Amfípolis, en Grecia, la tumba de Europa


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  • Atenas no tiene fondos para su inmenso patrimonio. El Parlamento Europeo trata de mantener la financiación del gigantesco sepulcro relacionado con Alejandro Magno
abc Cariátide hallada en Amfípolis, hoy sin fondos para la excavación

abc | Cariátide hallada en Amfípolis, hoy sin fondos para la excavación

Hace apenas unos días Silvia Costa, la eurodiputada italiana que preside la Comisión de Cultura y Educación del Parlamento Europeo, visitó la excavación de Amfípolis, en Macedonia, un yacimiento gigantesco relacionado con Alejandro Magno. Lo ha hecho acompañada de ocho representantes de su comité y de la arqueóloga griega responsable, Katerina Peristéri. La mera posibilidad de la salida griega del euro y la quiebra del Estado hacen temer por este y muchos otros yacimientos en los que la arqueología cifra el origen de la cultura occidental.

La eurodiputada italiana insistió que era obligación de todos los parlamentarios europeos el apoyar el trabajo realizado en este sitio arqueológico para que continúen las excavaciones y la labor de restauración, pero sobre todo para que se reconozca como un monumento protegido de la Unesco. Y añadió que esperaba que haya una solución en el coflicto de Grecia y la UE para que se puedan utilizar fondos comunitarios para proteger el monumento.

La noticia fue acogida con alegría por Katerina Peristéri, la arqueóloga encargada por el Ministerio de Cultura de esta excavación desde hace varios años. Porque el actual gobierno ha dejado claro que en este momento no existe posibilidad de seguir financiando los trabajos de restauración con fondos del ministerio: el Ministro Alterno de Cultura, Níkos Xidákis, visitó recientemente Amfípolis y declaró que ya ha recibido la ayuda financiera programada, comentando que «no existen muchas excavaciones en Grecia recibiendo semejante ayuda. Esto no es necesario todo el tiempo». Añadió que la excavación se estaba tomando un respiro necesario y que la señora Peristéri había comenzado ahora el estudio de lo que se había descubierto, así como el del mantenimiento del sitio arqueológico.

La situación actual refleja el cambio de gobierno y la desesperada falta de liquidez del Estado griego. Situación muy diferente de la de la primavera y verano de 2014, cuando se dieron a conocer los grandes hallazgos de este enterramiento (las esfinges, las cariátides, las tres salas ,el mosaico y las tumbas) y el gobierno presidido por el conservador Andónis Samarás le dio gran importancia. Samarás visitó personalmente la excavación con su esposa, y supo encontrar financiación extraordinaria (y algunas empresas privadas de la zona donaron más dinero y materiales).

Se nombró entonces una encargada exclusivamente para las relaciones con los medios a una conocida periodista, Ana Panayótarea, que es también profesora adjunta de periodismo y medios de comunicación de la Universidad de Tesalónica (también estuvo casada unos años con el arqueólogo Dimitris Patermalis, Director del Museo de la Acrópolis). Era algo nunca visto en Grecia: una excavación con su propia encargada relaciones públicas (se comenta que no cobró por este trabajo que abandonó antes de las elecciones generales). Todo ello mostraba el interés del gobierno en este enterramiento, no solo por la calidad de esta tumba del siglo IV a. C., sino por su situación geográfica.

Comenzaron entonces rumores nunca confirmados: que si podía ser la tumba final del propio Alejandro Magno, de su madre, de sus generales mas cercanos… Pero Amfípolis está situada en la región de Macedonia. Y es conocido el interés de Atenas por dejar bien claro que toda Macedonia era griega, parte del reino de Filipo II de Macedonia. Una manera de reforzar su posición en el conflicto con el nombre del vecino Estado conocido oficialmente como la Antigua República Yugoslava de Macedonia (y por sus siglas en inglés, FYROM), que los griegos no quieren reconocer formalmente como República de Macedonia. Aun se sigue negociando el nombre.

