Los otros himnos que pudo tener España en 1870 gracias al general Prim


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  • En el S.XIX se convocó un concurso para la adopción de una «Marcha Nacional» al que se presentaron más de cuatro centenares de composiciones

    Sans Cabot El general Prim, quien convocó el concurso en 1870

    Sans Cabot | El general Prim, quien convocó el concurso en 1870

 ¿Y si el Himno español no fuera el que todos conocemos actualmente? ¿Y si tuviera cierto aire a la Marsellesa? ¿O contara en su partitura las penurias de una gran batalla? Puede que estas preguntas parezcan lejanas e imposibles de materializarse a día de hoy, pero lo cierto es que hubo un momento, hace casi 150 años, en que el general Prim organizó un concurso con la intención de que la «Marcha Granadera» o «Marcha de Granaderos» (la melodía actual que representa a España) pasara a mejor vida y fuera sustituida por una nueva composición más acorde con la revolución liberal que acababa de vivirse en nuestro país. La idea no cuajó, pero dejó para la posteridad más de 400 ejemplos de tonadillas, cada una más curiosa que la anterior, que pudieron convertirse «Marchas Nacionales».

Y es que, el himno que miles de personas pitaron hace algunas semanas durante la final de la Copa del Rey cuenta con tres siglos de vida a sus espaldas en los que –aunque ha mutado de marcha militar a Real- se ha mantenido ligado a nuestro país de forma irremediable. En todo este tiempo, tan sólo ha habido 10 años en los que la melodía oficial de nuestro país pasó a ser el «Himno de Riego». Así pues, durante penurias tales como la Guerra de la Independencia (en la que andábamos dándonos de bofetones contra Bonaparte) los habitantes de estos lares usaban la «Marcha Granadera» como un canto de unión frente al enemigo.

El nacimiento de la «Marcha de Granaderos»

Para hallar el alumbramiento del himno español es necesario viajar en el tiempo hasta el principio del Siglo XVII (más concretamente, hasta 1749). Fue en aquellos años cuando Fernando VI decidió unificar y reglamentar los «toques de la guerra». Es decir, aquellas melodías o tonos diferentes que hacía sonar cada unidad militar cuando –por ejemplo- rendía honores a su rey. Dentro de esa ingente cantidad de piezas musicales que se debían regular se hallaba una tonadilla llamada «Marcha de los Granaderos» (debido a que era usada por estos grupos de infantería). Eso sí, algunos estudiosos como Juan María Silvela Miláns del Bosch (coronel de Caballería y autor del dossier «El Himno nacional») creen que, por entonces, aún no se había puesto todavía por escrito.

A pesar de ello, en la primera reglamentación oficial que se hizo de los «toques de guerra» (la cual finalizó en 1751) ya se hacía referencia a la «Marcha de Granaderos». «Siempre que cualquiera tropa marche con las formalidades correspondientes, tocarán marcha los tambores que haya en ella; y si los granaderos marchan solos, utilizarán entonces la “Marcha Granadera”», determina, refiriéndose a un documento de la época, del Bosch en su obra. Esta canción, todavía sin escribir (aunque probablemente tocada ya por bandas militares) fue el germen de nuestro actual Himno español.

Portada del «Libro de la Ordenanza de los toques de pífanos y tambores que se tocan nuevamente en la Infantería española» Biblioteca Nacional de España

Portada del «Libro de la Ordenanza de los toques de pífanos y tambores que se tocan nuevamente en la Infantería española»
Biblioteca Nacional de España

Es necesario avanzar hasta el año 1761 para encontrar un documento en el que la «Marcha de Granaderos» cuente ya con una partitura concreta. Esta fue encontrada en el «Libro de la Ordenanza de los toques de pífanos y tambores que se tocan nuevamente en la Infantería española», un manuscrito en el que aparece dicha melodía puesta sobre papel por primera vez. «El libro era de Manuel Espinosa de los Monteros, por lo que se atribuye la creación de la marcha a él, pero realmente no se puede certificar su autoría. Puede ser que solo la arreglara (la adaptara) para los “toques de guerra”. En la carpeta de un compositor puede haber muchas partituras, pero eso no significa que sean suyas, pueden ser simplemente partituras que esté recopilando o arreglando» explica, en declaraciones a ABC, Antonio Lillo Parra, responsable de los archivos musicales de la Biblioteca Central Militar.

