlem italiano. Cuando Morello entreabrió la puerta al oír las pisadas de alguien acercándose, los asesinos se percataron de que «el viejo zorro» se encontraba acompañado de otras dos personas y prefirieron no correr riesgos, acribillando a balazos la habitación. Giuseppe Morello pudo salió tambaleándose de su oficina antes de recibir dos tiros más casi a bocajarro. El primer capo de capos de EE.UU. murió el 15 de agosto de 1930 atravesado por siete balas, vistiendo, ahora sí, un sombrero de fieltro y un traje impoluto.

Pese a tener más hombres y más recursos que sus enemigos, Masseria fue cediendo terreno sin la astucia y la veteranía de «Mano de garra» de su lado. El 15 de abril de 1931, un joven y ambicioso Lucky Luciano, que más tarde se alzaría como el mayor narcotraficante a nivel mundial, traicionó a su jefe Masseria, que fue tiroteado en un restaurante mientras engullía un plato de pasta (otras versiones afirman que estaba a punto de conseguir una escalera de color jugando al póker), a cambio de que Salvatore Maranzano le otorgase la jefatura de la banda y el permiso paa hacer negocios con gánsters de otros grupos raciales. Pero, como Morello había descubierto solo con su muerte, el nuevo capo de capos iba a constatar que la segunda generación de mafiosos era todavía más despiadada y codiciosa de lo que lo había sido nunca la vieja guardia. Antes de que acabara ese mismo año, Luciano asesinó a Maranzano y dio comienzo a uno de los mayores imperios criminales del siglo XX.

De cómo se halló milagrosamente la tumba de San Fermín


ABC.es

  • San Salvio dio con la sepultura del santo navarro en Amiens en el año 615 guiado, según la tradición, por un rayo de luz
De cómo se halló milagrosamente la tumba de San Fermín wikipedia Bajorelieve de San Fermín en la Catedral de Amiens

wikipedia \ Bajorelieve de San Fermín en la Catedral de Amiens

San Fermín murió mártir en Amiens con apenas 31 años. Cuentan que el obispo pamplonés convirtió al cristianismo a cerca de 3.000 personas en esta ciudad francesa antes de ser apresado por orden del gobernador de la provincia que mandó decapitarlo en la cárcel un 25 de septiembre, al parecer en el año 303.

«Ordenó sus soldados que lo prendieran y lo encerraran en la cárcel, indicándoles que lo decapitaran silenciosamente por la noche y que escondieran su cuerpo para que no lo encontraran los cristianos y le tributaran honores», escribe José Antonio Goñi Beásoain de Paulorena en su artículo sobre «San Fermín, entre la historia y la leyenda».

Goñi relata que el cuerpo del mártir «fue abandonado sangrante sobre el suelo de la prisión», a la espera de que el gobernador romano ordenara descuartizarlo. El senador Faustiniano, que había sido bautizado por San Fermín, recogió sus restos y los sepultó en secreto en su tumba familiar en Abladene, en las proximidades de Amiens.

El lugar de su sepultura se perdió en la memoria hasta el 13 de enero del año 615, cuando otro santo, San Salvio, dio milagrosamente con su tumba. Los Anales del Reino de Navarra recogen cómo el obispo de Amiens «vio súbitamente abrirse el Cielo y descubrió en él un trono de gran majestad del que salió un rayo de luz de inaccesible claridad que continuaba hasta tocar en la tierra». San Salvio comenzó a cavar, con la ayuda de otros, en el lugar señalado y del lugar brotó «una fragancia celestial», como si «todos los aromas se desmenuzasen allí (…) y todas las flores respirasen», aumentando la fragancia conforme ahondaban en el descubrimiento.

Unos relieves góticos, situados en el trasaltar de la catedral de Amiens narran la historia de San Fermín, que también representó Alejandro Ferrant en un cuadro pintado en el s.XIX, colgado hoy sobre el dintel de una de las puertas del Salón del Trono del Palacio de Navarra.

Reliquias en Pamplona

Los restos de San Fermín fueron conducidos procesionalmente hasta la catedral de Amiens y dice la tradición que aquel día se produjeron numerosos milagros en la ciudad. En el supuesto lugar de la tumba del santo, en Abladene, se levantó más tarde la iglesia de Santa María de los Mártires, convertida después en la abadía de Sain Acheul, según relata Goñi. Allí se encontró una lápida con la inscripción «Firminus M.» («Fermín mártir»).

La primera reliquia del santo de la que se tiene noticia en Pamplona llegó a la capital navarra en 1186, siendo obispo de la ciudad Pedro de París, también llamado «de Artajona» por su origen. El prelado de Amiens, Teobaldo de Heilly, le entregó un fragmento de la cabeza del mártir, que se conserva hoy en un busto guarnecido de plata de 1527 en la catedral de Pamplona. Aquel mismo año de 1186 Pedro de París dio rango solemne a la fiesta del mártir, el 10 de octubre. «Lo decretamos así porque el nacimiento de dicho mártir es atribuido a padres pamploneses y se dice que fue ordenado obispo de la ciudad», escribió el prelado en el decreto, según recoge José María Jimeno Jurío en «Historia de Pamplona y de sus lenguas».

Doscientos años después, Carlos II de Evreux aportó otra reliquia de la cabeza del santo «quizá con la intención de calmar ánimos, caldeados tras las ejecuciones de Miluce», señaló José Luis Molins en un estudio sobre «Rito y protocolo en la fiesta de San Fermín». La reliquia pertenece al tesoro de la catedral y se guarda en un copón del siglo XVI con una inscripción en latín al pie.

En el siglo XVI, llegaron a Pamplona otras tres reliquias desde Amiens. Francisco de Álava, embajador de Felipe II en la Corte de París obtuvo en 1569 una para su prima Beatriz de Beaumont y de Navarra, que se colocó en el óvalo del pecho de la imagen de San Fermín que cada 7 de julio sale en procesión por las calles de Pamplona. En esta talla relicario se colocaría años después una reliquia que perteneció a Martín Azpilicueta y en 1638 la que consiguió Martín de Olagüe en 1597 por su protección de la catedral de Amiens como capitán al mando de su compañía.

La última reliquia del santo se recibió en Pamplona en 1941 «con todo júbilo y solemnidad», según Molins. Una arqueta relicario guarda en la catedral de Pamplona el fragmento de fémur que donó el obispo de Amiens, monseñor Lucien Martin.