El patrimonio, en peligro

En estos últimos meses se ha visto algo muy claro: el patrimonio cultural griego está en peligro. Sin medios, sus arqueólogos y expertos trabajan con dificultad, sus museos no pueden estar abiertos suficientes horas, no hay fondos para asegurar la vigilancia de todos los sitios arqueológicos, muchos de los cuales permanecen cerrados. Y cabe pensar que la cultura es también Europa. La prioridad es pagar sueldos y pensiones, el funcionamiento de hospitales y demás servicios imprescindibles. Fuera de la UE, la quiebra tendrá un precio elevado para el patrimonio y consecuencias dramáticas para la cuna de la cultura occidental. Pero Atenas no puede ahora por sí misma cuidar de la memoria de Europa.

Un lugar único

Samuráis vs. conquistadores: el cómic que te permite morir en batalla por España


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  • El guionista Ángel Miranda y el dibujante Juan Aguilera han abierto una campaña online con el objetivo de recaudar fondos para publicar un cómic sobre un increíble episodio del Imperio español. Una de las recompensas para los inversores es la opción de aparecer entre las tropas del capitán Carrión, el hombre que se enfrentó a los piratas japoneses en Filipinas
 verkami Viñeta del capitán Juan Pablo de Carrión, protagonista del cómic «Espadas del fin del mundo»


verkami | Viñeta del capitán Juan Pablo de Carrión, protagonista del cómic «Espadas del fin del mundo»

A sus 69 años, el marino Juan Pablo de Carrión era uno de los últimos supervivientes de la generación más brillante de descubridores y conquistadores que ha tenido España. En los años finales de su carrera, le fue encomendada la misión de expulsar a un grupo de más de 600 piratas japoneses, entre los que se contaban unos cuantos samuráis desheredados, de la isla de Luzón, en Filipinas, con solamente un puñado de barcos y 40 hombres en lo que fue conocido como los combates de Cagayán. Y lo consiguió a costa de muchos litros de sangre. Siglos después, el guionista Ángel Miranda Vicente y el dibujante Juan Aguilera Galán han lanzado hace pocos días una campaña de crowdfunding con el propósito de recaudar el dinero necesario para llevar la gigantes hazaña de Carrión a las páginas de un cómic.

Carrión aparece por primera vez mencionado en un evento reseñable durante la fracasada expedición de Ruy López de Villalobos a las Filipinas en 1543. Durante el resto de su vida, el capitán palentino prácticamente no abandonaría las aguas del Pacífico, e incluso estuvo presente en el primer viaje del Galeón de Manila, que conectaba México con Filipinas. Solo con más cicatrices en la piel que aventuras en la memoria, el palentino fue designado para terminar con las violentas incursiones de los piratas wako («gentes del país de Wa», o sea de Japón) en las costas Filipinas. Con este propósito, el capitán Carrión consiguió reunir a 40 soldados españoles (casi la mitad eran indígenas mexicanos de Tlaxcala), armados con acero europeo y conocedores de algunas de las tácticas que usaban los Tercios Españoles para dominar los campos de batalla en Europa. Los españoles tuvieron que hacer frente a fuerzas muy superiores en número y debieron cruzar su acero con las katanas de auténticos samuráis japoneses sin señor, «ronin», en una serie de combates que tuvieron lugar en 1582 a lo largo del río Cagayán. Una épica historia con final feliz para los intereses hispánicos.