A lo largo de esa década se sucedieron varias reglamentaciones para los «toques de guerra» (todos ellos, interpretados por los militares a pífano -una pequeña flauta- y tambor) hasta que, finalmente, quedaron todos regulados en 1769. El resultado fue recogido en un «Cuaderno impreso» (como así se llamaba) que contenía todas las tonadillas de infantería y que fue entregado a cada unidad española. «En el “cuaderno” citado nos encontramos con la “Marcha de Granaderos” cuya instrumentación incluye, además de los pífanos, dos clarinetes. A Espinosa se le reconoce en la citada portada del cuaderno como concertador», añade del Bosch en su obra.

Un misterioso origen

A pesar de que varios expertos como Begoña Lolo reconocen como autor de la «Marcha Granadera» a Espinosa, existen otras tantas teorías sobre la melodía en la que se basó para idearla o el lugar del que la recopiló. La primera de ellas es la que afirma que la música original data de mediados del Siglo XII. «Es probable que la “Marcha de Granaderos” tenga su antecedente en la Cantiga de Alfonso X el Sabio, concretamente en la número 42. En ella hay unos compases que puede ser que inspirasen al autor», destaca Lillo.

Con todo, también se baraja la posibilidad de que el futuro himno español fuese un regalo del rey Federico II de Prusia a Carlos III a través del Conde de Aranda. Este mito se dio a conocer gracias a un periódico llamado «La España Militar», que lo publicó en 1861. Sin embargo, a día de hoy se ha descubierto que es totalmente falso.

Granaderos españoles, en Pensacola Wikimedia

Granaderos españoles, en Pensacola
Wikimedia

«Ha quedado descartado con absoluta certeza que la Marcha Real haya sido un regalo de Federico II. Ricardo Fdez. de Latorre el más prestigioso historiador de la música militar en su obra la Música Militar de España nos aclara con rotundidad y nos da las siguientes razones. En primer lugar, afirma que el conde de Aranda era embajador en Polonia no en Prusia. Por otro lado, La entrevista no se halla fechada ni documentada ni consta en la hoja de servicios de Conde de Aranda quien, además, regresó a España en 1762 para dirigir la campaña de Portugal. Finalmente, El Manuscrito de la Música Militar de Ordenanza es de 1761», añade Liloo.

A su vez, también se cree que puede estar basado en una pavana de Enrique de Valderrábano. «Una pavana es una parte de una suite en la que se baila como un pavo», añade el militar a ABC. De la misma opinión es del Bosch, que afirma que ambas melodías cuentan con grandes similitudes: «Esta pavana es una sucesión de 18 acordes con sus notas de paso y no es posible atribuir al azar tan exacta correspondencia. La “Pavana Real”, de la que ignoramos su autor, debió ser encargada por Gonzalo de Ayora, capitán de la guardia personal de Fernando el Católico, con el fin de acompañar a los reyes y desfilar con andar rítmico».

De «Marcha de Granaderos» a «Marcha Real»

Con el paso de los años, la «Marcha de Granaderos» empezó a ser ampliamente conocida a lo largo y ancho de nuestro país lo que, sin duda, garantizó que se fuera ganando un hueco entre los españoles. La razón fue sencilla: como los granaderos eran las tropas que, usualmente, desfilaban ante los reyes, la banda siempre entonaba esta melodía. «Cómo resultado lógico, los madrileños y los visitantes de la ciudad terminaron por identificar la composición de Espinosa con las personas de la realeza», añade del Bosch. De hecho, tal fue su arraigo que en la Guerra de la Independencia esta composición se usó para representar la resistencia contra los hombres de Napoleón Bonaparte.

«Estas circunstancias pudieron ser algunos de los motivos de que se decretase, el 3 de febrero de 1815, que la marcha designada como “española” se interpretase como único toque de honor en cualquier circunstancia e independientemente de la unidad que rindiera honores [a los reyes], pero muchas ya la estaban utilizando. Lo que se buscaba principalmente es que las unidades españolas no utilizaran músicas francesas», añade el español en su obra. Así pues, de escucharse ya en la mayoría de los actos de la realeza, la «Marcha de Granaderos» pasó a estar en todos los lugares de España de manos del ejército.

Prim y un concurso que decidirá un himno

La «Marcha Real» continuó su andadura –siendo suprimida y posteriormente readmitida- hasta mediados del Siglo XIX. Aquella época fue sumamente convulsa para España, pues -en el año 1868- los generales Prim y Serrano y el almirante Topete se rebelaron contra Isabel II y las viejas instituciones de la Península. Tras lograr vencer a los partidarios de la reina, los «progresistas» (como se les conocía) decidieron renovar radicalmente las instituciones nacionales y los símbolos asociados a nuestro país. La antigua «Marcha de Granaderos» no se libró de este lavado de cara, pues era vista como una música del Antiguo Régimen.

Así pues, se suprimió la categoría de «Marcha Real» de la «Marcha de Granaderos» y, el 4 de septiembre de 1870, fue convocado un concurso para buscar una nueva melodía con la que el ejército pudiera honrar a sus superiores. O eso se creía en principio. Sin embargo, la idea de Prim (líder por entonces del movimiento) iba mucho más allá, pues pretendía que la composición que se alzase con la victoria pasase a ser considerada «Marcha Nacional». Es decir, que se transformara en el Himno de España.

El joven general Prim, en 1859 Archivo ABC

El joven general Prim, en 1859
Archivo ABC

A su vez, en la orden que establecía las normas del concurso (firmada por el mismísimo Prim) se establecía también que la melodía debía ser compuesta «a paso regular en compas de compasillo, de estilo brillante y majestuoso» y que se otorgaría al compositor ganador con «una distinción honorífica y 2.000 pesetas». Para garantizar la objetividad a la hora de seleccionar la música (y que no influyeran las ideas políticas del compositor) el gobierno ordenó enviar la partitura en un sobre lacrado en el que se incluiría el nombre, la dirección de su autor y, finalmente, la forma en la que sería llamada la marcha. Acaba de comenzar una competición para determinar qué música representaría a nuestro país a nivel internacional en los años venideros.

Tras la inauguración del concurso se aceptó la participación de 447 melodías aunque, según afirma del Bosch, es muy probable que se recibieran muchas más. «Entre los autores se encontraban los mejores músicos de la época, como Tomás Bretón, Ruperto Chapí con cuatro marchas, Federico Chueca, Manuel Penella…», añade el experto. Los temas, como cabía esperar tras una revolución, hicieron en muchos casos referencia a la caída de la monarquía, a la batalla de Alcolea (una contienda a orillas del Guadalquivir entre las tropas de Isabel II y los sublevados con victoria de los segundos) y a la patria. Muchas de ellas, incluso, tenían ciertas similares con la Marsellesa. Algo lógico si se tiene en cuenta que los gabachos acababan de pasar (como aquel que dice) por la Península.

Cinco melodías que se presentaron al concurso

Archivos de Audio cedidos a ABC por el Instituto de Historia y Cultura Militar. Pertenecientes al disco «Origen y evolución. Himno Nacional de España», editado por el Ministerio de Defensa

1-¡¡¡Iberia!!!. Autor: Manuel Albert de la Peña. Puedes escucharla pinchando aquí.

2-Marcha Real Democrática. Autor: T. Bretón. Puedes escucharla pinchando aquí.