Solo tres días han bastado para que Ángel Miranda y Juan Aguilera se hayan dado cuenta de la enorme expectación que crea el relato de Carrión y su lucha contra los piratas japoneses entre el público. El pasado 1 de julio, los autores de «Espadas del fin del mundo» iniciaron una campaña de micromecenazgo a través de una popular plataforma online con el objetivo de recaudar 4.500€ para financiar la creación, producción y distribución del cómic: 64 páginas a todo color donde se narrarán a través de una atractiva trama los combates de Cagayán. Con el mínimo del dinero necesario conseguido en la primera semana –de una campaña planeada inicialmente para 40 días–, el guionista y periodista Ángel Miranda reconoce verse sorprendido por el éxito de la promoción: «Antes de lanzar la campaña había investigado mucho sobre como funciona el mecenazgo online. Sabía que hay un factor al azar que puede elevarte al éxito absoluto, pero es difícil dar con él. Nosotros hemos dado con la tecla con la expectación creada en las redes sociales y con la búsqueda de nuestro público», explica Miranda en declaraciones a ABC.

Salir «muriendo con honores en batalla»

Aficionado a la Historia y a los cómics, Ángel Miranda se vio fuertemente inspirado durante una travesía en «El Galeón Andalucía» –una reproducción de un galeón español del siglo XVII patrocinado y gestionado por la Fundación Nao Victoria– para lanzarse a la aventura de escribir un relato sobre Carrión. «Un día me encontré con la historia de este capitán trasteando entre las biografías de otros marinos español y me di cuenta del potencial narrativo que tienen los combates de Cagayán», señala. El siguiente paso del joven guionista fue buscar a un dibujante que se adaptara a una estética que aspira a retratar fielmente los galeones, las armaduras y las vestimentas del periodo. Juan Aguilera cumplía exactamente con las exigencias. «Tiene un toque europeo con gustos actuales y, sobre todo, me gusta que se preocupa por los detalles históricos», argumenta Miranda.

Los muchos obstáculos que presenta el sector del cómic en España, donde «es muy difícil que apuesten por alguien nuevo», forzaron a la pareja de autores de «Espadas del fin del mundo» a recurrir directamente al mecenazgo online. Además de las habituales recompensas para los inversores (un ejemplar impreso, portadas especiales, láminas de algunos de los personajes), «Espadas del fin del mundo» incluye la posibilidad, en función del dinero ingresado, de contar con un retrato del comprador hecho por el dibujante del cómic caracterizado como samurái o como soldado castellano, y, lo que ha causado furor en estos primeros días, el honor de aparecer como uno de los conquistadores entre las páginas del tebeo.

Los mecenas pueden pagar por formar parte de la tropa española que encabezó el capitán Carrión en los combates e incluso por hacerlo «muriendo con honores en batalla». «Evidentemente hay un número limitado de personas que pueden aparecer muriendo heroicamente, porque si no fuera así la historia se convertiría en una carnicería», bromea Miranda sobre una opción que se agotó al segundo día de poner en marcha la campaña, pese a que el pago para acceder a esta recompensa es de 250 euros.

El objetivo final es tener el cómic acabado para navidad, con sus 64 páginas a color, que podrían ampliarse a más debido al gran éxito en la recaudación. Una vez con el producto en sus manos, los autores de «Espadas del fin del mundo» estiman que será más fácil, con la repercusión mediática generada, convencer a alguna distribuidora para aumentar aún más la tirada y dirigirse a mercados extranjeros. Más difícil será ver una segunda parte, puesto que la trama está planeada como una historia cerrada, salvo por algunos flashback recordando episodios de la vida del veterano Carrión. No obstante, a Ángel Miranda le gustaría llevar la vida de otros héroes españoles, como Lope de Aguirre o Andrés de Urdaneta, o alguna batalla de los Tercios Españoles en Europa a las páginas de un cómic. «Tenemos personajes históricos que dejarían por los suelos a muchas películas de Hollywood. Basta con seguir la línea marcada por los propios escritos personales de estos militares y marinos para encontrar buenos guiones», señala Miranda pensando en el futuro.

El ejército de prostitutas nazis ideado para luchar contra las enfermedades sexuales


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  • Durante la contienda, las tropas alemanas contaban con decenas de lupanares regidos por el gobierno que debían pasar un «control de calidad» para evitar la propagación de la sífilis y la gonorrea

    Archivo ABC Hitler, sabedor de la importancia de las ETS, fue uno de los ideólogos de los prostíbulos de campaña

    Archivo ABC
    Hitler, sabedor de la importancia de las ETS, fue uno de los ideólogos de los prostíbulos de campaña

Cazas a reacción, bombarderos, explosivos, fusiles enemigos… Las causas que podían matar o herir a un soldado durante la Segunda Guerra Mundial se podían contar por cientos. Sin embargo, en esta contienda había también otro tipo de dolencias que solían provocar más bajas que las propias balas. Éstas eran peligrosas enfermedades de transmisión sexual tales como la sífilis o la gonorrea, las cuales incapacitaban a todo aquel combatiente que hubiese decidido pasar un buen rato con las lugareñas tras tomar algún que otro pueblo o ciudad.

Es por ello que, además de dedicar sus esfuerzos y sus recursos a la creación de súper armas capaces de borrar un avión del cielo en pocos minutos o hacer saltar por los aires un carro de combate enemigo, los nazis también se vieron obligados a consagrar una buena parte de su dinero a curiosos remedios para evitar que los militares se infectasen mientras «echaban una canita al aire». Entre ellos destacaban los lupanares oficiales ideados por el mismísimo Hitler. Su objetivo: hacer que una ingente cantidad de prostitutas pasara un control previo por parte de los médicos nazis. Sin embargo, había otros tantos sistemas.

Esta curiosa forma de evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual es una de las múltiples curiosidades y datos que se pueden hallar en «Pequeñas grandes historias de la Segunda Guerra Mundial», el último trabajo del historiador y periodista Jesús Hernández.

«En mi libro recojo 250 historias que estoy seguro que sorprenderán al lector. Aunque pueda parecer que es un simple anecdotario, el libro va más allá de eso, ya que explico episodios desconocidos para la mayoría de lectores, incluso para los que ya tienen un gran bagaje de lecturas de la Segunda Guerra Mundial. Por ejemplo, pocos sabrán que los británicos, y concretamente Churchill, no hicieron nada para paliar una hambruna en Bengala que causó tres millones de muertos, ya que preferían emplear esos medios en el esfuerzo de guerra. Algunos de los datos que ofrezco ayudan también a tener una visión esclarecedora del conflicto, por lo que creo que su lectura resulta muy gratificante», destaca el autor en declaraciones a ABC.

Las ETS en la I Guerra Mundial

Puede parecer que las enfermedades de transmisión sexual no han causado una gran cantidad de bajas en los ejércitos a lo largo de la Historia, pero la realidad es bien distinta. Tal y como explica Hernández en su obra, ya en la Primera Guerra Mundial los estadounidenses tuvieron que contabilizar un total de hasta 87 bajas por cada millar de soldados debido a estas dolencias. Sin embargo, por entonces los remedios se limitaban a evitar el contacto de los combatientes con las lugareñas. Así pues, poco se hacía más allá de emitir películas avisando del peligro que corría todo aquel que se atreviera a yacer con una desconocida.

«Las autoridades militares estadounidenses fueron conscientes del grave problema que éstas ocasionaban, por lo que pusieron en práctica programas de concienciación que incluían la proyección de películas que describían los terribles efectos de la enfermedad, así como las maneras de evitar el contagio», explica Hernández en su obra. Tampoco se desdeñaban los sermones de los párrocos, quienes lucharon a crucifijo y sotana para que los militares enarbolaran la bandera del celibato. De poco les sirvió, pues aproximadamente uno de cada diez combatientes terminó con sus huesos en el hospital aquejado de alguna dolencia contraída por vía sexual.