3-La Septmbrina. Autor: M. del Valle. Puedes escucharla pinchando aquí.

4-Marcha Nacional. Autor: M González y Valls. Puedes escucharla pinchando aquí.

5-La Libertad de la Patria. Autor: Anónimo. Puedes escucharla pinchando aquí.

El jurado y los problemas

Para elegir la melodía se seleccionó un jurado formado por tres compositores: Miguel Hilarión Eslava, Francisco Asenjo Barbieri y Pascual Juan Emilio Arrieta. No obstante, el primero tuvo que ser sustituido por el también musicólogo Baltasar Saldoni debido a una enfermedad. Sobre ellos recayó la difícil tarea de elegir un máximo de tres composiciones. Parece que fue una tarea demasiado ardua pues, tras pasar varios días, decidieron que ninguna contaba con tanta calidad como para ser el himno de nuestro país, con lo que el concurso fue declarado «desierto».

«Ninguno de los cuatro compositores quiso pasar a la historia por ser el protagonista de la supresión de un himno tan arraigado ya en la conciencia popular. No insistieron mucho en su calidad artística, pues entre las composiciones presentadas habría seguramente algunas extraordinarias, aunque afirmaban de “nuestra antigua Marcha Real que era artísticamente de lo mejor y de lo más apropiado que puede inventarse”. Justificaron su decisión, en consecuencia, con el siguiente argumento: “en los cantos nacionales, a pesar de su mayor o menor bondad artística, entra por mucho la significación que les presta la costumbre o el capricho de los pueblos», determina del Bosch.

Con la decisión tomada en firme, el 8 de enero de 1871 la «Marcha Real» (antigua «Marcha de Granaderos») fue seleccionada como «Marcha Nacional» española. El artífice de la decisión no fue otro que Amadeo I de Saboya (un monarca que vino desde Italia tras ser elegido por el Parlamento). De esta forma, se oficializó como himno una melodía que, hasta ese momento, ya lo había sido a todos los efectos. Con todo, hubo que esperar hasta el Siglo XX para que, mediante unos arreglos, pudiese ser tocada por una banda de música.

«Hasta ese momento la Marcha era tocada por una banda de guerra (y por lo tanto, por instrumentos de guerra –pífanos y tambores principalmente-). Tras los arreglos ya pudo ser tocada por una banda de música (con instrumentos de armonía, es decir oboes, clarinetes, liras etc.). Los arreglos se oficializaron el 27 de agosto de 1908 y el encargado de llevarlos a cabo fue Pérez Casas –director de la banda de alabarderos de Alfonso XIII-», explica Lillo en declaraciones a ABC.

Así continuó la «Marcha Nacional» hasta la llegada de la II República, cuando fue sustituida por el «Himno de Riego». Por su parte, Francisco Franco volvió a recuperarla en 1937. Desde ese momento, se han sucedido algunos arreglos del himno, aunque siempre manteniendo como fondo la canción con la que los granaderos, la infantería de élite del Ejército español, marchaba en el Siglo XVIII ante el rey.

Tres Joyas de la «Marcha Real»

En un soleado día de junio, Antonio Lillo entra a su despacho como cada mañana. Su lugar de trabajo se encuentra en el interior del Instituto de Historia y Cultura Militar, ubicado –a su vez- en la madrileña zona de Moncloa.

Marcha Real Granadera (Reg. Alabarderos) Antonio Lillo

Marcha Real Granadera (Reg. Alabarderos)
Antonio Lillo

Tras una vida dedicada a la música marcial, Lillo es a día de hoy el encargado –junto a tantos otros- de combatir el olvido que sufren las melodías castrenses en nuestro país. Su tarea es ardua, pues lucha jornada tras jornada contra aquellos que quieren asociar la «Marcha de Granaderos» -actual Himno español- con Francisco Franco. «La “Marcha Real” nació hace más de dos siglos, no se puede limitar solo a esa época», explica a ABC.