La sífilis: la primera creadora de bajas

Hubo que esperar hasta la Segunda Guerra Mundial para que, mediante la llegada de los anticonceptivos y la penicilina, las bajas producidas por enfermedades de transmisión sexual se redujeran. No obstante, la disminución fue escasa (hasta unos 56 casos por cada millar de hombres). Un claro ejemplo de lo molestas que podían llegar a ser, tal y como señala Hernández en su libro, lo demuestra el que los soldados de la «Wehrmacht» y las «SS» acantonados en Francia durante 1940 perdieron más efectivos por culpa de este tipo de dolencias que aquellos que habían muerto en combate durante la invasión y conquista del país. Por entonces, los militares sabían perfectamente que las dos infecciones a las que debían temer tanto como a las balas enemigas eran a la sífilis y a la gonorrea.

De ellas, la sífilis era la más habitual. «El único huésped de la sífilis es el ser humano, que se infecta por contacto sexual de lesiones mucocutáneas infectadas, habitualmente de genitales y boca. Uno de cada tres contactos sexuales con una persona infectada en fase precoz resulta infectante. También es posible la transmisión intraútero o los contagios por vía no sexual, en profesionales sanitarios o transfusiones. El germen es capaz de atravesar piel o mucosas intactas, migrar rápidamente por vía linfática hasta los ganglios regionales y diseminarse por vía sanguínea, antes de producir la lesión primaria», explican los doctores J.L. Rodríguez Peralto; S. Alonso y P. Ortiz en su dossier «Dermatología: Correlación clínico-patológica».

Aquellos que tenían la poca suerte de contraerla, y tal y como señala Teodoro Carrada Bravo en su artículo «Sífilis: actualidad, diagnóstico y tratamiento», les solía provocar pequeñas erupciones indoloras en la primera fase de la enfermedad. Posteriormente, y si la dolencia no se trataba (algo relativamente usual por entonces debido que en principio no provocaba molestias) avanzaba a la siguiente fase. «En ella, se puede presentar un sarpullido en las manos o los pies, así como en otras partes del cuerpo. Los sarpullidos de la sífilis a menudo son de color rojo o café y generalmente no pican. Otros síntomas pueden ser fiebre, dolor de garganta, dolores musculares, dolores de cabeza, pérdida de cabello y cansancio. Puede ser que estos síntomas desaparezcan por sí solos», explica el «Center for disease, control and prevention» estadounidense en su dossier «Sífilis, la realidad».

Finalmente, y tras un período de incubación sin síntomas aparentes, podía sucederse la última fase de la enfermedad. Esta era la más grave y la que causaba más estragos entre los soldados, pues empezaba por producirles dificultades en sus movimientos (pérdida de las capacidades motoras) en brazos y piernas, parálisis y entumecimiento. En los casos más graves, podía llegar a generar a los combatientes ceguera, dolencias cardíacas o la muerte (la cual se sucedía, en última instancia, por las causas anteriores).

Con todo, la sífilis no era el único asesino silencioso de los soldados alemanes en la Segunda Guerra Mundial. La segunda enfermedad en discordia era la gonorrea, una dolencia que, aunque no llegaba a causar la muerte, podía suponer una verdadera molestia para el soldado. Y es que (tal y como explica el «Center for disease, control and prevención» en su dossier «Gonorrea, la realidad») si era contraída solía generar dolor o ardor al orinar, secreción del pene, inflamación en los testículos, sangrado y, en el caso de que no se tratase a tiempo, infertilidad.

Puede parecer sencillo evitar estas enfermedades, pero lo cierto es que la fogosidad de la soldadesca (más preocupada por andar saciando sus más bajos instintos que por acabar con el enemigo a base de fusil) hacía que fuese difícil controlar su expansión. Por ello, tanto los estadounidenses como los nazis tomaron medidas drásticas para acabar con la sangría de bajas que estaba provocando el que sus combatientes yacieran con toda aquella mujer que se prestase a ello en el frente.

Prostíbulos promovidos por el ejército

Los nazis fueron los primeros en establecer varias medidas contra las enfermedades de transmisión sexual. «El ejército alemán era consciente desde el comienzo de la guerra de que la necesidad de esparcimiento de los soldados iba a acarrear un buen número de bajas por enfermedades venéreas. La campaña de Polonia confirmó estos temores, puesto que las prostitutas locales causaron numerosos contagios entre los soldados. Por tanto, la “Wehrmacht” dispuso una serie de normativas para el control de la prostitución», explica Hernández en «Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial».

Los altos oficiales del ejército de tierra fueron las encargadas de ocuparse de este asunto. Su solución no fue otra que idear dos tipos de prostíbulos controlados y dependientes del ejército. Los primeros (conocidos como los de «guarnición») eran los que se ubicaban cerca de las grandes ciudades y atendían a los combatientes que volvían de permiso del frente. Por otro lado, también se crearon una serie de burdeles «de campo». Estos se situaban inmediatamente detrás de la línea del frente y su clientela, como se puede suponer, era el combatiente que buscaba desfogarse tras haberse dado de fusilazos contra los enemigos del Reich.

Curiosamente, sus trabajadoras podían ser profesionales del sexo (a las que se pagaba) o, simplemente, pobres desgraciadas atrapadas por los nazis que no veían otra forma de sobrevivir. Estas últimas eran destinadas también a los prostíbulos oficiales de los campos de concentración. «Esas mujeres, denominadas por la burocracia militar Offizierdecke (“oficiales de cama”), podían ser prostitutas profesionales reclutadas en Alemania y los países ocupados, mujeres convictas de crímenes civiles o políticos que preferían ese servicio a realizar trabajos forzados en campos de concentración, o bien prisioneras de guerra, la mayoría procedente de los territorios ocupados en la Unión Soviética», añade el experto español en su obra.

El «sistema de trabajo» que se utilizaba era sumamente curioso y en él primaba sumamente la higiene. El objetivo era sencillo: evitar un contagio masivo. Para empezar, el soldado que quisiese pasar un buen rato entre disparo y disparo debía presentarse ante el médico del cuartel, que le hacía un examen médico exhaustivo para asegurarse de que no tenía ninguna enfermedad. Posteriormente, recibía un preservativo, un bote de desinfectante y un informe en el que dejaba constancia de su buen estado de salud antes de entrar al prostíbulo militar. En él, figuraba además el nombre del «centro» y un pequeño espacio para que la Offizierdecke pusiese su firma y su número.

«Después, pasaba a esperar su turno en la fila correspondiente. Generalmente, la espera en la fila era mayor que el tiempo que el soldado pasaba con la mujer. Antes del servicio se utilizaba el desinfectante y la mujer firmaba el pase, y a la salida el soldado debía entregar al oficial médico la lata vacía y el documento rubricado. Si no se cumplían estas disposiciones, todos se exponían a severos castigos», señala Hernández. Lo cierto es que, aunque todo el proceso era sumamente «alemán» (muy ordenado y sistemático) los combatientes acabaron aceptándolo y ayudó a prevenir las enfermedades.

Algunos combatientes dejaron constancia, incluso, del proceso que debían seguir para poder ir al burdel en las cartas que enviaron a sus familias. Uno de ellos fue un tal Erich B., un combatiente de la «Wehrmacht» que, en 1940, escribió una carta a su hija después de que esta le aconsejase «echar una canita al aire» para relajarse en el frente. Curiosamente, el padre le explicó en su misiva que –además de todo el proceso anteriormente señalado- también se les pinchaba antes y después del servicio una inyección para prevenir la transmisión de enfermedades. Una medida extrema que, probablemente, se llevó a cabo por recelo de los médicos.

«Ya he ido de buena gana para mirar, pero hay un problema, cuando acudimos a un burdel –y ya te puedes imaginar que es algo que los soldados hacen con frecuencia-, los enfermeros nos ponen antes y después una inyección contra las enfermedades de transmisión sexual. A ellos les da completamente igual si vamos a ver a una mujer o no. Pase lo que pase, nos ponen la inyección. A mi esta tarea me resultaría indiferente si después no tuvieran que andar pinchándome en la cosa dos veces. Así como ves no iré nunca, pese a tus consejos», determina el soldado de la «Wehrmacht» en la misiva (recogida en el libro «Cartas de la “Wehrmacht”».