Su mesa está rodeada de discos con siglos de antigüedad, vitrinas con partituras de un valor incalculable e instrumentos de bandas militares con mucha solera. Todos son tesoros de la música y, algunos de los mismos –que pasan inadvertidos para los neófitos en el tema-, están relacionados íntimamente con la «Marcha Granadera». En su colección privada, Lillo cuenta con algunas grabaciones de la “Marcha Real” posiblemente únicas que podrían encontrarse perfectamente en un museo por su gran valía.

M.P.Villatoro

M.P.Villatoro

«La primera está grabada en un valioso disco de hierro y zinc, disco que se hizo en Italia entre los años 1870-1875», explica. Aunque a simple vista el objeto no es más grande que una hoja de papel, su contenido es sublime. No es para menos, pues –si lo pusiéramos en el reproductor adecuado- nuestros oídos podrían escuchar una «Marcha Real» con más de un siglo de antigüedad.

La segunda está elaborada en pizarra, un material mucho más frágil y, por lo tanto, más difícil de preservar. «Es interesantísima, pues fue interpretada por la Banda del Regimiento de Granaderos del Rey Guillermo. La grabación es la original (de entre los años 1890-1900) y probablemente, una de las pocas que se hizo de la melodía antes de que, en el año 1908, se llevasen a cabo los arreglos pertinentes por Bartolomé Pérez Casas para que la composición pudiese ser tocada por una banda de música. Es, casi con total seguridad, la única que queda», completa Lillo.

M.P.Villatoro/Instituto de Historia y Cultura Militar

M.P.Villatoro/Instituto de Historia y Cultura Militar

La tercera grabación que muestra Lillo también de pizarra: «Contiene la “Marcha Granadera” interpretada por la Banda de Alabarderos de Alfonso XIII. El decreto de la reforma de la Marcha Real es del día 27 de Agosto 1908, por lo que queda claro que esta grabación se hizo pocos días antes. Los tres discos son joyas con una gran historia a sus espaldas. Tres tesoros relacionados íntimamente con el himno de España. «Pensamos que estos discos son fiel testimonio de la Historia de España y deberían estar custodiados por las instituciones del Estado», completa.

Antes de partir, la pregunta es obligada: «¿Qué siente cuando se pita el himno español?». Su respuesta es elegante y clara a la vez: «¿Qué opinaría usted si abuchearan o pitaran a su madre?».

Bda Granaderos del Rey Guillermo. Marcha Real Antonio Lillo

Bda Granaderos del Rey Guillermo. Marcha Real
Antonio Lillo

El hallazgo de metano en meteoritos marcianos apunta a la posible existencia de vida


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  • Un equipo internacional de científicos sugiere que el metano encontrado podría ser utilizado como una fuente de alimento por formas rudimentarias de vida por debajo de la superficie de Marte

    abc | Imagen de un meteorito marciano

    abc | Imagen de un meteorito marciano

Un equipo internacional de investigadores ha descubierto rastros de metano en varios meteoritos marcianos, lo que podría ser una posible pista en la búsqueda de vida en el planeta rojo. Estos científicos examinaron muestras de seis meteoritos de roca volcánica recuperados en la Tierrapero que se originaron en Marte. Los meteoritos contienen gases en la misma proporción y con la misma composición isotópica de la atmósfera marciana.

Todos estos restos también contenían metano, que se midió por aplastamiento de las rocas y haciendo pasar el gas que sale a través de un espectrómetro de masas. El equipo también examinó dos meteoritos no marcianos, que contenían cantidades menores de metano.

El descubrimiento apunta ala posibilidad de que el metano podría ser utilizado como una fuente de alimento por formas rudimentarias de vida debajo de la superficie de Marte. En la Tierra, los microbios hacen esto en una variedad de entornos.

El co-autor de la investigación, Sean McMahon, asociado postdoctoral en el Departamento de Geología y Geofísica de la Universidad de Yale ha afirmado que «otros investigadores estarán dispuestos a replicar estos hallazgos utilizando herramientas de medición alternativas». A su juicio, los resultados obtenidos «probablemente serán utilizados por los astrobiólogos en modelos y experimentos encaminados a comprender, si la vida podría sobrevivir por debajo de la superficie de Marte en la actualidad».

Por su parte, el profesor de la Universidad de Aberdeen y director de la investigación John Parnell «una de las novedades más interesantes en la exploración de Marte ha sido la sugerencia de metano en la atmósfera de Marte». En esta línea, Sean MacMahon, ha añadido que las «misiones recientes de la NASA y la Agencia Espacial Europea, respectivamente, están viendo, sin embargo, que no está claro de dónde proviene el metano, e incluso de si realmente está allí. Sin embargo, nuestra investigación proporciona un fuerte indicio de que las rocas en Marte contienen una gran reserva de metano».

Y matiza que «incluso si el metano marciano no alimenta directamente a los microbios, puede señalar la presencia de un ambiente cálido húmedo, químicamente reactivo donde la vida podría prosperar».

Se cumplen 150 años de la teoría electromagnética que «cambió el mundo»


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  • El propio Einstein reconoció que gracias al físico escocés James Clerk Maxwell había podido formular su teoría de la relatividad especial
EPFL Fotografía de la luz como partícula y onda a la vez obtenida por investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne

EPFL
Fotografía de la luz como partícula y onda a la vez obtenida por investigadores de la Escuela Politécnica Federal de Lausanne

Era la víspera del día de Reyes de 1865, jueves para más señas. Esa semana el tiempo había sido desapacible y muy frío en toda Escocia, por lo que el físico James Clerk Maxwell, entonces de 33 años, apenas había podido salir de la casa de su finca escocesa de Glenlair. Llevaba allí junto a su esposa Katherine desde el principio de la Navidad, cuando habían dejado Londres para pasar las vacaciones. Katherine ya le había preparado el té, como hacía todas las tardes que pasaban juntos, y tras dejar la taza sobre la mesa ordenó los papeles de su esposo, sin apenas molestarle. Maxwell empezó a beber muy despacio, saboreando cada sorbo e intentando entrar en calor en esa fría tarde de enero, mientras se disponía a escribir una carta a su primo Charles Cay. Los dos habían estudiado física y matemáticas en la Universidad de Cambridge y habían sido wranglers en el Tripos Matemático, por lo que Maxwell aprovechaba las cartas que le remitía para comentarle algunas de sus últimas investigaciones científicas.

Maxwell comenzó su carta hablando del tiempo, una costumbre muy británica. Mencionó que no había podido salir a montar a caballo en toda la Navidad y que el trabajo en la finca seguía su rutina a pesar del frío. Pero el objetivo de su misiva era detallarle la forma en que había resuelto un problema de electricidad sobre el que llevaba trabajando varias semanas. Maxwell estaba trabajando en algo nuevo y no albergaba ninguna duda de su importancia. Pensó que era el momento de compartirlo con alguien, y quién mejor que su querido primo Charles. Siguió escribiendo…

«Tengo un artículo a flote, con una teoría electromagnética de la luz, que, salvo que me convenza de lo contrario, considero de gran valor». No estaba equivocado.

Año internacional de la luz

Este año 2015 estamos celebrando el Año internacional de la luz y de las tecnologías basadas en la luz, y uno de los hitos históricos de la ciencia de la luz que se conmemora es precisamente el 150 aniversario de la teoría electromagnética de la luz a la que se refería Maxwell en la carta que remitió a su primo. Esta teoría estaba incluida en el artículo «Una teoría dinámica del campo electromagnético» del que Maxwell previamente había enviado un breve resumen a la Royal Society el 27 de octubre de 1864.