Lo cierto es que aunque el sistema era restrictivo fue sumamente útil, pues -según los datos recogidos por Hernández en su obra- permitía a los médicos detectar rápidamente un caso de sífilis o gonorrea antes de que se extendiese, determinar cuál era su origen y, finalmente, tratar de eliminar la enfermedad del foco original. «A pesar de todas estas precauciones, entre los años 1939 y 1943, en la “Wehrmacht” se registraron 250.000 casos de enfermedades venéreas. La principal fuente de contagio era la población civil, tanto en los países ocupados como en Alemania, al ser unos contactos que escapaban a esta estricta reglamentación», añade el experto.

Con todo, los nazis no fueron los únicos que luchaban a capa y espada (o a preservativo y desinfectante, más bien) contra estas dolencias. Otro país en el que abundaban los quebraderos de cabeza debido a las múltiples que podían sufrir sus combatientes eran los Estados Unidos. La razón era sencilla: los patriotas ciudadanos norteamericanos siempre decidían que uno de los mejores negocios para poner cerca de los campamentos militares eran los prostíbulos. Eso llevó a los oficiales del «Tío Sam» a tomar una serie de medidas de urgencia para evitar los contagios.

La primera fue entregar cuatro preservativos a los combatientes. No obstante, se terminó demostrando que ese número era totalmente insuficiente, pues mucho se dejaban el sueldo en estos establecimientos. Por ello, hubo que recurrir a la «artillería pesada» (y nuca mejor dicho) y se barajó la posibilidad de prohibir el alcohol entre la soldadesca. La medida, no obstante, no fue aprobada. Y es que a Roosevelt le pareció algo impopular que podía acabar con soldados muy enojados.

Dos preguntas a Jesús Hernández

¿Quedan aún planetas por descubrir en la frontera exterior de nuestro sistema?


El Mundo

  • Plutón no es un mundo solitario. La década pasada se descubrieron cuatro nuevos planetas más allá de su órbita

    EFE | Sistema solar

    EFE | Sistema solar

Hace no muchos años, la simple idea de que nuestro Sistema Solar pudiera contener planetas desconocidos más allá de la órbita de Plutón se consideraba una locura, algo más propio de la ciencia ficción que de la astronomía «seria». Ahora, sin embargo, y con la nave New Horizons a punto de llegar al planeta enano, los astrónomos saben que «más allá» hay mucho más de lo que cualquiera hubiera podido imaginar. Y cuanto más detenidamente se estudian Plutón y sus alrededores, más evidente resulta que no está solo.

La pregunta, pues, es la siguiente: ¿quedan aún planetas por descubrir en la frontera exterior de nuestro sistema?

Muchos investigadores han empezado a pensar que sí. Algunos, incluso, creen que podría haber cientos, incluso miles de mundos lejanos que permanecen ocultos ahí fuera. Y no solo cuerpos del reducido tamaño de Plutón, sino planetas mucho más grandes, y tan distantes y oscuros que ninguno de nuestros telescopios ha logrado captarlos todavía.

Por ahora, sabemos que Plutón no es, en absoluto, un mundo solitario. De hecho, a mediados de la década pasada se descubrieron cuatro nuevos planetas más allá de su órbita. Uno de ellos, Eris, apenas si difiere de él en unos pocos km. Los otros tres, Makemake, Haumea y Sedna, tienen cerca de la mitad del tamaño de Plutón. Los cuatro se encuentran en una distante región del Sistema Solar llamada el Cinturón de Kuiper, y son los responsables de que el propio Plutón perdiera, en 2006, su categoría de planeta para ser degradado a la condición de «planeta enano».