Una primera versión del trabajo fue leída por Maxwell ante esta sociedad el 8 de diciembre de ese año, evidentemente ni con la extensión ni con el contenido que luego tendría el artículo definitivo. Una vez concluido el artículo, Maxwell lo remitió el 23 de marzo de 1865 a George Stokes, secretario de Ciencias Físicas de la Royal Society, y tras varias revisiones fue aceptado el 15 de junio de 1865 para su publicación en Philosophical Transactions of the Royal Society; el 16 de junio de 1865 se envió a la imprenta de Taylor and Francis. La suerte de Maxwell estaba echada, y también la de toda la Humanidad.

Unificar luz, electricidad y magnetismo

El artículo de Maxwell se ha convertido por méritos propios en uno de los más importante de la historia de la Física al contener las ecuaciones del campo electromagnético (conocidas desde 1940 como ecuaciones de Maxwell, término acuñado por Einstein) y la teoría electromagnética de la luz. En lo que desde luego fue una de las hazañas más grandes del pensamiento humano, Maxwell predijo la existencia de las ondas electromagnéticas propagándose a la velocidad de la luz y concluyó que la luz era una onda electromagnética.

Maxwell había desarrollado la teoría del campo electromagnético, una de las creaciones científicas más importantes que se hayan hecho jamás y fundamental hoy en día por su aplicación técnica, sobre todo al omnipresente mundo de las telecomunicaciones. Tras siglos intentando descifrar los misterios de la naturaleza de la luz, había sido él quien había conseguido unificar en el mismo marco teórico «luz, electricidad y magnetismo». Pero aún había conseguido llegar más lejos al predecir teóricamente la existencia de las ondas electromagnéticas y concluir que la propia luz es una de ellas.

En su artículo de 1865, Maxwell concluía: «Parece que tenemos razones de peso para concluir que la propia luz (incluyendo el calor radiante y otras radiaciones si las hay) es una perturbación electromagnética en forma de ondas que se propagan según las leyes del electromagnetismo».

Cuando usamos el móvil, escuchamos la radio, vemos la televisión, accionamos el mando a distancia, nos conectamos a una red Wifi o calentamos nuestros alimentos en el microondas estamos utilizando ondas electromagnéticas, cuyo espectro abarca radiaciones muy variadas: rayos gamma, rayos X, radiación ultravioleta, luz visible, radiación infrarroja, microondas y ondas de radio y televisión.

Las ondas electromagnéticas fueron producidas por Hertz en un laboratorio en 1888 -lo que confirmó la teoría de Maxwell- y en 1901 Marconi llevó a cabo una transmisión mediante ondas electromagnéticas a través del océano Atlántico, entre Inglaterra y Terranova. Maxwell no pudo ver ninguno de estos dos grandes éxitos de su teoría pues había fallecido de cáncer de estómago a los 48 años de edad el 5 de noviembre de 1879. Pocos meses antes, el 14 de marzo de 1879, nacía en Ulm, una ciudad alemana del estado de Baden-Wurtemberg, Albert Einstein, al que desde luego pasó Maxwell el testigo de la física teórica de camino hacia el siglo XX.

Uno de los tres «grandes» de la Física

Hoy es difícil poner en duda que James Clerk Maxwell es uno de los tres grandes de la historia de la física junto con Isaac Newton y Albert Einstein, quizás los únicos que estarían delante de él si se hiciera una ranking de excelencia científica. «Si he logrado ver más lejos es porque he subido a hombros de gigantes» escribió Newton en 1676.

Doscientos cincuenta años después, alguien dijo a Einstein que él había llegado tan lejos porque se había subido a hombros de Newton, pero Einstein le replicó tajante: «eso no es cierto, yo estoy subido a hombros de Maxwell». El propio Einstein reconoció que había llegado a la formulación de su teoría de la relatividad especial a partir del análisis de la teoría del campo electromagnético de Maxwell y en 1931 Einstein afirmó que «el trabajo de James Clerk Maxwell cambió el mundo para siempre».