De hecho, uno de los criterios de la Unión Astronómica Internacional especifica que, para ser considerado un planeta, un objeto debe ser el dueño absoluto de su órbita, manteniéndola limpia de otros objetos grandes. Sin embargo, las órbitas de Eris, Makemake, Haumea y Sedna cruzan la de Plutón.

Pero eso no es todo. Investigadores del prestigio de Alan Stern, investigador principal de la misión New Horizons, está convencido de que muchos más objetos enormes esperan a ser descubiertos en la frontera exterior del Sistema Solar. El problema es que los planetas solo son visibles gracias a la luz que reflejan. Y en aquella remota región de nuestro sistema la luz solar es miles de veces menos intensa que en la Tierra. Pero para Stern, es el propio Plutón el que nos proporciona los indicios más sólidos de que hay más mundos ahí fuera.

Desde 1978 se sabe que Plutón tiene una gran luna llamada Caronte. Una luna que tiene casi el mismo tamaño que Makemake, Huamea o Sedna. De hecho, el astrofísico Robin Canup demostró con una serie de simulaciones informáticas que al principio de la historia del Sistema Solar Caronte fue un mundo independiente, y que fue capturado por Plutón poco después de que ambos chocaran. Y aunque el encontronazo no fue lo suficientemente violento como para destrozar a ninguno de los dos mundos, sí que bastó para frenar a Caronte hasta el punto de que ya no pudo escapar de la gravedad de Plutón. Este modelo sigue siendo la mejor forma de explicar por qué Plutón tiene una luna tan grande.

Pero aunque Plutón nos parezca tan lejano, no nos engañemos. El Sistema Solar en el que vivimos es realmente enorme. Y si Plutón Y Caronte hubieran sido los únicos cuerpos en medio de esa inmensidad, las probabilidades de que ambos chocaran habrían sido despreciablemente ridículas. El propio Stern ha calculado que haría falta un tiempo superior a 10.000 veces la edad del Universo para que tal encuentro tuviera una probabilidad real de producirse. Pero si tienes mil cuerpos del tamaño de Plutón en la region, afirma Stern, entonces la cosa cambia y las probabilidades aumentan.

Para el investigador, «parece una locura pensar en un Sistema Solar así, pero eso es lo que nos dicen los datos. Y aún podríamos encontrar objetos del tamaño de la Tierra o Marte».

Otros investigadores están de acuerdo. Entre ellos, el español Carlos de la Fuente Marcos, quien en dos estudios publicados el pasado año en Monthly Notices of The Royal Astronomy Society reveló la existencia de 13 nuevos «objetos trans neptunianos extremos». O lo que es lo mismo, planetoides cuyas órbitas los llevan a distancias del sol hasta cinco veces superiores a las de Neptuno, o tres veces más que la de Plutón.

Probablemente, ninguno de estos cuerpos sea lo suficientemente grande como para dar cuenta de los planetas a los que se refería Stern, aunque son todos tan oscuros y distantes que cuesta precisar sus tamaños. Son, por ahora, los objetos más remotos jamás hallados dentro del Sistema Solar. Aunque la similitud de sus órbitas sugiere poderosamente que todos ellos han sido «pastoreados» a sus trayectorias actuales por las interacciones gravitatorias con uno o varios cuerpos mucho mayores.

Según los modelos elaborados por de la Fuente Marcos, estas órbitas trans neptunianas tan extremas podrían estar revelando la presencia no de uno, sino de dos objetos mucho mayores y más distantes que Plutón. Según algunos de sus cálculos, aún por publicar, podría tratarse de planetas del tipo «súper tierras», y con tamaños entre dos y quince veces el de nuestro planeta natal. «Nuestros estudios ,afirma el investigador, solo son teóricos, basados en estadísticas y simulaciones. Aunque para explicar las órbitas de estos distantes cuerpos, esa es la explicación más simple y convincente».